ó. Pues, según esto, bien podremos distinguir ahora las re- velaciones en dos géneros de aprehensiones: al uno llamaremos noticias intelectuales, y al otro manifestación de secretos y mis- terios ocultos de Dios; y concluiremos con ellas en dos capí- tulos, lo más brevemente que pudiéremos, y en éste, del pri- mero (1).
CAPITULO XXVI EN QUE SE TRATA DE LAS INTELIGENCIAS DE VERDADES DESNUDAS EN EL HNTENDIMIENTO.— Y DICE COMO SON EN DOS MANERAS, Y COMO SE HA DE HABER EL ALMA ACERCA DE LLLAS.
1. Para hablar propiamente de esta inteligencia de verda- des desnudas que se da al entendimiento, era necesario que Dios tomase la mano y moviese la pluma; porque sepas, amado lec- tor (2), que excede toda palabra lo que ellas son para el alma en si mismas. Mas, pues yo no hablo aquí de ellas de propósito, sino sólo para industriar y encaminar al alma en ellas a la di- 1 Y eríéste. del primero. Asi el C. de Ale — A y B no dicen nada La e. p.- ira tando en este primero de las noticias intelectuales.
2 A y B porque has de saber que excede...206 SUBIDA DEL MONTE CARMELO vina unión, sufrirse ha hablar de ellas aquí corta y modificada- mente cuanto baste para el dicho intento.
2. Esta manera de visiones, o, por mejor decir, de no- ticias de verdades desnudas, es muy diferente de Ja que acaba- mos d¿ decir en el capitulo veinticuatro, porque no es como ver las cosas corporales con el entendimiento; pero consiste en entender y ver con el entendimiento verdades de Dios, o de las cosas que son, fueron y serán, lo cual es muy conforme al espíritu de profecía, como por ventura se declarará después.
3. De donde es de notar, que este qénero de noticias se distingue en dos maneras de ellas; porque unas acaecen al alma acerca del Criador, otras acerca de las criaturas, como habernos dicho. Y aunque las unas y las otras son muy sabrosas para el alma, pero el deleite que causan en ella éstas que son de Dios, no hay cosa a qué le poder comparar, ni vocablos ni tér- minos con qué le poder decir; porque son noticias del mismo Dios y deleite del mismo Dios, que como dice David; No hay co- no él cosa alguna. Porque acaecen estas noticias derechamente acerca de Dios, sintiendo altísimamente de algún atributo de Dios, ahora de su omnipotencia, ahora de su fortaleza, ahora de su bon- dad y di.lzura, etc.; y todas las veces que se siente, se pega en el alma aquello que se siente. Que por cuanto es pura contemplación, ve claro el alma que no hay cómo poder decir algo de ello, si no filtre decir algunos términos generales, que la abundancia del de- leite y bien que allí sintieron, les hace decir a las almas por quien pasa; mas no para que en ellos se pueda acabar de en- tender lo que allí el alma gustó y sintió.
4. Y asi David, habiendo por él pasado algo de esto, sólo dijo con palabras comunes y generales, diciendo: Judicia Domini vera, justificata in semetipsa. Desiderabilia super aurum et lapidem pretiosum multum; et dulciora super mel et ¡a- vum (1). Que quiere decir: Los juicios de Dios (2), esto es, 2 La e. p.: Lo que juzgamos y sentimos de Dios.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXVI 207 las virtudes y atributos que sentimos en Dios, son verdaderos en si mismos, justificados, más deseables que el oro y que la piedra preciosa muy mucho, y más dulces sobre el panal y la miel. Y de Moisés leemos que en una altísima noticia que Dios le dio de sí una vez que paso delante de El, sólo dijo lo que se puede decir por los dichos términos comunes; y fué que, pasando el Señor por él en aquella noticia, se postro Moisés muy apriesa en fa tierra, diciendo ( 1 ): Dominator Do- mine Deus, misericurs rt clernens, putien*, et multae misrralionis, ac verax. Qui custudis misericordiam in mi/lia (2). Que quiere decir: Emperador, Señor, Dios, misericordioso y clemente, pa- ciente, y de mucha miseración y verdadero, que guardas la mi- sericordia, que prometes en millares. Donde se ve, que no pu- diendo Moisés declarar lo que en Dios conoció en una sola noticia, lo dijo y rebosó por todas aquellas palabras. Y aunque a veces en las tales noticias, palabras se dicen, bien ve eí alma que no ha dicho nada de lo que sintió; porque ve que no hay nombre acomodado para poder nombrar aquello. Y así San Pablo, cuando tuvo aquella alta noticia de Dios, no curo de decir nada, sino decir que no era licito al hombre tratar de ello.
