Por la referencia que hace a Boscán y por las afinidades poé- ticas que tiene el Santo con Garcilaso, se conjetura con sólido funda- mento que las composiciones de estos insignes vates le eran familiares, más las del segundo que las del poeta catalán. La cita que el Santo trae en el lugar indicado de la Llama la tomó de la obra de Sebastián de Córdoba titulada: Las obras de Boscán y Garcilaso trasladadas en materias christianas y religiosas (Granada, 1575); pero esto no indica que no leyera las obras de los primeros en sus fuentes nati- vas (1). De Garcilaso tomó su metrificación heptasílaba y endecasí- laba, artísticamente combinada, triunfante ya, por otra parte, en la poesía castellana, en las composiciones llamadas liras, y en el mismo autor se inspiró también, como agudamente observa Baruzi (2), para la composición de seis versos empleada en la Llama, ñ Garcilaso recuerda aquel bucolismo tenue, diluido y sublimado en el Cántico, y 1 Por disculpable descuido de lectura afirmó el P. Gerardo (t. II. p. 387, nota 1 ), que Sebastián de Córdoba no había vuelto a lo divino semejante estrofa. La vol- vió, como puede verse en la edición citada, aunque cambiando el verso de Garcilaso: Rendido a mi fortuna por el menos afortunado: Llorando mi fortuna.
2 Baruzi (Saint Jean: la vie, págs. 109 y ss.) hace acerca de esta y de otras par- ticularidades de las poesias sanjuanistas muy finas y atinadas observaciones, que, más o menos, han copiado los que posteriormente han tratado de estas materias. Hasta de los que muestran cierta extrañeza porque el Santo cita a Boscán y no a Gar- cilaso, muy superior como poeta al primero, dice discretamente el critico francés que no hizo el cantor de Fontiveros otra cosa que acomodarse al lenguaje del vulgo, fundado probablemente en que las primeras ediciones de las poesías de Garcilaso se publicaron como apéndice a las de Boscán al final del tomito donde se imprimieron las de éste.
A LAS POESIAS LXXXVII que tiene su expresión más acentuada y graciosa en la linda com- posición: Un pasto re ico solo está penado, y el aire de sus principales poesías. Hasta las palabras de más sua- ve y melancólica expresión poética tienen correspondencia en las dul- ces Eglogas del malogrado vate toledano. Es el poeta con quien más parecido de forma tiene el Santo, siquiera en el fondo no se le parezca en nada por tratar de materias del todo diferentes.
Ateniéndonos a las poesías indubitadas de San Juan de la Cruz, no puede decirse que fué vate fecundo— pudo serlo—, pero sí admira- ble, sin rival en la expresión rimada de los más sublimes secretos de la Mística. Por méritos propios se sienta fray Juan en el Parnaso entre los más grandes poetas de la Humanidad.
COLECCIONES POETICAS DE SAN JUAN DE LA CRUZ.
Colección de Toledo y Beas. — La idea de coleccionar estas fuga- ces producciones del ingenio místico del Santo, felizmente es tan an- tigua como su propio autor. Aún más: puede asegurarse que él mismo autorizó la primera de que tenemos memoria. Desde que el humano y piadoso carcelero del Santo en Toledo, fray Juan de la Magdalena, condescendiendo a una petición del Santo, le proporcionó recado para escribir, fué trasladando a las cuartillas los versos que su memoria atesoraba, y que en aquella adversidad servían de lenitivo y hasta de regalo a su corazón atribulado. Vimos en los Preliminares las declaraciones de algunas Descalzas que formaban parte de la comu- nidad de Toledo en los momentos en que el Santo, huido de la cárcel, se refugió en ellas, y les hizo pasar ratos muy agradables y edificativos recitándoles versos durante las horas que se tardó en poner su per- sona en seguridad llevándole a casa de D. Pedro González de Mendoza.
