amor de Dios. Y en esta purgación se ahuyenta el demonio, que tiene poder en el alma por asimiento a las cosas corporales y temporales (1).
3. En la segunda noche le dijo que seria admitido en la com- pañía de los santos Patriarcas, que son los padres de la fe. Por- que pasando por la primera noche, que es privarse de todos los objetos de los sentidos, luego entra el alma en la segunda noche, quedándose sola e» fe, no como excluye la caridad, sino las otras noticias del entendimiento, como adelante diremos (2), que es cosa que no cae en sentido.
H. En la tercera noche le dijo el Angel que conseguiría ia ben- dición, que es Dios, el cual mediante la segunda noche, que es fe, se va comunicando al alma tan secreta e íntimamente, que es otra noche para el alma, en tanto que se va haciendo la dicha comu- nicación muy más oscura que estotras, como luego diremos. Y pasada esta tercera noche, que es acabarse de hacer la comuni- cación de Dios en el espíritu, que se hace ordinariamente en gran tiniebla del alma, luego se sigue la unión con la esposa, que es la Sabiduría de Dios. Como también el Angel dijo a Tobías que pasada la tercera noche se juntaría con su esposa con temor del Señor; el cual temor de Dios, cuando está perfecio, está per- fecto el amor, que es cuando se hace la transformación por amor del alma.
5. Estas tres partes de noche, todas son una noche; pero tiene tres partes como la noche (3). Porque la primera, que es la del sentido, se compara a prima noche, que es cuando se acaba de carecer del objeto de las cosas. Y la segunda, que es la fe, se compara a la media noche, que totalmente es oscura. Y la ter- 1 E. p.. por asimiento a los gustos de las cosas temporales y corporales.
2 Las palabras no como excluye la caridad, etc.. s« leen solamente en el Códice de Alcaudete.
3 La e. p. introduce estas modificaciones: "con temor del Señor el cual, cuando está perfecto, lo está también el amor de Dios que es cuando se hai c la transforma ción por amor del alma con Dios Y para que mejor lo enterdames Leu os tratande d< cada una destas causas de por sí Y advertirse lia que esta: tres ncihes tedas sou una noche, que tiene tres partes."
LIBRO PRIMERO. — CAP. II 17 cera, al despidiente (1), que es Dios, la cual es ya inmediata a la luz del dia (2). Y para que mejor lo entendamos, iremos tratando de cada una de estas causas de por si.
CAPITULO III HABLA DE LA PRIMERA CAUSA DE ESTA NOCHE, QUE ES DE LA PRIVA- CION DEL APETITO EN TODAS LAS COSAS, Y DA LA RAZON POR QUE SE LLANA NUCHE (3).
1. Llamamos aquí noche a la privación del gusto en el apeti- to de todas las cosas; porque así como la noche no es otra cosa sino privación de la luz, y, por el consiguiente, de todos los objetos que se pueden ver mediante la luz, por lo cual se queda la potencia visiva (4) a oscuras y sin nada; asi también se pue- de decir la mortificación del apetito noche para el alma, porque privándose el alma del gusto del apetito en todas las cosas, es quedarse como a oscuras y sin nada. Porque asi como la poten- cia visiva mediante la luz se ceba y apacienta de (5) los objetos, que se pueden ver, y apagada la luz no se ven (6); asi el alma mediante el apetito, se apacienta y ceba de todas las cosas que según sus potencias se pueden gustar; el cual también apagado, o, por mejor decir, mortificado, deja el alma (7) de apacen- tarse en el gusto de todas las cosas, y así se queda según el apetito a oscuras y sin nada.
2. Pongamos ejemplo en todas las potencias. Privando el alma su apetito en el gusto de todo lo que al sentido del oido puede deleitar, según esta potencia se queda el alma a oscuras y sin nada; y privándose del gusto de todo lo que al sentido de la 1 En algunas ediciones, no en las primeras, se lee despedxmiento.
