SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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2. Pero dirás, por ventura, que ¿por qué muchos espiri- tuales dan por consejo que se procuren aprovechar las almas de las comunicaciones y sentimientos de Dios, y que quieran reci- bir de él, paTa tener qué darle; pues si él no nos dá, no le daremos nada? Y que San Pablo dice: No quéráis apagar el es- píritu (4). Y el Esposo a la Esposa: Ponme como señuelo (5) sobre tu corazón, como señuelo sobre tu brazo (6). Lo cual ya es alguna aprehensión. Todo lo cual, según la doctrina arri- ba dicha, no sólo no se ha de procurar, mas, aunque Dios lo envié, se ha de desechar y desviar. Y que claro está que, pues Dios lo da, para bien lo da y buen efecto hará. Que no habernos de arrojar las* margaritas a mal. Y aun es género de soberbia no querer admitir las cosas de Dios, como que sin ellas, por nosotros mismos, nos podremos valer.

3. Para satisfacción de esta objeción, es menester advertir lo que dijimos en el capitulo quince y dieciséis del segundo li- bro (7), donde se responde en mucha parte a esta duda. Porque allí dijimos que el bien que redunda en el alma de las aprehen- siones sobrenaturales, cuando son de buena parte, pasivamente se 1 E. p.: pues de ninguna ha de hacer pie, sino negarlas en el sentido dicho.

2 Suprime la c. p.: y entender con ellas. 1 E. p. omite esta ultima palabra.

4 IThes., IV.

5 Asi Ale, B y C. — D y p: señal. E. p.: sello. En la linea siguiente hace lo propio.

6 Cant.. VIII, 6.

7 Mejor dicho, en el XVI y XVII.

LIBRO TERCERO. — CAP. XIII 267 obra en el alma en aquel mismo instante que (1) se represenlan al sentido, sin que las potencias de suyo hayan alguna opera- ción De donde no es menester que la voluntad haga acto de admitirlas; poique, como también habernos dicho, si el alma entonces quiere obrar con sus potencias (2), antes con su operación baja natural impediría lo sobrenatural que ñor medio de estas aprehensiones obra Dios entonces en elln que sacase algún provecho de su ejercicio de obra. Sino que asi co- mo se le da al alma pasivamente el espíritu de aquellas aprehen- siones imaginarias, así pasivamente se ha de haber en ellas el alma, sin poner sus acciones interiores o exteriores en nada (5). Y esto es guardar los sentimientos de Dios; porque de esta manera no los pierde por su manera baja de obrar. Y esto es también no apagar el espíritu; porque apagarle hia si el alma se quisiese haber de otra manera que Dios la lleva. Lo cual haria, si dándole Dios el espíritu pasivamente, como hace en estas aprehensiones, ella entonces se quisiese haber en ellas ac- tivamente obrando (4) con el entendimiento (5), o queriendo algo en ellas. Y esto está claro, porque si el alma entonces quiere obrar por fuerza, no ha de ser su obra más que natural, porque de suyo no puede más; porque a la sobrenatural no se mueve ella ni se puede mover, sino muévela Dios y pónela en ello. Y asi, si entonces el alma quiere obrar de fuerza (en cuanto en si es) ha de impedir con su obra ac- tiva, la pasiva que Dios le está comunicando, que es el espíritu, porque se pone en su propia obra, que es de otro gé- 1 E. p. omite las palabras, en aquel mismo instante que.

2 E. p.: según la habilidad de sus potencias. En A y B leemos ron el favor de.

3 En el sentido arriba dicho, añade la e. p.

4 E. p.: obrando de suyo.

5 Lo que resta del párrafo se suprime en la e. p., pero lo trae la edición de 1630 en esta forma: "con el entendimiento, o queriendo algo en ellas fuera de lo que Dios la da y esto está claro, porque si el alma entonces quiere obrar por fuerza, no ha de ser su obra más que natural, o a lo sumo, aunque sea sobrenatural, muy inferior a la que Dios quiere obrar en ella, porque de suyo no puede más, pues a lo sobrenatural tan subido no se mueve ella ni se puede mover; Dios la mueve y la pone en ello, dan- do ella su consentimiento. Y asi, si entonces el alma quiere obrar de suyo, de fuerza, en cuanto en si es. ha de impedir con su obra lo que Dios le está comunicando, que es el Espíritu, porque se pone en su propia obra, que es de otro género, y más baja que la que Dios le comunica, y esto seria apagar el espíritu."

268 SUBIDA DEL MONTE CARMELO ñero y más baja que la que Dios le comunica; porque la de Dios es pasiva y sobrenatural, y la del alma activa y natural, y esto seria apagar el espíritu.

