SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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252 SUBIDA DEL MONTE CARMELO las demás operaciones de las demás potencias. De donde, si la memoria se aniquila en ellas, el demonio no puede nada; porque nada halla de donde asir, y sin nada nada puede.

2. Yo quisiera que los espirituales acabasen bien de echar de ver cuántos daños les hacen los demonios en las almas por medio de la memoria, cuando se dan mucho a usar de ella, cuán- tas tristezas y aflicciones y gozos malos vanos (1) los hacen tener, así acerca de lo que piensan en Dios, como de las cosas del mundo, y cuántas impurezas les dejan arraigadas en el es- espiritu (2), y haciéndolos también grandemente distraer del su- mo recogimiento, que consiste en poner toda el alma, según sus potencias, en sólo el bien incomprehensible, y quitarla de to- das las cosas aprehensibles, porque no son bien incompre- hensible; lo cual (3) (aunque no se siguiera tanto bien de este vacio como es ponerse en Dios), por sólo ser causa de librarse de muchas penas, aflicciones y tristezas, allende de las imperfecciones y pecados de que se libra, es grande bien.

CAPITULO V DEL TERCERO DAÑO QUE SE LE SIGUE AL ALMA POR VIA DE LAS NO- TICIAS DISTINTAS NATURALES DE LA MEMORIA.

1. El daño tercero que se sigue al alma por vía de \t.s aprehensiones naturales de la memoria, es privativo; porque la pueden impedir el bien moral, y privar del espiritual. Y pa- ra decir primero cómo estas aprehensiones impiden al alma el bien moral, es de saber, que el bien moral consiste en la rienda de las pasiones y freno de los apetitos desordenados, de lo cual se sigue en el alma tranquilidad, paz y sosiego, y vir- tudes morales, que es el bien moral. Esta rienda y freno no la puede tener de veras el alma no olvidando y apartando las 1 La e. p.: gozos vanos.

2 En el C. de Ale. faltan las siguientes palabras que se leen en A, B. C. D (P no copia este capitulo) y e. p.: y cuantas impurezas les dejan arraigadas en el espíritu.

3 La e. p. suprime: porque no son bien incomprehensible, lo cual.

LIBRO TERCERO. — CAP. V 253 cosas de sí, de donde le nacen las aficiones; y nunca le nacen al alma turbaciones sino es de las aprehensiones de la me- moria. Porque, olvidadas todas las cosas, no hay cosa que per- turbe la paz, ni que mueva los apetitos; pues, como dicen, lo que que el ojo no ve, el corazón no lo desea.

2 Y de esto, cada momento sacamos experiencia; pues vemos que, cada vez que el alma se pone a pensar alguna cosa, queda movida y alterada, o en poco, o en mucho, acerca de aquella cosa, según es la aprehensión: si pesada y molesta, saca tristeza; si agradable, saca apetito y gozo, etc. (1). De donde por fuerza ha de salir después turbación en la mu- danza de aquella aprehensión; y asi ahora tiene gozos, ahora tristezas, ahora odio, ahora amor, y no puede perseverar siem- pre de una manera (que es el efecto de la tranquilidad moral), sino es cuando procura olvidar todas las cosas. Luego claro está que las noticias impiden mucho en el alma el bien de las virtudes morales.

3. Y que también la memoria embarazada impida el bien espiritual (2), claramente se prueba por lo dicho; porque el alma alterada, que no tiene fundamento de bien moral, no es capaz, en cuanto tal, del espiritual, el cual no se imprime sino en el alma moderada y puesta en paz. Y allende de esto, si el alma hace presa y caso de las aprehensiones de la memoria, como quiera que el alma (3) no puede advertir más que a una cosa, si se emplea en cosas aprehensibles, como son las noti- cias de la memoria, no es posible que esté libre para lo in- comprensible, que es Dios. Porque para que el alma vaya a Dios, antes ha de ir no comprendiendo que comprendiendo; hase de trocar lo conmutable y comprensible, por lo inconmu- table e incomprensible.

