3 Estas palabras, cuando no son mas que formales, el efec- to que hacen en el alma no es mucho. Porque, ordinariamente, solo son para enseñar o dar luz en alguna cosa, y para hacer este efecto, no es m-enester que hagan otro más eficaz que el fin que ellas traen. Y f>ste, cuando son de Dios, siempre le obran en el alma; porque ponen al alm? pronta y clara en aquello que se le manda o enseña; puesto que algunas veces no quitan al alma la repugnancia y dificultad, antes se la suelen poner ma- yor (3), lo cual hace Dios para mayor enseñanza, humildad y bien del alma. Y esta repugnancia, más ordinariamente se la deja cuando le manda cosas de mayoría, o cosas en que puede haber alguna excelencia para el alma; y en las cosas de hu- mildad y bajeza, les pone mas facilidad y prontitud. Y asi leemos en el Exodo, que cuando mandó Dios a Moisés que fue- se a Faraón, y librase al pueblo, tuvo tanta repugnancia, que fué menester mandárselo tres veces y monstrarle señales; y, 1 E. p.: acaece.
2 Dan.. IX. 22.
3 E. p.: antet la suele tener mayor.
230 SUBIDA DEL MONTE CARMELO con todo eso, no aprovechaba, hasta que Dios le dio por compa- ñero a Aaron, que llevase parte de la honra (1).
4. Al contrario acaece cuando las palabras y comunicacio- nes son del demonio, que en las cosas de más valor (2), pone facilidad y prontitud, y en las bajas, repugnancia. Que, cierto, aborrece Dios tanto el ver las almas inclinadas a mayorías, que que aun cuando él se lo manda y las pone en ellas, no quiere que tengan prontitud y gana de mandar. Y en esta prontitud que co- múnmente pone Dios en estas palabras formales al alma, son diferentes de esotras sucesivas, que no mueven tanto al espí- ritu como éstas, ni le ponen tanta prontitud, por ser éstas más formales y en que menos se entremete el entendimiento de suyo; aunque no quita que algunas veces hagan más efecto algunas sucesivas, por la gran comunicación que a veces hay del divino espíritu con el humano, más el modo es en mucha diferencia. En estas palabras formales no tiene el alma que dudar si las dice ella, porque bien se ve que no, mayormente cuando ella no estaba en lo que se le dijo; y si lo estaba, siente muy clara y distintamente que aquello viene de otra parte.
5. De todas estas palabras formales, tampoco caso ha de hacer el alma como (3) de las otras sucesivas; porque, demás de que ocuparía el espíritu de lo que no es legitimo y próximo medio para la unión de Dios, que es la fe, podría facilisima- raente ser engañada del demonio. Porque, a veces, apenas se conocerá cuáles sean dichas por buen espíritu, y cuáles por malo. Que como éstas no hacen mucho efecto, apenas se pue- den distinguir por los efectos; porque aun a veces las del demonio ponen más eficacia (4) en los imperfectos que eso- tras de buen espíritu en los espirituales. No se ha de hacer lo que ellas dijeren, ni hacer caso de ellas, sean de bueno o mal espíritu. Pero se han de manifestar al confesor madu- ro, o a persona discreta y sabia, para que dé doctrina y vea lo que conviene en ello y dé su consejo, y se haya en ellas resig- 1 Exod.. III y IV.
3 E. p no ha de hacer el alma mucho caso como.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXX 231 nada y negativamente. Y si no fuere hallada la tal persona ex- perta, más vale, no haciendo caso de las tales palabras (1), no dar parte a nadie; porque fácilmente encontrará con algu- nas personas que antes le destruyan el alma que la edifiquen. Porque las almas no las ha de tratar cualquiera, pues es cosa de tanta importancia errar o acertar en tan grave negocio.
6. Y adviértase mucho en que el alma jamás de su parecer ni haga cosa ni la admita de lo que aquellas palabras le dicen, sin mucho acuerdo y consejo ajeno (2). Porque en esta materia acaecen engaños sutiles y extraños; tanto, que tengo para mí, que el alma que no fuere enemiga de tener las tales cosas, no podrá dejar de ser engañada en muchas de ellas (3).
