El P. Juan Evangelista, de quien con toda verdad puede decirse que fué el discípulo amado de San Juan de la Cruz y de quien ape- nas se separó jamás desde que por Navidad de 1582 tomó el hábito de su mano en la ciudad de los cármenes, escribía desde Granada, con fecha 18 de febrero de 1630, una larga carta al Padre Jeróni- mo de San José, hablándole de diversos asuntos relacionados con la edición- de los libros del Santo que éste estaba preparando. A pro- pósito de la edición de Bruselas, le dice: «He estimado mucho la es- tampa que V. R. me envió, y en casa ha dado mucho gusto, y a todos gran deseo de ver por acá los libros, que nos hacen falta, que no se hallan, y el de las Canciones se ha deseado mucho, que han llegado por acá unos de Bruselas con hartas mentiras, y deseo los que aquí se han impreso para su crédito y gusto. Nuestro Señor me la haga de enviarlos lo más presto que sea posible» (1). Ningún testigo más calificado para emitir juicio sobre los escritos del Santo que este re- ligioso, que se los vió escribir y sacó copias de ellos. La edición de Bruselas, como la de París, reproduce la primera redacción del Cán- tico y se conforma en casi todo al Códice de Sanlúcar. Donde se LVI INTRODUCCION advierte alguna variante más, aunque sin importancia, es en el comen- tario al verso Apártalos amado, de la canción XII. Algunas omisiones se registran también, no muchas ni largas, de frases y palabras. En estas omisiones suele coincidir casi siempre con el Ms. 17.558 de la Nacional.
El juicio severo del P. Juan Evangelista debe de referirse a erra- tas materiales de impresión, que acaso procedan de que los correc- tores de pruebas no entendían bien el castellano, pues hay algunas tan señaladas como la de la glosa del verso segundo de la segunda can- ción, en que se lee otro por otero. En la estrofa VII, donde se dice y este amor de amor por y este morir de amor, y otras muchas a esta cuenta. También pudo referirse a que no coincidía la impresión en mu- chos parajes con el ejemplar del Cántico que él tenía a su disposición, o había leído más asiduamente, pues ya se ha dicho que aun dentro de los manuscritos de la primera redacción hay bastantes diferencias, principalmente en algunas canciones.
Aunque no hemos visto de ello afirmaciones concretas, debidas a quienes podían saberlo, es muy probable que la edición se regulase por algún manuscrito del Cántico Espiritual, que a los Países Bajos llevaron la venerable Ana de Jesús y sus compañeras de fundación (1).
Edición de Roma (1627).— El mismo año que se publicaba en la capital de Bélgica el Cántico en lengua castellana, se daban a las prensas en la lengua del Petrarca, y en la Ciudad Eterna, los libros de San Juan de la Cruz, incluso el Cántico Espiritual. El tomo mide 215 por 155 mm. La portada reza: Opere spirituali ¡ che conducono íanima / alia per/etta unione con Dio / composte dal ven. P. Er. Giovanni della Croce / Primo Scalzo della Riforma del Carmine e Coadju torc della Santa Vergine Teresa / Fondatrice di essa ¡ con un breve sommario della vita delf Autore e alcuni / Discorsi del P. Er. Diego di Giesú di detto Ordine, Priore ¡ del Convento di Toledo sopra le dette opere ¡ Tradotte dalla Spagnola in questa nostra lingua Italiana dil P. / Er. Alessandro di S. Francesco Definitore Genérale della Congregation d' Italia de' medesimi Scalzi / In Roma, Apresso Francesco Corbellctti MDCXXVll.
Después de la portada se lee una dedicatoria al limo, y Rmo. Ubaldini, cardenal y legado de Bolonia. La firma en Sta. María de la Scala, a 22 de diciembre de 1626, el P. Matías de S. Francisco, general de los Carmelitas Descalzos de la Congregación de Italia (hoja y media). A la vuelta de la segunda hoja viene la autorización 1 Hoy por hoy esta afirmación no pasa los limites de la probabilidad.
