2. Lo cual es como si dijera: mi alma está ya desnuda, desasida, sola y ajena de todas las cosas criadas de arriba y de abajo, y tan adentro entrada en el interior recogimiento (6) contigo, que ninguna de ellas alcanza ya de vista el íntimo de- leite que en ti poseo, es a saber, a mover mi alma a gusto coo su suavidad, ni a disgusto y molestia con su miseria y bajeza; porque estando mi alma tan lejos de ellas y en tan profundo deleite contigo, ninguna de ellas lo alcanza de vista. Y no sólo eso, pero Aminadab tampoco parecía.
1 Bg.: cosario. Sg. omite ia palabra vario.
2 A añade: en Dios.
3 Cant. VIII. 5.
4 Sg.: habiéndose ido en deleites.
5 S: sus esposas.
6 Sg.: conocimiento.
426 CANTICO ESPIRITUAL 3. El cual ñminadab en la Escritura Divina significa el demonio, hablando espiritualmente, adversario del alma; el cual la combatía y turbaba siempre con la innumerable munición de su artillería, porque ella no se entrase en esta fortaleza y es- condrijo del interior recogimiento con el Esposo, donde ella estando ya puesta, está tan (1) favorecida, tan fuerte, tan vic- toriosa con las virtudes que allí tiene, y con el favor del abrazo de Dios (2), que el demonio no solamente no osa llegar, pero con grande pavor huye muy lejos, y no osa parecer; y porque también por el ejercicio de las virtudes y por razón del estado perfecto que ya tiene, de tal manera le tiene ya ahuyentado y vencido el alma, que no parece más delante de ella. Y así ñminadab tampoco parecía con algún derecho para impedirme este bien que pretendo.
Y el cerco sosegaba.
4. Por el cual cerco entiende aquí el alma las pasiones y apetitos del alma; los cuales, cuando no están vencidos y amor- tiguados, la cercan en derredor, combatiéndola de una parte y de otra, por lo cual los llama cerco; el cual dice que también está ya sosegado, esto es, las pasiones ordenadas en razón y los ape- titos mortificados. Que, pues, así es, no deje de comunicarle las mercedes que le ha pedido, pues el dicho cerco ya no es parte para impedirlo. Esto dice, porque hasta que el alma tiene ordenadas sus cuatro pasiones a Dios, y tiene mortificados y purgados los apetitos, no está capaz de ver a Dios (3). Y sigúese: Y la caballería A vista de las aguas descendía.
5. Por las aguas entiende aquí los bienes y deleites es- pirituales que en este estado goza el alma en su interior coní Dios. Por la caballería entiende aquí los sentidos corporales, 1 S: está ya tan.
2 Asi Jaén, Sg., Av., A, Bz. y Bg.— B. y S: del brazo de Dios.
3 A y Bg.: no están en paz de ver a Dios.
CANCION XL de la parte sensitiva, así interiores como exteriores, porque ellos traen en si las fantasmas ( 1 ) y figuras de sus objetos. Los cuales en este estado dice aquí la Esposa que descienden a vista de las aguas espirituales (2); porque de tal manera está ya en este estado de matrimonio espiritual purificada (3) y en algu- na manera espiritualizada la parte sensitiva e inferior del alma, que ella con sus potencias sensitivas y fuerzas naturales se recogen a participar y gozar en su manera de las grandezas espi- rituales que Dios está comunicando al alma en lo interior del espíritu, según lo dio a entender David cuando dijo: Mi cora- zón y mi carne se gozaron en Dios vivo (4).
6. V es de notar que no dice aquí la Esposa que la caballería descendía a gustar las aguas, sino a vista de ellas; porque esta parte sensitiva con sus potencias no tiene capaci- dad para gustar esencial y propiamente de los bienes espirituales, no sólo en esta vida, pero ni aun en la otra; sino por cier- ta redundancia del espíritu reciben sensitivamente recreación y deleite de ellos, por el cual deleite estos sentidos y potencias (5) corporales son atraídos al recogimiento interior (6), donde está bebiendo el alma las aguas de los bienes espirituales, lo cual más es descender a la vista (7) de ellas, que a beberías (8) y gustarlas como ellas son. Y dice aquí el alma que descendían, y no dice que iban ni otro vocablo, para dar a entender que en esta comunicación de la parte sensitiva a la espiritual, cuando se gusta la dicha bebida (9) de las aguas espirituales, bajan de sus operaciones naturales, cesando de ellas, al recogimiento espiritual.
