1.° Tenemos la idea de un ser necesario.
2.° De su idea sola no sacamos su existencia.
3.° Para demostrar la existencia de un ser necesario nos basta saber que existe algo.
4.° El conocimiento de que existe algo, lo tenemos por experiencia; la cual nos presenta, cuando nó otra cosa, la existencia de nuestro propio pensamiento.
CAPÍTULO II.
LO INCONDICIONAL.
[12.] En las escuelas modernas se emplean frecuentemente las palabras, de condicional é incondicional: como las ideas que con estos nombres se expresan, tienen mucha analogía con las explicadas en el capítulo anterior, las expondré con brevedad aquí.
[13.] Lo condicional es lo que depende de una condicion; esto es, aquello que se pone, _si_ se pone otra cosa, que se apellida condicion. Si el sol está en el horizonte, hay luz: la luz es lo condicional; el sol su condicion. Lo incondicional es lo que no supone condicion; como lo expresa el mismo nombre.
[14.] El universo es un conjunto de seres condicionales: así lo manifiesta la experiencia, tanto exterior como interior: ¿existe algo incondicional? Sí.
[15.] Representando el universo por una serie A, B, C, D, E, F,...etc. tendremos, que la condicion de F estará en E; la de E en D; la de D en C; y así sucesivamente: si no hay algo incondicional, este retroceso se extenderá hasta lo infinito; resultará pues una serie infinita de términos condicionales.
Para llegar á un término cualquiera, por ejemplo, B, habrá sido necesario pasar por las infinitas condiciones que le preceden: la serie infinita habrá sido agotada; esto es contradictoria. Y como lo que se dice de B, puede decirse de A, y de cualquiera de los términos, anteriores ó posteriores, resulta que todos son imposibles: luego la serie es absurda.
[16.] En la serie supuesta, todo es condicional; no hay nada incondicional; y sin embargo la existencia de su totalidad sucesiva, es necesaria. Luego la serie en sí misma, es incondicional; luego un conjunto de términos condicionales es incondicional, á pesar de que se supone imposible señalar nada, fuera de la serie, que sea incondicional. ¿Quién puede devorar semejante absurdo?
[17.] Formulemos con mas precision el argumento. Tomando en la serie tres términos cualesquiera: A...F...N; se pueden formar las siguientes proposiciones.
Si F existe, existió A, y existirá N.
Dificultades. 1.ª ¿De dónde procede el enlace de unas condiciones con otras?
2.ª ¿Por qué se ha debido poner ninguna de ellas?
[18.] Admitiendo un ser necesario, incondicional, donde se halla la condicion de cuanto existe; todo queda explicado. A la primera dificultad se responde, que el enlace de las condiciones _condicionales_, depende de la condicion _incondicional_. A la segunda se contesta, que la condicion primitiva no ha menester de otra condicion, supuesto que es un ser necesario. El preguntar _por qué_ se ha debido poner, es caer en contradiccion; por lo mismo que es incondicional, no tiene _porque_, la razon de su existencia está en ella misma.
[19.] Pero si no admitimos nada necesario, nada incondicional; son inexplicables, tanto la existencia de los términos, como su enlace. Existirán infinitos términos, necesariamente enlazados, sin razon suficiente externa ni interna. No habrá mas razon para existir el universo, que para no existir: ser y nada serán indiferentes: y no se concibe, por qué ha debido prevalecer la existencia. Para la nada, es evidente que no se necesita nada; ¿por qué pues no hay una nada absoluta y eterna?
[20.] Cuanto mas se pondere la necesidad del enlace de unas condiciones con otras, tanto mas se fortalece la dificultad propuesta: porque si se dice que una condicion no puede existir sin la otra; con mayor razon preguntaremos por qué no se necesita una condicion primitiva para el conjunto de las condiciones, ó sea la totalidad de la serie.
[21.] Luego lo condicional supone lo incondicional; luego siéndonos dado lo primero, podemos inferir lo segundo. Es así que lo condicional nos es dado, tanto en el mundo externo como en el interno, luego existe un ser incondicional, de cuya existencia no hay la razon en ninguna parte fuera de él mismo.
CAPÍTULO III.
INMUTABILIDAD DEL SER NECESARIO É INCONDICIONAL.
