SigPhi · Juan de la Cruz

Cantico Espiritual (completo)

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6. Pero viniendo a la declaración, veamos qué día sea aquel otro que aquí dice, y qué es aquel aquello (6) que en él le dió Dios (7), y se lo pide para después en la gloria. Por aquel otro día entiende el día de la eternidad de Dios, que es otro 1 Ej.; darás.

2 G. Ej. y Sg.: cosas.

3 Sg.: que es su objeto la gloria. G y Ej.: cuyo objeto es la gloria.

4 Bg.: cuestión.

5 B y Bg.: unión.

6 G y Sg.: y qué es aquel otro y qué es aquello.

7 Bz.: que el otro día le dió. Av.: que la dió Dios el otro dia.

CANCION XXXVIII 413 que este día temporal; en el cual día de la eternidad predes- tinó Dios al alma para la gloria, y en ése determinó la glo- ria que la había de dar, y se la tuvo dada libremente sin prin- cipio antes que la criara. Y de tal manera es ya aquello de tal alma propio, que ningún caso ni contraste alto ni bajo bastará a quitárselo para siempre, sino que aquello para que Dios la predestinó sin principio, vendrá ella á poseer sin fin. Y esto es aquello que dice le dió el otro día, lo cual desea ella po- seer ya manifiestamente (1) en gloria. ¿Y qué será aquello que allí le dió? Ni ojo lo vió, ni oído lo oijó, ni en corazón de hombre cayo, como dice el Apóstol (2). Y otra vez dice Isaías: Ojo no vió, Señor, fuera de ti, lo que aparejaste, etc. (3). Que por no tener ello nombre, lo dice aquí el alma aquello. Ello en fin, es ver a Dios; pero qué le sea al alma ver a Dios no tiene nombre más que aquello.

7. Pero porque no se deje de decir algo de aquello, di- gamos lo que dijo de ello Cristo a San Juan en el Apoca- lipsi por muchos términos y vocablos y comparaciones (4), en sie- te veces; por no poder ser comprendido aquello en un vo- cablo, ni en una vez, porque aun en todas aquellas se quedó por decir. Dice, pues, allí Cristo: El que venciere darle he a comer del árbol de la vida, que está en el Paraíso de mi Dios (5). Mas porque este término no declara bien aquello, dice luego otro, y es: Sé fiel hasta la muerte, y darte he la corona de la vida (6). Pero porque tampoco este término lo dice, dice luego otro más oscuro y que más lo da a entender di- ciendo: Al que venciere, le daré el maná escondido y darle he un cálculo blanco (7), y en el cálculo un nombre nuevo es- crito, que ninguno le sabe sino el que le recibe (8). Y porque 1 Ej., G y Sg. omiten ya manifiestamente.

2 I ad Cor., II, 9.

3 LX1V. 4.

4 Sg. omite y comparaciones.

5 H, 7.

6 Ibid. 10.

7 Ej., G y Sg. añaden: y el cálcalo es una piedra preciosa encendida como as- cua y en el cálculo. Lo mismo el Códice de Jaén en una adición o nota marginal.

8 Ibid. 17. — Así Ej., G, Sg. y S. Los demás: escribe.

414 CANTICO ESPIRITUAL tampoco este término basta para decir aquello, luego dice otro el Hijo de Dios de grande alegría y poder: El que venciere, dice, y guardare mis obras hasta el fin, darle he potestad so- bre las gentes, y regirlas ha en vara de hierro, y como un vaso de barro se desmenuzarán, así como yo también recibí de mi Padre, y darle he la estrella matutina (1). Y no se con- tentando con estos términos para declarar aquello, dice lue- go: El que venciere de esta manera será vestido con ves- tiduras blancas, y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre (2).

8. Mas, porque todo lo dicho queda corto, luego dice mu- chos términos para declarar aquello, los cuales encierran en sí inefable majestad y grandeza: El que venciere, dice, hacerle he columna en el templo de mi Dios, y no saldrá fuera jamás, y escribiré sobre él (3) el nombre de mi Dios, y el nombre de la ciudad nueva de Jerusalén de mi Dios, que desciende del cielo de mi Dios, y también mi nombre nuevo (4). Y di- ce luego lo séptimo, para declarar aquello, y es: Al que vencie- re (5), yo le daré que se siente conmigo en mi trono, como yo vencí y me senté con mi Padre en su trono (6). El que tie- ne oídos para oir, oiga, etc. Hasta aquí son palabras del Hijo de Dios, para dar a entender aquello. Las cuales cuadran a aquello muy perfectamente, pero aún no lo decla- ran; porque las cosas inmensas esto tienen, que todos los tér- minos (7) excelentes y de calidad y grandeza y bien le cua- dran, mas ninguno de ellos le declaran, ni todos juntos.

