El sistema político que encontró estable- cido al lomar el mando, ¿lo creyó radical- mente vicioso? ¿ opiQo en efecto que era i IpealBreforaarle, ópeasóqae se podía I con él? Ambas cosas. Para convencerse de su opinión sobre los vicios y la urgencia de que desaparecieran, hasta recordar sos pa- labras; paia coaveneerse de lo contrario, ea suHciente su conducta. La lev electoral y la de impreata, es decir, los dos pualos mii imporiaales del sisleMi npitiieVmtfas^aií llamaron bastante su atención para que les hiciera ventilar en una legislatura tan larga, eu que contaba con la mayoría mas compae-» ta qoe se vi6 jtaiés, y eamlo loe Cortee asi no tener otro objeto, se ocupaban de la ley de vagos, ó se entregabaa a dilatados valos de descanso. • • ¿Es amigo del jurado é enemigo? depende de las circ4instancias. Hace algu- nos meses que su opinión sobre el particu- lar no estaba compielamente formada, á pesar de ocho lAos de esperiencia: así aH que el jurado desaparecía de laConstilucisttk mas no de la ley de imprenta. Se han ce^• rado las Cortes, aaa asamnada Isa fiifes; f la convicción de qaa al jarado era araAi» m venido por lin; y no pomo quiera. sino ro- busta, irresistible, eticaz, de ejecución ur- I las Corles: y esla convicción ¿ha nacido de principios? Según se dijo hubo mas l>ien (iespif^ue que convicción. Los periódicos nnuncinron (]yw ol salir ó no el dt'crcto de- tendi9 de Li iibsoincioii «i condi'narinn de nn «trticulo denunciado. No sabemos si oslo es \»T(l;i<l; pero lo cierlo es que á la ahsoln- i ion siguió el decreto. Las apariencias son malas; y en tal caso ¿dónde está el sistema, dónde las doctrinas? ¿Un caso mas ó menos basta para matar una institución, ó hacerla tolerar?
Las reformas administrativas, ¿eran iir- ptnlM, 6 consentian dilación? l'no y olro. Eran nrsentes, y por motivo de la urfjencia se solirii.iha la aulori/acion, y evitaban las disciiMoiics en las Cort(»s. No "eran ursen- l«8, y por esta causa se ha ixuardado la au- torización en la cartera, y se ha procedido « nn innta lentitud en el planteo de las nue- ves.
La misma incertidumhre, la misma con- tradicción que en las cuestiones polllioas, lo ha maniíestado el gobierno en las eclesiás- ticas. Reconoce la injusticia revolucionaria tiel 'de la iglesia, v permite qoe la veni.» (.uiiiinue; suspende la venta, pero se sas muy buenas. j)ero no las sabréis por ahora; tladme el voto v dejadme hacer; » y luego volviéndose á los reaccionarios los amenarnba con la misma cartera. indicando po< o menos (¡ue tener encerrados en ella los rayos del Vaticano. Pnes bien, estas oscila^ ciónes escusadas por la oportunidad, se fun^' daban en dalos tan seguros como hemoff presenciado. Ni ha habido reconocimiento de la Reina, ni ratilicacion de las ventas, n¥ nada, sino sinsabores y complicaciones nue- vas. La vacilación con respecto á los princi- pios podía encubrirse algún tanto con la»^ exigencias de los hechos bien conocidos; cuando se ha visto que no se profesahair principios lijos, y se conocían tan mal lorf hechos, ¿ (pié es lo que resta? * De tales antecedentes solo podía rcsnltarl lo que estamos viendo: que el gobierno se indispusiera con todos los partidos, que se colo<:ase en el triste y |)el!groso aislamiento^ en que ha venido á {wn-ar.
(Queriendo el ministerio complacer el ele- mento revolucionario <jue bajo formas par- lamentarias abriga la situación, se ha ena- genado á lo que ella encerraba de hombreé verdaderamente conservadores; é ¡nclínán- mega á la devolución; se decide al lin por | dose hacia estos últimos ya con sus palabras ' la devolución, mas no devuelve. Pondera la necesidad de maiilener el clero, procla- vv.) <" voluntad decidida de emplear medios • >, no consiente que nadie le lleve la delantera en actividad y celo; y salé al lin con la famosa ley interina, y el contrato con ol Banco.
