Acerca de la pasión del Señor, procure el rigor de su cuerpo con discreción, el aborrecimiento de sí misma y mortificación ] Publicó esta carta en la vida del Santo, el P. Jerónimo de San José (Historia, lib. VI, c. Vil, n. 3), quien da también las siguientes noticias que la ilustran: "La se- gunda carta escribió el venerable Padre a una doncella de Madrid que deseaba ser religiosa descalza, y después lo fue en el convento fundado en un lugar de Castilla la Nueva, llamado Arenas, que con el tiempo se trasladó a Guadalajara. Era natural de Narros del Castillo, lugar en el Obispado de Avila, y estando ella en casa de D a Guiomar de Ulloa, en Avila, la comunicaba el venerable Padre cuando fué con- fesor de la Encarnación, y después la solía escribir. Llamóse por su respeto y devo- ción, como hija suya espiritual, Ana de la Cruz en la Religión. Fué de vida muy ejem- plar y alta contemplación, consumada en grandes trabajos." La mayor parte de esta carta— comienza en la frase: "los tres puntos que me pregunta"— se hallaba original en una hoja que guardaban las Carmelitas Descalzas de Alcalá, llamadas de la Ima- gen. La publicó D. Vicente de la Fuente en una de las "Entregas" de autógrafos de cartas de Santa Teresa, que comenzó a editar y se reprodujo en El Monte Car- melo, noviembre de 1916. Hoy ya no existe en dicho convento, ni las religiosas pueden dar razón de cómo salió de ellas ni dónde para.
268 EPISTOLARIO y no querer hacer su voluntad y gusto en nada, pues ella fué la causa de su muerte y pasión; y lo que hiciere, todo sea por con- sejo de su madre (1).
Lo tercero, que es la gloria, para bien pensar en ella y amarla, tenga toda la riqueza del mundo y los deleites de ella por lodo y vanidad y cansancio, como de verdad lo es, y no es- time en nada cosa alguna, por grande y preciosa que sea, sino estar bien con Dios, pues que todo lo mejor de acá, compa- rado con aquellos bienes eternos para que somos criados, es feo y amargo, y aunque breve su amargura y fealdad, durará para siempre en el alma del que los estimare (2).
De su negocio yo no me olvido; mas ahora no se puede más, que harta voluntad tengo. Encomiéndelo mucho a Dios, y tome por abogada a Nuestra Señora y a San José en ello.
A su madre me encomiendo mucho, y que haya ésta por suya, y entrambas me encomienden a Dios y a sus amigas pi- dan lo hagan por caridad.
Dios la dé su espíritu.
De Segovia y febrero.
pRAV jlAN DE LA C.RUZ.
CARTA XI A UN RELIGIOSO DIRIGIDO SUYO. — SEGOVIA, 14 DE ABRIL.
Le da muy útiles consejos espirituales para progresar en la vir- tud Le persuade ponga la voluntad en Dios y aparte todo gozo de las criaturas (3).
La paz de Jesucristo sea, hijo, siempre en su alma. La carta de Vuestra Reverencia recibí, en que me dice los grandes deseos que le da Nuestro Señor de ocupar su voluntad en solo 1 De su maestro, leían las ediciones anteriores. Por lo visto, la madre de esta doncella era muy piadosa.
2 Aquí termina el autógrafo de Alcalá. La firma que llevaba del Santo, se pegó allí, tomada de algún autógrafo suyo.
3 Gracias al P. Jerónimo de San José que tuvo la feliz ocurrencia de trasladar integra esta preciosa carta en su Historia del Santo (Iib. VI, cap. VII, n. 2), podemos leerla hoy y utilizar la excelente doctrina que nos da en ella. Fragmentos extensos CARTA XI 269 El, amándole sobre todas las cosas, y pídeme que en orden a conseguir aquesto le de algunos avisos.
