SigPhi · Juan de la Cruz

Cantico Espiritual (completo)

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3. Estas tres propiedades da bien a entender la Esposa que tenía ella cuando buscaba a su Esposo en los Cantares, di- ciendo: Busquéle y no le hallé. Pero halláronme los que ro- dean (2) la ciudad, y llagáronme, y las guardas de los muros me quitaron mi manto (3). Porque los que rodean la ciudad son los tratos del mundo, cuando hallan al alma que busca a Dios hácenle muchas llagas de dolores (4), penas y disgustos, porque no solamente en ellos no halla lo que quiere, sino antes se lo impiden. Y los que defienden el muro de la contemplación, para que el alma no entre en ella, que son los demonios y ne- gociaciones del mundo, quitan el manto de la paz y quietud de la amorosa contemplación, de todo lo cual el alma enamo- rada de Dios recibe mil desabrimientos y enojos; de los cua- les, viendo que en tanto que está en esta vida sin ver a su Dios, no puede librarse (5) en poco o en mucho de ellos, pro- sigue los ruegos con su Amado, y dice la siguiente canción: CANCION X Apaga mis enojos, Pues que ninguno basta a deshacellos, Y véante mis ojos, Pues eres lumbre de ellos, Y sólo para ti quiero tenellos.

1 Joan., XX, 15.

2 Bz. y Sg.: rondaban.

3 V. 6 y 7.

i Jaén: Hagas, penas, dolores y disgustos.

5 S: no puede aliviarse.

16 242 CANTICO ESPIRITUAL DECLARACION 4. Prosigue, pues, en la presente canción pidiendo al Ama- do quiera ya poner término a sus ansias y penas, pues no hay otro que baste sino solo él para hacerlo, y que sea de manera que le puedan ver los ojos de su alma, pues solo él es la luz en que ellos miran, y ella no los quiere emplear en otra cosa sino solo en él, diciendo (1): Apaga mis enojos.

5. Tiene, pues, esta propiedad la concupiscencia del amor (2), como queda dicho, que todo lo que no hace o dice y conviene con aquello que ama la voluntad, la cansa, fatiga y enoja y la pone desabrida, no viendo cumplirse lo que ella quiere; y a esto y a las fatigas que tiene por ver a Dios llama "áquí eno- jos, los cuales ninguna cosa basta para deshacerlos sino la posesión del Amado. Por lo cual dice que los apague él con su presencia, refrigerándolos todos, como hace el agua fresca al que está fatigado del calor, que por eso usa aquí de este vocablo apaga, para dar a entender que ella está padeciendo con fuego de amor.

Pues que ninguno basta a deshacellos.

6. Para mover y persuadir más el alma a que cumpla su petición el Amado dice, que pues otro ninguno sino él basta a satisfacer su necesidad, que sea él el que apague sus enojos. Donde es de notar que entonces está Dios bien presto para con- solar al alma y satisfacer en sus necesidades y penas, cuan- do ella no tiene ni pretende otra satisfacción y consuelo fuera de él; y así el alma que no tiene cosa que la entretenga fuera de Dios, no puede estar mucho sin visitación del Amado.

Y véante mis ojos.

1 Ej., G y Sg.: emplear en otra cosa, y asi dice.

2 Ej., G y Sg.: del alma.

CANCION X 243 7. Esto es, véate yo cara a cara (1) con los ojos de mi alma.

Pues eres lumbre de ellos.

8. Demás de que Dios es lumbre sobrenatural de los ojos del alma, sin la cual está en tinieblas, llámale ella aquí por afición lumbre de sus ojos, al modo que el amante suele llamar al que ama lumbre de sus ojos, para mostrar la afi- ción que le tiene. Y así es como si dijera en los dos versos sobredichos: pues los ojos de mi alma no tienen otra lumbre, ni por naturaleza ni por amor sino a ti, véante mis ojos, pues de todas maneras eres lumbre de ellos. Esta lumbre echaba menos David cuando con lástima decía: La lumbre de mis ojos, ésa no está conmigo (2). Y Tobías cuando dijo: ¿Qué gozo podrá ser el mío, pues estoy sentado en las tinieblas y no veo la lumbre del cielo? (3). En la cual deseaba la clara vi- sión de Dios, porque la lumbre del cielo es el Hijo de Dios, según dice San Juan, diciendo: La ciudad celestial no tiene nece- sidad de sol ni de luna que luzcan en ella, porque la claridad de Dios la alumbra, y la lucerna de elk es el Cordero (4).