Lo mas y lo menos en esta materia, no lo hace depen<ler de principios, sino de o|)or- tunida<l; esta onortiinidad era la guia def Íjobierno, la menida de la dosis en que se itbtese de administrar justicia. Asi, en concepto ilel ministerio, la devolución al clero de los bienes no vendidos, era un arto de rigorosa justicia, pues (pie (piitándoselos li.ihi.i cometido nn despojo inicuo; pero el proponer la devolución era un asunto de o|)ortunidad, sujeto tan solo al criterio de los ministros. imicos iniciados en el secreto de las negociaciones. En qué fase se ha- llaban estas, cuál era el curso que segnian, no se sabia de lijo, solo se dejaba conjetu- rar; pero lo que no se ignoraba era que to- cslian n su término, que el resultado seria completamente satisfactorio. El ministerio mostraba á los amigos curiosos su cartera cerrada; y les decia: «aqui dentro hay co- I I ya con sus obras, ha provocado la oposición entre aquellos mismos que le habían soste- nido con mas perseverancia. Asi tiene aho- ra contra si á lodo el partido progresista, a ' todo el partido carlista, á todos los monár- quicos no carlistas, á lodos los que abraza- ron la bandera de los diputados dimisiona- rios, á la fracción puritana representada por el Tiempo, y en lin á los hombres que si- guen al /írraldo, al Globo, ó al Kftpaño!. Hechas estas deducciones, seria curioso sa-» ^ ber lo que qncda en España. No creemos, que haya ningún partido; no puede haliep mas que individuos. Hé aqui el estado de la'", oposición actual; hé aqui sus causas. ¿.Cuá- les serán sus resultados? No lo sabemos; nf " tampoco somos amigos de pronosticar. Co- ' mo quiera, las conjeturas no pueden ser halagilcnas al ministerio.
Hay en la situación actual olro elemento (jue por precisión ha de contribuir á des- ^ címiponeria; hablamos de la alianza del po- " der militar con un partido político. Esta alianza es necc^iaria, v lo será hasta que el trono sea bastante robusto para dominar á ^ los poderes militares y á los partidos políli-' CCS; ó mejor diremos', hasta que los parü-" dM iMUtíooe no teogaa, iiii»iijí|^MMBit que la puramente legal, nilwsqmÉíitlgo punto de n|)o\(M|(iP el trono ini-^mn fíisfn no SO kábic ya del poder mililar, sjuo de ejér- 6Ílo eieganeiite ramiso al poder díil hmk | narca. Esta triste necesidad de la alianza de dos elementos que sintienildsc llaeos por si solos, piden á su ali ulu la fuerza que les fillta, produce males {le la mayor gravedad, haciendo inq>osible la duración y solidez de todo gobierno, por ser imposible la solidez y doracion de la alianza en que se le pretende fundar.
Si la alianza del poder militar con un par- tido político esta bteinprtí sujeta á mucbos ipóowrenieatot, suben estos de punto ettw* do el partido 'aliado es Ukenk Un partido politice por jnas que varié, por mas que se ponga en contradicción con sus principios, oer aias sacrilicios que haga en oMeqwo de la conservación propia, por mas que con- sienta en hunullars»;, siempre sufre algo de la influencia del nombre que lleva-, de la^ doctrioas que procJania, de los principios que le dieron orijíen; siempre permanecen estos allá en el fondo de su espíritu, protes- tando contra la inconsecuencia, acusando á los prevaricadores, tendiendo sin cesar al recohro de la posición perdida, y á lavar la maucba con que las condescendencias los