2 E. p.: sania fe católica.
3 La e p omite: acerca Je este negocio de fe.
4 Asi el C. de Ale. y la e. p.— A y B: no las digo; sólo digo que.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXVII 217 y con 10 otro, como laminen es de ver en los protetas, particu- larmente en todo el Apocalipsis; donde no solamente se hallan todos los géneros de revelaciones que habernos dicho, mas tam- bién los modos y maneras que aquí decirnos.
2. De estas revelaciones que se incluyen en la segunda manera, todavía las hace Dios en este tiempo a quien quiere Porque suele revelar a algunas personas los días que han de vi- vir, o los trabajos que han de tener, o lo que ha de pasar por tal o tal persona, o por tal o tal reino, etc. Y aun acer- ca de los misterios de nuestra fe, descubrir y declarar al espí- ritu ( 1 ) las verdades de ellos, aunque esto no se llama pro- piamente revelación, por cuanto ya está revelado, antes es ma- nifestación o declaración de lo ya revelado.
3. Acerca de este género de revelaciones (2), puede el demonio mucho meter la mano. Porque como las revelaciones de este género ordinariamente son por palabras, figuras y seme- janzas, etc., puede el demonio muy bien fingir otro tanto, mu- cho más que cuando las revelaciones son en espíritu solo. Y por tanto, si acerca (3) de la primera manera, y la segunda que aquí decimos, en cuanto a lo que toca a nuestra fe, se nos revelase algo de nuevo, o cosa diferente, en ninguna manera ha- bernos de dar el consentimiento, aunque tuviésemos evidencia que aquel que lo decía era un ángel del cielo (4). Porque asi lo dice San Pablo diciendo: Licet nos, aut Angelus de coelo cvangclizet vobis praeterquam quod cvungelizavimus vobis, anathema sil (5). Que quiere decir: Aunque nosotros o un ángel del cielo os de- clare o predique otra cosa fuera de lo que os habernos predica- do, sea anatema.
4 De donde por cuanto no hay más articulos que revelar acerca de la substancia de nuestra fe que los que ya están revela- 1 E. p.. Con particular luz y ponderación.
2 Asi los Códices. La e. p dice Acerca, pues, de las que llamamos revelaciones (que ahora no hablo de lo ya revelado, como los misterios de fe).
3 La e. p. suprime algunas frases: el demonio fingir otro tanto. Pero si acerca. etcétera.
4 E. p. suprime: aunque tuviésemos evidencia que aquel que lo decía era un ángel del cielo.
5 Ad Gal.. I, 8.
218 SUBIDA DEL MONTE CARMELO dos a la Iglesia, no sólo no se ha de admitir ( 1 ) lo que de nuevo se revelare al alma acerca de ella, pero le conviene (2) para cautela de no ir admitiendo otras variedades envueltas, y por la pureza del alma que la conviene tener en fe. aunque se le levelen de nuevo las ya reveladas, no creerlas porque entonces se revelan de nuevo, sino porque ya están reveladas bastantemente a la iglesia; sino que, cerrando el entendimiento a ellas, sencilla- mente (3) se arrime a la doctrina de la Iglesia y su fe, que, co- mo dice San Pablo, entra por el oído (4) Y no acomode el cré- dito y entendimiento a estas cosas de fe reveladas de nuevo, aunque más conformes y verdaderas le parezcan, si no quiere ser engañado (5). Porque el demonio, para ir engañando e in- giriendo mentiras, primero ceba con verdades y cosas verosímiles para asegurar, y luego ir engañando (6); que es a manera de la cerda del que cose el cuero, que primero entra la cerda tiesa, y luego tras ella el hilo flojo, el cual no pudiera entrar si no le fuera guia la cerda 5. Y en esto se mire mucho; porque aunque fuese verdad que no hubiese peligro del dicho engaño, conviene al alma mu- cho no querer entender cosas ciaras acerca de la fe (7), para conservar puro y entero el mérito de ella, y también para ve- nir en esta noche del entendimiento a la divina luz de la divina unión. E importa tanto esto de allegarse los ojos cerra- dor a las profecias pasadas en cualquiera nueva revelación, que co«i haber el apóstol San Pedro visto la gloria del Hijo de Dios en alguna manera (8) en el monte Tabor, con todo, dijo en su Canónica estas palabras: Et habemus firmiorem propheticum 1 E. p abrevia asi estas fres lineas: Y asi no «e ha de admitir lo que de nuevo.