[22.] Lo absolutamente necesario é incondicional es inmutable. Porque su existencia _es_, ó hablando el lenguaje moderno, _es puesta_ absolutamente, sin ninguna condicion, por necesidad intrínseca; y con esta existencia se halla tambien puesto su _estado_. Prescindimos ahora de la naturaleza de dicho estado; y de si es tal ó cual perfeccion, en este ó aquel grado, finito ó infinito. Siendo puesta incondicionalmente su existencia, es puesto incondicionalmente su estado; luego así como su _no existencia_ es contradictoria (Cap. I) tambien es contradictorio su _no estado_. La mudanza no es otra cosa que el tránsito de un estado á otro estado, que implica el _no estado_ del primero; luego la mudanza en lo necesario es contradictoria.
[23.] Aclaremos y precisemos mas estas ideas. Llamemos E al ser necesario é incondicional. Como E es puesto absolutamente sin ninguna condicion, por necesidad intrínseca, el _no_ E, será contradictorio. El ser E, no es abstracto sino real; y por consiguiente tiene tales ó cuales perfecciones, como inteligencia, voluntad, actividad, ú otras cualesquiera; y estas perfecciones las tiene en un cierto grado, prescindiendo ahora de que sea grande ó pequeño, finito ó infinito. Con la existencia absoluta E, se hallará puesto un estado de perfeccion, que llamaremos N. ¿Qué es lo que ha determinado el estado N? Por el supuesto, no puede haberlo determinado nada; pues el estado es incondicional. Luego si hay absoluta y necesariamente el estado N, será contradictorio el _no_ N. Luego la mudanza con que E deberia pasar de N á _no_ N, es contradictoria.
[24.] Pero admitamos por un momento la mudanza en el ser necesario, y salida de su propio seno. Como la razon de la mudanza será necesaria y eterna, deberemos admitir una serie infinita de evoluciones; hénos aquí pues cayendo de nuevo en la imposibilidad de conciliar la infinidad de la serie, con la existencia de un término cualquiera (Cap. II).
[25.] Resulta demostrado que el ser necesario é incondicional, no puede sufrir ninguna mudanza que le haga perder su estado primitivo.
El ser necesario no puede perder nada; no puede pasar de N á _no_ N; pero ¿quién sabe si seria posible que sin perder N, y sin pasar á _no_ N, adquiriese algo que se reuniese con N, de un modo ú otro? Mas claro: dado N, es contradictorio el _no_ N; pero dado N, ¿será contradictorio el N + P, expresando P una perfeccion cualquiera, ó un grado de la misma? Esto es imposible: porque P que viene de nuevo, deberá salir de N; luego en N, estaba todo lo que hay en P; luego no ha habido mudanza; luego el suponerla es contradictorio.
[26.] Se replicará que P estaba en N virtualmente; y que el nuevo estado solo añade una nueva forma. Pero ¿esta forma como tal encierra algo _nuevo_ en realidad? Sí ó nó; si no encierra nada, no hay mudanza; si encierra, ó se hallaba en N ó nó; si se hallaba, no hay mudanza; si no se hallaba, ¿de dónde ha salido?
[27.] Para eludir esta demostracion se pueden fingir varios seres necesarios, influyendo los unos sobre los otros, y causándose recíprocamente las mudanzas: así parece explicarse de dónde salen los _nuevos_ estados. Pero á mas de que estas ficciones son evidentemente cavilaciones infundadas y que están en contradiccion con los principios de la ontología, todavía se las puede desvanecer con una razon concluyente.
Sean A, B, C, D, los seres necesarios é incondicionales: cada cual es puesto absolutamente, y con un estado primitivo que llamaremos respectivamente a, b, c, d. Entonces resulta que tomando las cosas en su estado primitivo, el conjunto de las existencias se hallará con un conjunto de estados, necesarios é incondicionales, que podremos representar en esta fórmula: (A^a, B^b, C^c, D^d)(1). La expresion representa un estado primitivo, necesario, incondicional: ahora pregunto ¿de dónde salen las mudanzas? Todo es incondicional, ¿cómo se introduce lo condicional, lo mudable?
[28.] Si se finge que en los estados primitivos a, b, c, d, se podria tal vez implicar la accion recíproca y primitiva de A, B, C, D, entre sí; no se debilita por esto la fuerza de la dificultad. Porque las acciones respectivas, como primitivas y absolutas, producirán primitiva y absolutamente un resultado en sus términos respectivos. Este resultado será primitivamente necesario, y estará contenido en la fórmula (1). Luego la fórmula no sufre ninguna variacion, con la suposicion nueva; luego no ha habido mudanza de ninguna clase.