ennegrederoa. Kú es que lodo partido liheraL aun el mas pcBtcadoi, aan el ñas humilde y rendido, conserva en sus ideas y en sns iostiutos algo de.su primitivo. cs|)ifi- tii de liliertad. Esas ideas rallen, eses ina- tintos se agitan, se encuentran con la infle- xihilidad delp(Kler militar, cld<'sconlonto co- mienza, sigue el desvio, y al lin la iucba se Hccúerdese lo sucedido en tiempo de Es- partero. También entonces se alió un parti- do político con el poder mililar; esta alianza prodiqo la con(|ui8(a.del mando por nedio dfuma revolución; pero no fue. bástanle á cower varíe. Apenas entronizado Espartero aa formaron dos bandos en el mismo partido progresista; unos 'qnerian ídeniiíicarse con Espartero, vivir en paz con el, |)elear conél, vencer ó sucumbir con el; otros miraban CTadcpcanBaaM el aaceodiente del poder uiUlsr, hubieran querido romper el tnalni- . mentó de guerra una vez conseguida la vic- toria; las ideas y los iuslintus de libertad se avenían oalicoo el predominio de unaoldado. Bi|Íqdifei»nlMfi^niil8,CD '* ** nes, «oar división diudÍJUilhasta 4843: el desen- lace es conoetdo; en el ultimo acto del dra- ma se liauiaban coalicioni^a&jf ayacucbos. La^niiMSBion ai»iwManiittlaitÍBlmiMiaaa de la de Espartero, tiene con ella maii I tos deseiiieianza de lt> (pie ak'UQOsquiaB aa liguran. Eu ainba» hav lu alianzftdel podaf militar con un parü^ poUtioot^ fiR aa^Ha liíiy una frací'ion que prestan todos ios sacrilicios, \ otra fracción que a aigunos^se niega terminantemente, otros no loscMHÍih^ tea sino a duraa^peMM9^«ieaipMi«sn pro- testas. En ambas se vé la unión contra el enemigo común en el umjiucoIo de peiign^ en ambas la»» mu hlMÉMiili ÉHMiWii mentos de icjioaD^ifiMÉM el len§Éi|MÍ^ la oposición se llama roz amitfn que ani»- nesta; eu ambas em{K:ro es ia oposiaottasir severante? á veeea roda* Sb anIMMpi defender al ministerio cobm único capaz de superar los obstáculos-y salir en bien de ln> peligros; en ambas se le- -oye acusar de que con sn improdeneia awltiplietdoe^dtalÉü^ los, y con -ni ■ ' td capone á si^^irlÉ situación a peit i cr en ios n lii^ros. EiMní^ lias se ven eu la oposiciou a los peciúdicQS mas antiguos y mas aiieal^lénÉiáHeiilHiiit Karlído. En ambas iiguran en la ofKNñeiaa ombres muv nolahics del mismo partida Véase si son pocas las analogías, ' no diro« nios que sea el misaMy^f^esenlaee. ' ('.otiio quiern <•< fe i ierfo que «n la »i4«i- ciou actual, como en la de lusaarlero, hay ona alianza insostenible, hay ei unfluiin» amalgamar dos elementos que so reekssMk Los hábitos de di.^ciplina y ia»^ costumhfes diüii'M i.iiu a>, la fuerza y la discusión, las leyes y la espnds sOn^éuásért^— ae lapijla* La fuerza imliiar es «le suyo de tal natura- leza, <|ue SI lio olii'dt cc ric;ranicntc a «t poder superior, aspira a la uoiuinacion ahse- tota. Iñor sos- ideas, per suli MfeKes, fisr atf posición en la socicilad. por sus instintoí, por su orf:am/;i( ion misma, esta destinada á unoíle (jíiN fsiienios, o solo a ob^ecer, ó á mandar sola. Esta es sn naliiraleaa: en va- no se la inleiilana nioddicar: quien le pide auxilio sera su esclavo. IbS ei/ca|i bula: el caballo' veneeiA al auiilio del houdut: lai pues en pcrsuadifie qie so opét y le el freno.
Dlgitized by Google m- EL GOBIERNO Eiéríto rn f»rí» tVit Ar sfrwtode t9«l. y pufaUcaito rn MidrM «I S cM ímnMitIo •Ptimilin'.