7. Todas estas perfecciones y disposiciones (10) antepone la 1 S: fantasías.
2 Bg.: descienden a las aguas espirituales o a su vista...3 Sg.: moripcada por purificada.
4 Ps. LXXXIII, 3.
6 Sg.: son traídos al reconocimiento interior.
7 Bg.: lo cual más es de notar descender a la vista...8 B y Sg.: a beberías. Bg.: a beberlos y gustarlos. A, Av. y Bz.: a verlas.
9 Sg.: La dicha comunicación y bebida. 10 Sg. omite: disposiciones.
428 CANTICO ESPIRITUAL Esposa a su Amado, el Hijo de Dios, con deseo de ser por él trasladada del matrimonio espiritual, a que Dios la ha que- rido llegar en esta Iglesia militante, al glorioso matrimonio de la triunfante, al cual sea servido llevar a todos los que in- vocan su nombre el dulcísimo Jesús, Esposo de las fieles al- mas, al cual es honra y gloria, juntamente con el Padre y el Espíritu Santo in saecula saeculorum. Amén (1).
1 El Ms. de Avila añade: Fr. Juan de la f. Otros no indican nada. Sg.: Laus Deo. A: Fin de la iluminación, etc. Bg.: Jesús María Joseph.
APENDICES APÉNDICE I COMIENZA LA DECLARACION DE LAS CANCIONES ENTRE LA ESPOSA Y EL ESPOSO (1).
CANCION PRIMERA ¿A dónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste (2), Habiéndome herido; Salí tras ti clamando y ya eras ido (3).
DFCLARACION 1. En esta primera canción, el alma enamorada del Verbo (4) Hijo de Dios su Esposo, deseando unirse con él por clara y esencial visión, propone sus ansias de amor, querellándose a él de la ausencia (5), mayormente que estando ella herida de su amor, por el cual ha salido de todas las cosas y de sí misma, todavía haya de padecer la ausen- cia de su Amado, no desatándola ya de la carne mortal, para poderle gozar en la gloria de eternidad y asi, dice: ¿A dónde te escondiste?
2. Y es como si dijera: Verbo, Esposo mío, muéstrame e! lugar don- de estás escondido. En lo cual le pide la manifestación de su divina esencia; porque el lugar adonde está escondido el Hijo de Dios, como dice San Juan, es el seno del Padre, que es la Esencia divina, la cual es ajena y escondida de todo ojo mortal, y de todo entendimiento (6). Lo cual quiso decir Isaías, cuando dijo: Verdaderamente tú eres Dios escondido. Donde es de notar, que por grandes comunicaciones y pre- sencias, y altas y subidas noticias de Dios que un alma que está en esta vida tenga, no es aquello esencialmente Dios, ni tiene que ver con 1 Cumpliendo lo dicho en la Introducción y en la nota primera de la página 14, publicamos en apéndice algunas canciones o comentarios a determinados versos, que por las muchas variantes que tienen en algunos manuscritos respecto del Códice de Sanlúcar nos habría obligado a poner un sinnúmero de notas en cada página. Se toman del Códice de Granada, y en nota se advierten las variantes que tienen con los demás códices similares. Ya es dicho que al Manuscrito de Granada le falta esta primera hoja.
2 8.654: Que como cierno huiste. Bz. y Bj.: Como ciervo...3 Bj. y Lch.:...y ya eras ido.