Huélgome de que Dios le haya dado tan santos deseos, y mucho más me holgaré que los ponga en ejecución. Para lo cual le conviene advertir cómo todos los gustos, gozos u afi- ciones se causan siempre en el alma mediante la voluntad y que- rer de las cosas que se le ofrecen como buenas, convenientes y deleitables, por ser ellas a su parecer gustosas y preciosas; y según esto, se mueven los apetitos de la voluntad a ellas, y las espera, y en ellas se goza cuando las tiene y teme perderlas; y así, según las aficiones y gozos de las cosas, está el alma al- terada e inquieta.
Pues para aniquilar y mortificar estas aficiones de gustos acerca de todo lo que no es Dios, debe Vuestra Reverencia no- tar, que todo aquello de que se puede la voluntad gozar distin- tamente es lo que es suave y deleitable, por ser ello a su pa- recer gustoso; y ninguna cosa deleitable y suave en que ella pueda gozar y deleitarse es Dios, porque, como Dios no puede caer debajo de las aprehensiones de las demás potencias, tam- poco puede caer debajo de los apetitos y gustos de la voluntad; porque en esta vida, así como el alma no puede gustar a Dios esencialmente, así toda la suavidad y deleite que gustare, por subido que sea, no puede ser Dios; porque también todo lo que la voluntad puede gustar y apetecer distintamente es en cuanto lo conoce por tal o tal objeto. Pues como la voluntad nunca haya gustado a Dios como es, ni conocídolo debajo de alguna aprehensión de apetito, y, por el consiguiente, no sabe cuál sea Dios, no lo puede saber su gusto cuál sea, ni puede su ser y apetito y gusto llegar a saber apetecer a Dios, pues es sobre toda su capacidad; y así, está claro que ninguna cosa distinta extensos se leen en el Códice de Pamplona (Cfr. t. I, págs. 283-285), y en otro muy antiguo que se guardaba en Duruelo y que copió el P. Andrés para el Códice de Al- caudete (t. I, págs. 285-289), y los traen como formando parte de la Subida del Mon- te Carmelo, con la cual existen íntimas afinidades doctrinales. (Cfr. t. II, p. 358, nota segunda). Entre estos códices y la carta del P. Jerónimo hay muchas variantes de for- ma. Tampoco aquéllos convienen siempre entre sí por lo que hace a las palabras. La fecha es incierta, aunque bien pudiera ser de 1589, que se hallaba en Segovia.
270 EPISTOLARIO de cuantas puede gozar la voluntad es Dios. Y por eso, para unirse con él se ha de vaciar y despegar de cualquier afecto des- ordenado de apetito y gusto de todo lo que distintamente puede gozarse, así de arriba como de abajo, temporal o espiritual, para que, purgada y limpia de cualesquiera gustos, gozos y apetitos desordenados, toda ella con sus afectos se emplee en amar a Dios. Porque si en alguna manera la voluntad puede com- prehender a Dios y unirse con él no es por algún medio aprehen- sivo del apetito, sino por el amor; y como el deleite y suavidad y cualquier gusto que puede caer en la voluntad no sea amor, sigúese que ninguno de los sentimientos sabrosos puede ser medio proporcionado para que la voluntad se una con Dios, sino la operación de la voluntad, porque es muy distinta la operación de la voluntad de su sentimiento: por la operación se une con Dios y se termina en él, que es amor, y no por el sentimiento y aprehensión de su apetito, que se asienta en el alma como fin y re- mate. Sólo pueden servir los sentimientos de motivos para amar, si la voluntad quiere pasar adelante, y no más; y asi, los sentimientos sabrosos de suyo no encaminan al alma a Dios, antes la hacen asentar en sí mismos; pero la operación de la voluntad, que es amar a Dios, sólo en él pone el alma su afi- ción, gozo, gusto, contento y amor, dejadas atrás todas las cosas y amándole sobre todas ellas. De donde si alguno se mueve a amar a Dios no por la suavidad que siente, ya deja atrás esta suavidad, y pone el amor en Dios, a quien no siente; porque si le pusiese en la suavidad y gusto que siente, repa- rando y deteniéndose en él, eso ya sería ponerle en criatura o cosa de ella, y hacer del motivo fin y término; y por consiguien- te, la obra de la voluntad sería viciosa; que pues Dios es in- comprensible e inaccesible, la voluntad no ha de poner su ope- ración de amor, para ponerla en Dios, en lo que ella puede tocar y aprender con el apetito, sino en lo que no puede com- prender ni llegar con él. Y de esta manera queda la voluntad amando a lo cierto y de veras al gusto de la fe, también en vacío y a oscuras de sus sentimientos sobre todos los que CABTA XI 271 «lia puede sentir con el entendimiento de sus inteligencias, cre- yendo y amando sobre todo lo que puede entender.