2 E p.: fuera de que esto la conviene.
3 E. p. abrevia asi: conviene fener en fe. sino cerrando el entendimiento, senci- llamente, etc.
4 Ad Rom.. X. 17 5 E. p. hace aquí estos arreglos: Y no acomode fácilmente el crédito m enten- dimiento a estas cosas reveladas de nuevo, si no quiere ser engañado.
6 E. p. suprime: y luego ir engañando.
7 E: p.. no querer entender cosas claras para conservar puro y entero el mérito de fe. y para venir en esta noche.
8 E. p omite en alguna manera.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXVII 219 sertrtnnem:. cui bcncjacitis nítcniientrs, etc. (I). Lo cual es co- mo si dijera: Aunque es verdad la visión que vimos de Cristo en el monte, más firme y cierta es la palabra de la profecía quo nos es revelada, a la cual arrimando vuestra alma hacéis bien.
6. Y si es verdad que por las causas ya dichas es con- veniente cerrar los ojos a las ya dichas revelaciones que acae- cen acerca de las proposiciones de la fe (2), ¿cuánto más nece- sario será no admitir ni dar crédito a las demás revelaciones que son de cosas diferentes, en las cuales ordinariamente mete el de- monio la mano tanto, que tengo por imposible (3) que deje de ser engañado en muchas de ellas el que no procurare desecharlas, según la apariencia de verdad y asiento que el demonio mete en ellas? Porque junta tantas apariencias y conveniencias para que se crean, y las asienta tan fijamente en el sentido y la imagi- nación, que le parece a fa persona que sin duda acaecerá asi; y de tal manera hace asentar y aferrar en ello al alma, que si ella no tiene humildad, apenas la sacarán de ello y la harán creer lo contrario. Por tanto, el alma pura, cauta y sencilla y humilde, con tanta fuerza y cuidado (4) ha de resistir las revelaciones y otras visiones, como las muy peligrosas tentaciones; porque no hay necesidad de quererlas, sino de no quererlas, para ir a la unión de amor. Que eso es lo que quiso decir Salomón, cuan- do dijo: ¿Que necesidad tiene el hombre de querer y bus- car las cosas que son sobre su capacidad natural? (5). Como si dijéramos: Ninguna necesidad tiene (6) para ser perfecto de querer cosas sobrenaturales por via sobrenatural (7), que es so- bre su capacidad (8).
1 11 P«.. 1, 19 2 Asi el C. de Ale —A y B trasladan cerrar los ojos a las cosas que acaecen acerca de las proposiciones o nuevas revelaciones de la fe." La e. p.. "no abrir los ojos curiosamente a ¡as nuevas revelaciones que acaecen acerca de las proposiciones de la fe."
3 E. p. que tengo casi por imposible.
4 E. p. suprime las palabras con tanta fuerza y cuidado, y las que vienen poco después: como las muy peligrosas tentaciones.
5 Ecdes., VII, 1. La e. p. dice sólo: sobre su capacidad.
8 Para ser perfecto, añaden A y B.
220 SUBIDA DEL MONTE CARMELO 7. Y porque a las objeciones que contra esto se pueden po- ner, está ya respondido en el capitulo diecinueve y veinte de este libro, remitiéndome a ellos, solo digo que de todas ellas se guarde el alma para caminar pura y sin error en la noche de la fe a la unión (1 ).
CAPITULO XXVIII EN QUE SE TRATA DF. LAS LOCUCIONES INTERIORES QUE SOBREN ATU- RALMENTE PUEDEN ACAECER AL ESPIRITU. — DICE EN CUANTAS MANERAS SEAN.