4 Bj. omite la palabra Verbo.
5 Bj.: que restándose a él de ausencia.
6 Md. añade: en esta vida.
132 APENDICES él; porque todavía, a la verdad, le está al alma escondido, g siempre le conviene al alma sobre todas esas grandezas, tenerle por escondi- do, y buscarle escondido, diciendo: «¿A dónde te ascondiste?» (1). Porque ni la alta comunicación y presencia sensible es más testi- monio de su presencia (2), ni la sequedad y carencia de todo eso en el alma es menos testimonio de su presencia en ella (3), por lo cual dice el Profeta Job: Si viniere a mí, no le veré; y si se fuere, no le entenderé. En lo cual se ha de entender, que si el alma sin- tiere gran comunicación y sentimiento o noticia de Dios, no por eso se ha de persuadir a que aquello es tener más a Dios, o estar más en Dios; ni tampoco que aquello que siente o entiende, es esencial- mente Dios, aunque más ello sea; y que si todas esas comunicaciones sensibles la faltaren, no por eso ha de pensar que la falta Dios, pues que realmente ni por lo uno puede saber de cierto estar en su gracia, ni por lo otro estar fuera de ella. De manera que el intento principal del alma en el presente verso, no es sólo pedir la devoción afectiva (4) y sensible, en que no hay certeza ni claridad de la posesión del Es- poso en esta vida, sino la clara presencia y visión de su esencia, en que desea estar certificada y satisfecha en la gloria.
3. Esto mismo quiso decir la Esposa en los Cantares divinos cuan- do, deseando la unión de la divinidad del Verbo Esposo suyo, la pidió al Padre diciendo: Muéstrame dónde te apacientas, y dónde te recues- tas al mediodía. Porque en pedirle dónde se apacentaba, era pedirle que le mostrase la esencia del Verbo, porque el Padre no se apacienta en otra cosa que en su único Hijo; y en pedir le mostrase dónde se re- costaba, era pedirle lo mismo, porque el Padre no se recuesta, ni cabe en otra cosa que en su Hijo, en el cual se recuesta, comunicán- dole toda su esencia, al mediodía, que es en la eternidad, donde siem- pre le engendra (5). Este pasto, pues, donde el Padre se apacienta, y este lecho florido del Verbo, donde se recuesta ascondido de toda criatura, pide aquí la Esposa, cuando dice: «¿A dónde te ascondiste?».
1. Y es de notar, para saber hallar (6) este Esposo, que el Ver- bo, juntamente con el Padre y Espíritu Santo, está esencialmente es- condido en el íntimo centro del alma. Por tanto, el alma que le ha de hallar, conviénela salir de todas las cosas según la voluntad, y en- trarse en sumo recogimiento dentro de sí misma, que es teniendo a to- das las cosas (7) como si no fuesen. Que por eso San Agustín, hablan- do en los Soliloquios con Dios, decía: No te hallaba yo de fuera, por- que mal te buscaba de fuera que estabas dentro. Está, pues, en el al- ma escondido, y allí le ha de buscar el buen contemplativo, diciendo: «¿A dónde te ascondiste», 1 Porque. Con esta palabra comienza el Ms. de Granada.
2 Bj.: preeminencia.
3 Lch.: testimonio de su presencia, y presencia temible, ni las sequedades y ca- rencia en ella.
4 Bz. omite esta palabra. Md.: afectivamente.
5 Bz.:...donde engendra. Lch.: donde se engendra.
6 Bj.: hablar.
7 Bj., 8.654, Lch. y Md.: dentro de sí misma estimando a todas las cosas. Bz.: todas las criaturas.
APENDICES 433 Amado, y me dejaste con gemido?
5. Llámale Amado, para más moverle e inclinarle a su ruego, porque cuando Dios es amado, con grande facilidad oye los ruegos de su amante; y entonces se puede de verdad llamar Amado cuando el alma está entera con él, no teniendo su corazón en otra cosa alguna fue- ra de él. De donde algunos llaman al Esposo Amado, y no es su Ama- do de veras, porque no tienen con él entero su corazón; y así, su pe- tición no es en su presencia de tanto valor.
