18. Y en decir que recibió su oreja las venas de su susurro como a hurtadillas, es decir la substancia desnuda que ha- bernos dicho que recibe el entendimiento; porque venas aquí denotan sustancia interior, y el susurro significa aquella comuni- cación y toque de virtudes, de donde se comunica al entendi- miento la dicha sustancia entendida. Y llámale aquí susurro, porque es muy suave la tal comunicación, así como allí la llama aires amorosos el alma, porque amorosamente se comunica. Y dice que le recibió como a hurtadillas, porque así como lo que se hurta es ajeno, así aquel secreto era ajeno del hombre, ha- blando naturalmente; porque recibió lo que no era de su na- tural, y así no le era licito recibirle, como tampoco a San Pablo le era lícito poder decir el suyo. Por lo cual dijo el otro Pro- feta dos veces: Mi secreto para mí (1). Y cuando dijo en el ho- rror de la visión nocturna, cuando suele el sueño ocupar a los hombres, me ocupó el pavor y temblor, da a entender el temor y temblor que naturalmente hace al alma aquella comu- nicación de arrobamiento que decíamos no podía sufrir el na- tural en la comunicación del espíritu de Dios. Porque da aquí a entender este Profeta, que así como al tiempo que se van a dormir los hombres les suele oprimir y atemorizar una visión que llaman pesadilla, la cual les acaece entre el sueño y la vigilia, que es en aquel punto que comienza el sueño, así al tiempo de este traspaso espiritual entre el sueño de la ignoran- cia natural y la vigilia del conocimiento sobrenatural, que es el principio del arrobamiento d éxtasi, les hace temor y temblor la visión espiritual que entonces se les comunica.
1 Ubi.. XXIV. 16.
CANCIONES XIII Y XIV 75 19. Y añade más, diciendo: que todos sus huesos se asom- braron, o alborotaron. Que quiere tanto decir, como si dijera: se conmovieron y descasaron (1) de sus lugares; en lo cual se da a entender el gran descoyuntamiento de huesos que habernos dicho padecerse a este tiempo. Lo cual da bien a entender Da- niel cuando vio al Angel, diciendo: Domine, in visione toa dís- solutae sunt compages meae. Esto es: Señor, en tu visión las junturas de mis huesos se han abierto (2). Y en lo que dice lue- go, que es: y como el espíritu pasase en mi presencia, es a saber, haciendo pasar al mío de sus límites y vías naturales por el arrobamiento que habernos dicho, encogiéronse las pieles de mi carne, da a entender lo que "habernos dicho del cuerpo, que en este traspaso se queda helado y encogidas las carnes como muerto.
20. Y luego se sigue: Estuvo uno, cuyo rostro no conocía; era imagen delante de mis ojos. Este que dice que estuvo, era Dios, que se comunicaba en la manera dicha. Y dice que no conocía su rostro, para dar a entender que en la tal comunica- ción y visión, aunque es altísima, no se conoce, ni ve el rostro y esencia (3) de Dios. Pero dice que era imagen delante sus ojos; porque, como habernos dicho, aquella inteligencia de pa- labra escondida era altísima como imagen y rastro de Dios; mas no se entiende que es ver esencialmente a Dios.
21. Y luego concluye diciendo: Y oí una voz de aire deli- cado, en que se entiende el silbo de los aires amorosos, que dice aquí el alma que es su Amado. Y no se ha de entender que siempre acaecen estas visitas con estos temores y detri- mentos naturales, que, como queda dicho, es a los que comienzan a entrar en estado de iluminación y perfección, y en este género de comunicación, porque en otros antes acaecen con gran sua- vidad. Sigúese la declaración.
La noche sosegada.
1 G, Lch. V y Md.: se conmovieron y desencaxaron.
2 Dan., X. 16.
3 Lch.: presencia en vez de esencia.
76 CANTICO E?PIHITDRL 22. En este sueño espiritual que el alma tiene en el pe- cho de su Amado, posee y gusta todo el sosiego y descanso y quietud de la pacífica noche, y recibe juntamente en Dios una abisal y oscura inteligencia divina. Y por eso dice, que su Ama- do es para ella La noche sosegada.