2 Lo restante se omite en la e. p.
3 La frase y da la razón porque se llama noche, se lee sólo en el Códice de Al- caudete.
4 A. añade aquí: con todas ¡as cosas.
5 E. p.: en.
6 E. p. y acabada la luz, cesa esto.
7 E. p.: el cual mortificado, deja el alma.
2 18 SUBIDA DEL MONTE CARMELO vista puede agradar, también según esta potencia se queda el alma a oscuras y sin nada (1); y privándose del gusto de toda la suavidad de olores que por el sentido del olfato el alma puede gustar, ni más ni menos según esta potencia, se queda a oscuras y sin nada; y negando también el gusto de todos los manjares que pueden satisfacer al paladar, también se queda el alma a oscuras y sin nada; y, finalmente, mor- tificándose el alma en todos los deleites y contentamientos que del sentido del tacto puede recibir, de la misma manera se queda el alma según esta potencia a oscuras y sin nada. De manera que el alma que hubiere negado y despedido de si el gusto de todas las cosas, mortificando su apetito en ellas, podremos decir que está como de noche a oscuras, lo cual no es otra cosa sino un vacio en ella de todas las cosas.
3. La causa de esto es porque, como dicen los filósofos, el al- ma luego que Dios la infunde en el cuerpo (2) está como una tabla rasa y lisa en que no está pintado nada; y si no es lo que por los sentidos va conociendo, de otra parte, naturalmente, no se le co- munica nada. Y asi, en tanto que está en el cuerpo, está como el que está en una cárcel oscura, el cual no sabe nada, sino lo que alcanza a ver por las ventanas de la dicha cárcel; y si por allí no viese nada, no veria por otra parte. Y asi, el alma, si no es lo que por los sentidos se le comunica, que son las venta- nas de su cárcel, naturalmente por otra via nada alcanzaría.
4. De donde si lo que puede recibir por los sentidos, ella lo desecha y niega, bien podemos decir que se queda como a oscu- ras y vacía; pues, según parece por lo dicho, naturalmente no le puede entrar luz por otras lumbreras que las dichas (3). Porque aunque es verdad que no puede dejar de oir y ver y oler y gus- tar y sentir, no le hace más al caso, ni le embaraza más al alma si lo niega y lo desecha, que si no lo viese ni lo oyese, etc.
1 La c. p. suprime las diez lineas siguientes, que traen los códices, y reanuda en esta forma el hilo del discurso: Y lo mismo se puede decir de los demás sentidos, de manera que el alma que hubiere negado, etc.
2 E. p.: luego que Dios infunde el alma en el cuerpo.
3 La e, p. omite las palabras que las dichas.
LIBRO PRIMERO— CAP. ni 19 Como también el que quiere cerrar los ojos, quedara a oscu- ras (1) como el ciego que no tiene potencia para ver. Y asi al propósito habla David, diciendo: Pauper sum ego, et in laboribus a juventuít- mea (2). Que quiere decir: Yo soy pobre y en trabajos desde mi juventud. Llámase pobre, aunque está claro que era rico, porque no tenia en las riquezas su voluntad, y asi era tanto como ser pobre realmente (3). Mas antes si fuera real- mente pobre y de la voluntad no lo fuera, no era verdadera- mente pobre; pues el alma estaba rica y llena en el apetito. Y por eso llamamos esta desnudez noche para el alma, porque no tratamos aquí del carecer de las cosas; porque eso no des- nuda al alma si tiene apetito de ellas, sino de la desnudez del gusto y apetito de ellas, que es lo que deja el alma libre y va- cia de ellas, aunque las tenga; porque no ocupan al alma las cosas de este mundo ni la dañan, pues no entran en ella, sino la voluntad y apetito de ellas, que moran en ella.
5. Esta primera manera de noche, como después diremos (4), pertenece al alma según la parte sensitiva (5), que es una de las dos que arriba dijimos por las cuales ha de pasar el alma para llegar a la unión (6).
6. Ahora digamos cuánto conviene (7) al alma salir de su ca- sa en esta noche oscura de sentido, para ir a la unión de Dios.