[29.] Imaginando que la accion recíproca no supone un estado primitivo, sino que es una serie sucesiva de estados, caemos en la serie infinita, y por consiguiente en la imposibilidad de llegar á ningun término de ella, no suponiendo agotado lo infinito (Cap. II).
[30.] Además, siendo distintas las esencias de los seres necesarios é incondicionales A, B, C, D, ¿qué razon hay para fingirlos en relacion de actividad? ¿Cuál es el fundamento de esta relacion, si los cuatro son necesarios, incondicionales, y por tanto independientes los unos de los otros?
[31.] Pero dejemos semejantes absurdos, y prosigamos en el análisis de la idea de un ser necesario é incondicional. La inmutabilidad excluye la perfectibilidad, por manera que, ó es preciso suponer primitivamente en el ser necesario el colmo de la perfeccion, ó admitir que no le puede alcanzar nunca. La perfectibilidad es uno de los caractéres de lo contingente que mejora su modo de ser, por una serie de transformaciones; lo absolutamente necesario es lo que es, y no puede ser otro cosa.
[32.] Lo contingente debe dimanar de lo necesario; lo condicional de lo incondicional; luego todas las perfecciones sean del órden que fueren, se han de hallar en el ser necesario é incondicional: luego en él han de estar, cuando menos _virtualmente_, todas las perfecciones de la realidad que existe; y ha de tener _formalmente_, todas las que no implican imperfeccion (Lib. VIII, desde el Cap. XV hasta el fin).
[33.] La posibilidad de lo no existente, ha de tener un fundamento (Lib. IV, desde el Cap. XXIII hasta el XXVIII, y Lib. V, Cap^s. VII y VIII); las perfecciones posibles han de existir en un ser real, si la idea de ellas ha de ser posible; luego la escala infinita de las perfecciones, á mas de las existentes, que concebimos en el órden de la posibilidad pura, se hallan realizadas en el ser necesario é incondicional.
CAPÍTULO IV.
IDEAS DE CAUSA Y EFECTO.
[34.] Nosotros tenemos la idea de causa: así lo muestra el uso continuo que estamos haciendo de la misma. Esta idea no la poseen solos los filósofos, es patrimonio de la humanidad. Pero ¿qué entendemos por causa? Todo aquello que hace pasar algo del no ser al ser; así como efecto es todo aquello que pasa del no ser al ser. Prescindo ahora de si lo que pasa del no ser al ser, es substancia ó accidente, y del modo con que la causa influye en este tránsito: así se comprende en la definicion toda clase de causas y toda especie de causalidad.
[35.] En la idea de causa entra: 1.° La idea de ser.
2.° La relacion á lo que pasa del no ser al ser, como de condicion á condicional.
En la de efecto entran: 1.° La de ser.
2.° La del tránsito del no ser al ser.
3.° La relacion á la causa, como de lo condicional á la condicion.
[36.] Axioma I: La nada, no puede ser causa; ó en otros términos: toda causa es un ser, ó existe.
[37.] Digo que esto es un axioma; porque no se puede demostrar, por qué el predicado de existencia está contenido evidentemente en la idea de causa. Lo que es causa, es; si no es, no es causa. Afirmar la causa, y negar que sea, es afirmar y negar á un mismo tiempo. Luego la proposicion establecida es un axioma. Para convencernos de su verdad, nos basta atender á las ideas de causa y de ser, y vemos evidentemente la de ser contenida en la de causa. La explicacion que he dado no debe ser mirada como una demostracion, sino como una aclaracion, para que se comparasen mejor las dos ideas. Quien las compare como es debido, no necesitará demostracion, lo verá por intuicion; lo que constituye el carácter del axioma.
[38.] Axioma II: No hay efecto sin causa.
[39.] Para comprender el sentido de este axioma conviene advertir que aquí la palabra _efecto_, significa únicamente lo que pasa del no ser al ser, prescindiendo de que sea causado ó nó; pues si por efecto se entendiese aquí una cosa causada, el axioma seria una proposicion idéntica é inútil. Así sustituyendo en vez de efecto su significado, diria: «No hay cosa causada sin ser causada:» lo que es mucha verdad, pero de nada sirve. El sentido pues, es el siguiente: «Todo lo que pasa del no ser al ser, necesita algo distinto de sí, que produzca este tránsito.»