5. Estas noticias divinas que son acerca de Dios, nunca son de cosas particulares; por cuanto son acerca del Sumo Prin- cipio, y por eso no se pueden decir en particular, si nc fuese en alguna manera, alguna verdad de cosa menos que Dios, que juntamente se echase de ver allí; mas aquéllas no, en nin- guna manera (3). Y estas altas noticias no las puede tener sino el alma que llega a unión de Dios, porque ellas mismas son la misma unión; porque consiste el tenerlas en cierto toque que se hace del alma en la divinidad (4), y asi el mismo Dios es el que allí es sentido y gustado. Y aunque no manifiesta y clara- mente, como en la gloria, pero es tan subido y alto toque de 1 A y B: se postró Moisén en el suelo, diciendo.
2 Exod.. XXXIV, 6 7 3 La e p si no fuese que se extendiese este conocimiento a alguna otra verdad de cosa menos que Dios, que en alguna manera se podrá dar a entender, mas aque- llas generales, no.
i E. p.: con la dtvina Verdad.
208 SUBIDA DEL MONTE CARMELO noticia y sabor, que penetra la sustancia del alma (1), que el demonio no se puede entrometer ni hacer otro semejante, porque no le hay, ni cosa que se compare, ni infundir sabor ni deleite semejante; porque aquellas noticias saben a esencia divina y vi- da eterna, y el demonio no puede finqir cosa tan alia.
6. Podria él, empero, hacer alguna apariencia de simia, representando al alma algunas grandezas y hechimientos muy sensibles, procurando persuadir al alma que aquello es Dios; mas no de manera que entrasen en la sustancia del alma (2), y la re- novasen y enamorasen súbitamente (3), como hacen las de Dios Porque hay algunas noticias y toques de éstos que hace Dios en la sustancia del alma, que de tal manera la enriquecen, que no solo basta una de ellas para quitar al alma de una vez todas las imperfecciones que ella no habia podido quitar en toda la vida, mas la deja llena de virtudes y bienes (4) de Dios.
7. Y le son al alma tan sabrosos y de tan intimo deleite estos toques, que con uno de ellos se daria por bien pa- gada de todos los trabajos que en su vida hubiese padecido, aunque fuesen innumerables, y queda tan animada y con tanto brío para padecer muchas cosas por Dios, que le es particular pasión ver que no padece mucho.
8 Y a estas altas noticias no puede el alma llegar por al- guna comparación ni imaginación suya, porque (5), son sobre todo eso; y así, sin la habilidad del alma las obra Dios en ella. De donde,;i veces, cuando ella menos piensa y menos lo pretende, vuele Dios dar al alma estos divinos toques, en que le causa cier- tas recuerdos de Dios. Y éstos, a veces, se causan súbitamente en ella solo en acordarse de algunas cosas, y a veces harto mí- nimas. Y son tan sensibles (6), que algunas veces no solo al alma, sino también al cuerpo, hacen estremecer. Pero otras ve- ces acaecen en el espíritu muy sosegado sin estremecimiento 1 La e. p. Lo más intimo del alma.
2 lí p.. en lo muy interior del alma. A en h sabiduría del alma.
5 Ningún Códice trae las palabras como habernos dicho, que a continuación se Icen en ¡a e. p.
6 Asi los Códices. La e p. son tan eficaces.
LIBRO SEGUNDO.— CAP. XXVI 209 alguno con súbito (1) sentimiento de deleite y refrigerio en el espíritu.
9. Otras veces acaecen en alguna palabra que dicen u oyen decir, ahora de la Escritura, ahora de otra cosa; mas no siempre son de una misma eficacia y sentimiento, porque mu- chas veces son harto remisos; pero por mucho que sean, vale más uno de estos recuerdos y toques de Dios al alma, que otras muchas noticias y consideraciones de las criaturas y obras de Dios Y por cuanto estas noticias se dan al alma de repente (2), y sin albedrío de ella, no tiene el alma que hacer en ellas en quererlas o no quererlas (3), sino hayase humilde y resignada- mente acerca de ellas, que Dios hará su' obra cómo y cuándo él quisiere.
