SigPhi · Juan de la Cruz

Llama de Amor Viva, Cautelas, Avisos, Cartas y Poesias

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13. Es pues de notar, que el amor es la inclinación del alma y la fuerza y virtud que tiene para ir a Dios, porque me- diante el amor se une el alma con Dios; y así, cuantos más grados de amor tuviere, tanto más profundamente entra en Dios y se concentra con él. De donde podemos decir, que cuantos grados de amor de Dios el alma puede tener, tantos centros puede tener en Dios, uno más adentro que otro; porque el amor más fuerte es más unitivo (5), y de esta manera podemos enten- der las muchas mansiones que dijo el Hijo de Dios haber en la casa de su Padre (6). De manera que para que el alma esté 1 P: Según su calidad de su ser.

2 Bz. omite: según todas sus fuerzas.

3 C: aunque está satisfecha.

4 S: Profundo en Dios.

5 C: vitativo.

6 Joan, XIV, 2.

116 LLAMA DE AMOR VIVA en su centro, que es Dios, según lo que habernos dicho, basta que tenga un grado de amor, porque por uno sólo se une con él por gracia; y si tuviese dos grados, habrá unídose y con- centrádose con Dios otro centro (1) más adentro; y si llegare a tres, concentrarse ha como tres; y si llegare hasta el último grado, llegará a herir el amor de Dios hasta el último centro y más profundo del alma, que será trasformarla y esclarecerla según todo el ser y potencia y virtud de ella, según es capaz de recibir, hasta ponerla que parezca Dios, bien así como cuando el cristal limpio y puro es embestido de la luz, que cuantos más grados de luz va recibiendo, tanto más de luz en él se va reconcen- trando, y tanto más se va esclareciendo; y puede llegar a tanto por la copiosidad de luz que recibe, que venga él a parecer todo luz, y no se divise entre la luz, estando él esclarecido en ella todo lo que puede recibir de ella, que es venir a pa- recer como ella (2).

14. Y así, en decir el alma aquí que la llama de amor hie- re en su más profundo centro, es decir que cuanto alcanza la sustancia, virtud y fuerza del alma, la hiere y embiste el Espíritu Santo; lo cual dice, no porque quiera dar a entender aquí que sea ésta tan sustancial y enteramente como en la beatifica vista de Dios en la otra vida, porque aunque el alma llegue en esta vida mortal a tan alto estado de perfección como aquí va hablando, no llega ni puede llegar al estado perfecto de gloria, aunque por ventura por vía de paso acaezca hacerla Dios al- guna merced semejante; pero dícelo para dar a entender la co- piosidad y abundancia de deleite y gloria que en esta mane- ra de comunicación en el Espíritu Santo siente; el cual de- leite es tanto mayor y más tierno, cuanto más fuerte y más sustancialmente está transformada y reconcentrada en Dios (3), que por ser tanto como lo más a que en esta vida se puede llegar (aunque, como decimos, no tan perfecto como en la otra), 1 C: grado.

2 C. a parecer todo luz, no distinguiéndose él y ella en cosa, sino que todo pa- reciese luz. Y así...3 Bg. y P: en Dios el alma.

CANCION PRIMERA 117 lo llama el más profundo centro. Aunque, por ventura, el há- bito de la caridad puede el alma tener en esta vida tan per- fecto como en la otra, mas no la operación ni el fruto; aunque el fruto y la operación del amor crecen tanto de punto en este estado, que es muy semejante al de la otra; tanto, que pareciéndo- le al alma ser asi, osa decir lo que solamente se osa decir de la otra, es a saber: en el más profundo centro de mi alma.

