hubiesen dicho: ( es injusto, pero indes- tructible sin acarrear males mayores (¡ue la misma injusticia.» Todo esto se comprende: puede tral>arse dispula sobre la verdad de los principios y la irravedad de ciertos he- chos, pero en todo esto se ve un raciocinio semejante al que se aptiea- i otros casos; BMs lo que no se comprende es el decir: t sí, es tan injusto como puede ser. la in- justicia no pudo ser mayor, » como a|irino el Sr. Martina de la mm; y luego añadir (|ue es ley, que debe ser respetada, porque l'ue hecha [>or los [K)deres del listado. Locjue no se conq)rende es que; pani cubrir algunos intereses se diga que hay potestad para co- meter injusticia, y que puede nacer una : obligación de lo injusto, de lo inicuo, de lo absurdo el decir que se habría de respetar ^ hasta la usurpaeion de las propiedades par- ticulares hecha poruña ley; o! decir que contra ella no valdría la garantía de la (lons- litoeién del Bsfado, el decir que los dcspo- *^jados debieran someterse sin niic los salvase ni el alegar la injustii-ia de la ley, ni la in- competencia del legislador. • Cuando así hablaban los jorísconhiltos, nada estrafio es que el general Aannez cer- rase la discusión, hablando también de los derechos safjrados de los nuevos jwscedores, de la ¡fijii anidad de la adqaisiciea, de la jiistiria di; la ])osesion, de. la necesidad de acatar la ley que había decretado la ven- ia. Indignación causa oiraemejarite lengua- je en boca délos moderados, y con respec- to á una ley hedía durante el ínando de Es- partero; iudiguaciou causa cuando lu nación no habrá olvidado las palabras y los hechos de ciertos hombres en aijuella é{K)ca. Ahora todo es k^blar de ley veneranda, de pode- ref legitÍBMj« que la establecieron, cual si •a iBioordáséÉiQs como se respetaba á la sa- ~ aqaeUa legitimidad por ciertos hombres muerte para lil)rar á la Reina de un opresor, á la patria de un tirano? ¿Sois vosotros? ¡Ah! No levantéis tan alto la legitimidad de aquel poder, que entancés nos declararíais criminales á nosotros que le combatimos; nos declararíais traidores, y traidores bien sabéis que no lo Aumos; que no peoséba- mos ultrajar las le^sino vengarlas; no in- sultar á la Reina smo salvarla. No habléis, ou, de legitimidad, que solo de ilegitimidad nos bablébais cuando Teláis qw ibamsai venc(M' (» inf)i ¡r. Vosotros pusisteis un conse- jo, nosotros ol'recimos poner nuestras vidas: mirad cóuto cumplimos nuestra palabra; mi- rad estoa pechos destrozados; no profanéis nuestra memoria proclanmndo sagradas hs leyes de nuestro verdugo. ¥ lú, geneml fíartan, que á no impedírtelo la proscrip- ción hubieras en aquel día peloádto ooma nosotros, y tal vex |>erecido como nos- otros, tú menos que nadie delies llamar sagrado el seNo que á mii leyes estanfoia el tirano. No le llames sagrado, no, que es- tá manchado, y manchado con nuestra san- gre; no le llames sagrado, uo, que si en 4813 te hnbiese sido adrersa la de las armas, se hiihiera también inanci do coa la tuya. Dcjale, dejale al sulisnia oavifaicíoncs* á la política sus inconsecaien- cíns, á la codicia SUS intereses; tú has aMa mas afortunado que nosotros; tú has encon- trado la cund)re de poder, donde nosotros hallamos un cadalso; pero un día poiria abandonarte esa fortuna, y ser llevado co- mo nosotros al tribunal establecido por tus enemigos; y entonces ¿que dirías en lu de- fonsa para apartar de tu eabeca el golpe fl* tal. ruando los jueces te condenasen por haber derribado un [)oder (jue tu mismo de* claraste legítimo, y cuyas leyes proclamas- té sagradas?' (Ahl'Onardate*, gMldate de esaa palabn» oon qvo aia querer afoidsi nocstrn memoria, y quo algún liia pudieras recordar cod cruelísima amargura.»