Cuando el Santo dejó la Ciudad Imperial y se trasladó al Cal- vario, al pasar por Beas dejó a las religiosas un cuadernito de poe- sías, que la Madre Magdalena del Espíritu Santo declaró más tarde cuáles eran, según vimos en los citados Preliminares. La misma Madre sacó varias copias de dicho cuaderno, que formaron, con la de To- ledo, las colecciones más antiguas de poesías sanjuanistas. Estas erai, según la citada religiosa: Adonde te escondiste, Amado...; Qué bien sé yo la fonte..., y los nueve romances que componen la glosa del Evangelio In principio erat Verbum, asi como la otra al salmo Super Ilumina Babylonis.
LXXXVHI INTRODUCCION Colección de Sanlácar de Barrameda (1).— Más copiosa que la de Toledo es la Colección que se halla a continuación del traslado del Cántico Espiritual, con notas autógrafas del Santo, que corrige algunos descuidos del copiante. El título general que encabeza la Colec- ción dice a la letra: Canciones de ¡ el alma, que se goza de auer llegado al / alto estado de la perfección, que es la / unión con Dios por el camino de la negación espiritual / de el mesrno Author. El orden con que se transcriben en este Códice es el siguiente: En una noche obscura...Oh llama de amor viva...Entré me donde no supe...
Vivo sin vivir en mí...Tras de un amoroso lance...('// pastorcico sóle está penado...Que bien sé yo la jonte, que mana y corre...Además traslada los romances sobre el Evangelio In principio y el correspondiente a Sttper ilumina Babylonis. Como se ve, la colec- ción sanluqueña se halla enriquecida con unas cuantas perlas poéticas que no se leen en la de Toledo. Por lo menos no se citan en las referencias antiguas que de ella nos quedan. Ni es éste su principal mérito, comoquiera que lo que hace insustituible y única esta colec- ción, es haberla manejado el Santo y hecho algunas levísimas correc- ciones de su pluma para rectificar yerros evidentes, como se verá en sus textos respectivos (2).
Colección de Jaén.— Otra de las colecciones de grande estima por su antigüedad y procedencia, que vimos al tratar en la Introducción del Cántico Espiritual (3), es la que trae el Códice de las Carmelitas Descalzas de Jaén, que viene a continuación de la redacción se- gunda del Cántico. Después de la página 306, en que termina este tratado, y la siguiente en blanco, se copian las poesías con este tí- tulo: Canciones de el alma que se go/za de auer llegado al alto es- tado I de la perjetio q es la unión con ¡ Dios por el camino de la ne/gacion espiritual / de el mesmo / autor. Se trasladan casi con el 1 Cfr. Cántico Espiritual y Poesías de San Juan de la Cruz, según el Códice...Edición y notas del P. Silverio de Santa Teresa. (Burgos, 1928).
2 Las estrofas del Cántico no se copian aquí, porque ya se habían trasladado en el texto del comento. Es muy digno de notar, como veremos luego, que la copia del Cántico que sirvió para hacer la edición de Bruselas en 1627 (t. III, p. LIV), pu- blica al fin de dicho tratado las mismas poesías que se leen en esta colección.
3 Cfr. t. III, pág. XXXIX.
A LAS POESIAS LXXXtZ mismo orden que vienen en la Colección de Sanlúcar, y se añaden dos nuevas, que se colocan a continuación de la que comienza: Tras un amoroso lance. La primera de las que se añaden, sin más titulo que «Glosa del mismo», empieza: Sin arrimo y con arrimo. La segunda lleva el rótulo: «Glosa a lo divino por el mismo autor», y su primer verso dice: Por toda la hermosa ra. Las poesías terminan en la página 330 v., y por remate de todo, como en el Códice de Barrameda: Debetur soli gloria vera Deo. La copia tiene muchos descuidos; sobre todo la poesía Qué bien sé yo la jonte..., se traslada mal y se suprimen va- rias estrofas.
