SigPhi · Jaime Balmes

Escritos políticos de Jaime Balmes: colección completa

Page 97 of 137

raeter de ios partidos opuestos; u lo cual se y por una escuadra de la Inglaterra; el telé- le respoBdeqoe «los adversarias de) partido I grafé y la polieia da Francia cuidaban de dominante se dividen en dos clases: 1.* Una | impedir ó embara/.ar las relaciones de los escasa porción de díscolos mal avenidos con | sitiados con sus amigos de allende el Piri- -iri 'órdea y deseosos de trastorno con el solo | neo; los arsenales de la misma Fcaaeta y de «fajeio de medrar, r." l nos cuanlaa toiécí- I la Gran firatafta eatabaa akierlaa á loa artM eos, de ideas atrasadas, de sistemas raqui- I dores para proveerse de cuanto necesitaran; Ucea, que saeilan imposibles, y cuyas espe- i y tantos esfuerzos reunidos oída podían iHáill' disipa flenoMnle el espíritu del si- I aaMmaqiellaoiialaiales, qae sm «aa aair t|Ío y el aaeeadíeiit» de la civilización. La ¡ lio que aa faloav daouedo desbantabao las mejores combinar fones estratégicas, recha- zaban sobre el Kbro, ó sobre las orillas del aMr É4aa cféncilaa iatraaofea; f aafinaa'dft sus invencibles |)osi::nncs en lo interiarda..., j..., sus montañas, destacaban cspediciones pará feslos de pasadas discordias, ó si son al i el resto de Jbispaña, y en pos de ellas un •atea ét Vá utiratoaa-qM^ aain difiloaéa f anelfBd»<jénsits que áiraviésa el alio Aa»* Mamar sériamente la atención de im gobicr- '\ gon, penetra hasta el centro de Catiiliina, no. A tanta importunidad, a tanta suspicacia « cruza los llanos de l rgel, atraviesa ai ivbro, desQonlianza, oontestarian los órganos de | recorre las huertas de Valencia y el bajo ^mien iiiasaaMii9atla« I Aiagia< derrota al fiatarai Buereos, y se nación no rinu r'^ ni a onos ni a otros, v ahi «esté resuelta a defender al partido dominan* Oiwa^iaiÉidawmaa a^miftaij.-»^ ^ ' Pirociéndole que aun no está baataiite iivstrada la materia, pregunta si quedan asi nrit|i0faii da.Mpd.Jtaai biou: en pos de ci^lus hec-iiu> Mciif ei inila- i ^ro. NaUa se ublieoe coulra aquellas pruvia- rias por medio de las armas; pero el::t'ii<'i al <'u ¡j.K'ía de sus tropas. arr.islrando la» liit r para el espíritu liberal tenéis la libertad; si para couoiliar a(]uel cun este tenéis una (lonslitueion-modelo; si cuida de aplicar es- _, la Constitución un partido que reúne engrudas que puede, se reúne en \ eriiara con I do eminente la inteligencia, la moralidad y Kftpartero y det'ide de la suerte de la f^uer ra. I^s tueros son abolidos o mutilados; el pruicipe a quien deíendierau esta proscrito; cuando bé a<|ui que por el solo ascendiente del partido duiuinanle. aquellas provincias de ti^n.n i iad proverbial, abandonan sus mas caí los, se olvidan de todas sus ideas, pinii< 11 >>iis mas bondos sentimientos; y en ve/, (le realistas «pie eran, se bacen parla- mentarias; \ al entusiasmo con (jue dcrra- laaron su sanare \h:>v D. darlos, sucede el entusiasmo por la Reina isabel. Si se hacen elecciones, los esliierzos de unos pocos se estrellan en el liheralisniu de la uimensa mayoría vasco-navarra; los parlamentarios triunfan. Si el hijo del principe desterrado publica un maniUesto, las provincias lo leen con indilerencia. Antes ipicrian al padre con un eutiisii-iiio que rayaba en l'renesi; vio querían, no en compañía de otro, sino solo; ahora no(|uieren al lujo, ni solo ni enlu/.ado coa la Ueína Isabel. La joven princesa esta recoriendo las provincias: los valles, las la- deras, las enípinadas cimas están cubiertas de aíjuellos imsmos boinbres que ajer lor- uiados en balidloncs derramaban torrentes de fuego y plomo contra los ejércitos de Isa- bel; á los íírilos de «Viva (lárlos V» han sucedido los vítores a la Reina; y los ecos que ayer retumbárau con el estampido del cafion. boy resuenan con cánticos de amor y a!e::ii,i. Ni un solopen>iniiiento consa;j;ra- do a lo> proscritos, ni un 'Solo recuerdo; na- die piensa en el triunfo de aqwella <:ausa. ni si(|uiera en un enlace que la favorezca. Te- nacidnd en Ia> ¡(leas, tenacidad en las cos- tuml)ie.>, leiiai alad en la lenf;ua, tenacidad en la pa/., tenacidad en la guerra, tenacidad cu lodo, esce¡)to para resistir al ascendiente parlamentario. ¿Puede concebirse un mila- gro de mas bullo, de mayor importancia? jfSsio ha hecho el partido dominiuile: juzgad ahora lo ()ue es, lo que puede, y lo que son, loque pueden sus aíUensarios com|>arados con él. Ahí eslan lodos los datos; resolved el problema, d cidnos cual debe ser la situa- ciim de Kspaña.»