Mms B0bre lu9 dÍ9ruaÍ0ttem del Con- §reao relativa» á la devolueioit de Ion bienea del clero.
I En el número anterior combalimos á los qwc tnn eslniftamente laslinuiron un princi- pio fnndamenlal de derecho piil>l¡co: hoy va- | mos á continuar la misma l;iroa cu defensa (le otros principios altamente respetables, y que salieron no muy bien parados de los dis- cursos de akunos oradores.
En esta discusión en <jue se intentaba ha- riT un ^'rande acto de justicia, no píirece sino (pie alíiunos de los iirohombres del par- tido moderado trataban de Ncniiarse tontra Irs ideas, va que las ciicunslaiu ias los oblijíaban á" retroceder en los hechos. El partido progresista no tenia en el Cona:reso rppn»senlantes (pie protestasen on nombre (le la revolución contra un retroceso hacia la jaslicia; jMíro de este papel."^e encari;a- ron oradores moderados de no escasa nom- brwlía.
Se ha confirmado mas y mas una verdad, por cierto ya bien conocida, y es que la única diferencia entre Ion proí^rcsistiis y rierta fracción de los moderados consiste en que aquellos dicen: «hágase pronto y por cualquier medio,» y estos dicen: «hágase lo mismo con lentitud y |)or medios sua- ves.» Este hecho resaltaba tan claro en el debate, íjue el Sr. Pidal no pudo menos de llamar la atención del Coniíreso sobre el gi- ro (jue iba tomando la discusión. «Scíñores, (Iccia, vo conlieso ingeniKiinenle <pie al to- mar la palabra en este débale ¡irsít snbre mi tino ronsiderarion mnt/ dohnosa. poríjue no pmído olvidar a(piel momento cuando en mil ochocientos cuarenta, al debatirse una cues- tión enteramente análoga. enteramente se- mejante, enteramente idénlica a la presen- te, habiendo en el C.ongn sí» lumibres do todos matices políticos, sG>t('niamos los di- putados q«e nos preciábamos de ideas mo- deradas ciertos principios (jiie se oían con aplauso, no solo por los ijue |M»nsaban co- mo nosotros, sino por los que |wnsaban d(? difercuk; modo. ¿1' qué es w/o, sehures?
¿Estoy en efecto en uHConyreso de opt- ilíones enteramente conservadoras como ea aípidla época, auntpie solo esUd>amos en mayoría v ahora puede decirse que estamos casU'u totalidad? Yo, señores, no puedo comprender la estrañeza ton (pie se oyen aijui ciertas cosas, con (pie se anuncia la emisión de ciertas ojMuiünes.»
Alabamos la franque7.a del.SV. Pidal, pero ' creemos que no sea tan dilicil de compren- der la novedad de (pie se lamenUi. EnUmces el partido moderado se veia cara á cara con la revoluciím, sí' hallaba al borde de un abis- mo hacia el cual le cmpujalKicon la punta de til espada el general en gefe de los eji>rcitos reunidos; entonces, pues, era mas necesaria la precaución, era mas necesario buscar apo- yo en otras parles; ahora el partido se hace ía ilusum de (pie está seguro, y por lo mis- mo no se cree obligado a refrenar ni disimu- lar sus instintos. Si por desgracia se repro- dujesen las escenas revolucionarias, vena el Sr. PidíU como revive el celo de Í840, 41, 42 Y princi|>ios de 43: eü esto hay el fenó- meno de la repercusión; si cfei livamenle ei Sr. Vidal no conq)iende eso, no sirve S. S. para moílerjido, ha errado la vocación.
