Códice de Alba de Tormes.— En el Códice albense (1) se copia la Llama a seguida del Cántico espiritual, sin más preámbulos que es- tas dos palabras: Vía illuminativa. Omitiendo el título que se lee en otros Códices, pasa en seguida al prólogo. De todos los tratados que se trasladan en el Manuscrito, éste de la Llama es el más descuidado e incompleto. Sin contar las variantes, que no son pocas con los Códices antes estudiados, no hay canción de la que no su- prima largos párrafos de comentario. De la explicación extensa del verso Las profundas cavernas del sentido, que las ediciones dividen en diecisiete párrafos, no copia más que el primero g el último. Pa- rece como que el amanuense tenía deseos de terminar cuanto antes aquel trabajo.
Códice de Pamplona (2).— En la página 230, y con el título «De como se a de aver el alma q dios pone en la noche escura del spu», se lee: «El mismo santo pe. fray Juan de la Crus esplicando unas cansiones q el compuso de la intima unión del alma con dios que comiensan— o llama de amor viua en la esplicasion de la 3.a Cansion sobre aquel verso. Las profudas cauernas del sentido dise lo que se sigue». Comienza la copia por la frase del tercer verso de la es- trofa tercera (3): «Cuanto a lo primero, es de saber, que si el alma busca a Dios, mucho más la busca su Amado...», continúa copiando, con largas supresiones y alguna leve variante hasta el párrafo XVII del comentario del verso dicho (1).
Como se ve, esta copia carece de todo valor crítico.
COPIAS DE LA REDACCION SEGUNDA DE LA «LLAMA».
Manuscrito 17.950.— Hace un volumen de 145 por 100 mm., en- cuadernado en cuero negro repujado, con algunos adornos, y en el centro de la pasta una imagen de la Santísima Virgen con el Niño Jesús. Tuvo broches en otro tiempo, pero hoy ya no los tiene. Se halla paginado por hojas. La Llama llega hasta la páginá 141, y el Códice hasta la 170. La portada dice: JHS. Declaración / de las Canciones q tratan de la mui in/tima y calificada unión y / transfor- mación del alma f en Dios: por el pe. fray Jua / de la cruz carme- lita des/caigo a petifion de dona anna de peñalosa: comj puestas en la ora(ion\ / por el mismo ano j ¡584.
1 T. I. pág. 276.
3 Pág. 63, n. 27.
4 Pág. 83, n. 59.
A LA «LLAMA DE AMOR VIVA: XXVII La letra es de mujer, de regular trazado, y muy limpia. No tiene correcciones de ajena mano, ni propia. Aunque de la copia no se saca nada respecto de la autora de ella, es cierto, según las noticias que nos da el P. Andrés de la Encarnación (1), que perteneció a las Carmelitas Descalzas de Sevilla. Probablemente, alguna religiosa de esta Comunidad hizo este traslado. La copia denuncia pluma andaluza por el modo de escribir algunas palabras. En el siglo XIX perteneció a Gayangos, y luego a la Nacional. El prólogo está firmado por el San- to, cosa que no hemos visto en los anteriores manuscritos. La transcrip- ción parece que está muy bien hecha. No hay omisiones, ni modificaciones apenas, aunque sí algunos descuidos materiales de copia. La religiosa seguramente que trasladó con entera fidelidad el códice que le sir- vió para hacerla, y como la copia hispalense es muy antigua, —los téc- nicos de la Nacional dicen que es de la época del Santo—, merece grande crédito, y creo debe servir de base para la edición de esta redacción segunda de la Llama.