AL CANTICO ESPIRITUAL Lvn del P. General al P. Alejandro de S. Francisco, que fué quien tradujo al italiano la edición española de 1618, salvo el Cántico, que, como * es sabido, no se publicó en esta edición (9 de diciembre de 1626). En la siguiente hoja el Imprimatur del Maestro del Sacro Palacio, grabado de Fr. Juan de la Cruz con un crucifijo y los instrumentos de la Pasión. Sigue una «breve relatione della vita», etc., que se publicó en dicha impresión de 1618. También traslada el «Proemio» de la edición española g el «Monte». Con el «Proemio» da prin- cipio la paginación. En la página 383 comienza el Cántico con este título: Esscrcitio / d' Amore ¡ ¡ra l' anima e Christo / svo. sposo [ et dichiaratione / delta cantone ¡ sopra el misterioso Libro della Cántica, nella guale f si dichiarano e loccano alcnni punti et effetti / delC Oratione [ composto dal me disimo venerable P. Fr. Giovanni della Croce...Las Canciones terminan en la página 518. En la siguiente da comienzo la Llama de amor viva (1).
También la edición italiana, por lo que hace al Cántico Espiritual, publica la primera redacción, aunque con la novedad de añadirle, des- pués de la estrofa X, una nueva con un largo comentario desconocido hasta entonces. El traductor de la edición, como dice la portada, fué el docto y piadoso padre fray Alejandro de San Francisco, sobrino de León XI, que por sus grandes virtudes, discreción y ciencia me- reció ser nombrado definidor general de la Congregación de Italia. No explica el P. Alejandro de qué manuscrito se valió para hacer su versión, pero tenemos por casi seguro que se lo remitió desde España, el P. Jerónimo de San José, que andaba ya en preparativos para la edición que publicó en Madrid el año de 1630. Coinciden ambas casi en todo, sin exceptuar la inclusión de la estrofa XI, y tal coincidencia no se explica sino por la semejanza de los manuscritos empleados para ambas ediciones y la identidad de planes (2).
Nada más lógico que antes de intentar la traducción al italiano de los libros del Santo, pidieran los Carmelitas de Italia a sus hermanos de España consejo y advertencias para el mejor éxito de la obra, en 1 Hay un ejemplar de esta edición en la Universidad de Sevilla, que en otro tiempo perteneció a la Casa Profesa de la Compañía de Jesús en Roma. En la porta- da se lee: Domas Profs. Rom. Soc. Jesu.
2 El P. Florencio del Niño Jesús (Mensajero de Santa Teresa, 15 de febrero de 1924), fundándose en que el P. Alejandro de San Francisco fué maestro de novicios en París y definidor provincial de la misma Provincia religiosa (1617-1619), apunta la idea de si haría la traducción italiana por el mismo manuscrito que Gaultier hizo la francesa. No creo tenga fundamento tal conjetura. A más de faltarle a la edición parisiense la estrofa XI, hay entre las dos numerosas variantes, la mayor parte de las cuales no es explicable sino por la diversa procedencia de origen.
Lvm INTRODUCCION Lvm INTRODUCCION particular por lo que se relacionaba con el Cántico Espiritual, que aún no se conocía impreso en la lengua en que fué escrito. A juzgar por los resultados de la traducción, en la Subida, Noche Oscura 9 Llama de amor viva siguió la italiana en todo a la edición alcalaína de 1618, y creemos que en el Cántico, al manuscrito que le remitieron al Padre Alejandro desde España. Ya hemos dicho, que el remitente debió de ser el P. Jerónimo de San José, conocida la ocupación que entonces tenía por encargo de sus Superiores. Hasta en la variante del cuarto verso de la estrofa introducida: De amor no bien se cura, por De amor que no se cura, que trasladan los restantes manuscritos, coinciden la edición romana y madrileña (1)* El P. Jerónimo tuvo conocimiento cabal de esta edición, y en la In- troducción a la suya de 1630, dice, después de haber hecho breve re- cuento de los elogios tributados a los escritos del Sanio por celebra- dos hombres de ciencia: «Réstanos para feliz remate dél i de toda esta Introdución, agregar a las dichas la autoridad y suprema calificación de Roma, donde con aprobación del Maestro del Sacro Palacio, i por or- den del Ilustrísimo Cardenal Roberto Uvaldino, a quien se dedicaron, j a cuya costa se hizo la impresión destas obras, se estamparon todas en lengua italiana en un volumen como éste, año de mil i seiscientos y veinte i siete; y fué tan general el aplauso con que fueron recibidas i leídas de muchos de los Ilustrísimos señores Cardenales, i otros varones insignes de aquella gran Curia, que parecía haberse descubierto a la Iglesia a un segundo Dionisio Areopagita, de tan alto espíritu y no menos admirable doctrina que el primero». Por -lo copiado, se ve claro que el P. Jerónimo estaba muy al corriente de cuanto acontecía en Italia con los escritos del Santo Doctor del Carmelo (2).