6. Y en lo que dice luego: «Y me dejaste con gemido», es de notar, que la ausencia del Amado causa continuo gemido en el amante, porque como fuera de él nada ama, en nada descansa ni recibe alivio; de donde en esto se conocerá el que de veras a Dios ama, si con al- guna cosa menos que El se contenta (1). Este gemido dió bien a en- tender San Pablo cuando dijo: Nosotros, dentro de nosotros (2) gemi- mos esperando la adopción de los hijos de Dios. Este, pues, es el ge- mido que el alma tiene siempre en el sentimiento de la ausencia, mayor- mente cuando habiendo gustado alguna dulce y sabrosa comunicación, se quedó seca y sola, y así se sigue: Como el ciervo huíste (3).
7. Es de notar, que en los Cantares compara la Esposa al Esposo al ciervo y a la cabra montañesa (4), diciendo: Semejante es mi Amado a la cabra y al hijo de los ciervos. Y esto por la presteza del esconderse y mostrarse cual suele hacer el Amado en las visitas que hace a las almas, y en los desvíos y ausencias que las hace sentir después de las tales visitas; por lo cual les hace sentir (5) con mayor dolor la ausencia, según ahora da aquí a entender el alma cuando dice: Habiéndome herido.
Habiéndome herido.
8. Y es como si dijera: no sólo me bastaba la pena y el dolor que ordinariamente padezco en tu ausencia, sino que hiriéndome más de amor con tu flecha y aumentado la pasión y apetito de tu vista, huías con ligereza de ciervo, y no te dejes comprender algún tanto siquiera.
9. Para más declaración de este verso, es de saber, que allende de otras muchas diferencias de visitas que Dios hace al alma, con que la llaga y levanta en amor, suele hacer unos encendidos (6) to- ques de amor, que a manera de saetas de fuego hieren y traspasan al alma y la dejan toda cauterizada con fuego de amor. Y éstas pro- piamente se llaman heridas de amor (7), de las cuales (8) habla aquí el alma. Inflaman éstas tanto la voluntad en afición, que se está el 1 Bj., Bz. y Md.: menos que él no se contenta. Ms. 8.654: menos que él que se contenta. Lch.: menos que con él no se contenta.
2 Bj., Bz., 8.654 y Md.: nosotros mismos.
3 Ms. 8.654: Que como...4 Ms. 8.654: montesa. Bj.: montés. Bz.: montañés.
5 Lch. omite: después de las tales visitas, por lo cual las hace sentir.
6 Ms. 8.654: escondidos.
7 Bj. y Lch. omiten: Y éstas propiamente se llaman heridas de amor.
8 Md. añade: heridas de amor.
23 H31 APENDICES alma abrasando en fuego y llama de amor, tanto, que parece consu- mirse en aquella llama, y la hace salir fuera de sí, y renovar (1) toda, y pasar a nueva manera de ser; asi como el ave fénix, que se quema y renace de nuevo. De lo cual hablando David, dice: Fué in- flamado mi corazón, y mis renes se mudaron, y yo me resolví en nada y no supe. Los apetitos y afectos que aquí entiende el Profeta por renes, todos se conmueven mudándose en divinos en aquella inflama- ción del corazón, y el alma por amor se resuelve en nada, nada sabiendo sino amor (2). Y a este tiempo es la conmutación de estas renes en grande manera de tormento y ansia por ver a Dios, tanto, que le parece al alma intolerable el rigor de que con ella usa el amor; no porque la hiera (3) (porque antes tiene las tales heridas de amor por salud), sino porque la "dejó así penando, y no la hirió más, acabándola de matar, para verse y juntarse con él en vida. Por tanto, encareciendo o declarando su dolor, dice: «Habiéndome he- rido» (4).
10. Y este sentimiento tan grande acaece así, porque cuanto en aquella herida de amor que hace Dios levántase la voluntad con sú- bita presteza a la posesión del Amado, cuyo toque sintió. Y con esa misma presteza siente la ausencia y el gemido juntamente de ella. Por- que estas visitas tales no son como otras en que Dios recrea y satis- face al alma, hinchéndola de pacífica suavidad; mas éstas sólo las hace para llagar más que para sanar, y más para lastimar que para satisfacer, pues no sirven más de para avivar la noticia y aumentar el apetito, y, por el consiguiente, el dolor. Estas se llaman heridas de amor, que son al alma sabrosísimas; por lo cual querría ella es- tar siempre muriendo mil muertes a estas lanzadas, porque la hacen salir de sí y entrar en Dios, lo cual ella da a entender en el verso siguiente, diciendo: Salí tras ti clamando y eras ido (5).
