i Col.. III, H.
CANCION XXII 113 CANCION XXII En solo aquel cabello Que en mi cuello volar consideraste, Mirástele en mi cuello, Y en él preso quedaste, Y en uno de mis ojos te llagaste.
DECLARACION í. Tres cosas quiere decir el alma en esta canción. La primera, es dar a entender que aquel amor en que están asidas las virtudes no es otro sino solo el amor fuerte, porque, a la verdad, tal ha de ser para conservarlas. La segunda, dice que Dios se prendó mucho de este su cabello de amor, viéndolo solo y fuerte. La tercera, dice que estrechamente se enamoró Dios de ella, viendo la pureza y entereza de su fe. Y dice así: En solo aquel cabello Que en mi cuello volar consideraste.
2. El cuello significa la fortaleza, en la cual dice que volaba el cabello del amor, en que están entretejidas las vir- tudes, que es amor en fortaleza; porque no basta que sea solo para conservar las virtudes, sino que también sea fuerte, para que ningún vicio contrario le pueda por ningún lado de la guirnalda de la perfección quebrar. Porque por tal orden están asidas en este cabello del amor del alma las virtudes, que si en alguna quebrase, luego, como habernos dicho, faltarían to- das; porque las virtudes así como donde está una están todas, ansí también donde una falta faltan todas. Y dice que volaba en el cuello, porque en la fortaleza del alma, que es el cuello del alma, vuela este amor a Dios con gran fortaleza y ligereza, sin detenerse en cosa alguna; y así como en el cuello el aire me- nea y hace volar al cabello, así también el aire del Espíritu Santo mueve y altera al amor fuerte para que haga vuelos a Dios; porque sin este divino viento, que mueve las potencias 8 114 CANTICO ESPIRITUAL a ejercicio de amor divino, no obran ni hacen sus efectos las virtudes (1), aunque las haya en el alma. Y en decir que el Amado consideró en el cuello volar este cabello, da a entender cuánto ama Dios el amor fuerte; porque considerar es mi- rar muy particularmente con atención y estimación de aquello que se mira, y el amor fuerte hace mucho a Dios volver los ojos a mirarle. Y así se sigue (2): Mirástele en mi cuello.
3. Lo cual dice para dar a entender el alma que no sólo preció y estimó Dios este su amor (3), sino que también le amó, viéndole fuerte; porque mirar Dios (4) es amar Dios, así como el considerar Dios, es, como habernos dicho, estimar lo que considera (5). Y vuelve a repetir en este verso el cue- llo, diciendo del cabello: Mirástele en mi cuello, porque, como está dicho, ésa es la causa porque le amó mucho, es a saber, verle en fortaleza, y así es como si dijera: Amástele vién- dole (6) fuerte sin pusilanimidad y temor, y solo sin otro amor, y volar con ligereza y fervor. De donde se sigue, que Y en él preso quedaste.
4. i Oh, cosa digna de toda acepción (7) y gozo, quedar Dios preso en un cabello! La causa de esta prisión tan pre- ciosa es el pararse él a mirar, que es, como habernos di- cho, amar él nuestro bajo ser; porque si él, por su gran misericordia, no nos mirara y amara primero, como dice San Juan (8), y se abajara, ninguna presa hiciera en él el vuelo del 1 Bz., 8.654, Gr., Lch., Bj. y Md.: no obran las virtudes.
2 Bz., 8.654, Gr., Lch., Bj. y Md., modifican así estas lineas: "Y en decir que el Amado consideró en el cuello volar este cabello, da a entender cuánto ama Dios el amor fuerte y ligero en obrar; porque considerar es mirar con atención y estimación muy particularmente. El amor fuerte hace mucho reparar a Dios." Al margen el San- to: (Cu)ando [esta] flaco (el) amor (no) le mira (a) el cuello.
