SigPhi · Juan de la Cruz

Cantico Espiritual (completo)

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2. Por haberse, pues, estas Canciones compuesto en amor de abundante inteligencia mística, no se podrán declarar al justo, ni mi intento será tal, sino sólo dar alguna luz en general (pues V. R. así lo ha querido); y esto tengo por mejor, por- que los dichos de amor es mejor dejarlos en su anchura, para que cada uno de ellos se aproveche según su modo y caudal de espíritu, que abreviarlos a un sentido a que no se acomode 1 Bz., G, V, Vd. y Br.: innenarrables.

2 Rom., VIII, 26.

3 G, V, Vd. y Br.: secretos místicos.

•4 Cantares, se lee en los manuscritos y ediciones antiguas. Algunas ediciones modernas: Cánticos.

5 Lch., Md. y 8.654: no queriendo.

6 G, V, Vd. y Br.: habla místicos.

PROLOGO 5 todo paladar. Y así, aunque en alguna manera se declaran, no hay para qué atarse a la declaración; porque la sabiduría mística (la cual es por amor, de que las presentes Canciones tratan), no ha menester distintamente entenderse para hacer efec- to de amor y afición en el alma, porque es a modo de la fe, en la cual amamos a Dios sin entenderle.

3. Por tanto, seré bien breve; aunque no podrá ser me- nos de alargarme en algunas partes donde lo pidiere la ma- teria, y donde se ofreciere ocasión de tratar y declarar algunos puntos y efectos de oración, que por tocarse en las Canciones muchos, no podrá ser menos de tratar algunos. Pero dejando los más comunes, notaré brevemente los más extraordinarios que pasan por los que han pasado, con el favor de Dios, de principiantes (1), y esto por dos cosas: la una, porque para los principiantes hay muchas cosas escritas; la otra, porque en ello hablo con V. R. por su mandado, a la cual Nuestro Señor ha hecho merced de haberla sacado de esos principios, y llevádola más adentro del seno de su amor divino. Y asi espero que aunque se escriben aquí algunos puntos de teo- logía escolástica acerca del trato interior del alma con su Dios, no será en vano haber hablado algo a lo puro del espíritu (2), en tal manera; pues aunque a V. R. le falte el ejercicio de teología escolástica con que se entienden las verdades divinas, no la falta el de la mística, que se sabe por amor, en que no solamente se saben, mas juntamente se gustan.

4. Y porque lo que dijere (3) (lo cual quiero sujetar al mejor juicio, y totalmente al de la Santa Madre Iglesia), haga más fe, no pienso afirmar cosa de mío, fiándome de experien- cia que por mí haya pasado, ni de lo que en otras personas espirituales haya conocido, o de ellas oído (aunque de lo uno y de lo otro me pienso aprovechar), sin que con autoridades de la Escritura Divina vaya confirmado y declarado, a lo me- 1 Md.: "que pasan por las almas, que. con el favor de Dios, han pasado de principiantes."

2 Md.: No será en vano a la pureza del espíritu haber hablado algo.

3 Ms. 8.654, Lch. y Md.: Y porque todo lo que dijere.

6 PROLOGO nos en lo que pareciere más dificultoso de entender. En las cuales llevaré este estilo, que primero las pondré la sentencia de su latín (1), y luego las declararé al propósito de lo que se trajeren. Y pondré primero juntas todas las Canciones, y luego por su orden iré poniendo cada una de por sí para haber- la de declarar; de las cuales declararé cada verso poniéndole al principio de su declaración (2).

FIN DEL PROLOGO FIN DEL PROLOGO 1 Así Vd., el de Barrameda y Granada. Bz.: "Pondré la sentencia en latín y lue- go la declararé al propósito de lo que se trajeren." V y G: "Las pondré las senten- cias en su latín..." Bj.: "Les pondré la sentencia en latín..."

2 Lch., 8.654 y Md. modifican: "que primero las pondré todas juntas, y luego las declararé poniendo cada una de por sí con su declaración, por su orden."

CANCIONES ENTRE EL ALMA Y EL ESPOSO (1) ESPOSA 1. — ¿A dónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste (2), Habiéndome herido; Salí tras tí (3) clamando, 9 eras ido (4).

2. — Pastores, los que fuerdes Allá por las majadas al Otero, Si por ventura vierdes Aquel que yo más quiero, Decilde que adolezco, peno y muero.

