1 Bz.: negocio.
3 P y Bg. leen: y hacerla volver atrás en sí al trato.
4 Bz.: que la pone el cornudo del demonio.
5 S: pues ya ella hace algo.
6 Bz. añade: pareciéndola que no hacía nada.
7 P: un bocadillo de no tan particular jugo. Bg.: un bocadillo y un particular jugo.
CANCION III 191 hace Dios en aquella soledad en que la pone, porque la absor- be en sí por medio de aquellas unciones espirituales solitarias.
64. De esta manera, por poco más que nada, causa el de- monio gravísimos daños, haciendo al alma perder grandes rique- zas, sacándola con un poquito de cebo, como al pez, del gol? fo de las aguas sencillas del espíritu, a donde estaba engol- fada y anegada en Dios sin hallar pie ni arrimo. Y en esto la saca a la orilla dándola estribo y arrimo, y que halle pie, y se vaya por su pie, por tierra, con trabajo, y no nade por las aguas de Siloé, que van con silencio, bañada en las unciones de Dios. Y hace el demonio tanto caso de esto, aue es para ad- mirar: aue con ser mayor un poco de daño en esta parte que hacer muchos en otras almas muchas, como habernos dicho, ape- nas hay alma que vaya por este camino que no la haga granr des daños y haga caer en grandes pérdidas; porque este ma- ligno se pone aquí con grande aviso en <¿l paso que hay del sentido al espíritu (1), engañando y cebando a las almas con el mismo sentido, atravesando, como habernos dicho, cosas sen- sibles (2), y no piensa el alma que hay en aquello pérdida, por lo cual deja de entrar en lo interior del Esposo, quedándose a la puerta a ver lo que pasa afuera en la parte sensitiva. Todo lo alto ve, dice Job el demonio (3), es a saber, la alteza es» piritual de las almas para impugnarla. De donde si acaso algún alma se le entra en el alto recogimiento, ya que de la manera, que habernos dicho no pueda distraerla, a lo menos con ho- rrores, temores o dolores corporales, o con sentidos (4) y rui- dos exteriores, trabaja por poderla hacer advertir (5) al sen- tido, para sacarla fuera y divertirla del interior espíritu, hasta que no pudiendo más, la deja. Mas es con tanta facilidad las 1 P y Bg. añaden: como siempre lo ha de costumbre, porque no pase del senti- do al espíritu.
2 Los manuscritos de la primera lectura añaden aqui: "porque se detenga en ellas y no se le escape: y el alma con grandísima facilidad, luego se detiene, como no sabe más que aquello." Bg. lo trae tomándolo de los manuscritos de la primera redac- ción.
3 XLI.25.
4 Bg. y P: sonidos.
5 Bz. y C: hacer divertir.
192 LLAMA DE AMOR VIVA riquezas que estorba y estraga a estas preciosas almas, que con preciarlo él más que derribar muchas de otras (1), no lo tiene en mucho por la facilidad con que lo hace y lo poco que le cuesta. Porque a este propósito podemos entender lo que de él dijo Dios a Job (2): es a saber: Absorberá un río y no se maravillará, y tiene confianza que el Jordán caerá en su boca (que se en- tiende por lo más alto de la perfección). En sus mismos ojos le cazará como con anzuelo, y con alesnas (3) le horadará las narices, esto es, con las puntas de las noticias con que le está hiriendo, la divertirá él espíritu; porque el aire que sale por las narices recogido, estando horadadas, se divierte por muchas partes. Y adelante dice: Debajo de él estarán los ra- yos del sol, y derramará el oro debajo de sí como el lodo (4); porque admirables rayos de divinas noticias hace perder a las almas ilustradas, y precioso oro de matices divinos quita y de- rrama a las almas ricas.
65. Oh, pues, almas! Cuando Dios os va haciendo tan soberanas mercedes que os lleva por estado de soledad y reco* gimiento, apartándoos de vuestro trabajoso sentir, no os vol- váis al sentido. Dejad vuestras operaciones, que si antes os ayudaban para negar ai mundo y a vosotras mismas cuando erais principiantes, ahora que Dios os hace merced de ser el obrero, os serán obstáculo grande y embarazo; que como ten- gáis cuidado de no poner vuestras potencias en cosa ninguna, desasiéndolas de todo y no embarazándolas, que es lo que de vuestra parte habéis de hacer en este estado solamente, junto con la advertencia amorosa, sencilla, que dije arriba, de la ma- nera que allí lo dije, que es cuando no os hiciere desgana no te- nerla (5), porque no habéis de hacer ninguna fuerza al alma si no fuere en desasirla de todo y libertarla, porque no la turbéis y 1 Bz. lee: que derribar mucho de otras muchas.