Y sólo para ti quiero tenellos.

9. En lo cual quiere el alma obligar al Esposo a que la deje ver esta lumbre de sus ojos, no sólo porque no tenien- do otra estará en tinieblas, sino también porque no los quie- re tener para otra alguna cosa que para él (5). Porque así co- mo justamente es privada de esta divina luz el alma que quiere poner los ojos de su voluntad en otra su lumbre de propie- dad (6) de alguna cosa fuera de Dios, por cuanto en ello ocu- pa la vista para recibir la lumbre de Dios; así también con- 1 A. Esto es: véante mis ojos cara a cara.

2 Ps.XXXVII.il.

3 V, 12.

4 XXI. 23.

5 A: que parece en vez de para él.

6 G: prosperidad.

244 CANTICO ESPIRITUAL gruamente (1) merece que se le dé al alma que a todas las cosas cierra los dichos sus ojos (2), para abrirlos sólo a su Dios.

ANOTACION PARA LA CANCION SIGUIENTE 1. Pero es de saber que no puede el amoroso esposo de las almas verlas penar mucho tiempo a solas, como a ésta de que vamos tratando; porque, como él dice por Zacarías, sus penas y quejas le tocan a él en las niñetas de sus ojos (3); mayormente cuando las penas de las tales almas son por su amor como las de ésta. Que por eso dice también por Isaías diciendo: Antes que ellos clamen yo oiré; aun estando con la palabra en la boca, los oiré (4). El Sabio dice de él. que si le buscare el alma como al dinero le hallará (5). Y así, a esta alma enamorada que con más codicia que al dinero le busca, pues todas las cosas tiene dejadas y a sí misma por él, parece que a estos ruegos tan encendidos le hizo Dios al- guna presencia de sí espiritual, en la cual le mostró algunos profundos visos de su divinidad y hermosura, con que la au- mentó mucho más el deseo de verle y fervor (6). Porque así como suelen echar agua en la fragua para que se encienda y afervore más el fuego, así el Señor suele hacer con algunas de estas almas, que andan con estas calmas de amor (7), dándoles algunas muestras de su excelencia para afervorarlas (8) más, y así irlas más disponiendo para las mercedes que les quiere hacer después. Y así como el alma echó de ver y sintió por aquella presencia oscura aquel sumo bien y hermosura encu* bierta allí, muriendo en deseo (9) por verla, dice la canción que se sigue (10).

2 G y Sg.: cierra la puerta y sus ojos.

3 11, 8.— A, B, Bz. y Sg.: niñas de los ojos.

4 LXV, 24.

5 Prov., II, 4.

6 Sg.: favor y deseo de verle.

7 Ej.: ansias de amor.

8 G, Ej. y Sg.: aficionarlas.

9 Sg.: corriendo de deseo.

10 G y Ej. abrevian: y hermosura encubierta, dice así.

CANCION XI 245 CANCION XI Descubre tu presencia, Y máteme tu vista y hermosura; Mira que la dolencia De amor que no se cura Sino con la presencia y la figura.

DECLARACION 2. Deseando, pues, el alma verse poseída ya de este gran Dios, de cuyo amor se siente robado y llagado el corazón, no pudiéndolo ya sufrir, pide en esta canción determinadamente le descubra y muestre su hermosura, que es su divina esencia, y que la mate con esta vista, desatándola de la carne (pues en ella no puede verle y gozarle como desea), poniéndole por delante la dolencia y ansia de su corazón, en que persevera penando por su amor, sin poder tener remedio con menos que esta gloriosa vista de su divina esencia. Sigúese el verso: Descubre tu presencia.