1. Siempre ha menester acordarse el discreto lector del in- tento y fin que en este libro llevo, que es encaminar al alma por todas las aprehensiones de ella, naturales y sobrenatura- les, sin engaño ni embarazo en la pureza de la fe, a la divina unión con Dios. Para que asi entienda cómo, aunque acerca de las aprehensiones del alma y doctrina que voy tratando, no doy tan abundante doctrina ni desmenuzo tanto la materia y divisiones como por ventura requiere el entendimiento, no que- do corto en esta parte. Pues acerca de todo ello entiendo se dan bastantes avisos, luz y documentos para saberse haber pru- dentemente en todos los casos del alma, exteriores e interiores, para pasar adelante. Y ésta es la causa por qué con tanta bre- vedad he concluido con las aprehensiones de profecías, asi como en las demás he hecho; habiendo mucho más que decir en cada una, según las diferencias y modos y manera que en cada una suele haber (2), que entiendo na se podrían acabar de saber; contentándome con que, a mi ver, queda dicha la 1 Asi el C. de Ale. Los demás y la c. p. discrepan en algunas cosas ligeras. A y B dicen, "me remito a ellos en lo que toca a esto de revelaciones: pues basta saber que todas ellas la conviene al alma guardarse para caminar pura y sus error [errar, traslada A] en la noche de la fe a la divina unión." La e. p.: "remitiéndome allí, ceso en lo que toca a esto de revelaciones; pues basta saber que de todas ellas le conviene al alma guardarse prudentemente," etc.
2 E. p. según las diferencias y modos que suele haber.
LIBRO SEGUNDO — CAP. XXVIII 221 substancia y la doctrina, y cautela que conviene para ello y para todo lo a ello semejante que pudiese acaecer en el alma.
2. Lo mismo haré ahora acerca de la tercera manera de aprehensiones, que decíamos eran locuciones (1) sobrenaturales, que sin medio de algún sentido corporal se suelen hacer en los espíritus de los espirituales (2); las cuales, aunque son en tantas maneras, hallo que se pueden reducir todas a estas tres, conviene a saber: palabras sucesivas, formales y substanciales Sucesivas, llamo ciertas palabras y razones que el espíritu, cuan- do está recogido entre sí, para consigo suele ir formando y razonando. Palabras formales son ciertas palabras distintas y for- males que el espíritu recibe, no de si, sino de tercera persona, a veces estando recogido, a veces no lo estando. Palabras substan- ciales son otras palabras que también formalmente se hacen al espíritu, a veces estando recogido, a veces no; las cuales en la substancia del alma (3) hacen y causan aquella substancia y virtud que ellas significan. De todas las cuales iremos aquí tra- tando por su orden.
CAPITULO XXIX CAPITULO XXIX EN QUE SE TRATA DEL PRIMER GENERO DE PALABRAS QUE ALGUNAS VECES EL ESPIRITU RECOGIDO FORMA EN SI.— DICESE LA CAUSA DE ELLAS, V EL PROVECHO Y DAÑO QUE PUEDE HABER EN ELLAS.
1. Estas palabras sucesivas siempre que acaecen es cuan- do está el espíritu recogido y embebido en alguna consideración muy atento; y en aquella misma materia que piensa, él mismo va discurriendo de uno en otro, y formando (4) palabras y razones muy a propósito, con tanta facilidad y distinción, y ta- les cosas no sabidas de él va razonando y descubriendo (5) 2 Así el C. de Ale— A y B: se pueden hacer, etc. E. p.: se suelen hacer en los espirituales.
