[231.] Entre las criaturas en que se realiza la representacion preexistente en el entendimiento divino, las hay dotadas de voluntad; esta es la inclinacion á lo conocido; y significa un principio de las determinaciones propias, mediante un acto de inteligencia. Si la criatura conociese intuitivamente á Dios, su acto de voluntad seria necesariamente moral, porque seria necesariamente un acto de amor de Dios. La rectitud de la voluntad criada seria entonces un incesante reflejo de la santidad infinita, ó del amor que Dios se tiene á sí propio. En tal caso, la perfeccion moral de la criatura tampoco seria libre; mas no dejaria por esto de ser perfeccion moral y en un grado eminente. Habria entonces una perpetua conformidad de la voluntad criada con la voluntad infinita; porque la criatura amando á Dios con una feliz necesidad, no querria, ni podria querer otra cosa que lo que quisiese el mismo Dios. La moralidad de la voluntad criada seria esta conformidad perenne con la voluntad divina; conformidad que no se distinguiria del acto moral y santo por esencia: el amor de la criatura al ser infinito.
Pero cuando el conocimiento de Dios no es intuitivo, cuando la idea que de él tiene la criatura es un concepto incompleto y que encierra varias nociones indeterminadas, el bien infinito en sí mismo, no es amado por necesidad, porque no es conocido como es en sí mismo. La voluntad tiene una inclinacion al bien, pero al bien indeterminadamente; y por tanto no siente una inclinacion necesaria hácia ningun objeto real. El bien se le ofrece bajo una idea general é indeterminada, con aplicaciones muy varias, y hácia ninguna de ellas se inclina con necesidad absoluta; de aquí dimana su libertad para salirse del órden visto por Dios, como conforme á sus soberanos designios: en lo cual la libertad lejos de ser una perfeccion, es un defecto, que nace de la debilidad del conocimiento del ser que la posee.
[232.] La criatura racional conformándose en sus actos con la voluntad de Dios, realiza el órden que Dios quiere; amando este órden, ama lo que Dios ama. Si aunque realice este órden, la criatura en su libertad no ama el mismo órden, y procede por motivos independientes de él, su voluntad, ejecutando materialmente el acto, no ama lo que Dios ama; y hé aquí la linea divisoria de la moralidad y de la inmoralidad. La moralidad del acto propiamente dicha, consiste en la conformidad explícita ó implícita de la voluntad criada con la voluntad divina; y esa perfeccion misteriosa que descubrimos en los actos morales, esa hermosura que nos encanta y atrae, no es otra cosa que la conformidad con la voluntad divina; el carácter absoluto que encontramos en la moralidad, es el amor explícito ó implícito de Dios; y por consiguiente un reflejo de la santidad infinita, ó del amor con que Dios se ama á sí mismo.
Hagamos aplicaciones de esta doctrina que se muestra tanto mas exacta cuanto mas se la hace descender al terreno de los hechos.
[233.] El amar á Dios es un acto bueno moralmente; el aborrecer á Dios es un acto malo moralmente, y de una fealdad la mas detestable. ¿Dónde está la moralidad del acto del amor de Dios? en el acto mismo, reflejo de la moralidad absoluta, ó de la santidad infinita, que consiste en el amor que Dios tiene á su perfeccion infinita; hé aquí una prueba palpable de la verdad de la teoría que estamos exponiendo. El amor de la criatura al Criador, ha sido siempre mirado como un acto esencialmente moral; como lo mas puro de la moralidad; en lo que se manifiesta que en el órden secundario y finito, este acto es la mas pura y fiel expresion de la moralidad absoluta.
[234.] Al preguntarse la razon de por qué debemos amar á Dios, se suelen recordar los beneficios que nos dispensa, el amor que nos tiene; y hasta se suele aducir el ejemplo del amor que debemos á nuestros amigos y bienhechores, y sobre todo á nuestros padres; estas razones son ciertamente muy buenas para hacer palpable en cierto modo la moralidad del acto, y conmover nuestro corazon; pero no satisfacen completamente en el terreno de la ciencia. Porque, si pudiésemos dudar de que debemos amar al ser infinito, autor de todas las cosas, claro es que dudaríamos tambien de que debiésemos amar á los padres, á los amigos y bienhechores. Luego el amor á estos se ha de fundar en algo mas elevado, si no queremos que al preguntársenos, por qué debemos amarlos, nos quedemos sin ninguna respuesta.