2 XL, 18.
3 Bg. y P: leznas.
4 XLI. 21.
5 P y C: cuando os hicieredes gana el tenerla. Bz.: cuando no os hiciere gana en tenerla. Bg.: cuando no os hiciere desgana tenerla.
CANCION III 193 alteréis la paz y tranquilidad, Dios os la cebará de refección celestial, pues que no se la embarazáis.
66. El tercer ciego es la misma alma, la cual, no entendién- dose, como habernos dicho, ella misma se perturba y se hace el daño. Porque como ella no sabe obrar sino por él sentido y discurso de pensamiento, cuando Dios la quiere poner en aquel vacio y soledad donde no puede usar de las potencias ni hacer actos, como ve que ella no hace nada, procura hacerlo, y asi se distrae y se llena de sequedad y disgusto el alma, la cual es-, taba gustando de la ociosidad de la paz y silencio espiritual en que Dios la estaba de secreto poniendo a gesto (1). Y acaecerá que Dios esté porFiando por tenerla en aquella callada quietud, y ella porfiando también con la imaginación y con el entendi- miento a querer obrar por sí misma, en lo cual es como el mu- chacho que, queriéndole llevar su madre en brazos, él va gritando y pateando por irse por su pie, y así ni anda él ni deja an- dar a la madre; o como cuando queriendo el pintor pintar una imagen y otro se la estuviese meneando, que no se haría nada, o se borraría la pintura.
67. Ha de advertir el alma en esta quietud que, aunque ella entonces no se sienta caminar ni hacer nada, camina mucho más que si fuese por su pie, porque la lleva Dios en sus brazos; y asi, aunque camina al paso de Dios, ella no siente el paso (2). Y aunque ella misma no obra nada con las potencias de su alma, mucho más hace que si ella lo hiciese, pues es Dios el obrero. Y que ella no lo eche de ver no es maravilla, por- que lo que Dios obra en el alma a este tiempo no lo alcanza el sentido, porque es en silencio (3); que como dice el Sabio, las palabras de la sabiduría óyense en silencio. Déjese el alma en las manos efe Dios y no se ponga en sus propias manos ni en las de estos dos ciegos (4), que como esto sea y ella no ponga las potencias en algo, segura irá.
1 C y Bg.: a gusto.
2 Bg. y P: ella no detiene el paso.
3 Bz. salta de esta palabra a la igual que sigue. i Bg.: de otros dos ciegos.
15 194 LLAMA DE AMOR VIVA 68. Pues volvamos ahora al propósito de estas profundas cavernas de las potencias del alma en que decíamos que el padecer del alma suele ser grande cuando la anda Dios ungiendo y disponiendo con los más subidos (1) ungüentos del Espíritu Santo para unirla consigo; los cuales son ya tan sutiles y de tan delicada unción (2), que penetrando ellos la íntima sustancia (3) del fondo del alma (4), la disponen y la saborean, de manera que el padecer y desfallecer en deseo y con inmenso vacío de estas cavernas es inmenso. Donde habernos de notar, que si los un- güentos que disponían a estas cavernas del alma para la unión del matrimonio espiritual con Dios son tan subidos como ha- bernos dicho, ¿cuál pensamos que será la posesión de inteli- gencia, de amor y gloria que tienen ya en la dicha unión con Dios el entendimiento, voluntad y memoria? Cierto, que con- forme a la sed y hambre que tenían estas cavernas será ahora la satisfacción y hartura y deleite de ellas; y conforme a la delicadez de las disposiciones, será el primor de la posesión del alma y fruición de su sentido.
