SigPhi · Juan de la Cruz

Llama de Amor Viva, Cautelas, Avisos, Cartas y Poesias

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más que a morir, mayormente cuando por algunos visos o res- quicios se le trasluce algún rayo divino y no se le comuni- ca (3). Y éstos son los que penan con amor impaciente, que no pueden estar mucho sin recibir o morir.

19. Cuanto a la primera caverna que aquí ponemos, que es el entendimiento, su vacío es sed de Dios, y ésta es tan grande cuando él está dispuesto, que la compara David a la del ciervo (no hallando otra mayor a qué compararla), que dicen es vehementísima, diciendo: Así como desea el ciervo las fuentes de las aguas, asi mi alma desea a ti, Dios (4); y esta sed es de las aguas de la sabiduría de Dios, que es el objeto del entendimiento.

1 Bz. omite: ni conozcan su capacidad.

2 Bg. y P añaden: aquel apetito espiritual.

3 Bz.: y no se le comunica lo divino en unión de Dios. Bg. y P: y no se lo co- munica Dios.

4 Ps. XLI, 1.

CANCION III 167 20. La segunda caverna es la voluntad, y el vacío de esta es hambre de Dios tan grande, que hace desfallecer al alma (1), según lo dice también David, diciendo: Codicia y desfallece mi alma a los tabernáculos del Señor (2). Y esta hambre es de la perfección de amor que el alma pretende.

21. La tercera caverna es la memoria, y el vacío de ésta es deshacimiento y derretimiento del alma por la posesión de Dios, como lo nota Jeremías diciendo: Memoria memor ero et tabesccf in me anima mea (5). Esto es, como con memoria me acordare y de él mucho me acordaré, y derretirse ha mi alma en mí; re- volviendo estas cosas en mi corazón, viviré en esperanza de Dios.

22. Es, pues, profunda la capacidad de estas cavernas, porque lo que en ellas puede caber, que es Dios, es profundo e infinito (4); y así será en cierta manera su capacidad infinita; y así su sed es infinita, su hambre también es profunda e in- finita, su deshacimiento (5) y pena es muerte infinita, que aun- que no se padece tan intensamente como en la otra vida, pero padécese una viva imagen de aquella privación infinita, por es- tar el alma en cierta disposición para recibir su lleno; aunque este penar es de otro temple, porque es en los senos del amor de la voluntad, que no es el que alivia la pena, pues cuanto mayor es el amor, es tanto mas impaciente por la posesión de su Dios, a quien espera por momentos de intensa codicia.

23. Pero, válgame Dios, pues que es verdad que cuando el alma desea a Dios con entera verdad (6), tiene ya al que ama, como dice San Gregorio sobre San Juan: ¿cómo pena por lo que ya tiene? (7). Porque en el deseo, que dice San Pedro (S), que tienen los ángeles de ver al Hijo de Dios no hay algu- na pena ni ansia, porque ya te poseen; y así parece que si el alma cuanto más desea a Dios más le posee y la po- 1 C abrevia: y el vacio hace desfallecer al alma...2 Ps. LXXXIII. 3.

3 Thren.. III, 20.

4 S: es profundo de infinita bondad.

6 Bz.: intensa.

7 Hom. 30 in Ev.

8 1.». I, 12.

168 LLAMA DE AMOR VIVA sesión de Dios da deleite y hartura al alma (como en los án- geles, que estando cumpliendo su deseo en la posesión se deleitan, estando siempre hartando su alma con el apetito, sin fastidio de hartura; por lo cual, porque no hay fastidio, siem- pre desean, y porque hay posesión, no penan), tanto más de har- tura y deleite había el alma de sentir aquí en este deseo, cuanto mayor es el deseo, pues tanto más tiene a Dios, y no de do- lor y pena.

