SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

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¿Es esto ser reaccionanos? ¿Pensáis que /KO esperamos el triunfo de la Religión smo de la violencia? ¿A qué vieM que nos estéis diciendo de continuo (jue no en va- i^Q püíian los afios? ¿ Creéis por ventura qie no djstin^uioiQS entre boanores y hom- bres, entre circunstancias y circunslaocias, entre tiempos y tiempos? El espíritu de la época rechaza el empleo de los medios ma- teriales para lograr el trinnfo de las ideas; P|ues bien, la Religión para nada los nece- sita: el presente siglo es siglo de discusión; It Religión no la teme: se necesitan para al- cansir victoria, luz en el entendiaiinolo, energía en la voluntad, constancia en el Urabajo, sufrimienio en las desgracias, un brioso aliento á la ftfaeba de tadea tos re- veses y contratiempos; y esas cualidades en ninguna doctrina se cimentan mejor (|uo en la Reli£^n, nmgun seulimieuto. ningún mgion: <Hla, que M)4izgando al hombre ente- ro y «ivilicíándele en Joinaa intimo de su ser, le faaBe>«n^ de fal>o las mayores empresas.

IVrmítaseDus lo que hajra de i los párrafos anteriores, oue jio>«s inoportuna cuando 4to4al modo se «straviar la opinión en contra de Ins que sos- tienen las ideas religiosas. Recuérdese que tratabamoi.del bijt dt €arlos, y que pü^ ra algnnos este nombre es poco nienos qoc sinónimo de fanatismo, de persecución, de venganzas; y entonces se comprendere que no -Mi IMO» not beaü dMído algM ta»' to eo esplanar lo que pensamos sobre la mn^ teria, y presentar los «bjetos bajo sis «er» dadepo punto de vista. ■• ••m.** «i.

Reconciliado el gobierno español mmím Sania Sede, y arregladas todas las cncstio* nes eclesiásticas, Aantoias.reiativasiá lo es* piríLual como á to imyaiil, taiia'buwaftta que la venida del hijo de D, Garloi prodnje- se una reacrion por motivos religiosos. El cleroospafiol, cuya adhesión á Ja Santa Se- de ha raaistiio élidwa.pf«obot4r.ta»faB»> secueiones, seria el primero en acatar tos disposiciones del Sumo Ponliiice^ y so re- signaría tranquilo á cuanto se resolviera v estobteeianido osnoié» ooo el ¥tottta dto Jesucristo. Este es un medio seguro, inín»- lible, de evitar las temidas reacdottes|flr para esto no se necesita mas qne wgmt.wk prudencia y ÜM el sendero de la juslíoia; En este supoeslo, lejos de ser temible to venida del hijo de 1>. Carlos, lendriaar í res OB «Ha. tos que. bubienin mMa? fm cidos -oí aarágto de los negocios oOO Roma. ¿Sabéis por qué? Porque con el ma- trimonio entraba el hijo de D. Carlos somo*- tiénisio i loa eesvemos que hubiesen fm^ cedido enttx' la Santa S^ede y el gobierno, y se obUgaria u respetarlos por el ausme ho»« cho de transigir él propio en las «MltoM dinásticas. Pero si el matrimonio n« m'fñ* riíica, si se deja á la rama de D. Carlos sin esperanza de nio|;ona ciase, entonces bay las ofeiUMlidÉdeB del porvenir, hof ^bs complicaciones que consigo trapria el falle- cimiento de dos personas augustas; y si por sucesos estraordmarios llegase algún día á lograr sos deseos to rama pi asalta, no fue- ra improbable que el representante de ella se negase a reconocer lo que se habriajlra^ tado con el gobieriw do tsaseival» ■:• i ^ >u Aitdo,M|o oi-BMeitaio átaÉÉBf yipM^ üiyiiizeci by Google Dada de esto se halla fuera del orden de lo fmáb\e. it< n< \ioDen los interesados en ello, si en nuestras conjeturas é indicaeioMS ao- damos tan (Icsraminados, (|ue no sean dia- nas cuando menos de ser tomadas en ceosi- dcracion. t'^nv(Mi/;m>c de esta verdad los asustadizos; no traíamos de entrañarlos; deseamos a todas las dificultades una solu- ción legal y pn(ilica. ¿Temen una reacción con el arreji^lo? Pues háganlo antes. ¿ Pue- den exigir mas?