Y así muy insipiente sería el que faltándole la suavidad y deleite espiritual, pensase que por eso le falta Dios, y cuando le tuviese, se gozase y deleitase, pensando que por eso tenía a Dios. Y más insipiente sería si anduviese a buscar esta suavidad en Dios y se gozase y detuviese en ella; porque de esa manera ya no andaría a buscar a Dios con la voluntad fundada en va- cío de fe y caridad, sino el gusto y suavidad espiritual, que es criatura, siguiendo su gusto y apetito; y así ya no amaría a Dios puramente sobre todas las cosas (lo cual es poner toda la fuerza de la voluntad en él), porque asiéndose y arrimándose en aquella criatura con el apetito, no sube la voluntad sobre ella a Dios, que es inaccesible; porque es cosa imposible que la voluntad pueda llegar a la suavidad y deleite de la divina unión, ni abrazar ni sentir los dulces y amorosos abrazos de Dios, si no es que sea en desnudez y vacío de apetito en todo gusto particular, así de arriba como de abajo; porque esto quiso decir David cuando dijo: Dilata os tuum, et implebo illud (1).
Conviene, pues, saber, que el apetito es la boca de la vo- luntad, la cual se dilata cuando con algún bocado de algún gus- to no se embaraza ni se ocupa; porque cuando el apetito se pone en alguna cosa, en eso mismo se estrecha, pues fuera de Dios todo es estrechura. Y así, para acertar el alma a ir a Dios y juntarse con él, ha de tener la boca de la voluntad abierta solamente al mismo Dios y desapropiada de todo bocado de apetito, para que Dios la hincha y llene de su amor y dulzura, y estarse con esa hambre y sed de solo Dios, sin quererse satisfa- cer de otra cosa, pues a Dios aquí no le puede gustar como es; y lo que se puede gustar, si hay apetito, digo, también lo impide. Esto enseñó Isaías cuando dijo: Todos los que tenéis sed, venid a las aguas, etc. (2). Donde convida a los que de solo Dios tienen sed a la hartura de las aguas divinas de la unión de Dios, y no tienen plata de apetito.
1 Psalm. LXXX. 11.
2 LV, 1.
272 EPISTOLARIO Mucho, pues, le conviene a Vuestra Reverencia, si quiere gozar de grande paz en su alma y llegar a la perfección, en- tregar toda su voluntad a Dios, para que así se una con él, y no ocupársela en las cosas viles y bajas de la tierra.
Su Majestad le haga tan espiritual y santo como yo deseo De Segovia y 14 de abril.
Fray Juan de la Cruz. CARTA XII A LA M. YIARIA DE JESUS, PRIORA DE CORDOBA. — SEGOVIA Y JUNIO DE 1589.
Contesta a varias dudas de observancia que le había consul- tado (1).
Jesús sea en Vuestra Reverencia y la haga tan santa y po- bre de espíritu como tiene el deseo y me lo alcance de Su Ma- jestad.
Ve ahí la licencia para las cuatro novicias; mire que sean buenas para Dios.
Ahora quiero responder a todas sus dudas brevemente, que tengo poco tiempo, habiéndolas tratado primero con estos padres, porque el nuestro no está aquí, que anda por allá. Dios le traiga (2).
1. Que no hay ya disciplina de varillas aunque se reza de feria, porque aquésto expiró con el rezo carmelitano, que sólo era en ciertos tiempos y tenía pocas ferias.