[40.] Digo que esta proposicion es un axioma, y bastará para convencernos de ello el fijar la atencion sobre las ideas que en la misma se contienen. Consideremos una cosa que es, y trasladémonos al tiempo en que no fué. Prescindamos de todo lo que no sea ella misma, no supongamos ningun otro ser que la pueda haber producido, ó que tome parte en su produccion; yo afirmo que vemos evidentemente que el tránsito al ser, no se hará jamás. De la idea pura del no ser del objeto, no solo nos es imposible hacer salir el objeto, sino que vemos evidentemente que no saldrá jamás. No hay ser, no hay accion, no hay produccion de ninguna clase: hay la pura nada; ¿de dónde saldrá el ser? Intuitivamente se nos presenta pues la verdad de la proposicion: en la pura idea del no ser por sí sola, no solo no vemos la posible aparicion del ser, sino que vemos la imposibilidad de la aparicion. Son ideas que se excluyen: el no ser no es posible, sino con la exclusion del ser, y viceversa.
[41.] Si pensamos una accion productiva, ó la referimos á la cosa que del no ser ha de pasar al ser, ó á otra distinta de ella. Si lo primero, caemos en contradiccion; suponemos accion y no la suponemos, porque no hay accion en el puro nada. Suponemos que la cosa es causa antes de ser; y nos hallamos en contradiccion con el Axioma I (36). Si lo segundo, pensamos ya la causa: pues causa no es otra cosa que lo que produce el tránsito del no ser al ser.
[42.] El dicho comun «ex nihilo nihil fit,» es una verdad, si se la entiende en el sentido del Axioma 2.° CAPÍTULO V.
ORÍGEN DE LA NOCION DE CAUSALIDAD.
[43.] ¿Hay en el mundo alguna causa, y algun efecto? Esto equivale á preguntar si en el mundo hay alguna mudanza. Toda mudanza envuelve un tránsito del no ser al ser. La mas ligera mudanza no es concebible sin este tránsito. Todo lo que se muda, es de _otra_ manera despues de mudado que antes de mudarse; luego tiene este modo de ser que antes no tenia. Este modo, _antes_ no existia, _ahora_ existe: ha pasado pues del no ser al ser.
[44.] Aun cuando no estuviéramos en relacion con el mundo externo, y se limitara nuestro espíritu á los solos hechos internos, á la sola conciencia del yo y de sus modificaciones, sabríamos que hay tránsito del no ser al ser, por el testimonio de la sucesiva aparicion de nuevas percepciones, de nuevos afectos. Dentro de nosotros mismos experimentamos ese flujo y reflujo de modificaciones que pasan del no ser al ser, del ser al no ser.
[45.] Por lo dicho se ve que las ideas de causa y efecto suponen un órden de seres contingentes, real ó posible. Si no hubiese mas que seres necesarios é inmutables, no habria causas y efectos.
[46.] He dicho (Cap. IV) que en la idea de causa entran la de ser, y la de la relacion con el no ser que ha pasado ó pasa al ser. La idea de causa pues no es idea simple, es compuesta de las dos indicadas. Para constituirla no basta la de ser; pues podemos concebir ser, sin concebir causa. Lo que la idea de causa añade á la de ser, es algo distinto de la idea de ser, algo no incluido en ella; y se llama causalidad, fuerza, virtud productiva, actividad, ú otros nombres semejantes; todos expresan la relacion de un ser para realizar en otro el tránsito de un no ser al ser.
[47.] En la idea de causalidad se incluye otra idea simple, que si bien acompaña la idea de ser, no se confunde con ella. Si se la quiere apellidar una modificacion de la misma idea de ser, no me opondré á ello.
[48.] ¿De dónde nace la idea de causalidad? Parece que la sola intuicion de la idea del ser no basta á engendrarla. La idea de ser es simple, nada expresa sino ser; en ella pues no encontramos ninguna relacion con el tránsito del no ser al ser.