Colección del Sacro Monte (Granada).— Este es otro de los có- dices antiguos del Cántico que coleccionó poesías de San Juan de la Cruz. El hecho es digno de notarse. Con existir traslados antiguos de otros tratados del Santo donde parece que igualmente pudieran tener cariñosa hospitalidad las composiciones rimadas sanjuanistas, parece come si hubiese habido tácito consentimiento para otorgar este honor a la obra más poética del Solitario del Calvario. Conoce ya el lector el Códice granadino (1). A continuación de la Llama de amor viva, en dieciséis hojas sin paginar, se copian las poesías con este encabeza- miento: Canciones del alma q se goza de ' auer llegado a la divina unión I de Dios por el camino de la ne gacion de sí y de todas las cosas en pu reza de jee. Consta de las mismas poesías que la Co- lección de Sanlúcar, excepto la que comienza Un pastorcico solo está pe- nado, que tal vez se omitió en aquélla por descuido. El orden con que se copian es algo distinto. Después del poema de la Noche Oscura vie- nen los romances y luego las restantes poesías que vimos en el de Barra- meda. La última es: Qué bien sé yo la jonte...Fuera de alguno que otro yerro o descuido, coinciden las Colecciones de Sanlúcar y Sacro Monte.
Otras colecciones de poesías del Santo. — Sería difícil el empeño de reducir a número, y menos clasificar, los manuscritos antiguos que copiaron poesías de San Juan de la Cruz. Muy extendida y arraigada en los siglos XVI y XVII la costumbre de trasladar y reunir en cua- derno fragmentos de prosa devota, tomados de tratados espirituales, y poesías, devotas también, que enardeciesen el corazón en afectos de amor de Dios, ya se entiende que el Autor del Cántico había de ser muy solicitado para satisfacer esta necesidad del alma buena. De aquí que se vean poesías suyas donde menos se podía esperar, y de aquí 1 Vid. t. III. pág. XXVI.
IC INTRODUCCION también que preocupados los copiantes harto más de alimentar su devoción que de cominerías de crítica, confundiesen a menudo los au- tores de las poesías que trasladaban; lo cual ha dado lugar a yerros de monta al prohijar más tarde composiciones a determinados poetas, fiados en la autoridad, harto precaria, de tales manuscritos.
Por lo que a San Juan de la Cruz se refiere, a pie juntillas podemos recibir como suyas las composiciones que figuran en las tres colecciones descritas de Barrameda, Jaén y Sacro Monte. Salvo dos, todas se hallan, además, en la conocida edición de Bruselas, que se su- pone hecha por un códice de la venerable Ana de Jesús. Y estas dos se leen en Códices tan autorizados como el jienense y en otros que, sin serlo tanto, la tienen grande. Por el contrario, las poesías que no se incluyen en dichas colecciones, no diré que las debamos rechazar de plano, pero sí que necesitan más detenido estudio para incluirlas en el Cancionero sanjuanista.
Entre los manuscritos que pertenecen a este grupo de que venimos hablando, merece lugar primero el de las Carmelitas de Pamplona, escrito todo él por la M. Magdalena de la Asunción, como se dijo en otro lugar (1). Después de copiar el tratadillo devoto titulado Suma de la vía unitiva, dejando en blanco el folio 297 vuelto, sin más encabezamiento que la palabra Octavas, traslada algunas compo- siciones que responden al título, y luego inserta algunas que son del Santo y de la M. Cecilia del Nacimiento, y otras son paráfrasis de composiciones suyas u originales de autores hasta el presente des- conocidos.
El primer verso de todas es como sigue: En una cruz divina y regalada (fol. 298). Afuera, corasón, afuera, afuera (fol. 299v.) Aquella niebla oscura (fol. 303v.) O dulce noche escura (fol. 307) Entró el alma en olvido (fol. 311). Entréme donde no supe (fol. 31 lv.) Del agua de la vida...(fol. 313v.)
En el manuscrito no hay noticia alguna acerca de la procedencia de las poesías que copia; probablemente, ni la autora del traslado lo sabía de la mayor parte. Las tomó de otros escritos para devoción suya, sin preocuparse de cuestiones de procedencia.
El Manuscrito de Burgos, de que hablamos al tratar de los Avisos, del folio 13 al 24 copia diversas poesías, algunas del Solitario de 1 Cfr. t. I p. 283.
A LAS POESIAS XCI Duruclo. De ninguna dice quién sea su autor. El primer verso de las poesías es como sigue: Entréme donde no supe...Tras de un amoroso lance...Un pastor cito solo está penado...Mi ofensa es grande, séalo el tormento...Encima de las corrientes...Qué bien sé yo la fonte...Continúa copiando otras trece más, de vario mérito, algunas re- lativas a la Santa. Ninguna de ellas es del Reformador carmelita, 9 algunas de muy escasa inspiración.