«La resolución no puede ser dudosa: si para el espíritu inonar<|uico tenéis un trono universalmenle reconocido y acaladn; si la fuerza; si están con vosotros el trono, las Corles, el ejercito, todos los empleados y la inmensa mayoría de la nación; si vuestros adversarios son en pe(|ucfio numero, y ade- mas, uaos díscolos y oln» iLiiiMianles; si ha- céis milagros convirlíendo h)> cneniigos en entusiastas; si triunfáis de la tenacidad que había resistido a lodo desde los tiempos mas antiguos, entonces la nación española debe ser bajo vuestro imperio la mas lelíz del mundo; y hé aquí lo que en mi concepto debe suceder. '.• «La tranquilidad mas cumplida reina en el pais. iNo bay jamas inMiirecciones, ni si- quiera tentativas, porque no las hay cuando es evidente que es imposible su triunfo, y cuando ademas no bay desconleuto publico. Kscusado es añadir (|ue entre vosotros, los del partido, no hay disensiones de ninguna especie. j t\jk administración debe ser siiniainenle sabia; la hacienda debe hallar.'^c en un esta- do muy llorecienle. mon «'.

uLa acción del gobierno e.H mny blanda: felices vosotros, que solo empleáis el poder civil, y no el despotismo militar. iNaila de conflictos entre el gobierno y el pueblo; na- da de penas severas: uada de deslíenos y denainjie.

«Las naciones estrangeras os res|>elaa; vuestros aliados os acarician para <pie no os enfriéis; vuestros eneinígr>s se bumíllan para que les admitáis en vueslra amistad. Uasla que enviéis á una corte un pleni|>olenciario para que se acceda á cu.inlo pedi>; basta una nota en re<'lamacion de un derecho, para (|ue se os haga desde luego cumplidajusticia.

ulüsle es el resultado á que me conducen los dalos que me suministráis; después de haberme obligado á adivinar, descorred el velo y dejadme gozar un espectáculo laa j;ncanlador.'>.i n Digitized.by GoOj Largo ha sido el viaje S. M.; abluí- anles é instnictiyas han sido las lecciones; €Í ifne btya temió ojos, ha podido ver. ^Onién hn npii(»>.tn n| viaje? ¿Quién le ha nídeado de siiisalwres? ¿Quién ha hecho M ^moipio élfluil, %n eontíoimcion azarosa, sa ténnino trts(e? Estas pregnaCas sagierea reftexiones importantf!?.