Códice de Córdoba.— A buena dicha podemos echar el que este manuscrito de la Llama ampliada viniera a parar a las Carmelitas Des- calzas de Córdoba a fines del siglo XVIII, o, más probablemente, cuando la exclaustración, en el siguiente, de los Regulares. Es un Có* dice forrado en pergamino y cantos dorados, de 195 por 145 mm., de letra hermosa y clara ele hombre, de fines del siglo XVI. Dos cintas de raso verde lo sujetaron en otro tiempo. En la cubierta, escribió el P. Juan del Santísimo Sacramento, que florecía por los años de 1715 (2) en la Provinciá de Andalucía la Baja: «Llama de amor. Espinas del Espíritu. N. P. S. Juan de la—». Pasadas tres hojas en blanco, se lee, de letra que no conozco: «-j- Del Desierto de S. Ju.g Baptista de Carmelitas Descalzos de la Sierra de Cordoua». «Aplicada por N. P. Provincial a este Convento de Cordoua». La palabra «Prólogo» viene en encarnado, así como la primera letra del texto (Alguna), y el Soli Dea honor et gloria, Amen, que se lee al fin de dicho prólogo con la firma del Santo, como ya vimos también en el Códice 17.950. En la hoja siguiente a la que termina el prólogo se escribe en tinta roja: «Estas Canciones son del padre fray Juan de la Cruz descalzo de Nuestra Señora del Monte Carmelo cuya declaración hizo a petición de la señora doña Ana de Peñalosa». En la que sigue, de distinta letra que el Prólogo, pero tan antigua y hermosa, se es- cribe en tinta encarnada: «Canciones que hace el alma en la última unión en Dios». A seguida da comienzo la paginación por hojas.
2 Cfr. Biblioteca Mística Carmelitana, t. IV, p. XLIV.
IXVTII INTRODUCCION No carece la copia de yerros materiales, pero de importancia no tiene apenas ninguno, y su conformidad con la de Sevilla es grande, aunque no total. Se advierten discrepancias a menudo en cosas ac- cidentales. Sin indicios para fijar el año en que pudo ser escrita nj quién fué su autor, por la letra puede ser de la época del Santo.
Manuscrito 8.795.— En la página 162 de este Códice, del que se habló en la Introducción a la Noche Oscura, comienza la Llama, pre- cedida de este título: Canciones que fiase el alma en la última unión con Dios hechas y comentadas por el padre fray Juan de la Cruz. Hasta el folio 180 v., es de letra menuda y mal trazada (acaso de alguna religiosa de Baeza), de que ya hay muestras anteriores en este Códice, y de esta página hasta el fin, de otra, muy menuda, pero bien hecha. Termina la Llama en la página 222. Siguen algunas poesías del Santo.
La copia es muy antigua, íntegra y, en lo sustancial, no discrepa de la de Sevilla y Córdoba, si bien tiene respecto de ellas variantes de escasa importancia. En el comentario al tercer verso de la canción III, un corrector introdujo posteriormente algunas enmiendas. Es uno de los Códices recomendados por el P. Andrés de la Encarnación (Ms. 3.653: Previo 4) para la edición de la Llama de Amor viva.
Códice de Falencia.— Forrado en pergamino poseen este Códice las Carmelitas Descalzas de Palencia: Mide 210 por 150 mm., y se halla completo y en estado inmejorable de conservación. Consta de ciento once hojas paginadas. La letra es grande, clara, un poco alargada y muy hermosa. Tanto la portada, como los encabezamientos de las Canciones, como algunos de los versos que se citan en el comento destacados del texto y en centro de página, van incluidos en dibujos sencillos y no de mal gusto, como no lo son tampoco algunos rema- tes de página y hasta de línea. La copia en su parte caligráfica está hecha con mucho esmero y pulcritud. No podemos decir lo mismo en cuanto al traslado del texto, que es bastante descuidado, y con muchas variantes, aunque no de importancia, respecto del Códice de las Descalzas de Sevilla y los demás que con éste conforman. El Pa- dre Andrés calificó de mendoso este manuscrito, y no se equivocó en el juicio. Registradas dejamos en notas las principales diferencias que en él se advierten en relación con el que adoptamos como modelo en esta edición. Es copia de la época del Santo, o poco posterior.