Las Descalzas de Consuegra poseen un cuaderno que perteneció a la M. Ana de San José, contemporánea del Santo, que copia poesías del Doctor Místico y de otros poetas, en muchos casos con poco dis- cernimiento crítico en cuanto a los autores de ellas.
Otro de los Códices que copia poesías del Santo es el que lleva el número 12.411 en la Sección de Manuscritos de la Nacional, del cual hubimos de hacer mérito al hablar de una de las antiguas copias de la Soche Oscura (1). Ya en la portada nos previene el arreglador de este cuaderno, que intenta hacer un compendio espiritual de varios autores, y así resulta en la realidad. Después de transcribir los co- mentarios de la Soche y el Cántico, en la página 216 comienza a practicar lo mismo con muchas composiciones poéticas de muy diversa procedencia, sin observación ninguna previa en cuanto a sus autores. Las hay del Santo, de Fray Luis de León y de poetas desconocidos. Copia también algunas que se leen en el de Pamplona. Se ve que el colector de ellas no tenía mal gusto al dar preferencia marcada a las poesías de Fray Luis de León y del Santo. Del primero copia las siguientes: Qué descansada vida...(2). Alma, región luciente...Cuando contemplo el cielo...
De San Juan de la Cruz traslada todas las que se leen en el Códice de Barrameda y algunas otras, así como de otros autores, desconocidos los más en el Parnaso castellano.
Una de las poesías que no figura en las colecciones clásicas de Barrameda y Jaén, atribuida con más persistencia al Santo— otros se 2 La copia traslada Cuan, y le pone el titulo. "De la vida solitaria."
IC1I INTRODUCCION la prohijan a Fr. Luis de León— es la que comienza: Del agua de la vida (1). La traslada el Manuscrito de Pamplona, debido a la pluma de la AV. Magdalena, y, por consiguiente, antiquísimo como ya es di- cho. Comienza en el folio 33 vuelto, a continuación de la conocida del. Santo: Entreme donde no supe, sin más título ni separación que la palabra Lira. El Manuscrito 12.111 de la Nacional, que per- teneció en otro tiempo a los Carmelitas Descalzos de Ecija, la copia también (página 211) con el título «De la gloria». A continuación traslada la de Fr. Luis de León: Alma, región luciente, sin decir tam- poco de quién sea. El Manuscrito 7.741 de la misma Biblioteca, que contiene algunos escritos del Santo, copia esta poesía hasta tres veces.
El P. Antonio de San Joaquín, la publicó el día 28 de agosto en su Año Teresiano (pág. 467), sin título y con esta recensión al fin: «Hállanse estas lyras en nuestro Convento de Carmelitas Des- calzos de Ocaña, en un libro antiguo manuscrito, donde se dice las formó N. P. San Juan de la Cruz». En el siglo XIX se reeditó por Carbonero y Sol en su Homenaje a San Juan de la Cruz, por D. Mi- guel Mir en su Devocionario Al pie del altar, y en otras publicaciones. También la incluyó en su colección el P. Gerardo de San Juan de la Cruz (t. III, p. 186). Las razones extrínsecas que se dan para atri- buírsela al Doctor místico son muy débiles, y la manera de versi- ficar de esta poesía no es ciertamente la de San Juan de la Cruz. Mejor encaminados andan los que la atribuyen a fray Luis de León. Entre éstos merece especial citación el P. Luis Getino que la publicó dando por autor de ella al insigne maestro Agustiniano (2). Hallóla el ilustre dominico en un antiguo códice que había pertenecido a los Agustinos de Salamanca; más tarde pasó a la selecta biblioteca de Soto Posada, a la de don Roque Pidal y, por fin, vino a parar al docto ilustrador de la vida de fray Luis. El Códice que la contiene es muy antiguo y copia también otras composiciones que no son 1 Aclaró muy bien el P. Gerardo (t. III, págs. M9-152), la cuestión referente a los autores de las dos poesías que comienzan: "Aquella niebla oscura" y "Oh dulce noche oscura" y no hay para qué insistir en cosa tan fuera de duda. Se deben a las dos ingeniosas y discretas hermanas de hábito y de sangre, Cecilia del Nacimiento y Maria de San Alberto, autoras de otras flores que embellecen el jardín poéticadel Carmelo. El com- pilador del Manuscrito 12.41 1, tan descuidado siempre en señalar los autores de las composiciones poéticas que traslada, encabeza asi estas dos: "Lyra sobre otra del P. Fr. Juan de la Cruz, que se llama y comienza en una noche oscura"; y "Otra lyra sobre la noche oscura."