1 La e. p.: saca tristeza u odio; si agradable, saca gozo y deseo.

2 La e. de 1630: bien místico o espiritual.

3 El alma. Faltan estas palabras en la e. p.

254 SUBIDA DEL MONTE CARMELO CAPITULO VI Uh LOS PROVECHOS QUE SE SIGUEN AI. ALMA EN I.L OLVIDO Y VACIO DE TODOS LOS PENSAMIEN TOS Y NOTICIAS QUE ACERCA DE LA MEMORIA NATURALMENTE PUEDE TENER.

1. Por los daños que habernos dicho que al alma tocan por las aprehensiones de la memoria, podernos también colegir los provechos a ellos contrarios, que se le siguen del olvido y vacío de ellas. Pues, según dicen los naturales, la misma doctrina que sirve para un contrario, sirve también para el otro. Porque, cuanto a lo primero, goza de tranquilidad y paz de animo; pues carece de la turbación y alteración que nacen de los pensamientos y noticias de la memoria; y, por el consi- guiente, de pureza de conciencia y de alma, que es más. Y en esto tiene gran disposición para la sabiduría humana y divi- na, y virtudes.

2. Cuanto a lo segundo, líbrase de muchas sugestiones, ten- taciones y movimientos del demonio, que él por medio de los pensamientos y noticias ingiere en el alma, y la hace caer en muchas impurezas y pecados (1), según dice David, diciendo: Pensaron y hablaron maldad (2). Y asi, quitados los pensa- mientos de en medio, no tiene el demonio con qué combatir al espíritu naturalmente (3).

5. Cuanto a lo tercero, tiene en sí el alma, mediante este olvido y recogimiento de todas las cosas, disposición para ser movida del Espíritu Santo y enseñada por él, el cual, como dice el Sabio, se aparta de los pensamientos que son fuera de razón (4). Pero aunque otro provecho no se siguiese al hom- bre, que las penas y turbaciones de que se libra por este olvido 1 Asi el C. de Ale. C y D — A, B y e. p.: y le hace caer por lo menos en muchas impurezas, y. como habernos dicho, en pecados.

2 Ps. LXXII, 8. E. p.: hallaron maldad.

3 Naturalmente. Falta esta palabra en la e. p.

4 Sap., I. 5.

LIBRO TERCERO —CAP. VI 255 y vacío de la memoria, era grande ganancia y bien para él. Pues que las penas y turbaciones que de las cosas y casos adversos en el alma se crian, de nada sirven ni aprovechan (1) pa- ra la bonanza de los mismos casos y cosas (2); antes de ordinario, no sólo a éstos, sino a la misma alma dañan. Por lo cual dijo David: De verdad vanamente se conturba todo hombre (3). Porque claro está que siempre es vano el contur- barse, pues nunca sirve para provecho alguno. Y así, aunque todo se acabe y se hunda, y todas las cosas sucedan al revés y ad- versas, vano es el turbarse; pues por eso, antes se dañan más que se remedian. Y llevarlo todo con igualdad tranquila y pací- fica, no sólo aprovecha al alma para muchos bienes; sino tam- bién para que en esas mismas adversidades se acierte mejor a juzgar de ellas y ponerles remedio conveniente.

4. De donde conociendo bien Salomón el daño y prove- cho de esto, dijo: Conocí que no había cosa mejor para el hombre que alegrarse y hacer bien en su vida (4). Donde da a entender, que en todos los casos, por adversos que sean, antes nos habernos de alegrar que turbar, por no perder el mayor bien que toda la prosperidad, que es la tranquilidad del ánimo y paz en todas las cosas adversas y prósperas, llevándolas todas de una manera. La cual el hombre nunca perdería, si no solo se olvidase de las noticias y dejase pensamientos, pero aun se apartase de oir, y ver, y tratar, cuanto en sí fuese. Pues que nuestro ser es tan fácil y deleznable, que aunque esté bien ejer- citado, apenas dejará de tropezar con la memoria en cosas que turben y alteren el ánimo que estaba en paz y tranquilidad no se acordando de cosas. Que por eso dijo Jeremías: Con memoria me acordaré, y mi alma en mí desfallecerá con dolor (5).

1 Palta esta palabra en la e. p.

2 Y cosas. Tampoco las trae la e. p.

3 Ps. XXXVIII. 7.

4 Eccles., III, 12.

5 Thren., III, 20.

256 SUBIDA DEL MONTE CARMELO CAPITULO VII EN OLE SE TRATA DEL SEGUNDO GENERO DE APREHENSIONES DE LA ME- MORIA, QUE SON IMAGINARIAS V NOTICIAS SOHk! NATURALES.

