SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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6 Esfuerzo, añaden aquí A y B. suprimiendo la palabra fuerza que viene!ueo.o 7 1 altan <n A y B las palabras por las autoridades arriba alegada*.

1J 194 SUBIDA DEL MONTE CARMELO probamos cada día por experiencia, viendo en las almas humil- des, por quien pasan estas cosas, que después que las han tra- tado con quien deben, quedan con nueva satisfacción, fuerza, y luz, y seguridad; tanto, que a algunas les parece que hasta que lo traten, ni se les asienta, ni es suyo aquello, y que entonces se lo dan de nuevo.

17. La segunda causa es, porque ordinariamente ha menes- ter el alma doctrina sobre las cosas que le acaecen, para enca- minarla por aquella vía a la desnudez y pobreza espiritual, que es la noche oscura. Porque si esta doctrina le va faltando, dado que el alma no quiera las tales cosas, sin entenderse se iría en- dureciendo (1) en la vía espiritual y haciéndose a la del sen- tido (2), acerca del cual en parte pasan las tales cosas dis- tintas.

18. La tercera causa es, porque para la humildad y suje- ción y mortificación del alma conviene dar parte de todo, aun- que de todo ello no haga caso, ni lo tenga en nada. Porque hay algunas almas que sienten mucho en decir las tales cosas, por parecerles que no son nada, y no saben cómo las tomará la per- sona con quien las ha de tratar; lo cual es poca humildad, y, por el mismo caso, es menester sujetarse a decirlo. Y hay otras que sienten much8 vergüenza en decirlo, porque no vean que tienen ellas aquellas cosas que parecen de santos, y otras cosas que en decirlo sienten, y por eso, que no hay para qué lo decir, pues no hacen ellas caso de ello; y, por el mismo caso, conviene que se mortifiquen y lo digan, hasta que estén humildes, llanas y blandas y prontas en decirlo, y después siempre lo dirán con facilidad.

19. Pero hase de advertir acerca de lo dicho, que no porque habernos puesto tanto (3) en que las tales cosas se desechen, y que no pongan los confesores a las almas en el lenguaje de ellas, convendrá que las muestren desabrimiento los padres es- pirituales acerca de ellas, ni de tal manera las hagan desvíos y 2 Lo que resta del párrafo, se suprime en la e. p. J Rigor añade B.

ÍJBRO SEGUNDO. — CAP. XXII «95 desprecio en ellas, que les den ocasión a que se encojan (1) y no se atrevan a manifestarlas, que será ocasión de dar en muchos inconvenientes, si les cerrasen la puerta para decir- las. Porque, pues es medio (2) y modo por donde Dios lle- va a las tales almas, no hay para qué estar mal con él, ni por qué espantarse ni escandalizarse de él; sino antes ir (3) con mucha benignidad y sosiego, poniéndoles ánimo y dándoles salida para que lo digan; y, si fuere menester, poniéndoles precepto, porque a veces en la dificultad que algunas almas sienten en tra- tarlo, todo es menester. Encamínenlas en la fe, enseñándolas bue- namente a desviar los ojos de todas aquellas cosas, y dándoles doctrina en cómo han de desnudar el apetito y espíritu de ellas para ir adelante, y dándoles a entender cómo es mas preciosa de- lante de Dios una obra o acto de voluntad hecho en caridad, que cuantas visiones y comunicaciones (4) pueden tener del cie- lo, pues éstas ni son mérito ni demérito (5), y cómo muchas almas, no teniendo cosas de esas, están sin comparación mucho más adelante que otras que tienen muchas.

CAPITULO XXIII CAPITULO XXIII EN QUE SE COMIENZA A TRATAR DE LAS APREHENSIONES DEL ENTENDI- MIENTO QUE SON PURAMENTE POR VIA ESPIRITUAL. — DICE QUE COSA SEAN.