[49.] ¿Nace tal vez de la experiencia? Aquí es necesario distinguir entre la idea misma de la causalidad y el conocimiento de la existencia de la causa. La experiencia nos manifiesta la sucesion de los seres, es decir, su tránsito del no ser al ser y viceversa. Hemos notado que en la intuicion del no ser, con relacion al ser, vemos la imposibilidad de un tránsito, á no mediar un ser que lo ejecute; luego la certeza de la existencia de la causa nace de la experiencia combinada con la intuicion de las ideas de no ser y ser.
[50.] Si esta experiencia no existiese, no sabríamos si la causalidad es posible; porque en la idea del ser, tal como nosotros la tenemos, no vemos la de fuerza: podríamos concebir tal vez la fuerza, pero ignorando si le corresponde alguna realidad. Así tendríamos la _nocion_ de la fuerza, mas nó la _noticia_ de su existencia, ni aun la seguridad de su posibilidad.
[51.] Pero si bien se considera, esta falta de experiencia es un supuesto imposible; pues un ser inteligente limitado, por lo mismo que reune la inteligencia con la limitacion, siente la sucesion de sus percepciones, y por tanto experimenta en sí propio el tránsito de un no ser al ser. Y como por otra parte, siente tambien su fuerza de combinar las ideas, siente en sí mismo la existencia de la causalidad, de una fuerza productiva de sus reflexiones.
[52.] El ejercicio de nuestra voluntad, así con respecto á los actos internos como externos, nos da tambien conocimiento de la dependencia de unas cosas respecto de otras; así como las impresiones que recibimos sin nuestra voluntad y á pesar de ella, nos confirman en la misma conviccion. Sin esta experiencia, veríamos la sucesion de los fenómenos, mas no conoceríamos sus relaciones de causalidad; porque es claro que la inclinacion á señalar como causa de un fenómeno lo que ha sucedido antes que él, supone la idea de causa y el conocimiento de la dependencia de los fenómenos en la relacion de causas y efectos.
[53.] Dicen algunos que el hombre no tiene ninguna idea de la creacion; y con esto, sin advertirlo, vienen á suponer que tampoco la tenemos de ninguna causa. Por creacion se entiende el tránsito de una substancia del no ser al ser, en virtud de la accion productiva de otra substancia. Yo sostengo que esto no es mas que la idea de causalidad en su grado superior, es decir, aplicada á la produccion de la substancia; es así que la idea de causa la tenemos, luego la idea de creacion no es una idea nueva, inconcebible, sino una perfeccion de una idea comun á toda la humanidad. Hemos visto que en la idea de causa entra el producir un tránsito del no ser al ser; á todos los seres activos se les atribuye esta virtud, pero con la diferencia que en tratándose de las causas finitas, solo se les concede una fuerza productiva de modificaciones, así como al ser infinito se le reconoce la fuerza productiva de las substancias.
[54.] Aquí parece verificarse lo mismo que en los demás ramos de los conocimientos filosóficos: la idea de la esencia pertenece á la razon, la noticia de la existencia depende de la experiencia. La primera es independiente de la segunda; y se puede discurrir sobre ella, con sola la condicion de la existencia, es decir, con un postulado (Lib. V, Cap.^s VII y VIII). Este postulado, lo tenemos siempre, cuando nó en otra cosa, en los fenómenos de nuestra conciencia.
CAPÍTULO VI.
SE FORMULA Y DEMUESTRA EL PRINCIPIO DE CAUSALIDAD.
[55.] El principio de causalidad, ó sea esta proposicion: todo lo que comienza ha de tener una causa; ha sido puesto en duda en los últimos tiempos; por lo cual es necesario dejarle á cubierto de todo género de ataques. Creo posible conseguirlo, presentando la doctrina de los capítulos anteriores bajo un punto de vista luminoso, que destierre todas las dudas y acabe con todas las dificultades. Ruego al lector que me siga con atencion por algunos momentos en el raciocinio que voy á presentarle.
[56.] Tomemos un ser cualquiera que llamaremos A. Para que se le pueda aplicar el principio de causalidad, es preciso que haya comenzado á ser, y que antes no existiese; porque si no suponemos este comienzo, A debiera haber existido siempre.
Tenemos pues, que hay una duracion asignable en que no habia A; y en que habia _no_ A. Y que así en el órden de la duracion ha habido una pequeña serie de dos términos: _no_ A, A.