1. Aunque en el primer género de aprehensiones naturales habernos dado doctrina también para las imaginarias, que son naturales, convenía hacer esta división por amor de otras for- mas y noticias que guarda la memoria en sí, que son de co- sas sobrenaturales, así como de visiones, revelaciones, locucio- nes y sentimientos por vía sobrenatural. De las cuales cosas, cuando han pasado por el alma, se suele quedar imagen, forma y figura o noticia impresa, ahora en el alma, ahora en la memoria o fantasía, a veces muy viva y eficazmente. Acerca de lo cual es también menester dar aviso, porque la memoria no se embarace con ellas y le sean impedimento para la unión de Dios en esperanza pura y entera.

2. Y digo que el alma, para conseguir este bien, nun- ca sobre las cosas claras y distintas que por ella hayan pa- sado por vía sobrenatural ha de hacer reflexión para conservar en si las formas y figuras u noticias de aquellas cosas; porque siempre habernos de llevar este presupuesto: que cuanto el alma más presa hace en alguna aprehensión natural o sobrenatural distinta y clara, menos capacidad y disposición tiene en si para entrar en el abismo de la fe, donde todo lo demás se absorbe. Porque, como queda dicho, ningunas formas ni noticias sobre- naturales que pueden caer en la memoria, son Dios ( 1 ); y de todo lo que no es Dios se ha de vaciar el alma para ir a Dios Luego también la memoria de todas estas formas y noticias se ha de deshacer para unirse con Dios en esperanza (2). Pof-qae— toda posesión es esotra esperanza-, lo -eual^omo dice 1 La e. p. añade a los Códices ni tienen proporción con Dios, ni pueden ser próximo medio para su unión.

2 La e. p. Umrze con Dios en una manera de esperanza perfecta y mística.

LIBRO TERCERO— CAP. VII 257 en eoporonaa. Porque toda posesión es contra esperanza, la cual, como dice San Pablo, es de lo que no se posee (1) De donde, cuanto más la memoria se desposee, tanto más tie- ne de esperanza; y cuanto más de esperanza tiene, tanto más tiene de unión de Dios; porque acerca de Dios, cuanto más espera el alma, tanto más alcanza. Y entonces espera más, cuan- do se desposee más; y cuando se hubiere desposeído perfec- tamente, perfectamente quedará con la posesión de Dios (2) en unión divina. Mas hay muchos que no quieren carecer de la dulzura y del sabor de la memoria en las noticias, y por eso no vienen a la suma posesión y entera dulzura. Porque el que no renuncia todo lo que posee, no puede ser su discípulo (3).

CAPITULO VIII DE LOS DAÑOS QUE LAS NOTICIAS DE COSAS SO BREN A TUR AL US PUE- DEN HACER AL /'.L.MA, SI HACE REFLEXION SOBRE ELLAS. — DICi- CUANTOS SEAN (4).

1. A cinco géneros de daños se aventura el espiritual, si hace presa y reflexión sobre estas noticias y formas que se le imprimen de las cosas que pasan por él por vía sobrenatural.

2. El primero es que muchas veces se engaña teniendo lo uno por lo otro. El segundo es que está cerca y en ocasión de caer en alguna presunción o vanidad. El tercero es que el demonio tiene mucha mano para le engañar por medio de las dichas aprehensiones. El cuarto es que le impide la unión en esperanza con Dios. El quinto es que, por la mayor parte, juzga de Dios bajamente.

3. Cuanto al primer género, está claro que si el espiritual hace presa y reflexión sobre las dichas noticias y formas, se ha 1 Ad Hebr.. XI. 1.

2 La e. p. añade: Que en esta vida se puede tener.

3 Luc. XIV. 33. La e. p.: discípulo de Cristo.

17 258 SUBIDA DEL MONTE CARMELO de engañar muchas veces acerca de su juicio; porque, como ninguno cumplidamente puede saber las cosas que naturalmente pasan por su imaginación, ni tener entero y cierto juicio sobre ellas, mucho menos podrá tenerle acerca de las sobrenatura- les, que son sobre nuestra capacidad, y que raras veces acae- cen. De donde, muchas veces, pensará que son las cosas de Dios, y no será sino su fantasía; y muchas, que lo que es de Dios pensará que es del demonio, y lo que es del demonio, que es de Dios. Y muy muchas veces se le quedarán formas y noti- cias muy asentadas de bienes y males ajenos, o propios, y otras figuras que se le representaron, y las tendrá por muy ciertas y verdaderas, y no lo serán, sino muy gran falsedad. Y otras serán verdaderas, y las juzgará por falsas, aunque esto por más seguro lo tengo, porque suele nacer de humildad.