En par de los levantes de la aurora.
23. Pero esta noche sosegada dice que es, no de manera que sea como oscura noche, sino como la noche junto ya a los levan- tes de la mañana ( 1 ); porque este sosiego y quetud en Dios no le es al alma del todo oscuro como oscura noche sino sosiego y quietud en luz divina en conocimiento de Dios nuevo, en que el espíritu está suavísimamente quieto, levantado a luz divina. Y lla- ma bien propiamente aquí a esta luz divina levantes de la Auro- ra, que quiere decir la mañana; porque así como los levantes de la mañana despiden la oscuridad de la noche y descubren la luz del día, asi este espíritu sosegado y quieto en Dios es levantado de la tiniebla del conocimiento natural a la luz matutinal del conocimiento sobrenatural de Dios, no claro, sino como dicho es, oscuro, como noche en par de los levantes de la aurora; por- que así como la noche en par de los levantes, ni del todo es no- che, ni del todo es día, sino, como dicen, entre dos luces, así, esta soledad y sosiego divino, ni con toda claridad es informado de la luz divina, ni deja de participar algo de ella.
24. En este sosiego se ve el entendimiento levantado con extraña novedad sobre todo natural entender a la divina luz, bien así como el que después de un largo sueño abre los ojos a la luz que no esperaba. Este conocimiento entiendo quiso dar a entender David cuando dijo: Vigilavi et factus sum sicut passer solitarius in tecto (2). Que quiere decir: Recordé y fui hecho semejante al pájaro solitario en el tejado. Como si dijera: abrí los ojos de mi entendimiento y halléme sobre todas las inteli- gencias naturales solitario sin ellas en el tejado, que es sobre todas las cosas de abajo. Y dice aquí que fué hecho semejante al pá- 1 G, V, Vd., 8.654 y Br.: levantes de la aurora.
2 Ps. CI. 8.
CANCIONES XIII Y XIV 77 jaro solitario, porque en esta manera de contemplación tiene el espíritu las propiedades de este pájaro, las cuales son cinco. La primera, que ordinariamente se pone en lo más alto, y así el espíritu en este paso se pone en altísima contemplación. La segunda, que siempre tiene vuelto el pico hacia donde viene el aire, y así el espíritu vuelve aquí el pico del afecto hacia don- de le viene el espíritu de amor, que es Dios. La tercera es, que ordinariamente está solo y no consiente otra ave alguna junto a sí, sino que en sentándose junto alguna, luego se va; y así el espíritu en esta contemplación está en soledad de todas las cosas, desnudo de todas ellas, ni consiente en sí otra cosa que soledad en Dios. La cuarta propiedad es que canta muy suave- mente, y lo mismo hace a Dios el espíritu a este tiempo; porque las alabanzas que hace a Dios son de suavísimo amor, sabro- sísimas para sí y preciosísimas para Dios (1). La quinta es, que no es de algún determinado color; y así el espíritu per- fecto que no sólo en este exceso no tiene algún color de afecto sensual y amor propio, mas ni aun particular consideración en lo superior ni inferior (2) ni podrá decir de ello modo ni manera, porque es abismo de noticia de Dios la que le posee, según se ha dicho.
La música callada.
25. En aquel sosiego y silencio de la noche ya dicha, y en aquella noticia de la luz divina, echa de ver el alma una admirable conveniencia y disposición de la Sabiduría (3) en las di- ferencias de todas sus criaturas y obras, todas ellas y cada una de ellas dotadas con cierta respondencia (4) a Dios, en que cada una en su manera da su voz de lo que en ella es Dios, de suerte que le parece una armonía de música subidísima que sobrepuja to- dos los saraos y melodías del mundo. Y llama a esta música, callada, porque, como habernos dicho, es inteligencia sosegada 1 Br.: Sabrosísimas para sí y preciosísimas para sí, y preciosísimas para Dios.