4. Que sea más baja también está claro, porque las po- tencias del alma no pueden, de suyo (1), hacer reflexión y operación, sino sobre alguna forma, figura e imagen, y esta es la corteza y accidente de la sustancia y espíritu que hay debajo de la tal corteza y accidente. La cual sustancia y espí- ritu no se une con las potencias del alma en verdadera in- teligencia y amor, sino es cuando ya cesa la operación de las potencias. Porque la pretensión y fin de la tal operación no es sino venir a recibir en el alma la sustancia entendida y amada de aquellas formas. De donde la diferencia que hay entre la operación activa y pasiva, y la ventaja, es la que hay entre lo que se está haciendo y lo que está ya hecho, que es como entre lo que se pretende conseguir y alcanzar, y entre lo que está ya alcanzado. De donde también se saca, que si el alma quie- re emplear activamente sus potencias en las tales aprehensio- nes sobrenaturales, en que, como habernos dicho, le da Dios el espíritu de ellas pasivamente, no seria menos que dejar lo hecho para volverlo a hacer, y ni gozaría lo hecho, ni con sus acciones haría nada, sino impedir a lo hecho. Porque, como decimos, no pueden llegar de suyo al espíritu que Dios daba al alma sin el ejercicio de ellas. Y así, derechamente seria apagar el espíritu que de las dichas aprehensiones imaginarias Dios infunde, si el alma hiciese caudal de ellas, y así las ha de dejar, habiéndose en ellas pasiva y negativamente (2). Por- que entonces Dios mueve al alma a mas que ella pudiera ni supiera. Que por eso dijo el Profeta: Estaré en pie sobre mi custodia y afirmaré el paso sobre mi munición, y contemplaré lo que se me dijere (3). Que es como si dijera: levantado estaré so- bre toda la guardia de mis potencias y no daré paso adelante en 1 E. p. pone: según su modo ordinario y natural.

2 E. p.: en ellas pasivamente, como decimos.

3 Hábac, II, I.

LIBRO TERCERO. -C<\P. XII!

26^ mis operaciones, y asi podré contemplar lo que se me dijere, esto es, entenderé i) gustaré lo que se me comunicare sobre- naturalmente.

5, y lo que también se aleqa del esposo, entiéndese aque- llo del amor que pide ( 1 ) a la esposa, que tiene por oficio entre Ion amados de asimüai el uno al otro en la principal p:irte de ellos (2) Y por eso dice a ella: Que Ir ponga en su corazón por señuelo (3) donde todas las suelas de amor del al- jaba vienen a dar, que son las acciones y motivos de amor; porque todas den en él estando allí por señuelo (4) de ellas; y ¡isí todas sean para él, y asi se asemeje el alma a él por las ac- ciones y movimientos de amor, ha^ta transformarse en él. Y di- ce que le ponga también como señuelo (5) en el brazo, porque en él está el ejercicio de amor, pues en él se sustenta y regala el amado.

6. Por tanto, todo lo que el alma ha de procurar en todas las aprehensiones que de i.rriba le vinieren, así imaginarias, como de otro cualquier género, no me da mas visiones que locuciones, o sentimientos o revelaciones, es, no haciendo caso de la letra y corteza (esto es, de lo que significa o representa o da a en- tender), sólo advertir en tener el amor de Dios que interior- mente le causan al alma. Y de esta manera ha de hacer caso de Jos sentimientos, no de sabor o suavidad, o figuras, sino de los sentimientos de amor que le causan. Y para sólo este efecto, bien podrá algunas veces acordarse de aquella imagen y aprehensión que le causó el amor, para poner el espíritu en mo- tivo de amor. Porque, aunque no hace después tanto efecto cuando se acuerda corno la primera vez que se comunicó, toda- vía, cuando se acuerda, se renueva el amor, y hay levanta- miento de mente en Dios, mayormente cuando es la recorda- 2 E. p. do copia en la principal parte de ellos.

3 Cant., VIH, 6. El C. de Ale, C y D: señuelo, como arriba. A y B señal. La e. p.: que en su corazón le ponga por sello.

4 Asi Ale, B, C y D — A y e. p. señal. El Códice de Pamplona omite iodo el capitulo.

270 SUBIDA DEL MONTE CARMELO ción de algunas figuras, imágenes 6 sentimientos sobrenaturales, que suelen sellarse e imprimirse en el alma, de manera que du- ran mucho tiempo, y algunas nunca se quitan del alma. Y éstas que asi se sellan en el alma, casi cada vez que el alma advierte en ellas (1) le hacen divinos efectos de amor, suavidad, luz, etc.. unas veces más, otras menos; porque para esto se las imprimie- ron. Y asi, es una grande merced a quien Dios la hace, porque es tener en sí un minero de bienes.