3 Bz., 8.654, Gr. y Md.: su amor fuerte.
4 Bz., 8.654, Bj., Gr., Lch. y Md.: porque el mirar de Dios.
5 Bz., 8.654, Gr., Lch., Bj. y Md.: "Así como el considerar de Dios es estimar el valor que hay en las cosas y notarle."
6 Viéndole. Adición del Santo, que suple un descuido del Códice de Barrameda, en que no incurren los demás.
7 Br.: acción.
8 San Pablo, decía la copia. Alguien tacha la palabra Pablo, y la sustituye por Juan. San Pablo se lee también en Br. y en los Mss.
CANCION XXII 115 cabello (1) de nuestro amor bajo, porque no tenía tan alto vuelo que llegase a prender a esta divina Ave de las alturas; mas porque ella se abajó a mirarnos g a provocar nuestro vuelo g levantarle, dando valor a nuestro amor, por eso él mismo se prendó del cabello en el vuelo, esto es, él mismo se pagó g se agradó, y por eso se prendó; g eso quiere decir: Mi- rástele en mi cuello, — Y en él preso quedaste. Y así cosa creí- ble es que el ave de bajo vuelo prenda al águila re; 1 muy su- bida, si ella se viene a lo bajo, queriendo ser presa.
Y en uno de mis ojos te llagaste.
5. Entiéndese aquí por el ojo la fe, g dice uno solo g que en él se llagó, porque si la fe y fidelidad del alma para con Dios no fuese sola, sino que estuviese mezclada con otro algún respecto o cumplimiento, no llegaría a efecto de llagar a Dios de amor, y así solo un ojo ha de ser en que se llaga, como también un solo cabello en que se prenda el Amado. Y es tan estrecho el amor con que el Esposo se prenda de la Esposa en esta fidelidad única que ve en ella, que si en el ca- bello del amor de ella se prendaba, en el ojo de su fe aprieta con tan estrecho nudo la prisión, que le hace llaga de amor, por la gran ternura del afecto con que está aficionado a ella, lo cual es entrarla más en su amor (2).
6. Esto mismo del cabello g del ojo dice el Esposo en los Cantares hablando con la Esposa, diciendo: Llagaste mi corazón, hermana mía, llagaste mi corazón en uno de tus ojos y en un cabello de tu cuello (3). En lo cual dos veces repite haberle llagado el corazón, es a saber, en el ojo g en el ca- bello. Y por eso el alma en la dicha canción hace relación de estas dos cosas, como agradeciendo al Amado g regraciando tan gran merced, y también para gozarse ella y deleitarse en haber sido tan dichosa que haya caído en gracia a su Amado, 2 Lo cual es entrarla más en su amor. Nota marginal del Santo, que no copian los Mss.
3 Cant.. IV. 9.
116 CANTICO ESPIRITUAL y así lo atribuye ella todo a él en la canción siguiente, di- ciendo: CANCION XXIII Cuando tú me mirabas, Su gracia en mí tus ojos imprimían (1); Por eso me adamabas, Y en eso merecían Los míos adorar lo que en ti vían.
DECLARACION DECLARACION 1, Es propiedad del amor perfecto no querer admitir ni tomar nada para sí, ni atribuirse a si na'da sino todo al Amado; que esto aun en los amores bajos lo hay, cuanto más en el de Dios donde tanto obliga la razón. Y por tanto, porque en las dos canciones pasadas parece se atribuía a sí alguna cosa la Esposa, tal como decir que haría ella juntamente con el Es- poso las guirnaldas, y que se tejerían con el cabello de ella (2), lo cual es obra no de poco momento y estima; y después decir y gloriarse que el Esposo se había prendado en su cabello y llagado en su ojo, en lo cual también parece atribuirse a sí misma gran merecimiento, quiere ahora en la presente canción declarar su intención y deshacer el engaño que en esto se puede entender, con cuidado y temor no se le atribuya (3) a ella algún valor y merecimiento, y por eso se le atribuya a Dios menos de lo que se le debe y ella desea. Atribuyéndolo todo a él y regraciándoselo juntamente, le dice que la causa de prendarse él del cabello de su amor y llagarse del ojo de su fe, fué por haber él hecho la merced de mirarla con amor, en lo cual la hizo graciosa y agradable a sí mismo; y que por 1 Véase la nota primera de la página 1 1. Aquí, por el contrario, casi todos leen Su gracia...excepto Md., Lch., G y V.