[235.] El querer perfeccionar el entendimiento es un acto moral en sí mismo. ¿De dónde nace la moralidad del acto? hélo aquí. Dios, al dotarnos de inteligencia ha querido evidentemente que usásemos de ella. El uso de la misma pues, entra en el órden conocido y querido por Dios; al querer esto queremos lo que Dios quiere; amamos este órden que Dios amaba desde toda la eternidad, como una realizacion de sus soberanos designios; por el contrario, si la criatura no perfecciona sus facultades intelectuales, y en uso de su libertad las deja sin ejercicio, se aparta del órden establecido por Dios; no quiere lo que Dios quiere, no ama lo que Dios ama.
[236.] Al perfeccionar estas facultades, puede el hombre hacerlo meramente para proporcionarse el goce que le produce la alabanza de sus semejantes; en este caso realiza el órden de la perfeccion del entendimiento, pero no lo realiza amando este órden en sí mismo, sino por amor de una cosa distinta que no entra en el órden querido por Dios; porque es evidente que Dios no nos ha dotado de facultades intelectuales para el estéril objeto de alabarnos unos á otros. Hé aquí pues la diferencia que conocemos, que sentimos, entre dos acciones iguales, hechas con fines diferentes: la voluntad del uno perfecciona el entendimiento como una simple realizacion del órden divino: no acertamos tal vez á explicar lo que encontramos allí, pero de cierto sabemos que aquella voluntad es recta; el otro hace lo mismo, quiere lo mismo, pero deja mezclar un motivo ajeno á este órden; y el entendimiento y el corazon nos dicen: este acto con que se hace un _bien_, no es _bueno_; esto no es virtud, es miseria.
[237.] Hay una persona necesitada, que sin embargo, tiene muchas probabilidades de mejorar pronto de fortuna. Léntulo y Julio, le dan cada cual una limosna. Léntulo da su limosna, solo con el fin de que el socorrido cuando mejore de fortuna, se acuerde del bienhechor, y le favorezca si este lo necesita. La accion de Léntulo no tiene ningun valor moral: al juzgarla se ve una combinacion de cálculo, nó un acto virtuoso. Julio da la limosna, solo por socorrer al infeliz que le inspira lástima, sin pensar en la retribucion con que el socorrido le pueda corresponder: la accion de Julio es bella moralmente, es virtuosa. ¿De dónde la diferencia? Léntulo hace el bien, aliviando al necesitado; pero nó con el amor del órden íntimo que hay en su acto; sino torciendo este órden hácia sí mismo. Dios, queriendo que los hombres necesitasen unos de otros, ha querido tambien que se socorrieran; el socorrer pues simplemente para aliviar al necesitado, es realizar simplemente el órden querido por Dios; el aliviar para un fin particular, es realizar este órden, nó como se halla establecido por Dios, sino como le combina el hombre. Hay _complicacion_ de miras: falta la _sencillez_ de intencion; esa sencillez tan recomendada por el cristianismo, y que aun en la region de la filosofia encierra un sentido tan profundo.
[238.] Atendiendo al órden puramente natural, se descubre, que todas las obligaciones morales, tienen en último resultado un objeto _útil_; así como todas las prohibiciones, se dirigen á prevenir un _daño_; mas para la moralidad, no basta el querer la utilidad de ella, se necesita querer el órden mismo, de donde la utilidad resulta; siendo de notar que con cuanta mas reflexion, con cuanto mas amor se quiere este órden, sin mezcla de miras heterogéneas, tanto mas moral es el acto.