9. Pues veamos ahora si dice David algo de aquel aquello. En un Salmo dice: Cuán grande es la multitud de tu dulzura, 1 Ibid. 26.

2 Ibid. III. 5.

3 A dice: y escribiré su nombre en.

4 Ibid. 21.

5 Con esta palabra termina la copia de Gayangos y Ecija. La página en que el primero de estos manuscritos acaba, no tiene escritas más que dos lineas. El de Ecija, a continuación de esta palabra añade los versos de la canción XXXIII, y lue- -jo siguen unas cuantas hojas en blanco b Ibid. 21. — Sy.: en su tálamo. 7 Sg.: camino» por términos.

CANCION XXXVIII 415 que escondiste a los que temen (1). Y por eso en otra parte lla- ma a aquello torrente de deleite, diciendo: Del torrente de tu deleite los darás a beber (2). Y porque tampoco halla David igualdad en este nombre (3), llámalo en otra parte prevención de las bendiciones de la dulzura de Dios (4). De manera que nombre que justo cuadre a aquello que aquí dice el alma, que es la felicidad (5) para que Dios la predestinó, no se halla. Pues quedémonos con el nombre que aquí le pone el alma de aquello, y declaremos el verso de esta manera Aque- llo que me diste, esto es, aquel peso de gloria en que me pre- destinaste ¡oh, Esposo mío! en el día de tu eternidad, cuando tuviste por bien de determinar de criarme, me darás luego allí en el mi día de mi desposorio y mis bodas, y en el día mío de la alegría de mi corazón (6), cuando desatándome de la car- ne y entrándome en las subidas cavernas de tu tálamo, trans- formándome en ti gloriosamente, bebamos el mosto de las sua- ves granadas (7).

ANOTACION PARA LA SIGUIENTE CANCION 1. Pero por cuanto el alma en este estado de matrimo- nio espiritual que aquí tratamos, no deja de saber algo de aquello; pues por estar transformada en Dios pasa por ella algo de ello, no quiere dejar de decir algo de aquello cuyas prendas y rastro siente ya en sí, porque como se dice en el profeta Job (8). ¿Quién podrá conlener ia palabra que en sí tiene concebida, sin decirla? (9). Y así, en la siguiente can- ción se emplea en decir algo de aquella fruición que entonces 1 XXX. 20.

2 XXXV, 9.

3 Sg.: en este nombre con la cosa 4 XX, 4.

5 Bg.: fidelidad.

6 Sg.: en el mi día. mío de la gloria de mi corazón...7 Sg.: divinas granadas.

8 S: porque como se dice en el Libro de Job.

9 IV, 2.

416 CANTICO ESPIRITUAL gozará en la beatífica vista (1), declarando ella, en cuanto le es posible, qué sea y cómo sea aquello que allí será.

CANCION XXXIX El aspirar del aire, El canto de la dulce filomena, El soto y su donaire, En la noche serena Con llama que consume y no da pena.

DECLARACION 2. En esta canción dice el alma y declara aquello que dice le ha de dar el Esposo en aquella beatífica transforma- ción, declarándolo con cinco términos. El primero dice que es la aspiración (2) del Espíritu Santo de Dios a ella, y de ella a Dios. El segundo, la jubilación a Dios en la fruición de Dios. El tercero, el conocimiento de las criaturas y de la ordena- ción de ellas. El cuarto, pura y clara contemplación de la esencia divina. El quinto, transformación total en el inmenso amor de Dios. Dice, pues, el verso: El aspirar del aire.

3. Este aspirar del aire es una habilidad que el alma dice que le dará Dios allí, en la comunicación del Espíritu Santo; el cual, a manera de aspirar, con aquella su aspiración divina muy subidamente levanta el alma y la informa y ha- bilita para que ella aspire en Dios la misma aspiración de amor que el Padre aspira en el Hijo, y el Hijo en el Padre, que es el mismo Espíritu Santo que a ella le aspira en el Padre y el Hijo en la dicha transformación, para unirla consigo. Porque no sería verdadera y total transformación, si no se transformase el alma en las tres Personas de la Santísima Tri- 1 Sg.: beatifica visión. By beatísima vista. B: beatificada vista.