1. Aunque la doctrina que habernos dado acerca de las aprehensiones del entendimiento que son por vía del sentido, según lo que de ellas había de tratar, queda algo corta, no he querido alargarme más en ella, pues aun para cumplir con el intento que yo aquí llevo, que es desembarazar el entendimiento de ellas y encaminarle a la noche de la fe, antes entiendo me 1 Enojan, dice por distracción el C. de Ale.

2 E. p.: Porque, como habernos dicho, es medio: y pues es medio.

3 Ir. Esta palabra falta en todos los Códices. La trae la e. p 5 La e. p. suprime: pues estas ni son mérito ni demérito.

196 SUBIDA DEL MONTE CARMELO he alargado demasiado. Por tanto, comenzaremos ahora a tratar de aquellas otras cuatro aprehensiones del entendimiento, que en el capitulo diez (1) dijimos ser puramente espirituales, que son visiones, revelaciones, locuciones y sentimientos espiritua- les. A las cuales llamamos puramente espirituales, porque no (como las corporales imaginarias) se comunican al entendi- miento por vía de los sentidos corporales; sino, sin algún me- dio de algún sentido corporal exterior, o interior, se ofrecen al entendimiento clara y distintamente por vía sobrenatural, pasiva- mente, que es sin poner el alma algún acto u obra de su parte, a lo menos activo (2).

2. Es, pues, de saber que, hablando anchamente y en ge- neral, todas estas cuatro aprehensiones se pueden llamar visio- nes del alma; porque al entender del alma llamamos también ver del alma. Y, por cuanto todas estas aprehensiones son in- teligibles al entendimiento, son llamadas visibles espiritualmente.

Y así, las inteligencias que de ellas se forman en el entendi- miento, se pueden llamar visiones intelectuales. Que por cuanto todos los objetos de los demás sentidos, como son todo lo que se puede ver, y todo lo que se puede oir, y todo lo que se puede oler, y gustar y tocar, son objeto del entendimiento en cuanto caen debajo de verdad o falsedad; de aquí es que, asi como a los ojos corporales todo lo que es visible corporalmente les causa visión corporal, así a los ojos del alma espirituales, que es el entendimiento, todo lo que es inteligible le causa visión espiritual; pues, como habernos dicho, el entenderlo es verlo.

Y asi, estas cuatro aprehensiones, hablando generalmente, las po- demos llamar visiones; lo cual no tienen los otros sentidos, por- que el uno no es capaz del objeto def otro en cuanto tal.

3. Pero porque estas aprehensiones se representan al alma al modo que a los demás sentidos, de aquí es que, hablando propia y específicamente, a lo que recibe el entendimiento a mo- 1 En el capítulo X trata de estas aprehensiones espirituales, no en el VIII. como dicen A, B y la e. p.

2 E. p.: activamente y como de suyo.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXIII 197 do de ver (porque puede ver las cosas espiritualmente, asi como los ojos corporalmente), llamamos visión; y a lo que recibe como aprehendiendo y entendiendo cosas nuevas (asi como el oído oyendo cosas no oídas) (1), llamamos revelación; y a lo que recibe a manera de oir, llamamos locución; y a lo que recibe a modo de los demás sentidos, como es la inteligencia de suave olor espiritual, y de sabor espiritual y deleite espiritual que el alma puede gustar sobrenaturalmente, llamamos sentimientos espiri- tuales. De todo lo cual, él saca inteligencia o visión espiritual, sin aprehensión alguna de forma, imagen o figura de imagina- ción o fantasía natural (2), sino que inmediatamente estas cosas se comunican al alma por obra sobrenatural, y por medio sobre- natural.