Socorrer al pobre, con la _simple_ mira de aliviarle, con amor hácia el pobre, es un acto virtuoso; socorrerle con este amor, y con la reflexion _explícita_ de que se cumple con un _deber_ de humanidad, es todavía mas virtuoso; socorrerle con el pensamiento en Dios, viendo en el pobre á un hombre, imágen de Dios, y á quien Dios nos manda amar, es un acto todavía mas virtuoso: socorrerle, aun contra los impulsos del propio corazon, agriado quizás por un resentimiento, ó agitado por otras pasiones, y dominarse á sí mismo con una voluntad firme por amor de Dios; es ya un acto de virtud heróica. Nótese bien: la perfeccion moral del acto se aumenta á proporcion de que se quiere la cosa en sí misma con mas reflexion y amor; y llega al mas alto punto cuando en la cosa amada, se ama al mismo Dios. Si las miras son egoistas, el órden se pervierte, y la moralidad se disipa; cuando no hay miras de egoismo, y se obra principalmente á impulsos del sentimiento, la accion ya es bella, pero su carácter es mas bien de sensibilidad que de moralidad; mas cuando, con el corazon desgarrado por el dolor del sacrificio, la voluntad, precedida por la reflexion, manda este sacrificio, y se cumple el deber, porque es un deber; ó quizá se hace un acto _no_ obligatorio, por el amor á su bondad moral, y porque el acto es agradable á Dios, vemos en la accion, algo tan bello, tan amable, tan digno de alabanza, que nos quedaríamos desconcertados si se nos preguntase entonces la razon del sentimiento respetuoso que experimentamos hácia la persona que por tan nobles motivos se sacrifica por sus semejantes.
Con arreglo á estos principios, podemos fijar clara y exactamente las ideas morales.
[239.] La moralidad absoluta, y por consiguiente el orígen y tipo de todo el órden moral, es el acto con que el ser infinito ama su perfeccion infinita. Este es un hecho absoluto, del cual no podemos señalar ninguna razon _à priori_.
En Dios no hay deber _propiamente_ dicho; hay necesidad absoluta de ser santo.
[240.] El acto esencialmente moral en toda criatura es el amar á Dios. Es imposible, fundar la moralidad de este acto, en la moralidad de otro acto.
[241.] Los actos de la criatura son morales, en cuanto participan explícita ó implícitamente, de este amor.
[242.] Cuando la criatura ve intuitivamente á Dios, le ama necesariamente; y así todos sus actos, llevando este augusto sello, son necesariamente morales.
[243.] Cuando la criatura no ve intuitivamente á Dios, ama necesariamente el bien en comun, ó sea bajo una idea indeterminada: pero no ama necesariamente, ningun objeto en particular.
[244.] En este amor hácia el bien en comun, sus actos libres son morales, cuando su voluntad quiere el órden que Dios ha querido, sin mezclar combinaciones ajenas ó contrarias á este órden.
[245.] Para ser moral un acto, no es necesario que el que lo hace piense explícitamente en Dios, ni que su voluntad, le ame explícitamente.
[246.] El acto será tanto mas moral, cuanto vaya acompañado de mas reflexion sobre su moralidad, y sobre su conformidad con la voluntad de Dios.
[247.] El sentimiento moral, es un sentimiento que se nos ha dado para percibir la belleza del órden querido por Dios: es por decirlo así un _instinto_ de amor de Dios.
[248.] Como este sentimiento es innato, indeleble, é independiente de la reflexion, lo experimentan hasta los ateos.
[249.] La idea de obligacion moral ó deber, resulta de dos ideas: órden querido por Dios; libertad física de apartarse de este órden. Dios otorgándonos la vida, ha querido que procurásemos conservarla; pero el hombre es libre, y á veces se suicida. El que conserva su vida cumple con un deber; el que se mata, le infringe. Así en la idea del deber, entra la de libertad física, que no puede ejercerse en cierto sentido, sin salir del órden querido por Dios.
[250.] La pena es una sancion del órden moral; sirve para suplir la necesidad imposible para los seres libres. Las criaturas que obran sin conocimiento, cumplen su destino por necesidad absoluta; los seres libres, cumplen su destino, nó por necesidad absoluta, sino por la especie de necesidad producida por la vista de un resultado doloroso.
[251.] Aquí se palpa la diferencia entre el mal físico y el mal moral, aun en el mismo ser libre: el físico es el dolor; el moral, es el desviarse del órden querido por Dios.
[252.] Ilícito es lo contrario á un deber.
[253.] Lícito es todo lo que no se opone á ningun deber.
[254.] Ley eterna es el órden de los seres inteligentes querido por Dios, con arreglo á su santidad infinita.