3. — Buscando mis amores, Iré por esos montes y riberas (5), Ni cogeré las flores, Ni temeré las fieras, Y pasaré los fuertes y fronteras.

PREGUNTA A LAS CRIATURAS 4. — ¡Oh, bosques y espesuras, Plantadas por la mano del Amado! (6) ¡Oh, prado de verduras, 1 Para facilitar las citas, se numeran las estrofas del Poema. El Santo no las numeró.

2 B)., Bz.. G, V y Md.: Como ciervo huiste. El 8.654: Que como ciervo huiste.

3 Salí triste, traslada el copista del Códice de Barrameda cuantas veces reprodu- ce este verso, las mismas que el Santo le corrige en la forma que le dejamos impreso.

4 Br.: ya eras ido. Lch.: y ya eras ido.

5 G y V: Iré por esos campos y riberas.

6 Lch. y Md.: Plantadas por la mano de mi Amado. Algunos Mss. trasladan: Plantados por la mano del Amado. El 8.654: Plantados por la mano de mi Amado.

8 CANCIONES De flores esmaltado, Decid si por vosotros ha pasado I RESPUESTA DE LAS CRIATURAS 5. — Mil gracias derramando, Pasó por estos sotos con presura, Y yéndolos mirando, Con sola su figura Vestidos los dejó de hermosura (1).

ESPOSA 6. — |Ay, quién podrá sanarme! Acaba de entregarte ya de vero, No quieras enviarme De hoy más ya mensajero (2), Que no saben decirme lo que quiero.

7. — Y todos cuantos vagan, De ti me van mil gracias refiriendo, Y todos más me llagan, Y déjame muriendo Un no sé qué que quedan balbuciendo.

Oh vida (3), no viviendo donde vives, Y haciendo porque mueras, Las flechas que recibes, De lo que del Amado en ti concibes?

9. — ¿Por qué, pues has llagado Aqueste corazón, no le sanaste?

Y pues me le has robado, ¿Por qué así le dejaste, Y no tomas el robo que robaste?

10. — Apaga mis enojos, 1 Lch., G, V, 8.654 y Md.: Vestidos los dejó de su hermosura.

2 Así manuscritos y ediciones antiguas. Lch. y V: De hoy más mensajero.

3 Oh alma, trasladó el copista, que el Santo enmienda por Oh vida. Br., Gr., Lch., Md. y 8.654: Oh alma. G, V y Bz.: Oh vida. En Vd. se leía Oh alma, pero un corrector enmendó: Oh vida.

CANCIONES 9 Pues que ninguno basta a deshacellos, Y véante mis ojos, Pues eres lumbre dellos, Y sólo para ti quiero tenellos (1).

Si en esos tus semblantes plateados, Formases de repente (2) Los ojos deseados, Que tengo en mis entrañas dibujados!

12. — Apártalos, Amado, Que voy de vuelo.

EL ESPOSO Vuélvete, paloma, Que el ciervo vulnerado Por el otero asoma, Al aire de tu vuelo, y fresco toma.

LA ESPOSA 13. — Mi Amado las montañas, Los valles solitarios nemorosos, Las ínsulas extrañas, Los ríos sonorosos, El silbo de los aires amorosos.

14. — La noche sosegada En par de los levantes de la aurora, La música callada, La soledad sonora, La cena que recrea y enamora.

15. — Nuestro lecho florido De cuevas de leones enlazado, En púrpura tendido (3), 1 Como se advierte en la Introducción, Md. ingiere aquí la estrofa que comien- za: Descubre tu presencia.

2 G: Mostrases de repente.

3 Así Gr., Lch. y Buj.-Br., Md., V, Vd., G y Bz: reñido. Ms. 8.654: De púr- pura vestido.

10 CANCIONES De paz edificado, De mil escudos de oro coronado (1) 16. — A zaga de tu huella Las jóvenes discurren al camino (2) Al toque de centella, Al adobado vino, Emisiones de bálsamo divino.

17. — En la interior bodega De mi Amado bebí, y cuando salía Por toda aquesta vega, Ya cosa no sabía, Y el ganado perdí que antes seguía.

18. — Allí me dió su pecho, Allí me enseñó ciencia muy sabrosa, Y yo le di de hecho A mí, sin dejar cosa, Allí le prometí de ser su esposa.

19. — Mi alma se ha empleado (3), Y todo mi caudal en su servicio; Ya no guardo ganado, Ni ya tengo otro oficio, Que ya sólo en amar es mi ejercicio.