Códice de Burgos— Forma parte la Llama de amor viva de varios escritos de que se compone el Códice burgense, escrito en el siglo XVIII, ya muy adelantado. Por lo que hace a la Llama es una copia X LA «LLAMA DE AMOB VIVA- XXIX del ejemplar de las Carmelitas Descalzas de Patencia. De la copia palentina y burgalesa escribe el P. Andrés lo que sigue: «Para la de- claración 2.a de la Llama, que es la que se debe imprimir, remito yo [a la Casa Generalicia de los Carmelitas Descalzos en Madrid | con estos papeles traslado del que tienen las religiosas de Palencia. Es verdad que aunque es bien trabajado y de letra hermosa, le hallé muy defectuoso, y es necesario se vean otros que se llevaron al Ar- chivo desta misma escritura» (1). En una advertencia que puso al fin de la copia de Burgos, el citado P. Andrés de la Encarnación, se lee: «El Manuscrito antecedente es copia de otro muy antiguo que tienen las Carmelitas Descalzas de Palencia. Es aquel escrito de excelente letra, pero muy mendoso, y se ha procurado corregir con la ayuda de otro escrito de la escritura primera de este libro; bien que en mu- chas partes no nos ha podido dar entera luz, por ser la obra presente de la escritura segunda del Santo (porque la escribió dos veces), en que muchas veces mudó, añadió y corrigió lo que tenía escrito».
La Llama empieza así en la página 175 del Manuscrito: Llama de amor viva. Declaración de las Canciones, que tratan de la muy íntima y calificada unión y transformación del Alma en Dios, a pe- tición de la Señora Doña Ana de Peñalosa, por el mismo qUc las compuso, que es el P. Fr. Juan de la Cruz, Carmelita Descalzo. Termina en la página 321. En conformidad con la edición principe, divide en diecisiete párrafos el comentario del tercer verso de la can- ción III, división que no trae el Códice de Palencia, sino que fué añadida por indicación del P. Andrés. Subsanados en buena parte los descuidos materiales del Códice de donde se trasladó esta copia, tiene pocas variantes con la 17.950, y las demás que hemos visto con- formarse con ella. Aparte los yerros señalados, la copia era excelente, y el mismo P. Andrés indicaba que ella y la de Sevilla (Ms. 17.590 de la Nacional), bastaban para la nueva impresión que se hiciera.
ALGUNAS EDICIONES DE LA «LLAMA».
Edición de 1618.— Consecuente el editor con los criterios, ya ad- vertidos, que se propuso en esta edición, introduce muchas variantes en el texto, a juzgar por los Códices que estimamos fieles al autó- grafo sanjuanista y están concordes entre sí, y omite con alguna fre- cuencia párrafos, en general cortos (2). También omite los textos 2 El más largo corresponde al verso cuarto de la primera canción, y fué debido a que aquella doctrina ya la había dado en La Subida y en La Noche. La supresión es de 109 líneas de esta edición, desde la diecisiete del número 17 hasta la seis del 21.
XXX INTRODUCCION XXX INTRODUCCION latinos de la Sagrada Escritura que traen los manuscritos. Como se han de indicar en sus lugares respectivos, basta saber que este libro salió de la edición príncipe casi tan mal librado como la Subida del Monte Carmelo, pues si bien los cambios introducidos tienen bastante menos importancia doctrinal que en la Subida, son en cambio mucho más numerosos. La mayor parte se ordenan a dar más corrección y cla- ridad al lenguaje del Santo, que por lo mismo que trata de cosas muy subidas, no fáciles de vestir y escribió el tratado en poquísimo tiempo, se resiente de algunos descuidos, sobre todo en ciertos párrafos.
Ni la edición de 1630, ni las siguientes hasta la de Toledo, sub- sanaron los yerros de la primera, que se han venido trasmitiendo de unas a otras hasta nuestros días. Numera las Canciones al prin- cipio, y también los versos de cada canción dentro del texto. A ella se debe también la división en diecisiete párrafos del larguísimo co- mento que el Santo pone al primer verso de la canción III, que así se lee con más facilidad.
Edición de Toledo. — Como el Cántico Espiritual, también publicó en primer lugar la Llama en su segunda redacción, y en apéndice la primera redacción de la misma. Algunos párrafos añadidos y modificados, los pone entre comillas, para que el lector fácilmente se dé cuenta del trabajo realizado por el Doctor místico. Advertimos, sin embargo, que con la mayor parte no se practicó esta precaución. Fué la primera que dió a la luz la redacción segunda de este tratado del Santo.