7. Y porque de estos engaños y peligros, y de la cautela para ellos está tratado de propósito en los capitulos diecisiete, dieciocho, diecinueve y veinte de este libro, a los cuales me remito, no me alargo más aquí; solo digo que la principal doc- trina es no hacer caso de ello en nada (4).
CAPITULO XXXI CAPITULO XXXI F.N QUF. SE TRATA DE LAS PALABRAS SUSTANCIALES QUE INTERIORMEN- TE SE HACEN AL ESPIRITU. — DICESF LA DIFERENCIA QUE HAY DE ELLAS A LAS FORMALES, EL PROVECHO QUE HAY EN ELLAS, Y LA RESIGNACION Y RESPFTO QUE EL ALMA DEBE TENER EN ELLAS (5).
I. El tercer género de palabras interiores decíamos que eran palabras sustanciales, las cuales aunque también son for- males, por cuanto muy formalmente se imprimen en el alma, 1 E. p. añade más vale, tomando ¡o sustancial y seguro que ttuxeten, en lo de- más no haciendo caso de ellas.
2 La t p omite esta palabra.
i Asi el C. de Ale— A y B: "sólo digo que la principal doctrina, y mas segura para esto, es no hacer caso alguno de esto, aunque mas parezca, sino gobernarnos en todo por razón, y por lo que ya nos ha enseñado la Iglesia y nos enseña cada día."
5 Notabilísimo es este capítulo, como tantos otros de este admirable tratado. Con mucha claridad y precisión define el Santo lo que entiende por palabras substan- 232 SUBIDA DEL MOIÍTE CARMELO difieren, empero, en que 18 palabra sustancial hace efecto vivo y sustancial en el alma, y la solamente formal no asi. De ma- nera, que aunque es verdad que toda palabra sustancial es for- mal, no por eso toda palabra formal es sustancial; sino solamen- te aquella que, como arriba dijimos, imprime sustancialmente (1 ) en el alma aquello que ella significa. Tal como si Nuestro Señor dijese formalmente al alma: Se buena; luego sustancialmente seria buena. O si la dijese: Amame; luego tendría y sentiría en si sustancia de amor de Dios (2); o si temiendo mu- cho la dijese: No temas; luego sentiría gran fortaleza y tran- quilidad. Porque el dicho de Dios y su palabra, como dice el Sabio, es llena de potestad (3) y asi, hace sustancialmente en el cíales. En estas calidades no puede irse mas allá Algunos repararon, sin embargo, en lo que el autor dice de que el alma no nene qué temer de estas hablas, ni hacer otra cosa que aceptarlas con humildad y pasivamente, pue.-.to que dependen sólo de Dios. El las Imprime y ejecuta con su poder omnímodo, sin que ella haga otra cosa que re cibirlas. Lo cual nada tiene de extraño, pues, como dice Sto Tomás (2-2. q. 76, a. 1) comentando las palabras del Salmo XXXII úixit et [*cta\sunt. ro Dios el hablar e» obrar Tampoco llama el Santo hablas sustanciales porque se *e|ccuten. por decirlo asi. en la substancia del alma, sino por ia eminencia de ellas, que se abstraen de los sentido;., y sólo pertenecen a!as facultades espirituales, de suerte que se verifican en lo más interior del alma, que los Escolasricos acostumbran llamar substancia cuya doctrina y tecnicismo si\)ue comúnmente nuestro Doctor Asi. a la contemplación, por su excelencia, se le llama gozo substancial, y devoción substancial a la sólida y bien fundada. Cuando Dios favorece al alma con tales locuciones, no debe ella esforzarse por adquirirlas, porque su esfuerzo e inquietud podrían retraer a Dios Nuestro Señor de su obra, ya que de El fólo depende, como es dicho. El alma toopera preparándose con resignación y humilde afecto a recibirlas, y nada más: pero no permanece en inacción completa, como algunos han sospechado. Ni tiene que temer engaño en estas locuciones, como dice c¡ Samo porque tales operaciones no pueden proceder del dr momo, a quien no es concedido ilustrar inmediatamente el entendimiento, sino median te los sentidos, o la imaginación, según que con Sto. Tomás opinan todos sus más au torizados comentaristas, y es sentir corriente en la Escuela Por eso. Sta. Teresa, conforme con esta doctrina, tenia por muy seguras las locuciones intelectuales, y en el capitulo III de las Moradas Sextas, expone una doctrina coincidente en todo con la explanada aquí por S. Juan de la Cruz. En el citado capitulo se lee: "Ora manera hay como habla el Señor a el alma, que yo tengo para mi ser muy cierto de su parte, con alguna visión inteletual. que adelante diré cómo es. Es tan en lo intimo del alma, y parécete tan claro oir aquellas palabras con los oídos del alma a el tnesmo Señor, y tan en secreto, que* la mesma manera del entenderlas, con las operaciones que hace la mesma visión, asegura y da certidumbre no poder el demonio tener parte alli." Véase también el capitulo XXV de la Vida.
