SigPhi · Juan de la Cruz

Cantico Espiritual (completo)

Page 36 of 48

2 G. Ej. y Sg.: y querer saber.

3 Ej., G y Sg.: ahora interiormente con la voluntad...4 Sg.: transformada en tu hermosura, siendo semejantes en hermosura, nos veamos en tu hermosura, teniendo tu misma hermosura. En general, en este párrafo hay mucha variedad, por pasarse de una palabra a otra igual los copistas. El juego de palabras y de frases se presta a ello, de no tener mucho cuidado.

5 G y Ej. omiten las líneas siguientes hasta la frase: "ésta es la adopción [G y Ej. dicen adición] de los hijos de Dios.*' S abrevia: absorta en ella.

400 CANTICO ESPIRITUAL en tu hermosura, y yo me veré en ti en tu hermosura, y tú te verás en mí en tu hermosura; y así parezca yo tú en tu hermosura, y parezcas tú yo en tu hermosura, y mi hermosura sea tu hermosu- ra, y tu hermosura mi hermosura; y así seré yo tú en tu hermosu- ra, y serás tú yo en tu hermosura (1); porque tu misma hermosu- ra será mi hermosura, y así nos veremos el uno al otro en tu hermosura. Esta es la adopción de los hijos de Dios, que de veras dirán a Dios lo que su mismo Hijo dijo por San Juan al Eterno Padre: Todas mis cosas son tuyas y tus cosas son mías (2); él por esencia, por ser Hijo natural, y nosotros por participación por ser hijos adoptivos. Y así lo dijo él no sólo por sí, que es la cabeza, sino por todo su cuerpo místico, que es la Iglesia. La cual participará la misma hermosura del Esposo en el día de su triunfo, que será cuando vea a Dios cara a cara, que por eso pide aquí el alma que se vayan a ver ella y el Esposo en su hermosura.

Al monte, y al collado.

6. Esto es, a la noticia matutina (3) y esencial de Dios, que es conocimiento en el Verbo divino (4); el cual por su alteza es aquí significado por el monte, como dice Isaías, provocando a que conozcan al Hijo de Dios, diciendo: Venid, subamos al monte del Señor (5). Otra vez. Estará aparejado el monte de la casa del Señor (6). Y al collado (7), esto es, a la noticia vespertina de Dios, que es sabiduría de Dios en sus criaturas y obras y ordenaciones admirables; la cual es aquí significada por el collado, por cuanto es más baja sabiduría que la ma- tutina; pero así la vespertina como la matutina pide aquí el alma cuando dice: Al monte, y al collado (8).

1 S: "y mi hermosura sea la tuya, y la tuya la mia: y así seré yo tú en ella, y tú yo en la misma tu hermosura."

2 XVII. 10.

3 Ej. y G: más última.

4 Ej. y G: conocimiento del Verbo divino.

5 II. 3.

6 II, 2. — B y A no traen esta autoridad de la Escritura.

7 Jaén es el único que omite Y al collado.

8 G y Ej. omiten el siguiente párrafo.

CANCION XXXVI 401 7. En decir, pues, el alma al Esposo vámonos a ver en tu hermosura al monte, es decir, transfórmame y aseméjame en la hermosura de la sabiduría divina, que, como decíamos, es el Verbo Hijo de Dios. Y en decir al collado, es pedirle (1) también que la informe en la hermosura de esta otra sabidu- ría (2) menor, que es en sus criaturas y misteriosas obras; lo cual también es hermosura del Hijo de Dios, en que desea el alma ser ilustrada.

8. No puede verse en la hermosura de Dios el alma si no es transformándose en la sabiduría de Dios, en que se ve po- seer lo de arriba y lo de abajo. A este monte y collado de- seaba venir la Esposa cuando dijo: Iré al monte de la mirra y al collado del incienso (3); entendiendo por el monte de la mirra la visión clara de Dios, y por el coll'ado del incienso la noticia en las criaturas, porque la mirra en el monte es de más alta especie que el incienso en el collado.

