En el margen inferior de la portada, de letra poco menos antigua que el manuscrito, y de mujer, se puso: al vso de ana m.* de Jesús. No serla difícil que la religiosa que aquí se cita fuera una de las hijas de aquel simpático Nicolás Gutiérrez, vecino de Salamanca que dió seis al Carmelo y fué grande amigo de la Santa (1). Ana María, como ya se ha dicho en otra parte de esta edición, fué muy querida de Santa Teresa en la Encarnación de Avila, y una de las religiosas de esta casa más afectas al Santo y que más se aprovechó de su dirección espiritual. La letra de la mencionada inscripción no es de ella, que la tenía muy mala, sino de otra religiosa, que la poseía más clara y de mejor traza. Esto, que lo tengo por muí) probable, pues en los Conventos de Descalzas no se registra tal nombre por esta época, es indicio de la antigüedad del Manuscrito— muy a tono con lo que indica la letra —, y hasta pudo dársele el Santo cuando en los últimos años de su vida estuvo de asiento en "Segovia, o bien re- mitírsele por medio de alguna persona de confianza.
Fué una lástima que en el Dicho que para la beatificación del Santo tomaron a esta religiosa en el Convento de la Encarnación, (27 de junio de 1616), cuando contaba ya setenta y seis años, no se le hiciese ninguna pregunta ex profeso acerca de los escritos del Santo como se hizo a los testigos que declararon en Segovia y otros lugares; es fácil que nos hubiera dejado alguna noticia peregrina de ellos, y hasta si poseía algunas copias originales, como nos dice, a otro propósito, que recibió billetes espirituales del Santo y vió otros pape- les sobre idéntico argumento. A la M. Ana María sólo se le hicieron ventiocho preguntas, y la correspondiente a los escritos en el Inte- rrogatorio de 1616 es la treinta y cinco. ¿Quién sabe, de hacérsele esta pregunta, lo que hubiera declarado?
1 Cfr. Biblioteca Mística Carmelitana, t. V, cap. XIX.
XLV!
INTRODUCCION En cuatro hojas sin paginar, que vienen al final de este manus- crito, firmadas por el P. Andrés de la Encarnación (no pone la fecha), se copia una poesia atribuida a la Santa (1), y otra que se 'dice ser del Santo, de la que hablaremos en el tomo siguiente.
Códice de Alba de Tormes.— En la página 568 de este Códice (2), comienza el Cántico Espiritual sin más título que las palabras Vía iluminativa. En seguida se lee: «Prólogo a la Me. Ana de Jhs., des- calza carmelita. Por cuanto», etc. Este modo de comenzar es conforme a la nota que se lee al fin de la Noche Oscura, en la página an- terior a la que comienza el Cántico, la cual dice: «Hasta aquí escri- bió el santo fray Juan de la Cruz de la via purgativa, en que trata lo activo della y passivo, como se be en el tratado de la subida del monte y en este de la noche oscura; y como murió, no escrivió más, y de aquí adelante se sigue la via iluminativa y luego la unitiva».
Tiene pocas variantes con el Códice de Jaén, y debidas a des- cuidos materiales del que hizo esta copia, salvo el de Avila, que es el que mejor y más fielmente le traslada. Alguna omisión corta se registra y alguna modificación de palabras o frases, pero de escasa importancia. Ni las modificaciones ni las omisiones coinciden con las advertidas en el Códice abulense. Por descuido, se omitió la estrofa décima al principio del Cántico en que reproduce íntegra la poesía, pero viene luego en el comentario. Sistemáticamente se suprime tam- bién de todas las canciones el título que al principio de ellas suele venir con estas palabras casi uniformes: Anotación para la canción siguiente, como se advirtió en el de Burgos.
Manuscrito 6.624 (3).— Da comienzo el Cántico Espiritual de es- te Códice en la página 332, por la palabra prólogo, sin título nin- guno, y termina en la 554 v.° Copia con bastante fidelidad al Manus- crito de Jaén, aunque no carece de variantes, y alguna que otra adic- ción y omisión. La más considerable de éstas es la de la canción XIII. Como el Códice de Alba, suprime también el título que viene al principio de cada estrofa. Según ocurre con los demás tratados del Santo que copia, también en éste sigue en todo al de Alba.