El viaje era necesario á la salud de S. M.; y ••li conndevicHRi docnlf i bsjo todos oon- ceptos, no bastó á impedir ana Ofiosieiofl'vi- va, tenaz, alarm.inte. ¿Y quiénes ni" oponinn?

Los que mas biasoDan de amor al trono, de ji que os coarunden; si de otros, os repettre- IsiUsd á li persMS de Dolía baM fl, los ] mos k» díHio ^: el tim fia taao atl»; 7 m das las consideraciones qoe se deben á S. M?

Una de dos: ó creíais que el viaje era ne- cesario é no; si lo creíais neceserío, rvestni 9fmiékm es inescueaMo; si MtoeráMsA»* cesarlo, ■Jiipnninfs un c^prirhn ñ un profr<=to encubierto por la ticcion de la nef-esidad. ¿De quién era ese capricho, ese preteato, esa ficción? Escoged, y responded: tooMi el dilema por done qverais; la iMnái et segura.

«Pero, se replicará, el TÍaje era peligro- so.» ¿Y por qué? ¿cnáles eran los pelifjrost ¿de quién Himanabnn? ¿del ministerio? No: á la sazuü os inerecia plena ooofiania, y eoft respeeto á los peligros «le os ttipoiiWioi, os la merece aun ahora. Sidudábats de ta hi- dalírnia vasco-navarra, ahí están los hechos (]m con t.inta facilidad achacan á los otros desacato, desafecto, cuando no traición.

«Esta consideración, se nos dirá, siempre fue llevada en oMfila; nos opnsinMB al ▼fa- je de S. M. siempre con la rnnrlirion de que so salud no le exigiese: pues en tal caso nos rosignábainoa á erio, posponiendo todas las itiOMS de conveniencia, ▼ aun arrostrando, si fuera menester, los mfívores peligros.» Es ▼erdad, asi se decia; ¿pero era esto una vana flinmria, ó «m protesta siteera? ¿Babia la realidad de la condición, ó una negativa alH soluta, dlsfrar.ada con aquellas palabras cor- 11 d teses- con que se dicen á tos reyes las cosas veniente en suponerles esa íalta de ñolidas, esa eorledad de provisión, ess ígnoraneit de los qegocios. entonces inferiremos otra era de vuestras fitas de donde debia salir.

T.os monárquicos, es decir, los acusados ácada pasode desleales ó sospechosos, fueren los que apoyaron decididamente el vfcHe, defendiendo la lihrrt;ii! de h Rímuo. ¿Prn por la esperanza de que se ejecutase en las provincias el enlace con el conde de Monte- molin? ¿Rra pONpM ereynson ifoo «I nego- cio estaba ya dispuesto, nrr^^írlado. no fal- tando mas que la flolemnidad? Muy escasos de Botieias en menoster snponerlos; mny cortos de vista; muy ignorantes de la rerdl> dera situación de las cosas. Si no hav incon* dnros, y se les fnCiman los mandatos de los fíartidos? Jamás se dirige á los reyes la pa- abra de otra manera: en h-i mismos tumul- tos populares, cuando las turbas han pene- tindo en el psiacie, el tribono que empuja la piierín dp la iTirin morada. y se presenta a! soberano para intimarle la exigencia popular, se para u la vist^i del monarca, se descubre, y comienza so arenga por la palabra SMIor...Si las formíi-í no prnphan nada, veamos lo consecuencia que tampoco favorece mucho á los órganos de la situación, y es que los pla- nes, las eonwpoódeneios los tenoiNrosBs proyectos que tan á nicnndn se achnrnn k los carlistas, deben de ser palabras vanas, declamaciones estudiadas, aserciones gratui- tas, pues que nada «abíen en una ocasión nn rrftirn. v <;r> Inrian WM ílÉMÍOB ^ el que había en el fondo. ¿Quién habia dicbo ¡1 tiempo ha desmentido, que el viaje era necesario? ¿Quién lo sos- ¡ La oontinaacion y el ün han cqrrwpondidi tenia á pesar de la oposición? ¿Era el mi- nisterio? No ciertamente M ncffar pues la al proMipio: mientras In ivfoloeten haee desesperadas tentativas en varios puntos; necesidad del viaje, al ponerla en duda, al j mientras la capital de la BKwarquia está en combatir el proyecto como nn cB|richo, 00- I eontinua zozobra; mientras caen vIetinMW dt mo una obstinación peligrosa, los tiros iban I la discordia, asi los revoltosos, como los ciu- á parar mas alto, pasnhnn ';ol\re la cabeza de " dadanos paciftcos, las provincias del Norte los ministros, y si no dalmn en la misma u tan calumniadas ofrecen á la Reina mil y pMBOBa do la Beim, por lo noM» lo caiiii I nft divmoMS imeentes « w andio dolit ly cent,. 4K» sato MMiáiSiiicot ¿Ka —y * mmtUim mm ■tmháwidt mm y Digitlz&d by Google sin ui menor disi^uslo causado por sus habitantes, sm man ruido que el de las aclamaciones, siu wm asviniMlo que <l4eleih|iÍMiio y de ha fiestas populares.