Do mana el agua pura.

B. Quiere decir: donde se da la noticia y sabiduría de Dios, que aquí llama agua pura, al entendimiento, porque limpia y desnuda de accidentes y fantasías, y clara sin nieblas de ignorancia (4). Este apetito tiene siempre el alma de entender clara y puramente (5) las verdades divinas; y cuanto más ama, más adentro de ellas apetece entrar, y por eso pide lo tercero, diciendo: Entremos más adentro en la espesura.

10. En la espesura de mis maravillosas obras y profun- dos juicios, cuya multitud es tanta y de tantas diferencias, que se puede llamar espesura (6); porque en ellos hay sabiduría 1 A y S: decirle.

2 Sg.: noticia de sabiduría.

3 Cant.. IV, 6.

4 S lee: agua pura, porque limpia y desnuda el entendimiento de accidentes y fantasías, y lo aclara sin nieblas...5 Sg.: clara y distintamente y puramente. Ej. y G: clara y distintamente.

6 G y Ej. pasan de esta palabra a la igual siguiente.

.0 402 CANTICO ESPIRITUAL abundante y tan llena de misterios, que no sólo la podemos llamar espesura, mas aun cuajada, según lo dice David, dicien- do: Mons Dei, mons pingáis, Mons coagulatus (1). Que quie- re decir: El monte de Dios es monte grueso y monte cua- jado. Y esta espesura de sabiduría y ciencia de Dios es tan profunda e inmensa, que aunque más el alma sepa de ella, siempre puede entrar más adentro, por cuanto es inmensa y sus riquezas incomprensibles, según exclama San Pablo diciendo: ¡Olí, alteza de riquezas de sabiduría y ciencia de Dios, cuán incomprensibles son sus juicios e incomprensibles (2) sus vías! (3).

1 1. Pero el alma en esta espesura e incomprensibilidad de juicios y vías desea entrar, porque muere en deseo (4) de entrar en el conocimiento de ellos muy adentro; porque el co- nocer en ellos es deleite inestimable que excede todo sentido. De donde hablando David del sabor de ellos, dijo así: Los juicios del Señor son verdaderos y en sí mismos tienen justicia; son más de- seables (5) y codiciados que el oro y que la preciosa piedra (6) de grande estima; y son dulces sobre la miel y el panal; tan- to, que tu siervo los amó y guardó (7). Y por eso en gran manera desea el alma engolfarse en estos juicios y conocer más adentro en ellos; y a trueque de esto le sería grande consuelo y alegría entrar por todos los aprietos y trabajos del mundo, y por todo aquello que le pudiese (8) ser medio para esto, por dificultoso y penoso que fuese, y por las angustias y trances de la muerte, por verse más adentro en su Dios.

12. De donde también por esta espesura en que aquí el alma desea entrar, se entiende harto propiamente la espesura y multitud de los trabajos y tribulaciones en que desea esta alma 1 Ps. LXVII, 16.

3 Rom., XI, 33 — G y Ej. omiten el texto castellano, y sólo inician el latino.

4 S: porque le mueve el deseo.

5 S: agradables.

6 G y Ej.: son más deseables y codiciosos que el oro y la plata y la piedra pre- ciosa.

7 Ps. XVIII, 10-11.

i Ej., G y Sg. y por todos los tormentos que pudiesen.

CANCION XXXVI 403 entrar, por cuanto le es sabrosísimo y provechosísimo el pade- cer; porque el padecer le es medio para entrar más adentro en la espesura de la deleitable sabiduría de Dios, porque el más puro padecer trae más íntimo y puro entender (1), y por consi- guiente más puro y subido gozar, porque es de más adentro saber. Por tanto, no se contentando con cualquier manera de padecer, dice: Entremos más adentro en la espesura. Es a sa- ber, hasta los aprietos de la muerte, por ver a Dios. De donde deseando el profeta Job este pádecer por ver a Dios, dijo: ¿Quién me dará que mi petición se cumpla, y que Dios me dé lo que espero, y que el que me comenzó ese me desmenu- ce y desate su mano y me acabe y tenga yo esta consolación, que afligiéndome con dolor no me perdone? (2).