69. Por el sentido del alma entiende aquí la virtud y fuer- za que tiene la sustancia del alma para sentir y gozar los ob- jetos de las potencias espirituales con que gusta la sabiduría y amor y comunicación de Dios. Y por eso a estas tres poten- cias, memoria, entendimiento y voluntad, las llama el alma en este verso cavernas del sentido profundas; porque por medio de ellas y en ellas siente y gusta el alma profundamente las grandezas de la sabiduría y excelencias de Dios. Por lo cual harto propiamente las llama aquí el alma cavernas profundas; porque como s'iente que en ellas caben las profundas inteligen- cias y resplandores de las lámparas del fuego (5), conoce que tiene tanta capacidad y senos, cuantas cosas distintas recibe de in- teligencias, de sabores, de gozos, de deleites, etc., de Dios; to- 1 Bg. y P: sutiles.
2 Bz.: unión.
3 S y Bz.: última sustancia. P: infinita sustancia.
4 Bz.: del sentido del alma.
5 Bz. repite aqui dos líneas.
CANCION III 195 das las cuales cosas se reciben y asientan en este sentido del al- ma, que, como digo, es la virtud y capacidad que tiene el alma para sentirlo y poseerlo y gustarlo todo, administrándoselo las cavernas de las potencias, así como al sentido común de la fantasía acuden con las formas de sus objetos los sentidos cor- porales, y él es el receptáculo (1) y archivo de ellas; por lo cual este sentido común del alma, que está hecho receptáculo y archivo de las grandezas de Dios, está tan ilustrado y tan rico cuanto alcanza de esta alta y esclarecida posesión.
Que estaba oscuro y ciego.
70. Conviene a saber, antes que Dios le esclareciese y alum- brase, como está dicho. Para inteligencia de lo cual es de sa- ber que por dos cosas puede el sentido de la vista dejar de ver: o porque está a oscuras, o porque está ciego. Dios es la luz y el objeto del alma; cuando ésta no le alumbra, a oscu- ras está, aunque la vista tenga muy subida. Cuando está en pecado o emplea el apetito en otras cosas, entonces está ciega; y aunque entonces la embista la luz de Dios, como está ciega, no la ve la oscuridad del alma, que es la ignorancia del alma, la cual, antes que Dios la alumbrase por esta transformación, es- taba oscura e ignorante de tantos bienes de Dios, como dice el Sabio que lo estaba él antes que la sabiduría le alumbrase (2), diciendo: Mis ignorancias alumbró (3).
71. Hablando espiritualícente, una cosa es estar a oscuras y otra estar en tinieblas, porque estar en tinieblas es estar ciego (como habernos dicho), en pecado; pero el estar a oscuras pué- delo estar sin pecado, y esto de dos maneras, conviene a saber: acerca de lo natural, no teniendo luz de algunas cosas natura- les (4); y acerca de lo sobrenatural, no teniendo luz de algunas cosas sobrenaturales (5); y acerca de estas dos cosas dice aquí el alma que estaba oscuro su sentido antes de esta preciosa 1 Bz.: espectáculo.
2 Bz.: antes que le ilustrase y alumbrase.
3 Eccli.. U, 26.
4 Bg. y P: de las cosas naturales.
5 Bg., P y C. de las cosas sobrenaturales.
196 LLAMA DE AMOR VIVA unión (1). Porque hasta que el Señor dijo: Fiat lux, esta- ban las tinieblas sobre la haz del abismo de la caverna del sentido del alma, el cual cuanto es más abisal (2) y de más pro- fundas cavernas, tanto más abisales (3) y profundas cavernas, y tanto más profundas tinieblas hay en él acerca de lo sobre- natural, cuando Dios, que es su lumbre, no le alumbra; y asi esle imposible alzar los ojos a la divina luz ni caer en su pensamiento, porque no sabe cómo es nunca habiéndola visto (4). Y por eso, ni la podrá apetecer, antes apetecerá tinieblas, por- que sabe como son, e irá de una tiniebla en otra, guiado por aquella tiniebla; porque no puede guiar una tiniebla sino a otra tirúebla. Pues, como dice David: El día rebosa en el día, y la noche enseña ciencia a la noche (5). Y así un abismo llama a otro abismo, conviene a saber: un abismo de luz llama a otro abismo de luz, y un abismo de tinieblas a otro abismo de tinieblas, llamando cada semejante a su semejante y comu- nicándosele. Y así, la luz de la gracia que Dios antes había dado a esta alma, con que le había alumbrado el ojo del abismo de su espíritu, abriéndosele a la divina luz y haciéndola en esto agradable a sí, llamó otro abismo de gracia, que es esta trasformación divina del alma en Dios, con que el ojo del sen- tido queda tan esclarecido y agradable a Dios que podemos decir que la luz de Dios y del alma toda es una, unida la luz natural del alma con la sobrenatural de Dios, y luciendo ya la sobrenatural solamente; así como la luz que Dios crió se unió con la luz del sol, y luce ya la del sol solamente sin fal- tar la otra.