2 La edición de 1630 dice: sustancia de amor, esto rs. verdadero amor de Dios. La e. p. modifica asi estas líneas: dijese formalmente al alma. Amame, luego tendría g aentiria en si impulsos de amor de Dios.
3 Eccles. VIH. 4.
LIBRO SEGl'NDO. — CAP. XXXT 233 alma aquello que le dice Porque esto es lo que quiso decir David cuando dijo CatBd, que El dará a su voz, voz de virtud (1) V 8 si lo hizo con Abraham, que en diciendo que le dijo: Anda en mi presencia y se perfecto (2), luego fue perfecto y anduvo siempre acatando a Dios. V este es el poder de su palabra en el Evangelio, con que sanaba los enfermos, resucitaba los muer- tos, etc., solamente con decirlo. Y a este talle hace locuciones a algunas almas, sustanciales y son de tanto momento y precio, que 1c son al alma vida y virtud y bien incomparable, porque le hace mas bien una palabra de estas, que cuanto el alma ha hecho toda su vida (3).
2 Acerca de estas (4), ni tiene el alma que hacer (5), ni qué querer, ni que no querer, ni qué desechar, ni que temer No tiene que hacer en obrar lo que ellas dicen, porque estas palabras sustanciales nunca se las dice Dios para oue ella las ponga por obra, sino para obrarlas en ella, lo cual es diferente en las formales y sucesivas. Y digo que no tiene que querer ni no querer, porque ni es menester su querer para que Dios las obre, ni basta con no querer para que dejen de hacer el dicho efecto; sino hayase con resignación y humildad en ellas. No tiene que desechar (6), porque el efecto de ellas queda sus- tanciado en el alma y lleno del bien de Dios, al cual, como le recibo pasivamente, su acción es menos en todo. Ni tiene que temer algún engaño, porque ni el entendimiento ni el demonio pueden entrometerse en esto, ni llegar (7) a hacer pasivamen- te efecto sustancial en el alma, de manera que la imprima ) Pv LXVII. 34 2 Cien.. XVII. 1 3 E. p. dice porque tal ve: le ha e más bien una palabra de estas, que cuanto el alma ha hecho en toda su vida.
4 E. p: de estas palabras.
5 Qné hacer. El Códice de Akaudete salta de estas palabras a otras iguales que vienen enseguida.
6 La e p. abrevia as, las anteriores lineas de este párrafo Acerca de estas pa- labras ni tiene el alma qué hacer, ni qué querer por entonces de suyo, sino háyase con resignación y humildad en ellas dando su libre consentimiento a Dios, ni tiene que desechar, ni qué temer. No tiene que trabajar en obrar lo que ellas dicen, porque con estas palabras sustanciales obra Dios en ella, lo cuai es diferente en las formales y su- cesivas. No tiene qué desechar " 234 SUBIDA DFL MONTE CARMELO ei efecto y hábito de su palabra, si no fuese que el alma estu- viese dada a él por pacto voluntario, y morando en ella como señor de ella, le imprimiese los tales efectos, no de bien, sino de malicia (1). Que, por cuanto aquella alma estaba ya unida en nequicia voluntaria, podria fácilmente el demonio imprimir- le los efectos de los dichos y palabras en malicia (2). Porque aun por experiencia vemos, que aun a las almas buenas en mu- chas cosas les hace harta fuerza por sugestión, poniéndoles gran eficacia en ellas; que si fuesen malas las podria consumar en ellas (3). Mas los efectos verosímiles a estos buenos, no los puede imprimir; porque no hay comparación de palabras a las de Dios; todas son como si no fuesen puestas con ellas, ni su efecto es nada puesto con el de ellas (4). Que por eso dice Dios por Jeremías: ¿Qué tienen que ver las pajas con el trigo? ¿Por ventura mis palabras no son como fuego, y como martillo que quebranta las peñas'J (5). Y asi, estas palabras sustanciales sirven mucho para la unión del alma con Dios; y cuanto más interiores, más sustanciales, y más aprovechan. Dichosa el alma a quien Dios la hablare. Habla, Señor, que tu siervo oye (6).