Comenzar es pasar del primer término _no_ A, al A. El principio de causalidad dice: que no es posible el tránsito del primer término al segundo, sin que intervenga un tercer término, B, que debe ser algo real.
[57.] ¿Qué representa el término _no_ A, por sí solo? la pura negacion del A; el puro nada de A. En el concepto del _no_ A, en vez de encontrar el A, vemos su término contradictorio; por manera que lejos de estar incluido el segundo en el primero, se excluyen, y hacen verdadera absolutamente esta proposicion: Es imposible que no A, y A, existan á un mismo tiempo. Así, del concepto _no_ A, es imposible que salga jamás el A; y por consiguiente, si no hay un término real, para hacer el tránsito, nunca se puede pasar del no A, al A, ni aun en el órden puramente ideal.
[58.] Nótese bien que no quiero decir que concibiendo el no A, de suerte que se negase el A, como conocido, fuera imposible concebir el A; pues es evidente, que quien concibiese el _no_ A, ya concebiria el A, y aun podria concebirle, enteramente solo, con solo quitar la negacion; sino que en el supuesto de que hubiese un concepto del no A, absoluto, acomodado al _no_ A, absoluto objetivo, jamás saldria de este concepto el A; y si bien se reflexiona, no habria ni siquiera concepto; pues que el pensamiento de negacion pura, no es pensamiento, no es concepto. Así, habria una ausencia absoluta de concepto; y en el órden puramente ideal nos hallaríamos en el primer término de la serie, en la negacion pura: _no_ A, sin ningun medio para pasar al segundo: A.
[59.] Los que niegan pues el principio de causalidad, conciben el tránsito del no A, al A, sin ninguna razon, sin ningun intermedio: ellos que niegan la creacion, admiten una cosa mil veces mas incomprensible que la creacion. ¿De dónde infieren la posibilidad de este tránsito? Nó de la experiencia, porque esta no les ofrece sino sucesion, y por tanto ninguna aparicion absoluta, á la manera que ellos fingen; nó de la razon, pues que esta no alcanza á hacer salir de una pura negacion un concepto positivo.
[60.] ¿Cómo se pasa del no A, al A? Los que reconocen el principio de causalidad dicen que se pasa con la accion de B, que llaman causa. Si se trata de producir una substancia, hacen intervenir la accion de un ser en quien suponen un poder infinito. Pero los que niegan el principio de causalidad, no pueden responder nada á dicha pregunta; sino que se pasa del no A, al A, absolutamente. Fingen el instante M, en que A no existia; y luego el instante N, en que A existe. ¿Por qué? no alegan razon ninguna: sin saber cómo, ha surgido de la nada el A, sin la accion de nada. Esto es una contradiccion manifiesta.
[61.] El principio de causalidad se funda en las ideas puras de ser y no ser. Puesto el _no ser_ solo, vemos evidentemente que no puede comenzar el ser. El principio es pues puramente ontológico: los que apelan á _solas_ razones de experiencia para establecerle ó combatirle, plantean mal la cuestion: la sacan de su verdadero terreno: confunden la _noticia_ de la causalidad con la _nocion_ ó idea de la causalidad.
Los filósofos que no salgan del órden sensible, no pueden afianzar sólidamente este principio: por cuya razon, solo han caido en el error ó en la duda sobre este punto, los que no admiten mas ideas que las sensaciones; y debieran haber caido en la misma duda todos los sensualistas, si hubiesen sido bastante lógicos para sacar las últimas consecuencias de su doctrina.
CAPÍTULO VII.
EL PRINCIPIO DE LA PRECEDENCIA.
[62.] El tránsito del no ser al ser implica sucesion: para concebir que algo _comienza_, es preciso concebir que este algo no _existia_. La serie no A, A, carece de sentido en faltando uno cualquiera de los términos: y estos, como contradictorios, no pueden existir á un mismo tiempo.
[63.] Imaginemos la nada absoluta. El primer término, no A, está solo. Toda existencia está negada: nada se puede afirmar, sin contradecir al supuesto. Entonces, no hay tiempo; porque siendo este la sucesion de las cosas, ó del ser y no ser (Lib. VII) no puede existir, cuando no se puede suceder nada, por no haber nada. Si suponemos que algo comienza, establecemos la serie no A, A; en cuyo caso imaginamos dos instantes diferentes M, N, á que corresponden respectivamente los términos de la serie, en esta forma: no A, A. M, N.