72. Y también estaba ciego en tanto que gustaba de otra cosa; porque la ceguedad del sentido racional y superior es el apetito, que, como catarata y nube, se atraviesa y pone sobre el ojo de la razón, para que no vea las cosas que están delante.
2 C: eí cual cuanto mas habitable. S: cuanto mas avisado.
4 Asi los Mas., excepto S.
5 Ps. XVIII, 3.
CANCION III 197 Y asi, en tanto que proponía en el sentido algún gusto, estaba ciego para ver las grandezas de riquezas y hermosura divina (1) que estaban tras de la catarata. Porque así como poniendo sobre el ojo una cosa, por pequeña que sea, basta para tapar la vista que no vea otras cosas que están delante, por grandes que sean; así un leve apetito y ocioso acto que tenga el alma, basta para impedirla todas estas grandezas divinas, que están después de los gustos y apetitos que el alma quiere.
73. i Oh, quien pudiera decir aquí cuán imposible le es al alma que tiene apetitos juzgar de las cosas de Dios como ellas son! (2); porque para juzgar las cosas de Dios, total- mente se ha de echar el apetito y gusto fuera, y no las ha de juzgar con él; porque infaliblemente vendrá a tener las cosas de Dios por no de Dios, y las no de Dios, por de Dios. Porque estando aquella catarata y nube del ape- tito sobre el ojo del juicio, no ve sino catarata, unas veces de un color y otras de otro, como ellas se le ponen,, y piensa, que la catarata es Dios, porque, como digo, no ve más que ca- tarata que está sobre el sentido, y Dios no cae en el sentido.
Y de esta manera el apetito y gustos sensitivos impiden el co- nocimiento de las cosas altas. Lo cual da bien a entender el Sabio por estas palabras, diciendo: El engaño de la vanidad (3) oscurece los bienes; y la inconstancia de la concupiscencia tras- torna el sentido sin malicia (4), es a saber, el buen juicio.
74. Por lo cual, los que no son tan espirituales que estén purgados de los apetitos y gustos, sino que todavía estén algo animales en ellos, crean que las cosas que son más viles y bajas al espíritu, que son las que más se llegan al sentido, según el cual todavía ellos viven, las tendrán por gran cosa; y las que son más preciadas y más altas para el espíritu, que son las que más se apartan del sentido, las tendrán en poco y 1 Bg. y P: las grandezas y riquezas divinas.
2 Bz. abrevia: "para impedirle todas estas grandezas de Dios como ellas son, porque para acertar a juzgar las cosas de Dios..."
3 C: voluntad.
4 Sap., IV, 12.
198 LLAMA DE AMOR VIVA no las estimarán, y aun a veces las tendrán por locura, co- mo lo da bien a entender San Pablo, diciendo: El hombre animal no percibe las cosas de Dios; son para él locura, y no las pue- de entender (1). Por hombre animal se entiende aquí aquel que todavía vive con apetitos y gustos naturales; porque aunque algunos gustos nacen del espíritu en el sentido, si el hombre se quiere asir a ellos con su natural apetito, ya son apetitos no más que naturales: que poco hace al caso que el objeto o mo- tivo sea sobrenatural, si el apetito sale del mismo natural (2), te- niendo su raíz y fuerza en el natural, para que deje de ser apetito natural; pues que tiene la misma sustancia y naturaleza que si fuera cerca de motivo y materia natural.