¡ Qué lección! ¡ Qué pensamientos han debido asaltar el ánimo de S. M. y de sus déstgradable, sin el | y reepeto, y oiridrihi por u pérdida de un padre, de un hijt, de mano, en la misma balallai...- " Guando m ta#i estrechei de nirw«B quienes debieran tenerlas muy grandes; tanto prurito de reanimar la tea de la dis- cordia eu quienes debieran acabar de apa- Mgnelai Medre y Hermana! «¿Éatoeien garla, lefinteseel pecho con MMendifA los enemipos, estos son los desleales, estos son los traidores? ¿Aquí esta el centro del nación, y se vienen á la pluma calificacio- nes severas. Pero la mejor severidad está en fanatismo, de la crueldad? ¿ Aquí la caver- i consignar el hecliu, v souiulerlo al fallo del de tigres? ¿Aquí las hordas de bandidos pora desolar el país? ¿ Estos son los;)iiebios ^ero necesario convertir en cenizas, en ?• Fotaoba una ocasión ^ara que S. M. eoBVOMone pM* ai minia de lo que OMellas provincias; esta ocasión se ha oiiaeído; y quizas, quizás, no fuera avantubuen jnieio, del bmm oentid»» y sobre todo del corazón.

£1 general Córdova presto grandes servi- cios at froBodftiiabel, y contribuyó al trínn- ibde Unfsl«oiMi aMs segaNUMie do lo í|m^ en un principio creyera: lejos de nos- utrus la idea de oponeruos a que la fieina ndo ol decir, que si no la pofision, al me- i honre la «■O de smuMVMlowo MB el instinto de partido mfloia poderosa- mas esclarecidos; pero si aoo duele qaoel mente para que se procurase evitar que timbre olorizado a los servicios de un gene- S. M: presenciara lo ^ue ha presenciado, ral sirva para ueruetuar la oiciiioria de una MPOiM04ioeerá eslénl: ao osperábasMS | guerra Oratrietdo. Her lo domas, y ya qoe so r! riimpíimiciilo dt» las vulgaridades que se i <|iieria escilar recuerdos, era necesario te- propala han. |>tM() si nos prometíamos el re- sultado que se acaba de obtener, y es la re- hoWltesion del buen nombre dé aquellas nobles provincias en el ánimo de S. M. Ya no serci tan í'acil en adelante alarmar con anaaGios de conspiraciones; ya no será po- aikli^^fvs 'Ié^ iletua consideré como á sus mortales enemisos á los que acaban de ha- certe t(m cordial recibimiento; ya ba de ser algo mas ceslem inclinor el Real ánimo á eifiai numerosos batallones para humillar sin necesidad a ios habitantes de un |>ais donde ha podido pasearse sin escolta de no- défioaiio de día. Islo ofsAo no es político, pero es moral. (|iie fSlo mucho* mas que el político. Este electo no se destruye fárilmen- te, por mas que se hayan escogido estas «|tiVMlMnío», y la misoM permaooneiado bsÉiÍDn en \;\< j rovincias, para someter á su firma una gracia que recuerda la batalla de Alendigorna. ¡ Que política!;qué delica- dsiot Bslo osmi rasgo digno de ios honiK líos qne nos gobiernan. Como si la memo- ria del ilustre general no hubiese podido heorarse de otra manera; oomo si hubiera sido tanta la vgeiieia de echar en cara á las provincias un recuerdo de discordia. Esto es generoeo, estoes conciliador; quizás al es- teodoiee-oldociiolo alguno de los sencillos hahitaolei dd pois