Edición de Madrid ( 1630).— Hemos hablado de ella en la Intro- ducción de la Subida y la Noche Oscura. El P. Jerónimo de San José fué el primero que publicó en España el Cántico Espiritual con este 1 La edición de Roma — imitada luego por otras que en el mismo idioma la su- cedieron— publicó en columnas paralelas las poesías de los tratados en lengua espa- ñola y en lengua italiana.
2 También hace mérito de la edición romana en la Historia que en 1641 publicó del Santo. Con esta edición doy casi por seguro que ocurrió cosa análoga a lo acae- cido con la latina publicada en Colonia en 1639. según la versión a esta lengua he- cha por el padre carmelita Fr. Andrés de Jesús, polaco de nación. En tiempo del P. Andrés de la Encarnación se conservaban algunas cartas cruzadas entre el P. Je- rónimo de San José y el P. Juan María de San José, provincial de los Carmelitas Descalzos de Polonia, cuando ya en 1632 trataban de publicar en latin las obras del Santo. Hacía ya años que el P. Jerónimo, como más enterado de los escritos del San- to, solía contestar a cuantas preguntas se hacían acerca de ellos dentro y fuera de España.
BL CANTICO ESPIRITUAL LIX LIX título: Cántico I Espiritual! entre el almá / i Cristo [ sv Esposo ¡ rn que se declaran 1 varios i tiernos afectos de Oración i Contempla- con, I en la interior comunicación ¡ con Dios j por [ el venerable Padre / Frai Joan de la j Crvz f. Llena el tratado las páginas 599 a 802. En la siguiente hoja viene el colofón, que dice: «En Madrid. Por los herederos de la viuda de Pedro de Madrigal que sea en glo- ria. Año M.DC. XXIX». Por descuido se imprimió después de La Llama contra la intención del P. Jerónimo, que al reverso de la por- tada transcrita puso esta caución: «Advertencia del impresor. Este libro del Cántico Espiritual se avía de imprimir antes del de. Llama de Amor viva, que va en tercero lugar, porque assi lo pedia la partición de estas obras: pero por averse añadido de nuevo a las ya impressas, que son las antecedentes, fué fácil el yerro de ponerlo después de todas ellas. Podráse enmendar en las otras impressiones». En realidad, no hacía falta la advertencia, porque careciendo de re- lación directa con los tratados anteriores uno y otro libro, tanto monta una colocación como otra. Sin embargo, en las ediciones suce- sivas se siguió el consejo del P. Jerónimo, y, por nosotros no ha de romperse la tradición tres veces secular.
El P. Jerónimo sigue en el texto al Códice de Loeches y a otros similares de éste, que tienen bastantes variantes secundarias respecto del Códice de Barrameda, sobre todo en las cuatro primeras canciones, y en la VIII, XIII, XX (la Declaración), XXIV, XXV, XXXVIII y XXXIX (1). No comete ninguna omisión de importancia; sólo, de cuando en cuando, introduce alguna adición para dar más precisión al concepto, o para atenuar algún tanto el significado de algunas frases que pudieran dar lugar a torcidas interpretaciones; algo semejante a lo que hizo el P. Salablanca en la Subida y demás tratados de su edición de Alcalá, pero en una proporción mucho más pequeña, casi insignificante, como se verá por las notas que en el texto ponemos. También añade algunos textos latinos más, pocos, de los que traen los Códices de esta primera redacción (2).
La estrofa XI debió de tomarla el P. Jerónimo del Códice de Avila, si es que no llegó a conocer el de Jaén. Está conforme con ellos, salvo en dos o tres partículas insignificantes, y el cambio de hipér- baton de dos frases en la glosa al verso Y máteme tu vista y hermo- sura. Esta edición sirvió de modelo para todas las que en adelante se publicaron, hasta la hispalense de 1703.