4. De éstas, pues, también (orno de las demás aprehensio- nes corporales imaginarias hicimos), nos (3) conviene desem- barazar aqui el entendimiento, encaminándole y enderezándole por ellas en la noche espiritual de fe a la divina y sustancial unión de Dios (4); porque no embarazándose y enrudeciéndose con ellas, se le impida el camino de la soledad y desnudez que para esto se requiere de todas las cosas. Porque dado caso que estas son más nobles aprehensiones, y mas provechosas y mucho mas se- guras que ias corporales imaginarias, por cuanto son ya inte- riores puramente espirituales y a que menos puede llegar el de- monio, porque se comunican ellas al alma mas pura y sutilmente sin obra alguna de ella ni de la imaginación, a lo menos ac- tiva (5) todavía, no solo se podría el entendimiento embara- zar para el dicho camino, más podría ser muy engañado por su poco recato.

5. Y aunque, en alguna manera, podríamos juntamente con- cluir con estas cuatro maneras de aprehensiones, dando el común consejo en ellas que en todas las demás vamos dando, de que ni 1 El contenido del paréntesis falta en la e. p.

2 De donde los saque, añade la e. p.

3 Sólo el Códice de Alba pone les en ver de nos.

4 La edición de 1630 enmienda: anión de amor de Dios.

5 Y de suyo, añade la e. p.

198 SUBIDA DEL MONTE CARMELO se pretendan ni se quieran; todavia, porque, a vueltas, se dará más luz para hacerlo y se dirán algunas cosas acerca de ellas, es bueno tratar de cada una de ellas en particular, y asi diremos de l8s primeras, que son visiones espirituales o intelectuales.

CAPITULO XXIV EN QUE SE TRATA DF DOS MANERAS QUE HAV DE VISIONES ESPIRITUALES POR VIA SOBRENATURAL.

1. Hablando ahora propiamente de las que son visiones es- pirituales, sin medio de algún sentido corporal ^digo que dos maneras de visiones pueden caer en el entendimiento: unas son de sustancias corpóreas, otra*, de sustancias separadas o incorpó- reas. Las de las corpóreas son acerca de todas las cosas materiales que hay en el cielo y en la tierra, las cuales puede ver el alma aún estando en el cuerpo, mediante cierta lumbre sobrenatural, deri- vada de Dios, en la cual puede ver todas las cosas ausentes del cielo y de la tierra (1), según leemos haber visto San Juan en el capítulo XXI del Apocalipsis, donde cuenta la descripción y excelencia de la celestial Jerusalén, que vió en el cielo. Y cual también se lee de San Benito, que en una visión espiritual vió todo el mundo (2). La cual visión, dice Santo Tomás en el primero de sus Quodlibetos, que fué en la lumbre derivada de arriba, que habernos dicho.

2. Las otras visiones que son de substancias incorpóreas, no se pueden ver mediante esta lumbre derivada que aqui de- cimos, sino con otra lumbre más alta que se llama lumbre de glo- ria. Y asi, estas visiones de substancias incorpóreas, como son ángeles y almas (3) no son de esta vida, ni se pueden ver en 1 Lo que resta hasta fin del párrafo falta en la e. p.

2 San Gregorio, Dial., lib. II, cap. 35: "Omnis etiam mundus velut sub uno solis radio collectus, ante oculos ems adductus est."

3 La edición de Toledo lee: como son el Ser divino, ángeles, almas, fundada, equivocadamente, en que el P. Andrés de la Encarnación halló estas palabras en algunos manuscritos. Ni se leen en los Códices, ni dicho Padre dice haberlas leído, sino que se podían añadir, ya que de lo que se sigue en el texto, parecen inferirse: y hasta dice que pudo ser "olvido suyo o de los amanuenses no expresarlo." (Cfr. Ms. 3.653, Previo 5).