10. Y en éstas no digo que se haya negativamente como en las demás aprehensiones, porque ellas son parte de la unión, co- mo habernos dicho, en que vamos encaminando al alma; por lo cuhI la enseñamos a desnudarse y desasirse de todas las otras. Y el medie para que Dios las haga, ha de ser humildad y padecer por amor de Dios con resignación (4) de toda retribución; porque estas mercedes no se hacen ai alma propietaria, por cuanto son hechas con muy particular amor de Dios, que tiene con la tal alma, porque el alma también se le tiene a él muy desapropiado. Que esto es lo que quiso decir el Hijo de Dios por San Juan, cuan- do dijo: Qui atttfm d'digit mi, diligetur a Patre meo, et ego dili- gam cum, et manifestado ei me ipsum (5). Que quiere decir: El que me ama, sera amado de mi Padre, y yo le amaré y me ma- nifestaré a mí mismo a él. En lo cual se incluyen las noticias y toques que vamos diciendo, que manifiesta Dios al alma que de veras le ama (6).
1 Asi el C. de Akaudete. Otros leen sabido.
2 Sólo la e. p. trae aqui las palabras como habernos dicho.
5 Joan.. XIV. 21.
6 A y B: al alma que se allega a él y de veras le ama.
14 210 SUBIDA DEL MONTE CARMELO 11. La segunda manera de noticias o visiones de (1) ver- dades interiores, es muy diferente de ésta que habernos di- cho, porque es de cosas más bajas que Dios. Y en ésta se en- cierra el conocimiento de la verdad de las cosas en si, y el de los hechos y casos que acaecen entre los hombres. Y es de manera este conocimiento, que cuando se le dan al alma a conocer estas verdades, de tal manera se le asientan en el interior, sin que nadie le diga nada, que, aunque la digan otra cosa, no puede dar el consentimiento interior a ella, aun- que se quiera hacer fuerza para asentir; porque esta el espí- ritu conociendo otra cosa en la cosa con el espíritu que le tiene presente a aquella cosa (2), lo cual es como verlo claro. Lo cual, pertenece al espíritu (3) de profecía, y a la gracia que llama San Pablo don de discreción de espíritus (4). Y aunque el alma tiene aquello que entiende por tan cierto y verdadero como hebemos dicho, y no pueda dejar de tener aquel consen- timiento interior pasivo, no por eso ha de dejar de creer y dar el consentimiento de la razón a lo que le dijere y mandare su maestro espiritual (5), aunque sea muy contrario a aquello que siente, para enderezar de esta manera el alma en fe a Ib divina unión, a la cual ha de caminar el alma más creyendo que entendiendo.
12. De lo uno y de lo otro tenemos testimonios claros en la Escritura. Porque acerca del conocimiento espiritual (6) que se puede tener en las cosas, dice el Sabio estas palabras: Ipse dedit mihi horum, quae sunt, scientiam veram, ut sciam disposi- tionem orbis terrarum, et virtutes elemeniorum, initium et con- summationem temporum, vicissitudinum permuiatlones, et con- summationes temporum, et morum mutationes, divisiones tem- porum, et anni cursus, et stellarum dispositiones, naturas ani- 2 E. p.: otra cosa en aquello que espiritualmente se le representó.