2 By explicación. Sg.: la aspiración del aire del Espirita Santo...CANCION XXXIX 417 nidad en revelado y manifiesto grado. Y esta tal aspiración del Espíritu Santo en el alma, con que Dios la transforma en sí, le es a ella de tan subido y delicado y profundo deleite que no hay decirlo por lengua mortal, ni el entendimiento hu- mano en cuanto tal puede alcanzar algo de ello; porque aun lo que en esta transformación temporal pasa acerca de esta comunicación en el alma no se puede hablar, porque el alma unida y transformada en Dios aspira en Dios a Dios la mis- ma aspiración divina que Dios, estando ella en él transfor- mada, aspira en sí mismo a ella.

4. Y en la transformación que el alma tiene en esta vida, pasa esta misma aspiración de Dios al alma y del alma a Dios con mucha frecuencia, con subidísimo deleite de amor en el alma, aunque no en revelado y manifiesto grado, como en la otra vida. Porque esto es lo que entiendo quiso de- cir San Pablo cuando dijo: Por cuanto sois hijos de Dios, envió Dios en vuestros corazones el espíritu de su Hijo, cla- mando al Padre (1). Lo cual en los beatíficos de la otra vida y en los perfectos de ésta es las dichas maneras. Y no hay que tener por imposible que el alma pueda una cosa tan alta, que el alma aspire en Dios como Dios aspira en ella por modo participado. Porque dado que Dios le haga merced de unirla en la Santísima Trinidad, en que el alma se hace dei- forme y Dios por participación, ¿qué increíble cosa es que obre ella también su obra de entendimiento, noticia y amor, o, por mejor decir, la tenga obrada en la Trinidad juntamente con ella como la misma Trinidad? Pero por modo comunicado y participado, obrándolo Dios en la misma alma; porque esto es estar transformada en las tres Personas (2) en potencia y sabi- duría y amor, y en esto es semejante el alma a Dios, y para que pudiese venir a esto, la crió a su imagen y seme- janza.

5. Y cómo esto sea, no hay más saber ni poder para 1 Gal.. IV, 6.

2 Sg.: en las tres potencia».

27 418 CANTICO ESPIRITUAL decirlo, sino dar a entender cómo el Hijo de Dios nos al- canzó este alto estado y nos mereció este subido puesto de poder ser hijos de Dios, como dice San Juan, y así lo pidió al Pa- dre por el mismo S. Juan diciendo: Padre, quiero que los que me has dado, que donde yo estoy también ellos estén conmigo, para que vean la claridad que me diste (1); es a saber, que ha- gan por participación en nosotros la misma obra que yo por naturaleza, que es aspirar el Espíritu Santo. Y dice más: No ruego, Padre, solamente por estos presentes, sino también por aquellos que han de creer por su doctrina en mi; que todos ellos sean una misma cosa (2) de la manera que tú, Padre, es- tás en mí y yo en tí, asi ellos en nosotros sean una misma cosa. Y yo la claridad que me has dado, he dado a ellos para que sean una misma cosa, como nosotros somos una misma cosa, yo en ellos y tú en mí, porque sean perfectos en uno; porque conozca el mundo que tu me enviaste, y los amaste como me amaste a mí (3), que es comunicándoles el mismo amor que al Hijo, aunque no naturalmente como al Hijo, sino, como habernos dicho, por unidad y transformación de amor. Como tampoco se entiende aquí quiere decir el Hijo al Padre, que sean los santos una cosa esencial y naturalmente como lo son el Padre y el Hijo; sino que lo sean por unión de amor, como el Padre y el Hijo están en unidad de amor.

6. De donde las" almas esos mismos bienes poseen por participación que él por naturaleza; por lo cual verdadera- mente son dioses por participación, iguales (4) y compañeros suyos de Dios. De donde San Pedro dijo: Gracia y paz sea cumplida y perfecta en vosotros en el conocimiento de Dios y de Jesucristo Nuestro Señor, de la manera que nos son dadas todas las cosas de su divina virtud para la vida y la piedad, por el conocimiento de aquel que nos llamó con su propia gloria y virtud, por el cual muy grandes y preciosas 1 XVII, 24.

2 Segovia salta de esta palabra a la frase y yo la claridad...3 Ibid. 20.

i S: semejantes.