13. ¡Oh, si se acabase ya de entender cómo no se puede llegar a la espesura y sabiduría de las riquezas de Dios, que son de muchas maneras, si no es entrando en la espesura del padecer de muchas maneras, poniendo en eso el alma su con- solación y deseo! ¡Y cómo el alma que de veras desea sabi- duría divina, desea primero el padecer para entrar en ella, en la espesura de la cruz! Que por eso San Pablo amonestaba a los de Efeso que no desfalleciesen en las tribulaciones, que es- tuviesen bien fuertes y arraigados en la caridad, para que pu- diesen comprender con todos los Santos qué cosa sea la anchu- ra y la longura y la altura y la profundidad, y para saber tam- bién la supereminente (3) caridad de la ciencia de Cristo, para ser llenos de todo henchimiento de Dios (4). Porque para en- trar en estas riquezas de su sabiduría, la puerta es la cruz, que es angosta. Y desear entrar por ella es (5) de pocos; mas desear los deleites- a que se viene por ella, es de muchos.

1 Sg.: trae más puro e íntimo placer.

2 VI, 8.

4 III, 18.

5 G, Ej. y Sg. añaden: de personas deseosas de padecer y de pocos.

404 CANTICO ESPIRITUAL ANOTACION PARA LA SIGUIENTE CANCION 1. Una de las cosas más principales por qué desea el alma ser desatada y verse con Cristo, es por verle allá cara a cara, y entender allí de raíz las profundas vías y misterios eternos de su Encarnación, que no es la menor parte de su bienaventuranza; porque, como dice el mismo Cristo por San Juan, hablando con el Padre: Esta es la vida eterna, que te conozcan a ti, un solo Dios verdadero, y a tu Hijo Jesucristo, que enviaste (1). Por lo cual, así como cuando una persona ha llegado de lejos lo primero que hace es tratar (2) y ver a quien bien quiere; así el alma lo primero que desea hacer (3), en llegando a la vista de Dios, es conocer y gozar los profundos secretos y misterios de la Encarnación, y las vías antiguas de Dios que de ella dependen. Por tanto, acabando de decir el alma que desea verse en la hermosura de Dios, dice luego esta canción: CANCION XXXVII Y luego a las subidas Cavernas de la piedra (4) nos iremos, Que están bien escondidas, Y allí nos entraremos, Y el mosto de granadas gustaremos.

DECLARACION 2. Una de las causas que más mueven al alma a desear entrar en esta espesura de sabiduría de Dios y conocer muy adentro la hermosura de su sabiduría divina, es, como habe- rnos dicho, por venir a unir su entendimiento en Dios, según la noticia de los misterios de la Encarnación, como más alta y sa- 1 XVII, 3.

2 Sq.\ entrar.

3 Av.: "lo primero que hace ei tratar y ver a quien bien quiere: quiero decir, que lo primero que hace y desea es.

405 brosa sabiduría (1) de todas sus obras. Y así dice la Esposa en esta canción (2), que después de haber entrado más adentro en la sabiduría divina, esto es, más adentro del matrimonio espiritual que ahora posee, que será en la gloria, viendo a Dios cara a cara, unida el alma con esta sabiduría divina, que es el Hijo de Dios, conocerá el alma los subidos misterios de Dios y Hom- bre que están muy subidos en sabiduría, escondidos en Dios, y que en la noticia de ellos se entrarán, engolfándose e infun- diéndose el alma en ellos, y gustarán ella y el Esposo el sabor y deleite que causa el conocimiento de ellos y de las virtudes y atributos de Dios, que por los dichos misterios se conocen en Dios, como son justicia, misericordia, sabiduría, potencia, caridad, etc.