2. Lo segundo, que no dé en general licencia a todas ni a 1 El autógrafo en las Carmelitas Descalzas de Bruselas. Por vez primera se pu- blica en una edición de las obras del Santo. Le falta el sobrescrito, pero es casi segu- ro que la dirige a su buena hija, la priora de las Carmelitas de Córdoba, María de Jesús, grande amadora de la pobreza, que como tenía tanta confianza con el Santo y estaba al frente de la nueva comunidad, le consultaba algunas dudas de gobierno que se le habían ofrecido. Debo una fotografía a la amabilidad de nuestros Padres de Bruselas, que me la remitieron hace ya cuatro años. Es la primera vez que sale de prensas españolas.
2 Dice el Santo en este párrafo, que antes de contestar a las preguntas que hacía la Madre, había preguntado a los miembros de la Consulta, de la que era presidente, porque el P. Dona había salido para hacer la visita canónica por los conventos de Andalucía.
CARTA XII 273 CARTA XII 273 ninguna para que en recompensa de eso ni de otra cosa, se discipline tres días en la semana, sin particularidades como sue- le. Allá se las verá. Guárdese lo común (1).
3. Que no se levanten comúnmente más de mañana que manda la constitución, esto es, la comunidad (2).
4. Que las licencias expiran expirando el prelado, y así ahora por ésta se la envío de nuevo para que pueda entrar en el convento en caso de necesidad confesor, médico, barbero y oficiales.
5. Lo quinto, que pues ahora tiene hartos lugares vacíos, que cuando fuese necesario lo que dice se puede tratar la duda de la hermana Aldonza. Encomiéndemela y a mí a Dios. Qué- dese con él, que no me puedo alargar más.
De Segovia y junio, 7, de 1589.
Fr. Juan de la Cruz (3).
1 Un interesante resumen del Rito carmelitano en la Orden, puede leerse en la obra Ocdinaire de /' Ordve de Notre-Dame du Mont-Carmel..., por el P. Zimmer- man, C. D.; (págs. V-XXIII). La Reforma de la Santa adoptó el rito latino en 1586. La disciplina de varillas no se usa al presente más que alguna vez durante la cuares- ma y en las visitas canónicas.
Discreto está aquí el Santo, como todos los que practican la virtud en alto grado. Una de las observancias de las Carmelitas Calzadas que suavizó la Santa fué esta de la disciplina, que según la constitución que las dió (B M C. t. VI, p. 26), no debe to- mar la comunidad más que los viernes. En cambio las Constituciones que guardó la Santa en la Encarnación, ordenaban: "Ternán las hermanas por todo el año disciplina tres ferias: lunes, miércoles y viernes." (Ib., t. IX, p. 488). Con el cambio del rezo y la disposición de la Consulta, de que da cuenta en ésta el Santo, desapareció por ley la obligación de que habla la Santa en sus Constituciones (ubi supca) de tomar disci- plina los días de feria, según el Ordinario.
2 Otro extremo de observancia en que el Santo muestra su grande caridad y pru- dencia. Las Constituciones se escribieron para observarlas puntualmente, y no para que cada priora hiciese y deshiciese de su cabeza lo que le viniere en gana, cosa que la Santa trató de atajar con la impresión de las Constituciones hechas en 1581 en Alcalá. No prohibe el Santo que alguna religiosa, si su devoción se lo pide, con las debidas precauciones y licencias se levante antes de la hora señalada, claro es, sin molestar a las demás.
3 De letra antigua, puso después de la firma del Santo una religiosa: "Esta carta toda es de la letra de nro. benerable p.e fray ju.° de la Cruz. No se dé fuera que es gran reliquia." Algunas líneas más hay, pero no pueden leerse en la fotografía que poseemos.
18 274 EPISTOLARIO CARTA XIII A LA «. LEONOR DE SAN GABRIEL EN SEVILLA. — SEGOVIA, 8 DE JULIO DE 1589.
Le da muy saludable doctrina para sacar mucho provecho espi- ritual al pasar como fundadora de las Descalzas de Sevilla a ¡a que se acababa de ejecutar en Córdoba (1).