El elemcuto revoluciouariu (|ue bajo las formas |Mi-iaiueiUaría.s se abri^M en el seno (ifr la situatioQ, va (Ifsenvulviéndose con rapiili'/., y amcnazaDcio la uKÍsteocia del partido (loiiiiiiaiile. Kl gobicrao S4} ve ac'usitdo de haber hecho Irnieioti á los priiK'ii'i 1^!<'\nl(i( iüuariü-conservadores, que al.dos fierióibcos habiaa ia aiicUui osa Itasu sobre la cual debía 1< \ «'I si«itt'iiia liberal, rodeado de Uxii. - iroit oN »jue. le olrecieron las i.oii- (|uistas de ia revoliicioit. Los periódicos de la (■[ii.^i< ¡ün inodiMada lio pueden sufrir que I ■ ' I! nuevas roneesiones a la .,.a, (jue en su conceplo so- lo debe ser atendida, en cuanto sirva para asegurar la estabilidad de la injuslicia. Así, BO se tenia inujuvenicnte en que m> devol- vieran al clero los bienes no vendidos, cou tal que e>la devolución no se llevase á efec- to hasta (|ue la corle de Roma hubiese ra- liiicado la enajenación de los vendidos; pero tan pronto como el liobierno se ha de- cidido a no conformarse con tan peregrina juri>prudencia, ilucivcn s<d)re él las.dccla- macumes y las burlas basta un pinito que le hacen pa^ar bien caro los ardientes enc^ míos con <|ue poco antes se le obsequiara. Pór mas que se aseuiire cpie el {íobierno no hace caso de semejante oposición, es proba- ble que no dejará de mirarla con alcona iu- ((uietud; y mas de una vez habrá recordado aquellos dias no muy remolos, en ({ue se solazaba de sus lati,:;as minisleriales cou el agradable incienso de los periódicos mode- rados. ¡Instabilidad de las cosas humanas!
Kscusado es decir que nosotros aplaudi- mos la buena resolución del miuislerio, si bien la hubiéramos deseado mas cumplida devolviendo á cada liclesia los bienes (|ue le pertenecen; pero esto no impide (jue bajea- mos observar comí» le perjudica en este ]mnta el sistema iiicierlu y poco franco (|ue jr^lidas veces hemos tenido oca>ion de ceasurar. Va ({ue el ^obiernu babia obteni- do de las Corles un vul(» fa\oiable a la devo- lucioo, lo natural y lo justo era que la lie- Ivase á calió inmediatamente, siu esperar el éxilo de las uejjociaciooes, ni dar pie a quo se creyera que los motivos que le impulsa- ban al acto de justicia, eran solo razones de conveniencia. Y esto que era natural y justív era al propio tiempo muy político, pues de- bilitaba de antemano la fuerza de los argu- mentos cou ({ue le combaten sus antiguos sostenedores. Si, esto era lo mas político, y vamos a demostrarlo.., El gobierno, al presentar á las Cortes el proyecto de devolución, si bien dejo traslu« cir qi:e inlliiian en su animo razones de con- veniencia, asentó no ohílanle con toda cla- ridad, (jue entendía y (pieria hacer un acto de justicia. Kn los dictámenes de la comisioa se adoptó distinto lenguaje, aue manifes^ liiba jirincipios diferentes de los admitidos por el ííobierno; diferencia «pie se mos- tró igualmente en el curso de la díscusíoa; pero que no consiguió ni ajiartar al ministod rio '! liti! de conducta, ni aun que mon diii<. • trinas con que ia justilic-abaJ ■ A pesar de esto, el gobierno triunfo, y na-« díe podía abri¿!ar duda sobre que iuej{0 de I olileiiida la sanción Real, el gobierno podía. pa>ar á la ejecución de la ley, sin faltar al voto de las Corteas..Nadie pudo creer que el voto de estas dependiera de ninguna condi- ción; pues que ni se la había espre>ado, ni I se la podía suponer iniplicita cuando el lio^ \ bicrno contaba en las Cortes con tan grande ' mavoria. Fu vano akunos indÍNÍduos de la mmoría preteiidian interpretar el voto: la ' íulerpretacion era la espresion de sus opi- niones, uo de la mente de la ley votada. Loi ' mas (pie se podia sospechar era «pie en el animo de la ma\oria hubiesen iniluido la^ razones de conveniencia como habían inílui-^ do tainiiieu en el áiiiuio del gobierno, pero n(t <pie el voto l'uese condicional, y (|ue no obteniéndose de Roma lo (|ue se deseaba, la medida de la devolución carezca de seiv-j I tido, como iia dicho cierto periódico. En j este su()ueslt», ¿ipie debia hacer el gobier- I no? Devolver inmediamente. ¿ V por que? l Porque si sus esperanzas sobre las negociar) I cíone.s de Roma salían cumplidas, podía.; gloriarse de haber unido en su condui la la^ habilidad con la lealtad; y si salían iállidas»>i no se encontraba con ia ley sin ejecutar, yi obligado, (i a poner de uiatiificslo (pie soioi I >e guiaba |>or una prcvi»ion incierla que lodd L sucesos habían desuieulído, ó á ejecutar lao > devolución á pesar de las reclamaciones de los enemigos ile ella, exasperados |jor el ^ d^venlurado desenlace de las negociacio- . nes del señor (laslillo. El ministerio si^iió el camino peor; y esta es una de las causas del mal papel que esta representando. Con su dilación en ejecutar la ley ha dejado creer auc solo la queria hacer servir comt) un me- io para ohlener concesiones, dando lufíar: * ¿ que ahora cuando trata de ejecutarla se le eche en cara que no cumple lo tácilnmcnte convenido con las Cortes, y (|uc se humilla ante las exigencias de Roma.