ofrecía á S. M. una de I ha recibido de ai ner presente que los habia muy amargos para los mismos que los escitabau. Precisa- mente el nombre del gemral CMova, v It batalla di* Mcndiiíorría recuerda aquella épo- ca critica en ijiie el iíobieriio de Madrid pe- dia la coo|)eracion cstran¿;era; aquella épo- ca en que habiendo roeiHidoi IB mo humi* liante, ponia todas sus esperan/as en el jó- l en cnudiUo, a quien lu^o se pagó con la persecución y ce» ei^asliÉelwit aue le obli- gó á morir lejos de su patrio. Bsjrt en pn las cenizas de los miicrins; no os empeñéis en reparar lo uue uo podéis; mas vale que tendáis un topieo velo sobre 'les atos poet- dos, sin evocar de sus tumbas los OBSSIK*. grentados espectros de los que con mas ar- dor defendieran el trono de la Reina. Dejad los i«euerdos, que so fcvoreeen nada vm* tros sistemas y utopias; si muchos mililireo hubiesen sabido lo (pie la revolución quería ejecutar en nuestra desventurada patria, mucho antes os hubieran detenido, separan- do la causa vuestra de la causa de la Reina. ¿Y qué fruto reportaron los que mas contri- buyeron á vuestro triunfo? Ahí está Bassa, arrastrado pOr las calles de Barcelona: ahí Quesada, afinado en Horlaleza: ahf Sars- íield en Pamplona: ahi Escalera...ahí León pasado por hHf anMS ot ta misma capital, sentenciado por liberabi^ «oadaeido m pttibalo por liooialesl..

' Tinle cosa por cierto aoe la sangre de víclinnas iluslres, (ios[)iit's de Imb v;ij)rovo- i liailo a UQDS pocos üc la maiuíia ijuc esla- vos preseociaááo, huhitiaét servir en aáe- lante a Iwanlar |>aili()ti("s qne perpetuasen la meiDuria de la ^ueiTu civil. Kuserveii pa- ta si esta f^loria los héroes de lu polilicu: los generales que la merescan varaadllera, la alcanzaran [)or si iiii>mo-í.

La batalla de Meudi^urna se diu en itiiá; •átanos á liaes de 4845, y ^quó se ha lo- grado? Ninguna dt Jas ooidiaoiies pedidas falla: Indas st> han cumplido: se ha iriunfa- do de D. Darlos, y lus tavoreoidoa por la i forlwa tto aabeo^oé hacerse del tríonfo. Debían, sí, debían desear la conlinuacion d(^ la!í(i >rra para salvar su reputación; tle- biuu dcsv ur que uu iail^ise la Ohcusa de lo- dos los errores, de lodos los deiaeierlos, de lodos los crímenes, la guerra eifil. Vano existe esta ^íueira hace mas de cincfl años; ¿y que haheis adelantado? Va uo eiislc la dominación de Espartero; ¿y que habéis adelantado? Va no evislc la minoría de la ftema; ¿v que liuUeis adelantado? Va no asiste la Constitución de 18^)7, ni el jurado, ai U milicia; ¿y qué habéis adelaalMo? El desorden en la administración, la anarquía en latí cadus, suplicios todos los días, la ¿o- sahra ineaaante, la exaspefaeioade los par- tidos cada dia. creciente, la división entre vosotros mismos, el nisfamicnlo en Europa, el descu»ltínio pouular, el aumento de los tiUMtae, el deseuoierto de las atoaeioaes mas iM íjenles, el déíicil cada dia mas |)rofundo, y la haiicüio} i pncima Esta es vueslr.i obra. Los coulcmp jraneos os ju¿¿;an sevararneute; mas aaveramenle os juzgará la posteridad.