4. Y ya que no se engañe en la verdad, podráse engañar en la cuantidad o cualidad (1), pensando que lo que es poco, es mucho; y lo que es mucho, poco. Y acerca de la cualidad, te- niendo lo que tiene en su imaginación por tal o tal cosa, y no será sino tal o tal; poniendo, como dice Isaías, las tinieblas por luz, y la luz por tinieblas, y lo amargo por dulce, y lo dulce por amargo (2). Y, finalmente, ya que acierte en lo uno, maravilla será no errar acerca de lo otro; el cual, aunque no quiera aplicar el juicio para juzgarlo, basta que le aplique en hacer caso, para que, a lo menos pasivamente, se le pegue (3) algún daño, ya que no en este género, será en alguno de eso- tros cuatro que luego iremos diciendo.

5. Lo que le conviene al espiritual para no caer en este daño de engañarse en su juicio, es no querer aplicar su juicio para saber qué sea lo que en sí tiene y siente, o qué será tal o tal visión, noticia o sentimiento, ni tenga gana de saberlo, ni haga caso (4); sino sólo para decirlo al padre espiritual, 1 Calidad y estimación de las cosas, dice la e. p.

2 Isa:., V. 20.

3 Y padezca, añade la e. de 1630. ■í H. p.: ni haga macho caso.

LIBRO TERCERO. — CAP. VIH 259 para que le enseñe a vaciar la memoria de aquellas aprehensio- nes (1) Pues todo cuanto ellas son en si, no le pueden ayudar al amor de Dios tanto cuanto el menor acto de fe viva y es- peranza que se hace en vacío y renunciación de todo (2).

CAPITULO IX DEL SEGUNDO GENERO DE DAÑOS, QUE ES PELIGRO DE CAER EN PRO- PIA ESTLYIACJON Y VANA PRESUNCION.

1. Las aprehensiones sobrenaturales ya dichas de la me- moria, son también a los espirituales grande ocasión para caer en alguna presunción o vanidad, si hacen caso de ellas para te- nerlas en algo (3); porque así como está muy libre de caer en este vicio el que no tiene nada de eso, pues no ve en si de qué presumir, asi, por el contrario, el que lo tiene, tiene la ocasión en la mano de pensar que ya es algo, pues tiene aquellas comunicaciones sobrenaturales. Porque aunque es verdad que lo pueden atribuir a Dios, y darle gracias teniéndose por indiy- nos (4); con todo eso, se suele quedar cierta satisfacción oculta en el espíritu, y estimación de aquello y de si, de que, sin sen- tirlo, les nace harta soberbia espiritual 2. Lo cual pueden ver ellos bien claramente en el dis- gusto que les hace y desvio con quien no les alaba su espíritu, ni les estima aquellas cosas que tienen; y la pena que les da cuando piensan o les dicen que otros tienen aquellas mismas cosas o mejores. Todo lo cual nace de secreta estimación y so- berbia, y ellos no acaban de entender que por ventura están me- tidos en ella hasta los ojos. Que piensan que basta cierta manera de conocimiento de su miseria, estando juntamente con esto llenos de oculta estimación y satisfacción de sí mismos, agradán- 1 E. p añade: O lo que en algún caso con esta misma desnudez convenga mas.

2 E p.: en i>acio de todo eso.

i La e. p o las tienen en algo. 1 E. p.. sintiéndose por indigno.

260 SUBIDA DEL MONTE CARMELO dose más de su espiritu y bienes espirituales (1), que del aje- no; como el Fariseo que daba gracias a Dios que no era como los otros hombres, y que tenia tales y tales virtudes, en lo cual tenia satisfacción de si y presunción (2) Los cuales, aunque formalmente no lo digan como éste, lo tienen habitualmente en el espíritu. Y aun algunos llegan a ser tan soberbios, que son peores que el demonio Que como ellos ven en sí algunas aprehensiones y sentimientos devotos y suaves de Dios, a su parecei, ya se satisfacen de manera que piensan están muy cerca de Dios; y aún que los que no tienen aquello están muy bajos, y los desestiman como el Fariseo (3).