Si el pobierno hubiese sido mas conse- cuente, devolviendo lo no vendido tan luego conm obtuvo de las Cortes un voto Tavorablc á su proyecto, ahora se hallaría en una |)o- sicion muy desembarazada con respecto á sus nuevos adversarios. « Es verdad, podria decirles, es verdad (jue |)or ahora las nejío- ciaciones con Roma no han dado los resul- . tados que nos prometíamos, y que se han devuelto al clero los bienes no vendidos, sin haber obtenido la ratílicacion de las ventas j , hechas. pero nosotros al proponer á las ('or- les la devolución, bien claro espusimos que la medida, á nías de conveniente, era tam- bién justa: hemos cumplido prontamente lo que era de justicia; dejamos al tiempo que acredite la conveniencia. » Este lenguaje era leal, era sobre todo concluyenle; jor- que siempre es muy honroso haber satisfe- cho la justicia, aun cuando no se consiga lo que de ella se esperaba. Y no es esto decir que el gobierno se hubiese evitado la opo- | sicion, lo que era poco menos que imposi- \ ble; pero si que hubiera tenido mas plena-! mente razón contra ella; y lo peor para los gobiernos no está en sufrir la oposición, si- no en merecerla.
Hemos dicho que el evitar la nueva opo- sición era poco menos que imposible; y asi es en realidad; si no hubiese habido un mo- tivo, se hubiera echado mano de otro; el i germen estaba en el seno del |)artido, y pa- ra los liem|K)s ea (¡ue vivimos ya era deuía- siado largo el adormecimiento (|uc se notaba en la discordia. Si cae el ministerio actual y se entroniza otra fracción del partido mode- rado, en aquella fracción se presentaran de nuevo algunas subdivisiones, que poco no- tables al principio, se irán mostrando mas | claras con el decurso de pocos meses, acá- i bando por un rompimiento tan estrepitoso como el (|ue estamos presenciando.
Lo curioso que bay en la oposición actual es su condición puramente negativa. Es tal la im|M)tencia que siente de fundar un go- bierno, que todavía no bu formulado el ais- tema (jue hava de suceder al actual, ni se atreve á decir hasta que punto quiere ana mudanza en el personaldel ministerio. Léan- se ron reilexioii los artículos, v se notará en esta parte nun ha reserva. Oui/as cuando este articulo vea la luz publica, el lenguaje de la o(K)sicion habrá sido mnsi>splicito; pe- ro á la fecha en que escribimos estas lineas todavía no hemos visto nada que nos bagp formar unn idea clara y cabal de lo que se intenta sustituir á lo (|ue se desea derribar.
Fieles a nuestro sistema de no poner á nadie en compromisos, exigiendo respoeatas sobre puntos determinados, nos guardare- mos muy bien de dirigir a los periódicos de la oposición moderada preguntas sobre lo (lue piensan con respecto á ciertos aspectos (le la cuestión, por cierto bien delicados; ¡H'ro estamos en nuestro derecho al dirigir- nos esas preguntas á nosotros mismos, y llamar sobre ellas la atención del público.
Hé a<(ui lo (|ue nos preguntamos.
1." ¿La oposición al ministerio tiende á un cambio de |K;rsonas?