Nuestra edición.— También nosotros publicaremos ambos trabajos, como ya hicimos con el Cántico. Para la primera escogemos la copia de Toledo, y como supletorias las restantes de la misma redacción. La de Sevilla nos servirá para la segunda, sin prescindir de la ayuda que en determinados parajes es preciso pedir a los demás manuscritos. Los manuscritos de ambas redacciones de la Llama responden a las siguientes abreviaturas de las notas: Primera redacción de la *Llama»: A=Manuscrito de los Carmelitas de Alba de Tormes. B=Ms. 6.621, de la Nacional.
C=Manuscrito de las Carmelitas Descalzas de Córdoba. G=Ms: 18.160 de la Biblioteca Nacional. Gr.=Manuscrito del Sacro Monte de Granada. P=Códice de las Carmelitas Descalzas de Pamplona. T=Manuscrito de las Carmelitas Descalzas de Toledo.
A LA «LLAMA DE AMOR VIVA» Segunda redacción de la «Llama»: Bg.=Ms. de los Carmelitas de Burgos. Bz.=Ms. 8.795 de la Biblioteca Nacional. C=Manuscrito de las Carmelitas Descalzas de Córdoba. P=Ms. de las Carmelitas Descalzas de Palencia. S=Manuscrito 17.950 de la Biblioteca Nacional.
La edición de 1618, que es la única que tiene importancia para el intento de la presente, se citará, como siempre, con las iniciales e. p. (edición príncipe).
Con preferencia citamos las variantes de esta edición, porque son las que tienen más interés, ya que se deben a estudio y propósi- to preconcebido; así como las que se notan en los manuscritos, en general, son hijas del descuido y de la distracción, muy explicable en aquellos tiempos y en copias de alguna extensión. No señalamos las modificaciones, porque son tantas que atiborraríamos las páginas de notas. Por la misma razón no citamos tampoco todas las variantes de los manuscritos entre sí, sino las que nos han parecido más dignas de mención especial.
xxxu INTRODUCCION xxxu INTRODUCCION TRATADO DE «LAS CAUTELAS» Siguen en este volumen los escritos cortos de San Juan de la Cruz, las Poesías y las Cartas. No tienen el valor imponderable— sal- vo el de algunas composiciones poéticas — que los tratados hasta aquí insertos del mismo autor, porque su argumento es más ceñido y de menor empeño, pero son migajas caídas de la misma opulenta mesa ascética y mística. El Doctor del Carmelo es tan consecuente consigo mismo, es tan uno en su doctrina, que apenas hay otro desdoblamiento u variedad en ella, que la que brota necesariamente de su misma en- traña al sacarla a la luz de los principios fuertemente sintéticos y desleiría en explicaciones geniales, que nunca pierden el hilo de procedencia, ni por casualidad se quiebra el engarce del razonamiento. Son una especie de comprimidos ascéticomísticos, fruto condensado de altos principios doctrinales, experiencias maduras y exquisitos análisis psíquicos, con que amasó toda su admirable doctrina el grande es- critor del Carmelo.
La feliz convivencia de la síntesis y del análisis en el Santo, acusadora de robusta y recia personalidad, se echa de ver en cual- quiera sentencia de este hombre callado y reflexivo, que si a veces la conversación fluía mansa y caudalosa de sus labios, gustaba mu- chas otras de hablar en forma de avisos o sentencias, de donde le vino el remoquete de Senequita, puesto nada menos que por Santa Teresa, que tanto ingenio tenía para resumir en una palabra la calidad pre- dominante de una persona, y que por ser de tan alta procedencia, honra extraordinariamente al Santo, al mismo tiempo que señala una de las notas más prominentes y destacadas de su carácter.