Y se podrá decir con verdad: M no es N. ¿Qué significa esta proposicion? Ya que el tiempo, y en general ninguna duracion se distingue de las cosas que duran (Lib. VII, Cap.^s IV y V), N no puede representar sino la existencia de A, con relacion á no A; así como M, tampoco representará sino el no A, con relacion al A. De esto se sigue que en el concepto de A, en cuanto comienza, se incluye la relacion al no A, sin lo cual no puede ser concebido como _comenzado_.
[64.] Suponiendo al menos una inteligencia para conocer esta relacion, es concebible lo que se acaba de explicar; porque esta inteligencia, referiria el no A y el A, á su duracion propia, sucesivamente, si esta duracion fuese sucesiva, como la nuestra; de otro modo, si esta duracion no fuese sucesiva. Pero si no hay nada absolutamente, la serie no A, A, es inconcebible, pues la relacion del A, en cuanto comienza carece de término de comparacion, real ó pensado, á no ser que finjamos un tiempo puro, enteramente vacío, donde imaginemos colocados los términos de la serie.
[65.] Así parece, que por el mero hecho de pensar el A, en cuanto _comenzado_, pensamos tambien una existencia precedente; pues no hay comienzo, si al A no le ha precedido el _no_ A; y esta precedencia no significa nada, si no hay una existencia á que se refiera, ya sea como á serie sucesiva, ya como á duracion inmutable.
[66.] Si A, debe ser precedido de una existencia B, tenemos que nada puede comenzar absolutamente, sin que algo exista; y que en el simple concepto de la sucesion hallamos la necesidad de algo existente _siempre_, para que algo pueda comenzar.
[67.] Como la duracion no es nada distinto de las cosas; los dos términos de la serie, B, A, de los cuales el uno precede al otro, no pueden ser colocados en una duracion absoluta, distinta de las mismas cosas; ó en dos instantes distintos, independientemente de las cosas. Esa relacion pues, que existe entre A y B, no es relacion de instante á instante, ya que los instantes en sí no son nada, sino de cosa á cosa; luego, por lo mismo que A comienza, tiene relacion necesaria con B. Por lo dicho, A no podria comenzar sin existir B; luego B, es condicion necesaria para la existencia de A. Luego resulta demostrado que todo ser que comienza, depende de un ser existente.
[68.] Esta demostracion se halla, bien que nó desenvuelta de este modo, en las obras del baron Pascual Galluppi, profesor de filosofía en la universidad de Nápoles (Cartas filosóficas sobre las vicisitudes de la filosofía, carta XIV); y aunque no se le puede negar que encierra mucha profundidad, sin embargo parece que no deja el entendimiento satisfecho del todo. Hé aquí las palabras del filósofo italiano.
«Esta proposicion, no hay efecto sin causa, ¿es una proposicion idéntica? Yo he demostrado su identidad de la manera que sigue. Lo que tiene un comienzo de existencia debe haber sido precedido ó de un tiempo vacío ó de un ser; porque de otro modo la cosa de que se trata seria la primera existencia y la primera letra del alfabeto de los seres, y no se podria decir que ella comienza á ser; porque esta nocion de _comienzo de existencia_ implica en sí una prioridad con relacion al ser que comienza. Estas dos nociones _existencia comenzada_ y _existencia precedida de otro cosa_, son pues idénticas; pero ¿es posible que una existencia sea precedida de un tiempo vacío? Yo he demostrado que una duracion vacía es una quimera, un producto de la imaginacion, falto de toda realidad. El desarrollo de esta prueba que no puedo exponer aquí, se hallará en mis _Ensayos sobre la crítica del conocimiento_. Allí tengo establecido que el tiempo no es otra cosa que el _número de las producciones_. Aristóteles ha dicho que el tiempo es el _número del movimiento_. Luego _la existencia comenzada es una existencia precedida de otra existencia_. Esta proposicion es idéntica; pero ¿cómo puede una existencia ser precedida de otra? La que precede ¿se halla por ventura en un instante de tiempo anterior al en que se encuentra la precedida? en este caso se recae en la doctrina del tiempo distinto de las cosas existentes. Así es menester admitir que la existencia que precede es tal que hace la existencia precedida _existencia comenzada_. Esta no es comenzada sino porque es precedida; la _anterioridad_ de la existencia que precede es una anterioridad de _naturaleza_; una anterioridad objetiva, una anterioridad que hace el comienzo de la existencia precedida; ella es pues la _causa eficiente_ de esta existencia. Así el gran principio de la causalidad resulta invenciblemente demostrado: es una proposicion idéntica.»