15. Y porque ¡as cosas raras y de que hay poca experien- cia (1), son más maravillosas y menos creíbles, cual es la que vamos diciendo del alma en este estado, no dudo sino que algu- nas personas, no lo entendiendo por ciencia ni sabiéndolo por ex- periencia (2), o no lo creerán, o lo tendrán por demasía, o pen- sarán que no es tanto como ello es en sí. Mas a todos estos yo respondo, que el Padre de las lumbres, cuya mano no es abreviada y con abundancia se difunde sin aceptación de per- sonas, do quiera que halla lugar, como e! rayo del sol, mos- trándose también a ellos en los caminos y vías alegremente, no duda ni tiene en poco tener sus deleites con los hijos de los hombres de mancomún (3) en la redondez de la tierra. Y no es de tener por increíble que a un alma ya examinada y pro- bada y purgada en el fuego de tribulaciones y trabajos y va- riedad de tentaciones y hallada fiel en el amor, deje de cunv plirse en esta fiel alma en esta vida lo que el Hijo de Dios prometió, conviene a saber: que si alguno le amase, vendría la Santísima Trinidad en él y moraría de asiento en él (4); lo cual es ilustrándole el entendimiento divinamente en la sabiduría del Hijo, y deleitándole la voluntad en el Espíritu Santo, y absorbiéndola el Padre poderosa y fuertemente en el abrazo y abismo de su dulzura (5).

16. Y si esto usa con algunas almas, como es verdad que lo usa de hacer, de creer es que ésta de que vamos hablando 1 C: noticia en vez de experiencia.

2 S: personas, entendiendo por ciencia g sabiéndolo por experiencia...3 Bz. omite: de mancomún.- 4 Joan, XIV, 23.

5 Así S y C — Bz.: en el abrazo sabroso. P y Bg.: en el abrazo de su dulzura.

118 LLAMA DE AMOR VIVA no se quedará atrás en estas mercedes de Dios; pues lo que de ella vamos diciendo, según la operación del Espíritu Santo que en ella hace, es mucho más que lo que en la comunica- ción (1) y trasformación de amor pasa; porque lo uno es como ascua encendida; lo otro, según habernos dicho, como as- cua en que tanto se afervora (2) el fuego, que no solamente esta encendida, sino echando llama viva. Y así, estas dos maneras, de unión solamente y de amor y unión con inflamación de amor, son en cierta manera comparadas al fuego de Dios, que dice Isaías. que está en Sión, y al horno de Dios que es;cá en Jerusalén (3); que lo uno significa a la Iglesia militante, en que está el fuego de la caridad no en extremo encendido; y la otra significa visión de paz, que es la triunfante, donde este fuego está como en horno encendido en perfección (4) de amor. Que aunque, como habernos dicho, esta alma no ha llegado a tanta perfección como ésta, todavía en comparación de la otra unión común, es como horno encendido, con visión tanto más pacífica y gloriosa y tierna, cuanto la llama es más clara y res- plandeciente, como el fuego en el carbón.

17. Por tanto, sintiendo el alma que esta viva llama del amor vivamente le está comunicando todos los bienes, porque este divino amor todo lo trae consigo, dice: ¡Oh llama de amor viva, que tiernamente hieres! Que es como si dijera: ¡Oh en- cendido amor, que con tus amorosos movimientos regaladamen- te estás glorificándome según la rtiayor capacidad y fuerza de mi alma!, es a saber, dándome inteligencia divina según toda la habilidad y capacidad de mi entendimiento, y comunicándo- me el amor, según la mayor fuerza de mi voluntad, y deleitán- dome en la sustancia del alma, con el torrente de tu deleite en tu divino contacto y junta sustancial según la mayor pureza de mi sustancia y capacidad y anchura de mi memoria. Y esto acaece así, y más de lo que se puede y alcanza a decir, al 1 Bz.: Es mucho mayor que la que en la comunicación...2 Bz.: absorberá el fuego.

3 XXXI, 9.

A Bg. y P saltan de esta palabra a la igual inmediata.

CANCION PRIMERA 119 tiempo que se levanta en el alma esta llama de amor; que por cuanto el alma, según su sustancia y potencias, memoria, en- tendimiento y voluntad está bien purgada, la substancia di- vina (1), que, como dice el Sabio, toca en todas las partes por su limpieza (2), profunda y sutil y subidamente con su di- vina llama la absorbe en sí, y en aquel absorbimiento del alma en la sabiduría, el Espíritu Santo ejercita los vibramientos glo- riosos de su llama (3), y por ser tan suave dice el alma luego: Pues ya no eres esquiva.