Jesús sea en su alma, mi hija en Cristo. Agradézcola su letra, y a Dios el haberse querido aprovechar de ella en esa fundación, pues lo ha Su Majestad hecho para aprovecharla más; porque cuanto más quiere dar, tanto más hace desear, has- ta dejarnos vacíos para llenarnos de bienes. Bien pagados irán los que ahora deja en Sevilla del amor de las hermanas, que por cuanto los bienes inmensos de Dios no caben ni caen sino en corazón vacío y solitario, por eso la quiere el Señor, porque la quiere bien, bien sola, con gana de hacerle él toda compañía. Y será menester que Vuestra Reverencia advierta en poner ánimo en contentarse sólo con ella, para que en ella halle todo contento; porque aunque el alma esté en el cielo, si no acomoda la voluntad a quererlo, no estará contenta; y así nos acaece con Dios (aunque siempre está Dios con nosotros) si tenemos el corazón aficionado a otra cosa, y no sólo en él.
Bien creo sentirán las de Sevilla allí soledad sin Vuestra Reverencie; mas por ventura había ya Vuestra Reverencia apro- 1 Inserta esta cana el P. Jerónimo de San José en la vida del Santo (lib. VI, c. VII, n. 4).
Leonor de San Gabriel, natural de Ciudad Real, había profesado en Malagón en 1571. Cuando la Santa pasó por allí para la fundación de Sevilla se la llevó consigo. Joven, franca y vivaracha, "un ángel por su sencillez", como dice la Santa en una carta, fué siempre una excelente religiosa, y se captó no menos el amor de la Madre Fundadora que el de San Juan de la Cruz. En Sevilla hizo de enfermera a la Santa, y y ésta recuerda muchas veces en su Epistolario, con indecible cariño, los buenos ser- vicios de la su Grabiela. La menudencia física de esta religiosa hizo gracia a la San- ta. En una ocasión había enviado la M. Leonor un San Pablo a la Santa, y ésta le contesta (B M C, t. VIII, Carta CCCIV), que era muy lindo, y como se parecía a ella en lo chiquito, le había caído en gusto. Por indicación, sin duda, del Santo, que poco antes de salir para Córdoba habia hablado en Sevilla, fué de supriora de la nueva fundación. Se hizo ésta en la ermita de Santa Ana, de la que tomaron posesión el 28 de junio de 1589.
CARTA XIII 275 CARTA XIII 275 vechado allí lo que pudo, y querrá Dios que aproveche ahí, porque esa fundación ha de ser principal; y así Vuestra Reve- rencia proctvre ayudar mucho a la Madre Priora, con gran con- íormidad y amor en todas las cosas, aunque bien veo no tengo que encargarle esto, pues como tan antigua y experimentada, sabe ya lo que se suele pasar en esas fundaciones; y por eso es- cogimos a Vuestra Reverencia, porque para monjas, hartas había por acá, que no caben.
A la hermana María de la Visitación (1) dé Vuestra Re- verencia un gran recado, y a la hermana Juana de San Ga- briel (2) que le agradezco el suyo. Dé Dios a Vuestra Re- verencia su espíritu.
De Segovia y julio, 8, de 1589.
Fray Juan de la Cruz.
CARTA XIV A LA MI LEONOR DE SAN GABRIEL EN CORDOBA. — MADRID Y JULIO.
La consuela en un trabajo que tenía y la atormentaba mucho (3).
Jesús sea en su alma, mi hija en Cristo. Con su carta me compadecí de su pena, y pésame la tenga por el daño que le puede hacer al espíritu y aún a la salud. Pues sepa que no me parece a mí tiene tanta causa para tenerla como ésa, porque a nuestro Padre yo no le...con ningún género de desgracia con ella...(4) memoria de tal...y aunque la haya..., ya con su arre- pentimiento se le habrá...; y si todavía tuviere algo...yo...dado...1 Era natural de Alcalá de Henares y salió con la M. Leonor del convento de Sevilla para la fundación de Córdoba.