De estos escritos cortos debió de hacer muchos San Juan de la Cruz, que por lo mismo que eran producciones rápidas de la inteli- gencia, dirigidas a determinadas personas y de índole reservada — las más se ordenaban a la dirección de conciencia — desaparecieron puede decirse en su totalidad. Uno de los principales de entre estos docu- mentos que se salvaron de la universal destrucción, sin duda por su carácter impersonal y de general aplicación a los que viven en los claustros, es el conocido con el nombre de Cautelas. Nueve son és- tas, en que el Santo precave al religioso contra el mundo, el demo- nio y la carne; los tres enemigos señalados por el Espíritu Santo como los más temibles y peligrosos para el hombre. Las dirige a las gentes de claustro que deseen llegar en breve al recogimiento A «LAS CAUTELAS: uzm propio de su estado en silencio, desnudez y pobreza de espíritu, como preparación para la unión con Dios por amor, obsesión continua del Santo en todos sus escritos. Aun en una simple sentencia o aviso, brilla esta idea con destellos más o menos visibles. Las nueve cautelas por su practicidad son de utilización diaria en la vida religiosa, y pue- den servir a modo de depurativo cotidiano de toxinas que se filtran en el alma y la inficionan o hacen perder su pureza y perfecta salud espiritual. Por su brevedad, es fácil encomendarlas a la memoria, para echar mano de ellas en cualquier momento de necesidad de espíritu, pues bien seguros podemos estar que en un instante u otro del día hemos de necesitarlas en la vida regular para conducirnos según cumple al ^stado religioso, como se necesita el cepillo para tener limpios de polvo nuestros vestidos.
Las Cautelas fueron una de las primeras composiciones suyas cuando en 1578 se retiró al Calvario y ejerció el cargo de confesor ordinario de las Carmelitas Descalzas de Beas, como ya se dijo en los Preliminares. En las Declaraciones para el Proceso de beatifica- ción del Santo que se hicieron en Beas el año de 1618, Ana de Jesús, religiosa antigua de aquel convento, que confesó con el Doc- tor Místico muchas veces, dice a este propósito: «Lo mismo hacía con sus cartas, que parecían del cielo, y a esta testigo le escribió tres cartas en particular; y cuando se iba les dejaba unas cautelas de los enemigos del alma y algunas sentencias a cada una religiosa; y las que le dejó a esta testigo, y las demás que pudo haberlas, tiene juntas, y las tiene en mucho para su consuelo» (1). El diligente P. Alonso de la Madre de Dios, tantas veces citado en esta edición, dice, des- pués de dar cuenta de los escritos extensos del Santo: «Otros tra- tadillos espirituales escribió, que aun no se han impreso— escribía en el primer tercio del siglo XVII—; entre ellos, tengo uno que contiene nueve cautelas para oponernos a los tres enemigos del alma, que a instancias, de las Descalzas de Beas escribió» (2). No faltan tampoco otros testimonios antiguos que hacen mérito de este escrito del Santo, si bien así de las Cautelas, como de otros documentos sueltos suyos, se escaparon a la información de los testigos procesales que mencionan la existencia de la Subida, la Noche, las Canciones y la Llama.
No son muchas las copias antiguas que han logrado sobrevivir a la acción destructora del tiempo. Su misma pequeñez les hacía fá- cilmente perdidizas; y las ediciones de ellas hicieron inútiles las co- 2 Ms. 13.460, 1. II, cap. 8. Andrés de la Encarnación opina (Memorias Histo- riales. C, 83), que en su tiempo existia en el Archivo de San Hermenegildo una copia de las Cautelas hecha por este religioso.
IUIV INTRODUCCION pias, que poco a poco fueron pereciendo casi todas. Si algún escrito del Santo se multiplicó en numerosos traslados fué éste seguramente. Su brevedad y la índole de su argumento eran muy a propósito para multiplicarse en copias innúmeras, y su mucha utilidad espiritual estimu- laba a las almas a procurarse algunas. No creo hubiese religioso ni monja carmelitas descalzos, interesados en su medro espiritual, que no manejasen algún traslado de las Cautelas. Salidas en hojas impresas, fueron desapareciendo las copias manuscritas de todos los conventos rápidamente. Con todo, cuando el P. Andrés de la Encarnación giró una visita por los conventos, promediado el siglo XVIII, todavía en- contró algunas, sobre todo en Andalucía, como es de ver en los apuntes que nos dejó de su viaje en los Manuscritos que hoy se guardan con las signaturas 3.653 y 6.296, en la Biblioteca Nacional.