1 Su primer verso: "En las internas entrañas" (Cfr. B. M. O, t. VI, p. LXVII. La del Santo: "Oh, dulce noche oscura."
2 Se habló de él con alguna extensión en la Introducción de la Subida del Mon- te Carmelo, p. 276.
3 Véase lo que se dijo en la Introducción a la Sabida, p. 279.
AL CANTICO ESPIRITUAL XLVII Manuscrito 8.492.— Forrado en pergamino, es un Códice que mide 145 por 100 mm., y hace 184 hojas (por hojas se hace la paginación), rubricadas por el notario Gregorio Fernández Toledano, cuando en compañía de los PP. Juan del Espíritu Santo y Miguel de San José, profesores de Teología Moral de nuestro Colegio de San Basilio de Baeza, compulsó este manuscrito con el de Jaén. Las discrepan- cias que hallaron, o creyeron hallar, las señalaron en el texto con una rayita roja debajo de la palabra o frase variada, y al fin del Códice pusieron la lista de todas las registradas. En general, está muy conforme con la jienense. Hay muchas erratas materiales y omi- siones, debidas algunas a saltar la copia de una palabra a otra igual por descuido de vista, de que ningún manuscrito se halla inmune.
El Códice es muy antiguo. Bien pudo ser escrito poco después de la muerte del Santo, o tal vez en vida suya. La dicha compulsación se hizo a ruegos del P. Andrés de la Encarnación en 1759. El acta notarial donde se ponen todas las variantes que hallaron entre éste y el Códice de Jaén se firmó en 30 de junio del dicho año por el notario, los dos profesores dichos y la M. Isabel de la Madre de Dios, a la sazón priora de las Carmelitas Descalzas de aquella ciudad. En el folio 222 trae dos poesías del Santo, y al fin diez hojas sin paginar. La foliación se hizo al propio tiempo que el cotejo. Traído en el siglo XVIII al Archivo General de S. Hermenegildo, pasó a la Biblioteca Nacional en la exclaustración de los Regulares.
Códice de Segovia. — Otro Códice del Cántico poseen actualmente los Carmelitas Descalzos de Segovia. Mide 205 por 155 mm. Primitiva- mente estuvo forrado en cartón y badana encarnada, pero en 1180 se le aplicó, aunque le viene algo grande, otra pasta forrada de ter- ciopelo carmesí con flores de hilo de oro, que había servido primero para un ejemplar de cierto sermón que se regaló a D.a Bárbara de Portugal, mujer de Fernando VI, el cual vino a parar a manos de un religioso nuestro, que le dió el uso indicado. Así consta de unas advertencias o prevenciones que por esta fecha escribió el P. Manuel de Santa María, y se hallan en siete hojas al frente del Códice. Esta prevención está firmada por él en 9 de mayo de 1780.
En la portada que puso el propio P. Manuel a las siete hojas dichas, trae este título en forma de óvalo: «Copia / antigua del Libro j de las Canciones / de N. P. S. Juan de la f / santificada con el contacjto de su mano sagrada y ¡ en que (como se discurre en los preliminares), parece ¡hallarse aunque poca, le/tra suya en correccio- nes I de las doce primeras hojas. ¡ Púsosele esta cubierta j en xlvti!
INTRODUCCION 1780». A continuación vienen las siete hojas dichas en que el P. Ma- nuel estudia el origen del Códice 9 su mucha autoridad. No le te- nía él por original, pero creyó que algunas notillas marginales puestas en las doce primeras hojas eran de la misma pluma del Santo. Re- cuerda que ya el P. Sigüenza (Historia de San Jerónimo..., part. III, lib. IV, Disc. 11), a los que creían que en El Escorial había au- tógrafos de algunos Santos Padres decía: «Y advierto lo prime- ro, que cuando aquí y en otros autores que tratan de librerías oyeren decir y leyeren que hay muchos originales de mano, no en- tiendan que son los que escribieron los mismos autores por las suyas; que de éstos, si hablamos de los de mil años arriba, apenas hay cuatro en el mundo y es como milagro hallarse. Originales se llaman libros de mano antiguos, aunque sean de muchos años después de sus mismos autores, por la autoridad que han cobrado de trescientos o cuatrocientos años o más» (1).