24. En esta cuestión viene bien notar la diferencia que hay en tener a Dios por gracia en sí solamente y en tenerle tam- bién por unión, que lo uno es bien quererse, y lo otro es también comunicarse, que es tanta la diferencia como la que hay entre el desposorio y el matrimonio; porque en el desposorio sólo hay un igualado sí, y una sola voluntad de ambas partes y joyas y ornato de desposada, que se las da graciosamente el desposado, mas en el matrimonio hay también comunicación de las personas y unión; y en el desposorio, aunque algunas ve- ces hay visitas del Esposo a la esposa y le da dádivas, como decimos, pero no hay unión de las personas, que es el fin del desposorio (1). Ni más ni menos, cuando el alma ha llega- do a tanta pureza en sí y en sus potencias que la voluntad esté muy purgada (2) de otros gustos y apetitos extraños» según la parte inferior y superior, y enteramente dado el sí acerca de todo esto en Dios, siendo ya la voluntad de Dios y del alma una en un consentimiento propio (3) y libre, ha llegado a tener a Dios por gracia de voluntad, todo lo que puede por vía de voluntad y gracia, y esto es haberle Dios dado en el si de ella su verdadero sí y entero de su gracia.

25. Y éste es un alto estado de desposorio espiritual del alma con el Verbo (4), en el cual el Esposo la hace gran- des mercedes y la visita amorosísimamente muchas veces, en que ella recibe grandes favores y deleites. Pero no tienen que 1 S es el único de la primera y segunda redacción que lee: ni es el fin del des- posorio. No es difícil conciliar ambas lecturas.

2 Así los manuscritos. S: muy pura y purgada.

3 Bg. y P: pronro.

4 P: con Dios Verbo. Bg.: con el Verbo Dios.

CANCION III 169 ver con los del matrimonio (1), porque todos aquellos son dispo- siciones para la unión del matrimonio; que aunque es verdad que esto pasa en el alma que está purgadísima de toda afec- ción de criatura (porque no se hace el desposorio espiritual, co- mo decimos, hasta esto), todavía ha menester el alma otras disposiciones positivas de Dios, de sus visitas y dones en que la va más purificando y hermoseando y adelgazando para es- tar decentemente dispuesta para ían alta unión. Y en esto pasa tiempo, en unas más y en otras menos, porque lo va Dios haciendo al modo del alma. Y esto es figurado por aquellas doncellas que fueron escogidas para el rey Asuero (2), que aunque las habían ya sacado de sus tierras y de las casas de sus padres, todavía antes que las llegasen al lecho del rey, las tenían un año aunque en el palacio encerradas; de ma- nera que el medio año se estaban disponiendo con ciertos un- güentos de mirra y otras especies, y el otro medio año con otros ungüentos más subidos, y después de esto iban al le- cho del rey (3).

26. En el tiempo, pues, de este desposorio y espera del matrimonio en las unciones del Espíritu Santo, cuando son más altos ungüentos (4) de disposiciones para la unión de Dios, suelen ser las ansias de las cavernas del alma extremadas y de- licadas. Porque como aquellos ungüentos son ya más próxima- mente dispositivos para la unión de Dios, porque son más alle- gados a Dios, y por eso saborean al alma y la engolosinan' más delicadamente de Dios, es el deseo más delicado y pro- fundo, porque el deseo de Dios es disposición para unirse con Dios.

27. ¡Oh, qué buen lugar era éste para avisar a las almas que Dios llega a estas delicadas unciones (5), que miren lo que hacen y en cuyas manos se ponen, porque no vuelvan atrás, sino que es fuera del propósito a que vamos hablando. Mas es 1 Bz. pasa de esta palabra a la igual siguiente.