18. Es a saber, pues ya no afliges, ni aprietas, ni fatigas como antes hacías; porque conviene saber que esta llama de Dios, cuando el alma estaba en estado de purgación espiritual, que es cuando va entrando en contemplación, no le era tan ami- gable y suave como ahora lo es en este estado de unión. Y en declarar cómo esto sea, nos habernos de detener algún tanto.

19. En lo cual es de saber, que antes que este divino fue- go de amor se introduzca y se una en la sustancia del alma por acabada y perfecta purgación y pureza, esta llama, que es el Espíritu Santo, está hiriendo en el alma, gastándole y consu- miéndole las imperfecciones de sus malos hábitos; y ésta es la operación del Espíritu Santo, en la cual la dispone para la divina unión (4) y trasformación de amor en Dios. Porque es de saber que el mismo fuego de amor que después se une con el alma glorificándola, es el que antes la embiste purgándola; bien así como el mismo fuego que entra en el madero es el que pri- mero le está embistiendo e hiriendo con su llama, enjugándole y desnudándole de sus feos (5) accidentes, hasta disponerle con su calor, tanto que pueda entrar en él y trasformarle en sí; y_ esto llaman los espirituales vía purgativa. En el cual ejercicio el alma padece mucho detrimento y siente graves penas en el es- espíritu, que de ordinario redundan en el sentido, siéndole esta 1 Bg. y P: purgada y pura la Sabiduría divina.

2 Sap., VII, 24.

3 C: de su alma.

4 5: debida unión.

5 C: fríos.

120 LLAMA DE AMOR VIVA llama muy esquiva. Porque en esta disposición de purgación no le es esta llama clara, sino oscura; que si alguna luz le da, es para ver sólo y sentir sus miserias y defectos. Ni le es suave, sino penosa; porque aunque algunas veces le pega calor de amor, es con tormento y aprieto. Y no le es deleitable, sino seca; por- que aunque alguna vez por su benignidad le da algún gusto para esforzarla y animarla, antes y después que acaece, lo lasta (1) y paga con otro tanto trabajo. Ni le es reficionadora y pací- fica, sino consumidora y argüidora, haciéndola.desfallecer y penar en el conocimiento propio. Y así, no le es gloriosa, por- que antes la pone miserable y amarga en la luz espiritual que le da de propio conocimiento, enviando Dios (2) fuego (como dice Jeremías) en sus huesos, y enseñándola, y como también dice David, examinándola en fuego.

20. Y así, en esta sazón padece el alma acerca del entendi- miento grandes tinieblas, acerca de la voluntad grandes sequeda- des y aprietos, y en la memoria grave noticia de sus miserias, por cuanto el ojo espiritual está muy claro en el conocimiento propio. Y en la sustancia del alma padece desamparo y suma pobreza (3), seca y fría, y a veces caliente, no hallando en na- da alivio, ni aún pensamiento (4) que la consuele, ni aun poder levantar el corazón a Dios, habiéndosele puesto esta llama tan esquiva, como dice Job, que en este- ejercicio hizo Dios con él, diciendo: Mudado te me has en cruel (5). Porque cuando estas cosas juntas padece el alma, le parece verdaderamente gue Dios se ha hecho cruel contra ella y desabrido.

21. No se puede encarecer loque el alma padece en este tiem- po es a saber (6) muy poco menos que un purgatorio (7). Y no sabría yo ahora dar a entender esta esquivez cuánta sea ni hasta dónde llega lo que en ella se pasa y siente, sino con lo que 1 P: gasta.