Parécenos qne nocalM» duda en este pun- to; y nótese bien (|iie no usamos de la pa- labra íxíV/p, sino lieude. S;ibemos que a ve- ces se insinúa <nie todavía es tiempo, todavía puede el gobierno re|Mirar sus yer- ros y lavar sus faltas; pero hablando ingé- nuaiuente, estas nos parecen formulas de pura cortesía. Mudar de sistema sena con- fesar <|ue era malo el seguido hasta aquí; seria manifestar <|ue esto no obstante, se le abandona a duras penas, v.solo para aca- llar los clamores de la opiníon; seria rendir las armas á la oposición, y decirle: «si me lo permites continuaré usando de ellas baja- tu dirección v mando.» Tanta humillación no la quisieran sufrir los hombres del go- bierno; preleririan sin duda retirarse del poder. Asi, aunque no se dude de la since- ridad de los que afirman no desear una mu- danza ministerial, es preciso convenir en que la tendencia no es otra; siendo ademas tan visible, que no es dado suponer que se oculte á los ojos de los escritores. La pala- i bra pues á (|ue viene á parar la oposición es esta: tí/;rt;V) el minisferio: esta |)alabra seré pronunciada con dolor si se quiere; pe- ro se pronunciara, v aun ahora mismo, lo que se dice equivale á pronunciarla. En Google Google «oaeepto ilu la oposicioa moderada, el go- iiiwúu deja péser las regati» de la ooroM, f I-I I ii 'ni I ' partido deque salió, abusa de la coolianza que vn el deposilamn laa Cortes, se olvida de la Noluntad de estas y te ealnrta abiertaoMBle, conduce con t' '^'M ';i Ins np^ociarioiifs, envilece al pais; cüuo es que un minÍMlerio seiiiejaute es ¿ loBrajai de la oposición una inmensa cala- niéadf;<8rpues laepaneiott^ oonaecuente, I si quiere presonlarse romo sosIimv ' )ra de - la.aicoidad nacional, del lustre de ^u )>arti> I trf ooren da sos doetrioas, i dü^grandór y rccuottdadde saaiatema, no tiene otro medio que aspirar á un cambio miiiistenal, acelerarle cuaulo sea ¡lostbie.
dado la primera respaesta, y según nos parece, de uua manera saliafM^ tona, pasemos a la olra prejíunla. M." Eü la ruina ministerial, ^quiere la icion que vaya «nvnello también el geiw se hubiese de responderá esta pief^un- la-ateméadose únicamente á los principios del gobierno representativo y de ifaponsa- bilidad ministerial, no habria ninguna diti- cuilad eu atínuar que la oposición nuxlerada qoiere dawiMaral gmtni Narvaez como á los demás ministros. Mm lodos los países donde riííc el sistema representativo la res- pouabilMlad se estiende á todos, y auu pe- sa dt «a naaera paHiealar sobre el presi- denle <li l ( in-( jii. A él se atribuyen prínci- palmenle asi e( iíien como el mal; á él le pertenece la. mayor parte de la gloria; sobre dlüMM la mayor parle de los cargos. Sn él se personitica el sistema; cuando él couti- aúa en el poder, se supone que el sistema c^tiMittuara el mismo; las mudanzas persoua- liÉlliimftikasa» bajo el ndsmo presidente, son causado^ I" r motivos secundarios, ycon- sideradas como de poca importancia. La opo- sici^ de la prensa moderada no se Funda en aMllVQSseeundaflas; sedirige según asegura, contra el sistema, errado en lo interior, de- presivo eu lo exterior, absolalamenteinsoste- mUs, ai M se qaiere almar aakie li Espafla calamidades sin cuento. Asi pws psreee no c.úwr duda en que los tiros van asestados Uuiiuea cioitra el presidente del consejo. Pero eaü^M giÉisfis represeiiatiYo m Sspilla es ni gentí'is, anómalo como nuestras co- .sas^ quizás -M¡ra escepcion aqui la regla general, y ci actual presidente sea conside- fidlMM|iiiiM|«^s|Mei6de^, m temo del I cual se gasten los ministerios, ^.