A tai punto de complicación han llegado las cosas eclesiásticas, que ya no es posible arreglarlas por una restauración com|)leta; es alisolnlamenle necesaria la intervención de la autondad pontiiicia. Intervenga pues esa autoridad, y lo que de acuerdo con ella se estahiezca, quedara |)or bien establecido. Fr''< rin s elmatrimoniocou el hijo del). (!ar- l«i > de amenazar lo existente le daría nueva tuerza; y sobre todo lo ¡Kmdrin á cu- bierto de eventualidades, (|uc los favoreci- dos con el arreglo están interesados en pre- venir. Creemos pues haber disipado comple- tamente los motivos que pudieran dar lugar é temer una reacción religiosa, señalando uu medio seguro de evitarla; en lo sucesivo tialaremos de la reacción política y contra isa pcMMMS. También en esta parle hay preocupación: no descs|>eranios de poder desvanecerla.

Para lograr nuestro objeto nos basta la discusiou: discusión queremos, no fuerza, yue por mas (pie no falte quien nos crea preocupados, cada día se aumenta nuestra «nviccion de que la justicia y la verdad es- tan de nuestra parle; y la verdad y la jus- ticia ganan en ser discutidas. ¿No estamos bajo un gobierno de discusión? Discutamos pÑa; ventilemos nuestras opiniones á la luz del dia; llevémoslas al tribunal que en ultimo recurso habrá de fallar: la o[)iniou [Hiblica.

Ahtícllu 'V llMlrid II li» niano de UIS.

£d el numeroanlerior examÍDamosIn par- le ma¿ delicada y dilicil de la|)iesenle cues- tión; la posibilidad de evitarque el matrimo- uiode la Ueinacon el hijo deD. Carlos acar- saac MM reacción por motivos religiosos, y creemos haber demostrado hasla la e\ideiicia que hay un medio justo, legitimo, sua- ve, para obtener tan imiKirtante resultad» No contentos con la indicación del medio, manifestamos francamente que en nuestra opinión era no solo útil >iiio necesario el adoptarle. (]on esto contestamos a los que temieran una reacción en las cosas eclesiás- ticas: vamos ahora si examinar si será posi- ble evitarla en las políticas.

A decir verdad este punto no es el que mas nos arredra, ya |)or las muchas razono 3UC se pueden alegaren contra de exagera- os temores, ya también ponjue no creemos que el entusiasmo por algunos grados mas o menos de lalitiui en las forni ts políticas sea tan ardiente que llegue ni con mucho al que inspiran los i» le reses creados. Aquí esta la verdadera dilic iiltad: en lo demás no es tan costoso el dejarse convencer. Que el Rey tenga tal ó cual prerogativa; que en el Senado entre en mayor ó menor cantidad el elemento aristocrálieo; (|ue las bases pa- ra la elección de diputados sean mas ó menos populares, todo esto y otras cosas análogas no interesan tanto como el vivir holgadamente con su familia, y alternar sin desventaja con lo mas opulento de la socie- dad, merced al pingüe producto de algunas lincas ad(ju¡rídas á precios nada gravosos.

En todos los grandes trastornos de la so- ciedad, el establecimiento o lamina de cier- tas formas políticas es siempre un objeto se- cundario, por mas que á menudo presen- te como el principal. No contentándose con mirar la superficie de los hechos, se descu- bren en el fondo las cuestiones sociales en- vueltas por las polilicas: podiendo asegurar- se que las segundas andan siempre Mibor- dinadas a las primeras. La forma política no es masque un instrumento: euandosirve se le alalia, se le encarece, se le deíii iide con vi- gor; cuando es inútil se le descuida ó aban- dona; cuando daña se le rompe. Y esta regla es tan general, que de ella no se escepttian fli los monárquicos, ni los moderados, ni los progresistas, ni los republicanos; en ningún tiempo, en ningún pais del mundo. Este hecho le arreditan de consuno la razón. la historia y la esperiencia.