Y luego a las subidas Cavernas de la piedra nos iremos.

3. La piedra que aquí dice, según dice San Pablo, es Cris- to (3): Las subidas cavernas de esta piedra son los subidos y altos y profundos (4) misterios de sabiduría de Dios que hay en Cristo sobre la unión hipostática de la naturaleza huma- na con el Verbo Divino, y en la respondencia (5) que hay a ésta de la unión de los hombres en Dios, y en las conve- niencias de justicia y misericordia de Dios sobre la salud del género humano en manifestación de sus juicios, los cuales, por ser tan altos y profundos, bien propiamente los llama subidas cavernas, subidas (6), por la alteza de los misterios subi- dos (7), y cavernas, por la hondura y profundidad de la sa- biduría de Dios en ellos; porque así como las cavernas son profundas y de muchos senos, así cada misterio de los que hay en Cristo es profundísimo en sabiduría, y tiene muchos senos 1 Ej. y G: como la más alta y soberana.

2 Ej., G y Sg.: en los Cantares.

3 I ad Cor., X, 4.

4 Ej., G y Sg. omiten y profundos.

5 S y algún Ms.: correspondencia.

6 Asi G, Ej. Sg. y S. Los demás suprimen la palabra sabidas.

7 Ej., G, Sg. y S omiten: sabidos.

406 CANTICO ESPIRITUAL de juicios suyos ocultos de predestinación y presciencia en los hijos de los hombres, por lo cual dice luego: Que están bien escondidas.

4. Tanto, que por más misterios y maravillas que han des- cubierto los santos Doctores y entendido las santas almas en este estado de vida, les quedó todo lo más por decir, y aun por entender, y así hiy mucho que ahondar (1) en Cristo, porque es como una abundante mina con muchos senos de tesoros, que por más que ahonden (2), nunca les hallan fin ni término, antes van hallando en cada seno nuevas venas de nuevas riquezas (3) acá y alia, que por eso dijo San Pablo del mismo Cristo, diciendo: En Cristo moran todos los tesoros y sabiduría escondidos (4), en los cuales el alma no puede entrar ni puede llegar a ellos, si, como habernos dicho, no pasa primero por la estrechura (5) del padecer interior y exterior a la divina sabiduría (6). Porque aun a "Jo que en esta vida se puede alcanzar de estos misterios de Cristo, no se puede llegar sin haber padecido mucho y re- cibido muchas mercedes intelectuales y sensitivas de Dios, y habiendo precedido mucho ejercicio espiritual, porque todas es- tas mercedes son más bajas que la sabiduría de los misterios de Cristo, porque todas son como disposiciones para venir a ella. De donde, pidiendo Moisés a Dios que le mostrase su ^gloria, le respondió que no podría verla en esta vida; mas que él le mostraría todo el bien (7), es a saber, que en esta vida se puede. Y fué, que metiéndole en la caverna de la piedra, que como ha- bernos dicho es Cristo, le mostró sus espaldas, que fué darle conocimiento de los misterios de la Humanidad de Cristo.

ó. En estas cavernas, pues, de Cristo, desea entrarse bien de hecho el alma, para absorberse y transformarse y embria- 1 G y Ej.: andar.

2 G y Ej.: que anden.

3 Sg.: muchas nuevas venas de muchas riquezas. G y Ej.: mucha? venas de mu- chas riquezas.

4 Colos.. II, 3.

5 S: espesura.

6 S suprime: a la divina sabiduría.

7 Exod. XXXIH, 20.

CANCION XXXVII 407 garse bien en el amor de la sabiduría de ellos, escondiéndose en el pecho de su Amado; porque a estos agujeros la convida él en los Cantares, diciendo: Levántate y date prisa, amiga mía, hermosa mía, y ven en los agujeros de la piedra, y en la ca- verna de la cerca (1); los cuales agujeros son las cavernas que aquí vamos diciendo, a los cuales dice luego el alma: Y allí nos entraremos.