El Sr. fí</íi/ se distinguió ventajosamente en la discusión de (pie hablamos; en general se mantenía lirme en las buenas doctrinas, salva alguna «pie otra vacilación eo míe pa- recía perder su aplomo. Con cojna de (eru- dición y de razones combatía y aterraba a los (jue'projwlaban doctrinas revolucionarias; y en verdad que los compradores de l>ienes nacionales deliiercm de estarle mus de una vez muy poco agradecidos. Y no es que de- jase de asegurarles de la buena voluntad del gobierno; jx-ro al verle combatir tan lie- raiiienle á la revolución, era de temer (lue el ejercito rcai cionario no as(miase, desba- raUindo a unos v á oíros. El Sr. nunistro de la dobernacion,' llevado del ímpetu (jue c caracteriza, v recordando sus IhíUos días de 18:JS y 1840, se complacía en (;on(|u¡slar nuevos laureles con la derrota de las huestes revoluciomirias, y casi casi olvidaba que á las esi)altla« del gobierno estaban los pobren compradores de los bienes de la Iglesia, abrazados con su tesoro y abogados de an- gustia, al contemplar a esc gefe incimside- rado (pie asi derribaba con sus manos im- prudentes las barivras (pie contienen al ejer- cito reaccionario. En vano se volvía de ver. en cuando el Sr. Vidal dicieodolcs que no d by Google d by Google íiabia cuulado. cpie él estaba allí para con- tener n unos y á otros; en vano el Sr. Mar- Unez de la ñüsa salió á coauolarios. ascgii- réndnles que podían dormir tranquilos bajo ^1 techo que han adqnirido; ¿cómo pnilian donnir tranquilos, cuando el Sr. PUlai y el féñor Mwtimz 4$ la Rosa proclamabaQ tan elocuentemente la injusticia de la ley «Q üftíü se funíla la ndqnisfc ion? Forlnna que se cernS la discusión coa iasenergicas protestas 4p\ pt(*s\áeatt del Consojo, como si dijéia- mos que p;ira deciJirla batalla asom<^ en el momento erilico la arliilería de grueso car»- hcc, bftrríendo sin piedad el campo v sus •vellidas. * | Tomó también part^ en la disensión el se- i ñor Domso (>ortes, pronunciando uno de aquellos discursos que, si no convencen el en tendí miento cautivan siempre laateBciov, eseitmido ruriosídud c interés. Cuando el ' ñor Donoso habla, todaí» las coaversaeionrs beaaii ftodoB los oiikis te aplican, porque t;us discursos m se parecen a nada que no^ sea ellos mis'uos En todo loque habla ó c^- cribe el Sr. Ihmoso hay lozanía de inia^ii- aftcion, hay exuberancia de ingenio, hay pnm; 1 de estilo, hay énfasis y.solemnidad en ei tono. Sus palaliras no son nunca va^ cias; siempre envuelven un pensamiento; la Jásiiiin ealá en que á veces etie penttuaieiH to envuelto en la palabra, no es mas que una imagen hermosa ó la brillante chispa «ftKÜ brolt de un contraste. Las imágenes y los contrastes son una necesidad para el ta- iento del.SV. Donoso. Sus pensamientos no puede presentarlos desnudos; ha iueuci»Ler j magníficos ropages. Es tal la aiicion que tic- i he á la mn¡?ni(iccttcia y esplendor de las for- mas, que con frecuencia se olvida del fon- do; eon tal que el prestigioso castillo se al- ce'coá dimensiones gigantescas, nada im- pbrta que le falte el cimiento de la realidad, flor to qnc toca á contrastes, ios encuentra 1 tán eríginales,'lmi bellos y deshimbradores, I que se hace disculp«rla falta de naturalidad en ííracia del ingenio. El Sr. Donoso no sa- be <[Utí hacerse con una idea, por grande i|Mi se ia ssponga, si esUí sola: necesita I otra <iue contraste oon simolria. Xo í]iiii.'rc <|tte lo« objetos lleguen ai ojo por Imua rec- ta; sino que pasen por una reflexión multi- pNeada: eomo qae dispone una combina- ción (!e ocpr'jns para aumentar la ilusión. A Los -discurso» del Sr. J)onoso nadie ios es- i OTdH'fan eQ«y«Kene;sino'pant.tiCBnai^ > se en su belleza, en su originalidad. á Te- ces algo estrafia. No pertenece propiamente al sistema parlanientariu, es un orador es- cepcional, e!^<^cutrico. De m en ettaáo aparece en el mund ) [inliticocomo un astro errante y solitario, que recorre una órbita difeffnte de todos los deims. El iieinta atraviesa por entre los pliMtaa, wm M'ee para en el sistema: se lanza á distancias in- mensas donde se pierde de vista. Cercano á elevadas regiones, pndieran creer les as- trólogos que eon su cola luminosa anuncia V()lnni;)(lcs del rielo; pero cstn creencia se- na lúluudatia, ao iiHv nkis (juc un fenóme- no nalaraL Ear los di íefcntes cataclismeedal r;uw n^volnrionano se han desprendido ma- sas que abura giran con sujeción a cierta;:» leyes; al.SV. íkmnolñ ha tocado oba feer^ 7.a* de proyección mayor qae á otree, y por v<in (|i»s|)MPs de brillar un mointMifo en el si.sicma plaaetariOf se arroja a la touiensi- dad de «^cioa deaeonecideB.