2 Esther, II, 12.

3 Bz. omite: y después de esto iban al lecho del Rey.

4 Bg. y P: ya más altos los ungüentos.

5 Bz.: uniones.

170 LLAA\A DE AMOR VIVA tanta la mancilla y lástima que cae en mi corazón ver vol- ver las almas atrás, no solamente no dejándose ungir de ma- nera que pase la unción adelante, sino aun perdiendo los efec- tos de la unción de Dios, que no tengo de dejar de avisarlas aqui acerca de esto lo que deben hacer para evitar tanto daño, aunque nos detengamos un poco en volver al propósito, que yo volveré luego a él, aunque todo hace a la inteligencia de la propiedad de estas cavernas; y por ser muy necesario, no sólo para estas almas que van tan prósperas, sino también para todos las demás que andan en busca de su amado, lo quiero decir.

28. Cuanto a lo primero, es de saber que si el alma bus- ca a Dios, mucho más la busca su Amado (1) a ella; y si ella le envía a él sus amorosos deseos, que le son a él tan olorosos como la virgulica del humo que sale de las especies aromáticas de la mirra y del incienso (2); él a ella le envía el olor de sus ungüentos con que la atrae y hace correr hacia él, que son sus divinas inspiraciones y loques; los cuales siem- pre que son suyos van ceñidos (3) y regulados con motivo de la perfección de la ley de Dios y de la fe, por cuya perfección/ ha de ir el alma siempre llegándose más a Dios. Y asi ha de entender el alma, que el deseo de Dios en todas las mercedes que le hace en las unciones (4) y olores de sus ungüentos, es disponerla para otros más subidos y delicados ungüentos, más hechos al temple de Dios, hasta que venga en tan delicada y pura disposición que merezca la unión de Dios y transforma- ción sustancial en todas sus potencias (o).

29. Advirtiendo, pues, el alma que en este negocio es Dios el principal agente y el mozo de ciego que la ha de guiar por la mano a donde ella no sabría ir, que es a las cosas sobre- naturales que no puede su entendimiento ni voluntad ni me- moria saber como son; todo su principal cuidado ha de ser mirar que no ponga obstáculo al que la guia segün el camino 1 Bg. y P: su amado Dios.

2 Cant.. III, 6.

3 Bz.: ungidos.

4 Bz.: comunicaciones. C; uniones.

5 Bg. y P omiten: en todas sus potencias.

CANCION III 171 que Dios le tiene ordenado en perfección de la ley de Dios y la fe (1), como decimos. Y este impedimento le puede venir si se deja llevar y guiar de otro ciego; y los ciegos que la podrían sacar del camino son tres, conviene a saber: el maestro espiritual, y el demonio, y ella misma. Y porque entienda el alma cómo esto sea, trataremos un poco de cada uno de es- tos (2).

30. Cuanto a lo primero, grandemente le conviene al al- ma que quiere ir adelante en el recogimiento y perfección, mi- rar en cuyas manos se pone, porque cual fuere el maestro, tal será el discípulo, y cual el padre tal el hijo. Y adviértase que para este camino, a lo menos para lo más subido de él, y aún para lo mediano, apenas se hallará una guía cabal según todas las partes que ha menester, porque demás de ser sabio y dis- creto, es menester que sea experimeniado; porque para guiar el espíritu, aunque el fundamento es el saber y la discreción, si no hay experiencia de lo que es puro y verdadero espirita no atinará a encaminar al alma en él (3), cuando Dios se lo da, ni aun lo entenderá.

31. De esta manera muchos maestros (4) espirituales ha- cen mucho daño a muchas almas, porque no entendiendo ellos las vias y propiedades del espíritu, de ordinario hacen perder a las almas la unción de estos delicados ungüentos con que el Espíritu Santo les va ungiendo y disponiendo para sí, ins- truyéndolas por otros modos rateros que ellos han usado o leído por ahí, que no sirven más que para principiantes; que no sabiendo ellos más que para éstos, y aun eso plega a Dios, no quieren dejar las almas pasar (aunque Dios las quiera llevar), a más de aquellos principios y modos discursivos e imagina- rios, para que nunca excedan y salgan de la capacidad natural, con que el alma puede hacer muy poca hacienda.