En este segundo da particular noticia y traslado íntegro de un ejemplar de ellas que tenían los Carmelitas Descalzos de Málaga, al que el P. Andrés concedía mucha autoridad. Le indujeron a practicar esta diligencia algunas variantes que advirtió con las que corrían im- presas. Hablando de este ejemplar malagueño, escribe el P. Andrés en el citado Manuscrito: «Las Cautelas del Santo que aquí se ven, las he hallado en otros trasumptos antiguos: uno de las Madres de Veas, otro deste mismo Colegio de Málaga, con igual diferencia de las impresas que cualquiera notará en la copia presente. Tanta mu- danza no parece poderse atribuir a yerro o inadvertencia de los amanuenses, ni me parece tendrá ninguno aliento para corregir tanto de tan excelente obra del Santo Doctor; máxime, que si fuera acción de otro, aunque se hubiera animado a coordinarlo mejor, no hubiese pasado a suprimir los largos períodos y sentencias que aquí se echan de menos. Y así, nos podemos persuadir, que, escribiéndolas el Santo segunda vez (que como obra pequeña no es difícil lo executase), las inmutó de ese modo; o que haciendo ese exemplar (así lo practicó para cada una de las religiosas de Veas con la estampa del Monte Carmelo) [Monte de Perfección], quisiese decir mejor y con método más oportuno lo que estaba tan bien dicho». Firmó estas líneas en Málaga, a 23 de noviembre de 1759.
Nada tiene de inverosímil cuanto dice aquí el P. Andrés. Hemos visto al Santo retocar, no sólo el Monte de Perfección, que el Padre oportunamente recuerda; sino obras como las Canciones y la Llama. Por otra parte habríase necesitado un milagro de transcripción para que en tanta copia de traslados no se deslizasen variantes, de mayor o menor cuantía, debidas a descuidos inevitables; porque la materia de que las Cautelas tratan no parece ser de las que pedían entonces atenuaciones y suavidades doctrinales.
A «LAS CAUTELAS: HIV No salieron impresas las Cautelas hasta mucho después que corrían en manos de todos, en diversas ediciones y lenguas, los principales tratados del Santo. El «Proemio» de la edición de 1618 no hace men- ción de éste ni de ningún otro escrito del Santo, salvo de los tres que en ella se publican. Fray Jerónimo de San José, que tantas copias vió de las Cautelas, tampoco se dignó publicarlas en su edición de 1630. Y, sin embargo, es muy fácil que el propio P. Jerónimo propor- cionase un ejemplar de ellas al P. Andrés de Jesús, carmelita polaco, que se hallaba traduciendo al latín los escritos del Santo, y los pu- blicó en Colonia, año de 1639, donde por primera vez salieron im- presas las Cautelas (1). A partir de esta fecha se han reimpreso innu- merables veces, aunque las impresiones no tienen particular importan- cia para el crítico, porque no hacen más que copiarse unas a otras. La primera vez que salieron en España con los demás escritos del Santo, fué en la edición hecha en Barcelona el año de 1693, con este título: «Instrucción y Cautela que ha menester traer siempre delante de sí el que quisiere ser verdadero religioso y llegar en breve a mucha perfección, por nuestro beato padre fray Juan de la Cruz», (págs. 637-640). Antes (1667) las había publicado con algunos avisos el P. Esteban de San José, a la sazón general de la Descalcez.
Como de las pocas copias que quedan, la mejor, sin duda, es la que nos dejó en el citado Manuscrito 6.296 el P. Andrés de la En- carnación, por ella publicaremos las Cautelas en la presente edición, como ya lo hizo el P. Gerardo de San Juan en la suya. Alguna dife- rencia hay con las ediciones antiguas, y creo no es de tanta con* sideración como algunos frivolamente han supuesto, llevados de la manía literaria, casi siempre de moda, de exagerar los defectos de las obras que estudian, o aparentan estudiar, con jactanciosa suficiencia.