2 Cfr. La Ciencia Tomista. Septiembre-Octubre de 1927, págs. 202-209. Por lo A LAS POESIAS XCIII del poeta belmontino. La poesía en dicho códice lleva por epígrafe: Liras del maestro fray Luis de León. De todos es sabido lo mucho que tardaron el salir a la luz las poesías del vate del Tormes, no obstante haberlas recogido él mismo, aunque algo tarde, para darlas a la imprenta, propósito que no vió logrado. Las ediciones que luego salieron, no embargante el alto nombre de Quevedo que hizo la primera, salieron bastante descuidadas en cuanto al texto y en cuanto a la selección; y éste es el día que no se ha hecho aún un estudio depurativo que satisfaga las justas exigencias de la crítica con poeta tan excelso. La tarea no es fácil, puesto que en vida misma de su autor andaban ya mezcladas con las suyas otras composiciones que él rechaza con gracia inimitable por estas palabras: «Y recogiendo a este mi hijo perdido [sus poesías] y apartándole de mil malas com- pañías que se le habían juntado, y enmendándole de otros tantos ma- los siniestros que había cobrado con el andar vagueando, le vuelvo a mi casa y recibo por mío» (1).
En cuanto a los hermosos conceptos que contiene, y por los que algunos la atribuyen al Santo, había entonces muchos en España ca- paces de emitirlos. No olvidemos que se escribió esta poesía en época de intensa cultura y fervor religioso, aunque a su vera no faltase la contrapartida de idioteces y supercherías en copia no escasa, que tanto perjudicó a la verdadera y sana devoción. En resumen, que te- nemos esta poesía por del vate agustiniano. En el peor de los casos, siempre será cierto que guarda más afinidad con la manera del maes- tro León que con San Juan de la Cruz.
Otra de las poesías que también se atribuye al Santo es la que co- mienza: Si de mi baja suerte. Hállase en la copia que de la primera redacción de la Llama poseen las Carmelitas Descalzas de Córdo- ba (2). La letra es distinta de la empleada en la Llama, pero muy an- tigua también. Se copió en unas hojas en blanco que quedaron en el manuscrito después de trasladada la Llama. Otra copia existía en las Descalzas de Málaga, en un manuscrito antiguo que la AV. Luisa de la Concepción exhibió ante notario (1759), a instancias del Padre Andrés de la Encarnación. En el acta que se levantó, se dice: «Item, exhibió la enunciada M. Priora otro manuscrito en folio de letra demás, la poesía para estas fechas ya no era inédita, puesto que la había publicado, como es dicho, atribuyéndola con alguna duda a San Juan de la Cruz, el P. Gerar- do en 1914 en el tomo III de su edición de las obras del Santo. Hay entre ellas va- riantes de consideración y tampoco conforman en el número de las estrofas.
2 Pág. XXV. Puede leerse en la edición del P. Gerardo, t. III, p. 193, y ca otras publicaciones.
XCIV INTRODUCCION de la misma religiosa antigua ya referida [en este mismo documento, hablando de un cuaderno de cosas espirituales y copia de una carta del Santo], en el cual se contienen diez poesías (entre otras muchas cosas devotas), de las cuales todas se afirma allí ser obra de N. S. P. Fr. Juan de la Cruz...» Dice luego que siete (no índica cuáles), ya estaban publicadas. Las tres restantes comenzaban: Si de mi baja suerte...Mi Dios y Señor tened memoria...Decid cielos y tierras, decid mares...En el cuaderno de Consuegra, Ana de San José, que conoció al Santo, la pone entre las de éste, sin añadir cosa alguna.