CANCION XXXIX 419 promesas nos dió, para que por estas cosas seamos hechos companeros de la divina naturaleza (1). Hasta aquí son pa- labras de San Pedro, en las cuales da claramente a ¿entender que el alma participará al mismo Dios, que será obrando en él, acompañadamente con él, la obra de la Santísima Trinidad, de la manera que habernos dicho, por causa de la unión sus- tancial entre el alma y Dios. Lo cual aunque se cumple perfec- tamente en la otra vida, todavía en ésta, cuando se llega al estado perfecto, como decimos ha llegado aquí el alma, se al- canza gran rastro y sabor de ella, al modo que vamos diciendo, aunque, como habernos dicho, no se puede decir.

7. ¡Oh, almas criadas para estas grandezas y para ellas llamadas!, ¿qué hacéis? ¿en qué os entretenéis? Vuestras pre- tensiones son bajezas y vuestras posesiones miserias (2). ¡Oh, miserable ceguera de los ojos de vuestra alma (3); pues para tanta luz estáis ciegos, y para tan grandes voces sordos, no viendo que en tanto que buscáis grandezas y gloria os que- dáis miserables y bajos (4), de tantos bienes hechos ignorantes e indignos! (5). Sigúese lo segundo que el alma dice para dar a entender aquello, es a saber: El canto de la dulce filomena.

8. Lo que nace en el alma de aquel aspirar del aire es la dulce voz de su Amado a ella, en la cual ella hace a él su sa- brosa jubilación; y lo uno y lo otro llama aquí canto de fi- lomena. Porque así como el canto de la filomena, que es el rui- señor, se oye en la primavera, pasados ya los fríos, lluvias y variedades del invierno, y hace melodía al oído y al espí- ritu recreación, así en esta actual comunicación y transforma- ción de amor que tiene ya la Esposa en esta vida, amparada ya 2 Sg.: y vuestras posesiones, bajezas y miserias.

3 S: ¡Oh miserable ceguera de los hijos de Adán! Sg.: Oh, lástima y ceguera de los ojos...Bg.: ¿qué hacéis? ¿en qué os detenéis y entretienen vuestras potencias, pretensiones bajas y vuestras posesiones miserables?...4 Bz., Bg. y B: miserables y vacíos.

5 A omite: hechos ignorantes e indignos.

420 CANTICO ESPIRITUAL y libre de todas las turbaciones y variedades temporales, y desnuda y purgada de las imperfecciones, penalidades y nie- blas, así del sentido como del espíritu, siente nueva pfimavera en libertad y anchura y alegría de espíritu, en la cual siente la dulce voz del Esposo, que es su dulce filomena, con la cual voz renovando y refrigerando la sustancia de su alma, como a alma ya bien dispuesta para caminar a vida eterna (1), la llama dulce y sabrosamente, sintiendo ella la sabrosa voz que dice: Levántate, date priesa, amiga mía, paloma mía, hermosa mía, y ven; porque ya ha pasado el invierno, la lluvia se ha ya ido muy lejos; las flores han parecido en nuestra tierra; el tiempo del poder es llegado, y la voz de la tórtola se oye en nuestra tierra (2).

9. La cual voz del Esposo, que se le habla en lo in- terior del alma, siente la Esposa fin de males y principio de bienes, en cuyo refrigerio y amparo y sentimiento sabroso ella también como dulce filomena da su voz con nuevo canto de jubilación a Dios, juntamente con Dios que la mueve a ello. Que por eso él da su voz a ella (3), para que ella en uno la dé jun- to con él a Dios; porque ésa es la pretensión y deseo de él, que el alma entone su voz espiritual en jubilación a Dios, según también el mismo Esposo se lo pide a ella en los Can- tares diciendo: Levántate, date priesa, amiga mía, y ven, paloma mía, en los agujeros de la piedra, en la caverna de la cerca» muéstrame tu rostro, suene tu voz en mis oídos (4). Los oídos de Dios significan aquí los deseos que tiene Dios de que el alma le dé esta voz de jubilación perfecta; la cual voz, para que sea perfecta, pide el Esposo que la dé y suene en las ca- vernas de la piedra, esto es, en la transformación que diji- mos de los misterios de Cristo. Que porque en esta unión el alma jubila y alaba a Dios con el mismo Dios, como decía- mos del amor, es alabanza muy perfecta y agradable a Dios, 1 Sg.: comunicar la vida eterna.

2 Cant.. II, 10-13.

3 Sg.: da su voz espiritual en jubilación para que...4 II. 13 y 14.

CANCION XXXIX 421 porque estando el alma en esta perfección hace las obras muy perfectas; y así esta voz de jubilación es dulce para Dios y dulce para el alma. Que por eso dijo el Esposo: Tu voz es dulce (1); es a saber, no sólo para ti, sino también para mí, porque estando conmigo en uno, das tu voz en uno de dulce filomena para mí conmigo.