2 Esta religiosa salió de Beas para la fundación de Córdoba, y, por lo tanto, era muy conocida del Santo.
3 El autógrafo se conserva en las Descalzas de Sanlúcar la Mayor, junto con una carta de la Santa. Como se dijo al hablar de ésta (B M C, t. XI, carta CDXXIII), por acomodarlas al relicario de forma ovalada que las guarda, se les recortaron las esquinas, quedando muy incompletas. No existen copias tampoco de cuando la carta se hallaba integra. Se publica todo lo que existe de ella; y los puntos suspensivos in- dican lo que le falta.
4 Esta frase parece indicar que la M. Leonor, muy cariñosa de suyo, temía es- tuviera enfadado el P. Nicolás Doria con ella. La conoció mucho en Sevilla. El San- to se le ofrece con paternal amor a desenfadarlo. Sospechamos que en este caso no le seria difícil al Santo lograrlo.
276 EPISTOLARIO 276 EPISTOLARIO de hablar bien. Ninguna pena tenga ni haga caso, que no hay de qué. Y así yo entiendo cierto que es tentación traérselo el demonio a la mente, para que lo que ha de ocupar en Dios, ocupe en eso. Tenga ánimo, mi hija, y dése mucho a la oración, olvi- dando eso y esotro, que al fin no tenemos otro bien ni...arri- mo...ni consuelo...este, que después...bemos dejado todo por Dios es justo que...arriman...ni consuelo en cosa sino del. Y aún es gran mi...nos le tener, porque nos qu...con él y no se le dé nada q...del alma todo se lo bu...suelo y pensando elle que...Su Majestad estará sa...como no estemos en desgr...por...que sea no es...lo haré...De Madrid y Julio...CARTA XV A LA Ni. NiP RIA DE JESUS, PRIORA DE LAS DESCALZAS DE CORDOBA. — SEGOVfA, 18 DE JULIO DE 1589.
Da admirable doctrina acerca de la pobreza, que tanta ocasión hay de ejercitar, principalmente en las fundaciones nuevas. Cómo deben ser ¡as que Dios escoge por primeras piedras de una fun- dación. (1).
Jesús sea en su alma. Obligadas están a responder al Se- ñor conformo al aplauso con que ahí las han recibido, que cierto me he consolado de ver la relación. Y que hayan en- trado en casas tan pobres y con tantos calores ha sido orde- nación de Dios, porque hagan alguna edificación y den a en- tender lo que profesan, que es a Cristo desnudamente, para que las que se movieren sepan ion qué espíritu han de venir.
1 El original de esta carta se venera en las Descalzas de Córdoba, que la tienen, muy bien conservada, en un cuadro de madera forrado de terciopelo, con aplicacio- nes de plata. Mide 32X22 cms. Hay reproducción fotográfica en los Autógrafos que publicó el P. Gerardo. La publicó también el P. Jerónimo (1. VI, c. VII).
Pálida quedaría la pintura que pudiéramos hacer de esta cabal religiosa, fundado- ra con su hermana Catalina de Jesús, del Convento de las Descalzas de Beas, al lado del caluroso elogio que de ellas hace Santa Teresa en el capítulo XXII de Las Fun- daciones. No pudo tener más autorizada sanción lo que allí dice la Santa, que la ex- traordinaria estima en que el Doctor místico tuvo a las dos hermanas, modelo de des- calzas carmelitas. San Juan de la Cruz había dicho en una carta, que esta "fundación había de ser principal", y procuró poner sólidos fundamentos para que lo fuera. El buen suceso de tres siglos, ha confirmado su predicción.
CARTA XV 277 CARTA XV 277 Ahí le envío todas licencias; miren mucho lo que reciben al principio, porque conforme a eso será lo demás. Y miren que conserven el espíritu de pobreza y desprecio de todo (si no sepan que. caerán en mil necesidades espirituales y tempora- les), queriéndose contentar con solo Dios. Y sepan que tío tendrán ni sentirán más necesidades que a las que quisieren su- jetar el corazón; porque el pobre de espíritu en las menguas está más constante y alegre, porque ha puesto su todo en no- nada y en nada, y así halla en todo anchura de corazón. Dichosá nada y dichoso escondrijo de corazón, que tiene tanto valor que lo sujeta todo, no queriendo sujetar nada para sí y perdien- do cuidados por poder arder más en amor.