6. Allí, conviene a saber, en aquellas noticias y misterios divinos nos entraremos (2). Y no dice entraré yo sola, que parecía más conveniente, pues el Esposo no ha menester entrar de nue- vo, sino entraremos, es a saber, yo y el Amado, para dar a entender que esta obra no la hace ella, sino el Esposo con ella; y demás de esto, por cuanto ya están Dios y el alma uñido? en este estado de matrimonio espiritual de que vamos hablando, no hace él alma obra ninguna a solas sin Dios. Y decir allí nos entraremos, es decir allí nos transformaremos, es a sa- ber: yo en ti por el amor de estos dichos juicios divinos y sa- brosos; porque en el conocimiento de la predestinación de los justos y presciencia (3) de los malos, en que previno el Padre a los justos en las bendiciones de su dulzura en su Hijo Jesu- cristo, subidísima y estrechísimamente (4) se transforma el alma en amor de Dios según estas noticias, agradeciendo y amando al Padre de nuevo con grande sabor y deleite por su Hijo Je- sucristo; y esto hace ella unida con Cristo, juntamente con Cristo; y el sabor de esta alabanza es tan delicado, que to- talmente es inefable; pero dícelo el alma en el verso siguiente, diciendo: Y el mosto de granadas gustaremos.

7. Las granadas significan aquí los misterios de Cristo y 1 II, 13.

2 G y Ej.: Es a saber, en aquellos prometimientos divinos y noticias.

3 Sg.: precisa. G y Ej.: y reprobación de los malos.

4 Ej., G y Sg.: Su hijo Jesucristo, y en que reprobó a los malos en maldición y anatema perpetua estrechísima y subidísimamente.

408 CANTICO ESPIRITUAL los juicios de la sabiduría de Dios y las virtudes j atributos de Dios, que del conocimiento'- de estos misterios y juicios se conocen en Dios, que son innumerables. Porque así como las granadas tienen muchos granicos, nacidos y sustentados en aquel seno circular, así cada uno de los atributos y misterios (1) y juicios y virtudes de Dios contiene en si gran multitud de or- denaciones maravillosas y admirables efectos de Dios, contenidos y sustentados en el seno esférico (2) de virtud y misterio, etc., que pertenecen a aquellos tales efectos. Y notamos aquí la fi- gura circular o esférica de la granada, porque cada granada en- tendemos aquí por cualquiera virtud y atributo de Dios, el cual atributo o virtud de Dios es el mismo Dios, el cual es signi- ficado por la figura circular (3) o esférica, porque no tiene princi- pio ni fin. Que por haber en la sabiduría de Dios tan innumera- bles juicios y misterios, dijo la Esposa al Esposo en los Can- tares: Tu vientre es de marfil, distinto en zafiros (4); por los cuales zafiros son significados los dichos misterios y juicios de la divina Sabiduría, que allí es significada por el vientre, porque zafiro es una piedra preciosa de color de cielo cuando está claro y sereno.

8. El mosto, que dice aquí la Esposa que gustaran ella y el Esposo de estas granadas, es la fruición y deleite de amor de Dios, que en la noticia y conocimiento de ellas redunda en el alma. Porque así como de muchos granos de las granadas un solo mosto sale cuando se comen, así de todas estas maravillas y grandezas de Dios en el alma infundidas, redunda en ella una 'fruición y deleite de amor, que es bebida del Espíritu Santo; la cual ella luego ofrece a su Dios el Verbo Esposo suyo con grande ternura de amor; porque esta bebida divina le tenía ella prometida en los Cantares, si la metia (5) en es- tas altas noticias, diciendo: Allí me enseñarás, y darte he yo a 1 No se lee en S esta palabra.