Pero dqeoiae al ocader f volvanaae i m discurso, Comenzó el Sr. Domso- lamentándose de de que entraba ea en campo donde no Iup» bia llores porque todas estaban eoi¡;idas; no hacian falla, ei orador no iba á cogerlas sino á sembrarlas: donde pone su mano alli^ nace una Hor, y á veces inoriílVra para el frnto.
Al hallarse del nitc de la propiedad de la Iglesia, el Sr.JJonoio n» sallo la valla para desimiria, pero come de pelele arrojo una piedra, sorteeiendo que, aun cuando la lirlesia sea propietaria. esta propiedad «na ha sido nunca coMtiderada ni puede ser con- siderada de derecho ni de hecho como una pro[Mt'dad tan absolutamente inviolable co- mo ia de los particulares.» En este punto se separaba el Sr. Donosa del parecer del ñor Mrato.Muriato; y despees de eienifes- lar su sentimiento por la disercpancin, trató de apoyar su opinión. ¿Lomo/ Oigamos al orador. tSi no, seAores, yo apelo ele bee- na fe, al haem sentido de' los Srcs. dipola- dos; ¿en qué consiste que ruándose propo> ne ia cuestión de si el Estado en ciertas cir* ennstandas y de cierta manera, puede apa» derarse de lodos los bienes de l:i íiiirsia, to- dos los pareceres.se dividen.' ¿Ku qué con- siste que si se propone la cuestión de si en ciertas circunstancias dadas el Bslade pae> de apodemrse de foílis las propiedades de los particulares, uAíx» ios |>areceres se r«u- BenT Pioponed » aefto^s, ia fámiMt'tmt* uoa ia resolverá de disliflt» iMoera. Prnpo- utá ia segunda cuestión á todn«( las asani- átíl iuuqUu, y uü habrá cucsUoues, irerá D*det> ttlMIflitlIÉIII^Esto jdieha f|ui' la [>ninora es una ciie^lion, nieuLTai» que ia segunda c¡» una verdad que está «a la coociencia del género hnnano.» .S^<4Í8evrso -es deskmbrador; y sin em- bargo no e?; mas que un sofisma. Kl hecho «iM;iaQ& ¡»e Uuwk eb ioeiLacia; v auii cuatido ^gStmn rttiiiíiÉíiítiiiiiMigiitiiiwitü demofilFaruiuus. «ItiHHI^ El raciocinio del Sr. Donoso se reduce á iü;5iguieu4e; « hay unilornudad de parece-» res, luM^ htíj verdad cierta-, hay diNII'féi rin, luego no hay \enhi(l cierta; cuando menos hay duda.» Este raciocinio es sofis- 11 itiferente grado de certeza no pue* f0i iemejante regla: bafoN^ iue reúnen pareceres, y hay nioti- Uk» dividen; e:atckik motivo» msw rektiveB áfto^^mriadj ai lUl BÜilliiiMlWtirt la divergencia sn veu de criterio.