32. Y para que mejor entendamos esta condición de prin- 1 Bz. añade: del amor de Dios y de la ley y de la fe.

2 Bg. y P: de cada uno de estos ciegos.

3 Bz.: examtnar al alma en él.

4 Bg.: padres.

172 LLAMA DE AMOR VIVA ripiantes, es de saber que el estado y ejercicio de princi- piantes es de meditar y hacer actos y ejercicios discursivos con la imaginación. En este estado, necesario le es al alma que se le dé materia para que medite y discurra y le conviene que de suyo haga actos interiores y se aproveche del sabor y jugo sensitivo (1) en las cosas espirituales; porque cebando el apetito con sabor de las cosas espirituales se desarraiga del sa- bor de las cosas sensuales (2) y desfallece a las cosas del siglo. Mas cuando ya el apetito está algo cebado y habituado a las cosas del espíritu en alguna manera, con alguna fortaleza y constancia, luego comienza Dios, como dicen, a destetar el al- ma y ponerla en estado de contemplación, lo cual suele ser en algunas personas muy en breve, mayormente en gente religiosa, porque más en breve negadas (3) las cosas del siglo, acomodan a Dios el sentido y el apetito, y pasan su ejercicio al espíritu, obrando Dios en ellos así; lo cual es cuando ya cesan los actos discursivos y meditación de la propia alma y los jugos y fer- vores primeros sensitivos, no pudiendo ya discurrir como antes, ni hallar nada de arrimo por el sentido, este sentido quedan- do en sequedad, por cuanto le mudan el caudal al espíritu, que no cae en sentido. Y como quiera que naturalmente todas las operaciones que puede de suyo hacer el alma no sean sino por el sentido, de aquí es que ya Dios en este estado es el agente y el alma es la paciente; porque ella sólo se ha como el que recibe y como en quien se hace (4), y Dios como el que da y como el que en ella hace, dándole los bienes espirituales en la contemplación, que es noticia y amor divino junto, ésto es, noticia amorosa, sin que el alma use de sus actos y discursos (5) naturales, porque no puede ya entrar en ellos como antes.

33. De donde en este tiempo totalmente se ha de llevar el alma por modo contrario del primero; que si antes le daban 1 C: del fervor, favor y jugo sensitivo.

2 Bz. lee: "del sabor y juego de las cosas espirituales para que se desarraiga de las cosas sensuales..."

3 S: dejadas.

4 Bz. pasa de este verbo al igual que viene luego.

5 Bz. omite: y discursos.

CANCION III 173 materia para meditar y meditaba, que ahora antes se la quiten y que no medite, porque, como digo, no podra, aunque quiera, y en vez de recogerse se distraerá. Y si antes buscaba jugo y amor y fervor y le hallaba, ya no le quiera ni le busque, porque no sólo no le hallará por su diligencia, mas antes sacará seque- dad; porque se divierte del bien pacífico y quieto que secreta- mente le están dando en el espíritu, por la obra que él quiere hacer por el sentido, y así, perdiendo lo uno, no hace lo otro, pues ya no se le dan los bienes por el sentido como- antes. Y por eso en este estado en ninguna manera la han de imponer en que medite y se ejercite en actos, ni procure sabor ni fervor; porque sería poner obstáculo al principal agente, que, como digo, es Dios, el cual oculta y quietamente (1) anda po- niendo en el alma sabiduría y noticia amorosa, sin especifica- ción de actos, aunque algunas veces los "hace especificar (2) en el alma con alguna duración. Y así, entonces el alma también se ha de andar sólo con advertencia amorosa a Dios, sin espe- cificar actos, habiéndose, como habernos dicho, pasivamente sin hacer de suyo diligencias, con la determinación y advertencia amorosa, simple y sencilla (3), como quien abre los ojos con ad- vertencia de amor.