20. — Pues ya si en el ejido De hoy más no fuere vista ni hallada, Diréis que me he perdido; Que andando enamorada, A\e hice perdidiza, y fui ganada.

21. — De flores y esmeraldas, En las frescas mañanas escogidas (4), Haremos las guirnaldas En tu amor florecidas, Y en un cabello mío entretejidas.

1 V y Vd.: De mil escudos de oro codeado.

2 Bz. y V: Los jóvenes discurren al camino.

3 V: Mi alma se ha entregado.

4 Lch.: En las frescas montañas escogidas.

CANCIONES 11 22. — En sólo aquel cabello Que en mi cuello volar consideraste, Mirástele en mi cuello, Y en él preso quedaste, Y en uno de mis ojos te llagaste.

23. — Cuando tú me mirabas, Tu gracia en mí tus ojos imprimían (1); Por eso me adamabas, Y en eso merecían Los míos adorar lo que en ti vían.

24. — No quieras despreciarme, Que si color moreno en mí hallaste, Ya bien puedes mirarme, Después que me miraste, Que gracia y hermosura en mí dejaste.

25. — Cogednos las raposas, Que está ya florecida nuestra viña, En tanto que de rosas Hacemos una pina, Y no parezca nadie en la montifla (2).

26. — Detente, Cierzo muerto, Ven, Austro, que recuerdas los amores, Aspira por mi huerto, Y corran sus olores, Y pacerá el Amado entre las flores (3).

ESPOSO 27. — Entrado se ha la Esposa En el ameno huerto deseado, Y a su sabor reposa, El cuello reclinado Sobre los dulces brazos del Amado.

28. — Debajo del manzano, i 2 3 Así las ediciones y la generalidad de los manuscritos. B).: Su gracia.., B).: Y no parezca nadie en la campiña. G: Y parezca el Amado entre las flores.

12 CANCIONES Allí conmigo fuiste desposada, Allí te di la mano, Y fuiste reparada Donde tu madre fuera violada.

29. — A las aves ligeras, Leones, ciervos, gamos saltadores, (1), Montes, valles, riberas, Aguas, aires, ardores Y miedos de las noches veladores.

30. — Por las amenas liras, Y canto de serenas os conjuro, Que cesen vuestras iras, Y no toquéis al muro, Porque la Esposa duerma más seguro.

ESPOSA 31. — Oh, ninfas de Judea, En tanto que en las flores y rosales El ámbar perfumea, Mora en los arrabales, Y no queráis tocar nuestros umbrales.

32. — Escóndete, Carillo, Y mira con tu haz a las montañas, Y no quieras decillo; Mas mira las compañas (2) De la que va por ínsulas extrañas.

ESPOSO 33. — La blanca palomica Al arca con el ramo se ha tornado, Y ya la tortolica Al socio deseado En las riberas verdes ha hallado.

2 Aunque aqui se lee campañas en el Códice de Barrameda. en el cuerpo del tratado se traslada siempre compañas. Lo mismo ocurre en algún otro manuscrito.

CANCIONES 13 34. — En soledad vivía, Y en soledad ha puesto ya su nido, Y en soledad la guía A solas su querido, También en soledad de amor herido.

ESPOSA 35. — Gocémonos, Amado, Y vamonos a ver en tu hermosura Al monte o al collado, Do mana el agua pura, Entremos más adentro en la espesura.

36. — Y luego a las subidas Cavernas de la piedra nos iremos, Que están bien escondidas, Y allí nos entraremos, Y el mosto de granadas gustaremos.

37. — Allí me mostrarías Aquello que mi alma pretendía (1), Y luego me darías Allí tú, vida mía, Aquello que me diste el otro día.

38. — El aspirar del aire, El canto de la dulce filomena, El soto y su donaire, En la noche serena Con llama que consume y no da pena (2).

39. — Que nadie lo miraba, Aminadab (3) tampoco parecía, Y el cerco sosegaba, Y la caballería A vista de las aguas descendía. FIN.

1 Bz.: Aquello que tu alma pretendía.

2 Bz.: Con llama que consume y nada quema.

3 El copista de Vd., no entendiendo la palabra, traslada: A mi nada...COMIENZA LA DECLARACION DE LAS CANCIONES ENTRE LA ESPOSA Y EL ESPOSO CANCION PRIMERA (1) ¿A dónde te escondiste, Amado, y me dejaste con gemido? Como el ciervo huiste, Habiéndome herido; Salí tras tí clamando y eras ido.