Si pn'.iíuulais a una a>aiiil)lea si el Estado jiuedc ttpüdcrarhc de iodos ias propiedades <l«4fla|iarücularefi, es fciii éWééio que pre- guntarles si todos los iniemhros áv la asain- ijte%^l||aierea espouerse a perder la suya. Bt^ípt^iíMie resuene en lodos los ángulos, iémmm espresit n de ia f rtrfli, será un í^rilo contra el peligro coninn y propio. Si ia ilu versa sobre los bienes de la Igle- iíiiay el último motivo, he aquíonadi- ferencia, una causa de reunión dfe pareceres que nada tiene que ver con la verdad. En ise8ti«v*t gantf*. (pie nr> haya tenido sus sectarioí?. iliversidad de pareceres no (ís pues ijn hueo criterio para hacer vacdar ni la. verdad ni la ceffteia. Say eMU»^aK»i^<ld9^receres vac reúnen siempre. mas <'>^to no pruclta (pie I acuello en < tiyu favor se unituruiun sea mas cierto quL Hpielfo en que se dividen. Pre-r guntadas las asambleas si: tienen ^denecjifi a decapitar a un Rey. los pareceres se hp^ dividido; ureguiiladles si el rey pueile deear pitar á loaos I06 di|)uladas, y los parepr^^ se reúnen: todos los diputados Y#íaf|ÍO PM el no tenlandose la cal)e7.a. V sin embargo, DO es dudu>o lo primero, y estapins se^urof qué tampoco lo tendrá poflal ei Sr^i^oiiMdf* Preguntad á una asamblea si conviene auto- rizar a un gubieruu para que deporte o f Urr sile por leyes e$i9tM}ÍQnaleSi,los parepereff se 4ividen,: pragw^tdUe si conviene qm,.^ ta autorización se es tienda á deportar ó fu- cilar llegado el caso a lodos los miembrosd# w faawwwiW^f tes pareceres se rauaeii. Mr gunlad á una asanddea si para empe/ar una revolución sera bueno [legar fuego a los con- venios } matarlos trailes, ios pareceres divideB; y iMagaot^dla-ii^ego sí para acabar la revolución seria bueno pegar fuego al lo- cal «le las sesiones y acabar CiU^ /^^¡lúH$r dos, los pareceres sé reúne*.;.! r mM' Kchase pneaiie ver, qvfi la FeoaioB d áltr visión de [)arereres no es un criterio tan se- guro como quiso suponer vl Sr. /^oiHup;,y en la cuestión presente vale menos el argur meoto, porque nadie ignora que las épocas en que ha sido mas combatida la propiedad la asamblea, que lal vez ou contendrá ea su |i de ja. Iglesia, son la de los proleslanles, y niara porque no hay peligro personal; | siglo XVIII ¿O'"' pn' den [irohir ( onlr Ja a^mblea habrá (juizas mucluvs (pie ' derechos de la Iglesia los hc':hos de sus mas dewHB adquirir a poca costa ios bienes, la pif||»««s(«piics, lejos de espitlá' liil<||i»á; eucariiizados enemigos? Yéasé pues cón^p es sofistico el (hsciirso del álr, <^ POT la ilegitimidad di* la consecuencia: ahora que quieran quebrantar d pítder haremos observa^ que claudii^^a por su b^^O, esta propuesta será bien recibida porque ofrecerá un medio á propósito para l(»s;rar el ol>jet.);he aquí otras diferencias.
a causa de fundarse en ua, hecho £ali9>^ cuando menos inexacto. Asienta el Sr. Vor que si se pregiutla.1 una asamblea.
iiK aquí olro> motivos que dividen los pare- 1 sea Ui que lucre, si ei ifSLado iiene dercc^h^ ceyátt ninguna «lacion é*lfr<«><adl'ti>^* | de apodeturse de losv El (|uc una verdad haya sido combatida, el que sobre ella ha\a habido diversidad de pareceres, no quila que sea verdad, y ver- dad muy de^JIé líay verdad qii»«#lia- 4e. todos, 4^ particulares, todos lo> p in icrc- se lennen l>ara decir «o: pues uosolr^ decinios que esto es falso. ¿Ignora el Sr^ Jhaosó,,\m cuestiones que se agíMlp sobre la propiedad?