[255.] Acciones intrínsecamente morales, son las que forman parte del órden que Dios, (supuesta la voluntad de criar tales ó cuales seres), ha querido por necesidad, en fuerza del amor de su perfeccion infinita. Semejantes acciones, están mandadas porque son buenas.
[256.] Las acciones que son buenas porque están mandadas, son las que forman parte del órden querido por Dios libremente, y del cual ha dado conocimiento á sus criaturas.
[257.] El mandato de Dios, es su voluntad comunicada á la criatura. Si esta voluntad es necesaria, el precepto es natural; si esta voluntad es libre, es positivo.
[258.] Atendiendo á lo puramente natural, el órden querido por Dios, es el que conduce á la conservacion y perfeccion de los seres criados. Las acciones serán morales cuando se conformen con este órden.
[259.] La perfeccion natural de los seres consiste en el uso de sus facultades acomodado al fin á que su misma naturaleza los muestra destinados.
[260.] La naturaleza ha encargado á cada individuo el cuidado de su propia conservacion y perfeccion.
[261.] La imposibilidad natural de que el hombre viva solo, indica que la conservacion y perfeccion de los individuos, se ha de conseguir en sociedad.
[262.] La primera sociedad, es la de familia.
[263.] Los padres deben alimentar y educar á sus hijos; porque sin esto no puede conservarse el linaje humano.
[264.] Los deberes conyugales, nacen del órden necesario para la conservacion y perfeccion de la sociedad de familia, indispensable para la conservacion del humano linaje.
[265.] Cuanto mas necesario es el enlace de un acto con la conservacion y perfeccion de la familia, mas necesaria es su moralidad, y por consiguiente menos sujeta á modificaciones.
[266.] La inmoralidad de los actos contrarios al pudor, y muy especialmente los contrarios á la naturaleza, se funda en grandes razones de un órden indispensable para la conservacion del individuo y de la especie.
[267.] Las pasiones, por lo mismo que son ciegas, es evidente que nos han sido dadas como medios, nó como fines.
[268.] Luego cuando la satisfaccion de las pasiones se toma nó como un medio, sino como un fin, el acto es inmoral. Un ejemplo sencillo aclarará esta idea. El placer de la comida tiene un objeto muy útil para la conservacion del individuo; así el comer _con_ placer, no es nada malo, sino bueno; pero el comer _por_ el placer de la comida, es invertir el órden: el acto no es bueno. La misma accion que en el primer caso es muy racional, en el segundo es un acto de _glotonería_. Así lo juzga el sentido comun sin necesitar de análisis.
[269.] Viviendo el hombre solo, el uso de su libertad física, no perjudicaria jamás sino á sí mismo; el límite moral de su libertad seria el de satisfacer sus necesidades y deseos, con arreglo al dictámen de la razon. Pero viviendo los hombres en sociedad, el ejercicio de la libertad física del uno, tropieza por necesidad con el del otro; para impedir el desórden es necesario restringir un poco la libertad física de cada uno, y someterlos á todos á un órden conforme á razon, y conducente al bien general: hé aquí la necesidad de una legislacion civil. Esta no puede establecerse, ni conservarse, por sí sola: hé aquí la necesidad de un poder público. El objeto de la sociedad, es el bien general, con sujecion á los principios de la moral eterna; este mismo es el objeto del poder público.
[270.] Con la teoría que precede, se explica satisfactoriamente el doble carácter que presenta el órden moral: lo absoluto y lo relativo. La razon, el sentido comun, el corazon, nos obligan á reconocer en el órden moral algo absoluto, independiente de la consideracion de la utilidad: esto se explica, elevándose á un acto absoluto, de perfeccion absoluta; y mirando la moralidad de las criaturas, como una participacion de aquel acto. La razon y la experiencia nos enseñan que la moralidad de las acciones tiene resultados _útiles_; esto se explica, observando, que en aquel acto absoluto, está comprendido el amor del órden que habia de reinar entre los seres criados, para cumplir sus destinos. Este órden pues, era á un tiempo _querido_ por Dios, y _conducente_ al fin especial de cada criatura; será pues á un mismo tiempo _moral_ y _útil_.