2 Md.: Consideración en lo inferior, ni a veces en lo superior.
3 Bj., Bz., Gr., Lch., 8.654 y Md.: sabiduría de Dios.
78 Cántico espiritual y quieta, sin ruido de voces; y así se goza en ella la suavidad de la música y la quietud del silencio. Y así dice que su Amado es esta música callada, porque en él se conoce y gusta esta ar- monía de música espiritual;,y no sólo eso, sino que tam- bién es La soledad sonora.
La soledad sonora.
26. Lo cual es casi lo mismo que la música callada, por- que aunque aquella música es callada cuanto a los sentidos y potencias naturales, es soledad muy sonora para las potencias espirituales; porque estando ellas solas y vacías de todas las formas y aprensiones naturales pueden recibir bien el sonido espiritual sonorosísimamente en el espíritu de la excelencia de Dios, en sí y en sus criaturas, según aquello que dijimos arriba haber visto San Juan en espíritu en el Apocalipsis, conviene a saber: voz de muchos citaredos que citarizaban en sus cítaras; lo cual fué en espíritu, y no de cítaras materiales (1), sino cierto conocimiento de las alabanzas de los bienaventurados que cada uno, en su manera de gloria, hace a Dios continuamente; lo cual es como música, porque así como cada uno posee diferentemente sus dones, así cada uno canta su alabanza diferentemente, y to- dos en una concordancia de amor, bien así como música.
27. A este mismo modo echa de ver el alma en aquella sabiduría sosegada en todas las criaturas, no sólo superiores, sino también inferiores, según lo que ellas tienen en sí cada una recibido de Dios, dar cada una su voz de testimonio de lo que es Dios, y ve que cada una en. su manera engrandece a Dios, teniendo en sí a Dios según su capacidad; y así todas es- tas voces hacen una voz de música de grandeza de Dios, y sa- biduría y ciencia admirable. Y esto es lo que quiso decir el Es- píritu Santo en el Libro de la Sabiduría, cuando dice: Spiritus Domini replevit orbem terrarum, et hoc qaod continet omnia, scientiam habet vocis (2). Quiere decir: El Espíritu del Señor llenó la redondez de las tierras, y este mundo, que contiene 1 V por citaredos lee citares que autorizaban. G: de muchos litaredos que au- torizaban en sus literas. Lch.: citaras naturales.
2 Sap.. I. 7.
CANCIONES XIII Y XIV 79 todas las cosas que él hizo, tiene ciencia de voz (1), que es la soledad sonora que decimos conocer el alma aquí (2) que es el testimonio que de Dios todas ellas dan en sí. Y por cuanto el alma recibe esta sonora música, no sin soledad y ajenación de todas las cosas exteriores, la llama la música callada y la so- ledad sonora. La cual dice que es su Amado, y más La cena que recrea y enamora.
28. La cena a los Amados hace recreación, hartura y amor. Y porque estas tres cosas causa el Amado al alma (3) en esta sua- ve comunicación, le llama ella aquí la cena que recrea y enamora. Es de saber que en la Escritura Divina este nombre cena se en- tiende por la visión divina; porque así como la cena es remate del trabajo del día y principio del descanso de la noche, asi esta noticia que habernos dicho sosegada le hace sentir al alma cierto fin de males y posesión de bienes, en que se enamora de Dios más de lo que antes estaba; y por eso le es él a ella la cena que recrea en serle fin de los males; y la enamora, en serle a ella posesión de todos los bienes.
CANCION XV CANCION XV Nuestro lecho florido De cuevas de leones enlazado, En púrpura tendido (4) De paz edificado, De mil escudos de oro coronado.
DECLARACION 1. En las dos canciones pasadas ha cantado la Esposa las gracias y grandezas de su Amado, y en ésta canta el feliz y 1 Lch.: necesidad de voz.
2 Aquí. Adición del Santo, que copian también G, V, Vd. y Br.
3 Decía la copia: "Y porque esta causa." El Santo deja la frase como se lee en el texto. G, V, Vd., Br., Gr. y 8.654 trasladan la frase como el Santo. Md.: Y porque esfo causa el Amado al alma. Casi igual leen Lch., Bz. y Bj.