DECLARACION 1. En esta primera canción, el alma enamorada del Ver- bo Hijo de Dios su Esposo, deseando unirse con él por clara y esencial visión, propone sus ansias de amor, querellándose a él de la ausencia, mayormente que estando ella herida de su amor, por el cual ha salido de todas las cosas y de sí misma, todavía haya de padecer la ausencia de su Amado, no desa- tándola ya de la carne mortal, para poderle gozar en gloria de eternidad y así, dice: ¿A dónde te escondiste?

2. Y es como si dijera: Verbo, Esposo mío, muéstrame el lugar do estás escondido. En lo cual le pide la manifesta- ción de su divina esencia; porque el lugar do está escondido 1 Por las muchas variantes que en algunos manuscritos y en la edición de Madrid hay respecto del Códice de Sanlúcar, a ñn de no recargar las páginas con demasiadas notas, tanto esta estrofa como las tres siguientes se publicarán en los Apéndices con- forme a dichos manuscritos, y asi se podrá apreciar su discrepancia con el sanlu- queño. Las notas que se ponen, refiérense sólo a los Mss. G, V, Vd. y a la edición de Bruselas, que aun en estas estrofas se conforman con la copia de Sanlúcar. Por las mismas causas haremos lo propio con algunas otras canciones. En los lugares en que ocurra, se dejará advertido en nota.

CANCION PRIMERA 15 el Hijo de Dios, es, como dice San Juan (1), el seno del Pa- dre, que es la Esencia divina, la cual es ajena y escondida de todo ojo mortal, y de todo entendimiento. Lo cual quiso de- cir Isaías, cuando dijo: Verdaderamente tú eres Dios escon- dido (2). Donde es de notar, que por grandes comunicaciones y presencias, y altas y subidas noticias de Dios que un alma en esta vida tenga, no es aquello esencialmente Dios, ni tiene que ver con él; porque todavía en la verdad le está al alma es- condido, y siempre le conviene al alma sobre todas esas grant- dezas, tenerle por escondido, y buscarle escondido, diciendo: «¿A dónde te escondiste?» Porque ni la alta comunicación y presencia sensible es más testimonio de su presencia, ni la sequedad y carencia de todo eso en el alma es menos testimonio de su presencia en ella, por lo cual dice el Profeta Job: Si ve- nerií ad me, non videbo eam\ et si abierit, non intelligam (3), Que quiere decir: Si viniere a mí, (es a saber, Dios), no le veré; y si se fuere, no lo entenderé. En lo cual se ha de entender, que si el alma sintiere grande comunicación o noticia de Dios, u otro algún sentimiento, no por eso se ha de persuadir a que aquello sea tener más a Dios, o estar más en Dios; ni tampoco que aquello que siente o entiende, sea esencialmente Dios, aunque más ello sea; y que si todas esas comunicaciones sen- sibles e inteligibles le faltaren, no ha de pensar que por eso le falta Dios, pues que realmente ni por lo uno puede saber de cierto estar en su gracia, ni por lo otro estar fuera de ella, diciendo el Sabio: Nema scit uirum amore an odio di- gnus sit (4). Que quiere decir: Ningún hombre mortal puede saber si es digno de gracia o aborrecimiento de Dios. De ma- nera que el intento del alma en este presente verso, no es pedir sólo la devoción afectiva y sensible, en que no hay certeza ni claridad de la posesión graciosa del Esposo en esta vida, sino 1 I, 18.

2 XLV, 15. — Escogido puso el copista. La enmienda es del Santo. Escondido se lee también en los manuscritos.

3 IX, 11.

4 Eccles., IX, 1.

16 CANTICO ESPIBIT'JAL también la presencia y clara visión de su esencia, con que desea estar certificada y satisfecha en la gloria.