1 E. p.. "aunque en las que estuviesen ciadas a él por pacto voluntario, morando en ellas corno señor, podría por sugestión moverlas a efectos de gran malicia."
2 Asi A y B. En el Códice de Ale. falta todo esto, desde las palabras que por cuanto. La e. p dice- Porque corr.o tales almas estarían ya unidas en nequicia vo- luntaria, podria fácilmente el demonio moverlas a ellos.
3 E. p.. las podría mover con mas fuerza.
4 A, B. y e. p.: ni su efecto es nada en comparación del de ellas.
6 I Reg.. III. 10.
LIBRO SLGL'NDO. — CAP. XXXII 255 CAPITULO XXXII EN QUE SE TRATA DK LAS APREHENSIONES QUK RECIBE EL ENTEN- DIMIENTO DF LOS SENTIMIENTOS INTERIORES, QUE SOBRENATU- RALMENTE SE HACEN AL ALMA. — DICE LA CAUSA DE ELLOS, Y EN QUE MANERA Sh HA DE HABER EL ALMA PARA NO IMPEDIR EL CAMINO DE LA UNION DE DIOS EN ELLAS.
1. Sigúese ahora tratar del cuarto y último genero de aprehensiones intelectuales, que decíamos podían caer en el en- tendimiento de parte de los sentimientos espirituales que mu- chas veces sobrenaturalmente se hacen al alma del espiritual, los cuales contamos entre las aprehensiones distintas del entendi- miento.
2. Estos sentimientos espirituales distintos pueden ser en dos maneras. La primera, son sentimientos en el afecto de la voluntad. La segunda, son sentimientos en la sustancia del al- ma (1). Los unos y los otros pueden ser de muchas maneras. Los de la voluntad, cuando son de Dios, son muy subidos; mas los que son de la sustancia del alma son altísimos y de gran bien y provecho (2) Los cuales, ni el alma ni quien la tra- ta pueden saber ni entender la causa de donde proceden, ni por qué obras Dios la haga estas mercedes, porque no depen- den de obras que el alma haga, ni de consideraciones que tenga, aunque estas cosas son buena disposición para ellas: dalo Dios a quien quiere y por lo que él quiere (3). Porque acaecerá 1 E. p.: "La segunda son sentimientos que, aunque son también en la voluntad por ser intensísimos, subidísimos, profundísimos y secretísimos, no parece que tocan en ella, sino que se obran en la sustancia del alma."
2 E. p.: mas ios segundos, son altísimos y de gran bien y provecho.
3 A y B: dalo Dios a quien quiere y como quiere.
Ninguna concomitancia.ene la doctrina expuesta en estéis lineas por el Santo con la doctrina de los alumbrados al afirmar éstos que debían los perfectos, cuando vacan a la contemplación, prescindir de toda obra buena, aunque estuviese mandada debajo de precepto. Afirma el místico Doctor, que las aprehensiones intelectuales de que trata en este capitulo son tan subidas y excelentes, que están por cima de todo merecimiento humano, y Dios no las debe a nadie de justicia (de condigno); sino que las concede por su benevolencia infinita cuándo quiere y a quien quiere, afirmando ser óptima disposición para ellas la vida santa y obradora de virtudes.
236 SUBIDA DEL ASOHTE CARMELO que una persona se habrá ejercitado en muchas obras, y no le dará estos toques; y otra en muchas menos, y se los da- rá subidísimos y en mucha abundancia Y asi, no es menester que el alma este actualmente empleada y ocupada en cosas espi- rituales (aunque estarlo es mucho mejor para tenerlos), para que Dios de los toques donde el alma tiene los dichos sentimientos, porque las más veces esta harto descuidada de ellos De estos toques unos son distintos y que pasan presto, otros no son tan distintos y duran mas (l).