2 Había escrito el copista con su cabello. El Santo enmienda la frase, que sólo G copia.
3 La de Br. salta de esta palabra a la igual de la siguiente frase.
CANCION xxm 117 esa gracia (1) y valor que de él recibió, mereció (2) su amor, y tener valor ella en sí para adorar agradablemente a su Amado y hacer obras dignas de su gracia (3) y amor. Sigúese el verso Cuando tú me mirabas.
2. Es a saber, con afecto de amor, porque ya dijimos que el mirar de Dios aquí es amar.
Su gracia en mí tus ojos imprimían (4).
3. Por los ojos del Esposo entiende aquí su Divinidad misericordiosa, la cual inclinándose al alma con misericordia imprime e infunde en ella su amor y gracia, con que la her- mosea y levanta tanto, que la hace consorte de la misma Di- vinidad. Y dice el alma viendo la dignidad y alteza en que Dios la ha puesto.
Por eso me adamabas.
4. Adamar es amar mucho, es más que amar simplemente, es como amar duplicadamente, esto es, por dos títulos o cau- sas. Y así en este verso da a entender el alma los dos motivos y causas del amor que él tiene a ella; por los cuales no sólo la amaba prendado en su cabello, mas que la adamaba lla- gado en su ojo. Y la causa porque él la adamó de esta manera tan estrecha, dice ella en este verso que era porque él quiso con mirarla darla gracia para agradarse de ella, dándole el amor de su cabello, y formándole con su caridad la fe de su ojo. Y así dice: Por eso me adamabas. Porque poner Dios en el alma su gracia, es hacerla digna y capaz de su amor; y así es tanto como decir: porque habías puesto en mí tu gracia, que eran pren- das dignas de tu amor, por eso me adamabas, esto es, por eso me dabas más gracia. Esto es lo que dice San Juan, que dat 1 Br.: grandeza.
2 Br.: credo.
3 Br.: grandeza.
4 Véase la nota de la página anterior. Aquí Md. lee Su gracia. Solo G, Lch., V y Vd. trasladan Tu gracia.
118 CANTICO ESPIRITUAL gratiam pro gratia (1). Que quiere decir: Da gracia por la gracia que ha dado, que es dar más gracia; porque sin su gracia no se puede merecer su gracia.
5. Es de notar para inteligencia de esto, que Dios así como no ama cosa fuera de sí (2), así a ninguna cosa ama más bajamente que a sí (3), porque todo lo ama por sí, y el amor tiene la razón del fin; y así no ama las cosas por lo que ellas son en sí. De donde amar Dios al alma, es meterla en cierta manera en sí mismo, igualándola consigo, y así ama al alma en sí consigo con el mismo amor que él se ama; y por eso en cada obra merece el alma amor de Dios, porque puesta en esta gracia y alteza, merece al mismo Dios en cada obra. Y por eso se sigue en estotro verso: Y en eso merecían.
6. En ese favor y gracia que los ojos de tu misericordia me hicieron de levantarme a tu amor, tuvieron valor y mere- cieron.
Los míos adorar lo que en ti vían.
7. Es tanto como decir: las potencias de mi alma, Espo- so mío, merecieron levantarse a mirarte, que antes con la mi- seria de su baja obra y caudal estaban caídas y bajas, porque poder mirar el alma a Dios, es hacer obras en gracia de Dios; y ya merecían los ojos del alma en el adorar, porque adoraban en gracia de su Dios (4); adoraban lo que ya en él veían, alumbrados y levantados con su gracia y favor, lo cual antes no veían por su ceguera y bajeza. ¿Qué era, pues, lo que ya veían? Veían grandeza de virtudes, abundancia de sua- vidad, bondad inmensa, amor y misericordia en él, beneficios innumerables que de él había recibido, ahora estando en gra- cia, ahora cuando no lo estaba; todo esto merecían ya adorar con merecimiento los ojos del alma, porque ya estaban gra- 1 Joan.. I. 16.