2 Asi A. Av., B, Bz. y S. — Jaén: seno seráfico. Sg.: en el mismo Dios esférico. G y Ej.: en el seno de Dios esférica. Bg.: en el seno de virtud...3 Sg.: figura cervical.

4 V, 14.

5 S: si él la entrara...CANCION XXXVII 409 ti la bebida del vino adobado y el mosto de mis granadas (1): llamándolas suyas, esto es, las divinas noticias, aunque son de Dios, por habérselas él a ella dado. El gozo y fruición de las tales en el vino de amor da ella por bebida a su Dios; y eso quiere decir (2): El mosto de granadas gustaremos. Por- que gustándolo él, lo da a gustar a ella; y gustándolo ella lo vuelve a dar a gustar a él, y así es gusto común de entrambos.

ANOTACION PARA LA CANCION SIGUIENTE 1. En estas dos canciones pasadas ha ido cantando la Es- posa los bienes que le ha de dar el Esposo en aquella felici- dad eterna; conviene a saber, que la ha de transformar de hecho el Esposo en la hermosura de su sabiduría creada e increada. V que allí la transformará también en la hermosura de la unión del Verbo con la humanidad, en que le conocerá ya así por la haz como por las espaldas. Y ahora en la canción siguiente dice dos cosas, la primera dice la manera en que ella ha de gustar aquel divino mosto de los zafiros o granadas (3) que ha di- cho; la segunda trae por delante al Esposo la gloria que le ha de dar de su predestinación. Conviene aquí notar, que aunque estos bienes del alma los va diciendo por partes sucesivamen- te, todos ellos se contienen en una gloria esencial del alma. Dice, pues, así: CANCION XXXVIII Allí me mostrarías (4) Aquello que mi alma pretendía, Y luego me darías (5) Allí tú, vida mía, Aquello que me diste el otro día.

1 Cant., VIII, 2.

2 S abrevia: por habérselas él a ella dado, y ella como propias las vuelve al mismo Dios y eso quiere decir.

3 S: aquel divino mosto de las granadas.

4 Ej., G y Sg.: Allí me mostrarás.

410 CANTICO ESPIRITUAL DECLARACION 2. El fin porque el alma deseaba entrar en aquellas ca- vernas, era por llegar a la consumación de amor de Dios, que ella siempre había pretendido; que es venir a amar a Dios con la pureza y perfección que ella es amada de él, para pagarle en esto la vez. Y así le dice en esta canción al Esposo, que allí le mostrará él esto que tanto ha siempre pretendido en todos sus actos y ejercicios, que es mostrarla a amar al Es- poso con la perfección que él se ama (1). Y lo segundo que dice que allí le dará, es la gloria esencial para que él la pro- destino desde el día de su eternidad. Y asi dice: Allí me mostrarías (2) Aquello, que mi alma pretendía.

5. Esta pretensión del alma es la igualdad de amor con Dios que siempre ella.natural y sobrenaturalmente apetece, por- que el amante no puede estar satisfecho si no siente que ama cuanto es amado. Y como el alma ve que con la transformación que tiene en Dios en esta vida, aunque es inmenso el amor, no puede llegar a igualar con la perfección de amor con que de Dios es amada, desea la clara transformación de gloria, en que llegará a igualar con el dicho amor (3). Porque aunque en este alto estado que aquí tiene ha,y unión verdadera de voluntad, no puede llegar a los quilates y fuerza de amor que en aquella fuerte unión de gloria tendrá; porque así como, según dice San Pablo, conocerá el alma entonces como es conocida de Dios (4), así entonces le amará también como es amada de Dios. Porque así como entonces su entendimiento será entendimiento de Dios, su voluntad será voluntad de Dios, y así su amor será amor de Dios. Porque aunque allí no está perdida la voluntad del alma, es- 1 S: que él la ama.