4 Véase la nota tercera de la página 9. Lo mismo ocurre aquí, salvo el de Baeza, que lee: De púrpura tendido.
80 i INTICO ESPÍRITU "vL alto estado en que se ve puesta y la seguridad de él, g las ri- quezas de dones y virtudes con que se ve dotada y arreada (1) en el tálamo de la unión de su Esposo; porque dice estar ya ella en uno con el Amado, y tener las virtudes fuertes, y la caridad en perfección y paz cumplida, y toda ella enriquecida y hermoseada con dones y hermosura, según se puede en esta vida poseer y gozar. Y así dice: Nuestro lecho florido.
2. Este lecho florido es el pecho y amor del Amado, en que el alma, hecha esposa, está "fja unida; el cual está ya flo- rido para ella por razón de la unión y junta que está ya he- cha entre los dos, mediante la cual se le comunican a ella las virtudes, gracias y dones del Amado. Con los cuales está ella tan hermoseada y rica y llena de deleites, que la parece estar en un lecho de variedad de suaves flores que con su toque deleitan y con su olor recrean; por lo cual llama ella a esta unión de amor lecho florido. Así le llama la Esposa en los Cantares, di- ciendo al Esposo: Lectulus noster floridus (2). Esto es: Nues- tro lecho florido. Y llámale nuestro, porque unas mismas vir- tudes y un mismo amor, conviene saber, del Amado, son ya de entrambos, y un mismo deleite el de entrambos, según aque- llo que dice el Espíritu Santo en los Proverbios, es a saber: Mis deleites son con los hijos de los hombres (3). Llámale tam- bién florido, porque en este estado están ya las virtudes en el alma perfectas (4) y puestas en ejercicio de obras perfectas y heroicas, lo cual aun no había podido ser hasta que el le- cho estuviese florido en perfecta unión con Dios. Y por eso dice.
De cuevas de leones enlazado.
3. Por la fortaleza y acrimonia del león campara aquí a las virtudes que ya posee el alma en este estado a las cuevas de los leones, las cuales están muy seguras y amparadas de 1 Lch.: adornada.
2 Cant.. I, 15.
3 Prov.. VIII. 31.
4 G, V. Vd. y Br.: preferidas en vez de perfectas.
CANCION XV 81 todos los demás animales; porque temiendo ( 1 ) ellos la forta- leza y osadía del león que está dentro, no sólo no se atreven a entrar, mas ni aun junto a ella osan parar (2). Así cada una de las virtudes, cuando ya las posee el alma en perfección, es como una cueva de león, en la cual mora y asiste el Esposo, fuerte como león, unido con el alma en aquella virtud y en cada una de las demás virtudes; y la misma alma unida con él en esas mismas virtudes está como un fuerte león, porque allí recibe las propiedades del Amado. Y en este caso está el alma tan amparada y fuerte en cada virtud, y con todas ellas juntas en esta unión de Dios, que es el lecho florido, que no sólo el demonio no se atreve a acometer a la tal alma, mas ni aun osa parecer delante de ella por el gran temor que ha de ella (3), viéndola tan engrandecida y osada con las virtudes perfectas en el lecho del Amado; porque estando ella unida con Dios en transformación de amor, tanto la teme (4) como al mismo Dios, y no la osa ni aun mirar: teme mucho el de- monio al alma que tiene perfección.
4. Está este lecho del alma enlazado de estas virtudes, porque en este estado de tal manera están trabadas entre sí y fortalecidas unas con otras y unidas en una acabada per- fección del alma, que no queda parte, no sólo para que el de- monio pueda entrar, más también está amparada para que nin- guna cosa del mundo, alta ni baja, la pueda inquietar ni mo- lestar ni mover; porque estando ya libre de toda molestia de las pasiones naturales y ajena y desnuda de la tormenta y va- riedad de las cosas temporales, goza en seguro (5) de la parti- cipación de Dios. Esto es lo que deseaba la Esposa en los Can- tares, diciendo; Quis det te mihi fratrem meum sugentem ubera matris meae, ut inveniam te soLum foris, et deosculer te, et iam 1 Teniendo, trasladó la copia y el Santo la corrige. V y Br. son los únicos que copian teniendo.