3. Para huir este pestífero daño, a los ojos de Dios abo- rrecible, han de considerar dos cosas. La primera, que la vir- tud no está en las aprehensiones y sentimientos de Dios, por su- bidos que sean, ni en nada de lo que a este talle pueden sentir en si; sino, por el contrario, está en lo que no sienten en sí, que es en mucha humildad y desprecio de si y de todas sus cosas, muy formado y sensible en el alma, y gustar de que los demás sientan de él aquello mismo, no queriendo valer nada en el corazón ajeno.

¿I. Lo "2gundo, ha menester advertir que todas las visio- nes, revelaciones y sentimientos del cielo, y cuanto más ellos quisieren pensar, no valen tanto como el menor acto de humil- dad; la cual tiene los efectos de la caridad, que no estima sus cosas ni las procura, ni piensa mal sino de sí; y de si ningún bien piensa, sino de los demás. Pues, según esto, conviene que no les hinchan el ojo estas aprehensiones sobrenaturales, sino que las procuren olvidar para quedar libres 1 Esta palabra no se lee en la e. p.

2 Luc. XVIII, 11-12.

LIBHO TERCERO. — CAP. X 261 CAPITULO X DEL TERCER DAÑO QUE SK LE PUEDE SEGUIR AL ALMA DE PARTE DEL DEMONIO POR LAS APREHENSIONES IMAGINARIAS DE LA ME- MORIA.

1. Por todo ( 1 ) lo que queda dicho arriba, se colige y entiende bien cuánto daño se le puede seguir al alma por via de estas aprehensiones sobrenaturales, de parte del demonio; pues no solamente puede representar en la memoria y fantasía muchas noticias y formas falsas, que parezcan verdaderas y buenas, imprimiéndolas en el espíritu y sentido con mucha efi- cacia y certificación por sugcstiuii (de manera que le parezca al alma que no hay otra cosa, sino que aquello es así como se le asienta; porque, como se transfigura en ángel de luz, pa- récete al alma luz}; ^ino también en las verdaderas que son de parte de -Dios, puede tentarla de muchas maneras, movién- dole (2) los apetitos y afectos, ahora espirituales, ahora sen- sitivos, desordenadamente acerca de ellas; porque si el alma guste de las tales aprehensiones, esle muy fácil al demonio ha- cerle crecer {3) los apetitos y afectos, y caer en gula espiritual y otros daños.

2. Y para hacer esto mejor, suele él sugerir y poner gusto, sabor y deleite en el sentido acerca de las mismas cosas de Dios, para que el alma, enmelada y encandilada en aquel sabor, se vaya cegando con aquel gusto, y poniendo los ojos más en el sabor que en el amor (a lo menos, ya no tanto en el amor), y que haga más caso de la aprehensión que de la desnudez y vacío que hay en la fe y esperanza y amor de Dios. Y de aquí vaya poco a poco engañándola y haciéndola creer sus fal- sedades con gran facilidad. Porque al alma ciega, ya la false- 1 E. p.: De todo.

3 Creer, leemos en A y B y en muchas ediciones, no en la e. p.

262 SUBIDA DEL MONTE CARMELO dad no le parece falsedad, y lo malo no le parece malo, etc.; por- que le parecen las tinieblas luz, y la luz tinieblas, y de ahi viene a dar en mil disparates (1), asi acerca de lo natural, como de lo moral, como también de lo espiritual; y ya lo que era vino, se le volvió vinagre. Todo lo cual le viene, porque al principio no fue negando el gusto de aquellas cosas sobrenaturales;' del cual, como al principio es poco, o no es tan malo, no se recata tanto el alma, y déjale estar, y crece (2) como el grano de mostaza en árbol grande. Porque pequeño yerro, como dicen, en el principio, grande es en el fin.