1 Con todo, en la XXVI, no suprime el P. Jerónimo las dieciséis líneas que fal- tan en el de Loeches comentando el verso: Y corran tus olores.
2 Observa el P. Chevallier, que los textos bíblicos que el P. Jerónimo añade, están ajustados a la Vulgata, obligatoria desde 1592.
LI INTRODUCCION Edición de Colonia (1639).— En los países germánicos contribuyó mucho esta edición a divulgar los escritos del Santo, que trasladó al latin las principales obras del Santo con el titulo Opera Mvstica. / V. P. Fr. Joannis a Crvce f Primi Carmelitac / Discalceati. [Escudo de de la Descalcez].— Colonia, ex Officina Gualteriana MDCXXXX. En la hoja siguiente se advierte que las vertió del español al latín el P. An*. drés de Jesús, «Polonus». Coloniae Agripinae. Sumpíibus Haered, Ber- nard. Qualtheri. Excudebat Henricus Kraff. Anno MDCXXXIX. La edi- ción se dedicó al obispo de Bamberg. La licencia del general, P. Fe- lipe de Santiago, está fechada en la Scala (Roma), a 25 de junio de 1639.
El Cántico, que hace aquí a nuestro propósito, trae las cuarenta estrofas. La once en esta forma: «Descubre ni (sic) presencia Y máteme tu vista y hermosura.
Mira que la dolencia.
De amor no bien se cura Sino con la presencia y la figura».
La palabra ni por ta del primer verso, es errata material, que subsana la versión latina. La variante del verso cuarto es la misma de la edición romana (1627) y madrileña (1630), como que las tres fueron copiadas por la misma mano, la cual tomó sin duda de códice hoy desconocido, si no es que digamos que es del propio Jerónimo de San José, lo que nos parece más probable.
Edición de Sevilla (1703).— El conocimiento adquirido acerca de) valor del Códice de las Carmelitas de Jaén en 1670 fué abriéndose paso y cundiendo poco a poco entre los religiosos, particularmente de Anda- lucía, hasta que el P. Andrés de Jesús María, prior de los Carmelitas Descalzos de Sevilla, se lanzó, con anuencia de los Superiores de la Descalcez, a publicarlo en la nueva edición que de los escritos del Santo hizo en la metrópoli hispalense. La presentación en folio (33 por 23 cms.), es magnífica, así como los caracteres, grandes y claros.
En páginas alternas del «Compendio» de la vida del Santo que trae al principio (págs. 1-120), publica, en forma apaisada y en la parte superior de la plana, interesantes grabados en madera, que recuerdan episodios biográficos notables del Doctor Místico, los cuales llevan en la parte superior algún texto de la Sagrada Escritura, y en la inferior una inscripción latina que sintetiza el hecho que en el grabado se representa (1).
1 La edición de Sevilla fué imitada y superada por otra hecha en Venecia en 1748, que es espléndida de verdad.
AL CANTICO ESPIRITUAL LXI Reproduce, modificada en buena parte por el P. Andrés, la In- troducción que puso a la edición de 1630 el P. Jerónimo de San José. Por lo que al Cántico -hace relación, escribe este religioso: «El libro de las Canciones, que comienza Adonde te escondiste, se ha ajustado a su propio original, escrito por mano del mismo Santo Doctor y Padre nuestro: y por insigne reliquia venera y conserva nuestro Convento de Carmelitas Descalzas de Jaén. Que por haberse ocultado todo este tiempo en dicho Convento, sin -que tuviese noticia de él la Religión, ha corrido impreso dicho libro, no sólo variada la dis- posición y orden de algunas estancias o Canciones, sino mutilado en muchas cláusulas y párrafos que ahora se han añadido». No cayó en la cuenta el buen P. Prior de Sevilla de la doble redacción hecha por el Santo de este tratado, ni conoció el Códice de Barrameda. Esto le habría hecho más cauto y más razonable en las anteriores afirmaciones, que hoy carecen de todo valor crítico.