7. Estas figuras que hacen los tales efectos, están asen- tadas vivamente en el alma (2), que no son como las otras imágenes y formas que se conservan en la fantasía. Y así, no ha menester el alma ir a esta potencia por ellas cuando se quiere acordar, porque ve que las tiene en sí misma, como se ve la imagen en el espejo. Cuando acaeciere a alguna alma tener en sí las dichas figuras formalmente, bien podrá acordarse de ellas para el efecto de amor que dije, porque no le estorbarán para la unión de amor en fe, como no quiera embeberse en la figura, sino aprovecharse del amor, dejando luego la figura, y asi antes le ayudara.

8. Dificultosamente se puede conocer cuándo estas imá- genes están impresas en el alma, y cuándo en la fantasia (3). Porque las de la fantasía también suelen ser muy frecuentes, porque algunas personas suelen ordinariamente traer en la ima- ginación y fantasia visiones imaginarias, y con grande frecuen- cia se les representan de una manera; ahora porque tienen el órgano muy aprehensivo, y, por poco que piensan, luego se íes representa y dibuja aquella figura ordinaria en la fantasia, ahora porque se las pone el demonio; ahora, también, porque se ias pone Dios, sin que se impriman en el alma formalmente. Pero puédense conocer por los efectos; porque las que son naturales, o del demonio, aunque más se acuerden de ellas, ningún efecto hacen bueno ni renovación espiritual en el alma, sino secamente 1 E. p. casi cada vez que advierte en ellas.

2 La e. p. añade: según su memoria inteligible.

3 E. p.: caándo estas imágenes tocan derechamente * io espiritual del alma, y cuándo ion de la fantasia.

LIBRO TERCERO. — CAP. XIII 27 las miran. Aunque las que son buenas, todavía, acordándose de ellas, hacen algún efecto bueno, en aquel (1) que hizc?\ alma la primera vez. Pero las formales que se imprimen en el alma, casi siempre que advierte, le hacen algún efecto.

9. El que hubiere tenido éstas, conocerá fácilmente las unas y las otras; porque está muy clara la mucha (2) diferencia al que tiene experiencia. Sólo digo, que las que se imprimen for- malmente en el alma con duración, más raras veces acaecen Pero ahora sean éstas, ahora aquéllas, bueno le es al alma no querer comprender nada, sino a Dios por fe en esperanza Y a isótro que dice la objeción, que parece soberbia desechar estas cosas si son buenas, digo que antes es humildad prudente apro- vecharse de ellas en el mejor modo, como queda dicho, y guiar- se por lo más seguro.

CAPITULO XIV EN QUE SE TRATA DE LAS NOTICIAS ESPIRITUALES EN CUANTO PUEDEN CAER EN LA MEMORIA.

1. Las noticias espirituales pusimos por tercer género de aprehensiones de la memoria, no porque ellas pertenezcan al sentido corporal de la fantasia, como en las demás, pues no tienen imagen y forma corporal (3); pero porque también caen debajo de reminiscencia y memoria espiritual. Pues que, después de haber caído en el alma alguna de ellas, se puede, cuando quisiere, acordar de ella; y esto no por la efigie e imagen (4) que dejase la tal aprehensión en el sentido corporal, porque por ser corporal, como decimos, no tiene capacidad para formas espirituales; sino que intelectual y espiritualmente se acuerda de ella por la forma que en el alma de si dejó impresa, que también es forma c noticia, o imagen espiritual o formal, por 2 E. p.: dicha.

3 Suprime la e. p. las palabras: pues no tiene imagen y forma corporal, 4 E. p.: no por la figura y imagen.

272 SUBIDA DEL MONTE CARMELO la cual se acuerda, o por el efecto que hizo. Que por eso pongo estas aprehensiones entre las de la memoria, aunque no per- tenezcan a las de la fantasía.

2. Cuáles son estas noticias, y cómo se haya de haber en ellas el alma para ir a la unión de Dios, suficientemente está dicho en el capítulo veinticuatro ( 1 ) del libro segundo, donde las tratamos como aprehensiones del entendimiento. Véanse allí, porque allí dijimos cómo eran en dos maneras: unas increa- das (2), y otras de criaturas. Sólo lo que toca al propó- sito de cómo se ha de haber la memoria acerca de ellas para ir a la unión, digo que, como acabo de decir de las formales en el capítulo precedente (de cuyo género son también estas que son de cosas criadas), cuando le hicieren buen efecto se pue- de acordar de ellas, no para quererlas retener en sí, sino para avivar el amor y noticia de Dios. Pero si no le causa el acor- darse de ellas buen efecto, nunca quiera pasarlas por la memo- ria. Mas de las increadas (3), digo que se procure acordar las veces que pudiere, porque le harán grande efecto; pues, como allí dijimos, son toques y sentimientos de unión de Dios, que es donde vamos encaminando al alma. Y de éstos no se acuerda la memoria por alguna forma, imagen o figura que imprimiesen en el alma, porque no la tienen aquellos toques y sentimientos de unión del Criador (4); sino por el efecto que en ella hicieron de luz, amor, deleite y renovación espiritual, etc., de las cuales cada vez que se acuerda, se renueva algo de esto.