[271.] Pero los dos caractéres se conservan siempre esencialmente distintos: el primero, lo _sentimos_; el segundo lo _calculamos_. Cuando nos falta el primero, somos _malos_; cuando el segundo, somos _desgraciados_. El resultado doloroso, es _pena_, si nuestra voluntad ha infringido á sabiendas el órden; cuando nó, es simplemente _desdicha_.
[272.] Permítaseme lisonjearme con la idea de que esta teoría es algo mas satisfactoria, que las que han excogitado algunos filósofos modernos, para explicar la naturaleza absoluta de la moralidad. He necesitado de la idea de Dios, es cierto; porque no concibo órden moral, en quitando á Dios del mundo. Sin la idea de Dios, la moralidad no puede ser otra cosa que un sentimiento ciego, tan absurdo en su objeto, como en sí mismo; la filosofía que no lo funde en Dios, no podrá llegar jamás á una explicacion científica: deberá limitarse á consignar el hecho como una necesidad, cuyo carácter y orígen se ignoran del todo.
[273.] Añadiré una observacion que compendia toda mi teoría, y que pone de manifiesto lo que la diferencia de las otras, que reconocen en Dios el fundamento del órden moral, y el amor de Dios, por el primero de los deberes. Los sistemas á que me refiero suponen la idea de moralidad distinta de la del amor de Dios, pero yo digo que la _esencia_ de la moralidad es el mismo amor de Dios. Así afirmo que la santidad infinita, es _esencialmente_ el amor con que Dios se ama á sí mismo; que el acto primitivo y esencialmente moral de la criatura es el amor á Dios; que la moralidad de todas sus acciones, consiste en conformarse explícita ó implícitamente con la voluntad de Dios; lo que equivale á un amor explícito ó implícito de Dios.
Uno de los resultados mas notables de esta teoría que pone la esencia de la moralidad en el amor de Dios ó del bien infinito, es el que hace desaparecer la diferencia entre la forma de las proposiciones metafísicas y las morales, manifestando como el _se debe_ y _se ha_, que se encuentra en estas, se reduce al _es_ absoluto de aquellas (V. 210, 211, 212 y 213). Hé aquí la aplicacion de este importante resultado.
La proposicion: El amar á Dios _es_ bueno moralmente; es una proposicion absoluta é idéntica, porque la bondad moral no es otra cosa que el amor de Dios.
La proposicion: El amar al prójimo es bueno; se reduce á la primera, porque amar al prójimo es un cierto modo de amar á Dios.
La proposicion: el socorrer al prójimo es bueno: se reduce á la anterior, porque socorrer es amar.
La proposicion: El hombre _debe_ conservar su vida, se explica por esta otra absoluta: la conservacion de la vida del hombre, _es_ querida por Dios. Así la palabra _debe_, significa la necesidad de que el hombre conserve su vida, si no quiere oponerse al órden querido por Dios.
Estos ejemplos bastan para que se vea con cuánta facilidad pueden reducirse á una forma absoluta, las proposiciones morales. Esto, no alcanzo de qué manera se podrá conseguir, si en vez de decirse: el amor de Dios es la misma moralidad; se dijese: el amor de Dios es un acto moral, distinguiendo entre el amor y la moralidad.
[274.] Sea cual fuere el juicio que se forme de esta explicacion, no puede negarse que con ella, se reconoce una sabiduría profunda, aun ateniéndonos al solo órden natural y filosófico, en aquella admirable doctrina del Divino Maestro, en que llama al amor de Dios el mayor y el primero de los mandamientos, y en que, cuando quiere señalar el carácter del bien moral, recuerda, muy especialmente, el cumplimiento de la voluntad divina.
[275.] Puesta la esencia de la moralidad en el amor, lo moral debe parecernos bello, porque nada mas bello que el amor; debe ser agradable al alma, porque nada mas grato que el amor. Entonces se comprende tambien por qué las ideas de desinterés, de sacrificio, se nos presentan tan bellas en el órden moral, y nos hacen rechazar instintivamente la teoría del interés propio: nada mas desinteresado, que el amor; nada mas capaz de grandes sacrificios que el amor.