3 E. p.: y puede pertenecer al espíritu, i 1. ad Cor., XII. 10.
5 E. p.: como habernos dicho, no puede dejar de seguir lo que mandare su maestro espiritual.
6 Particular, añade la e. p.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXVI 211 ma/iitm et iras bestiarum, vim veniorum, et cogitationes ho- minum, differmtias viroullorum, rt virtutes radicum, et quaecum- qu>; sunt abscondita, et improvisa didiri: omnium enirri artifex docuit me sapientia (1). Que quiere decir: Dióme Dios cien- cia verdadera de las cosas, que son: que sepa la disposición de la redondez de las tierras, y las virtudes de los elementos; el principio y fin y mediación -le los tiempos, los mudamien- tos (2) de las mudanzas y las consumaciones de los tiempos, y las mudanzas de las costumbres, las divisiones de los tiem- pos (3). los cursos del año, y las disposiciones de las estre- llas; las naturalezas de los animales y las iras de las bestias, la fuerza y virtud de los vientos, y los pensamientos de los hom- bres; las diferencias de las plantas y árboles y las virtudes de las raices y todas las cosas que están escondidas aprendí, y las improvisas (4). Porque la Sabiduría, que es artífice de todas las cosas, me enseño Y aunque esta noticia que dice aquí si Sabio que le dio Dios de tolas las cosas, fué infusa {>) y general, por esta autoridad se prueban suficientemente todas las noticias que particularmente infunde Dios en las almas por via sobrenah ral, cuando él quiere No porque les dé habito general de ciencia, como se dio a Salomón en las cosas dichas; si- no descubriéndoles a veces algunas verdades acerca de cualesquie- ra de todas estas cosas que aquí cuenta el Sabio Aunque verdad es que Nuestro Señor acerca de muchas cosas infunde hábitos a muchas almas, aunque nunca tan generales como el de Salomón, tal como aquellas diferencias de dones que cuenta San Pablo que reparte Dios, entre los cuales pone sabiduría, ciencia, fe, profecía, discreción o conocimiento de espíritus, inteligencia de lenguas, declaración de las palabras, etc. Todas las cuales noticias son hábitos infusos (6), que gratis los da Dios a quien quiere, aho- 1 Sap.. Vil, 17-21. Asi viene el texto en el Códice de Alcaudete 2 E. p. mudanzas de los sulksos.
3 Al C. de Alba le faltan \m palabras Itis divisiones de los tiempos y al B. ésta» y las cinco anteriores.
3 A omite unas palabras y escribe que es artífice de todas las cosas, fué infusa.
212 SUBIDA DEL MONTE CARMELO ra natural, ahora sobrenaturalmente; naturalmente (1) asi como a Balan y a otros Profetas idólatras y muchas Sibilas, a quien dio espíritu de profecía; y sobrenaturalmente, como a los santos Profetas y Apóstoles y otros santos (2).
13. Pero allende de estos hábitos o gracias (3) gratis da- tas, lo que decimos es que las personas perfectas, o las que ya van aprovechando en perfección, muy ordinariamente suelen te- ner ilustración y noticia de las cosas presentes o ausentes, lo cual conocen por el espíritu que tienen ya ilustrado y purgado (4). Acerca de lo cual podemos entender aquella autoridad de los Pro- verbios, es a saber: Quomodu in aquis resplendent vultus prosfii- cientium, sic corda hominum manifesta sunt prudentibus (5). De la manera que en las aguas parecen los rostros de los que en ellas se miran, así los corazones de los hombres son manifiestos a los prudentes; que se entiende de aquellos que tie- nen ya sabiduría de santos, de la cual dice la Sagrada Escritura que es prudencia. Y a este modo, también estos espíritus conocen a veces en las demás cosas, aunque no siempre que ellos quie- ren; que eso es sólo de los que tienen el hábito, y aun ésos no tampoco siempre en todo, porque es como Dios quiere acudirles.
14. Pero es de saber que estos que tienen el espíritu pur- gado, con mucha facilidad naturalmente pueden conocer (6), y unos más que otros, lo que hay en el corazón o espíritu interior, y las inclinaciones y talentos de las personas, y esto por in- dicios exteriores, aunque sean muy pequeños, como por palabras, movimientos y otras muestras. Porque así como el demonio pue- de esto, porque es espíritu, asi también lo puede el espiritual según el dicho del Apóstol, que dice: Spiritualis autem judicat umnia (7). El espiritual todas las cosas juzga. Y otra vez 1 Naturalmente. En el C. de Ale. se lee solamente esta palabra.
2 La e p abrevia: los da Dios a quien quiere, como a loa santos Profetas y Apóstoles, y a otros santos 3 E. p.: Pero allende de estas gracias.