3 E. p.: en lo intimo del alma.
4 A y B: fundando.
222 SUBIDA DEL MONTE CARMELO acerca de aquello, que le parece que no es él el que hace aquello, sino que otra persona interiormente lo va razonando, o respondien- do o enseñando. Y, a la verdad, hay gran causa para pensar esto; porque él mismo se razona y se responde consigo, como si fuese una persona con otra; y, a la verdad, en alguna manera es así: que aunque el mismo espíritu es el que aquello hace como instrumento (1), el Espíritu Santo le ayuda muchas veces a producir y formar aquellos conceptos, palabras y razones ver- daderas Y así se las habla, como si fuese tercera persona, a si mismo Porque como entonces el entendimiento está recogido y unido con la verdad de aquello que piensa, y el espíritu divino también está unido con él en aquella verdad, como lo esta siem- pre en toda verdad (2); de aquí es que comunicando el en- tendimiento en esta manera con el Espíritu Divino mediante aquella verdad, juntamente vaya formando en el interior y suce- sivamente las demás verdades que son acerca de aquélla que pensaba, abriéndole puerta y yéndole dando luz el Espíritu San- to enseñador. Porque ésta es una manera de las que enseña el Espiritu Santo.
2 Y de esta manera alumbrado y enseñado de este maestro el entendimiento, entendiendo aquellas verdades, juntamente va formando aquellos dichos él de suyo (3) sobre las verdades que de otra parte se le comunican De manera que podemos decir que la voz es de Jacob, y las manos son de Esau (4) Y no podrá acabar de creer el que lo tiene que es asi, sino que los di- chos y palabras son de tercera persona; porque no sabe cun la facilidad que puede el entendimiento formar palabras para si de tercera persona (5) sobre conceptos y verdades que se le comunican también de tercera persona.
3 Y aunque es verdad que en aquella comunicación e ilus- 2 La e. p. omite las palabras en aquella verdad, como lo está siempre en toda verdad.
3 E. p. suprime él de suyo.
4 Gen.. XXVII. 22 5 Por descuido suprime el C. de Ale. lo que hay de persona a persona, que traen los demás.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXIX 223 tracion del entendimiento en ella de suyo no hay engaño, pero puédelo haber y haylo muchas veces en las formales palabras y razones que sobre ello forma el entendimiento. Que por cuan- to aquella luz, a veces, que se le da es muy sutil y espiritual, de manera que el entendimiento no alcanza a informarse bien en ella, y él es el aue. como decimos, forma las razones de suyo; de aqui es que muchas veces las forma falsas, otras verosí- miles o defectuosas. Que, como ya comenzó a tomar hilo de la verdad al principio, y lueqo pone de suyo la habilidad o rudeza de su bajo entendimiento, es fácil cosa ir variando conforme a su capacidad; y todo en este modo, como que habla tercera per- sona.
4. Yo conocí una persona que teniendo estas locuciones su- cesivas, entre algunas harto verdaderas y sustanciales que for- maba del Santísimo Sacramento de la Eucaristía, había algunas que eran harto herejía (1). Y espantóme yo mucho de lo que pasa en estos tiempos, y es, que cualquier alma de por ahi con cuatro maravedís de consideración, si siente algunas locucio- nes de éstas en algún recogimiento, luego lo bautizan todo por de Dios, y suponen que es asi, diciendo: Dijome Dios; respon- dióme Dios; y no será así (2), sino que, como habernos di- cho, ellos las más veces se lo dicen.
5 Y allende de esto, la gana que tienen de aquello, y la afición que de ello tienen en el espíritu, hace que ellos mis- mos se lo respondan, y piensen que Dios se lo responde y se lo dice. De donde vienen a dar en grandes desatinos, si no tienen en esto mucho freno, y el que gobierna estas almas no las impone en la negación de estas maneras de discursos. Porque en ellos más bachillería suelen sacar e impureza de al- ma, que humildad y mortificación de espíritu, pensando que ya fué gran cosa y que habló Dios; y no habrá sido poco más que nada, o nada, o menos que nada. Porque lo que no en- gendra humildad y caridad, y mortificación, y santa simplicidad y silencio, etc., ¿qué puede ser? Digo, pues, que esto puede es- 1 E. p.: que tenían mucho error.
224 SUBIDA DEL MONTE CARMELO torbar mucho para ir a la divina unión, porque aparta mucho al alma, si hace caso de ello, del abismo de la fe, en que el entendimiento ha de estar oscuro, y oscuro ha de ir por amor en fe y no por mucha razón.