[276.] Así el egoismo queda desterrado del órden moral: Dios se ama á sí mismo, porque es infinitamente perfecto; fuera de sí no encuentra nada que amar, que él no haya criado. El amor que tiene á las criaturas es completamente desinteresado, porque nada puede recibir de las mismas. La criatura se ama á sí propia y ama tambien á las demás; pero este amor, no es de un egoismo estrecho, sino que ama en sí misma, y en sus semejantes, el reflejo del bien infinito. Desea unirse con el bien supremo, y en esto pone su última felicidad; pero este deseo lo enlaza con el amor del bien supremo en sí mismo, y no le ama precisamente porque de ello deba resultar su propia felicidad.
CAPÍTULO XXI.
OJEADA SOBRE LA OBRA.
[277.] Llego al término de mi trabajo; y así conviene echar una ojeada sobre el largo camino que acabo de recorrer.
Me habia propuesto examinar las ideas fundamentales de nuestro espíritu, ya considerado en sí mismo, ya en sus relaciones con el mundo.
[278.] Con relacion á los objetos, hemos encontrado en nuestro espíritu dos hechos primitivos: la intuicion de la extension; la idea del ente. En la intuicion de la extension se funda toda la sensibilidad objetiva; en la idea del ente se funda todo el órden intelectual puro en lo tocante á las ideas indeterminadas. De la idea del ente, hemos visto salir las de identidad, distincion, unidad, número, duracion, tiempo, simplicidad, composicion, finito, infinito, necesario, contingente, mutable, inmutable, substancia, accidente, causa, efecto.
[279.] En el órden subjetivo, hallamos como hechos de conciencia, la sensibilidad, ó el ser sensitivo (incluyendo en esto no solo la sensacion, sino tambien el sentimiento); la inteligencia y la voluntad; lo que nos da ideas intuitivas de modos de ser determinados, y distintos del de los seres extensos.
[280.] Así todos los elementos de nuestro espíritu se reducen á las ideas intuitivas de extension, de sensibilidad, inteligencia y voluntad, y á las ideas indeterminadas, que á su vez se fundan todas en la idea de ser.
[281.] De la idea de ser, combinada con la del no ser, nace el principio de contradiccion: que por sí, da orígen solamente á conocimientos indeterminados. Para que la ciencia tenga un objeto realizable, es necesario que el ser se le presente bajo alguna forma. Nuestra intuicion nos ofrece dos: extension y conciencia.
[282.] La conciencia nos ofrece tres modos de ser: sensibilidad, ó el ser sensitivo, inteligencia y voluntad.
[283.] La extension considerada en toda su pureza, cual la imaginamos en el espacio, es la base de la geometría.
[284.] La misma extension modificada de varias maneras, y puesta en relacion con nuestra sensibilidad, es la base de todas las ciencias naturales, ó que tienen por objeto el universo corpóreo.
[285.] La inteligencia da orígen á la ideología y á la psicología.
[286.] La voluntad, en cuanto movida por fines, da orígen á las ciencias morales.
[287.] La idea de ser engendra el principio de contradiccion; y con él, las ideas generales é indeterminadas, de cuya combinacion nace la ontología; y que además circulan por todas las demás ciencias como un flúido vivificante.
[288.] Así concibo el árbol de las ciencias humanas: examinar las raíces de este árbol, era mi objeto en la _Filosofía Fundemental_.
FIN.
NOTAS.
(SOBRE EL LIBRO VIII).
(I) Quizás no faltarán algunos lectores poco versados en la historia de lo filosofía, á quienes parezca que me he extendido demasiado en la explicacion de la idea de lo infinito, considerando estas cuestiones, en la clase de aquellas que sirven mas bien para sutilizar, que para adquirir conocimientos sólidos. Este es un error de mucha gravedad. En todos tiempos, han ocupado un lugar preferente entre las cuestiones filosóficas, las que versan sobre la idea de lo infinito; y en nuestra época, apenas hay ninguna que deba merecer mas atencion, si se quieren atajar los progresos del panteismo. No me cansaré de repetir que muchos errores gravísimos dimanan de confusion en las ideas fundamentales; para quien esté bien radicado en el conocimiento de estas, dejarán de ser peligrosas ciertas obras, cuyo secreto, para extraviar, consiste ó en emplear palabras incomprensibles, ó en dar falsas acepciones á las que se pueden comprender. Como quiera, los que creyeren que aquí solo se trata de cavilaciones escolásticas, recuerden que deberán tener por caviladores á los metafísicos mas eminentes antiguos y modernos.