11. En las heridas de amor no puede haber medicina sino de parte del que hirió, y por eso salió clamando tras del que la ha- bía herido con la fuerza del fuego que causó la herida. Y es de saber que este salir se entiende de dos maneras: la una, salir de todas las cosas, lo cual se hace por aborrecimiento y desprecio de ellas; la otra, saliendo de sí misma por olvido de sí, lo cual se hace por el amor de Dios; el cual de ta! manera levanta al alma, que la hace salir <1e si y de sus quicios y modos naturales clamando por Dios. Y eso quiere decir aquí cuando dice: Salí tras ti clamando. Y es como si dijera: Esposo mío, en aquel toque tuyo y herida de amor, sa- caste mi alma no sólo de todas las cosas, mas también la hiciste salir de si (porque a la verdad y aun de las carnes parece la saca), 1 Bz.: rebosar.
2 Bj. y Bz. omiten: nada sabiendo sino amor.
3 Md.: hiriere.
4 El siguiente párrafo falta en B). hasta la frase, éstas se llaman heridas. Lch. salta del verso a la frase de amor que hace...5 B). y Lch.:...y ya eras ido.
APENDICES 435 y levantástela a ti, clamando por ti, ya de todo desasida para asirse a ti. «Y eras ido».
12. Como si dijera: al tiempo que quise comprender tu presencia no te hallé, y quédeme desasida sin asirme a ti (1), penando en los aires de amor sin arrimo de ti y de mí. Esto que aquí llama salir el alma para ir al Amado, llama la Esposa en los Cantres levantar, diciendo: Levantarme he y buscaré al que ama mi alma rodeando la ciudad por los arrabales y las plazas; busquéle y no le hallé. Levan- tarse aquí, se entiende espiritualmente, de lo bajo a lo alto, que es lo mismo que salir de sí, esto es, de su modo y amor bajo al alto amor de Dios; pero dice que quedó llagada porque no le halló. Por eso, el enamorado vive penado siempre en la ausencia, porque él está ya entregado, esperando la paga de la entrega del Amado, y no se le da, y estando ya perdido por él no ha hallado la ganancia de su pérdida, pues carece de la posesión del Amado. Por tanto, el que anda penado por Dios, señal es de que se ha dado a Dios y que le ama.
13. Esta pena y sentimiento de la ausencia de Dios suele ser tan grande en los que van llegando a perfección, al tiempo (2) de estas divinas heridas, que si no proveyese el Señor, morirían; porque como tienen el paladar de la voluntad y el espíritu limpio y sano, bien dispuesto para Dios, y en lo dicho se les da a gustar algo de la dulzura del amor, que ellos sobre todo modo apetecen, padecen sobre todo modo; porque como por resquicios se les muestra un inmenso bien, y no se les concede, y así es inefable la pena y el tormento.
CANCION II Pastores, los que fuerdes Allá por las majadas al otero, Si por ventura vierdes Aquel que yo más quiero, Decilde que adolezco, peno y muero.
DECLARACION 1. En esta Canción el alma se quiere aprovechar de terceros y me- dianeros para con su Amado, pidiéndoles le den parte de su dolor y pe- na; porque propiedad es del amante, ya que por la presencia (3) no pue- de comunicarse, hacerlo por los mejores medios que puede. Y así el alma, de sus deseos, afectos y gemidos se quiere aquí aprovechar como de mensajeros, que también saben manifestar lo secreto del corazón, y así dice: Pastores los que fuerdes.
2. Llamando pastores a los afectos y deseos, porque ellos apa- cientan al alma de bienes espirituales. Porque pastor quiere decir apacentador, y mediante ellos se comunica Dios a ella (porque sin ellos no se le comunica), y dice: «Los que fuerdes». Es a saber, 1 Bj.: con asirme a ti.