2 Bz. abrevia: y amarga, enviando Dios.

3 Bg. y P: profunda pobreza.

4 Bz. y C: ni un pasamiento.

5 XXX. 21.

6 Bg. y P: es a veces por es a saber.

7 Bz. y C: en el purgatorio.

CANCION PRIMERA 121 a este propósito dice Jeremías con estas palabras: Yo varón, que veo mi pobreza en la vara de su indignación; hame ame- nazado y trájome a las tinieblas y no a la luz: tanto ha vuelto y convertido su mano contra mí. Hizo envejecer mi piel y mi carne y desmenuzó mis huesos; cercóme en derredor, y rodeóme de hiél y trabajo; en tenebrosidades me colocó como los muertos sempiternos; edificó enderredor de mí, porque no salga; agra- vóme las prisiones; y demás de esto, cuando hubiere dado voces y rogado, ha excluido mi oración; cerróme mis caminos con piedras cuadradas, y trastornó mis pisadas y mis sendas (1). Todo esto dice Jeremías, y va allí diciendo mucho más. Que por cuanto en esta manera está Dios medicinando y curando al al- ma en sus muchas enfermedades para darle salud, por fuerza ha de penar según su dolencia en la tal purga y cura, porque aquí le pone Tobías el corazón sobre las brasas, para que en él se extrique y desenvuelva todo género de demonio (2); y así, aquí van saliendo a luz todas sus enfermedades, ponién- doselas en cura, y delante de sus ojos a sentir.

22. Y las flaquezas y miserias que antes el alma tenia asentadas y encubiertas en si (las cuales antes no veía ni sen- tía), ya con la luz y calor del fuego divino las ve y las siente; así como la humedad que había en el madero no se conocía hasta que dió en él el fuego y le hizo sudar y humear y respen- dar (3); y así hace el alma imperfecta cerca de esta llama. Porque, ¡oh cosa admirable!, levántanse en el alma a esta sazón contrarios contra contrarios: los del alma contra los de Dios, que embisten en el alma; y, como dicen los filósofos, unos relucen cerca de los otros, y hacen la guerra en el sujeto del alma (4), procurando los unos expeler a los otros por rei- nar ellos en ella, conviene a saber, las virtudes y propie- dades de Dios en extremo perfectas contra los hábitos y pro- piedades del sujeto del alma en extremo imperfectas, padeciendo 1 Thren.. III. 1-9.

2 VI. 8.

3 Así S y Bz. Los demás: resplandecer.

4 Bg. y P añaden: padeciéndola ella.

122 LLAMA DE AMOR VIVA ella dos contrarios en si. Porque como esta llama es de extremada luz, embistiendo ella en el alma, su luz luce en las tinieblas (1) del alma, que también son extremadas, y el alma entonces siente sus tinieblas naturales y viciosas, que se ponen (2) contra la so- brenatural luz y no siente la luz sobrenatural, porque no la tiene en sí como sus tinieblas, que las tiene en sí, y las tinieblas no comprenden la luz. Y así, estas tinieblas suyas sentirá en tanto que la luz las embistiere, porque no pueden las almas ver sus tinieblas si no embistiere en ellas la divina luz, y hasta que; expeliéndolas la luz divina quede ilustrada el alma y vea la luz en sí transformada (3), habiendo sido limpiado y fortale- cido el ojo espiritual por la luz divina, porque inmensa luz en vista impura y flaca, totalmente le hará tinieblas, sujetando el eminente sensible la potencia. Y así érale esta llama esquiva en la vista del entendimiento.

23. Y porque esta llama de suyo en extremo es amoro- sa, tierna y amorosamente (4) embiste en la voluntad; y como fa voluntad de suyo es seca y dura en extremo, y lo duro se siente cerca de lo tierno, y la sequedad cerca del amor, embis^ tiendo esta llama amorosa y tiernamente en la voluntad, siente la voluntad su natural dureza y sequedad para con Dios; y no siente el amor y ternura de la llama (estando ella prevenida con dureza y sequedad, en que no caben estos otros contrarios de ternura y amor), hasta que siendo expelidos por ellos, reine en la voluntad amor y ternura de Dios. Y de esta manera era esta llama esquiva a la voluntad, haciéndola sentir y padecer su du- reza y sequedad. Y, ni más ni menos, porque esta llama es am- plísima e inmensa y la voluntad es estrecha y angosta, siente su estrechura y angostura la voluntad en tanto que la llama la embiste, hasta que dando en ella la dilate y ensanche y haga capaz de sí misma. Y también, porque esta llama es sabrosa y dulce, y la voluntad tenía el paladar del espíritu destemplado 1 Bz. pasa de esta palabra a la igual que viene luego.