Pero volvamos al viaje de la Reina. ¿Oué efecto producirá el regreso de S. M. a la ca- ¡ pílal? ¿Se calmarán los ánimos? ¿Se pondrá lórmino á la in(|uielud? ¿Se mudara dt- poli- tiea? ¿Ssta mudanza será de alguna ímpor- taaeia efaeltva, ó se limiUrá á cambio de nombre?

Desde lúes:© es pr(^ci';o.ieoQliocer que la prcseucia de la Üeina ea Madrid es una fii.rMüa. de éiden, ao salo pe» al laspeto impone la persona de S. M», aino tam- bien'i)orqne reunidos todos los ministros, la acción del gobierno es mas uuilorme, mas espedita, mas rápida. Separados del eealto los dos ministerios mas im|M)rlantPs. el de Guerra y el de £stado, iialttfaliiieate.se ha- ■ bia de resentír toda la máquina {^uberuliva. Ni los acuerdos se podtan tomar con la de- bida madurez, ui so podían ejecutar cou U oanvpBsaale.íjpwNirililwt:; -y a&i es probable (|ue la presencia di' m. ( uiilrihuira ]K)r e4 momento a disminuir los peligros de tras- tornos, y tal vez los baca cesar por algua tiempo. *En la sitMoiaii dapíonble á qac hahian lk'¿;ado las cosas, es de aplaudir la rupluuion de S. M. de regresar cuanto aa^ l^á Madrid; quizás se ahocrea nnavae yla» tioMs, y eslo.M debe peaar poco en el áair mn de un rey amante de sus pueblos.