34. Que, pues, Dios entonces en el modo de dar trata con ella con noticia sencilla y amorosa, también el alma trate con él en modo de recibir con noticia y advertencia sencilla y amo- rosa, para que así se junten noticia con noticia y amor con amor; porque conviene que el que recibe se haya al modo de lo que recibe, y no de otra manera, para poderlo recibir y te- ner como se lo dan (4), porque como dicen los filósofos, cual- quiera cosa que se recibe está en el recipiente al modo que sea el recipiente. De donde está claro, que si el alma entonces no dejase su modo activo natural, no recibiría aquel bien sino a modo natural, y así no le recibiría sino quedarse hía sola- 1 Bz.: secretamente.

2 Especificar. Bz. omite esta palabra.

3 S omite simple y sencilla.

4 Bg.: retener como se lo dan. Bz.: refener como se lo daban.

174 LLAMA DE AMOR VIVA mente con acto natural; porque lo sobrenatural no cabe en el modo natural, ni tiene que ver en ello. Y así totalmente, si el alma quiere entonces obrar de suyo habiéndose de otra ma- nera más que con la advertencia amorosa pasiva que habernos dicho, muy pasiva y tranquilamente sin hacer acto natural, si no es como cuando Dios la uniese en algún acto, pondría impe- dimento a los bienes que sobrenaturalmente le está Dios co- municando en la noticia amorosa. Lo cual al principio acaece en ejercicio de purgación interior en que padece, como habernos dicho arriba, y después, en suavidad de amor. La cual noticia amorosa, si como digo, y así es la verdad, se recibe pasivamente en el alma al modo de Dios sobrenatural, y no al modo del alma natural, sigúese que para recibirla ha de estar esta al- ma muy aniquilada en sus operaciones naturales, desembaraza- da, ociosa, quieta y pacífica y serena al modo de Dios; bien así como el aire que cuanto más limpio está de vapores y cuan- to más sencillo y quieto, más le clarifica y calienta el sol. De donde el alma no ha de estar asida a nada: no a ejercicio de meditación, ni discurso; no a sabor alguno, ahora sea sensitivo ahora espiritual; no a otras cualesquier aprensiones (1), porque se requiere el espíritu tan libre y aniquilado acerca de todo, que cualquiera cosa de pensamiento o discurso o gusto a que entonces el alma se quiera arrimar, la impediría e inquietaría y haría ruido en el profundo silencio que conviene que haya en el alma, según el sentido y el espíritu, para tan profunda y delicada audición, que habla Dios al corazón en esta soledad (2), que dijo por Oseas (3), en suma paz y tranquilidad, escuchando y oyendo el alma lo que habla el Señor Dios en ella, como dice David (4), porque habla esta paz en esta soledad.

35. Por tanto, cuando acaeciere que de esta manera se sienta el alma poner en silencio y escucha, aún el ejercicio de la advertencia amorosa que dije Tía de olvidar para que se 1 S: operaciones.

2 Así los manuscritos.

3 H, 14.

4 Ps. LXXX1V, 9.

S: importante soledad.

CANCION II!

175 quecle libre para lo que entonces la quiere el Señor; porque de aquella advertencia omorosa sólo ha de usar cuando no se siente poner en soledad, u ociosidad interior (1), u olvido o escucha espiritual; lo cual para que lo entienda, siempre que acaece es con algún sosiego pacífico y absorbimiento interior.

36. Por tanto, en toda sazón y tiempo, ya que el alma ha comenzado a entrar en este sencillo y ocioso estado de contemplación, que acaece cuando ya no puede meditar ni acier- ta a hacerlo, no ha de querer traer deiante de sí meditaciones ni arrimarse a jugos ni sabores espirituales, sino estar desarri- mada en pie, el espíritu desasido del todo sobre todo eso, co- mo dijo Habacuc (2), que habia él de hacer para oir lo que le dijese el Señor: Estaré, dice, en pie sobre mi guarda, y afir- maré mi paso sobre mi munición, y contemplaré lo que se me dijere. Es como si dijera: levantaré mi mente sobre to- das las operaciones y noticias que pueden caer en mis sentidos y lo que ellos puedan guardar y retener en si, dejándolo todo abajo; y afirmaré el paso de la munición de mis potencias (3), no dejándolas dar paso de operación propia, para que pueda recibir por contemplación lo que se me comunicare de parte de Dios, porque ya hemos dicho que la contemplación pura con- siste en recibir.