A todas las Hermanas de mi parte salude en el Señor, y dígales que pues Nuestro Señor las ha tomado por primeras piedras, que miren cuáles deben ser, pues como en más fuertes han de fundarse las otras; que se aprovechen de este primer espíritu que da Dios en estos principios para tomar muy de nuevo el camino de perfección en toda humildad y desasimiento de den- tro y de fuera, no con ánimo aniñado, mas con voluntad robusta; sigan la mortificación y penitencia, queriendo que les cuoste al- go este Cristo, y no siendo como los que buscan su acomoda- miento y consuelo, o en Dios o fuera de él; sino el padecer en Dios, y fuera de él por él en silencio y esperanza y amo- rosa memoria. Diga a Gabriela (1) esto y a las suyas de Mála- ga (2), que a las demás escribo, y déle Dios su espíritu. Amén.
De Segovia y julio, 18, de 1589.
Fray Juan de la Cruz.
El Padre Fray Antonio y los Padres se le encomiendan. Al Padre Prior de Guadalcázar dé Vuestra Reverencia mis saludes.
1 " El autógrafo: Grabiela.
2 Se refiere a la M. Leonor de S. Gabriel, de quien ya se ha hecho mérito, y a las religiosas que acompañaron desde Malagón para la fundación de Córdoba a la M. María de Jesús.
278 EPISTOLARIO CARTA XVI A LA Ift. MAGDALENA DEL ESPIRITU SANTO EN CORDOBA.— SEGOVIA, 28 DE JULIO DE 1589.
La anima a soportar con alegría los trabajos de la nueva fun dación. «En estos principios quiere Dios almas no haraganas». (1).
Jesús sea en su alma, mi hija en Cristo. Holgado me he de ver sus buenas determinaciones que muestra por su carta. Alabo a Dios que provee en todas las cosas, porque bien las habrá menester en estos principios de fundaciones para calores, estrechuras, pobrezas y trabajar en todo, de manera que no se advierta si duele o no duele. Mire que en estos principios quiere Dios almas no haraganas ni delicadas, ni menos amigas de sí; y para esto ayuda Su Majestad más en estos principios; de manera que con un poco de diligencia pueden ir adelante en toda virtud, y ha sido grande dicha y signo de Dios dejar otras y traerla a ella. Y aunque más le costara lo que deja, no es nada, que eso presto se había de dejar, asi como asi; y para tener a Dios en todo, conviene no tener en todo nada; porque el corazón, que es de uno, ¿cómo puede ser del todo de otro?
A la hermana Juana (2), que digo lo mismo, y que me en- comiende a Dios, el cual sea en su alma. Amén.
De Segovia y julio, 28, de 1589.
Fray Juan de la Cruz.
1 La publicó el P. Jerónimo de San José (Historia, lib. VI. c. VII. n. 5). Tam- bién se lee en la admirable relación que de hechos del Santo (t. I, págs. 323-339), tan- tas veces mencionada en esta edición, nos dejó esta religiosa ejemplarísima, de grande talento, que con la dirección del siervo de Dios llegó a una perfección eminente. Desde que la conoció en Beas (1578), hasta la muerte del Santo (1591), no tuvo nun- ca otro director de su alma.
2 ]uana de San Gabriel, religiosa que de Beas pasó con la M. Magdalena a Cór- doba.
CARTA XVII 279 CARTA XVII AL P. NICOLAS DE JESUS MARIA (DORIA), VICARIO GENERAL DE LOS DES- CALZOS.— SEGOVIA, 21 DE SEPTIE.MBRE DE 1589.
Responde en nombre de la Consulta a varias dudas que el P. Nicolás, ausente de Segovia, le había propuesto (I).