El P. Andrés de Jesús María reproduce bastante bien el Manuscrito de Jaén. Las variantes son pocas y no de importancia, y se añade algu- nos textos latinos de la Escritura allí donde el Santo los pone sólo en romance, labor parecida a la que antes había realizado el P. Jerónimo de San José. Naturalmente, la del P. Andrés se limita a la parte añadida al Cántico en la redacción segunda.
Edición de Toledo (1912-1911).— Publicada la edición de Sevilla en adelante fué reproducida sin innovación alguna por todas las que sucesivamente fueron saliendo en lo restante del siglo XVIII y XIX, hasta que dió a la luz la suya el P. Gerardo de San Juan de la Cruz. En el segundo tomo de dicha edición publicó en primer lugar el Cántico según el Códice de Jaén, y en apéndice del mismo volumen, el de Barrameda, con las notas que el Santo le puso, aunque no todas. Laudable acuerdo fué publicar las dos redacciones del Cántico, interesantes ambas, tanto para los espirituales, como para los eruditos.
LA PRESENTE EDICION LA PRESENTE EDICION La importancia del Manuscrito de Barrameda por contener notas del mismo Santo es tan excepcional, y más tratándose de un autor en que los autógrafos son tan escasos, que nos induce a publicar en lugar preferente — así lo exige también la cronología— esta primera redacción del Cántico Espiritual, y a continuación la segunda del mis- mo tratado, tomando por base y guía el Manuscrito de Jaén.
En nota se advierten las principales variantes con el de Barra- meda. Enemigo inconvertible de multiplicar las notas al pie de las LXII INTRODUCCION páginas, las canciones que más discrepancias tienen en algunos có- dices con el de Sanlúcar, se publican en apéndice, para los que quieran hacer el cotejo de las variantes, que siempre serán poquí- simos comparados con los lectores que estas obras tienen y no quie- ren reparar en tales cosas. Las canciones que se publican en los Apéndices son: I, 11. 111, IV, VIH, XIII (comentario al verso cuarto), XX (la Declaración solamente) XXIV, XXV. XXXVIII (tres versos) y XXXIX (comentarios a los cuatro últimos versos). Las discordancias re- gistradas en estos lugares se refieren sólo a los manuscritos de Bae- za. Granada, Loeches, Bujalance, 8.651 y la edición de Madrid (1630) con respecto al de Sanlúcar. Los demás, así como la edición de Bruselas, aun en éstas le copian fielmente, por lo regular.
Ni que decir tiene, que ajustamos el texto al Códice sanluqueño, añadiéndole las palabras que el Santo le puso en adiciones marginales o interlineales con intención de incluirlas en el cuerpo de la obra, y dando en nota las otras adiciones que hizo para que le recordasen alguna idea que luego habría de explanar en el texto definitivo, de) que el presente era sólo borrador.
Cuando nos pusimos a trabajar esta edición, estudiamos con la diligencia posible a nuestra corta capacidad— y creemos también que con voluntad inmejorable y exenta de prejuicios— las razones que se han dado recientemente para probar la condición apócrifa de la segunda redacción del Cántico, contenida en el manuscrito de Jaén y otros que ya conocemos. Intención nuestra era suprimir su publi- cación si las tales razones nos convencían. Existiendo la primera redacción de este tratado, que nadie puede negar, nunca hemos creído que el Santo Doctor ganaba ni perdía gran cosa con que la se- gunda redacción fuera o no fuera suya. No hallamos tanta diferencia entre las dos redacciones, que la segunda añada muchos quilates al reputadísimo valer científico y literario de San Juan de la Cruz. Con la misma imparcialidad crítica que negamos ser de Santa Teresa algunos escritos que tradicionalmente se le venían atribuyendo sin fun- damento alguno, habríamos negado también éste al Santo, como le negaremos otros de que se hablará en el tomo siguiente (1).
Pero toda nuestra inmejorable disposición para dar por buena la dicha condición apócrifa de la segunda redacción del Cántico se ha estrellado ante la falta —hablo siempre de lo que a nosotros nos parece — de razones que la convenzan. No he acertado a verlas, pe- 1 Abrigamos en un principio el propósito de publicar las principales copias de este tratado, pero, sin haber desistido definitivamente de ello, no lo reputamos de ma- yor importancia. Las circunstancias dirán la última palabra.