3. Para declaración de esto, es de saber que tres maneras de presencias puede haber de Dios en el alma. La primera es esencial, y de esta manera no sólo está en las más buenas y santas almas, pero también en las malas y pecadoras y en todas las demás criaturas; porque con esta presencia les da vida y ser, y si esta presencia esencial les faltase, todas se aniquilarían y dejarían de ser, y ésta nunca falta en el alma. La segunda presencia es por gracia, en la cual mora Dios en el alma agradado y satisfecho de ella; y esta presencia no la tienen todas, porque las que caen en pecado mortal (1) la pierden, y ésta no puede el alma saber naturalmente si la tiene (2). La 1 A, Av., B y Jaén: en pecado, solamente.

2 Sg. modifica así estas líneas: "y si ésta faltase, todas se aniquilarían, y asi esta presencia esencial que queda dicho nunca falta del alma. La segunda presencia es espiritual por gracia, en la cual mora Dios agradado y satisfecho de ella. Y esta presencia no la tienen todas las almas, porque las que nacen en pecado mortal la 246 CANTICO ESPIRITUAL tercera (1) es por afición espiritual, porque en muchas almas devotas suele Dios hacer algunas presencias espirituales de mu- chas maneras con que las recrea, deleita y alegra; pero así estas presencias espirituales como las demás, todas son encu- biertas, porque no se muestra Dios en ellas como es, porque no lo sufre la condición (2) de esta vida; y así de cualquiera de ellas se puede entender el verso susodicho, es a saber: Des- cubre tu presencia.

4. Que por cuanto está cierto que Dios está siempre pre- sente en el alma, a lo menos según la primera manera, no dice el alma que se haga presente a ella, sino que esta presencia encubierta que él hace en ella, ahora sea natural, ahora espi- ritual, ahora afectiva, que se la descubra y manifieste de ma- nera que pueda verle en su divino ser y hermosura. Pprque así como con su presente ser da ser natural al alma y con su pre- , senté gracia la perfecciona, que también la glorifique con su manifiesta gloria. Pero por cuanto esta alma anda en fervores y aficiones de amor de Dios, habernos de entender que esta pre- sencia que aquí pide al Amado que le descubra, principalmen- te se entiende de cierta presencia afectiva que de sí hizo el Amado al alma; la cual fué tan alta que le pareció al alma y sintió estar allí un inmenso ser encubierto (3), del cual le comunica Dios ciertos visos entreoscuros de su divina hermo- sura; y hacen tal efecto en el alma, que la hace codiciar y desfallecer en deseo de aquello que siente encubierto allí en aquella presencia, que es conforme a aquello que sentía David cuando dijo: Codicia y desfallece mi alma en las entradas del Señor (4). Porque a este tiempo desfallece el alma con deseo de engolfarse en aquel sumo bien que siente presente y encubier- to; porque aunque está encubierto, muy notablemente siente el bien y deleite que allí hay. Y por eso con más fuerza es atraida pierden, que ésta no puede el alma naturalmente saber si la tienen." G y Ej. traen estas lineas igual, con alguna leve diferencia.

1 Ej., G y Seg.: la tercera presencia.

3 G salta de esta palabra a otra igual que viene más abajo.

4 Ps. LXXXIII, l.

CANCION XI 247 el alma y arrebatada de este bien que ninguna cosa natural de su centro; y con esa codicia y entrañable apetito, no pudiendo más contenerse (1) el alma, dice: Descubre tu presencia.

5. Lo mismo le acaeció a Moisés en el monte Sinaí, que estando allí en la presencia de Dios, tan altos y profundos vi- sos de la alteza y hermosura de la divinidad de Dios encubierta echaba de ver, que no pudiendo sufrirlo (2), por dos veces le rogó le descubriese su gloria diciendo a Dios: Tú dices que me conoces por mi propio nombre, y que he hallado gracia delante de ti; pues luego si he hallado gracia en tu presencia, muéstra- trame tu rostro (3) para que te conozca y halle delante de tus ojos la gracia cumplida que deseo (4); lo cual es llegar al perfecto amor de la gloria de Dios. Pero respondióle el Señor, diciendo: No podrás tú ver mi rostro, porque no me vera hombre y vivirá (5). Que es como si dijera: dificultosa cosa me pides, Moisés; porque es tanta la hermosura de mi cara y el deleite de la vista de mi ser, que no la podrá sufrir tu alma en esa suerte de vida tan flaca. Y así, sabedora el alma de esta verdad, ahora por las palabras que Dios aquí respondió a Moi^ sés, ahora también por lo que habernos dicho que siente aquí encubierto en la presencia de Dios, que no lo podrá ver en su hermosura en este género de vida, porque aun de sólo traslu- círsele desfallece, como habernos dicho, previene ella a la respuesta que se le puede dar, como a Moisés, y dice: Y máteme tu vista y hermosura.