So seria tampoco eslj;aüu uuu por U íuei^ za miaaM da iastaoaaa, é iBÍaf¿ido lapsa* vísioQ ó el.aspirítu de aonhioioa á uUnga, se prneurase modilicar un tanto la política actual, ^ucniic4iudo algunos miuisirus pata cahaar la elerveeceoeia púMica. Ua periár dico ha dicho que á la ll('-;aJa de la curte se^íniráu f;ran les aconleciimeotos; uo s«ii>e- inos lo que haiira sucedido: peio si -e^tos aoooteciinientos faeseo una modiUcacioa é mii(lan/.a ministeiia!, mu\ Icjus estamos de otorgarles grandor. V a iiecu \erdad, si el cambio se hubiese de ejecutar dentro da li asféra de la opseiaina aiadarods, diíitil»>» te creyéramos que la nación saliese ganan- ciosa/ Con tantos meses como han tenido para meditar, es prabaUe 4|iia losyewédint de la oposición hayan designado sus mk pectivos candidatos; por nuestra parte es tan escasa la dilérencia que vemos entre el aistomadal M$mUo, del dUaéo, del IVmiim. y el de!(»s hornbreakdafeodidos por la Ga- cela y 1 1 l''i^il,ihi, (pie la ca'da de los uüttí y el cncuiikoiaiuiuuto de ios otros no aos parece d»aingu#tft^hila<fc>. X «aaado ada^ mas se considera (|ue hacer la oposición ao es gobernar, se presenta como muy proba- ble que a la vuelta de corto tiempo no ha- bría entre los dos sistemas ni esa pequdjs dil'erencia (|ue en Ins primi-rus dias se baril sonar mucho en programas, ciicidares y artículos de periódicos. • > >..: •. • 'tU.*- Es de esperar que las raclaauaioiMS mté tra el sistema tributario serian atendidas si oüro ministro de Hacienda remolaíiasc.al ñoT'Mon, y esto ea «acdad oautria bmAi la agitación de los ánimos; paro la iíinal tad no esta toda aquí: la desaparición del presupuesto de lugccsos uu baria deaapaie^ iiaar «I do los gaalaa. ¿Y «aloacdaM» w^m* bren? ¿Uay quien piense en emplear reme- radicales? ^Lcl oaavo Dlgitized by Google en psto, BC ein'ontrarin poco mas ó menos en e! mismo caso que oí aclual. Nó es necesario jyosoer frrandes conorimicnlos en hacienda para ver el camino que se de- he seguir: hasta el huen sentido de un pa- dre de familias, que en notando el délicit de sus rentas acude desde liieiío á la disminu- ción de los gastos. Desgraciadamenle no se discurre asi: no se quieren proporcionar los gastos con los ingresos, sino los! js con los gastos; no se dice tenpm(»> ¡hjh», gastemos poco; sino gastamos mucho, exi- jamos mucho. Los ministros de Hacienda de Kspiina pariíce que no llevan en cuenta la di- ferencia entre los capitales y los ¡íroductos; para aumentar el ingreso no reparan en ma- tar el capital; con tal que vivan este afio, na- da les iriipnrla lo que sucederá en lo veni- dero. Este es el sistema de nuestros finan- cieros: á bien que nadie lo habia llevado al punto que el.S>. Mon, quien narece ha- berse propuesto realizar la fábula (le los hue- vos «le oro.

Si ifís partidos del actual orden de cosas han le iialidad el articulo que pocos dia> i >rril)imos sobre la hacienda de España, es probable que nos hayan acu- sado ae reaccionarios y amigos de proyec- tos absurdos. Esto de tocar en un ápice á lo establecido es para ciertos hombres una Mfciti tan desiu erlada, que solo el concel)ir- la prueba una profunda ignorancia del espí- ritu del siglo y de Ijs necesidades de la épo- ca. La palabra de interfscs creados no es solo aplicable a la posesión de los bienes del clero; se estiende á todo lo demás, inclu- sas las esperanzas. Y tienen razón; una re- forma radical en materia de empleos, fa- voreciendo A la nación, dailaria muchos intereses de algunos que viven sobre ella como tierra de conquista, y naliirahnentc ha de encontrar oposición, no solo en los que ya disfnitan, sino también en los que espe- ran disfrutar. Una esperanza en este géne- ro, es un verdadero interés creado.

Aun cuando se aboliese enteramente el noevo sistema tributario, habrá producido ya sus efectos (pie no dejarán de euíbarazar mucho al nuevo nunistro de Hacienda. Nue- vos oficinas, nuevos empleados, nuevo sis- tema, esto existe ya mas ó menos: y no ha de ser fácil el restablecer las cosas en su primitivo estado c(»n un solo decreto. Ade- mas los pueblos vejados con el sistema ac- tual, se creerán con derecho á un desahogo; Ai y naturalaienle ha de ser mas difícil e í)ro de las contribuciones antiguas de lo íjue lo habria sido si no se hubiese mudado nada. De todos modos, aunque no tuvié- ramos mas dificultades que las de hacienda, estas bastarían para crear una situación su- mamente espinosa de que no saldrán en bien los actuales ministros ni sus sucesores^ ¿Qué sera si atendemos á las demás cues- tiones á cual mas graves, que se agolpan exigiendo una solución pronta?