2 Md. añade: que Dios así como no ama cosa fuera de sí sino es por sí.
3 Bz. y Bj. añaden aqui: esto es, con menor amor que a sí...4 Br.: grandeza de Dios.
CANCION XXIV 119 ciosos, lo cual antes no sólo no merecían adorarlo ni verlo, pero ni aun considerarlo, porque es grande (1) la rudeza y ceguera del alma que está sin gracia.
CANCION XXIV No quieras despreciarme, Que si color moreno en mí hallaste, Ya bien puedes mirarme Después que me miraste. Que gracia y hermosura en mí dejaste.
DECLARACION (2).
1. Animándose ya la Esposa y preciándose a sí misma en las prendas y precio que de su Amado tiene, viendo que por ser cosas de él, aunque ella de suyo sea de bajo precio y no merezca alguna estima, merece ser estimada por ellas, atrévese a su Amado y dícele que ya no la quiera tener en poco, ni des- preciarla, porque si antes merecía esto por la fealdad (3) de su culpa y bajeza de su naturaleza, que ya, después que él la miró la primera vez en que la arreó con su gracia y vistió de su hermosura, que bien la puede ya mirar la segunda y más veces, aumentándole la gracia y hermosura, pues hay ya razón y causa bastante para ello en haberla mirado cuando no lo merecía ni tenía partes para ello No quieras despreciarme.
2. Como si dijera: pues así es lo dicho, no quieras te- nerme ya en poco.
Que si color moreno en mí hallaste.
3. Que si antes que me miraras, hallaste en mí fealdad de culpas e imperfecciones y bajeza de condición natural, 1 Br.: porque es grandeza de.
2 A excepción del G. V, Vd. y Br., los demás manuscritos y la edición de Ma- drid introducen tantas modificaciones en ésta y en la siguiente estrofa, que las publi- caremos en los Apéndices, según la nota de la página 14.
120 CANTICO ESPIRITUAL Ya bien puedes mirarme, Después que me miraste.
4. Después que me miraste, quitando de mí ese color moreno y desgraciado con que no estaba de ver, ya "bien puedes mirarme más veces; porque no sólo me quitaste el color mo^ reno mirándome la primera vez, pero también me hiciste más digna de ver, pues que con tu vista de amor Gracia y hermosura en mí dejaste.
5. Mucho se agrada Dios en el alma a quien ha dado su gracia, porque en ella mora bien agradado (lo cual no hacía antes que se la diese), y ella está con él engrandecida y honrada; y por eso es amada de él inefablemente, y la va él comunicando siempre en todos los afectos (1) y obras de ella (2) más amor; porque el alma que está subida en amor y honrada acerca de Dios, siempre va alcanzando más amor y honra de Dios, según dice por San Juan, como habernos dicho: Dat graüam pro gratia (3). Y así lo da a entender Dios hablan- do con su amigo Jacob por Isaías, diciendo: Ex quo honora- bilis factus es in oculis meis, et gloriosas, ego dilexi te (4). Que quiere decir: Después que en mis ojos eres hecho honrado y glorioso, yo te he amado; lo cual es tanto como decir: después que mis ojos te dieron gracia mirándote la primera vez, por la cual te hiciste honrado y glorioso en mi presencia, has merecido más gracia de mercedes mías. Esto da a entender la Esposa a las hijas de Jerusalén en los divinos Cantares, di- ciendo: Nigra sunt sed formosa filiae Jerusalem, ideo dilexit me rex ct introduxit me in cubiculum suurn (5). Que quiere decir: Morena soy, hijas de Jerusalén, pero soy hermosa; por tanto me ha amado el Rey y metido en lo interior de su lecho. Lo cual es tanto como si dijera: hijas de Jerusalén, no os maravilléis por- 1 Effectos decía la copia y trasladan G, V, Vd. y Br. La enmienda es del Santo.
2 Sobre esta palabra puso el Santo: más amor, que G, V, Vd. y Br. no trasladan.
3 1, 16.
4 XLIII, 4.
5 1.4.