6. Que es como si dijera: pues tanto es el deleite de la vista de tu ser y hermosura que no la puede sufrir mi alma, sino que tengo de morir en viéndola (6), Máteme tu vista y hermosura.

1 Av.: detenerse. A y B: contentar el alma.

2 Ej. y G:...y profundos visos de la alteza y dignidad de Dios echaba de ver, que no pudiéndolo sufrir...Sg. lee casi igual. Por dignidad traslada divinidad.

3 Av.: fu gloria.

4 Exod.. XXXIII, 13.

5 Ibid., 20.

6 Av.: no la podrá ver mi alma sin morir viéndola.

248 CANTICO ESPIRITUAL 7. Dos vistas se sabe que matan al hombre, por no poder sufrir la fuerza y eficacia de la vista. La una es la del basilisco, de cuya vista se dice mueren luego. Otra es la vista de Dios, pero son muy diferentes las causas; porque la una vista mata con gran ponzoña, y la otra con inmensa salud y bien de glo- ria. Por lo cual no hace mucho aquí el alma en querer morir a vista de la hermosura de Dios para gozarla para siempre; pues que si el alma tuviese un solo barrunto de la alteza y her- mosura de Dios, no sólo una muerte apetecería por verla ya para siempre, como aquí desea, pero mil acerbísimas muertes pasaría muy alegre por verla un solo momento, y después de haberla visto pediría padecer otras tantas por verla otro tanto (1).

8. Para más declaración de este verso, es de saber que aquí el alma habla condicionalmente cuando dice que la mate su vista y hermosura, supuesto que no puede verla sin morir; que si sin eso pudiera ser, no pidiera que la matara. Porque querer morir es imperfección natural; pero supuesto que no puede estar esta vida corruptible de hombre con la otra vida inmarcesible (2) de Dios, dice: Máteme, etc.

9. Esta doctrina da a entender San Pablo a los de Corin- to, diciendo: No queremos ser despojados, mas queremos ser sobrevestidos, porque lo que es mortal sea absorto de la vi- da (3). Que es decir: no deseamos ser despojados de la carne, mas ser sobrevestidos de gloria. Pero viendo él que no se puede vivir en gloria y en carne mortal juntamente, como decimos, dice a los Filipenses que desea ser desatado y verse con Cris- to (4). Pero hay aquí una duda, y es: ¿por qué los hijos de Israel antiguamente huían y temían de ver, a Dios por no morir, como dijo Manué a su mujer (5), y esta alma a la vista de Dios desea morir? A lo cual se responde que por dos 1 Ej. y Sg.: por tornarla a ver otro momento. G: por tornarla a ver otro tanto.

2 A. B y Bz.: inaccesible. Bg.: incorruptible.

3 II ad Cor., V. 4.

4 1.23.

5 Judie, XIII, 22.— Bg. añade: Manué es nombre propio de su padre de Sansón.

CANCION XI 249 causas. La una, porque en aquel tiempo, aunque muriesen en gracia de Dios, no le habían de ver hasta que viniese Cristo, y mucho mejor les era vivir en carne aumentando los merecimien- tos y gozando la vida natural que estar en el limbo sin me- recer y padeciendo tinieblas y espiritual ausencia de Dios; por lo cual tenían entonces por gran merced de Dios y beneficio suyo vivir muchos años.