tan con maestres disiiiiíuidrts, con obras de ñomhrodia, con discípulos no escasos? Si pues en la asamblea de que se trata hubiese ^os 6 iMélios íiocíMístas, al proponerse la cuestión do ¡iropirdad los sncinltsfa< vola- rían contra ella, aconsejarían onc el Esta- do se apoderase de los bienes de los parti- culares, inaugurando asi el bello ideal, en que ellos sueñan: la eomunidnd de bienes. ¿Dónde esta, pues, la unilonnidad de pa- receres de 4|iie nos habla el' Sr. Donoso? Es por ventura imposible que algunos so- tialistas entren en una nsamblen pública? Y entonces, el argumento de laí/iri«<o/í de los pareceres ¿no ^ volvería contra las propie- dades ixirlieulaivs?
. ' Hé aquí á que se reducen ciertos arjru- mentos cnandu se los examina cual se debe á la luz de la razón. Destumbran por so ori- ginalidad y por el ingenio con que se pro- poneD, pero acercándolos á la piedra de to- ^e de IM hechos y de-la lógica Se disipan retiio exhalaciones pasacreras.
El.Vr. /^/ío«o llevó tan adelante sn em- peñu de justificar á las asambleas despoja- mtumétí h Iglesia, «fne parti disenpnrtas en este acto, las declaró impecables en todo. oCreo, decía, que no hav crimen en las asaoibleas numerosas que (íeliberan en pú- blico, como no hay cHiften en el género hu- mnno: no creo en esos crímenes colectivos; ¡harto triste es creer en los crímenes indi- lidualesfV Bstar doetffnn, ó no signifíca na- :jÍB, d es altamente inmoral; y sin embargo, *fl claro talento del Sr. Pnsfor fíinz Invn la ilesgracia de dejarse alucinar por ella basta MNidérarhi ' eim* éntiisiasnio, eselainando: «bellísima, consoladora doctrina, 'que yo abrazo con todo mi corazón.»
¿Qaése quiere decir con esto? ¿Que las 'asambleas como scics coleclives» haciendo abstracción de los individuos, no pueden ser criminales? Entonces la proposición no «ignifiea nada. Todos sabemos que una asamblea es uha colección de índÍTiduos; tt^ ella separada de ellos no es nada; que énim es nada distinto de ellos; que no es iKiit()ne ellos mismos nunidoé. La asam- blea, pues, como ser abstraído de los indi- viduos, es impecable, por la sencilla ra/on de que no es nada; todos.sabemos que en cnanto ie "dispersan los indiridnos cada cual poísolado. no qjieda un ser positivo que «e pueda llamar propiamente culpable. Lo« I los hombres, no son las aRamMeas, sinelii individuos que las com[)onpn; esto lo sabe todo el mundo; esta es una de aquellas ver- dades que no se inculcan {>or lo ciideuim quien las dice, á fuerza de decir una co<a tan conocida viene á no decir nada. Eslts observaciones son aplicables a una asamblea como á una nación: y por lO'nMflmv el ñnr Pnsfor ihaz puede estar í?pguro de qnc nadie llevará la naciüu española ni pie de na confesonario; eomo indied «MMer 9.* % 1^ drán confesarse los españoles, podrán con- fesarse los gol)ernanles, pero la nación, co- mo nación como algo distinto de lus españoles...^odmo se quiere que se eoa- líese?