75. Dirásme, pues: luego sigúese que cuando el alma ape- tece a Dios, no le apetece sobrenaturalmente, y así aquel ape- tito no será meritorio delante de Dios. Respondo que verdad es que no es aquel apetito, cuando el alma apetece a Dios, siem1- pre sobrenatural, sino cuando Dios le infunde, dando él la fuerza de tal apetito, y éste es muy diferente del natural, y hasta que Dios le infunde, muy poco o nada se merece. Y asi, cuando tú, de tuyo, quieres tener apetito de Dios, no es más que apetito natural, ni será más hasta que Dios le quiera informar sobrenaturalmente. De donde cuando tú de tuyo quie- res apegar el apetito a las cosas espirituales (3), y te quie- res asir al sabor de ellas, ejercitas el apetito tuyo natural, y entonces cataratas pones en el ojo y animal eres (¿1). Y asi no podrás entender ni juzgar de lo espiritual, que es sobre todo sentido y apetito natural. Y si tienes más dudas, no sé qué te diga, sino que lo vuelvas a leer, que quizá lo entenderás, que dicha está la sustancia de la verdad y no se sufre aqui en esto alargarme más.
76. Este sentido, pues, del alma que antes estaba oscuro sin esta divina luz de Dios, y ciego con sus apetitos y afec- 1 I ad Cor., II, 14.— S: locura, y le son muy dificultosas de entender.
2 Bg. y P: de motivo natural.
3 Bg. y P: pegar el apetito y gustar las cosas espirituales.
4 S: y no dejas de ser animal.
CANCION III 199 ciones, ya no solamente con sus profundas cavernas ( 1 ) está ilustrado y claro por medio de esta divina unión;(2) con Dios; pero aun hecho ya como una resplandeciente luz con las cavernas de sus potencias (3).
Con extraños primores Calor y luz da junto a su querido.
77. Porque estando estas cavernas de las potencias ya tan mirificas (¿i) y maravillosamente iníundidas en los admirables resplandores de aquellas lámparas, como habernos dicho que en ella están ardiendo, están ellas enviando a Dios en Dios, de más de la entrega que de sí hacen a Dios, esos mismos res- plandores que tienen recibidos con amorosa gloria, inclinadas ellas a Dios en Dios, hechas también ellas encendidas lám- paras en los resplandores de las lámparas divinas, dando al amado la misma luz y calor de amor que reciben (5); por- que aquí de la misma manera que lo reciben, lo están dando al que lo recibe, y lo ha dado con los mismos primores que él se los da, como el vidrio hace cuando le embiste el sol, que echa también resplandores; aunque estotro es en más subida manera, por intervenir en ello el ejercicio de la voluntad.
78. Con extraños primores, es a saber, extraños y ajenos de todo común pensar y de todo encarecimiento y de todo modo y manera. Porque conforme al primor con que el enten- dimiento recibe la sabiduría divina, hecho el entendimiento uno con el de Dios, es el primor con que lo da el alma; porque no lo puede dar sino al modo que se lo dan. Y conforme al pri- mor con que la voluntad está unida en la bondad (6), es el primor con que ella da a Dios en Dios la misma bondad, por- que no lo recibe sino para darlo. Y, ni más ni menos, según el primor con que en la grandeza de Dios conoce^ estando unida 1 C: cavernas del sentido.
2 S: de esta altísima y divina unión.
3 Bg. y P: de sus potencias, tanto que.
4 Bz.: potencias tan mortificadas. Bg. y P: tan mirifica y maravillosamente.
5 Bg. y P: que reciben de él.
6 C: que la voluntad está unida con la voluntad divina.
200 LLAMA DE AMOR VIVA en ella, luce y da calor de amor; y según los primores de los demás atributos divinos que comunica allí él al alma de for- taleza, hermosura, justicia, etc., son los primores con que él sentido, gozando, está dando a su querido en su querido; es a saber, esa misma luz y calor que está recibiendo de su querido, porque estando ella aquí hecha una misma cosa con él, en cierta manera es ella Dios por participación; que aunque no tan perfectamente como en la otra vida, es, como dijimos, como sombra de Dios. Y a este talle, siendo ella por medio de esta sustancial trasformación sombra de Dios, hace ella en Dios por Dios lo que él hace en ella por si mismo, al mo- do que él lo hace, porque la voluntad de los dos es una, y así la operación de Dios y de ella es una. De donde como Dios se le está dando con libre y graciosa voluntad, así tam- bién ella, teniendo la voluntad tanto más libre y generosa cuanto más unida en Dios, está dando a Dios al mismo Dios en Dios, y es verdadera y entera dádiva del alma a Dios. Porque allí ve el alma que verdaderamente Dios es suyo, y que ella le posee con posesión hereditaria, con propiedad (1) de derecho, como hijo de Dios adoptivo, por la gracia que Dios le hizo de dársele a sí mismo, y que, como cosa suya, le puede dar y comunicar a quien ella quisiere de voluntad; y así ella dale a su querido, que es el mismo Dios que se le dió a ella, en lo cual paga ella a Dios todo lo que le debe, por cuanto de voluntad le da otro tanto como de él recibe.