37. No es posible que esta altísima sabiduría y lenguaje de Dios, cual es la contemplación, se pueda recibir menos que en espíritu callado y desarrimado de sabores y noticias discursi- vas, porque así lo dice Isaías por estas palabras, diciendo: ¿A quién enseñará ciencia y a quién hará oir Dios su audición? (4). Y él responde: A los destetados de la leche, esto es, de los jugos y gustos, y a los desarrimados de los pechos, esto es, de las noticias y aprensiones particulares.

38. Quita, oh alma espiritual, las motas y pelos y las nie- 1 S: Con toda ociosidad interior.

2 II. 1.

3 Bz.: comunicación de mis potencias. S omite de mis potencias.

4 XXVIII, 9.

176 LLAMA DE AMOR VIVA blas (1), y limpia el ojo, y luciráte el sol claro y verás claro C2). Pon el alma en paz, sacándola y libertándola del yugo y servidumbre de la flaca operación de su capacidad, que es el cautiverio de Egipto, donde todo es poco más que juntar pajas para cocer tierra, y guíala, oh maestro espiritual, a la tierra de promisión que mana leche y miel; y mira que para esa li- bertad y ociosidad santa de hijos de Dios llámala Dios al desierto, en el cual ande vestida de fiesta y con joyas de oro' y plata ataviada, habiendo ya dejado a Egipto (3), dejándole vacío de sus riquezas, que es la parte sensitiva; y no sólo eso, sino ahogados los gitanos (4) en la mar de la contemplación, don- de el gitano del sentido, no hallando pie ni arrimo, se ahoga y deja libre al hijo de Dios, que es el espíritu salido de los limites (5) y servidumbre de la operación de los sentidos, que es su poco entender, su bajo sentir, su pobre amar y gustar, para que Dios le dé el suave maná, cuyo sabor, aunque tie- ne todos esos sabores y gustos, en que tú quieres traer tra- bajando el alma, con todo eso, por ser tan delicado que se deshace en la boca, no se sentirá si con otro gusto o con. otra cosa se juntare. Pues cuando el alma va llegando a este estado, procura desarrimarla de todas las codicias de jugos, sa- bores, gustos y meditaciones espirituales, y no la desquietes con cuidados y solicitud alguna de arriba y menos de abajo, ponién- dola en toda enajenación y soledad posible; porque cuanto más esto alcanzare, y cuanto más presto llegare a esta ociosa tranquilidad, tanto más abundantemente se le va infundiendo el espíritu de la divina sabiduría, que es amoroso, tranquilo, soli- tario, pacífico, suave y embriagador del espíritu, en el cual se siente llagado y robado tiernamente y blandamente, sin sa- ber de quién, ni de dónde, ni cómo. Y la causa es porque se comunicó sin su operación propia.

1 Bz. y C omiten: y las nieblas.

2 Bg. y P omiten: y verás claro.

3 Bz.: habiéndole ya despoxado Christo. C, P y Bg.: habiendo ya despojado a Egipto.

4 Asi los manuscritos. S: gigantes.

5 Bz., Br. y C: límites angostos.

CANCION III 177 39. Y un poquito de esto que Dios obra en el alma en este santo ocio y soledad es inestimable bien, a veces mucho más que el alma ni el que la trata pueden pensar; y aunque entonces no se echa tanto de ver, ello lucirá a su tiempo. A lo menos lo que el alma (1) podía alcanzar a sentir es una ena- jenación y extrañez, unas veces más que otras, acerca de to- das las cosas, con inclinación a soledad y tedio de todas las criaturas del siglo, en respiro suave de amor y vida en el espíritu. En lo cual, todo lo que no es esta extrañez, se le hace desabrido; porque, como dicen, gustando el espíritu, des- abrida está la carne.