3. Por tanto, para huir este daño grande del demonio (3), conviene mucho al alma no querer gustar de las tales cosas, porque certísimamente irá cegándose en el tal gusto y cayendo. Porque el gusto y deleite y sabor, sin que en ello ayude el de- monio (4), de su misma cosecha ciegan (5) el alma. Y asi lo dió David a entender cuando dijo: Por ventura én mis de- leites me cegarán las tinieblas, y tendré la noche por mi luz (6).

CAPITULO XI CAPITULO XI DHL CUARTO DAÑO QUE SE LE SIGUE AL ALMA DE LAS APREHEN- SIONES SOBRENATURALES DISTINTAS DE LA MEMORIA, QUE ES IMPEDIRLE LA UNION.

1. De este cuarto daño no hay mucho que decir, por cuanto (7) está ya declarado a cada paso en este tercero libro, en que habernos probado cómo para que el alma se venga a unir con Dios en esperanza, ha de renunciar toda posesión de la me- memoria; pues que para que la esperanza sea entera de Dios, nada ha de haber en la memoria que no sea Dios. Y, como también 1 La t. p añade: y ya lo que era vino se volvió vinagre, omitiendo estas pala- bras un poco más abajo.

2 Crece, dicen los manuscritos. La e. p.: crecer.

3 E. p.: que del demonio puede venir.

4 Omite la e. p. las palabras: sin que en ello ayude el demonio.

6 Ps. CXXXVHI, 11.

LIBRO TERCERO. — CAP. XI 263 habernos dicho, ninguna forma, ni figura, ni imagen, ni otra no- ticia que pueda caer en la memoria sea Dios, ni semejante 8 él, ahora celestial, ahora terrena (1), natural o sobrenatural, según enseña David, diciendo: Señor, en los dioses ninguno hay semejante a Ti (2).

2. De aquí es que, si la memoria quiere hacer alguna pre- sa de algo de esto, se impide para Dios; lo uno porque se em- baraza, y lo otro, porque mientras más tiene de posesión, tanto menos tiene de esperanza (3). Luego necesario le es al alma quedarse desnuda y olvidada de formas y noticias distintas de cosas sobrenaturales, para no impedir la unión según la memoria en esperanza perfecta con Dios.

CAPÍTULO XII DEL QUINTO DAÍJO QUE AL ALMA SE LE PUEDE SEGUIR EN LAS FOR- MAS Y APREHENSIONES IMAGINARIAS SOBRENATURALES, QUE ES JUZGAR DE DIOS BAJA E IMPROPIAMENTE.

1. No le es al alma menor (4) el quinto daño que se le sigue de querer retener en la memoria e imaginativa las dichas formas e imágenes de las cosas que sobrenaturalmente se le co- munican, mayormente si las quiere tomar por medio para la di- vina unión. Porque es cosa muy fácil juzgar del ser y alteza de Dios menos digna y altamente de lo que conviene a su in- comprensibilidad, porque aunque con la razón y juicio no ha- ga expreso concepto de que Dios será semejante a algo de aquello, todavía la misma estimación de aquellas aprehensiones, si, en fin, las estima, hace y causa en el alma (5) un no estimar y sentir de Dios tan altamente como enseña la fe, que nos dice ser incomparable e incomprensible, etc. Porque demás 1 La e. p. omite: ahora celestial ahora terrena.

2 Ps. LXXXV. 8.

3 E. p.: tanto tiene menos de perfección de esperanza, i E. p.. No es menor al alma.

5 E. p. abrevia: de aquellas aprehensiones hacen en el alma.

264 SUBIDA DEL MONTE CARMELO (ic que todo lo que aquí el alma pone en la criatura, quita de Dios, naturalmente se hace en el interior do ella, por medid de la estimación de aquella^ cosas aprehcnsibles, cierta compara- ción de ellas a Dios, que no deja juzgar ni estimar de Dios tan altamente como debe. Porque, las criaturas, ahora terre- nas, ahora celestiales, y todas las noticias e imágenes (1) dis- distintas naturales \\ sobrenaturales que pueden caer en las potencias del alma, por altas que sean ellas en esta vida, ninguna comparación.ni proporción tienen con el ser de Dios, por cuanto Dios no cae debajo de género ni especie; y ellas sí. como dicen los teólogos (2). Y el alma en esta vida no es capaz de recibir clara y distintamente, sino lo que cae debajo de genero y especie. Que por eso dice San Juan, que ninguno ja- mas vió a Dios (3). E Isaías, que no subió en corazón de hom- bre, cómo sea Dios (4). Y Dios dijo a Moisés, que no le po- día ver en este estado de vida (5). Por tanto, el que embaraza la memoria y las demás potencias del alma con lo que ellas pueden comprender, no puede estimar a Dios ni sentir de El como debe.