Cuando se reflexiona sobre el estado á que han conducido la España circunstancias infaustas, ayudadas por el empef^o de ate- nerse á cosas imposibles, cuando se obser- va la obstinación que hay en no ver lo qnífi^ es mas claro que la luz del dia, y los gra- vísimos obstac4dos que al bien <"e oponen, decae á veces jM)r nn nwmenlo el espíritu, y se pregunta si quizás estamos condenados á sufrir sin mas esperanza de remedio que el mismo esceso del mal. ¡Triste pensamiento! porque si bien es verdad que este esceso al fin proporciona el remedio haciendo nece- sario lo que antes era imposible, y some- tiendo la sociedad á una crisis violenta para salvarla de la muerte, también es cierto que este resultado se hace esperar largos.aííos, V no se adquiere sino á costa de grandes su- frimientos. No estaba la Espaíía en situación tim desesperada, ni lo está todavía; pero mucho tememos que se la ponga en ella. Grave rcsj)onsabilidad ante Dios y los hom- bres incurren los (jue a ello contribuyan, ó que pudiendo no lo eviten. Ahora es tiempo aun; mañana quizás ya sera tarde. Estas insurrecciones, estas conspiraciones que se suceden sin cesar, esa lucha permanente entre el gobierno y la revolución, son un sin- tonía funesto. Algimos las miran como chispas de un fuego que se apaga: nosotros te- memos que sean centellas de un fuego que se enciende. Esa inquietud, esa zozobra, esas conviilsiones ¿ serán los restos de una larga enfermedad que se hace sentir en la convalecencia? Uien lo deseariamos; pero nos asalta el temor de que sean las ansias de un moribundo, el anuncio de la descom- M)sicion del cuerpo social acarreada por tantas imprudencias que han consumido su energía y su vida.

I \a revolución espaüoln lia llcgadu a uno (te uquellob pe nudos crilicos ú quu llegan lodaü las revoluciones: la pérdida de la fe polilica y la iucapacidad de gobernar. 01>- servaudo atenlauieule lo que eslá pasando á nucsla visla, se notan con tuda claridad los dos caraclércs espresados; de una parle la ruina de todos los principios, la ausencia de toda convicción polilica; de otra, seis hombres auc se llaman gobierno, que solo saben dciendcrse, y que después del cóm- bale cruzan de nuevo los bra/.us, y esperan para desplegarlos otro uionicnto de peligro.

¿Cuáles son los principios políticos que permanecen en pie? ¿Cual es el que no ha sufrido rudos golpes de la mano de los mis- mos que un dia le proclamaron como pala- dión social? Recorrcdlos, y no encontrareis ninguno: se niega lo que embaraza, se ad- mite lo que sirve; se asientan principios cuyas consecuencias se rechazan, se adoptan consecuencias cuyos princioios se combaten: nada constante, nada fijo; la inconsecuencia y la cónlradicciou se han hecho comunes; y muchos de ivucslros hombres públicos se parecen á aquel judio de Amsterdam (|uc del Nuevo Testamento solo admitía el Apo- calijtóis, porque crcia encontrar en este libro ta piedra Hlosolal V la V la corren un espacio dilatado, pero que no ca- rece de limites: tiene su máximo y su mí- nimo» y en llegando á uno de estos cesan cl incremento 6 el decremento para aproximar- se de nuevo al limite opuesto: estos limites son bs lineas (juc señalan el conlin del es- cluáivismo. De ellas no se pasa: cuando se pone sobre las mismas el pie, se retrocede con espanto como quien.se halla al borde de un derrumbadero. Cun tal que no sea preci- so salir de dichos limites, se admiten to- das las doctrinas, se aplauden lodos los sis- temas; pero guardaos de empujar un poco á vuestro contrincante, queriendo persuadirle que los abismos solo están en su imagina- ción: los cabellos se erizan.sobre su cabeza, se agarra Irenético de Iodo lo «¡ue tiene al- rededor, y clama contra la periidia ({ue ha cubierto de (lores el boquerón de una sima contradicción v la inconsecuencia re-