-ifasttrse él misaM. Sí mí fcese, si asi pensase el par- tido moderado. si la oposición moderada ad- mitiese esa inamovilidad del presidente, i pesar del cambio de ministerio, seria pre- ciso decir que la irresponsabilidad en Espa- ña se esliende á otras personas distintas del monarca. Ademas resultaría también otra consecuencia que no sabemos si podran ad- mitirla los parlaaMario». Como en los sis- lemas representativos se asienta la máxima de que el rev reina y no irobicma y se con- cibe sin dHÜBaltad. que permadtweiida'^'rt rey el mismo, se cambie «SÉitAecjierieia el sistema político; pero ¿romo tp podrá cam- biar el sistema permaneciendo el mismo el presidente? Cntanaes seria 'aMnestafmf^Kti^ l;ii ()!ra máxima; «el presidente preside y no f^übicrna; » lo que, ó baria poco honor á su inteligencia, ó le colocaría á la altura del trono. * -r rr» ti»«m« Kstas verdades las tendría presentes el general Narvaez cuando declaraba en las Cortes que los ministros estaban unidos, y qae é continuarían juntas, ó caerían jnnlor en un mismo día, y por un mismo motivo. Asi, pues, no es probable que el presidente se haga ilosiones sobre sv Terdadera posi- ción, y que no alcance el objeto, ó cuando menos la tendencia de la oposición moderada: en apoyo de esta opinión viene lo que se ba dicho estos dias de haber desoído instnnacio^ nes amistosas sobre modilicacion mínblerial? >^ Sea como fuere, no creemos que en nin- * gun evento pudiesen resultar al pais nota- bles ventajas, si la mndanza se líroilaba k entrar en el poder otra fracción del partido moderado, para gol)ernar con el csclusivismo que. lo ba hecbo la dominante. Queremos suponer qne el cambio respetase al general Narvaez, y que á los cinco ministros desgra- ciados les sucedieseo otros de mas ó meaos purítanismo parlamentario. ¿Qué habriamat adelantado con la mudanza? Abrígamos In profunda convicción de que á poca difei cia continuaríamos como antes.' mj ' -..tr* vj Se dedama mucho sobre los Roma; pero ^qoé harían los hombres nm» vos? ¿Hablarían, como ellos dicen, con fír- mela, con energía, con dignidad? ¿Y qaé difian con este lenguaje? ¿Diñan qié sieb Sumo Pontílice no (|iiiere comenzar por un reconocimiento liso y llano de I)ofla Isabel lí como Reina legitima de Espaila, y ratiíicar eo segnidi ta T«Mnde loo bienes del clere;< Digitízed by G tcnaai n * i ii rtoina se rontostnria (\\\o el jío- bienio de Madrid es doeñu de tnmnr las itemMonesqve bien le parezcan; poro que IttPiilÉí á'av vn m también dueño de ne- g^árse á lo que se lo cxiírc. s!ii ninirunn i;n- raoUa de buen resultado. ¿Aineuazarian con! MütMMMMobHl de la venta? Pero esta eon- ' tinnacion no le daría á Roma tanto cuidado como paroco; mando no ignnm que <•! pro- ducto en renta de loque existe, dilicilnicjile Iteraré é It-sétima parte de lo qne se nece- sita pnra nibiir I presnpueslo. ¿Indicarían quizas que si Su Santidad no so presta á )reaDudar las relaciones, el ¿íobierno tratará dMlew provea á las i^lesiislvacantes f)or medios estrnordiiiarifis? Pero enfonros se suscitan kis cuestiones del tiempo de Alonso, m tfltni:etuil ferreno en que no quisieron entrar unas Corles progresistas, se provoca nn fuerte murm olio en todo el;iinl);Io de la nación, se arroja sobre el pais la tea del cis déla aliniizn, menester »eríaiii^iieart-pie# diferencia el mismo sistema que lAora. Pr»- enrar el triunfo ni l.i- i-'n-finno- ¡ht í'ifl' • los medios; conservar todo el tiea^Miqie fuese posible las Cortes eo qoe ser- mm mayoría; refrenar la prensa conio mqor se enlendii'se: ' " iv - -lü iitrs insurreccio- nes, y por cunsecuuncia tusilar á menudo, verificando aqoeHa espraaieiideiiiiferiidiaK «con nuestro conslitucionalisino tambiettie • eot liMitar dol mejor modo que ino- ra dahie a los sostenedores del iniuisterid, decoraciones y sueldos. y prevenir qoe en el seno de la misma fracción dominante no se levantase ()l ra oposiciou como la que es* perimenta el actual mMfeMrio. Mivo la ha< cienda enntiniiaria en un estado fon depln- rable como ahora; el ejercito se conservaria en el mismo pie, absorbiendit ia mayor par- te do ios feenrsos; los partid >^f\miirian^ conados como hasta aipii; los ' tnlin^<! cnido^ y sus partidarios comenzarían la oposirion na, y «s gobierno pigmeo quiere acometer I contra tos vencedores; y la andón m sal- una empresa de que saldría mal paradonii | dría ni por un uMMiito de«sa inquietud, d9 gobierno íriirante No, no inan las cosas tan allá; los gobcr- ]riMes»9»t§éordafian moy bien, siquiera por