40. Pero los bienes que esta callada comunicación y con- templación deja impresos en el alma, sin ella sentirlo enton- ces, como digo, son inestimables; porque son unciones secretí- simas, y por tanto delicadísimas, del Espíritu Santo, que se- cretamente llenan el alma de riquezas, dones y gracias espiritua- les, porque siendo Dios el que lo hace, hácelo no menos que como Dios.

41. Estas unciones, pues, y matices son delicados y subi- dos del Espíritu Santo, que por su delgadez y por su sutil pu- reza, ni el alma ni el que la trata las entiende, sino sólo el que se las pone para agradarse más de ella; con grandísima fa- cilidad, no más que con el menor acto que entonces el alma quiera hacer de suyo, de memoria, o entendimiento, o volun- tad, o aplicar el sentido, o apetito, o noticia, o jugo, o gusto, se deturban o impiden en el alma, lo cual es grave daño y dolor y lástima grande.

42. ¡Oh, grave caso y mucho para admirar, que no pa- reciendo el daño ni casi nada lo que se interpuso en aquellas santas unciones, es entonces mayor el daño y de mayor dolor y mancilla que haber de turbar y echar a perder muchas almas de estas otras comunes que no están en puesto de tan subido esmalte y matiz; bien así como si en un rostro de extremada 1 Bg., P y C: lo que el alma de presente. Bz.: lo que el alma al presente.

12 178 LLAMA DE RMOR VIVA y delicada pintura tocase una tosca mano con bajos y toscos co- lores, sería el daño mayor y más notable y de más lástima que si borrasen muchos rostros de pintura común; porque aquella mano tan delicada, que era del Espíritu Santo, que aquella tosca mano deturbó, ¿quién la acertará a asentar?

43. Y con ser este daño más grave y grande que se puede encarecer, es tan común y frecuente que apenas se hallará un maestro espiritual que no le haga en las almas que comienza Dios a recoger en esta manera de contemplación; porque cuán- tas veces está Dios ungiendo al alma contemplativa con alguna unción muy delgada de noticia amorosa, serena, pacífica, soli- taria, muy ajena del sentido y de lo que se puede pensar, con la cual no puede meditar ni pensar en cosa alguna, ni gustar de cosa de arriba ni de abajo, por cuanto la trae Dios ocupada en aquella unción solitaria inclinada a ocio y soledad (1); y vendrá un maestro espiritual que no sabe sino martillar y ma- cear con las potencias como herrero, y porque él no enseña más que aquello y no sabe más que meditar, dirá: andad, de- jaos de esos reposos, que es ociosidad y perder tiempo; si- no tomad y meditad y haced actos interiores, porque es me- nester que hagáis de vuestra parte lo que en vos es, que esótros son alumbramientos y cosas de bausanes.

44. Y así, no entendiendo éstos los grados de oración ni vías del espíritu, no echan de ver que aquellos actos que ellos dicen que haga el alma, y que el quererla hacer caminar con dis- curso está ya hecho, pues ya aquella alma ha llegado a la ne- gación y silencio del sentido y del discurso; y que ha llegado a la vía del espíritu, que es la contemplación (2), en la cual cesa la operación del sentido y del discurso propio del alma, y solo Dios es el agente y el que habla entonces secreta- mente al alma solitaria, callando ella; y que si entonces el alma, habiendo llegado al espíritu de esta manera que decimos, la quieren hacer caminar todavía con el sentido, que ha de volver 1 Así los manuscritos, salvo S, que lee: en aquel ocio solitario, e inclinada a soledad.

2 Bg. y P: a la vida del espíritu, que es la contemplativa.

CANCION III 179