De ésta poesía decimos lo que de la anterior. No nos resolvemos a negársela a San Juan de la Cruz, ni nos podemos persuadir a que sea de su pluma. La composición es buena y devota y de muy her- mosos pensamientos místicos, pero ¡cuánto distan del inspirado estro de Fr. Juan de la Cruz! Las dos restantes del Códice de Málaga valen mucho menos. Lo mejor que se puede decir de ellas es que son de alguna alma buena, que había leído las obras de San Juan de la Cruz, pero que no tenía musa tan propicia e inspirada como él para cantar amores místicos.
Otras muchas se le atribuyen al Santo sin fundamento alguno, y por eso no nos detenemos a impugnar tales atribuciones. Labor más provechosa que atribuir al Cantor de Fontiveros composiciones que no son suyas, se haría investigando concienzudamente, con probidad y suficiencia literarias, la influencia que el Santo ha podido tener en otros poetas desde el momento mismo en que corrieron manuscritas sus poesías. Sobre todo, en la Reforma Carmelitana tuvo mucha en ambas familias de religiosos y monjas; y aunque no todo fué oro de ley, hay composiciones de mérito extraordinario. Ni basta tam- poco limitar la investigación a la Descalcez, puesto que el Santo ejerció grande influencia mística fuera de ella. Así, tal vez, se lle- gasen a conocer los autores de composiciones muy apreciables, que son imitación del Santo, de Fray Luis de León o de algún otro grande poeta de asunto religioso o místico de aquella época, tan fe- cunda en todas las manifestaciones del ingenio humano. Labor depu- radora que habrían de agradecer los amantes de este espléndido pe- ríodo literario de nuestra Patria. Pero, desgraciadamente, propendemos más a repetir, mejor o peor, lo que se ha dicho ya muchas veces acerca de unos cuantos autores, que a desempolvar del olvido secular ingenios de segundo orden, que bien merecido tienen salir a la luz en A LAS POESIAS XCV ediciones nítidas y bien hechas e ilustradas. Es trabajo que debe rea- lizar todo pueblo amante de su tesoro literario (1).
EDICIONES DE LAS POESIAS DEL SANTO.
Edición de Bruselas.— La edición más antigua que se conoce de poesías del Santo, salvo las que le dieron ocasión a escribir sus prin- cipales tratados, es la del Cántico Espiritual, que vió la luz el año de 1627 en Bruselas (2). Termina la declaración de las Canciones en la página 302, y en catorce hojas más, sin paginar, se publican las poesías del Santo que hemos visto en el Códice de Barrameda y con idéntico orden, bajo este título: Canciones / de el alma, ¡qve se goza de I Auer llegado al alto estado de la f perfection, que es la unión con / Dios por el camino de la espiri-itual negación del mismo autor. La coincidencia con el dicho Códice llega hasta los títulos de cada composición poética. Todo viene a convencer que se copiaron de la misma fuente. La identidad confirma de nuevo las grandes pro- babilidades que hay de que esta edición se regulase en todo por la copia que la venerable Ana de Jesús llevó a Francia y los Países Bajos en la ocasión ya celebrada en otro lugar.
El laudable ejemplo de la edición de Bruselas no se imitó por algunas de las ediciones de los escritos del Santo que inmediatamente la sucedieron, como la de 1630; omisión tanto más extraña, cuanto que la tal edición fué dirigida por el P. Jerónimo de San José, que co- nocía las poesías del vate fontiverino y las estudió y encomió luego en la Historia que de él dejó escrita. En la edición madrileña de 1649, al principio del tomo, después del Sentenciario, se publican las poe- sías del Códice de Barrameda y por el mismo orden, como lo había practicado ya la edición bruselense. Así lo hicieron también las si- guientes sin cambio alguno, hasta la de Sevilla (1703), que las publicó al fin y añadió, colocándolas después de la que comienza Tras un amoroso lance (así se hizo en el Códice de Jaén), las dos nueva* que en este escrito se leen, y cuyo primer verso dice: Sin arrimo y con arrimo y Por toda la hermosura.