Hablando del Códice de Avila, dijimos que el general de los Car- melitas Descalzos, P. Alonso de la Madre de Dios (2), tuvo este de Segovia por autógrafo, dando por razón que su letra es igual a la del abulense, y éste le tenía por del Santo. El P. Manuel deshace, con razón, este error, harto evidente para refutarlo con detenimiento. Pero creyó que algunas adiciones y enmiendas que se registran en las doce hojas primeras, «cuidadosa y prolixamente reflexionadas y carea- dos sus caracteres...con los de las dos cartas, que se veneran como originales indubios de su mano en la sacristía de este real y primitivo convento [Duruelo], bien podrá ser que yo me equivoque; pero dificul- tosamente puedo dejar de persuadirme de que son dichas expresiones de la sagrada pluma de N. Querúbico Padre». La letra más parecida a la del Santo en estas enmiendas es la r, y en ella fija particular- mente la identidad de ambas escrituras el P. Manuel.
La segunda razón en su abono que trae este insigne crítico de la Descalcez en la centuria décima octava, se funda en un dicho del famoso historiador Diego de Colmenares. «No desayuda»— continúa di- ciendo el P. Manuel— «a esta mi persuasión lo que da por asentado en la misma rotulata el recopilador de las Historias de Castilla, en él solo volumen de la de su patria Segovia, licenciado Diego de Colmenares..., el cual como quiera que se adelantase en lo primero que afirma de ser este Cuaderno original de la mano y puño mismo del Santo, por 1 Aunque no se este conforme con esta definición del P. Manuel, es, sin embar- go, interesante para apreciar con exactitud el verdadero sentido que en su tiempo da- ban a la palabra original.
2 Siendo provincial de Castilla la Vieja, fué elegido general en 1688.
AL CANTICO ESPIRITUAL XLIZ no haber manejado letra suya; pero igualmente se propasara el que le negase lo segundo (contra sus bien asentados créditos de fidedig- no), esto es, que le recibió inmediatamente de mano de nuestro Padre aquella muy devota suya de la ciudad de Segovia. De la que habiendo llegado últimamente a poder del gravísimo escritor, sacó de aquel antecedente la consecuencia que no pasa por acá...»
Consecuente el P. Manuel con su persuasión de que las notas dichas eran de San Juan de la Cruz, escribe más adelante: «Tenemos pues, de lo dicho (si es que hacen alguna fuerza las precedentes conjeturas), que de diferentes trasuntos que de este Cuaderno se practicaron al principio..., llegó el presente a manos de nuestro Santo, que le comenzó a corregir por si mismo, y no permitiéndole el aca- bar de hacerlo sus muchas ocupaciones y negocios, le entregó para el consuelo de aquella devota suya, como arreglado al original en la substancia». Esta segunda Advertencia la escribió en Duruelo, a 18 de junio de 1761.
Con el título de «Otra advertencia inexcusable y appendix de la antecedente», dice este religioso que habiendo pasado en 1762 a Se- govia y puéstose a su cuidado el Archivo del Convento, halló en él un libramiento escrito y firmado por Colmenares, mediante el cual pudo comprobar que la «Rotulata» preliminar era de la misma pluma, y le ocurrió el feliz pensamiento de unirlo al Códice, para que más fácilmente pudiese hacer el cotejo quien lo deseare. Lo escrito por Colmenares, que hace veces de portada del Códice, dice: Cántico espiritual entre Calma ¡ y Cristo su esposo / por el Venerable Padre fray / Juan de la Cruz, j Es original de su misma mano j que le dió a una persona / desta ciudad de Segovia muy / devota suya. / Esta ya impreso con las demás / obras del venerable Padre I en Madrid año 1630 y ¡ en Barcelona año 1635. Añadióse al fin de relación de lo que /sucedió al Beato Padre en Avila / con una monja que fingía tener / espíritu de Dios teniendo mu- ¡chas legiones de de- monios.— L. Diego de Colmenares. 36 a.