CANCION XXIV 121 que el Rey celestial me haya hecho tan grandes mercedes en meterme en lo interior de su lecho, porque aunque soy morena de mío, por lo cual no las merecía, ya soy hecha hermosa de él, por haberme él mirado, y por eso me ha amado (1).
6. Bien puedes ya, Dios mío, mirar y preciar mucho al alma que ya una vez miraste, pues con tu vista primera la de- jaste prendas con que ya no una sola vez sino muchas me- rece ser vista de tus divinos ojos; porque como se dice en, el libro de Ester: Hot honor e condignus est quemcumque rex voluerit honorare (2).
CñNCION XXV (3).
Coged nos las raposas, Que está ya florecida nuestra viña, En tanto que de rosas Hacemos una pifia, Y no parezca nadie en la montiña.
DECLARACION 1. Viendo la Esposa las virtudes de su alma puestas ya en el punto de su perfección, en que esta ya gozando el deleite y suavidad y fragancia de ellas, asi como se goza la vista y olor de las plantas cuando están bien florecidas, de- seando ella continuar esta suavidad y que no haya cosa que pueda impedírsela, pide en esta canción a los ángeles y minis- tros de Dios que entiendan en apartar de ella todas aquellas cosas que pueden derribar y ajar (4) la dicha flor y fragancia de sus virtudes, como son todas las turbaciones, tentaciones, desasosiegos, apetitos, si algunos quedan (5), imaginaciones y otros movimientos naturales y espirituales, que aquí pone nom- 1 Omni habenti dabitut. Nota marginal del Santo, 2 VI, 11.
3 Véase la nota segunda de la página 1 19.
5 Si algunos quedan. Nota interlineal del Santo, que no recogen G, V, Vd. ni Br.
122 CANTICO ESPIRITUAL bre de raposas, que suelen impedir al alma la flor de la paz y quietud y suavidad interior, al tiempo que más a su sabor la está gozando el alma en sus virtudes junto con su Amado; por- que suele el alma a veces ver en su espíritu todas las virtudes que Dios la ha dado (obrando él en ella esta luz), y ella en- tonces con admirable deleite y sabor de amor las junti todas y las ofrece al Amado como una piña de flores (1) (estando más c[recido?] el amforj se hac[e] más [¿grande?] piña) (2), en lo cual recibiéndolas el Amado entonces, como a la verdad las recibe, recibe en ello gran servicio; porque el alma se ofrece juntamente con las virtudes, que es el mayor servicio que ella le puede hacer; y así es uno de los mayores deleites que en el trato con Dios suele recibir éste que recibe en esta manera de don que al Amado hace. Y así, deseando ella que no le impida cosa este deleite interior que es la viña florida, desea le quiten no sólo las cosas dichas, mas que también haya gran soledad de todas las cosas, de manera que en todas las potencias y ape- titos interiores y exteriores no haya forma ni imagen ni otra cosa que parezca y se represente delante del alma y del Ama- do, que en soledad y unión de entrambos están haciendo y gozando esta piña.
Coged nos las raposas. Que está ya tlorecida nuestra viña.
2. La viña es el plantel que está en el alma de todas las virtudes que dan al alma vino de dulce sabor. Esta viña del al- ma está florida cuando según la voluntad está unida con el Es- poso y en el mismo Esposo está gozando y deleitándose en todas esas virtudes juntas; y a este tiempu suelen algunas veces acudir a la memoria y fantasía muchas y varias formas e imaginaciones, y en la parte sensitiva muchos y varios movi- mientos y apetitos, que, como habernos dicho, con su mucha sutileza ij viveza molestan y desquietan al alma de la sua- 2 Estando más c¡recido?] el <jm¡or] se /i¿ic[e| mas [grande?] piña. Adición del Santo.
CANCION XXV 123 vidad y quietud interior de que goza. Y allende de esto, los de- monios, que tienen mucha envidia de la paz y recogimiento inte- rior, suelen ingerir en el espíritu horrores y turbaciones y temo- res; a todas las cuales cosas llama aquí raposas, porque así como las ligeras y astutas raposillas con sus sutiles saltos suelen derribar y estragar la flor de las viñas al tiempo que están floridas, así los astutos y maliciosos demonios con estas turbaciones y movimientos ya dichos, saltando, turban la devo- ción de las almas santas.