3 Estos sentimientos, en cuanto son sentimientos solamen- te (2), no pertenecen al entendimiento, sino a la voluntad, y asi, no trato de proposito aquí de ellos, hasta que tratemos de la noche y purgación de la voluntad en sus aficiones, que sera en el libro tercero, que se sigue (3). Pero porque muchas y las más veces, de ellos redunda en el entendimiento aprehensión y noticia e inteligencia, convenía hacer aquí mención de ellos, sólo para este fin. Por tanto, es de saber, que de estos sentimientos, asi de los de la voluntad, como de los que son en la sustancia del alma, ahora sean los toques de Dios que los causan repen- tinos, ahora sean durables (4) y sucesivos, muchas veces, como digo, redunda en el entendimiento aprehensión de noticia o inte- ligencia; lo cual suele ser un subidísimo sentir de Dios y sa- brosísimo en el entendimiento, al cual no se puede poner nom- bre tampoco, como al sentimiento de donde redunda. Y estas no- ticias a veces son en una manera, a veces en otra, a veces más subidas y claras, a veces menos, y menos claras, según lo son también los toques que Dios hace, que causan los sentimientos de donde ellas proceden, y según la propiedad (5) de ellos.
4. Para cautela y encaminar a) entendimiento por estas no- ticias en fe a la unión con Dios, no es menester aqui gastar 1 A y B mas tiempo.
2 La e. p.: en cuanto son sentimientos de la manera que aqui hablamos sola- mente, no.
3 Que se sigue. Solo ei C. de Ale pone estas palabras. Por lo demás, el Santo no vuelve a tratar, ni en el libro tercero, ni en otros, lo que aqui promete.
4 La e. p: que de todos estos sentimientos, ahora sean los toques de Dios que los causan, repentinos, ahora sean durables.
5 B capacidad.
LIBRO SK (TUNDO. — CAP. XXXII 237 mucho almacén (1) Porque como quiera que los sentimientos que habernos dicho, se hagan pasivamente en el alma, sin que ella haga algo de su parte efectivamente para recibirlos; asi también las noticias de ellos se reciben pasivamente en el entendi- miento que llaman los filósofos pasible, sin que él haga nada de su parte (2). De donde para no errar en ellos ni impedir su provecho, él tampoco ha de hacer nad8 en ellos, sino haberse pa- sivamente (3) acerca de ellos, sin entrometer su capacidad na- tural Porque, como habernos dicho que acaece en las palabras su- cesivas, facilisimamente con su actividad turbará y deshará aque- llas noticias delicadas, que son una sabrosa inteligencia sobre- natural a que no llega el natural, ni la puede comprehender ha- ciendo, sino recibiendo. Y asi, no ha de procurarlas, ni tener gana de admitirlas (4); porque el entendimiento no vaya de suyo for- mando otras, ni el demonio tenga entrada con otras varias y fal- sas; lo cual puede él muy bien hacer (5) por medio de los dichos sentimientos, o los que él de suyo puede poner en el alma que se da a estas noticias (6). Hayase resignada, humilde y pasiva- mente en ellas, que, pues pasivamente las recibe de Dios, él se las comunicara cuando él fuere servido, viéndola humilde y desapropiada. Y de esta manera no impedirá en si el provecho que estas noticias hacen para la divina unión, que es grande; porque todos estos son toques de unión, la cual pasivamente se hace en el alma (7).
5. Lo dicho basta acerca de esto, porque cualquiera cosa que al alma acaezca acerca del entendimiento, se hallará la cau- 1 E.p. aquí gaxtar muchas palabras.
2 Asi el C de Ale. La e. p. dicf sin que el haga nada como de suyo.
3 E. p.: sino haberse panvjmente. inclinando al libre consentimiento y agrade cimiento ¡a voluntad.
4 Omite la e. p. ni tener ganas de admitirlas.
b La edicióo de 1630 añade en el alma, cuando se da a estas noticias.
6 Peltan en e. p. las palabras, o los que él de suyo puede poner en el alma que se da a estas noticias. En cambio añade éstas, que no se leen en los Códices, apro- vechándose de los sentidos corporales.