¿Qué es lo que interesa vivamente al hom- bre, lo que le mueve, lo cpie le incita á {w- ner en acción sus facultades? El deseo de ser feliz él, y de hacer la felicidad de los ob- jetos que ama. En esto entran la satisfacción de las necesidades de la vida, el ocupar en *^ilociedad la couvcnieute {wsiciali según ■8 ideas, los guslüs, la tmnieion ó los oIí^ prichosdcl individuo; y cuando la mirada se esUeodc imá alia de la tierra enittiM|osc4« 4nlen mamL y religioso, etnHíi<de eon sus deberes, de ejercerlas prácel ei ticas de su cuito, de no ver meno^prccuidos los objetos de su veneración. Kslas son \q?> cosas que inspiran al hombre v'veo interés;, porque le afei lnn do conlinuo lo mas intimo de su corazón; porque^ci^tan ligadas con lo» d(i|Jps periodos^ con todos los momentos de «l atíMeDeia; porqipe están en |)erene>oon> laclo con sus ideas, sos deseos, sus necesi- «lector vota una vez al año, y á veces cada dos ó tres años, si os <|uo no sipuc la cor- riente general de que lo arreglen como «loieraB los que gusten de ello; pero vive de continuo con su íaniiüa, vive con sns no^o- cios domésticos, vive con sus ocupaciones ¿Qué le pohlico si este' derecho le arruina? ¿Qué4é importa la mayor esltíosion de las prcro^a- tivas de uu monarca, si este abusa de ella* (wra opriaifle, ftm daftar «u^ inlereses'f. contrariar sus coslund)res? La libertad es ¡)ara él un mal presente, cuando vé porias cuota;» de las contribuciones que tetcuesii cara, ó si esperínMAta de coBtiMMufi»>oaB el ruido de los motines ))alriólicos es perlur- itado en su tranquilidad /ioniéttlifia.; y.{Mr «l cttn^rario ai lai wsoMitiirift to.tj^wéíeea. molesta ó le alropelle, el aiismopiMier ^ ea^ picudor de un trono noseránjnas paraél que el siniestro fulgor y temiUe |auaoza une deidad malálica. Guando, kMi.flfeMiie»«a^ encarcelados y apaleados el año 23, en vai^ les hablariais de la bondad paternal dai.aei^ ;«al ordinarias, vive con su posición social, vive I berano y de las dulzuras de stt;Getro4 á ki su religión: contrariadle en. cesas | realii>tas eacarcelad<ieiy epeleedoaeulafioi^ ora i luilil quo les ponderarais la dicha de un jegimen de Uberted; iJn^s modetadoa váesiic tutdos y desterrados el eft^ 40 'éHUk^Mlá les inspirará entusiasmo por el IcMnii del progreso; y los progresistas que también ban.Aeiudo su iurno, no creíamos que lampof co estén diapneslos é encariHeMeiyer ^ alianza del orden con la libertad y el siste- ma pariamenlario, tales como los lían enleiK nombre de cuakjuicr forma |)f)lilica, y (esta forma uara él sera mala; favorecedle, y la formi política para él seré buena; de¡iaa'> le en el mismo estado iiajo diversas forn«t> y para él esas formas serán indiferentes.

Asi es que en todos licmi>os y en todos loe países del mnode, bajo ledas* las. fwmas | iwlitiras. yon cualíiuior errado de la escala | social en (|ue se hayan encontrado lospueblos, ita habido una medida siempre leoun- dido González Brabo y Naj;vaea..

de en descontento, en odio ¿ la aulioridad, y con frecuencia en insurrecciones sangrien- tas: el aumento de contribuciones, i Y por qué? Porque el hombre puede cvider ten poco Gonioae quiera de las formiasque pfe- valecen y de los hombres qne mandan; pero cuando se llega á pedirle una parte de lo qne le sirve para satísAieer aos necesidades y sus gusltis, no le es dable ser indiferente, no le es dable dejar de notar la dilorencia que va de lo nuevo a lo antiguo; de scnlir- Tla si le perjndíca, de quejarse de ella, y de " contraria ría en cnanto le sea ¡wsible. Hay f; Otra causa que jamás pasa sobre los pueblos sin rastro de sangra: d cambio de religión. ¿T f»er qué? Perqué entoneas le baee nece- rio menospreciar lo qne se veneraba, y En IrlandaJee.