2 Ps. LXXXVII. 16. La c. p. no trae el texto latino, ni las palabras Que quiere decir.
3 A y e. p.: y así era tanto como si realmente fuera pobre.
4 Suprime la e. p.: como después diremos. Ya lo había dicho el Santo.
5 Lo que resta de este párrafo no lo trae la e. p.
6 Para llegar a la unión. Sólo en el Códice de Alcaudete se leen estas palabras.
20 SUBIDA DEL MONTE CARMELO CAPITULO IV DONDE SE TRATA CUAN NECESARIO SEA AL ALMA PASAR DE VERAS POR ESTA NOCHE OSCURA DEL SENTIDO, LA CUAL ES LA MORTIFICA- CION DEL APETITO, PARA CAMINAR A LA UNION DE DIOS (1).
1. La causa por que le es necesario al alma para llegar a la divina unión de Dios pasar esta noche oscura de mortificación de apetitos y negación de los gustos en todas las cosas, es por- que todas las afecciones que tiene en las criaturas son delan- te de Dios puras tinieblas, de las cuales estando el alma ves- tida, no tiene capacidad para ser ilustrada y poseída de la pura y sencilla luz de Dios (2) si primero no las desecha de sí; por- que no puede convenir la luz con las tinieblas; porque, como dice San Juan: Tcncbrae eam non comprehenderunt (3). Esto es: Las tinieblas no pudieron recibir la luz.
2. La razón es, porque dos contrarios (según nos enseña la filosofía), no pueden caber en un sujeto; y porque las tinieblas, que son las afecciones en las criaturas, y la luz, que es Dios, son contrarios y ninguna semejanza ni conveniencia tienen en- tre sí, según a los Corintios enseña San Pablo, diciendo: Quae conventio lucí ad tenebras? (4). Es a saber: ¿Qué conveniencia se podrá dar entre la luz y las tinieblas? De aqui es, que en el alma no se puede asentar la luz de la divina unión, si primero no se ahuyentan las afecciones de ella.
3. Para que probemos mejor lo dicho, es de saber, que la afi- ción y asimiento que el alma tiene a la criatura iguala a la mis- ma alma con la criatura, y cuanto mayor es la afición, tanto más la iguala y hace semejante; porque el amor hace semejanza entre 1 A. añade: Pruébalo con comparaciones de autoridades y figuras de la Sagra da Escritura, etc.
2 Asi Ale, A y B. La e. p.: no tiene capacidad pora ser poseída en la pura y sencilla luz de Dios.
3 Joan., I, 5. Ni este texto latino ni los demás que se leen en este capítulo lo» copia la e. p.
4 II ad Cor., VI. 11.
LIBBO PRIMERO. — CAP. IV 21 lo que ama y es amado. Que por eso dijo David, hablando de los que ponían su afición en los ídolos: Símiles illis fiant qui faciunt ea: et omnes qui confidunt in eis (1). Que quiere decir: Sean semejantes a ellos los que ponen su corazón en ellos. Y así. el que ama criatura, tan bajo se queda como aquella criatura, y, en alguna manera, más bajo; porque el amor no sólo iguala, mas aun sujeta al amante a lo que ama. Y de aquí es que por el mismo caso que el alma ama algo (2), se hace incapaz de la pura unión de Dios u su transformación. Porque mucho menos es capaz la bajeza de la criatura de la alteza del Criador, que las tinieblas lo son de la luz. Porque todas las cosas de la tierra y del cielo comparadas con Dios, nada son, como dice Jeremías por estas palabras: Aspexi terram, et ecce vacua erat, et nihil; et coelos, et non erat lux in eis (3). Miré a la tierra, dice, y estaba vacia, y ella nada era; ya los cielos, y vi que no te- nían luz. En decir que vió la tierra vacía, da a entender que todas las criaturas de ella eran nada, y que la tierra era nada también. Y en decir que miró a los cielos y no vió luz en ellos, es decir que todas las lumbreras del cielo, comparadas con Dios, son puras tinieblas. De manera que todas las criaturas en esta ma- nera nada son, y las aficiones de ellas menos que nada pode- mos decir que son, pues son impedimento y privación de la trans- formación en Dios; asi como las tinieblas nada son y menos que nada, pues son privación de la luz. Y asi como no com prende a la luz el que tiene tinieblas, asi no podrá compren- der a Dios el alma que en criaturas pone su afición (4); de la cual, hasta que se purgue, ni acá le podrá poseer por transfor- mación pura de amor, ni allá por clara visión. Y para más cla- ridad, hablaremos más en particular.