6. Y si me dijeres que por qué se ha de privar el en- tendimiento de aquellas verdades, pues alumbra en ellas el espíritu de Dios al entendimiento, y asi no puede ser malo, digo que el Espiritu Santo alumbra al entendimiento reco- gido, y que le alumbré al modo de su recogimiento (1), y que el entendimiento no puede hallar otro mayor recogimiento que en fe; y así no le alumbrará el Espíritu Santo en otra cosa más que en fe. Porque cuanto más pura y esmerada está el alma en fe (2), más tiene de caridad infusa de Dios; y cuanto más caridad tiene, tanto más la alumbra y comunica los dones del Espíritu Santo, porque la caridad es la causa y el medio por donde se les comunica (3). Y aunque es verdad que en aquella ilustración de verdades comunica al alma él alguna luz, pero es tan diferente la que es en fe, sin entender claro, de ésta, cuanto a la calidad, como lo es el oro subidísimo del muy bajo metal; y cuanto a la cantidad (4), como excede la mar a una gota de agua. Porque en la una manera se le comunica sabiduria de una o dos o tres verdades, etc., y en la otra se le comu,- nica toda la sabiduria de Dios generalmente, que es el Hijo de Dios que se comunica al alma en fe (5).
7. Y si me dijeres que todo será bueno, que no impide lo uno a lo otro, digo que impide mucho, si el alma hace 1 Este principio, de profunda y trascendental filosofía y fecundísimo en la teolo- gía mística, lo- desenvuelve muy bien el P. José de Jesús Mana en un escrito que titula Respuesta a una duda (Ms. 4478 de la B. N ), donde, entre cosas, dice: "Como prue- ba Sto. Torcas (De vertíate, q. 12, a. 6), la iluminación divina, como cualquier otra 'orma espiritual, se comunica al alma al modo del que la recibe, o a lo sensible, o a lo espiritual: o a lo particular, o a lo universal. Y asi, toca al que la recibe disponerse para que se le comunique, o con la medida chica (como dicen) o la sensible, o con la grande o a lo intelectual."
2 E. p.: en perfección de viva fe.
3 La e. p. no dice mas que tanto más la alumbra y comunica sus dones.
4 E. p.: y cuanto a la abundancia de luz.
5 E p. de Dios generalmente por una simple y universal noticia que se le da mi almM en fe.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXIX 223 caso de ello; porque ya es ocuparse en cosas claras y de poco tomo, que bastan para impedir la comunicación del abismo de la fe, en la cual sobrenatural y secretamente enseña Dios al alma, y la levanta en virtudes y dones como ella no sabe Y el provecho que aquella comunicación sucesiva ha de hacer, no ha de ser poniendo el entendimiento de propósito (1) en ella, porque antes iria de esta manera desviándola de si, según aquello que dice la Sabiduría en los Cantares al alma diciendo. Aparta tus ojos de mí, porque esos me hacen volar. Es a saber: volar le- jos de ti, y ponerme más alta; sino que simple y sencillamente, sin poner el entendimiento (2) en aquello que sobrenaturalmente se esta comunicando, aplique la voluntad con amor a Dios pues por el amor se van aquellos bienes comunicando, y de est£ manera antes se comunicarán mas en abundancia que antes. Por- que, si en estas cosas que sobrenaturalmente y pasivamente se comunican, se pone activamente (4) la habilidad del natural (d) entendimiento o de otras potencias, no llega su modo y rudeza a tanto, y así por fuerza las ha de modificar a su modo, y por el consiguiente las ha de variar, y asi de necesidad ir erran- do (6) y formando las razones de suyo, y no ser ya aquello sobrenatural (7) ni su figura, sino muy natural y harto erró- neo y bajo.