2 Gr.: mas ni junto a ella pasar.
3 V. Vd., G y Br. suprime las palabras: por el gran temor que ha de ella.
4 Lch. traslada: totalmente por fanfo la teme.
5 Md.: como en seguro.
82 CANTICO ESPIRITUAL me nemo despiciat? (1). Quiere decir: ¿Quién te me diese, hermano mío, que mamases los pechos de mi madre, de manera que te ha- lle yo solo afuera, y te bese yo a ti, y no me desprecie ya na- die? Este beso es la unión de que vamos hablando, en la cual (2) se iguala el alma con Dios por amor. Que por esoj desea ella diciendo que quién le dará al Amado que sea su hermano, lo cual significa y hace igualdad (3); y que mame él los pechos de su madre, que es consumirle todas las im- perfecciones y apetitos de su naturaleza que tiene de su ma- dre Eva; y le halle solo afuera, esto es, se una con él solo, afuera de todas las cosas, desnuda según la voluntad y ape- tito de todas ellas; y así no la despreciará nadie, es a saber, no se le atreverá ni mundo, ni carne, ni el demonio; porque estando el alma libre y purgada de todas estas cosas y unida con Dios, ninguna de ellas la puede enojar. De aquí es que el alma goza ya en este estado de una ordinaria suavidad y tran- quilidad que nunca se le pierde, ni le falta.
5. Pero allende de esta ordinaria satisfacción y paz, de tal manera suelen abrirse en el alma y darle olor de sí las flores de virtudes de este huerto que decimos, que le parece al alma, y así es, estar llena de deleites de Dios. Y dije (4) que suelen abrirse las flores de virtudes que están en el alma, porque aunque el alma esté llena de virtudes en perfección, no siempre las está en acto gozando el alma (aunque, como he dicho, de la paz y tranquilidad que le causan sí goza ordi- nariamente), porque podemos decir que están en el alma en (esta vida como flores en cogollo, cerradas en el huerto, las cuales algunas veces es cosa admirable ver abrirse todas, cau- sándolo el Espíritu Santo, y dar de sí admirable olor y fragan- cia en mucha variedad. Porque acaecerá que vea el alma en sí las flores de las montañas que arriba dijimos, que son la abundancia y grandeza y hermosura de Dios; y en éstas entrete- 1 Cant., VIII. 1.
2 Md. añade: En cierta manera...3 Md.: lo cual significa y hace cierta manera de igualdad.
4 Dice, se leía en el Códice antes de la enmienda del Santo. Lo mismo leen los códices, Br. y Md. — G: digo. Bj.: dice.
CANCION XV 83 jidos los lirios de los valles nemorosos, que son descanso, re- frigerio y amparo; y luego allí entrepuestas las rosas olo- rosas de las ínsulas extrañas, que decíamos ser las extrañas no- ticias de Dios; y también embestirla el olor de las azucenas de los ríos sonorosos, que deciamos era la grandeza de Dios que hinche toda el alma; y entretejido allí y enlazado el delicado olor del jazmín del silbo de los aires amorosos, de que también dijimos gozaba el alma en este estado; y, ni más ni menos, todas las otras virtudes y dones que decíamos del conocimiento sosegado y la callada música y soledad sonora y la sabrosa y amorosa cena. Y es de tal manera el gozar y sen- tir estas flores juntas algunas veces el alma, que puede con harta verdad decir: Nuestro lecho florido, — De cuevas de leo- nes enlazado. Dichosa el alma que en esta vida mereciere gustar alguna vez el olor de estas flores divinas. Y dice que este lecho está también En púrpura tendido (1) 6. Por la púrpura es denotada la caridad en la Divina Escritura, y de ella se visten y sirven los reyes. Dice eí alma que este lecho florido está tendido en púrpura, porque todas las virtudes, riquezas y bienes de él su sustentan y florecen y se gozan sólo en la caridad y amor del Rey del cielo, sin el cual amor no podría el alma gozar de este lecho y de sus flores. Y así todas estas virtudes están en el alma como tendidas en amor de Dios, como en sujeto en que bien se conservan, y están corno bañadas en amor, porque todas y cada una de ellas están siempre enamorando al alma de Dios, y en todas las cosas y obras se mueven con amor a más amor. Eso es es- tar en púrpura tendido. Y dice, que también está De paz edificado.