79. Y porque en esta dádiva que hace el alma a Dios, le da al Espíritu Santo como cosa suya con entrega voluntaria, para que en él se ame como él merece, tiene el alma inestima- ble deleite (2) y fruición, porque ve que da ella a Dios cosa suya propia que cuadra a Dios según su infinito ser. Que aun- que es verdad que el alma no puede de nuevo dar al mismo Dios a si mismo, pues él en sí siempre se es el mismo, pero el alma de suyo perfecta y verdaderamente lo hace, dando todo 1 Bz.: con posesión y propiedad.
2 Bg. y P: tiene el alma como inestimable deleite.
CANCION III 201 lo que él le habia dado para pagar el amor (1), que es dar tanto como le dan; y Dios se paga con aquella dádiva del alma, que con menos no se pagaría y la toma Dios con agradecimiento, como cosa que de suyo le da el alma, y en esa misma dádiva ama el alma también como de nuevo (2); y así entre Dios y el alma, está actualmente formado un amor recíproco en conformidad de la unión y entrega matrimonial, en que los bienes de entrambos, que son la divina esencia, poseyén- dolos cada uno libremente por razón de la entrega voluntaria del uno al otro, los poseen entrambos juntos, diciendo el uno al otro lo que el Hijo de Dios dijo al Padre por San Juan, es a saber: Omnia mea tita stint, et tita mea sunt et clarifica.ttí& sutn in eis (5). Esto es: todos mis bienes son tuyos y tus bie- nes míos, y clarificado soy en ellos. Lo cual en la otra vida es sin intermisión en la fruición perfecta; pero en este estado de unión acaece cuando Dios ejercita (4) en el alma este ac- to de la trasformación, aunque no con la perfección que en la otra. Y que pueda 2\ alma hacer aquella dádiva (5) aunque es de más entidad que su capacidad y ser, está claro, porque lo está que el que tiene muchas genies y reinos por suyos, que son de mucha más entidad (6), los puede dar a quien él quisiere.
80. Esta es la gran satisfacción y contento del alma, ver que da a Dios más que ella en si es y vale (7), con aquella misma luz divina (8) y calor divino que se lo da (9); lo cual en la otra vida es por medio de la lumbre de gloria, y en ésta por medio de la fe ilustradísima. De esta manera, las profundas~cI- 2 Bg. "que de suyo le da al alma, y en esa entrega de Dios ama el alma también como de nuevo, y él de nuevo libremente se entrega al alma, y en eso ama el alma..."
3 XVII, 10.
4 Bg.: excita.
5 Bg. y P: dadiva tan grande.
6 Bg.: de mucho más entidad que él.
7 Bg. añade: dando con tanta liberalidad a Dios a sí mismo como cosa suya.
8 C: con aquella misma luz divina y claridad y calor divino.
9 S lee: y calor divino y soledad. Lo cual...202 LLAMA DE AMOR VIVA vertías del sentido, con extraños primores calor y luz dan junto a su querido. Junto dice, porque junta es la comunicación del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo en el alma, que son. luz y fuego de amor en ella.
81. Pero los primores con que el alma hace esta entrega, hemos de notar brevemente aquí. Acerca de lo cual se ha de advertir que, como quiera que el alma goce cierta imagen de fruición causada de la unión del entendimiento y del afecto con Dios, deleitada ella y obligada por esta tan gran merced, ha- ce la dicha entrega de Dios y de sí a Dios con maravillosos modos. Porque acerca del amor se ha el alma con Dios con ex- traños primores, y acerca de este rastro de fruición, ni más ni menos, y acerca de la alabanza también; y por el semejante acerca del agradecimiento.