AL CANTICO ESPIRITUAL LXIII quenas ni grandes, intrínsecas ni extrínsecas, hasta el extremo de que, por estar convencido de que. hoy por hoy, esta cuestión no tiene im- portancia mientras no se aporten a dicha tesis probaciones más sólidas, he relegado a los apéndices los razonamientos que se han aducido en pro de dicha apocrifidad. En consecuencia, la segunda redacción se im- prime en este volumen por reputarla fruto genuino y fiel de la plu- ma del Santo.
Siendo, a nuestro parecer, el manuscrito de Jaén el más autori- zado de todos los que contienen la segunda redacción del Cántico, a él seguimos en esta edición, menos en los casos de omisión o equivocación manifiesta. Afortunadamente — ya lo dejamos advertido — con él confor- man los demás en todo lo substancial, y salvo el de Segovia y dos más, de escasa importancia, aun en cosas de poco interés coinciden casi siempre.
En notas al texto jienense verá el lector las discrepancias de este códice con los demás. No las hemos puesto todas, pero si las que hemos juzgado de mayor interés. Por ellas se verá que son debidas las más a la incuria de los copistas, o a cierta libertad de los mis- mos en alterar las frases por palabras análogas, sin ulterior inten- ción científica, aunque no diríamos nosotros que alguna vez no hayan existido propósitos de mejora literaria y también de abreviación de párrafos (1).
No hemos señalado con signo especial lo añadido en el estado segundo del Cántico, porque sobre ser enemigos de multiplicar lla- madas en el texto, en algunas canciones habría sido poco menos que imposible. El que desee hacer tal estudio, a mano tiene las dos redac- ciones del Cántico, ajustadas a sus modelos con la fidelidad que nos ha sido posible. Sólo advertimos, que el P. Gerardo ni incluye en signos especiales todas las adiciones del Cántico de Jaén, ni algunas de las incluidas son tales adiciones, sino frases del Cántico de Barrameda.
1 Nos reafirmamos en el criterio expuesto en los "Preliminares" de no haber en los manuscritos intento ninguno de deformación o adulteración de la doctrina del Santo. En este tratado, como en los anteriores, si alguna rarísima modificación se hizo en tal sentido, hay que buscarla en la edición de Sevilla. Claro es que cualquie- ra errata, tomada por lo serio, puede modificar el sentido de una frase, y a veces ra- dicalmente. Un espíritu sutil, de cualquiera de estas involuntarias mutaciones puede escribir si quiere disertaciones larguísimas y trascendentales. Pero no se trata de eso, sino del propósito deliberado que haya podido existir en algún ingenio para dar nue- va redacción al Cántico, de tal forma que sea una verdadera producción apócrifa respecto del Santo.
Para convencerse hasta que extremo se llevaban los descuidos de copia, pueden verse las variantes de lectura anotadas en este tomo en los versos del poema. Ni éstas LXIV INTRODUCCION Las citas corresponden a las siguientes abreviaturas. Primera re- dacción del Cántico: Gr.=Granada (Sacro Monte).
Bz.=Ms. 8.795 de la Biblioteca Nacional.
Lch.=Manuscrito de las Carmelitas Descalzas de Loeches.
Bj.=Id. de Bujalance.
G.=Ms. 17.558 de la Biblioteca Nacional.
V.=Ms. de las Carmelitas Descalzas de Valladolid.
Vd.= Idem, idem.
Br.=Edición de Bruselas año de 1627. Md.=Edición de Madrid, año de 1630 (1).
Para la segunda redacción del mismo tratado, son las siguientes: A. =Manuscrito de los Carmelitas de Alba de Tormes (2). Av.=Manuscrito de las Carmelitas Descalzas de Avila.
B. =Ms. 6.624 de la Biblioteca Nacional. Bg.=Ms. de los Carmelitas Descalzos de Burgos. Sg.=Manuscrito de los Carmelitas de Segovia. Bz=Ms. 8.192 de la Biblioteca Nacional. G.=Ms. 18.160 de la B. N.
Ej.=Ms. 12.111 de la B. N. S.=Edición de Sevilla, año de 1703.