(SOBRE EL LIBRO IX).
(II) No ignoro, que algunos filósofos modernos, y muy particularmente M. Cousin, tratan de sincerarse de la acusacion de panteismo, explicando á su manera los pasajes de sus obras donde se halla profesado este error. No siéndome posible, extenderme en una cuestion que exigiria la insercion y cotejo de largos pasajes, me contentaré con remitir al lector á lo que tengo dicho en el cuerpo de la obra, y con respecto á M. Cousin, á los trozos que llevo citados en mis _Cartas á un escéptico en materia de religion_ (Carta X). Sea como fuere, los impugnadores de M. Cousin no tienen la culpa de que este filósofo se valiese de palabras tan claras y terminantes, que á ningun hombre de sano juicio le podia quedar ninguna duda, de que contenian lisa y llanamente la profesion del panteismo. Dejando pues á este filósofo la responsabilidad de sus intenciones, me contentaré con rogar encarecidamente á nuestros jóvenes, que no juzguen con ligereza sobre las disputas que se agitan en el vecino reino, cuyo ruido llega hasta nosotros, por órganos no siempre fieles; y que se abstengan de dar fe á los que se empeñan en persuadirles que las alarmas de los hombres de sanas doctrinas en materias filosóficas, carecen de fundamento.
FIN DE LAS NOTAS.
INDICE DE LAS MATERIAS DEL TOMO CUARTO.
LIBRO OCTAVO.
LO INFINITO.
_PÁG._ CAPÍTULO PRIMERO.
_Ojeada sobre el estado actual de la filosofía._ Uso de ciertas palabras. Qué indican. Filosofía del siglo pasado. Reaccion. Carácter del panteismo actual. Como se aviene con lo infinito. Por qué la nueva filosofía se coloca en el _yo_. Indicio de una aspiracion sublime. Sus pretensiones orgullosas é infundadas. No inventa ni restaura la verdad. 5 CAPÍTULO II.
_Importancia y anomalía de las cuestiones sobre la idea de lo infinito._ Importancia del exámen de esta idea. Anomalía. Disputas sobre su naturaleza y existencia. Hecho que ellas indican. 12 CAPÍTULO III.
_Sí tenemos idea de lo infinito._ Tenemos esta idea. Prueba. Lo infinito y lo indefinido. La idea de lo infinito es fija. Ejemplo. La distincion entre lo infinito y lo finito se funda en el principio de contradiccion. 14 CAPÍTULO IV.
_El límite._ Negaciones que afirman. El límite filosófico y el matemático. Lo finito envuelve negacion. Lo infinito afirmacion. 18 CAPÍTULO V.
_Consideraciones sobre la aplicacion de la idea de lo infinito á la cantidad continua, y á la discreta en cuanto se expresa en series._ Posibilidad de aplicar dicha idea á muchos órdenes. Razones en pro y en contra de la infinidad lineal, de la numérica expresada en series, de la de las superficies y sólidos. 21 CAPÍTULO VI.
_Orígen de la vaguedad y aparentes contradicciones en la aplicacion de la idea de lo infinito._ Las dificultades en la aplicacion de la idea prueban su existencia. Vaguedad de la misma. No es intuitiva. Qué seria si fuese intuitiva. Efecto de su naturaleza actual. Carácter de las ideas indeterminadas. 25 CAPÍTULO VII.
_Explicacion fundamental de la idea abstracta de lo infinito._ El límite y varias negaciones del mismo. Como generalizamos estas ideas. Ser y negacion de límite, constituyen la idea abstracta de lo infinito. No nos hace conocer una _cosa_ infinita. Ejemplos de otras ideas semejantes. 30 CAPÍTULO VIII.
_Se comprueba con aplicaciones á la extension, la definicion de la infinidad._ De qué provienen las anomalías de la aplicacion. Infinidad de una recta. De un valor lineal. Se explican las contradicciones aparentes. Si se concibe un valor lineal absolutamente infinito. Diferencia entre su concepto y su intuicion sensible. 33 CAPÍTULO IX.