El P. Manuel lo paginó por hojas y en tinta roja. Hace 113, mas una sin paginar en blanco. Al principio le faltan el prólogo y las estrofas del Cántico, que casi todos los Manuscritos copian juntas a continuación del primero, y da comienzo por el «Argumento», y con él la foliación.
El Códice segoviano tiene más diferencias con el de Jaén que los de Avila, Burgos y Alba. En las doce primeras hojas, que com- prenden tres canciones, se hallan, de distinta letra que la copia, muy antigua también, algunas correcciones y adiciones sin importancia, pero 4 L INTRODUCCION luego se conoce que se desistió del propósito, porque no se ven más en lo restante del Manuscrito.
Las variantes, de ordinario, carecen de interés doctrinal y aun literario, y muchas son descuidos evidentes de copia. En algunas se procuro expresar la idea con más claridad. A conseguir esta claridad y a la evitación de defectos literarios, o que por tales los juzgó el autor de estas correcciones, se encaminan la mayor parte de las en- miendas que tiene este A\anuscrito respecto del de Jaén. En ía can- ción XIII suprime el comentario al verso Que el ciervo vulnerado; lo propio ocurre con el verso tercero de la XV. Por faltarle dos hojas al Códice, se echa menos grande parte de la canción XIX y unas lineas de la siguiente, que es lo que aquéllos abarcaban. Algunas otras omi- siones hay, pero breves. La copia, en conjunto, parece algo descuidada.
Si hemos de estar a la afirmación de Colmenares, hombre de pro- bada honradez histórica y amigo de no afirmar más de lo que sabia, esta copia la dió el propio San Juan de la Cruz a una persona de Segovia. «muy devota suya», que no juzgo inverosímil fuese doñc; Ana de Mercado y Peñaiosa, cuyas relaciones espirituales con el Santo fueron muy íntimas. A esta piadosísima señora se debió principal- mente la fundación de Segovia, hecha por el propio San Juan de la Cruz. Muy justo es que a tan insigne benefactora, que, además, no se sustentaba de otra doctrina de piedad que la del célebre místico Carmelita, le diese este libro, que tanta contiene y tan en armonía con los medros espirituales de doña Ana, logrados ai calor de tan eminente director de almas. De sentir es que Colmenares no nos dé otros pormenores de dónde estaba la copia en su tiempo, quién le certificó que había sido donada por el Santo a una persona muy ami- ga suya, y otros datos que nos habrían servido mucho ahora para señalar más puntualmente la antigüedad de ella. Trabajaba Colme- nares en el primer tercio del siglo XVII (en 1637 publicó su her- mosa Historia), cuando las tradiciones referentes al Santo estaban to- davía tiernas y limpias, a lo que creo, de adherencias que suelen adquirir en el rodar de los tiempos. La tradición pudo conservarse muy bien en las Descalzas y Descalzos de esta ciudad, con quienes tan- to doña Ana del AVercado como su sobrina doña Inés de Mercado, y en general, los amigos del Santo mantuvieron cordiales relaciones (1) 1 Precisamente, una de las carmelitas descalzas de Segovia, por nombre Isabel de Jesús, que conoció al Santo y recibió de él el libro de las cuarenta canciones, vivió hasta 1663. y no ignoraría ni la existencia, ni la historia de la copia de que habla Colmenares. En las Deposiciones de Segovia, y lo trae también el P. Jerónimo de San José (Historia, 1. VI, c. VI), de la familiar y antigua comunicación del Santo con doña Ana y su sobrina, se lee, que cuando bajaba el Santo a confesarlas en Segovia AL CANTICO ESPIRITUAL Ll Tampoco es improbable que antes de morir la persona a quien el Santo entregó este Códice, lo diese al convento de religiosos. El hecho es que, como observa el P. Manuel de Santa María, por los años de 1670 ciertamente estaba en el archivo del Convento, puesto que el P. Manuel de Jesús, prelado que acabó en Segovia el citado año de 1670, dejó asentado en el Libro de Becerro de la Comunidad que había en el arca de tres llaves «un libro en l.o, encuadernado en cartón y badana colorada, que se dice ser el libro de las Can- ciones, original suyo, con testimonio dudoso para algunos ^.