En IrlandaJee.

aristocracia porqiíe esta es síi «lemento de vida, y los.católicos/á la de«iQ«raciÍApw um .nzonopuo6Vi;«o.Fr«nnia-|(M liítniminm\ baten» Um4fd*é6 AímümM»ít9§t^^ dÉ ella temen el menoscabo de sns sistemas y ,el pE6|greso dü la (ttitgHMi;.y el «kro.gr »uá lamigps.y los neriídaiiesiíie -Mi-mtmmklt proclaman esa libertad porque en elle amr lian para el triunfo de las ideas religiosas. En Espafia los hpjjjdi^es religiosos han sido generalmente roiy monárquicee porque han creído ver en la monarquía un apoyo de la religión; que si «si no hubiera sidó, ai en vez de una liberlad volieritÉi buUénMS tenido un flboMnrca de las ideas de Ciri- qne VflI, de Federico ó del emperador Jo- icatur lo (|ue antes ó se detestaba ó no se co- il se, naturalmeate se hubiera €om^mado>>«l nede; se hace necesario miraroone saludable lo <|uo tenia por dañoso, y como daAOSO, •leuieMo i*Bli¿ioM>«flte«l Mbirill un fenómeno ótauii üiyiLized by Google ¿?or qué Napoleón ha sido y es todavia el ídolo (le los que en Kiiropa han blasona- do nías de hherales? Porque en él estaba iersonilirii(ia la revolución: jion|ue bajo la torma política mas dura, el (Íes[K>ttsiuo mi- litar, vcian las <;oiiipiistas de la revolución ÉWgvrtdas y triunfantes.

Jamás ninguna es<'ui'la. ninsim partido, nin^-'un pujido ^nrritica a los >istnnas poli- tiros lo> -uciiilcs: (li -^df el lUoiiK'lilo quc los ve en contrixlin mn se decide por la salva- ción de rstos últimos. Si en su enlendi- luieuto o tMi l(ts hechos los habla unido con mucha fuerza, procura ante tcdo lal-car los primcro>. si eslo no basta infringe lo que ellos prese I liten; si ni aun estoes suficiente, los anandona, los abjura, ft Est;i |;i historia de los parlitlos (>ntodas «ÉB revolui itmcs. y esta es la razón |M)r que Apartido lihcral en Kspaña, comprendidos Ms varios tnaliccs. jamas hapodidopliiiU<;u la libertad. Sus i<l«'as sociales estaban vn oposición con la in¡i\oria nacional; y para realiza rla<9, nunca ha prniido dejarla libre, seha visto pici isinlc» á oprimirla. Y por esto laü nrnas electorales han dado siempre lo «ipie ha (luerido el partido dominante: mode- Hlées solos, progresistas solos, combinación en distintas pro|>orcioii( s, seuun que el Sctivn partido dominaba mas o menos sivamente; |>ero jamás monárquicos mIMi ni en mayoría, ni aun en minoría al- an^eimsiderabie. ¿Qué indica este hecho? J^oe la lilHTlad ha sido un nombre sin.sen- y la elección popular todo lo ha repre* ido menos el pueblo. » Por manera que los partidos liberales, ta- les como han estado constituidos hasta aho- ra, y están aun en eidia.se ven condenados á emplear una forma de gobierno que por necesidad han de falsear; teniendo en esto mas rulfia las cosas (|ue los hombres. Y en verdad cpie seria mucho exijíir el que un partido se suicidase; y se suicidaria cual- quiera de ellos el dia (pie dejase á los pue- hlos en comph'la lilM'itad. Ved al parti- do prosresista solo en las Cortes durante la d(m)inacion de Espartero; ved taaibieli solo al partido moderado dui'ante el mando de Narvaoz; ved á ese íiobierno qne refor- ma la (lonstitueion para escudarse contra los Iiropresistas, y que ha dudado en publicar a reformada, y hacer la ley elctoral. v di- solver las Cortes, receloso del ascendiente de los partidos «|ue le t embalen. N Cf*l Estas causas han hecho (lue el gobierno' representativo, tal como se ha visto en l'i>- paña hasta ahora, teuga pocos entusiastas; aun los que mas convencidos se hallan de^ que hay necesidad de ronservarle desean <pie sea en adelante una cosa muy diferente de lo que ha sido hasta aqui. *tí VoT mas doloroso que les sea á los «iiie han trabajado por plantear v acbninlar en España las innovaciones poliliras, han de confejjar que las formas representativas han sido una decepción: con res|>ecto á los tiem- pos anteriores nadie lo duda; por lo «pie toca al presente recordamos a nuosiros' lectores el notable articulo del Tieiuf/o sobre las tres íunuencias. Prescindiremos de la* observaciones con qiMí este periódico acom- paña el hecho que consigna, pero no cabe ninguna diidaen (pie resulta incontestable una verdad, y es <|ue de lodo ha habido e.srepl» gobierno propiamente parlamentario.;Comi> se (|uiere pue» que las instituciones se:vcre- diten y arraiguen? ¿(^.omo se ipiiere evitar que los pueblos no vean claro al través déla nie- bla con (|ue se pretende oscurecer la atmosfe- ra política? Todos los hombres ¡lensadores y sinceros se van convenciendo de que estíf no puede continuar asi; de que es menester tomar otro camino; de que es necesario en- sanchar la basa del gobierno, dándole nue- vos puntos de ajMiyo en las ideas y costum- bres de la iniiK'nsa mayoría nacional..Si ha de haber gobierno repre.sentativo no sea ai menos un nwnítpolio de unos (»ocos. que al- ternativamente se sirvan de f l para dis|M)ner en provecho propio de ios destinos de la nación. >b Equivocados andan cuantos cn^en que si el hijo de I). Carlos llegase a entrar en Ks- pafia tendría un interés en el restableci- miento del gobierno absoluto, ni que liubie- seu de incitarle á ello los consejos de.sus adictos. La necesidad de unas Cortes (iiie sean verdaderamente dignas de este nombre esta generalmente reconocida; y en contra- riar esta necesidad ningún interés tendrían los partidarios del hijo de h. Carlos. Cuan- ido estuviesen fuera (Jel poder, ónoluviesen en ('1 toda la parte que deseúran. su interés exigiría que no les faltasen los medios de oposición que suministran las umnas for- mas, y de que se carece totalmente en las ab.soliilas; y ruando llegasen al mando y iie- ce^ilasen encontrar nwyoria en las (borles, es bien seguro (|ue contarían con mas (iror d by Google ya niiichode! partido mrtiiárqnf»*od«l aftn?3; ta Sedo. y fijadas las bases sobre que debe- no pasa en vano sobre los partidos In caartii ¡ ría estar planteada la nueva organizack», porte de un siglo; no pasa en vano la espe- I los hechos poltttcoa no tendrían ya la ' ríencia de 10 años ée' lnMdD<; lio fMsan'e» I portancia que íbIw; ofrecerían aqi vatio 7 años de íriiorra: V sobre todo nn j»ri- | enearnitamiento con que los hemos visto 8BB en vano aftos de infortunio. Tiempo i hasta aimra; 7 ia acetan de loe poderes ten twrfdo tos monárquicos para -apreodei* I gntría la direeaiDirde -te opiÉisa» piblMíi qM'no todo se hace con las'anfttf, >4aé «I I apartándose del ter^nodela p(rfilica, y cspfriln del siíílo exiíe (jue se proenr<*: | caminándose en hosca de los medios pera Adetim.