2 Bg. y P: oponen.

3 Bg. y P abrevian y modifican: "enbistiere en ellas la divina luz, quede ilustra- da el alma y transformada, y vea en sí la luz..."

123 con humores de desordenadas (1) aficiones, érala desabrida y amarga y no podía gustar el dulce manjar del amor 3e Dios. Y de esta manera siente también la voluntad su aprieto y sinsa- bor cerca de esta amplísima y sabrosísima llama, y no siente el sabor de ella, porque no la siente en sí (2), sino lo que tiene en sí, que es su miseria. Y, finalmente, porque esta llama es de inmensas riquezas y bondad y deleites, y el alma de suyo es po- brísima y no tiene bien ninguno ni de que se satisfacer; conoce y siente claramente sus miserias y pobreza y malicia cerca de estas riquezas y bondad y deleites, y no conoce las riquezas y bondad y deleites de la llama (porque la malicia no com- prende a la bondad, ni la pobreza a las riquezas, etc.), hasta tanto que esta llama acabe de purificar al alma y con su tras- formación la enriquezca, glorifique y deleite. De esta manera le era antes esquiva esta llama al alma sobre lo que se puede decir, peleando en ella unos contrarios contra otros: Dios, que es todas las perfecciones, contra todos los hábitos imperfectos de ella para que transformándola en sí la suavice y pacifiqué y esclarezca, como el fuego hace al madero cuando ha entrado en él.

24. Esta purgación en pocas almas acaece tan fuerte; sólo en aquéllas que el Señor quiere levantarlas a más alto grado de unión, porque a cada una dispone con purga más o menos fuerte, según el grado a que la quiere levantar (3), y según también la impureza e imperfección de ella. Y así esta pena se parece a la del purgatorio; porque así como allí se purgan los espíritus para poder ver a Dios por clara visión en la otra vida, asi, en su manera, se purgan aquí las almas para poder trasformarse en él por amor en ésta (4).

25. La intensión de esta purgación y cómo es en más y cómo en menos, y cuándo es según el entendimiento y cúánr do según la voluntad, y cómo según la memoria y cuándo y có- 2 Bg. y P: porque no le tiene en si.

3 Bz. añade: a más alto grado de unión.

4 Bz.: en esta unión.

LLAMA DE AMOR VIVA mo también según la sustancia del alma, y también cuándo se- gún todo, y la purgación de la parte sensitiva (1) y cómo se conocerá cuándo lo es la una y la otra, y a qué tiempo y punto y sazón del camino espiritual comienza, porque lo tra- tamos en la Moche oscura de ¡a Subida del Monte Carmelo, y no hace ahora a nuestro propósito, no lo digo. Basta saber aho- ra que el mismo Dios, que quiere entrar en el alma por unión y trasformación de amor, es el que antes está embistiendo en ella y purgándola con la luz y calor de su divina llama, así como el mismo fuego que entra en el madero es el que le dispone (2) como hemos dicho. Y así, la misma que ahora le es suave es- tando dentro embestida en ella, le era antes esquiva estando fue- ra embistiendo en ella (3).

26. Y esto es lo que quiere dar a entender cuando le dice el alma el presente verso: Pues ya no eres esquiva, que en suma es como si dijera: pues ya no solamente no me eres oscura como antes, pero eres la divina luz (4) de mi entendimiento, con que te puedo ya mirar; y no solamente no haces desfallecer mi flaqueza, mas antes eres la fortaleza de mi voluntad con que te puedo amar y gozar, estando toda convertida en divino amor; y ya no eres pesadumbre y aprieto para la sustancia de mi alma, mas antes eres la gloria y deleite y anchura de ella, pues que de mi se puede decir lo que se canta en los divinos Can- tares dicendo: ¿Quién es ésta que sube del desierto abundan- te en deleites, estribando sobre su amado, acá y allá vertiendo amor? (5). Pues esto es así: Acaba ya si quieres.

27. Es a saber, acaba ya de consumar conmigo perfecta- mente el matrimonio espiritual con tu beatífica vista, porque ésta es la que pide el alma; que aunque es verdad que en 1 Bg. y P: según la parte sensitiva.