7. Cada una de las virtudes de suyo es pacífica, mansa y fuerte, y, por el consiguiente, en el alma que las posee hacen 1 Md., Br., G, V y Vd.: teñido. Por acomodarlas al verso, se modifican tam- bién estas mismas palabras en el comentario en estas ediciones y códices.
84 CANTICO ESPIRITUAL estos tres efectos, conviene a saber: paz, mansedumbre y for- taleza. Y porque este lecho está florido, compuesto de flores de virtudes, como habernos dicho, y todas ellas son pacíficas, mansas y fuertes, de aquí es que está de paz edificado, y el alma pacífica, mansa y fuerte, que son tres propiedades donde no puede combatir guerra alguna, ni de mundo, ni de domonio, ni de carne. Y tienen las virtudes al alma tan pacífica y segura, que la parece estar toda ella edificada de paz. Y dice más, que está también este lecho De mil escudos de oro coronado.
8. A las virtudes y dones del alma llama escudos, de los cuales dice que está coronado el lecho del deleite del alma; porque no sólo las virtudes y dones sirven al que las ganó de corona y premio, mas también de defensa, como fuertes es- cudos, contra los vicios que con ellas venció; y por eso está el lecho florido coronado de ellas en premio y defendido como con amparo de escudo. Y dice que son de oro, para denotar el valor grande de las virtudes; son las virtudes corona y de- fensa. Esto mismo dijo en los Cantares la Esposa por otras palabras diciendo: En lectulum Salomonis sexaginta fortes am- biunt ex jortissimis Israel, uniuscujusque ensis super fémur suum propter ümores nocturnos (1). Que quiere decir: Mirad que se- senta fuertes cercan el lecho de Salomón; la espada de cada uno sobre su muslo por los temores de las noches (2).
CANCION XVI A zaga de tu huella Las jóvenes discurren al camino, Al toque de centella, Al adobado vino, Emisiones de bálsamo divino.
1 Mille clypei pendent ex ea, omnis armatura fortium. Este texto pone en nota marginal el Santo. En la segunda redacción del Cántico lo glosa también, aunque no lo pone en latín.
2 Cant. III, 7.— La edición de Madrid omite la traducción del texto, asi como Bz., Gr., Lch., 8.654 y Bujalance.
CANCION XVI 85 DECLARACION 1. En esta canción alaba la Esposa al Amado de tres mer- cedes que de él reciben las almas devotas, con las cuales se ani- man más y levantan a amor de Dios; las cuales por experimen- tarlas ella en este estado, hace aquí de ellas mención. La pri- mera dice que es la suavidad que de sí les da, la cual es tan eficaz que las hace caminar muy apriesa al camino de la per- fección. La segunda es una visita de amor con que súbitamente las inflama en amor. La tercera es abundancia de caridad que en ellas infunde, con que de tal manera las embriaga que las hace levantar el espíritu, asi con esta embriaguez, como con la visita de amor, a enviar alabanzas a Dios y afectos sabrosos de amor, y así dice: A zaga de tu huella.
2. La huella es rastro de aquel cuya es la huella, por la cual se va rastreando y buscando el que la hizo. La suavidad y noticia que da Dios de sí al alma que le busca, es rastro y huella por donde se va conociendo y buscando Dios (1). Por eso dice aquí el alma al Verbo su Esposo: A zaga de tu huella, esto es, tras el rastro de suavidad que de ti les imprimes e in» fundes y olor que de ti derramas.
Las jóvenes discurren al camino.