LIBRO SEGUNDO —CAP. XXIV 199 cuerpo mortal; porque si Dios las quisiese comunicar al al- ma, esencialmente como ellas son, luego saldría de las car- nes y se desataría de la vida mortal. Que por eso dijo Dios a Moisés, cuando le rogó le mostrase su esencia: Non videbit me homo, et viveí (1). Esto es: No me verá hombre que pue- da quedar vivo. Por lo cual, cuando los hijos de Israel pen- saban que habían de ver a Dios, o que le habían visto, o algún ángel, temían el morir, según se lee en el Exodo, donde, te- miendo los dichos, dijeron: Non loquatur nobis Dominus, ne forte moriamur (2). Como si dijeran: No se nos comunique Dios manifiestamente, porque no muramos. Y también en los Jueces, pensando Manué, padre de Sansón, que habían visto esencialmente al ángel que hablaba con él y con su mujer (el cual les había aparecido en forma d;j un varón muy hermoso), di- jo a su mujer: Morte moriemur, guia vidimus Dominum (3). Que quiere decir: Moriremos, porque habernos visto al Señor (4).

3. Y así, estas visiones no son de esta vida, si no fuesQ alguna vez por vía de paso, y esto dispensando Dios, o salvan- 1 Exod.. XXXIII. 20.

2 Exod.. XX. 19.

3 Judie.. Xm. 22.

4 Este largo párrafo lo reduce asi la e. p: "Las otras visiones que son de subs- tancias incorpóreas, piden otra lumbre más alta; y asi. estas visiones de substancias incorpóreas, como son ángeles y almas, no son muy ordinarias, ni propias de esta vida, y mucho menos la de la Esencia Divina, que es propio de comprehensores, si no es que de paso, transeúntemente se comunique a alguno." Lo que sigue, hasta ei número 5, que comienza "por tanto, tratemos ahora de las visiones," se suprime en ¡a e. p. El P. Jerónimo de S. José, en la edición de 1630, después de copiar a la e. p. en las lineas transcritas, prosigue: "dispensando Dios, o salvando la condición y vida natural, y abstrayendo algunas veces al espíritu dclla. como pudo ser en el apóstol S. Pablo, cuando él dice que vió aquellos secretos indecibles en el tercer cielo"...El arreglo hecho por el P. Salablanca y ampliado por el P. Jerónimo en las modificaciones que hace en lo restante del párrafo, se conforma a la doctrina escolástica más corriente en esta ma- teria. Sin salir de la Reforma carmelitana, puede verse tratado con extensión y com- petencia esta doctrina de las visiones espirituales en el Cursus Theologiae Mysticae.

t. IV, Disp. XX y XXI: Felipe de la Santísima Trinidad: Summa Theologiae Mysti- cae. part. II, tract. III. Disc. IV; Médula Mystica. trat. VI. Dice S. Tomás (I p., q. 88, a. 1 ) que no podemos conocer quidditative las sustancias separadas. El entendimiento en las visiones de que el Santo trata precisa ser preparado mediante alguna disposición conveniente para poder recibirlas; y asi como éstas son diversas en perfección, asi lo ha de ser aquélla. En cuanto a que se necesite el lumen glociae, puede ser que el San- to fuera de esta opinión, o que la llamase asi por cierta rimilitud que con ella podía tener La que se necesita para ver las dichas sustancias espirituales.

200 SUBIDA DEL MONTE CARMELO do la condición y vida natural, abstrayendo totalmente al espí- ritu de ella, y que, con su favor, se suplan las veces naturales del alma acerca del cuerpo. Que por eso, cuando se piensa que las vio San Pablo, es a saber: las sustancias separadas en el tercer cielo, dice el mismo Santo (1): Sivc in corpore, nestio, sive extra corpus, nescio, Deus scit (2). Esto es, que fué arreba- tado a ellas, y lo que vio, dice que no sabe si era en el cuerpo o fuera del cuerpo, que Dios lo sabe. En lo cual, se ve claro que se traspuso de la via (3) natural, haciendo Dios el como. De donde también, cuando se cree haberle mostrado Dios su esencia a Moisés, se lee que le dijo Dios, que él le pondria en el horado de la piedra, y ampararía cubriéndole con la diestra y amparándole, porque no muriese cuando pasase su gloria, la cual pasada, era mostrarse por vía de paso, amparando él con su diestra la vida natural de Moisés (4). Mas estas visiones tan sus- tanciales, como la de San Pablo y Moisés y nuestro padre (5) Elias, cuando cubrió su rostro al silbo suave de Dios, aunque son por vía de paso, rarísimas veces acaecen y casi nunca, y a muy pocos; porque lo hace Dios en aquellos que son muy fuer- tes (6) del espíritu de la Iglesia y ley de Dios, como fueron los tres arriba nombrados.