10. La segunda causa es de parte del amor, porque como aquéllos no estaban tan fortalecidos en amor, ni tan llegados a Dios por amor, temían morir a su vista; pero ahora ya en la ley de gracia, que en muriendo el cuerpo puede ver el alma a Dios, más sano es querer vivir poco y morir por verle (1). Y ya que esto no fuera, amando el alma a Dios, como ésta le ama, no temiera morir a su vista; porque el amor verdadero todo lo que le viene de parte del Amado, ahora sea adverso, ahora prós- pero, y los mismos castigos, como sea cosa que él quiera ha- cer, los recibe con la misma igualdad y de una manera, y le hace gozo y deleite; porque, como dice San Juan: La perfecta caridad echa fuera todo temor (2). No le puede ser al alma que ama amarga la muerte, pues en ella halla todas sus dulzuras y "de- leites de amor. No le puede ser triste su memoria, pues en ella halla junta la alegría; ni le puede ser pesada y penosa, pues es el remate de todas sus pesadumbres y penas y principio de todo su bien; tiénela por amiga y esposa, y con su memoria se goza como en el día de su desposorio y bodas, y más desea aquel día y aquella hora en que ha de venir su muerte (5) que los reyes de la tierra desearon los reinos y principados (4). Porque de esta suerte de muerte dice el Sabio (5): ¡Oh, muerte! Bueno es tu juicio para el hombre que se siente necesitado (6). La cual, si para el hombre que se siente necesitado de las cosas de acá 1 A: "el alma a Dios por amor: digo es más sano querer vivir poco, y, por ver- le, morir."

2 I Joan.. IV, 18.

3 A: en qae ha de vivir su muerte.

4 Ej., G y Sg.: primados.

5 Av.: porque de esta suerte dice el Sabio.

6 Eccli., XLI, 3.

250 CANTICO ESPIRITUAL es buena, no habiendo de suplirle sus necesidades, sino antes despojarle de lo que tenía, ¿cuánto mejor será su juicio para el alma que está necesitada de amor com<o ésta, que está clar mando por más amor, pues que no sólo no la despojará de lo que tenía, sino antes le será causa del cumplimiento de amor que deseaba y satisfacción de todas sus necesidades? Razón tie- ne, pues, el alma en atreverse a decir sin temor: Máteme tu vista y hermosura; pues que sabe que en aquel mismo punto que la vie- se sería ella arrebatada a la misma hermosura, y absorta en la misma hermosura, y transformada en la misma hermosura, y ser ella hermosa como la misma hermosura, y abastada y enri- quecida como la misma hermosura (1). Que por eso dice David, que la muerte de los Santos es preciosa en la presencia del Señor (2). Lo cual no sería si no participasen sus mismas gran- dezas, porque delante de Dios no hay nada precioso sino lo que él es en sí mismo; por eso el alma no teme morir cuando ama, antes lo desea. Pero el pecador siempre teme morir, porque barrunta que la muerte todos los bienes le ha de quitar y to- dos los males le ha de dar; porque, como dice David, la muerte de los pecadores es pésima (3). Y por eso, como dice el Sabio, les es amarga su memoria (4); porque como aman mucho la vida de este siglo y poco la del otro, temen mucho la muerte. Pero el alma que ama a Dios, más vive en la otra vida que en ésta; porque más vive el alma donde ama que donde anima, y así tiene en poco esta vida temporal; por eso dice: Má- teme tu vista, etc.

Mira que la dolencia De amor que no se cura, Sino con la presencia y la figura.

11. La causa por qué la enfermedad de amor no tiene otra cura sino la presencia y figura del Amado, como aquí dice, es 1 Ej. v G abrevian asi estas lineas: 'sena ella arrebatada y absorta en ¡a misma hermosura, y transformada en ella y ser ella como la misma hermosura.'' También en las iineas siguientes hay alguna ligera vanante que no afecta al sentido.

2 Ps. CXV. 15.

3 Ps. XXXIII, 22. i Eccli., XLI. 1.

CANCION XI 251 porque la dolencia de amor, así como es diferente de las demás enfermedades, su medicina es también diferente; porque en las demás enfermedades, para seguir buena filosofía, cúranse con- trarios con contrarios, mas el amor no se cura sino con cosas conformes al amor. La razón es, porque la salud del alma es el amor de Dios, y así cuando no tiene cumplido amor, no tiene cumplida salud, y por eso está enferma; porque la enfer- medad no es otra cosa sino falta de salud, de manera que cuan- do ningún grado de amor tiene el alma, está muerta; mas cuando tiene algún grado de amor de Dios, por mínimo que sea (1), ya está viva, pero está muy debilitada y enferma por el poco amor (2) que tiene; pero cuanto más amor se le fuere aumen- tando, más salud tendrá, y cuando tuviere perfecto amor, sera su salud cumplida.