2 Bg. y P añaden: antes que entre.

3 Así C, Bg. y P.— S: asi ahora le es suave la misma que antes le era esquiva. Bz.: y asi embestida en ella, le era antes esquiva, embistiendo en ella.

4 Bg. y P: lumbre.

5 VIII, 5.

CANCION PRIMERA 125 este estado tan alto está el alma tanto más conforme y satis- fecha cuanto más trasformada en amor, y para sí ninguna cosa sabe ni acierta a pedir, sino todo para su Amado; pues la cari- dad, como dice San Pablo (1), no pretende para sí sus cosas, sino para el amado; porque vive en esperanza, todavía, aun- que no se puede dejar de sentir vacío, tiene tanto de gemido, aunque suave y regalado, cuanto le falta para la acabada po- sesión de la adopción de los hijos de Dios, donde consumán- dose su gloria se quietará (2) su apetito. El cual, aunque acá más juntura tenga con Dios, nunca se hartará ni quietará, hasta que parezca su gloria, mayormente teniendo ya el sabor y golosina de ella, como aquí se tiene. Que es tal, que si Dios no tuviese aquí favorecida también la carne, amparando el na- tural con su diestra (como hizo a Moisés en la piedra (3), pa- ra que sin morirse pudiese ver su gloria), a cada llamarada de éstas se rompería el natural y moriría, no teniendo la parte inferior vaso para sufrir tanto y tan subido fuego de gloria.

28. Y por esto, este apetito y la petición de él no es aquí con pena, que no está aquí el alma capaz de tenerla; sino con deseo suave y deleitable, pidiendo la conformidad de su espíritu y sentido, que por eso dice en el verso: acaba ya si quieres, por- que está la voluntad y apetito tan hecho uno con Dios, que tiene por su gloria cumplirse lo que Dios quiere. Pero son tales las asomadas (4) de gloria y amor que en estos toques se tras- lucen quedar por entrar a la puerta del alma, no cabiendo por la angostura de la casa terrestre, que antes sería poco amor no pedir entrada en aquella perfección y cumplimiento de amor. Porque, además de esto, ve allí el alma que en aquella fuerza de- leitable y comunicación del Esposo la está el Espíritu Santo provocando y convidando con aquella inmensa gloria que le está proponiendo ante sus ojos, con maravillosos modos y suaves afectos, diciéndole en su espíritu lo que en los Cantares a la 1 I ad Cor., XIII. 5.

3 Exod. XXXIII. 22.

4 Bz.: asomos.

126 LLAMA DE AMOR VIVA Esposa, lo cual refiere ella diciendo: Mirad lo que me está di- ciendo mi Esposo: levántate y date prisa, amiga mía, paloma mía, hermosa mía, y ven; pues que ya ha pasado el invierno y la lluvia se fué y alejó y las flores han aparecido en nuestra tierra. Y ya ha llegado el tiempo de podar y la voz de la tortolilla se ha oído en nuestra tierra; la higuera ha producido sus frutos, las floridas viñas han dado su olor. Levántate, ami- ga mía, graciosa mía, y ven paloma mía en los horados (I) de la piedra, en la caverna de la cerca; muéstrame tu rostro sua- ve, suene tu voz en mis oídos, porque tu voz es dulce y tu rostro hermoso (2). Todas estas cosas siente el alma y las en- tiende distintísimamente en subido sentido de gloria, que la está mostrando el Espíritu Santo en aquel tierno y suave lla- mear con gana de entrarla en aquella gloria; y por eso ella aquí, provocada, responde diciendo: Acaba ya si quieres, en lo cual pide al Esposo aquellas dos peticiones que él nos enseñó en el Evangelio, conviene a saber: Adveniat regnum tuum; fiat volun- tas tua (3); y es así, como si dijera: acaba, es a saber, de dar- me este reino; si quieres, esto es, según es tu voluntad. Y para que así sea Rompe la tela de este dulce encuentro.