7 Aquí se ha publicado en algunas ediciones un largo párrafo que el P. Gerardo de S. Juan de la Cruz creía era "de propia cosecha del que hUo la primera edición de estas obras." (t. I, p. 266). El verdadero autor de él, es el P. Jerónimo de S. )c*e. como lo denuncia el esülo limpio y correcto con que está escrito y la edición de 1 630, 238 SUBIDA DEL MONTE CARMELO tela y doctrina para ella en las divisiones ya dichas. Y aun- que parezca diferente y que en ninguna manera se comprende, ninguna inteligencia hay, que no se pueda reducir a una de ellas y sacarse doctrina para ellos (1).
que e! dirigió. La de 1618 no lo trae. El párrafo en cuestión reza " Toda la doctrina que en este libro se ha dicho de total abstracción y de contemplación pasiva, deján- dose llevar de Dios con olvido de todas las cosas criadas > desnudez de imágenes y figuras, deteniéndose con sencilla vista en la suma verdad, no sólo se entiende para aquel acto de perfectisima contemplación, cuyo levantado y del todo sobrenatural sosiego impiden aún las hijas de jerusalen, que son buenos discursos y medita- ciones, si en aquel mismo tiempo se quisiesen tener; sino también para todo el tiempo que Nuestro Señor comunica la sencilla, general y amorosa advertencia ya dicha, o el alma ayudada de la gracia se pone en ella. Porque entonces siempre ha de procu- rar estarse con sosiego de entendimiento, sin entremeter otras formas, figuras o noti- cias particulares, si no fuere muy de paso y no muy procuradas, sino con suavidad de amor para encenderse mas. Pero fuera de este tiempo, en todos sus ejercicios, actos v obras se ha de valer de las memorias y meditaciones buenas, de la manera que sin- tiere mayor devoción y provecho, particularisiniamente de la vida, pasión v muerte de Nuestro Señor Jesucristo, para conformar sus acciones, e¡erc¡aos \ vida con la suya."
1 Asi e! Códice de Alcaudete. A. B y la e. p. dicen "Esto basta para concluir con las aprehensiones sobrenaturales del entendimiento, en cuanto toca a encaminar por ellas ai entendimiento en fe a la unión divina Y entiendo basta lo dicho acerca de ellas, porque cualquiera cosa que al alma acaezca acerca del entendimiento, se ha- llará la doctrina y cautela para ello en las divisiones ya dichas. Y aunque parezVa tan diferente que en ninguna de ellas se comprende (aunque entiendo no habrá ningu- na inteligencia que no se pueda reducir a una de las cuatro maneras de noticias dis- tintas), puede.'* sacar doctrina y cautela para ello de lo que está dicho en otras seme- lantes de ¡as cuatro Y con esto pasaremos a! tercer libro, donde, con el favor divino, trataremos Je ¡a purgación espiritual interior de la voluntad acerca Je sus aficiones interiores, que aquí llamamos noche activa."— C y Describen "De loque está dicho, se puede sacar doctrina v cautela para regirse en cualquiera cosa que al alma suceda acerca del entendimiento, aunque parezca tan diferente, que ninguna de las cuatro xaneras distintas se comprenda, aunque entiendo no habrá inteligencia que no se pueda reducir a una de ellas, y asi pasaremos al tercero libro ' El Códice de Pamplona no trae nada. Por su parte, la edición de 1630, añade a lo dicho en A. B y e p Ruego, pues, al discreto lector, que con ánimo benévolo y llano lea estas cosas: porque cuando éste falta en cualquiera doctrina, por subida y ac '">&ua que sea. ni se saca el provecho que tiene ni se tiene de ella la estimación que merece: cuanto más de este mi estilo, que en muchas cosas queda muy falto."
LIBRO TERCERO En que se trata de la purgación de la noche activa de la memoria y volun- tad—Dase doctrina cómo se ha de haber el alma acerca de las apre- hensiones de estas dos potencias para venir a unirse con Dios, según las dichas dos potencias en perfecta esperanza y caridad (í).