_Concepto de un número infinito._ Como se forma esta idea. No representa nada determinado. Aplicaciones. 40 CAPÍTULO X.
_Concepto de la extension infinita._ En qué consiste. Su imaginacion es imposible. Observaciones sobre una dificultad del párrafo 40. 45 CAPÍTULO XI.
_Sobre la posibilidad de la extension infinita._ Dificultad sobre la posibilidad intrínseca y extrínseca. Omnipotencia. Solucion. 48 CAPÍTULO XII.
_Solucion de varias dificultades contra la posibilidad de una extension infinita._ Lo que se funda en la relacion de las propiedades con la substancia. Lo que estriba en la diferencia entre lo finito y lo infinito. Varias consideraciones sobre estas diferencias. Nueva dificultad fundada en la aparicion y desaparicion de extensiones infinitas. 50 CAPÍTULO XIII.
_Si existe la extension infinita._ Opinion de Descartes y de Leibnitz. Observaciones del autor. 58 CAPÍTULO XIV.
_Sobre la posibilidad de un número infinito actual._ Si existiese no se podria multiplicar. No se puede expresar ni algebráica ni geométricamente. Infinidad de especies y de individuos. Posibilidad de especies infinitas. Si hay un limite en la perfectibilidad de las especies. Imposibilidad de la existencia simultánea de todas las modificaciones. Con esto se demuestra la imposibilidad de un número infinito actual 61 CAPÍTULO XV.
_Idea del ser absolutamente infinito._ Dificultades de esta idea. Si se explica bastante con la idea de un ser sin negacion de ser. Qué es la perfeccion. Se ha de hallar con propiedades formales en el ser infinito. Qué se entiende por _toda_ perfeccion. Dos negaciones. Se debe afirmar del ser infinito todo lo que no implica contradiccion. 71 CAPÍTULO XVI.
_Se afirma de Dios toda la realidad contenida en los conceptos indeterminados._ Reseña. Ser. Substancia. Simplicidad. Causalidad. Necesidad. 77 CAPÍTULO XVII.
_Como se afirma de Dios todo lo no contradictorio, contenido en las ideas intuitivas._ Sensibilidad pasiva. Materia. Sensibilidad activa. Inteligencia. Voluntad. Libertad. 80 CAPÍTULO XVIII.
_La inteligencia y el ser absolutamente infinito._ Como concibe á Dios la humanidad. Caractéres de la inteligencia: es activa, inofensiva, pura. Engendra la libertad y la moral. Idea del ser absolutamente infinito. 83 CAPÍTULO XIX.
Resúmen 89 LIBRO NOVENO.
LA SUBSTANCIA.
CAPÍTULO I.
_Nombre é idea general de la substancia._ Existencia de la idea, su falta de claridad. Su importancia. No se debe comenzar por una definicion. Método. Nombre. Expresa algo constante entre las mudanzas. 95 CAPÍTULO II.
_Aplicacion de la idea de substancia á los objetos corpóreos._ Explicaciones analíticas. Cómo se aplica á los cuerpos. Cómo y por qué no se aplica á las sensaciones. Particularidad de la extension. Lazo de las sensaciones. 99 CAPÍTULO III.
_Definicion de la substancia corpórea._ Dificultad. Aplicacion. Análisis de las ideas que componen la de substancia corpórea. Resultado. Con los accidentes la substancia se nos manifiesta. 105 CAPÍTULO IV.
_Relaciones de la substancia corpórea con sus accidentes._ Incluye multiplicidad. Disposicion de partes. El accidente depende de la substancia, nó esta de aquel. Aplicacion á las figuras. Cambios de figuras. Como entre estas hay semejanza y nó identidad. Se explica el sentido de la _comunicacion_ del movimiento. 108 CAPÍTULO V.
_Consideraciones sobre la substancia corpórea en sí misma._ Necesidad de accidentes para su determinacion. Esto es segun nuestro modo de concebir. Identidad de la substancia corpórea. Reseña de opiniones. Ignorancia del hombre sobre este punto. 111 CAPÍTULO VI.
_Substancialidad del yo humano._ Como se halla la unidad en los cuerpos. La unidad del yo. Su permanencia 118 CAPÍTULO VII.
_Relaciones de la proposicion, Yo pienso, con la substancia del Yo._