4 E. p.: conocen por la luz que reciben en el espíritu ya ilustrado y purgado.
5 Prov. XX Vil. 19.
6 E. p.: el espíritu purgado, con más facilidad pueden conocer.
7 I ad Cor.. II. 15.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXVI 213 dice: Spiritus enim omnia scrutatur, etiam profunda Dei (1). El espíritu todas las cosas penetra, hasta las cosas profundas de Dios. De donde, aunque naturalmente no pueden los espirituales conocer los pensamientos o lo que hay en el interior, por ilus- tración sobrenatural o por indicios bien lo pueden entender. Y aunque en el conocimiento por indicios muchas veces se pueden engañar, las más veces aciertan. Mas ni de lo uno ni de lo otro hay que fiarse, porque el demonio se entromete aqui gran- demente y con mucha sutileza, como luego diremos, y asi siem- pre se han de renunciar las tales inteligencias.
15. Y de que también de los hechos y casos de los hom- bres puedan tener los espirituales noticia aunque estén ausentes, tenemos testimonio y ejemplo en el cuarto de los Reyes, donde queriendo Giezi, siervo de nuestro padre Elíseo (2) encubrirle el dinero que había recibido de Naaman Siró, dijo Eliseo: Nonne cor mcum in praesenti crat, guando reversas cst homo de curra suo in oceursum tui? (3). cPor ventura mi corazón no estaba presente, cuando Naamán revolvió de su carro, y te salió al encuentro? Lo cual acaece espiritualmente, viéndolo con el espíritu, como si pa- sase en presencia. Y lo mismo se prueba en el mismo libro, don- de se lee también del mismo Eliseo, que sabiendo todo lo que el Rey de Siria trataba con sus principes en su secreto, lo decia al Rey de Israel, y asi no teman efecto sus consejos; tanto, que viendo el Rey de Siria que todo se sabia, dijo a su gente (4): ¿Por qué no me decís quién de vosotros me es traidor acerca del Rey de Israel? Y entonces dijole uno de sus siervos: Ne- quáquam, Domine mi Rex, sed Eliseus Propheta, qui est in Israel, indicat Regi Israel omnia verba, quaecumque locutus jueris in conclavi tuo (5). No es asi, Señor mió, Rey, sino que Eliseo Profeta, que está en Israel, manifiesta al Rey de Israel todas las palabras que en tu secreto hablas.
1 I. ad Cor. II. 10.
2 Del Códice de Ale. son laj palabras de nuestro padre Elíseo. También las trae la edición príncipe.
3 IV. Reg.. V. 26.
5 IV. Reg.. VI. 12.
214 SUBIDA DEL MONTE CARMELO 16. La una y la otra manera de estas noticias de cosas, también como de las otras (1), acaecen al alma pasivamente, sin hacer ella nada de su parte. Porque acaecerá que estando la per- sona descuidada y remota, se le pondrá en el espíritu la inteligencia viva de lo que oye o lee, mucho más claro que la palabra suena; y a veces, aunque no entienda las palabras, si son de latín y no le sabe, se le representa la noticia de ellas aunque no las entienda.
17. Acerca de los engaños que el demonio puede hacer y hace en esta manera de noticias e inteligencias, habia mucho que decir, porque son grandes los engaños y muy encubiertos que en esta manera hace. Por cuanto por sugestión puede re- presentar al alma muchas noticias intelectuales (2), y ponerlas con tanto asiento que parezca que no hay otra cosa, y si el alma no es humilde y recelosa, sin duda la hará creer mil mentiras. Porque la sugestión hace a veces mucha fuerza en el alma, ma- yormente cuando participa algo en la flaqueza del sentido, en que hace pegar la noticia con tanta fuerza, persuasión y asiento, que ha menester el alma entonces harta oración y fuerza para echarla de sí. Porque a veces suele representar pecados ajenos, y conciencias malas, y malas almas (3), falsamente y con mucha luz, todo por infamar y con gana de que se descubra aquello, porque se hagan pecados, poniendo celo en el alma de que es para que los encomiende a Dios. Que aunque es verdad que Dios algunas veces representa a las almas santas necesidades de sus prójimos para que las encomienden a Dios o las remedien; asi como leemos que descubrió a Jeremías la flaqueza del profeta Baruc, para que le diese acerca de ella doctrina (4); muy muchas veces lo hace el demonio, y esto falsamente, para inducir en infamias y pecados y desconsuelos, de que tenemos muy mucha 1 E. p. omite las palabras como de las otras.