8 Pero hay algunos entendimientos tan vivos y sutiles que, en estando recogidos en alguna consideración, naturalmente con gran facilidad, discurriendo en conceptos, los van forman- do en las dichas palabras y razones muy vivas, y piensan, ni mas ni menos, que son de Dios; y no es sino el entendimiento, que con la lumbre natural, estando algo libre de la operación de los sentidos, sin otra alguna ayuda sobrenatural puede eso 1 E. p. muy de propósito.
2 E p. sin poner la fuerza del entendimiento, i A y B: al amor de Dio* 1 Por distracción copia el C de Ale altivamente.
5 La e. p omite esta palabra.
6 La e. p irá a peligro de errar.
7 E. p. io cual no sera ya sobrenatural '.5 226 SUBIDA DEL MONTE CARMELO y más. Y de esto hay mucho, y se engañan muchos pensando que es mucha oración y comunicación de Dios (1), y por eso, o lo escriben, o hacen escribir. Y acaecerá que no será (2) nada, ni tenga sustancia de alguna virtud, y que no sirva más de para envanecerse con esto.
9. Estos aprendan a no hacer caso sino en fundar la vo- luntad en amor humilde, y obrar de veras, y padecer imitando al Hijo de Dios en su vida, y mortificaciones (3), que éste es el camino para venir a todo bien espiritual; y no muchos discursos interiores.
10. También en este género de palabras interiores sucesi- vas mete mucho el demonio la mano, mayormente en aquellos que tienen alguna inclinación o afición a ellas. Porque al tiem- po que ellos se comienzan a recoger, suele el demonio ofrecerles harta materia de digresiones, formándole al entendimiento los conceptos o palabras por sugestión, y le va precipitando y en- gañando sutilísimamente con cosas verosímiles. Y ésta es una de las maneras con que se comunica con los que (4) tienen he- cho con él algún pacto tácito o expreso; como se 'comunica con algunos herejes, mayormente con algunos heresiarcas, infor- mándoles el entendimiento con conceptos y razones muy sutiles, falsas y erróneas.
11. De lo dicho queda entendido que estas locuciones suce- sivas pueden proceder en el entendimiento de tres causas, con- viene a saber: del espíritu divino, que mueve y alumbra al en- tendimiento (5), y de la lumbre natural del mismo entendi- miento, y del demonio que le puede hablar por sugestión. Y de- cir (6) ahora las señales e indicios para conocer cuándo pro- ceden de una causa y cuándo de otra, seria algo dificultoso dar de ello enteras muestras e indicios (7), aunque bien se pueden 1 La e. p. añade: y lo que les pasa, o lo escriben.»
2 E p: Y acaeceré que no sea nada todo.
3 E. p.: mortificándose en todo.
4 E. p.: Desta manera se suele comunicar con los que.
5 Asi los manuscritos. La e. p.: que le mueve y alumbra.
6 La e. p pero.
LIBRO SEGUNDO.— CAP. XXIX 227 dar algunos generales, y son éstos. Cuando en las palabras y conceptos juntamente e! alma va amando y sintiendo amor con humildad y reverencia de Dios, es señal que anda por allí el Espíritu Santo, el cual siempre que hace algunas mercedes, las hace envueltas en esto Cuando procede de la viveza y lumbre so- lamente del entendimiento, el entendimiento es (1) el que lo hace allí todo, sin aquella operación de virtudes (aunque la vo- luntad puede naturalmente amar en el conocimiento y luz de aquellas verdades), y después de pasada la meditación queda la voluntad seca, aunque no inclinada a vanidad ni a mal, si el demonio de nuevo sobre aquello no la tentase, lo cual no acae- ce en las que fueron de buen espíritu; porque después la vo- luntad queda ordinariamente aficionada a Dios, e inclinada a bien; puesto que algunas veces después (2) acaecerá quedar la voluntad seca, aunque la comunicación haya sido de buen es- píritu, ordenándolo asi Dios por algunas causas útiles para el alma Y otras veces no sentirá (5) el alma mucho las opera- ciones o movimientos de aquellas virtudes, y será bueno lo que tuvo. Que por eso digo que es dificultosa de conocer algunas veces la diferencia que hay de unas a otras, por los varios efectos que en veces hacen, pero éstos ya dichos son los comunes, aunque a veces en rnas, a veces en menos abundancia. Aun las que son del demonio, a veces son dificultosas de entender y co- nocer (4), porque aunque es verdad que ordinariamente dejan la voluntad seca acerca del amor de Dios y el ánimo inclinado a vamdad, estimación o complacencia, todavía pone algunas veces en el ánimo una falsa humildad y afición fervorosa de volun- tad fundada en amor propio, que a veces es menester que la persona sea harto espiritual para que lo entienda. Y esto hace el demonio por mejor se encubrir, el cual sane muy bien algu- nas veces hacer (5) derramar lágrimas sobre los sentimientos que 1 E. p. el es.