2 Mostrarás. Ej.. G y Sg.

3 S añade: "en que llegará a igualar con la perfección de amor con que de Dio* es amada: desea la clara transformación de gloria en que llegará a igualar con el di- cho amor."

4 I ad Cor.. XIII. 12.

CANCION XXXVIII 411 ta tan fuertemente unida con la fortaleza de la voluntad de Dios con que de él es amada, que le ama tan fuerte y perfectamente co- mo de él es amada, estando las dos voluntades unidas en una sola voluntad y un solo amor de Dios, y así ama el alma a Dios con voluntad y fuerza del mismo Dios, unida con la misma fuerza de amor con que es amada de Dios; la cual fuerza es en el Espíritu Santo, en el cual está el alma allí transformada; que siendo él dado al alma para la fuerza de este amor, supone y suple en ella, por razón de la tal transformación de gloria, lo que falta en ella. Lo cual, aun en la transformación perfecta de este estado matrimonial a que en esta vida el alma llega, en que está toda revertida (1) en gracia, en alguna manera ama tanto por el Espíritu Santo, que le es dado en la tal transfor- mación.

4. Por tanto, es de notar que no dice aquí el alma que le dará allí su amor, aunque de verdad se lo da (porque en esto no daba a entender sino que Dios la amaría a ella), sino que allí la mostrará cómo le lia de amar ella con la perfección que pretende. Por cuanto él allí le da su amor, en el mismo le muestra a amarle como de él es amada; porque demás de ense- ñar Dios allí a amar al alma pura y libremente sin interese, como él nos ama, la hace amar con la fuerza que él la ama transformándola en su amor, como habernos dicho, en lo cual le da su misma fuerza con que pueda amarle, que es como ponerle el instrumento en las manos y decirle cómo lo ha de hacer, haciéndolo juntamente con ella, lo cual es mostrarle a amar y darle la habilidad para ello. Hasta llegar a esto no está el alma contenta, ni en la otra vida lo estaría, si, como dice Santo Tomás "in opúsculo de Beatitudine», no sintiese que ama a Dios tanto cuanto de él es amada. Y como queda dicho, en este estado de matrimonio espiritual, de que vamos hablando, en esta sazón, aunque no haya aquella perfección de amor glorioso, hay em- pero un vivo viso e imagen de aquella perfección que totalmen- te es inefable (2).

1 Asi Av., Sy. y Jaén. Los demás revestida.

2 Sg. abrevia: aunque no había aquella perfección de amor que totalmente es inefable.

412 CANTICO ESPIRITUAL Y luego me darías (1) Allí tú, vida mía, Aquello que me diste el otro día.

5. Lo que aquí dice el alma que le daría luego, es la glo- ria esencial, que consiste en ver el ser de Dios. De donde, antes que pasemos adelante, conviene desatar aquí una duda, y es: ¿por qué, pues la gloria esencial consiste en ver a Dios y no en amar, dice aquí el alma que su pretensión era este amor, y no lo dice de la gloria esencial, y lo pone al prin- cipio de la canción, y después, como cosa de que menos caso hace, pone la petición de lo que es gloria esencial? Es por dos razones (2): La primera, porque así como él fin de todo es el amor, que se sujeta en la voluntad, cuya propiedad es dar y no recibir; y la propiedad del entendimiento, que es su- jeto de la gloria (3) esencial, es recibir y no dar, estando el alma aquí embriagada del amor, no se le pone por delante la gloria que Dios le ha de dar, sino darse ella a él en entrega de verdadero amor sin algún respeto de su provecho. La se- gunda razón es, porque en la primera pretensión (4) se in- cluye la segunda, y ya queda presupuesta en las precedentes canciones; porque es imposible venir a perfecto amor de Dios sin perfecta visión (5) de Dios. Y así, la fuerza de esta duda se desata en la primera razón; porque con el amor paga el alma a Dios lo que le debe, y con el entendimiento antes recibe de Dios.