4. De manera que todo el ser de las criaturas, comparado con el infinito ser de Dios, nada es. Y, por tanto, el alma que en él pone su afición, delante de Dios también es nada, y menos que 1 Ps. cxni. 8.
2 Las ediciones añaden, para la mejor inteligencia de la frase: fuera de Dios.
3 Jerem.. IV. 23.
4 E. p.: que tiene afición en criatura. A: el alma que tiene afición de la criatura. B: que tiene afición a la criatura.
22 SUBIDA DEL MONTE CARMELO nada; porque, como habernos dicho, el amor hace igualdad y semejanza, y aun pone más bajo al que ama. Y, por tanto, en ninguna manera podrá esta alma unirse con el infinito ser de Dios; porque lo que no es no puede convenir con lo que es. Y, descendiendo en particular a algunos ejemplos (1), toda la her- mosura de las criaturas, comparada con la infinita hermosura de Dios, es suma fealdad, según Salomón en los Proverbios dice: Fallax gratia, et vana est pulchritudo (2). Engañosa es la be- lleza y vana la hermosura. Y así, el alma que está aficionada a la hermosura de cualquiera criatura, delante de Dios sumamente fea es (3). Y, por tanto, no podrá esta alma fea transformarse en la hermosura, que es Dios, porque la fealdad no alcanza a la hermosura; y toda la gracia y donaire de las criaturas, com- parada con la gracia de Dios, es suma desgracia y sumo des- abrimiento. Y por eso el alma que se prenda de las gracias y donaires de las criaturas, sumamente (4) es desgraciada y des- abrida delante los ojos de Dios; y asi no puede ser capaz de la infinita gracia de Dios y belleza; porque lo desgraciado grandemente dista de lo que infinitamente es gracioso; y toda la bondad de las criaturas del mundo, comparada con la infinita bondad de Dios, se puede llamar malicia. Porque nada hay bue- no sino sólo Dios (5). Y, por tanto, el alma que pone su corazón en los bienes del mundo, sumamente (6) es mala delan- te de Dios. Y asi como la malicia no comprende a la bondad, asi esta tal alma no podrá unirse con Dios (7), el cual es suma bon- dad (8). Y toda la sabiduría del mundo y habilidad humana com- 1 Unicamente en e! Códice de Alcaudete leemos las palabras: g descendiendo en particular a algunos ejemplos.
2 Prov.. XXXI. 30.
3 Esta frase se cambió ya en la e. p. por esta otra: fiene su parte de fealdad.
4 No trae esta palabra la e. p. Ya se entiende en que sentido una cosa limitada puede ser sumamente desgraciada. El adverbio se ordena a encarecer la desgracia grande del alma en este caso y otros similares.
5 Luc., XVIII. 19.
6 Palta este adverbio en la e. p.
7 En perfecta unión, añade la e. p.
8 B: "Y toda la sabiduría de este mundo, etc., y todo el señorío y libertad del mundo es servidumbre, etc., y todos los deleites y sabores de la voluntad, etc., y todas LIBRO PRIMERO. — CAP. IV 23 parada con la sabiduría infinita de Dios, es pura y suma ig- norancia, según escribe San Pablo ad Corinthios, diciendo: Sa- pientia hujus mundi stultitia est apud Deum (1). La sabiduría de este mundo delante de Dios es locura.