12. Donde es de saber que el amor nunca llega a estar perfecto hasta que emparejan tan en uno los amantes, que se transfiguran el uno en el otro, y entonces está el amor todo sano. Y porque aquí él alma se siente con cierto dibujo de amor, que es la dolencia que aquí dice, deseando que se acabe de figurar con la figura cuyo es el dibujo, que es su Esposo el Verbo, Hijo de Dios, el cual, como dice San Pablo, es resplan- dor de su gloria y figura de su sustancia (3), porque esta figura es la que aquí entiende el alma, en que se desea trans> figurar por amor, dice: Mira que la dolencia — De amor que no se cura, — Sino con la presencia y la figura.

15. Bien se llama dolencia el amor no perfecto, porque así como el enfermo está debilitado para obrar, así el alma que está flaca en amor lo está también para obrar las virtudes heroicas (4).

14. También se puede aquí entender que el que siente en sí dolencia de amor, esto es, falta de amor, es señal que tiene algún amor, porque por lo que tiene echa de ver lo que 1q 1 S: mas cuando tiene alguno, por mínimo que sea.

2 S: amor de Dios.

3 Hebr.. I, 3.

4 Bg.: en amor no está también en amar las virtudes heroicas.

252 CANTICO ESPIRITUAL falta; pero el que no la siente, es señal que no tiene ninguno o que está perfecto en él.

ANOTACION PARA LA CANCION SIGUIENTE 1. En esta sazón, sintiéndose el alma con tanta vehemencia de ir a Dios, como la piedra cuando se va más llegando a su centro, y sintiéndose también estar como la cera que comenzó a recibir la impresión del sello y no se acabó de figurar; y demás de esto, conociendo que está como la imagen de la pri- mera mano y dibujo, clamando al que la dibujó para que la acabe de pintar y formar, teniendo aquí la fe tan ilustrada, que la hace visear (1) unos divinos semblantes muy claros de la alteza de su Dios, no sabe qué se hacer sino volverse a la misma fe, como la que en sí encierra y encubre la figura y hermosura de su Amado, de la cual ella también recibe los dichos dibujos y prendas de amor, y hablando con ella dice la siguiente can- ción: CANCION XII ¡Oh, cristalina fuente, Si en esos tus semblantes plateados Formases de repente Los ojos deseados, Que tengo en mis entrañas dibujados!

DECLARACION 2. Como con tanto deseo desea el alma la unión del Esposo, y ve que no halla medio ni remedio alguno en todas las cria- turas, vuélvese a hablar con la fe, como la que más al vivo le ha de dar de su Amado luz (2), tomándola por medio para esto; porque, a la verdad, no hay otro por donde se venga a la verdadera (3) unión y desposorio espiritual con Dios, según por 1 Av. y G: buscar. Bg.: divisar.

2 Ej., G y Sg.: le ha de decir de su Amado.

3 Ej., G y Sg.: perfecta.

CANCION XII 253 Oseas lo da a entender diciendo: Yo te desposaré conmigo en fe (1); y con el deseo (2) en que arde, le dice lo siguiente, que es el sentido de la canción: ¡Oh, fe de mi Esposo Cristo! ¡si las verdades que has infundido (3) de mi Amado en mi al- ma, encubiertas con oscuridad y tiniebla (porque la fe, como dicen los teólogos, es hábito oscuro), las manifestases ya con claridad, de manera que lo que me comunicas en noticias infor- mes y oscuras lo mostrases y descubrieses en un momento, apar- tándote de esas verdades (porque ella es cubierta y velo (4) de las verdades de Dios), formada y acabadamente volvién- dolas en manifestación de gloria! Dice, pues, el verso: ¡Oh, cristalina fuente!