Cuando el general fray Alonso lo tomó, en 1692, para cotejarlo con el de San José de Avila, debió de llevarlo, por si o por otra persona, a Duruelo, y allí estuvo cerca de un siglo, hasta que, electo prior de Segovia el que lo era de Duruelo, fray Juan de la Virgen, lo llevó consigo con intención de que el P. Manuel pusiese en dicho Códice el libramiento de Colmenares, para los fines que antes se ex- presaron, y enterados que primitivamente no había pertenecido a Du- ruelo, sino a Segovia, lo dejaron aquí, donde se halla ahora, guar- dado con el cuidado que se merece.
No habiendo más razones que las dichas para afirmar que per- teneció al Santo este Códice, no hay tampoco fundamento sólido para darle preferencia" al de Jaén, que continuamos considerando el mejor de los manuscritos de la segunda redacción del Cántico, robustecido además con la conformidad que con él tienen los de Avila y Burgos, todos antiquísimos y de grande autoridad. Por otra parte, si el Có- dice segoviano se halló en poder del Santo, no debió de manejarle mucho; porque no se comprende, de otro modo, que no hubiera dejado alguna apostilla respecto de las omisiones que tiene, que algunas veces comprenden glosas enteras de versos, y muchas lecturas eviden- temente equivocadas. Tiene, además, respecto del jienense muchas diferencias, sin trascendencia doctrinal las más, pero las tiene. Al de Segovia copian, por lo regular, los Mss. 18.160 y 12.411, copias ambas bastante descuidadas.
Manuscrito - 18.160.— Es el que perteneció a Gayangos, del que ya hemos hablado (1). Precisamente del Cántico Espiritual es una nota que Gayangos pone en la primera hoja, donde, advirtiendo que el Códice tenía variantes con la impresión de 1629 (es la del P. Je- rónimo de San José), cita como ejemplo la estrofa XXVIII. El Cántico (ya lo hacía desde Granada), decían los religiosos: "Ya están juntos San Jerónimo, Santa Paula y Eustoquio." 1 T. I, p. 282.
LlI INTRODUCCION se encuadernó con los otros tres tratados del Santo, a continuación de La llama, de la que le separan tres hojas en blanco. En la si- guiente dice: «Jhs. M.». Canciones muy devotas sobre los Cantares que canta el alma a su esposo Cristo, en los cuales, declarados por sus versos, se trata de las distintas vias de oración hasta el último grado del matrimonio espiritual, que es a lo que el alma puede llegar en esta vida, compuesto por el P. Fr. Juan de la Cruz, reli- gioso descalzo de la Primitiva Regla de Ntra. Señora del Carmen». Turnan en la copia varias letras, todas muy antiguas.
El traslado está hecho con poco esmero, y se pueden contar en él innumerables descuidos materiales. En la mayor parte de las va- riantes (omisiones y modificaciones) es igual al de Segovia. Las dis- crepancias que se notan son debidas a los descuidos en que incurren al trasladar uno de ellos del otro, o entrambos de la misma copia. Los dos terminan también en la misma frase de la estrofa XXXVIII. Tanto este manuscrito como el 12.411, parecen estar sacados por el de Segovia, u otro parecido, aunque con mucha libertad y descuido en la traslación.
A veces, aunque no muchas, hace una especie de abreviación, su- primiendo numerosas frases con cierto cuidado para que no se in- terrumpa el sentido. Así, v. gr., las quince últimas líneas del comen- tario al verso «El silbo de los aires amorosos», de la canción XIV las resume así: «Y dice que no conocía su rostro, porque aunque es altísima visión, no se ve la esencia de Dios. Pero dice que era ima- gen, porque aquella inteligencia, como habernos dicho, de palabra escondida era allí como imagen y rostro de Dios. Y luego dioe que oyó una voz de aire delicado, porque se entiende «el silbo de los aires amorosos». Y así se ha de entender que siempre acaecen éstas con estos temores naturales, que es a los que comienzan a entrar en el estado de la iluminación y perfección, porque en otros antes acae- ce con gran suavidad».