10. En esta manera es el canto que pasa en el alma en la transformación que tiene en esta vida, el sabor de la cual es sobre todo encarecimiento. Pero por cuanto no es tan perfecto como el cantar nuevo de la vida gloriosa, saboreada el alma por éste que aquí siente, rastreando por la alteza de este canto la excelencia del que tendrá en la gloria, cuya ventaja es mayor sin comparación, hace memoria de él, y dice que aquello que le dará, será el canto de la dulce filomena. Y dice luego: El soto, y su donaire.

11. Esta es la tercera cosa que dice el alma le ha de dar el Esposo. Por el soto, por cuanto cría en sí muchas plantas y animales, entiende aquí a Dios en cuanto cría y da ser a to- das las criaturas, las cuales en él tienen su vida y raíz, lo cual es mostrarla Dios y dársele a conocer en cuanto es Criador. Por el donaire de este soto, que también pide al Esposo el alma aquí para entonces, pide la gracia (2) y sabiduría, y la be- lleza que de Dios tiene, no sólo cada una de las criaturas, así terrestres como celestes (3), sino también la que hacen entre sí, en la respondencia sabia, ordenada, graciosa y amigable de unas a otras, así de las inferiores entre sí, como de las sur periores también entre sí, y entre las superiores y las inferiores: que es cosa que hace al alma gran donaire y deleite conocerla. Sigúese lo cuarto, y es: En la noche serena.

12. Esta noche es la contemplación en que el alma desea 1 Cant., II. 14.

2 Sg.: entiende la gracia.

3 Sg. omite: así terrestres como celestes.

422 CANTICO ESPIRITUAL ver estas cosas. Llámala noche, porque la contemplación es os- cura, que por eso la llaman por otro nombre mística teología, que quiere decir, sabiduría de Dios secreta o escondida, en la cual, sin ruido de palabras y sin ayuda de algún sentido cor- poral ni espiritual, como en silencio y quietud, a oscuras de todo lo sensitivo y natural, enseña Dios ocultísima y secreti- simamente al alma sin ella saber cómo; lo cual algunos es- pirituales llaman entender no entendiendo. Porque esto no se hace en el entendimiento que llaman los filósofos activo, cuya obra es en las formas y fantasías y aprensiones de las po- tencias corporales; mas hácese en el entendimiento, en cuanto posible (1) y pasivo, el cual sin recibir las tales formas, etc., só- lo pasivamente (2) recibe inteligencia sustancial desnuda de ima- gen, la cual le es dada sin ninguna obra ni oficio suyo activo.

13. Y por eso llama a esta contemplación noche, en la cual en esta vida conoce el alma por medio de la transforma- ción que ya tiene, altísímamente este divino soto y su donaire. Pero por más alta que sea esta noticia, todavía es noche os- cura en comparación de la beatífica que aquí pide; y por eso dice, pidiendo clara contemplación, que este gozar el soto y su donaire y las demás cosas que aquí ha dicho, sea en la noche ya serena, esto es, en la contemplación ya clara y beatífica (3): de manera que deje ya de ser noche en la contemplación os- cura acá, y se vuelva (4) en contemplación de vista clara y se- rena de Dios allá. Y así, decir en la noche serena, es decir en contemplación ya clara y serena de la vista de Dios. De donde David, de esta noche de contemplación, dice: La noche se- rá mi iluminación (5) en mis deleites (6), que es como si dijera: cuando esté en mis deleites de la vista esencial de Dios, 1 Sg.: pasible.

2 Sg.: pasiblemente.

3 A: ya clara, y serena y beatifica.

4 Bg.: y se huelga.

5 Asi A, Av., Bz. Bg., y B.— Sg.: la noche serena es mi iluminación...Jaén: la noche serena mi iluminación.

6 Ps. CXXXVII1. 11.

CANCION XXXIX 423 ya la noche de contemplación habrá amanecido en día y luz de mi entendimiento. Sigúese lo quinto: Con llama que consume y no da pena.