CAPITULO I CAPITULO I 1. Instruida ya la primera potencia del olma, que es el entendimiento, por todas sus aprehensiones en la primera virtud teológica, que es la fe, para que según esta potencia se puede unir el alma con Dios por medio de la pureza de fe, resta ahora hacer lo mismo acerca de las otras dos potencias del al- ma, que son memoria y voluntad, purificándolas también acerca de sus aprehensiones, para que, según estas dos potencias, ei alma se venga a unir con Dios en perfecta esperanza y cari- dad. Lo cual se hará brevemente en este tercero libro; porque habiendo concluido con el entendimiento, que es el receptáculo de todos los demás objetos en su manera (2) (en lo cual está andado mucho camino para lo demás), no es necesario alargar- nos tanto acerca de estas potencias (3); porque no es posible que si el espiritual instruyere bien al entendimiento en fe según la doctrina que se le ha dado, no instruya también de camino a las otras dos potencias en las otras dos virtudes; pues las ope- raciones de las unas dependen de las otras.
1 Asi Ale, A y B. La palabra Argumento que seguía, es de la e. p.; los Códices no la traen. En su lugar ponen capitulo I. Ya vimos en el libro II que la Declaración de la Canción, que en la e. p. no se contaba como capitulo, en los Mss. si. Análogo es el presente caso.
2 La e. p.: objetos qae pasan a esas potencias.
3 Lo restante de este párrafo se suprime en la e. p.
SUBIDA DEI. MONTE CARMELO 2. Pero porque, para cumplir con el estilo que se lleva, y también para que mejor se entienda, es necesario hablar en la propia y determinada materia, habremos aqui de poner las propias aprehensiones de cada potencia (1), y primero de las de la memoria, haciendo de ellas aqui la distinción que basta para nuestro propósito. La cual podremos sacar de la distinción de sus objetos, que son tres: naturales (2), imaginarios y espiritua- les, según los cuales, también son en tres maneras las noticias de la memoria, es a saber: naturales y sobrenaturales, imagina- rias y espirituales (3) 3. De las cuales, mediante el favor divino, iremos aquí tratando, comenzando de las noticias naturales, que son de ob- jeto más exterior (4) Y luego se tratara de las aficione:, de la voluntad, con que se concluirá este libro tercero de la noche acti\a espiritual CAPÍTULO II CAPÍTULO II CN QLh Sh TRATA DI LAS APRbMENSlONES NATURALES Dt LA i\£- .'nORH, > St. iJUt CoMO SL HA DK VACIAR DL LLLAS PARA OLI Ll ALMA St. PULPA UNIR CoN DIOS SEGUN LSTA POTENCIA.
1 Necesario le es al lector advertir en cada libro de éstos, Lil proposito que vamos hablando. Porque, si no, podranle nacer muchas dudas acerca de lo que fuere leyendo, como aiiora las podría tener en lo que habernos dicho del entendimiento, y aiiora diremos de la memoria, y después diremos de la voluntad. Por- que, viendo como aniquilamos las potencias acerca de sus ope- raciones, quiza le parecerá que antes destruimos (5) el camino dei ejercicio espiritual que le edificamos; lo cual sería verdad 1 h p. habremos aqui Je tratar de los actos de cada potencia.
2 Y sobrenaturales, añade la edición de 163Ü. Se funda para ello en lo que unas i.neji mus abaio dice el Santo.
3 Como se ve por la explicación que da el Santo en los capítulos siguientes, en la división no entran más que las noticias naturales, imaginaria, y espirituales. Las sobrenaturales se refieren a todos los miembros de la división tripartita 1 Asi los Códices La e p que son de objetos més exteriores.
5 Por descuido omite unas palabras el C. de Ale. que traen los demás. Las pala- LIBRO TERCERO. — CAP. II 241 si quisiésemos instruir aquí no más que a principiantes, a los cuales conviene disponerse por esas aprehensiones discursivas y aprehensibles.
2. Pero, porque aquí vamos dando doctrina para pasar ade- lante en contemplación a unión de Dios, para lo cual todos esos medios y ejercicios sensitivos de potencias han de quedar atrás y en silencio para que Dios de suyo obre en el alma la divina unión, conviene ir por este estilo desembarazando y va- ciando, y haciendo negar a las potencias su jurisdicción natural y operaciones, para que se dé lugar a que sean infundidas e ilus- tradas de lo sobrenatural; pues su capacidad no puede llegar a negocio tan alto, antes estorbar, si no se pierde de vista.