2 E. p. suprime esta palabra.
3 E. p.: ofras veces también no sentirá.
1 Asi el C. de Ale. Los demás de conocer, solamente 5 Faltan en la e. p las palabras algunas veces.
228 SUBIDA DEL MONTE CARMELO él pone, para ir poniendo en el alma las aficiones que él quiere. Pero siempre les procura mover la voluntad a que estimen aque- llas comunicaciones interiores, y que hagan mucho caso de ellas, porque se den a ellas y ocupen el alma en lo que no es virtud, sino ocasión de perder la que hubiese.
12 Quedemos, pues, en esta necesaria cautela, así en las unas como en las otras, para no ser engañados ni embarazados con ellas; que no haqamos caudal de nada de elias, sino sólo de saber enderezar la voluntad con fortaleza a Dios, obrando con perfección su ley y sus santos consejos, que es la sabiduría de los Santos, contentándonos de saber los misterios y verdades con la sencillez y verdad que no los propone la Iglesia. Que ésto basta para inflamar mucho la voluntad, sin meternos en otras profundidades y curiosidades ( 1 ) en que por maravilla falta peligro Porque, a este propósito, dice San Pablo: No con- viene saber más de lo que conviene saber (2). Y esto baste cuanto a esta materia de palabras sucesivas.
CAPITULO XXX CAPITULO XXX EN QUE TRATA DE LAS PALABRAS INTERIORES QUE FORMALMENTE Sh HACEN AL ESPIRITU POR VIA SOBRENATURAL. — AVISA EL DAÑO OLE PUEDEN HACER, V LA CAUTELA NECESARIA PARA NO SER EN- GAÑADOS EN ELLAS 1 El segundo género de palabras interiores son palabras formales, que algunas veces se hacen al espíritu por vía sobrena- tural sin medio de algún sentido, ahora estando el espíritu re- cogido, ahora no. Y llámelas formales, porque formalmente al espíritu (3) se las dice tercera persona, sin poner él nada en ello. Y, por eso, son muy diferentes que las que acabamos de de- cir; porque no solamente tienen la diferencia en que se hacen sin que el espíritu ponga de su parte algo en ellas, come ha- Y curiosidades. Faltan estas palabras en A y B. Ad Rom.. XII. 3 A y B añaden parece que.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXX 229 ce ( 1 ) en las otras; pero, como digo, acaécenle a veces sin estar recogido, sino muy fuera de aquello que se le dice, lo cual no es asi en las primeras sucesivas, porque siempre son acerca de lo que estaba considerando 2 Estas palabras, a veces, son muy formadas, a veces no tanto; porque muchas veces son como conceptos en que se le dice algo, ahora respondiendo, ahora en otra manera habién- dole al espíritu. Estas, a veces, son una palabra, a veces dos o más; a veces son sucesivas, como las pasadas, porque sue- len durar, enseñando o tratando algo con el alma, y todas sin que ponga nada de suyo el espíritu, porque son todas como cuando habla una persona con otra Como leemos haberle acae- cido a Daniel, que dice hablaba el ángel en él (2). Lo cual era formal y sucesivamente razonando en su espíritu, y enseñán- dole, según allí también dice el ángel diciendo: Que habia ve- nido para enseñarle