triunfar en Ja lucha de las ideas. En exte teit«ncí'«e lerofhráo A IbsÜdfflMi Itfoitfr- (juicos y religiosos un campo mmcnso den- do despleírar su actividad y enerftia. Hay aan en Kspaña oiucha vida en el elemento wiaArqofco^relígíosot'MlD fiNta ñi^<«átf pa^ oMMmente, desenvolverle, y de esfa inn- ■ita hacerie ca])az de entrar con ventaja en Kl partido ■ ttionárqnico en y en ísaí, veia en el gobierno del rey absoluto el ódíco medio de conservar la antigua or- gaanackia aodih ea f i4«^istibe trae aqpftlli «ttgaaÜNWMiB. ka 'desaparecido, i qne no es^ lA>ea la mano del hombre restaurarla tal co- lliof-se hallaba á la muerte de Fernando; en 4845 sab«qiie né paeée>a«p(r«r'A Mfoel objeto. y sí únicamente á consolidar el po- darreal. y á sostener y fomentar el elenien- fla^raigMÍli de la manera conveniente para ^^eiatii^ga laá^nooufdades dt> la sociedad española, antiguas v modernas. El siplo XIX no es. el siglo XVI; la Isnalla después de atip^umlllllil d« '4 n*'»tm IH» es-ln- ««pana del tiempo del rey; la política que «e habría de sesruír ahora tío es la política de i 823. Esto lo saben los monárquicos. y lo saben, 'ao^solo* poi* tii •r^x4on Biho-^r efecto de esa infloencia qtie está ejVrcíeftdo sobre los hombres de todos los partidos el aiienlo del siglo. Véase en prueba de - esto oéaio lot'BMmlrqiiicos qhc han'ftgnrado en la tribuna en los últimos tiempos nn «(« es- fféáun como lo hubieran bicho Iob de otras épocas; yéasd *¿mo la prensa mbdirquica io ahora dista mucho, mucMsimo; tle la •prensa de Í8U y 1828. ' £stos hechos son mas bien sociales que iialHiiiaiii^«no depeMlfiir''d(r can A offfiella ley, de esta ó aquella institución. c-^tin ra- dicados en lits ideas v en las costumbres, y poy^Mliitr no se destruven con nn demejorar el estado inlelectuai, moral y nal 4o los pueblot.