5. Por tanto, toda alma que hiciere caso de todo su saber y habilidad para venir a unirse con la sabiduría de Dios, sumamente es ignorante delante de Dios y quedará muy lejos de ella; por- que la ignorancia no sabe qué cosa es sabiduría, como dice San Pablo que esta sabiduría le parece a Dios necedad; porque de- lante de Dios (2), aquellos que se tienen por de algún saber, son muy ignorantes, porque de ellos dice el Apóstol escribien- do a los Romanos, diciendo: Dicentes enim se esse sapientes, stul- ti jacti sunt. Esto es. Teniéndose ellos por sabios, se hicieron necios (3). Y solos aquéllos van teniendo sabiduría de Dios, que como niños ignorantes, deponiendo su saber, andan con amor en su servicio. La cual manera de sabiduría enseñó también S. Pa- blo ad Corinthios: Si quis videtur inter vos sapiens esse in hoc sae- culo, stultus fiat ut sit sapiens. Sapientia enim hujus mundi stul- titia es' 'apud Deum (4). Esto es: Si alguno le parece que es sabio éntre vosotros, hágase ignorante para ser sabio; porque la sabiduría de este mundo es acerca de Dios locura. De manera que para venir el alma a unirse con la sabiduría de Dios, antes ha de ir no sabiendo que por saber; y todo el señorío y libertad del mundo, comparado con la libertad y señorío del espíritu de Dios, es suma servidumbre y angustia y cautiverio.
6. Por tanto, el alma que se enamora de mayorías o de otros tales oficios, y de las libertades de su apetito, delante de Dios es tenida y tratada, no como hijo, sino como bajo esclavo y cautivo (o), por no haber querido él tomar su santa doctrina, en que nos enseña que el que quisiere ser mayor sea menor, las riquezas de todo lo criado comparadas con Dios, que es la suma riqueza, nada son, etc." Lo restante del capitulo no lo copia.
1 l ad Cor.. III. 19.
2 La e. p.: no sabe qué cosa es sabiduría, y delante de Dios. etc.
3 Ad Rom.. I. 22.
24 SUBIDA DEL MONTE CARMELO y el que quisiere ser menor sea el mayor (1). Y, por tanto, no podrá el alma llegar a la real libertad del espíritu que se alcanza en su divina unión; porque la servidumbre ninguna parte puede tener con la libertad, la cual no puede morar en el corazón sujeto a quereres, porque éste es corazón de esclavo; sino en el libre, porque es corazón de hijo. Y esta es la causa por qué Sara dijo a su marido Abraham que echase fuera a la esclava y a su hijo, diciendo que no habia de ser heredero el hijo de la esclava con el hijo de la libre (2).
7. Y todos los deleites y sabores de la voluntad en todas las cosas del mundo, comparados con todos los deleites que es Dios, son suma pena, tormento y amargura. Y así, el que pone su co- razón en ellos, es tenido delante de Dios por digno de suma pena, tormento y amargura; y así no podrá venir a los deleites del abrazo de la unión de Dios, siendo él digno de pena y amar- gura (3). Todas las riquezas y gloria de todo lo criado, compa- rado con la riqueza que es Dios, es suma pobreza y miseria. Y asi, el alma que lo ama y posee, es sumamente pobre y miserable de- lante de Dios, y por eso no podrá llegar a la riqueza y glo- ria, que es el estado de la transformación en Dios (4); por cuanto lo miserable y pobre sumamente dista de lo que es suma- mente rico y glorioso.
8. Y, por tanto, la sabiduría divina, doliéndose de estos tales, que se hacen feos, bajos, miserables y pobres, por amar ellos es- to hermoso y rico a su parecer del mundo, les hace una exclama- ción en los Proverbios, diciendo: O viri, ad vos clamito, et vox mea ad filios hominum. I ntelligite, parvuli, asíutiam, et insipien- tes, animadvertite. Audite guia de rebus magnis locutura sum. Y adelante va diciendo: Mecum sunt divitiae, et gloria, opes su- 1 La e. p. enmienda: "Por tanto, el alma que se enamora de mayorías o de otros tales oficios y de las libertades de su apetito, delante de Dios es tenida y tratada, no como hijo querido, sino como persona baja, cautiva de sus pasiones, por no haber querido él tomar su santa doctrina que enseña, que el que quisiere «er mayor sea el menor."