Suspende el traslado en la frase: «Y dice luego lo séptimo para declarar aquello: «Al que venciere», dejando sin copiar lo restante de la canción XXXVIII y las dos siguientes; y no por falta de es- pacio, pues la última página tiene sólo dos líneas escritas.
Manuscrito 12.411. —Se habló en el prólogo de la Noche Oscura de este Manuscrito. Después de la copia en latín de un libro de Ruys- broeck, en la siguiente hoja traslada las Canciones con el título: Jesús, Maria Joseph. — Síguense unas muy devotas / canciones sobre los cantares que / canta el alma a su sposo X° / en las cuales de- ¡claradas por sus [ versículos se trata de las tres bias de oración asta el háltimo grado del / matrimonio sprl. que es a lo que un / AL CANTICO ESPIRITUAL luí alma puede llegar en esta vida / compuestas por el Padre Fr. Juan I de la Cruz religioso descalzo de la primitiva regla de Nra. S* del Carmen. Le falta el prólogo, y el «Argumento» que trae después de las estrofas lo titula «Prólogo al lector». La copia es muy descuidada, suprime lineas y párrafos enteros con alguna frecuencia, y acaba con la frase de la canción XXXVIII que reza el Manuscrito 18.160. De las dos estrofas restantes no trae nada. Este manuscrito carece de impor- tancia. En lo que copia, sigue con más fidelidad al de Segovia que al de Jaén.
Con la misma frase que la copia anterior (18.160) suspende ésta también la traslación del tratado. Bien se ve en todo que una es copia de otra (1).
ALGUNAS EDICIONES DEL «CANTICO ESPIRITUAL».
En los Preliminares dejamos escrito que los tratados del Santo se multiplicaron muy pronto en copias, hasta saltar las fronteras nacionales camino de Francia, Italia y Países Bajos, principalmente. No se publicó el Cántico Espiritual en ninguna de las dos primeras ediciones que de los escritos del Doctor carmelita salieron a la luz en Madrid (1618) y Barcelona (1619); porque era una época un poco peligrosa para todo comentario, o que como tal se tenía, del Cantar de los Cantares, por el partido que para sus depravadas doctrinas solían sacar los alum- brados, de los que había varios focos en diversas partes de la Península.
Edición de París (1622). — Francia fué la primera nación que dió a las prensas el Cántico Espiritual el año de 1622. Ya algunos antes había llegado el rumor hasta España de que los escritos del Santo se estaban traduciendo en lengua francesa. En las Declaraciones hechas en 1616 por el P. Pedro de San Francisco en la beatificación de San Juan de la Cruz, dice: «Ha oído este testigo que el Deán de Burdeos trabajó con su industria y la de otras personas en traducilos [los escritos del Doctor místico] en francés, para hacerlos imprimir, y que 1 En tiempo del P. Andrés de la Encarnación existían más copias de esta se- gunda redacción del Cántico. Para la impresión tenia por suficientes una cotejada con la de Jaén y la de Segovia. Pero dice que pueden consultarse, además, la de los Benedictinos de Burgos, la de Alba. Ecija, Carmelitas burgaleses, otra de los de Lo- groño, y otras en los Remedios de Sevilla, Carmelitas Descalzos de Valladolid, y Carmelitas Descalzas de Alba, Segovia y Baeza. De estos seis últimos no tenemos hoy conocimiento particular, si bien el P. Andrés los proponía a las copias de Jaén y Padres de Segovia. (Cfr. B. N.~Ms. 653, Previo i.»).