3. Esto mismo pide la Esposa en los Cantares, diciendo: Capite nobis vulpes párvulas, quae demoliuntur vineas: nam vinea riostra floruit (1). Que quiere decir: Cazadnos las raposas pequeñuelas que estragan las viñas, porque nuestra viña está florida. Y no sólo por eso quiere aquí el alma que se las cacen, sino también porque haya lugar para lo que dice en los dos versos siguientes. Es a saber (2): En tanto que de rosas Hacemos una piña.
4. Porque a esta sazón que el alma está gozando la flor de esta viña y deleitándose en el pecho de su Amado, acaece así que las virtudes del alma se ponen todas en pronto y claro, como habernos dicho, y en su punto, mostrándose al alma y dándole de sí gran suavidad y deleite; las cuales siente el alma estar en sí misma y en Dios, de manera que la parecen ser una viña muy florida y agradable de ella y de él, en que ambos se apacientan y deleitan, y entonces el alma junta todas estas vir- tudes, haciendo actos muy sabrosos de amor en cada una de ellas y en todas juntas, y así juntas las ofrece ella al Amado con gran ternura de amor \\ suavidad; a lo cual la ayuda el mismo Amado, porque sin su favor y ayuda no podría ella hacer esta junta y oferta de virtudes a su Amado, que por eso dice hacemos una piña, es a saber, el Amado y yo.
5. Y llama piña a esta junta de virtudes, porque así como 1 II. 15.
2 Por qué dice la flor de la viña y no el fruto. Nota marginal del Santo.
124 CANTICO ESPIRITUAL la piña es una pieza fuerte, y en sí contiene muchas piezas fuertes y fuertemente abrazadas, que son los piñones; así esta piña de virtudes que hace el alma para su Amado es una sola pieza de perfección del alma, la cual fuerte y ordenadamen- te abraza y contiene en sí muchas perfecciones y virtudes muy fuertes y dones muy ricos, porque todas las perfecciones y virtudes y dones se ordenan y convienen en una sólida perfec- ción del alma; la cual, en tanto que está haciéndose por el ejercicio de las virtudes, y, ya hecha, se está ofreciendo de parte del alma al Amado en el espíritu de amor que vamos diciendo, conviene que se cacen las dichas raposas porque no im-. pidan la tal comunicación interior de los dos. Y no sólo pide esto la Esposa en esta canción para poder hacer bien la piña, mas también quiere lo que se sigue en el verso siguiente. Es a saber: Y no parezca nadie en la montiña.
6. Porque para este divino ejercicio interior es también necesaria soledad y ajenación de todas las cosas que se podrían ofrecer al alma, ahora de parte de la porción inferior que es la sensitiva del hombre, ahora de parte de la porción superior que es la razonal, las cuales dos porciones son en que se en- cierra toda la armonía de potencias y sentidos de todo el hom- bre, a la cual armonía llama aqui montiña, y dice que en ésta no parezca nadie, es a saber, ningún objeto perteneciente a alguna de estas potencias o sentidos que habernos dicho; y así es como si dijera: en todas las potencias espirituales, como son entendi- miento, memoria y voluntad, no haya otras consideraciones ni otros afectos ni otras digresiones; y en todos los sentidos y potencias corporales, como son imaginativa y fantasía, y los cin- co sentidos exteriores no haya otras formas, imágenes o figuras de algunos objetos y operaciones naturales.
7. Esto dice aquí el alma por cuanto en esta sazón de comunicación con Dios conviene que todos los sentidos, así interio- res como exteriores, estén desocupados y vacíos, porque en tal caso cuanto ellas más se ponen en obra, tanto más estorban; CANCION XXV 125 CANCION XXV 125 porque en llegando el alma a la unión interior de Dios, ya no obran en esto las potencias espirituales, y menos las corpora- les, por cuanto está ya hecha la obra de unión de amor, y, así, acabaron de obrar, porque llegado al término cesan todas las operaciones de los medios (1), Y así lo que el alma entonces hace en el Amado es estar en ejercicio sabroso (2) de lo que ya está en ella hecho, que es amar en continuación de unión de amor. No parezca, pues, nadie en la montiña; sola la vo- luntad esté asistiendo en entrega de sí y de todas las virtudes al Amado en la dicha manera.