4. Pero aunque estas visiones de sustancias espirituales no se pueden (7) desnudar y claramente ver en esta vida con el entendimiento, puédense, empero, sentir en la sustancia del al- ma (8), con suavísimos toques y juntas, lo cual pertenece a los sentimientos espirituales, de que con el divino favor trata- remos después; porque a éstos se endereza y encamina nuestra pluma, que es a la divina junta y unión del alma con la Sus- 1 El C de Ale no copia las palabras es a saber: las substancias separadas en el tercer cielo. Dice el mismo Santo.

2 II ad Cor.. XII. 2.

3 A y E: vida.

4 Exod.. XXXIII, 22.

5 Sólo el C. de Ale. y la edic. de 1630 copian las palabras nuestro padre, como en la pag. 168.

6 Asi el C. de A!c. La edición de 1630: que son fuertes. A y B: que son fuentes.

7 En la edición de 1630 se añade: de ley ordinaria.

8 La edición de 1630 añade mediante una noticia amorosa.

LfBRO SEGUNDO. — CAP. XXIV 201 tancia divina; 1* » cual ha de ser cuando tratemos de la in- teligencia mística y ton) usa u oscura que queda por decir, don- de habernos de tratar como, mediante esta noticia amorosa y os- cura, se junta Dios con el almH en alto grado y divino (1); por- que, en alguna manera, esta noticia oscura amorosa, que es la fe, sirve en esta vida para la divina unión, como la lumbre de gloria sirve en la otra de medio para la clara visión de Dios.

5. Por tanto, tratemos ahora de las visiones de corpóreas sustancias que espiritualmcnte se reciben en el alma, las cuales son a modo de las visiones corporales. Porque asi como ven los ojos las cosas corporales mediante la luz natural, asi el alma con el entendimiento, mediante la lumbre derivada sobrenatural- mente, que habernos dicho, ve interiormente esas mismas cosas naturales y otras, cuales Dios quiere; sino que hay diferencia en el modo y en la manera. Porque las espirituales c intelectuales mucho más clara y sutilmente acaecen que las corporales. Porque, cuando Dios quiere hacer esa merced al alma, comunícala aque- lla luz sobrenatural que decimos, en que fácilmente y clarisima- mente ve las cosas que Dios quiere, ahora del cielo, ahora de la tierra, no haciendo impedimento, ni al caso, ausencia ni pre- sencia de ellas. Y es, a veces, como si se le abriese una clarí- sima puerta, y por ella viese una luz (2) a manera de un re- lámpago, cuando, en una noche oscura, súbitamente esclarece las cosas, y las hace ver clara y distintamente, y luego las deja a oscuras, aunque las formas y figuras de ellas se quedan en la fantasía; lo cual en el alma acaece muy más perfectamen- te (3), porque de tal manera se quedan en ella impresas aquellas cosas que con el espíritu vio en aquella luz, que cada vez que (4) advierte las ve en si (5) como las vió antes;^bien asi como en 1 Cuanto promete el Santo aquí de tratar de la unión del alma y de la inteligen- cia mística, confusa y oscura, es probable que lo realizaría, o tuviera intención de rea- lizarlo, en los comentarios a las cinco últimas canciones de la Noche Oscura, que no han llegado hasta nosotros. Las escasas referencias que de estos extremos se hallan en adelante, no responden a la amplitud de los propósitos manifestados en estas lineas.