LIV INTRODUCCION acabó de traducir los que pudo haber, y que no los ha impreso por esperar un libro de los que el Santo compuso, que le faltaba» (1). No sabemos qué se hizo de esta traslación a la lengua de S. Luis de los escritos del Santo, ni qué libro le faltaba por traducir al buen Deán bordóles; tal vez fuera el Cántico. Este salió en París con este título: Canlique ¡ d'amour / divin j entre Jesus-Christ } et l'áme dévotc I composé en espagnol / par le B. Pére Jean de la Croix / premier Religieux de l'Ordre des Carmes / deschaussez, et coadjuteur de la Saínete ¡ Mere Tereze ¡ traduit par M. Rene Gaultier I Consei- llcr d'Etat / A París / chez Adrián Taupinart, rae Sainct ¡ Jacques a la Sphere / M.D.XXIl / avec Privilége dit Roy. Un ejemplar de esta edición, procedente del antiguo Convento de los Carmelitas Descalzos de la capital de Francia, se guarda en la Biblioteca Nacio- nal de París, y de él ha hablado en estos últimos años el P. Ph. Che- valiier, de la Abadía de Solesmes (2). René Gaultier, consejero de Estado y hombre muy piadoso, fué grande amigo de las Carmelitas españolas que en 1601 introdujeron la Reforma de Santa Teresa en Francia y uno de las que más eficazmente les ayudaron a establecerse en la nación vecina, donde tanto había de florecer luego, sin que dé muestras todavía de agotamiento, antes parece hallarse en la plenitud de su florescencia maravillosa (3).
La traducción se hizo por una copia de la primera redacción del Cántico, y no van descaminados los que afirman que esta copia, ve- rosímilmente, procedía de la misma A\. Ana de Jesús (Lobera), la mis- ma a quien la obra está dedicada. Incumbe a los críticos franceses va- lorar el mérito literario de la traducción, y de paso la fidelidad con que está hecha. Incompetentes para lo primero, no hemos tenido oca- sión ni tiempo para verificar lo segundo, pues, siendo rarísimos los ejemplares de esta edición, no es fácil tenerlos a la mano.
Edición de Bruselas (1627).— Siete años después de la anterior, se publicaba en Bruselas la primera edición en castellano del Cántico 2 Cfr. Bulletin Hispanique, Octobre-Décerabre, 1922. Los editores españoles no han hecho mérito de la edición de Paris. pero sí algunos extranjeros, como el P. Al- berto de San Cayetano, en la edición que en 1748 publicó en Venecia.
3 Acerca de la introducción de las Carmelitas Deseabas por la M. Ana de Jesús en Francia y los Países Bajos, pueden consultarse, entre otras obras, La Venerable Madre Ana de Jesús...por el R. P. Maestro Fr. Angel Manrique, general de la Or- den de San Bernardo (Bruselas, M.DCXXXII) y Vida de la Madre Ana de Jesús..., por el P. Bertoldo Ignacio de Santa Ana, C. D. Esta obra publicada primero en fran- cés (Malinas, 1 876-1882). se tradujo y publicó en español el año de 1901, en Burgos, y otros muchos escritos, publicados principalmente en Francia y Bélgica.
AL CANTICO ESPIRITUAL LV Espiritual con este título: Declaración de las ¡ Canciones ¡ qve tratan del / exercicio de amor / entre el / alma y el esposo [ Christo \¡ en la qual se tocan, y declaran algunos pun-jtos, y ej jetos de Ora- ción Por el venerable / Padre Fray Juan de la Cruz, primer Des/ cal^o de la reforma de nuestra Señora del / Carmen, f A peticio de la venerable Madre Ana de Jesús, ¡ siendo Priora de las Descaigas Carmelitas ¡ de S. Joseph, de Granada. Año de 1584. ¡ JfiS. En Bruselas, / En Casa de Godofredo / Echoevarts. 1627.
Hace un tomito de 130 por 80 mm., en pergamino. El papel es bastante malo, y mediana la presentación. Sin más preámbulos, co- mienza el prólogo del tratado (tres hojas y media sin paginar) y a continuación se publica la «Aprobación» eclesiástica, concebida en los siguientes términos: «Esta Declaración de las Canciones que tratan del Exercicio de Amor entre el alma y el Esposo Christo contiene muy graue, y excellente doctrina prouechosa para todos, y particularmente para las Almas deuotas. Y assi se puede imprimir. Fecho en Brusellas a los 8 de febrero. 1627. — El licenciado Juan Bap. Stratio, Capellán de Oratorio de su Alteza Ser. Censor de los libros». A seguida vienen las Canciones (seis hojas y media) y luego el texto. Con él da co- mienzo la paginación, y terminan en la 302. Al fin, unas cuantas poesías del Santo, en catorce hojas sin paginar.