Fr. Silverio de Santa Teresa, C. D.
di muchas otras notas tienen otro interés que el de que el lector se cerciore por si mismo de descuidos de traslación.
1 El de Sanlúcar y el 8.654 se citan sin abreviatura.
2 Por error tipográfico, en el primer tomo, pag. 308, línea 27, se dijo Carmelitas Descalzas en vez de Carmelitas Descalzos.
CANTICO ESPIRITUAL CANTICO ESPIRITUAL Declaración de las Canciones que tratan del ejercicio de amor entre el Alma y el Esposo Cristo, en la cual se tocan y declaran algunos puntos y efectos de oración, a petición de la Madre Ana de Jesús, priora de las Descalzas en San José de Granada. Año de 1584 años (1).
PRÓLOGO l. Por cuanto estas Canciones, religiosa Madre (2), pare- cen ser escritas con algún fervor de amor de Dios, cuya sa- biduría y amor es tan inmenso, que, como se dice en el libro de la Sabiduría (3), toca desde un fin hasta otro fin, y el alma que de él es informada y movida, en alguna manera esa misma abundancia e Impetu lleva en su decir, no pienso yo ahera declarar toda la anchura y copia que el espíritu fecundo del amor en ellas lleva, antes- sería ignorancia pensar que los di- chos de amor en inteligencia mística, cuales son los de las presentes Canciones, con alguna manera de palabras se pue- dan bien explicar; porque el Espíritu del Señor que ayuda 1 Tal es el titulo de la portada del Códice de Sanlúcar de Barrameda, del cual se diferencian algún tacto los que llevan otros manuscritos. Ya se sabe que el Santo puso al pie de este título: Este libro es el borrador de q ya se saco en limpio. — Fr. Ja.° de la t- El de la edición de 1630 dice: "Cántico espiritual entre el alma y Cristo su esposo, en que se declaran varios y tiernos afectos de oración y contemplación en la interior comunicación con Dios, por el venerable P. Fr. Joan de la Cruz."
2 La venerable Ana de Jesús (Lobera), priora de las Carmelitas Descalzas de Granada y dirigida del Santo, cuando compuso este tratado a instancias de ella, no de Santa Teresa, como se dice en la edición romana de 1627. De esta venerable Ma- dre se ha hablado muy a menudo en esta Biblioteca. Baste recordar ahora que fué muy espiritual y amiga de la Santa, de fray Luis de León y del gran Doctor Místico- Introdujo la Reforma de la Santa en Francia y Bélgica, y murió en Bruselas el 4 de marzo de 1621. Había nacido el 25 de noviembre de 1545 en Medina del Campo.
El C. de Bujalance escribe: "Por cuanto estas canciones parecen ser escritas reli- giosamente...** Bz. y Md. omiten las palabras "religiosa madre."
3 Sap., Vin, 1.
4 PROLOGO nuestra flaqueza, como dice San Pablo, morando en nosotros, pide por nosotros con gemidos inefables (1), lo que nosotros no podemos bien entender ni comprender para lo manifes- tar (2). Porque, ¿quién podrá escribir lo que a las almas amorosas, donde él mora, hace entender? Y ¿quién podrá mani- festar con palabras lo que las hace sentir? Y ¿quién, final- mente, lo que las hace desear? Cierto, nadie lo puede; cierto, ni ellas mismas por quien pasa lo pueden. Que ésta es la causa por qué con figuras, comparaciones y semejanzas, an- tes rebosan algo de lo que sienten, y de la abundancia del es- píritu vierten secretos misterios (3), que con razones lo de- claran. Las cuales semejanzas, no leídas con la sencillez del espíritu de amor e inteligencia que ellas llevan, antes parecen dislates que dichos puestos en razón, según es de ver en los divinos Cantares (4) de Salomón, y en otros libros de la Es- critura Divina, donde, no pudiendo (5) el Espíritu Santo dar a entender la abundancia de su sentido por términos vulga- res y usados, habla misterios (6) en extrañas figuras y seme- janzas. De donde se sigue, que los santos doctores, aunque mucho dicen y más digan, nunca pueden acábar de declarar- lo por palabras, así como tampoco por palabras se pudo ello decir; y así, lo que de ello se declara, ordinariamente es lo menos que contiene en sí.