2. Pongamos una baja comparación. Claro está que cuanto más uno pusiese los ojos (6) en los criados del rey, y más reparase en ellos, menos caso hacía del rey, y en tanto menos le estimaba; porque aunque el aprecio no esté formal y distinta- mente en el entendimiento, estálo en la obra, pues cuanto más pone en los criados, tanto más quita de su señor; y entonces no juzgaba éste del rey muy altamente, pues los criados le pa- recen algo delante del rey, su señor. Así acaece al alma para con su Dios, cuando hace caso de las dichas criaturas (7). Aunque esta comparación es muy baja, porque, como habernos dicho, Dios es de otro ser que sus criaturas, en que infinitamente dista 2 Faltan en la c. p. la-» palabras y ellas si. como dteen los teólogos.

3 Joan..!. 18.

4 Isai. LXIV. 4 5 Exod.. XXXIII. 20.

6 E. p. añade: de la estimación.

LIBRO T I R CERO. — CAP. XII 265 de todas ellas. Por lanto, todas ellas han de quedar perdida:, de vista, y en ninguna lorma de ellas ha de poner el hIhui los ojos, para poderlos poner en Dios por fe y esperanza (I) 3. De donde los que no solamente 1 tacen caso de las di- chas aprehensiones imaginarias, sino que piensan que Dios.sera semejante a alquila de ellas, y que por clla.> podrán ir a unión de Dios, ya éstos ¡ierran mucho, y siempre irán perdiendo la luz de la fe (2) en el entendimiento, por medio de la cual esta potencia se une con Dios, y también no crecerán en la alteza de la esperanza, por medio de la cual, la memoria se une con Dios en esperanza (3), lo cual ha de ser desuniéndole de todo lo imaginario.

CAPITULO XIII DE LOS PROVECHOS Clip. SACA EL ALMA LN AI'AKTAR DE SI LAS B PRE- HENSIONES DF. LA IMAGINATIVA, Y RESPONDE A CIERTA OBJE- CION Y DECLARA UNA DIFERENCIA QUE HAY ENTRE LAS APREHEN- SIONES IMAGINARIAS, NATURALES Y SOBRENATURALES (4).

1. Los provechos que hay en vaciar la imaginativa de las formas imaginarias, bien se echan de ver por los cinco da- ños, ya dichos, que le causan al alma si las quiere tener en sí, como también dijimos de las formas naturales. Pero, de- más de éstos, hay otros provechos de harto descanso y quietud p ira el espíritu Porque, dejado que naturalmente la tiene, cuan- do está libre de imágenes y formas, está libre también del cui- dado de si son buenas o malas, y de como se ha de haber en las unas y cómo en las otras, y del trabajo y tiempo que habia de gastar en los maestros espirituales, queriendo que se las averigüen si son buenas o malas, o si de este género o del otro; lo cual no ha menester querer saber, pues de nin- 2 E. p.: y no se aprovechan tanto de la lu: de la fe.

3 En esperanza. Faltan estas palabras en la e. p.

4 Asi el C. de Ale. y la e. p. Los demás sólo dicen: De los provechos que saca el alma en apartar de si las aprehensiones de la imaginativa.

266 SUBIDA DEL MONTE CARMELO guna ha de hacer caso (1). Y así, el tiempo y caudal del alma que había de gastar en esto y entender con ellas (2), lo puede emplear en otro mejor y más provechoso ejercicio, que es el de la voluntad para con Dios, y en cuidar de buscar la desnudez y pobreza espiritual y sensitiva, que consiste en querer de ve- ras carecer de todo arrimo consolatorio y aprehensivo, así in- terior, como exterior. Lo cual se ejercita bien, queriendo y pro- curando desarrimarse de estas formas, pues que de ahí se le siguirá un tan gran provecho como es allegarse a Dios (que no tiene imagen ni forma, ni figura), tanto cuanto más se ena- jenare de todas formas, imágenes y figuras imaginarias (3).