3. Esto mismo quiso decir la Esposa en los Cantares di- vinos cuando, deseando la unión y junta de la divinidad del Verbo Esposo suyo, la pidió al Padre diciendo: Indica mita, ubi pascas, ubi cubes in meridie (1). Que quiere decir: Mués- trame dónde te apacientes, y dónde te recuestes al mediodía. Porque en pedirle dónde se apacentaba (2), era pedir le mostrase la esencia (3) del Verbo divino, porque el Padre no se gloría ni apacienta en otra cosa que en el Verbo, su único Hijo; y en pedir le mostrase dónde se recostaba al mediodía, era pedirle lo mismo, porque el Padre no se recuesta, ni cabe en otro lu- gar que en su Hijo, en el cual se recuesta, comunicándole toda su esencia, al mediodía, que es en la eternidad, donde siempre le engendra. Este pasto, pues, donde el Padre se apacienta, y este lecho florido del Verbo divino, donde se recuesta escondido de toda criatura mortal, pide aquí el alma Esposa, cuando dice: «¿A dónde te escondiste?».

4. Y es de notar, para saber hallar este Esposo (cual en esta vida se puede), que el Verbo, juntamente con el Padre y el Espíritu Santo, está esencialmente en el íntimo centro del alma es- condido. Por tanto, el alma que por unión de amor le ha de ha- llar, conviénele salir y esconderse de todas las cosas criadas según la voluntad, y entrarse en sumo recogimiento dentro de sí misma, comunicándose allí con Dios en amoroso y afectuoso trato, es- timando todo lo que hay en el mundo como si no fuese. Que por eso San Agustín, hablando en los Soliloquios con Dios, decía: No te hallaba yo, Señor, de fuera, porque mal te buscaba de fuera a ti que estabas dentro (4). Está, pues, en el alma escon- dido, y allí le ha de buscar el buen contemplativo, diciendo: «¿A dónde te escondiste», Amado, y me dejaste con gemido?

1 Cant.. I. 6.

4 Soliloquios, cap. XXXI.

CANCION PRIMERA 17 5. Llámale Amado, para más moverle e inclinarle a su ruego, porque cuando Dios es amado de veras, con gran facilidad oye los ruegos de su amante; y entonces se puede de verdad llamar Amado cuando el alma está entera con él, no teniendo su cora- zón en otra cosa alguna fuera de él. De donde algunos llaman al Esposo Amado, y no es su Amado de veras, porque no tienen con él entero su corazón; y así, su petición no es en la presencia del Esposo de tanto valor.

6. Y en lo que dice luego: «Y me dejaste con gemido», es de notar, que la ausencia del Amado es un continuo gemido en el corazón del amante, porque como fuera de él nada ama, en nada descansa ni recibe alivio; de donde en esto se co- nocerá si alguno de veras a Dios ama, si con alguna cosa menos que Dios no se contenta. Este gemido dió bien a en- tender San Pablo, cuando dijo: Nos intra nos gemimus, expec- tantes adoptionem filiorum Dei (1). Esto es: Nosotros, dentro de nosotros tenemos el gemido, esperando la adopción y pose- sión de hijos de Dios. Que es como si dijera, dentro de nuestro corazón, donde tenemos la prenda, sentimos lo que nos aqueja, que es la ausencia. Este, pues, es el gemido (2) que el alma tiene siempre en el sentimiento de la ausencia de su Amado, mayor- mente cuando habiendo gustado alguna dulce y sabrosa comunica- ción suya, la dejó seca y sola, lo cual sintiendo ella mucho, dice luego: Como el ciervo huiste.

7. Donde es de notar, que en los Cantares compara la Es- posa al Esposo al ciervo y a la cabra montañesa, diciendo: Similis est düectus meus caprae hinnuloque cervorum (3). Es- to es: Semejante es mi Amado a la cabra, y al hijo de los cier- vos. Y esto por la presteza del esconderse y mostrarse, cual suele hacer el Amado en las visitas que hace a las almas, y en 1 Rom.. VIH, 23.

3 Cap. II, 9.

18 CANTICO ESPIRITUAL los desvíos y ausencias que las hace sentir después de las tales visitas; por lo cual les hace sentir con mayor dolor la ausencia, según ahora da aquí a entender el alma cuando dice: Habiéndome herido.

8. Y es como si dijera: no sólo me bastaba la pena y el dolor que ordinariamente padezco en tu ausencia, sino que hiriéndome más de amor con tu flecha y aumentado la pa- sión y apetito de tu vista, huías con ligereza de ciervo, y no te dejes comprender algún tanto siquiera.