29. La cual tela es la que impide este tan grande negocio; porque es fácil cosa llegar a "Dios quitados los impedimentos y rompidas las telas que dividen la junta entre él alma y Dios. Las telas que pueden impedir esta junta y que se han de romn per para que se haga y posea perfectamente el alma a Dios, podemos decir que son tres, conviene a saber: temporal, en que se comprenden todas las criaturas; natural, en que se com- prenden las operaciones e inclinaciones puramente naturales; la tercera, sensitiva, en que sólo (4) se comprende la unión del alma con el cuerpo, que es vida sensitiva y animal, de que dice San Pablo: Sabemos que si esta nuestra casa terrestre se desata, 2 II. 10-14.

3 Matt., VI, 10.

4 Sólo. Bg. y P. omiten esta palabra.

CANCION PRIMERA 127 tenemos habitación de Dios en los cielos (1). Las dos primeras telas de necesidad se han de haber rompido para llegar a esta posesión de unión de Dios, en que todas las cosas del mundo estén negadas y renunciadas y todos los apetitos y afectos naturales mortificados y las operaciones del alma de naturales ya hechas divinas. Todo lo cual se rompió e hizo en el alma, por los encuentros esquivos de esta llama cuando era ella esquiva; porque con la purgación espiritual que arriba hemos dicho, acaba el alma de romper con estas dos telas (2), y de ahí viene a unirse con Dios, como aquí está, y no queda por romper más que la tercera de la vida sensitiva. Que por eso dice aquí tela, y no telas; porque no hay más que ésta que romper, la cual por ser ya tan sutil y delgada y espiritualizada con esta unión de Dios, no la encuentra la llama rigurosamente como a las otras dos hacía, sino sabrosa y dulcemente; que por eso dice aquí y llama dulce encuentro, el cual es tanto más dulce y sabroso, cuan- to más le parece que le va a romper la tela de la vida.

30. Donde es de saber, que el morir (3) natural de las almas que llegan a este estado, aunque la condición de su muerte, cuanto al natural, es semejante a las demás, pero en la causa y en el modo de la muerte hay mucha diferencia; porque si las otras mueren muerte causada por enfermedad o por longura de días, éstas, aunque en enfermedad mueran o en cumplimiento de edad, no las arranca el alma, sino algún ímpetu y encuentro de amor mucho más subido que los pasados y más poderoso y valeroso, pues pudo romper la tela y llevarse la joya del al- ma. Y así, la muerte de semejantes almas es muy suave y muy dulce, más que les fué la vida espiritual toda su vida; pues que mueren con más subidos ímpetus y encuentros sabrosos de amor, siendo ellas como el cisne, que canta más suavemente (4) cuando se muere. Que por eso dijo David, que era preciosa la muerte de los santos en el acatamiento de Dios (5), porque» 1 II ad Cor.. V, I.

2 Bg. y P: Acábanse en el alma de romper las dos telas.

3 Amor, leen algunos manuscritos.

5 Ps. CXV. 15.

128 LLAMA DE AMOR VIVA por aquí vienen en uno a juntarse todas las riquezas del alma, y van allí a entrar los ríos del amor del alma en la mar, los cuales están allí ya tan anchos y represados, que parecen ya mares; juntándose allí lo primero y lo postrero de sus tesoros, para acompañar al justo que va y parte para su reino, oyéndose ya las alabanzas desde los fines de la tierra (1), que, como dice Isaías, son glorias del justo.

31. Sintiéndose, pues, el alma a la sazón de estos gloriosos encuentros tan al canto de salir (2) a poseer acabada y per feo tamente su reino, en las abundancias de que se ve estar enri- quecida (porque aquí se conoce pura y rica y llena de virtudes y dispuesta para ello; porque en este estado deja Dios al alma ver su hermosura y fíale los dones y virtudes que le ha dado, porque todo se le vuelve en amor y alabanzas, sin toque de pre- sunción ni vanidad, no habiendo ya levadura de imperfección que corrompa la masa) ¡ y como ve que no le falta más que romper esta flaca tela de vida natural en que se siente enredada, presa e impedida su libertad, con deseo de verse desatada (3) y verse con Cristo, haciéndole lástima que una vida tan baja y flaca la impida otra tan alta y fuerte, pide que se rompa diciendo: Rom- pe la tela de este dulce encuentro.