2 La e p añade: aprovechándote de los sentidos corporales.
4 Jerem.. XLV. 3 LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXV!
215 experiencia. Y otras veces pone con grande asiento otras no- ticias (1), y las hace creer 18 Todas estas noticias, ahora sean de Dios, ahora no, muy poco pueden servir al provecho del alma (2) para ir a Dios, si el alma se quisiese asir a ellas, antes, si no tuviese cuidado de negarlas en si, no sólo la estorbarían, sino aun la dañarían harto y harian errar mucho. Porque todos los peligros e incon- venientes que habernos dicho que puede haber en las aprehen- siones sobrenaturales que habernos tratado hasta aqui, y más, puede haber en éstas. Por tanto, no me alargare más aqui en esto, pues en las pasadas habernos dado doctrina bastante; sino (3) sólo diré que haya gran cuidado en negarlas siempre, queriendo caminar a Dios por el no saber, y siempre dé cuenta a su con- fesor espiritual, estando siempre a lo que dijere El cual muy de paso haga pasar al alma por ello, no haciéndole cuerpo de nada [U), para su camino de unión, pues de estas cosas que pasi- vamente se dan al alma, siempre se queda en ella el efecto que Dios quiere, sin que el alma ponga su diligencia en ello (5). Y asi no me parece hay para qué decir aqui el efecto que hacen las verdaderas, ni el que hacen las falsas, porque seria cansar y no acabar. Porque los efectos de éstas no se pueden comprender debajo de corta doctrina, por cuanto como estas noticias son muchas y muy varias, también lo son los efectos, puesto que las buenas los hacen buenos, y las malas malos, etc. (6). En decir que todas se nieguen, queda dicho lo bastante para no errar (7).
1 Por distracción omite ei C. de Ale. las palabras: y las hace creer. Todas estas noticias.
2 E. p muy poro provecho pueden hacer al alma.
3 Asi el C. de Ale y la e. p — A y B Por tanto, solo diré, etc.
4 La e. p.. haga pasar al alma por ello, sin que haga presa en ello.
5 La e. p. suprime: sin que el alma ponga su diligencia en ello.
6 Aqui termina el Códice de AJc el capitulo con alguna diferencia de A y B y de la e. p.. puesto que éstos trasladan: que las buenas los hacen buenos, y para bien, y las malas malos, y para mal.
7 Asi A y B. La e. p.: En decir que se nieguen, y cómo haya de ser esto, ya queda dicho bastamente.
216 SUBID A DEL MONTE CARMELO CAPITULO XXVII EN QUE SE TRATA DEL SEGUNDO GENERO DE REVELACIONES, QUE ES DESCUBRIMIENTO DE SECRETOS OCULTOS ( 1 ). — DICE LA MANERA bN QUE PUEDEN SERVIR PARA LA UNION DE DIOS, Y EN QUE ESTORBAR, V COMO FL DFMONIO PUEDE ENGAÑAR MUCHO EN ESTA PARTE.
1. El segundo genero de revelaciones decíamos que era maniiestación de secretos y misterios ocultos Este puede ser en dos maneras. La primera acerca de lo que es Dios en si; y en ésta se incluye la revelacióón del misterio de la Santísima Tri- nidad y unidad de Dios. La segunda es acerca de lo que es Dios en sus obras; y en ésta se incluyen los demás artículos de nuestra fe católica (2), y las proposiciones que explícitamente acerca de ellas puede haber de verdades. En las cuales se inclu- yen y encierran mucho número de las revelaciones de los pro- fetas, de promesas y amenazas de Dios, y otras cosas que habían y han de acaecer acerca de este negocio de fe (3). Podemos también en esta segunda manera incluir otras muchas cosas particulares que Dios ordinariamente revela, así acerca del universo en general, como también en particular acerca de reinos, provincias y estados y familias, y personas particulares. De lo cual tenemos en las Divinas Letras ejemplos en abundancia, asi de lo uno como de lo otro, mayormente en todos los profetas, en los cuales se hallan revelaciones de todas estas maneras. Que por ser cosa clara y llana no quiero gastar tiempo en alegarlos aqui, sino decir (4) que "estas revelaciones no sólo acaecen de palabra, porque las hace Dios de muchos modos y maneras, a veces con palabras solas, a veces por señales solas y figuras, e imágenes y semejanzas solas, a veces juntamente con lo uno