La impecabilidad, ¡>ucs, declarada por el .Sr. Donoso ha de signiiicar otra cosa; ha de significar, ó que las asambleas nu puedea obrar mal, ó que del mal que barran nadie es responsable. El Sr. Donoso, que sin du- da es mfty monárquico, no bsifiA uMdado que por Sentencia de una asamblea han ro- dado en un cadalso cabt'/ns augustas; y se- gún su doctrina el malar a un rey nó fue un crfmen, é- si lo Aie, de este cifnien ue eran culpables los que volaron jKir ía imifr- le. Escoja el.SV. JJonoso el eslrcmo que quiera; |uslifique el regicidio ó justifique a los regicidas en araboe casos se levantan contra él la razón, la moral, los sentimien- tos generosos, la conciencia de la bunani- dad. Bl Sr. Btmm» nvescojerá, ut^-ki -ém- damos, no escojerá ninguno de loS dÍD9 toP- rihies estreñios. En la alternativa descf* cruelmente inmoral o uicon^ccucute, preio- rirÉserMeooseoaento'. ' ' m.«í^üim ^ Y á propósito de impecabilidad <}p I asambleas, recordamos (|tif cuando las Cor- tes despojaron de la tutela u la Keina Cris- tina, M levantureu voces eloemttte^Wii tribuna y en la prensa contra lo qne se ape- llidaba horrenda usurpación, atentado coo'- tra las leyes «Hiles y m duiuelikis de*k wh turaleza. Sí no estauMS md wlMrmados, el AV. Donoso escribió á la sazón algunas páginas que se leyeron coa el interés que inspiran todas sos produeeiones.' B( que ñlb escribe recuerda haberlas leído en París, f con la creencia de que eran obra del Nr. lio- mso. ¿Dónde estaba entonces la impeciib»'- lidad de la asamblea deapajudm»? ¿«vr fau varir?
Las asambleas pueden oouoter, y bnufia- Dlgitized by Google nititidocn efecto, criiiiLitoh y muy grandes; es decir, decrelanJo cosáis coolrarias á la razoQ, á la justicia, á lu sana moral, y ortando la pnrpelrai ion de los actos cor- )ondiealos. ¿Que dilicuilad hay en esto? ijuienes sou entonces los culpables? Los miembros de la asamblea (|oe votando el mal hc hacen cómplices de el. Nada mas senci- llo; nada mas eu armonía con el buen sen- tido de la humanidad; nada mas coníormc al mismo lou^'uaje (|ue conlinuamenlc em- pleamos. Tai ayuulaiiiiento, se dice, ha co- metido un roljo; lal diputación provincMl ha hecho una injusticia. ¿Quién es el culpa- ble? Los concejales o diputados que bayau leiui¡<j(()iiiplicidad.
Los mismos tribunales están á veces com- puestos de varios individuos; ¿y no se dice uue ha habido justicia o injusticia, parciali- dad o imparcialidad, intc^ridcid 6 cohecho?
¿ Y qué <]uierc signilicar el Sr. Donoso cuando, al declarar la ini()ecab¡lidad, solo üjdila de asambleas numerosas que ddiberan ^público? ¿Cuándo se podran decir nume- rosas y cuando no? ¿Y \toi qué el numero coDstiluye pri\ileíi;io? ¿Se nos podria seña- lar cuantos individuos se necesitan para completar el numero (pie ase.:;ura la im|)e- cabilidad? Tal vez el Sr. Pulal haya ad<|ui- rido el secreto, y por esto querrá aumentar el numero de diputados. Tand)ien es curio- so aquello do deliberar en público. Por mane- ra que si la asamblea se constituye en se- sión secreta perderá el privilegio. Este es un argumento concluyente en favor de la publicidad de las discusiones. ¿Quién será tan |>oco caritativo que quiera esponer las asambleas a pecar cuando hay un espedien- te lan sencillo pura evitarlo? So acierta uno 4Í^i>inar de í}und(> la publicidad habrá sa- tado bU virtud purilicadora ó mas bien pre- servaliva.