9. Para más declaración de este verso, es de saber, que allende de otras muchas diferencias de visitas que Dios hace al alma, con que la llaga y levanta en amor, suele hacer unos encendidos toques de amor, que a manera de saeta de fuego hieren y traspasan al alma y la dejan toda cauterizada con fue- go de amor. Y éstas propiamente se llaman heridas de amor, de las cuales habla aquí el alma. Inflaman éstas tanto la vo- luntad en afición, que se está el alma abrasando en fuego y llama de amor, tanto, que parece consumirse en aquella llama, y la hace salir fuera de sí, y renovar toda, y pasar a nueva ma- nera de ser; así como el ave fénix, que se quema y renace de nuevo. De lo cual hablando David, dice: Inflammatum est cor nieum, et renes mei commutati sunt et ego ad nihilum redac- tas surn, et nescivi (1). Que es decir: Fué inflamado mi corazón, y mis renes se mudaron, y yo fui resuelto en nada y no supe. Los apetitos y afectos que aquí entiende el Profeta por renes, todos se conmueven mudándose en divinos en aquella inflamación amorosa del corazón, y el alma por amor se re- suelve en nada, nada sabiendo sino sólo amor. Y a este tiempo amoroso es la conmutación de estas renes de apetitos de voluntad hecha en grande manera de tormento en ansia de ver a Dios, tanto, que le parece al alma intolerable el rigor de que con ella usa el amor; no porque la haya herido (2) (porque an- tes tiene ella las tales heridas de amor por salud), sino por- 1 Ps. LXXII, 21.

2 G, V y Vd.: herido de amor.

CANCION PRIMERA 1$ que la dejó así herida penando, y no la hirió más hasta acabarla de matar, para poder verse juntamente con él en revelada y clara vista de perfecto amor. Por tanto, encareciendo o declarando el dolor de la herida de amor a causa de la ausencia, dijo: «Habiéndome herido».

10. Y este sentimiento (1) tan grande acaece así en el alma por cuanto en aquella herida de amor que hace Dios en ella levántase la voluntad del alma con súbita presteza a la pose- sión del ñmado, que sintió estar cerca por el toque suyo que sintió de amor. Y con esa misma presteza siente la ausencia y el gemido juntamente, por cuanto en ese mismo momento se le desaparece y esconde y se queda ella en vacío, y con tanto más dolor y gemido, cuanto era mayor el apetito de compren- der. Porque estas visitas de heridas de amor no son como otras (2) en que Dios suele recrear y satisfacer al alma, lle- nándola de pacífica suavidad y reposo; porque éstas sólo las hace él más para llagar que para sanar, y más para lastimar que para satisfacer, pues no sirven más de para avivar la no- ticia, y aumentar el apetito, y, por el consiguiente, el dolor. Estas se llaman heridas de amor, que son al alma sabrosísimas; por lo cual querría ella estar siempre muriendo mil muertes a estas lanzadas, porque la hacen salir de sí y entrar en Dios, lo cual da ella a entender en el verso siguiente, diciendo: Salí tras tí clamando y eras ido.

11. En las heridas de amor no puede haber medicina sino de parte del que hirió, y por eso dice que salió clamando, es- to es, pidiendo medicina tras del que la había herido, cla- mando con la fuerza del fuego causado de la herida. Y es de saber que este salir se entiende de dos maneras: la una, sa- liendo de todas las cosas, lo cual se hace por desprecio y abo- rrecimiento de ellas; la otra, saliendo de sí misma por olvido 1 Vd. y Br.: Pensamiento. G y V pasan de la frase herida de amor, que se lee en la linea anterior, a la misma frase que viene en la siguiente.

2 Así leen todos los manuscritos. El amanuense de Sanlúcar copió: no son otras. El Santo corrigió: no son como otras.

20 CANTICO ESPIRITUAL y descuido de sí, lo cual se hace por aborrecimiento (1) santo de sí misma en amor de Dios; el cual de tal manera levanta al alma, que la hace salir de sí g de sus quicios y modos naturales clamando por Dios. Y esas dos maneras de salir entiende aquí el alma cuando dice: salí, porque esas dos son menester, y no me- nos, para ir tras Dios y entrar en él. Y así es como si dijera- Esposo mío, en aquel toque tuyo y herida de amor, sacásteme no sólo de todas las cosas enajenándome de ellas, mas también me hiciste salir de mí (porque a la verdad y aun de las carnes parece que entonces saca Dios al alma), y levantásteme a ti, clamando por ti, desasida ya de todo para asirme a ti (2). «Y eras ido».