CANCION XXVI Detente, Cierzo muerto, Ven, Austro, que recuerdas los amores, Aspira por mi huerto, Y corran sus olores, Y pacerá (3) el Amado entre las flores.
DECLARACION 1. Allende de lo dicho, podría también la sequedad de es- píritu ser causa de apagar en el alma Esposa el jugo y suavi- dad interior de que arriba ha hablado, y temiendo (4) ella esto, hace dos cosas en esta canción. La primera es, cerrar la puerta a la sequedad espiritual, teniendo cuidado en no des- cuidarse en la devoción, para dejarla entrar. La segunda cosa que hace, es invocar al Espíritu Santo, sustentándose en oración, para que (5) no sólo por ella se detenga afuera la sequedad, mas también sea causa para que se aumente por ella la devoción, y ponga el alma las virtudes en ejercicio (6) interior, todo a fin de que su Amado se goce y deleite más en ellas.
1 Medios. Esta palabra es del Santo, y en su lugar borra me Dios, que se leía en la copia.
2 Sabroso. Adición del Santo, que no copian G, V, Vd. ni Br.
4 Gr., V, Vd. y Br.: teniendo. También el Códice de Barrameda lee teniendo, aunque hubo intento de arreglo en el sentido de los otros códices.
5 B). pasa de esta palabra a la igual de la línea siguiente.
6 Bz., Bj., G, V, Vd. y Br.: ejecución.
126 C^NTiCO ES "MI 'C.'L Detente, Cierzo muerto.
2. El cierzo es un viente frío y s¿:o, y marchita (1) las flores; y porque la sequedad espiritual (2) hace ese mismo efecto en el alma donde mora, la llama cierzo, y muerto, porque apaga y mata la suavidad y jugo espiritual; por el efecto que hace, la llama cierzo muerto. Y deseando la Esposa conservarse en la suavidad de su amor, dice a la sequedad que se detenga, lo cual se ha de entender, que este dicho es cuidado de hacer obras que la detengan, conservando y guardando el alma de las oca» siones.
Ven, Austro, que recuerdas los amores.
3. El austro es otro viento, que vulgarmente (3) se llama ábrego; éste es aire apacible, causa lluvias, y hace germinar las yerbas y plantas (4), y abrir las flores, y derramar su olor; tiene los efectos contrarios a cierzo. Y así, por este aire entiende aquí el alma al Espíritu Santo, el cual dice que re- cuerda los amores; porque cuando este divino aire embiste en el alma, de tal manera la inflama toda y regala y aviva y re- cuerda la voluntad y levanta los apetitos, que antes estaban caídos y dormidos, al amor de Dios, que se puede bien decir, que recuerda los amores del y de ella (5).
Aspira por mi huerto.
4. Ya habernos dicho que el alma de la Esposa es la viña florecida en virtudes, y ahora la llama aquí también huerto (6), donde están plantadas las flores de perfecciones y virtudes que habernos dicho. Yes aquí de notar, que no dice la Esposa aspira en mi huerto, sino aspira por mi huerto; porque es mucha la diferen- 1 G, V, Vd. y Md.: es un viento frío, y seca y marchita. Lch.: que seca y mar- chita.
2 Al margen dice el Santo: La causa desr[a] sequeda[d] es no poder ya [el?] alma c[on] sus pote[n]cias ha{s]ta que la[s] muev[e] el am[a]do pun[i]endola[s] en ejre[r]ci- cio actual.
3 Bz., 8.654 y Md.: que en vulgar lengua.
4 Gr., Lch., Bj., Bz., 8.654 y Md. omiten: y plantas.
5 Del y della. Adición del Santo, que no copian los Mss.
6 Gr., Bz., Lch., Bj., 8.654 y Md. añaden a esta frase las palabras: la esposa.
CANCION XXVI 127