14. Por la llama entiende aquí el amor del Espíritu Santo. El consumar significa aquí acabar y perfeccionar. El decir, pues, el alma que todas las cosas que ha dicho en esta canción se las ha de dar el Amado y las ha ella de poseer con consu- mado y perfecto amor, absortas todas, y ella con ellas, en amor perfecto y que no dé pena, lo cual dice para dar a entender la perfección entera de este amor; porque para que lo sea, estas dos propiedades ha de tener, conviene a saber: que consume y transforme el alma en Dios, y que no dé pena la inflamación y transformación de esta llama en el alma, lo cual no puede ser sino en el estado beatífico, donde ya esta llama es amor suave (1); porque en la transformación del alma en ella hay conformidad y satisfacción beatífica de ambas partes, y por tanto no da pena de variedad en más o en menos, como hacía antes que el alma llegase a la capacidad de este perfecto amor, porque habiendo llegado a él, está el alma en tan conforme y suave amor con Dios, que con ser Dios, como dice Moisés, fuego consumidor (2), ya no le sea sino consumador y refeccionador, que no es ya como la transformación que tenía en esta vida el alma, que aunque era muy perfecta y consumadora en amor, todavía le era algo consumidora y detractiva; a manera del fuego en el ascua, que aunque está transformada y conforme con ella, sin aquel humear (3) que hacía antes que en sí la transformase, todavía, aunque la consumaba en fuego, la consumía y resolvía en ceniza; lo cual acaece en el alma que en esta vida está transformada con perfección de amor, que aunque hay confor- midad, todavía padece alguna manera de pena y detrimento: lo uno, por la transformación beatífica, que siempre echa me- 1 Sg. omite desde las palabras Lo cual.

2 Deuter., IV, 24.

3 Av. y Bz.: respendar y humear. Sg.: resplandecer y humear. A: resplandor y humear. Bg. y B: resplandor y hermosura.

424 CANTICO ESPIRITUAL nos en el espíritu; lo otro, por el detrimento que padece el sentido flaco y corruptible con la fortaleza y alteza de tanto amor, porque cualquiera cosa excelente es detrimento y pena a la flaqueza natural; porque según está escrito: Corpus quod corrumpUur, aggravat animam (1). Pero en aquella vida beatífica ningún detrimento ni pena sentirá, aunque su entender será profundísimo, y su amor muy inmenso (2) porque para lo uno le dará Dios habilidad y para lo otro fortaleza, consuman- do Dios su entendimiento con su sabiduría, y su voluntad con su amor (3).

15. Y porque la Esposa ha pedido en las precedentes can- ciones y en la que vamos declarando inmensas comunicaciones y noticias de Dios, con que ha menester tortísimo y altísimo amor para amar según la grandeza y alteza de ellas, pide aquí que todas ellas sean en este amor consumado, perfec- tivo y fuerte.

CANCION XL Que nadie lo miraba, Aminadab tampoco parecía, Y el cerco sosegaba, Y la caballería A vista de las aguas descendía.

DECLARACION Y ANOTACION (4).

1. Conociendo, pues, aquí la Esposa que ya el apetito de su voluntad está desasido de todas las cosas y arrimado a su Dios con estrechísimo amor, y que la parte sensitiva del alma con todas sus fuerzas, potencias y apetitos está confor- mada con el espíritu (5), acabadas ya y sujetas sus rebeldías; 1 Sap., IX, 15.

2 Sg.: será profundísimo, suave y muy inmenso.

3 El párrafo siguiente falta en A.— Sg. pone aquí: Anotación para la Canción siguiente.

i Sg.: Declaración, solamente.

5 Sg.: potencias y apetitos están conformadas con el apetito.

CANCION XL 425 y que el demonio por el vario (1) y largo ejercicio y lucha espiritual está ya vencido y apartado muy lejos, y que su alma esta unida y transformada (2) con abundancias de ri- quezas y dones celestiales; y que según esto, esta ya bien dispuesta y aparejada y fuerte, arrimada a su Esposo (3), para subir por el desierto de la muerte, abundando en deleites (4), a los asientos y sillas gloriosas de su esposo (5), con deseo que el Esposo concluya ya este negocio, pónele por delante para mas moverle a ello todas estas cosas en esta última canción, en la cual dice cinco cosas. La primera, que ya su alma está desasida y ajena de todas las cosas. La segunda, que ya está vencido y ahuyentado el demonio. La tercera, que ya están su- jetadas las pasiones y mortificados los apetitos naturales. La cuar- ta y la quinta, que ya está la parte sensitiva e inferior reforma* da y purificada, y que está conformada con la parte espiritual; de manera que no sólo no estorbará para recibir aquellos bie- nes espirituales, mas antes se acomodara a ellos, porque aun de los que ahora tiene participa según su capacidad. Y dice así: Que nadie lo miraba.