2 Lch. omite: tan grande en los que van llegándose a perfección al tiempo.
3 Bz.: ausencia.
436 APENDICES los que de puro amor saliéredes; porque no todos van, sino los que salen de fiel amor.
Allá por las majadas al otero.
3. Llama «majadas» a los coros de los Angeles, por los cuales de coro en coro van nuestros gemidos y oraciones a Dios; al cual aquí llama el otero, por ser él la suma alteza; y porque en él, como en el otero, se otean g ven todas las cosas y las majadas superio- res e inferiores, al cual van nuestras oraciones ofreciéndoselas los án- geles, como habernos dicho, según lo dijo el ángel a Tobias, diciendo: Cuando orabas con lágrimas y enterrabas los muertos, yo ofrecí tu ora- ción a Dios. También se pueden entender estos pastores del alma, por los mismos ángeles, porque no sólo llevan a Dios recados, sino también traen los de Dios a nuestras al^as, apacentándolas como bue- nos pastores de dulces inspiraciones y comunicaciones de Dios, por cuyo medio Dios también las hace, y ellos nos amparan de los lobos, que son los demonios, y nos defienden de ellos como buenos pastores.
Si por ventura vierdes.
4. Y es tanto como decir: si por mi buena dicha y ventura lle- gáredes a su presencia, de suerte que él os vea y os oiga. Donde es de notar, que aunque es verdad que Dios todo lo sabe y entiende, y hasta los mínimos pensamientos (1) del alma ve y nota, entonces se di- ce ver nuestras necesidades, y oirías, cuando las remedia o las cumple; porque no cualesquier necesidades ni cualesquier peticiones llegan a colmo que las oiga Dios para cumplirlas, hasta que en sus ojos llegue bastante tiempo y sazón y número (2) para concederlas o remediarlas; y entonces se dice verlo y oirlo, según es de ver en el Exodo, que después de cuatrocientos años que los hijos de Israel habían estado afligidos en la servidumbre de Egipto, dijo Dios a Moisés: Vi la aflic- ción de mi pueblo y he bajado para librarlos (3), comoquiera que siempre la hubiese visto. Y también dijo San Gabriel a Zacarías: Que no temiese, porque ya Dios había oído su oración en darle el hijo que muchos años le había andado pidiendo, comoquiera que siempre le hubiese oido. Y así ha de entender cualquier alma, que aunque Dios no acuda luego a su necesidad y ruego, que no por eso dejará de acudir en el tiempo oportuno, el que es ayudador, como dice David, en las oportunidades y en la tribulación si ella no desma- yare y cesaré. Esto, pues, quiere decir aquí el alma cuando dice; si por ventura vierdes, es a saber, si por ventura es llegado el tiempo en que tenga por bien de otorgar mis peticiones.
Aquel que yo más quiero.
5. Es a saber, más que a todas las cosas, lo cual es espiritual- mente hablando, cuando al alma no se le pone nada delante que la impida hacer y padecer por él cualquier cosa.
1 Lch. y Bj.: los mismos pensamientos.
2 Lch. omite: número.
3 Lch. y Bj.: aliviarlos.
APENDICES 437 Decilde que adolezco, peno y muero.
6. Tres maneras de necesidades representa aquí el alma, conviene a saber: dolencia, pena y muerte; porque el alma que de veras ama, en la ausencia padece ordinariamente de tres maneras, según las tres potencias del alma, que son: entendimiento, voluntad y memoria. Acerca del entendimiento dice que adolece, porque no ve a Dios, que es la salud del entendimiento. Acerca de la voluntad dice que pena, porque no posee a Dios, que es el refrigerio y deleite de la volun- tad. Acerca de la memoria dice que muere, porque acordándose que carece de todos los bienes del entendimiento, que es ver a Dios, y de todos los deleites de la voluntad, que es poseerle, y que también es muy posible carecer de él para siempre, padece en esta memoria a manera de muerte.