las dos cuestiones reliíiiosa y dinástica, esos dos gérmenes de discordia é irritación, la politica se encontraría sin gran parte d^»- wwnt mi iwwfwwwww ▼ SUS furores; v si nn se evitasen tmlas las desavenencias porque esto es imposible en- tre Iwmbres, al nicami se lograría ^-aa disootieaen T eos y legales. La sobreabundancia de fuerza qair Mndídolae pwfcaaiones dinásticas, lejos de ser nn elemento de tiranta lo sería de sua- vidad, porque los gobiernos tiránicos no son iae'ftmrlMi giao loe débüea. Caaaáo el pa» der es (laco, cuando conloce que la basa en que se apoya es ealrecha y deleznablot coando se mnra rodeado de en^gos ifaa acedNn el momento oportuno pora dówihaoi le, cuando ve delante de sí otro poder caído pronto á reemplazarle, entonces -eo-aBastadi* zo, desooiAido, suspicaz; éalMiaaaaalaMé» liai krfigBáÉeato aalo^ios que le tienden la mano par! sostenerle, contempla con hosca y azorada taz á cuantos no protestan de coa- tiawaAliwiaB y i¿alMaá, camnipe oo^al oro, trafica con los empleos públicos. des- pliega en vasta escala un villano sistema de cspionage, y cuando esto ito le ' basla\ confina, eacareéia, mata. „iiit^ Ksla es la historia de lodos los tienipoaf paises: loo poderes ^ ban temido poroa etfMaMa'lml iMo'twilqitoiOf twAkicoi^ 4os que nóda han tenido que temer han eco- nomifado la fuerza de que fd)andal»an. ó mas bien la han empleado en proporcionar 'boaaNaios i Iba pvaMaB « Tinaiamatea' aaa justicia y blandura.

Ved nn ejemplo bien reciente en noostm país. Cuando después de la íeaabkMrMii 1893 el ray flé rae «wwcauiaadaiiMqie MI poder estaba seírnro. se fue inclinando nalurnlu)i>nieannsis(<^in:i(le suavidad tjue en los uitiuius aims iha ( <<nli-iit,)hi|<i a los cons- titurionales; y solo s(> \oinn n'préápállas km nuuiidas rii^nrosaN cuando las cnnspíra- fliBiies y las in\aM(iiii > ilc Ids «Mniiírados ha- cian creer al fiobicrno que le anienazaltan nii 'li.:{ro&.

,1. Mii.i queréis que sea blando y suave un irobicrno (pie se ve continuanii'iili' en ries^ío ili» ¡HM- i t r á manos de sos enemigos? ¿Y oMiiu podra sor violento el «pie no encnen- tfa cun (juien eonibalir? Todo ^M»l)i(>rno lie- iM#i inslinlo de su pntpia conservación, y cala exi^e que no se bni'a nuevos enenii- ds: el iiobiorno pues «pie >e encuentra en «M situación fuerte y deseinliiuazada lien- 4b de suyo a gransearse voluntades. Si esto •»verda<i en todos tiempos, ¿ qué sera tra- lá«dos<^ 'li'l xii^loXlX, en (|ue tanto desar- roNo I) lo la suavidad de castund)ies.

desacreditandos*- cada dia mas los medios de pura fuer/a?