2 Una luz. Asi A y B: y creo están en lo cierto, como se ve por unas lineas más abajo.

3 Lo demás del párrafo se omite en la e. p.

4 Ilustrada de Dios, añade la edición de 1630.

5 Las ve asi. Ms. de Alba.

202 SUBIDA DEL MONTE CARMELO el espejo se ven las formas que están, en él (1), cada vez que en él miren, 9 es de manera, que ya aquellas formas de las cosas que vió, nunca jamás se le quitan del todo del alma, aunque por tierrpos se van haciendo algo (2) remotas.

6. El efecto que hacen en el alma estas visiones, es quie- tud, iluminación, alegría a manera de gloria, suavidad, limpie- za y amor, humildad e inclinación o elevación del espíritu en Dios; unas veces más, otras menos; unas más en lo uno. otras en lo otro, según el espíritu en que se reciben, y Dios quiere.

7. Puede también el demonio causar (3) estas visiones en el alma, mediante alguna lumbre natural (4), en que por sugestión espiritual aclara el espíritu las cosas, ahora sean presentes, aho- ra ausentes. De donde, sobre aquel lugar de San Mateo, donde dice que el demonio a Cristo: Ostendil omnia regna mundi, et gloriam eorum (5), es a saber: Le mostró todos los reinos del mundo y la gloria de ellos, dicen algunos doctores que lo hizo por sugestión espiritual (6), porque con los ojos corporales no era posible hacerle ver tanto, que viese todos los reinos del mundo y su gloria. Pero de estas visiones que causa el demonio, a las que son de parte de Dios, hay mucha diferencia. Porque los.efec- tos que éstas hacen en el alma, no son como los que hacen las buenas; antes hacen sequedad de espíritu acerca del trato con Dios, e inclinación a estimarse, y admitir y tener en algo las di- chas visiones, y en ninguna manera causan blandura de humil- dad y amor de Dios. Ni las formas de éstas se quedan impresas en el alma con aquella claridad suave que las otras, ni duran; antes se raen luego del alma, salvo si el alma las estima mu- cho, que entonces la propia estimación hace que se acuerde de ellas naturalmente; mas es muy secamente, y sin hacer aquel 1 Representadas, añade la edición de 1630.

3 O remedar, añade aqui la e. de 1630.

4 La e. p. añade: ayudándose de la fantasía.

5 Matth:. IV, 8. — Asi los Códices. La e. p. omite el texto latino, como de cos- tumbre.

6 Inteligible, traslada la e. p. En Cornelio a Lapide (Commentaria in Mat- theum, c. IV). pueden verse las diversas opiniones, emitidas ya desde antiguo, acerca de este pasaje También habla de él S. Tomas. III p.. q. 41 ad 3.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXIV 203 efecto de amor y humildad que las buenas causan cuando se acuerdan de ellas.

8. Estas visiones, por cuanto son de criaturas, con quien Dios ninguna proporción (1) ni conveniencia esencial tiene, no pueden servir al entendimiento de medio próximo para la unión (2) de Dios. Y asi, conviene al alma haberse puramente negativa en ellas (3), como en las demás que habernos dicho, para ir adelan- te por el medio próximo que es la fe. De donde, de aquellas formas de las tales visiones que se quedan en el alma impresas, no ha de hacer archivo ni tesoro el alma, ni ha de querer arrimarse a ellas, porque seria estarse con aquellas formas, imá- genes y personajes que acerca del interior residen (4), emba- razada, y no iría por negación de todas las cosas a Dios. Por- que, dado caso que aquellas formas siempre se representen alli. no la impedirán mucho, si el alma no quisiere hacer caso de ellas. Porque aunque es verdad que la memoria de ellas incita al alma a algún amor de Dios y contemplación; pero mucho más incita y levania la pura fe y desnudez a oscuras de todo eso, sin saber el alma como ni de dónde le viene. Y así, acaecerá que ande el alma inflamada con ansias de amor de Dios muy puro, sin saber de donde le vienen, ni qué fundamento tuvieron. Y fué, que asi como la fe se arraigó e infundió más en el alma mediante aquel vacio y tiniebla y desnudez de todas las cosas, o pobreza espiritual, que todo lo podemos llamar una misma cosa, también juntamente se arraiga e infunde más en el alma la caridad de Dios. De donde cuanto más el alma se quiere os- curecer y aniquilar acerca de todas las cosas exteriores e inte- riores que puede recibir, tanto más se infunde de fe, y, por con- sigi iente, de amor y de esperanza en ella, por cuanto estas tres virtudes teologales andan en uno (5).