¿Encontrara tal vez estraño el Sr. Dono- 4^ que se culpen asambleas, pueblos, na- ciones? ¿ Le parecerá quizáis impropio este U"? Menos que otros deberia cstra- ííarsc de et.lo el.Sr. Donoso, que con su es- tilo inauilii'sla haber leido la Biblia, v que una que olía vez como que trata de imitarla. ^l*ues qué, no ha visto en la Biblia á Dios indignado contra las asambleas de los ma- los, contra los pueblos prevaricadores, con- tra el humano linage que habia corrompido su camino? ¿No se ha estremecido con las imprecaciones de los profetas contra generaciones cu Ifta bles? ¿No ha derramado lá- grimas sobre las ruinas diuina ciudad deliof* cuente? ¿No ha tcmblauo á la vista de la ira del Todopoderoso, vertiendo la copa de su terrible rolera sobre naciones inicuas, ir conMiiiiKMiilolus cual leve paja con su fuego ;ilir:i^;iiliir? Ksto lo habrá leido una y mil \ecos el Sr. Donoso, y esto debiera bastar- le para comprender la verdad y sublimidad (jue encierra semejante lenguaje. El señof, Donoso, echando á las asambleas y nacio- nes fuera del orden moral, eximiéndolas de lodo crimen, ha atentado, no solo contra la ' razón sino contra la poesía. Y esto un poeti ta...Bien merecido lo tiene. ¿Ignoraba acaso que se acercaba demasiado a los inte- reses materiales creados por la revolución, y que la proximidad de la injusticia «{uema las alas del genio?
No se contentaba el orador sosteniendo los intereses creados con las paradojas que hemos visto; entrando en el terreno legal se enqK'fiaba en defenderlos con la ley en la mano. Combatiendo la idea de la devoluciuo de lo vendido decia: «Pues qué, ¿no reco'- nocen las leyes civiles, y las eclesiásticas como las civiles, la prescri|K-ion? Pues (|ue,. ¿aun aquellas cosas que han sido usurpiw (las se devuelven cuando ha pasado cier-r. lo tiempo por ellas? ¿Y en ipié consiste es- to, sefiores? Consiste en la virtud especial del tiempo para borrar los crímenes? No; I consiste en (|ue cuando ha pasado muclio lienij)o se han creado muchos intereses; y el mat/or de lodos los crímenes es introducir la perturbación en los intereses creados.» Y como quiera que á los oyentes del Sr. Do- noso y aun á el mismo los habia de atormeu^ lar afgo el pensamiento de que el tiempt» trascurrido en el caso presente no era mu- cho sino muy poco, el orador, que no podia deshacer el nudo, le corlo; en vez de seña- lar una razón deslumbn) con una imagen be- llísima, que en el terreno del hecho encer- raba una gran verdad, \HtTo que en el del derecho espresaba un ab.surdo.
«Hay pues dos maneras de prescribir, de- cia el Sr. Donoso: se prescribe por el tiem- po que se dilata: se prescribe |)or el tiempo que se condensa; se prescribe por el tiem- po (»roi)iain('nlc dicho; se prescribe por las revoluciones. Asi nada han adelantado lo^ reaccionarios.» No es posible desconocer la hermosura y el ingenio de la imagen que nos presenta á las revoluciones condeusaud» qie en épocas refprlares se baria eo sigl^ pero esla ¡iná^en, muy fein y oportuna pa- re expresar ei fenómeno í^M^LwtámáÁXi del derecho? Si algo prueba será la necesi- dad ó conveniencia de una reforma, la ne- cesidad o conveoiencia de tener considera- ción á este ó aquel hecho, ae ¡mt motivos de justicia sino de política: pero aducidas para legitimar ua despojo de ayer y darie la sanción que con la prescrípcioii dn te le- yes, es trastornar todM lia ideas del de- recho. EscogítatM esta imáf^n el.SV. Bono- ao para convencer de que baUábamoe ahore em ñapeóle á laa ^reMaa ooimbí h»-> biesen trascurrido largos años: consideran- do la cuestión bajo el aspecto politico no era tan cslraña su upiiuun, ^ lodu depeadia de aaMar mas 6 menos valar á;ll»fnvedad y arraigo del hecho; p ri> mirada como la qui- so mirar bajo el aspecto de justicia, en el terreno legal, en el4e lapreeeripcion, su dioiriMaa naaataiábla, waa, aomameiila peligrosa.