Kl bijo de 0. Carlos no ge inclinaria pues, romo temen ak'unos, a sistemas esclusivos T violentos; para nada los necesitaría, y por lomismo no querría emplearlos. ¿Teme- rii |K)r ventura que las < lories desairdsen su persona cuando en ellas se habría revocado 4«-prDsrrip<'ion? ¿Kecelaria bochornos sie»^ 4mp marido de Isabel? ¿Temería ver pos* Mrpldos a sus adictos, cuando tendría tan- tos nn'dios de darles entrada en las Cortes? ¿•Tentcria la ruina de la antii;ua or^zanizn- rioii nido esta yn no existe? ¿Temerla ia\ > de las Cortes en las atnbucKwu s del poder real, cuando este seria mucho mas fuerte, ruando no existe milicia nacional, cuando el jurado no esta ya ni en la Cons- titución reformada |>or los mismos parla- mentarios, cuando se lia trasladado al :.'nbíerno mucha parle del |Kider de las mu- iiicq)ali(ladt>s, cuando a mas del ejercito liay ta policía y la cnardia civil? Pues qué, ¿ao se ha visto en la ultima temporada, y no vemos todavía, lo (|ue puede uu jj^obier- no ^iin cimentado en estrechísima basa, per- SMidcado en un militar, y combatido por iklv 'lili numerosos? ¿.No hemos visto lo re\olucion, lo que son las mismas en presencia de él? Ha pro|)uesto la neiorma de la Constitución, se ha refoniiatlo; ha pedido autorizaciones, se le han con- • edido: ha ijuerido prescindir de la Consti- tución en varios puntos, nadie se le ha opuesto; y si obtcaida la reforma y las lori/.acíoiies con tanUi urgencia solicitada» ha cri'ídü conveuieule i:o hacer uso de ella», Ksla eNp.'rii'iicío, unida á lo sucedido en liciiijji; ti. tiuii/. ili'/. Biabo, pruelui evídenler leuiente que el gobierno cu Esuaúa puede tullo lo <|ue quiere; (pie al nombre del tro- no nada se resiste, j jMjr lo mismo demues- tra lauibiej), que ai re^ui-ilas Id^ cuestiones relié^iusas v ahogada la di^glim. fie cuntití- tuycjje en España un gobierno, este gobier- no no dclK'iia temer la presencia de las Corles para Ln formaciuu de algunas leyes y la votación de ios impuestos. Ese espírilii publico que se ha dí.sperladoa fuerza de des- giat las, lejos de cíintrariar la acción del go- bierno la auxiliaría;.la institución de las Cortes no serviría para debilitar el poder real, siuo |)ara furtalecerle.

Es uu error el creer que la mayoría del partido caríista »4' hubie^ie de arrojar por ese camino de violencias que tanto se mani- licsta temer; si auu durante la guerra se formo en el mismo CBm(>o de D. Carlos uo partido numeroso que de.st>aba la Iraosac- ciou, aunque uo la entrega <pie se hizo en Vergara;s(en este partido liaiisaccioui.sia que deseaba el malrimooio v el restableci- miento de las Corles liguraíian, Si'gun se asegura, los Uombres mas distinguidos asi en la guerra como en el consejo, ¿.sería po- sible (|ue después de largos años en que la esperieucia ha venido á coniirmar su previ- síon, en que los hechos han demostrado cuuii bíeu pensabao los que creían tpie no se podía exigir lodo, y que eugiéndoio tot do uose lograría n;i(ia; sería posible, repe- timos, que se euqu i. I» II en las desatenta- das pretensiones que algunos se obstinan en atribuirles?

Las profundas modilicacíones sufrídas iHir el partido liberal nos iudican las que habrá esperiuienlado el carlísla. Volvamos tos ojos á los años 33 y 34; recordemos lo ipu» pensaban, lo que decían, lo qu*; hacían muchos de los hoiobrcs que altora liguraa en el partido moderado, y algunos todavía mas atrás. Sus ilusiones se han disíp.'ido;. atpicllas teorías lau sublimes les parecc'iii ahora sueños de deliraule; a<|uellas e^^^peraur zas Um hala¿jileñas se han trocado en un amargo desengaño, cuando uo en tedio, ea alukliniieuto, en desesperación de alcanzan nuda bueai) ^lor el camino ipic antes uiíra» han romo e( üniou pant la prosperidad de h nación. Si esto ha sucedido á los que han obtenido el triunfo, ¿(tor qué no se habrá Terili« a<lo en los raidos? Y si esto no es asi, "¿cómo ps que aun entre los que han defen- dido á D. Carlos con las armas en la mano, ya solóse piensa en tina reconciliación, mas no en el triunfo del mismo principe por quien vertieron su sangre? ¿ Si» propone al- pnno de ellos loque inlentiiha en 4836? Kn cuantos medios se ofrecen para conocer su opinión, ¿no se desí'ulire esa tendencia a una reconciliación íreneral, á la repara- ción en lo que sea posible, á borrar esa lí- nea ([ue separa á españoles de españoles, á hermanos de heniianos?