9. Pero este amor algunas veces no lo comprende la persona, ni lo siente; porque no tiene este amor su asiento en el sentido •4 Reciben, dice equivocadamente el C. de Ale.

5 La e. p. suprime: por cuanto estas tres virtudes teologales andan en uno.

SUBIDA DEL MONTE CARMELO con ternura; sino en el alma con fortaleza, y más ánimo y osa- día que antes, aunque algunas veces redunde en el sentido y se muestre tierno y blando. De donde para llegar a aquel amor, alegría y gozo que le hacen y causan las tales visiones al alma, conxicnele que tenga fortaleza y mortificación y amor (1) para querer quedarse en vacio y a oscuras de todo ello, y fundar aquel amor y gozo en lo que no ve ni siente, ni puede ver ni sentir en esta vida, que es Dios, el cual es incomprensible y sobre to- do; y, por eso, nos conviene ir a el por negación de todo. Por- que si no, dado caso que el alma sea tan sagaz, humilde y fuerte, que el demonio no la pueda engañar en ellas ni hacerla caer en alguna presunción, como lo suele hacer, no dejará ir al alma adelante; por cuanto pone obstáculo a la desnudez espiritual y pobreza de espíritu ij vacio en fe, que es lo que se requiere para la un¡ón del alma con Dios.

10. Y porque acerca de estas visiones sirve también la mis- ma doctrina que en el capitulo diecinueve y veinte dimos para las visiones y aprehensiones sobrenaturales del sentido, no gas- taremos aquí más tiempo en decirlas (2).

CAPITULO XXV F\ OLE SF TRATA DF LAS RFVFL ACIPNFS.- DICE QUE COSA SEAN, 1 PONE- L'NA DISTINCION.

i. Por el orden que aquí llevamos, se sigue ahora tratar de la segunda manera de aprehensiones espirituales, que arriba llamamos revelaciones, las cuales propiamente (3) pertenecen al espíritu de profecía. Acerca de lo cual, es primero de saber, que revelación no es otra cosa que descubrimiento de alguna ver- dad oculta, o manifestación de algún secreto o misterio. Asi co- mo (4) si Dios diese al alma a entender alguna cosa, como es 1 Asi los Códices. La e. p. no trae esta palabra.

3 E. p.: de las cuales algunas propiamente.

4 Por distracción omite erC. de Ale. las palabras que siguen, hasta la frase corno es declarando.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXV 205 declarando al entendimiento la verdad de ella, o descubriese al al.TiM algunas cosas que ei dicho hace o piensa hacer.

2. Y, según esto, podemos decir que hay dos maneras de revelaciones: unas, que son descubrimiento de verdades al enten- dimiento, que propiamente se llaman noticias intelectuales o in- inteligencias; otras, que son manifestación de secretos, y éstas se llaman propiamente, y mas que estotras, revelaciones; porque las primeras no se pueden llamar en rigor revelaciones, porque aquéllas consisten en hacer Dios entender al alma verdades desnudas, no sólo acerca de las cosas temporales, sino también de las espirituales, mostrándoselas clara y manifiestamente. De las cuales he querido tratar debajo de nombre de revelaciones. hi uno, por tener mucha vecindad y alianza con ellas; lo otro, por no multiplicar muchos nombres de distinciones.