2 Gen.. XXI, 10.
3 La e. p. suprime: siendo él digno de pena y amargura, i Lo que resta del párrafo sólo se lee en A. y e. p.
LIBRO PRIMERO.— CAP. IV 25 perbac et justitia. Melior es! jructus meus auro, et lapide prc- tioso, et geniminu mea argento electo. In viis justitiae ambulo, in medio semitarum judicii, ut ditem diligentes me, et thesauros eorum repleam (1). Quiere decir: Oh varones, a vosotros doy vo- ces, y mi voz es a los hijos de los hombres. Atended (2) peque- Muelos, la astucia y sagacidad; los que sois insipientes advertid. Oid, porque tengo de hablar de grandes cosas. Conmigo están las riquezas y la gloria, las riquezas altas y la justicia. Mejor es el fruto que hallaréis en mi, que el oro y que la piedra preciosa; y mis generaciones, esto es, lo que de mí engendraréis en vuestras almas, es mejor que la plata escogida. En los caminos de la justi- cia ando, en medio de las sendas del juicio, para enriquecer a los que me aman y cumplir (3) perfectamente sus tesoros. En lo cual la Sabiduría Divina habla con todos aquellos que ponen su corazón y afición en cualquier cosa del mundo, según habernos ya dicho. Y llámalos pequeñuelos, porque se hacen semejantes a lo que aman, lo cual es pequeño. Y por eso les dice que tengan astucia y adviertan que ella trata de cosas grandes y no de pequeñas como ellos. Que las riquezas grandes y la gloria que ellos aman, con ella y en ella están, y no donde ellos piensan. Y que las riquezas altas y la justicia en ella moran; porque aun- que a ellos les parece que las cosas de este mundo lo son, diceles que adviertan que son mejores las suyas, diciendo que el fruto que en ellas hallarán, les será mejor que el oro y que las piedras preciosas; y lo que ella en las almas engendra, mejor que la plata escogida que ellos aman; en lo cual se entiende todo género de afición que en esta vida se puede tener.
2 Asi Ale. y A. La e. p.: Entended. Los demás manuscritos no traen estos pá- rrafos.
3 Cumplir copian los Códices de Ale. y A, en el sentido anticuado de henchir que leen las ediciones, desde la princeps.
26 SUBIDA DEL MONTE CARMELO CAPITULO V DONDE SE TRATA Y PROSIGUE LO DICHO, MOSTRANDO POR AUTORIDA- DES Y FIGURAS DE LA SAGRADA ESCRITURA CUAN NECESARIO SEA AL ALMA IR A DIOS POR ESTA NOCHE OSCURA DE LA MORTIFICA- CION DEL APETITO EN TODAS LAS COSAS.
1. Por lo dicho se puede echar, en alguna manera, de ver la distancia que hay de todo lo que las criaturas son en si a lo que Dios es en si, y cómo las almas (1) que en alguna de ellas po- nen su afición, esa misma distancia tienen de Dios; pues, como habernos dicho, el amor hace igualdad y semejanza. La cual dis- tancia, por echarla bien de ver San Agustín, decía hablando con Dios (2) en los Soliloquios: «Miserable de mi, ¿cuándo podrá mi cortedad e imperfección convenir con tu rectitud9 Tú verda- deramente eres bueno, y yo malo; tú piadoso, y yo impio; tú santo, yo miserable; tú justo, yo injusto; tú luz. yo ciego; tu vida, yo muerte; tú medicina, yo enfermo; tú suma verdad, yo toda vanidad» (3). Todo esto dice este Santo (4).
2. Por tanto, es suma ignorancia del alma pensar podrá pa- sar a este alto estado de unión con Dios, si primero no vacia el apetito de todas las cosas naturales y sobrenaturales que le pue- den impedir, según que adelante declararemos (5); pues es su- 1 E p.: Ya habernos dicho la distancia que hay de las criaturas a Dios, y cómo las almas.