[69.] Repito que esta demostracion no deja del todo satisfecho; nó porque ella en sí misma no sea concluyente, sino porque necesita mas desarrollo. El nervio de la prueba está en la imposibilidad de concebir un _comienzo_, sin concebir algo preexistente; y de concebir precedencia, sin relacion de lo que comienza á lo que preexiste. No se comprende fácilmente, cómo de esta razon, se infiere la dependencia intrínseca de las cosas; y hasta el fundarse el argumento en una idea tan difícil como la del tiempo, aumenta mucho las dudas.
[70.] Supongamos que el mundo existe, y que algo comienza ahora. Entonces se concibe la precedencia sin la dependencia. Si bien se reflexiona, esto sucede á cada paso; pues que en realidad comienzan de continuo muchos seres, precedidos por otros de los cuales no dependen. Se dirá que no dependen de todos, sino de uno, pero esto mismo es lo que se busca. Para probar que el principio de causalidad está demostrado por la simple idea del órden de la duracion, es necesario probar que la relacion de precedencia es relacion de dependencia. Lo que comienza, supone algo; ciertamente; pero falta probar si depende de este algo, como de una cosa producente, ó tan solo como de una condicion, que _nos haga posible el concepto_ del comienzo. Hasta que se haya probado que para el tránsito del no ser al ser, es indispensable la _accion_ de un ser, parece no quedar probado el principio de la causalidad, sino el de la precedencia; y como el órden de las cosas en la duracion, ó sea la anterioridad y posterioridad, no nos representa mas dependencia que la de pura sucesion, resultaria que si nos limitásemos á la precedencia, no habríamos probado que todo lo que comienza debe depender de otro, sino que todo lo que comienza debe _suceder_ á otro; esto último no es el principio de _causalidad_, sino de _sucesion_.
[71.] Aclaremos algo mas estas ideas.
Para que se comprenda mejor la dificultad que milita contra la demostracion anterior, observaré que para los que no admiten el principio de causalidad, no es imposible que comience _cualquiera_ cosa, en _cualquiera_ momento, sin ninguna causa. Representemos los seres sucesivos del universo por la serie...A, B, C, D, E,...y los tiempos en que existen, por la serie...a, b, c, d, e,...Segun la demostracion que examinamos, ningun término ha podido comenzar, sin que le haya precedido otro; por manera que el D, _comenzado_, significa lo mismo que el D, _precedido_. Luego el D, tiene una relacion necesaria con el C, por la razon de que los instantes d y c, no son nada en sí mismos, en cuanto distintos de D y C.
Quien no admita el principio de causalidad, dirá que el D, puede comenzar sin ninguna dependencia del C; y que para hacer posible el concepto del comienzo, basta que haya existido _siempre_ algo, aunque los términos _precedentes_ y _precedidos_ no tengan entre sí ninguna relacion. Así como el órden de los seres está representado por la serie...A, B, C, D, E, se podrá imaginar otra serie.. M, N, P, Q, R, de modo que á las dos les corresponda la misma serie de tiempo...a, b, c, d, e. Entonces el D, puede comenzar sin dependencia _necesaria_ del C, porque basta que preexista P, en el instante c, para que se nos haga posible el concepto del comienzo; en cuyo caso, el D, no tendrá ninguna relacion _necesaria_ con C, ni con P; bastándole la precedencia de uno ú otro. Y como es evidente que lo que se dice de C y de P, se podrá decir de otros cualesquiera términos de las mismas series ó de otras, resulta que la demostracion no conduce sino á la necesidad de concebir algo _preexistente_; y esto solamente para hacer posible el concepto de un comienzo. Y si á esto se añade la dificultad que de suyo ofrece la naturaleza de las ideas de tiempo y de toda duracion, parece que deberemos inferir que la demostracion no es tan satisfactoria como seria de desear. Los que no profundicen mucho en la idea del tiempo, apenas entenderán el sentido de la prueba; y los demás verán demostrada la contradiccion que se encierra en un comienzo absoluto; y por tanto la necesidad de que haya existido