7. Estas tres maneras de necesidades representó también jeremías a Dios en los Trenos diciendo: Recuérdate de mi pobreza, y del axen- jío y de la hiél. La pobreza se refiere al entendimiento, porque a él pertenece la riqueza de la sabiduría de Dios, en la cual están como dice San Pablo, encerrados todos los tesoros de Dios. El axenjiu, que es hierba amarísima, se refiere a la voluntad, porque a esta potencia pertenece la dulzura de la posesión de Dios; de la cual careciendo, se queda con la amargura, según el Angel dijo a San Juan en el Apocalipsis, diciendo: Que en comiendo el libro le haría amargar el vientre, tomando allí al vientre por la voluntad. La hiél se refiere a la memoria, que significa la muerte del alma, según da a entender Moisés en el Deuteronomio, hablando de los con- denados, diciendo: Hiél de dragones será el vino de ellos, y veneno de áspides insanable. Lo cual significa allí el carecer de Dios, que es muerte del alma, y estas tres necesidades y penas están fundadas en las tres virtudes teologales, que son fe, caridad y esperanza, que se refieren a las tres dichas potencias: entendimiento, voluntad y memoria (1).
8. Y es de notar que el alma en el dicho verso no hace más que representar su necesidad y pena al Amado, porque el que discre- tamente ama, no cura de pedir lo que le falta y desea, sino de re- presentar su necesidad, para que el Amado haga lo que fuere servi- do; como cuando la bendita Virgen dijo al amado Hijo en las bodas de Caná de Galilea, no pidiéndole derechamente el vino, sino di- ciendo: No tienen vino; y las hermanas de Lázaro le enviaron, no a decir que sanare a su hermano, sino a decir que mirase que al que amaba estaba enfermo. Y esto por tres cosas: la primera, por- que mejor sabe el Señor lo que nos conviene, que nosotros; la segunda, porque más se compadece el Amado viendo la necesidad del que le ama, y su resignación; la tercera, porque más seguridad lleva el alma acerca del amor propio y propiedad en representar la falta que en pedir a su parecer lo que le falta. Ni más ni menos hace ahora el alma representando sus tres necesidades, y es como si dijera: Decid a mi Amado que pues adolezco, y él sólo es mi salud, que me dé 1 Md. añade: aunque no cada cual sea propio sujeto de cada una de las tres dichas virtudes.
APENDICES mi salud; y que pues peno, g él sólo es mi gozo, que me dé mi gozo; y que pues muero, y él sólo es mi vida, que me dé mi vida.
CANCION III Buscando mis amores Iré por esos montes y riberas, Ni cogeré las flores, Ni temeré las fieras, Y pasaré los fuertes y fronteras.
DECLARACION 1. No sólo basta al alma orar y desear, y ayudarse de terceros para hallar al Amado, como ha hecho en las precedentes cancio- nes, sino que junto con eso ella misma se ponga por la obra a le buscar; y eso dice que ha de hacer en esta canción, diciendo que en busca de su Amado ha de ir ejercitándose en las virtudes y mor- tificaciones en la vida contemplativa y activa; y que para esto no Tía de admitir bienes ni regalos algunos (1), ni bastarán a detenerla e im- pedirla este camino todas las fuerzas y asechanzas de los tres enemigos: mundo, demonio y carne, diciendo: Buscando mis amores, 2. Es a saber, a mi Amado, Iré por esos montes y riberas.
3. A las virtudes llama montes: lo uno, por la alteza de ellas; lo otro, por la dificultad y trabajo que se pasa en subir a ellas, ejer- citando la vida contemplativa. Y llama riberas a las humillaciones y mortificaciones (2) y desprecio de sí, ejercitándose también en la vida activa; porque para adquirir las virtudes, la una y la otra es me- nester. Es, pues, tanto como decir: buscando a mi Amado, iré poniendo por obra las virtudes altas, y humillándome en las morti- ficaciones y cosas bajas. Esto dice, porque el camino de buscar a Dios, es ir obrando en Dios el bien y mortificando en sí el mal de la manera que se sigue: Ni cogeré las flores.