12. Como si dijera: al tiempo que quise (3) comprender tu presencia no te hallé, y quedéme vacía y desasida de todo por ti, y sin asirme a ti, penando en los aires de amor sin arrimo de ti y de mí. Esto que aquí llama el alma salir para ir a Dios, llama la Esposa en los Cantares levantar, diciendo: Surgam et circuibo civitatem, per vicos et -plateas quaeram quem diligit anima mea, quaesivi iilum et non inveni. Quiere decir: Levan- tarme he y rodearé la ciudad; por los arrabales y las plazas buscaré al que ama mi ánima; busquéle y no le hallé. Este le- vantar, se entiende aquí, espiritualmente, de lo bajo a lo alto, que es lo mismo que salir de sí, esto es, de su modo y amor bajo al alto amor de Dios; pero da a entender que quedó penada porque no le halló. Por eso, el que está enamorado de Dios, vive siempre en esta vida penado, porque él está ya entregado a Dios, esperando la paga en la misma moneda, con- viene a saber, de la entrega de la clara posesión y visión de Dios, clamando por ella, y en esta vida no se le da. Y ha- biéndose ya perdido de amor por Dios, no ha hallado la ganan- cia de su pérdida, pues carece de la dicha (4) posesión del 1 G y V: se hace por desprecio y aborrecimiento.

2 Para asirme a ti. Asi corrige el Santo la traslación equivocada del amanuen- se: para desasirme de ti, que es, precisamente, lo contrario de lo que el autor quería significar. Para asirme a ti, leen todos los manuscritos y las ediciones.

4 G y V leen divina en vez de dicha.

CANCION PRIMERA 21 Amado, porque él se perdió. Por tanto, el que anda penado por Dios, señal es que se ha dado a Dios y que le ama.

13. Esta pena y sentimiento de la ausencia de Dios, suele ser tan grande en los que van llegándose a perfección, al tiem- po de estas divinas heridas, que si no proveyese el Señor, mo- rirían; porque como tienen el paladar de la voluntad y el espiritu limpio y sano, bien dispuesto para Dios, y en lo dicho se les da a gustar algo de la dulzura del amor, que ellos sobre todo modo apetecen, padecen sobre todo modo; porque como por res- quicios se les muestra un inmenso bien, y no se les concede: así es inefable la pena y el tormento.

CANCION II Pastores, los que fuerdes Allá por las majadas al otero, Si por ventura vierdes Aquel que yo más quiero, Decilde que adolezco, peno y muero.

DECLARACION 1. En esta Canción el alma se quiere aprovechar de ter- ceros y medianeros para con su Amado, pidiéndoles le den parte de su dolor y pena; porque propiedad es del amante, ya que por la ausencia no puede comunicarse, hacerlo por los mejores medios que puede. Y así el alma, de sus deseos, afectos y gemidos se quiere aquí aprovechar como de mensajeros, que también saben manifestar los secretos del corazón, y así, dice: Pastores los que fuerdes.

2. Llamando pastores a los afectos y deseos, porque ellos apacientan al alma de bienes espirituales. Porque pastor quiere decir apacentador, y mediante ellos se comunica Dios a ella (porque sin ellos no se le comunica), y dice: «Los que fuer- des». Es a saber, los que de puro amor saliéredes; porque no todos van, sino los que salen de fiel amor.

22 CANTICO ESPIRITUAL Allá por las majadas al otero.

5. Llama «majadas» a los coros de los Angeles, por los cuales de coro en coro van nuestros gemidos y oraciones a Dios; al cual llama otero (1), porque así como el otero es alto, asi Dios es la suma alteza; y porque en Dios, como en el otero, se otean y ven todas las cosas, al cual van nuestras oraciones ofreciéndoselas los ángeles, como habernos dicho; porque ellos son los que le ofrecen nuestras oraciones y deseos (2), se- gún lo dijo el ángel al santo Tobías, diciendo: Quando ora- bas cum lachrymis et sepeliebas etc., ego obtuli orationem tuam Domino (3). Que quiere decir: Cuando orabas con lágrimas y enterrabas los muertos, yo ofrecí al Señor tu oración. También se pueden entender por estos castores que aquí dice el alma, por los mismos ángeles, porque no sólo llevan a Dios nuestros recaudos, sino también traen los de Dios a nuestras almas, apacentándolas como buenos pastores de dulces inspiraciones y comunicaciones de Dios, por cuyo medio también Dios las iiace, y ellos nos amparan de los lobos, que son los demonios, y nos defienden de ellos como buenos pastores.

Si por ventura vierdes.