2 Asi Ale. y la c. p.— A y B no traen las palabras hablando con Dios.
4 Soliloq., II. Migne: Patr. lar...t. XL. p. 866. La e. p. añade: Lo cual dice este Santo en cuanto el hombre se inclina a las criaturas.
5 Impedir, según adelante declararemos. Asi el Códice de Alcaudete. Los res- tantes escribían: que la pueden pertenecer. Y la e. p.. para suplir en alguna manera •la falta de sentido que hay en esta frase, añadía: en cuanto a él por el amor propio pueden pertenecer.
Ni con el emoliente que aplicó a este pasaje el P. Diego de Jesús, se libró de la denuncia esta frase del Santo por ciertos vigías demasiado avanzados y despiertos de la fe. Es la primera de las proposiciones que reprobaron en los escritos del Santo, se- gún la "Respuesta" del P. Basilio Ponce de León, de que hablamos en los Prelimina- res. Satisface cumplidamente a ella el docto agustino, tomando como base de refuta- ción y defensa la proposición tal como viene en la edición principe. Con mas extra- LIBRO PRIMERO. — CAP. V 27 ma la distancia que hay de ellas a lo que en este estado se da, que es puramente transformación en Dios. Que por eso Nues- tro Señor enseñándonos este camino, dijo por San Lucas: Qui non rcnuntiat ómnibus quae possidcí, non potest mcus essc disci- pulus (1). Quiere decir: El que no renuncia todas las cosas que con la voluntad posee, no puede ser mi discípulo. Y esto está cla- ro; porque la doctrina que el Hijo de Dios. vino a enseñar (2), fué el menosprecio de todas las cosas para poder recibir el pre- cio del espíritu de Dios en si. Porque en tanto que de ellas no se deshiciere el alma, no tiene capacidad para recibir el espí- ritu de Dios en pura transformación.
3. De esto tenemos figura en el Exodo, donde se lee que no dió Dios el manjar del cielo (3), que era el maná, a los hijos de Israel, hasta que les faltó la harina que ellos habian traído de Egipto. Dando por esto a entender, que primero conviene renunciar a todas las cosas, porque este manjar de ángeles no con- viene al paladar que quiere tornar sabor en el de los hombres. Y no solamente se hace incapaz del espíritu divino el alma que se detiene y apacienta (4) en otros extraños gustos, más aun eno- jan mucho a la Majestad Divina los que, pretendiendo el man- jar de espíritu, no se contentan con solo Dios, sino que quieren entremeter el apetito y afición de otras cosas. Lo cual también se echa de ver en este mismo libro de la Sagrada Escritura (5), donde también se dice, que no se contentando ellos con aquel manjar tan sencillo, apetecieron y pidieron manjar de carne (6).
sión y copia de autoridades defiende a! Santo el P. Nicolás de Jesús María, teólogo muy aventajado de nuestro famoso Colegio Salmanticense en su Elacidatio. parte 2», cap. 1, págs. 125-140. donde prueba con sobra de doctrina la conformidad de la pro- posición del Santo con los Padres de la Iglesia, teólogos y místicos más autorizados. Poca necesidad de defensa tiene proposición tan clara. Con leer los últimos libros de la Subida del Monte Carmelo y ver en ellos los daños que causan al entendimiento, memoria y voluntad los mismos favores sobrenaturales si se abusa de ellos, o no se los administra discretamente, se habrían ahorrado la perdida de tiempo en buscar nie- blas de error en donde no hay más que transparencias de doctrina clásica en acha- ques de perfección cristiana. ¿Quién duda que podemos abusar de las cosas sobrena- turales y con el abuso impedir la unión del alma con Dios7 1 Luc. XIV, 33.
3 E. p.: Que no dió la Majestad de Dios el manjar del cielo.
5 E. p.: se echa de ver en la misma Escritura.
6 Núm.. XI. 4.
28 SUBIDA DEL MONTE CARMELO