1 Se escribían estas líneas en la primavera de 1929. Poco después vimos reali- zado algo de lo que aquí se dice en el capitulo XVIII del t. II de la importante obra, ya citada, del P. Crisógono San Juan de ¡a Cruz...2 Cfr. t. III. pág. LIV.
XCVI INTRODUCCION Así se fueron reeditando en las obras del Santo hasta la impresión de Toledo, en que el P. Gerardo, después de razonar la inclusión en un prólogo muy erudito, añade a las de 1703 dos que comienza: Del agua de la vida y Si de mi baja suerte (1).
También habla de las poesías del Santo que se han perdido, y de otras que sin fundamento se le atribuyen.
Antes de la edición de Toledo, ya el P. Angel María de Santa Teresa— hoy dignísimo arzobispo de Verápoli (India inglesa)—, publicó una colección de poesías del Santo (Burgos, Tipografía de «El Mon- te Carmelo», 1904), donde dió cabida, a más de las registradas en los Códices de Sanlúcar y Jaén, a tres que tomó del Ms. 6.296 de la Nacional. Las cuatro restantes de esta Colección se copiaron del conocido Códice de Pamplona. Ya queda hecho el juicio que tales poesías nos merecen respecto de su procedencia (2).
Aparte las poesías indicadas, es cierto que el Santo, con ocasión de las diversas festividades del ciclo eclesiástico, compuso coplillas con otros religiosos, sobre todo en la celebración de los grandes mis- terios de Nuestro Señor. Un religioso muy antiguo de la Provincia de Andalucía, fray Alonso de la Madre de Dios, depuso en Los Remi- soriales (1627) acerca de esto: «Y lo mismo digo de la caridad y amor de Dios, porque siempre hablaba de Nuestro Señor; aunque fuera en los ratos que teníamos en las Pascuas de recreación, ordenaba que hiciéramos coplillas para afervorizarnos en el amor de Nuestro Señor, en lo cual él nos ayudaba e inflamaba diciendo su copla, y otras veces explicando lugares de la Sagrada Escritura».
De estas coplas debió de componer muchas San Juan de la Cruz, 1 Bajo los números XX11I, XXIV y XXV publica algunos versos de otras tres más.
2 No reputo de utilidad práctica la mención de otras colecciones, carentes de mérito y ayunas de toda critica, como la reciente titulada "Los Poetas", precedida de un fulgurante prólogo de nuestro amigo Adolfo Sandóval. La colección no ha cos- tado más trabajo que meter la tijera por la edición de Toledo, sin prevenir al lector de ello, lo cual no es ninguna novedad en nuestras costumbres literarias: jharto expe- rimentado lo tengo con las ediciones de la Santal; pero lo que no puede pasar sin co- rrección es que al pie del busto del Santo que viene en mal papel al principio del to- mito, se diga que nació en Fuenterrabía (Guipúzcoa). Alguna disculpa tiene el que tal estampó, el que así se lea en un Diccionario de tantos perendengues como el de Espa- sa (!), y ya se sabe que la ciencia de muchos de los llamados intelectuales es ciencia de diccionario. Por sabido se calla, que muchas de las composiciones poéticas del Doc- tor de la mística se incluyen en las crestomatías y antologías que con frecuencia se publican en lengua española.
A LAS POESIAS XCVII aunque casi todas se han perdido. Una nos copió el P. Alonso, el As- turicense, en la Vida del Místico Doctor, al mismo tiempo que nos refiere la ocasión de escribirla, en esta forma: «Esta santa noche [de Navidad], celebraba siempre con exceso de espíritu. Por lo que hizo una de ellas en Granada, siendo allí prior, se verá algo de lo que hacía en las demás. Llegada la noche del santo nacimiento hizo poner a la Madre de Dios en unas andas, g tomada en hombros, acom- pañada del siervo del Señor g los religiosos que le seguían, caminando por el claustro llegaban a las puertas que había en él a pedir po- sada para aquella Señora, cercana al parto, g para su esposo, que venía de camino. Y llegados a la primera puerta, pidiendo posada cantaron esta letra que el Santo compuso: «Del Verbo divino La Virgen preñada, Viene de camino, ¿Si la dáis posada?»,