3. Es a saber, las almas devotas con fuerza de juven- tud, recibidas de la suavidad de tu huella, discurren, esto es, corren por muchas partes y de muchas maneras (que eso quiere decir discurrir), cada una por la parte y suerte que Dios la da de espíritu y estado, con muchas diferencias de ejercicios y obras espirituales, al camino de la vida eterna, que es la per- fección evangélica, por la cual encuentran con el Amado en unión de amor después de la desnudez de espíritu y de todas las cosas. Esta suavidad y rastro que Dios deja de sí en el alma, grandemente la aligera y hace correr tras de él; porque entonces 1 Asi Barraraeda. G. V, Vd. y Br.— Bz., Lch.. Gr., 8.654. Bj. y Md.: buscando a Dios.
86 CANTICO ESPIRITUAL el alma muy poco o nada es lo que trabaja de su parte para andar este camino; antes es movida y atraída de esta divi- na huella de Dios, no sólo a que salga, sino a que corra de muchas maneras, como habernos dicho, al camino. Que por eso la Esposa en los Cantares pidió al Esposo esta divina atrac- ción, diciendo: Trahe me: post te curremus in odorem unguertr torum tuorum (1). Esto es: Atráeme tras de ti, y correremos al olor de tus ungüentos. Y después que le dió este divino olor, dice: In odorem unguentorum tuorum currimus: adolescentulae dilexerunt te nimis. Quiere decir: Al olor de tus ungüentos co- rremos; las jóvenes te amaron mucho (2). Y David dice: El camino de tus mandamientos corrí cuando dilataste mi corazón (3).
Al toque de centella, Al adobado vino, Emisiones de bálsamo divino.
4. En los dos versillos primeros habernos declarado que las almas a zaga de la huella discurren al camino con ejerci- cios y obras exteriores, y ahora en estos tres versillos da a entender el alma el ejercicio que interiormente estas almas hacen con la voluntad, movidas por otras dos mercedes y visitas inte- riores que el Amado les hace, a las cuales llama aquí toque de centella y adobado vino; y al ejercicio interior de la voluntad que resulta y se causa de estas dos visitas, llama emisiones de bálsamo divino. Cuanto a lo primero, es de saber que este toque de centella que aquí dice, es un toque sutilísimo que el Amado hace al alma a veces, aun cuando ella está más descuidada, de manera que la enciende el corazón en fuego de amor, que no parece sino una centella de fuego que saltó y la abrasó; y enton- ces con gran presteza, como quien de súbito recuerda, encién- dese la voluntad en amar y desear y alabar y agradecer y reve- 1 Can., I, 3.
1 Can., I, 3.
2 La edición de Madrid hace aqui varios arreglos: "Y después que le dió este divino olor, por la infusión o efusión dél en su alma, dice poco antes: Ideo adolescen- tulae dilexerunt te. curremus in odorem unguentorum tuorum. Por eso las jóvenes te amaron, y piden con ansias las lleves tras ti para que corran en tu seguimiento."
3 Ps. CXV1II, 32.
CANCION XVI 87 rendar y estimar y rogar a Dios con sabor de amor; a las cua- les cosas llama emisiones de bálsamo divino, que responden al toque de centella, salidas del divino amor que pegó la cen» tella, que es el balsamo divino, que conforta y sana al alma con su olor y sustancia.
5. De este divino toque dice la Esposa en los Cantares de esta manera: Dilectus meas misit manum suam per forametn, et venter meus intremuit ad tactutn ejus. Quiere decir: Mi Amado puso su mano por la manera, y mi vientre se estremeció a su to- camiento (1). El tocamiento del Amado es el toque de amor que aquí decimos que hace al alma; la mano es la merced que en ello le hace; la manera por donde entró esta mano, es la manera y) modo y grado de perfección que tiene el alma; por- que al modo de eso suele ser el toque en más o en menos, y en una manera o en otra de cualidad espiritual del alma. El vientre suyo que dice se estremeció, es la voluntad en que se hace el dicho toque; y el estremecerse, es levantarse en ella los ape- titos y afectos a Dios de desear, amar y alabar, y los demás que habernos dicho, que son las emisiones de bálsamo que de ese toque redundan, según decíamos.
Al adobado vino.