1 Es el XXVI.

3 E. p.: de las de cosas increadas.

4 Así el C. de Ale. y la e. p.-A y B: de Dios.

-IBBO TERCERO. — CAP. XV 273 CAPITULO XV EN QUE SE PONE EL MODO GENERAL COMO SE HA DE GOBERNAR EL ESPIRITUAL ACERCA DE ESTE SENTIDO.

1. Para concluir, pues, con este negocio de la memoria, se- rá bien poner aquí al lector espiritual en una razón (1) el mo- do que umversalmente ha de usar para unirse con Dios según este sentido (2). Porque, aunque en lo dicho queda bien enten- dido, todavía, resumiéndoselo aquí, lo tomará más fácilmente. Para lo cual ha de advertir que, pues lo que pretendemos es que el alma se una con Dios según la memoria en esperanza, y que lo que se espera es de lo que no se posee, y que cuanto menos se po- see de otras cosas, más capacidad hay y más habilidad para espe- rar lo que se espera, y consiguientemente más esperanza (3); y que, cuanto más cosas se poseen, menos capacidad y habilidad hay para esperar, y consiguientemente menos esperanza (4), y que, según esto, cuanto más el alma desaposesionare la memoria de formas y cosas memorables, que no son Dios (5), tanto más pondrá la memoria en Dios, y más vacía la tendrá para espe- rar de él el lleno de su memoria; lo que ha de hacer, pues, para vivir en entera y pura esperanza de Dios es, que todas las veces que le ocurrieren noticias, formas e imágenes distintas, sin hacer asiento en ellas, vuelva luego el alma a Dios en vacio de todo aquello memorable con afecto amoroso, no pensando ni mirando en aquellas cosas más de lo que le bastan las memorias de ellas para entender y hacer lo que es obligado, si ellas fueren de cosa 1 En ana rajón. Estas palabras sólo se leen en el Cód. de Ale y en la e. p.

2 E. p.: según esta potencia.

3 E. p.: más perfección de esperanza.

4 E. p.: menos perfección de esperanza.

5 E. p.: Que no son Divinidad o Dios humanado, cuya memora siempre ayuda. j/ fin como del que es verdadero camino y guía y autor de todo bien Esta adición está relacionada con la de la oáq. 247, nota primera.

11 274 SUBIDA DEL MONTE CARMELO tal. Y esto sin poner afecto ni gusto, porque no dejen efecto de sí en el alma (1). Y así, no ha de dejar el hombre de pensar y acordarse de lo que debe hacer y saber, que, como no haya aficiones de propiedad, no le harán daño. Aprovechan para esto los versillos del Monte, que están en el capitulo del primer libro (2).

3. Pero hase de advertir aquí, que no por eso conveni- mos, ni queremos convenir, en esta nuestra doctrina con la de aquellos pestíferos hofnbres, que persuadidos de la soberbia y en- vidia de Satanás, quisieron quitar de delante de los ojos de los fieles el santo y necesario uso e ínclita adoración de las imá- genes de Dios y de los santos. Antes esta nuestra doctrina es muy diferente de aquélla, porque aquí no tratamos que no haya imágenes y que no sean adoradas, como ellos; sino damos a entender la diferencia que hay de ellas a Dios, y que de tal manera pasen por lo pintado, que no impidan de ir a lo vivo, haciendo en ello más presa de la que basta para ir a lo espi- ritual. Porqüe así como es bueno y necesario el medio para el fin, como lo son las imágenes para acordarnos de Dios y de los Santos; así, cuando se toma (3) y se repara en el medio más que por solo medio, estorba e impide tanto, en su tanto, como otra cualquier cosa diferente (4); cuanto más, que en lo que yo más pongo la mano es en las imágenes y visiones sobrenatu- rales (5), acerca de las cuales acaecen muchos engaños y peli- gros. Porque acerca de la memoria y adoración y estimación de las imágenes, que naturalmente (6) la Iglesia Católica nos propone, ningún engaño ni peligro puede haber, pues en ellas no 1 E. p.: porque no dejen efecto o estorbo de ¿i en e alma.

2 Asi el C. de Ale, C y D.— A y B: en el capitulo primero. La e. p.: en el capi- tulo trece. Todo se puede conciliar. A y B pueden referirse al dibujo o gráfico que viene al frente de la edición. Por otra parte, sabido es que en el capítulo XIII del libro I habla de este Monte y de sus versículos, ampliándolos y explicando su sentido.

3 A y B: ropa.

4 La e. p. dice sólo: estorba e impide también.

5 E. p.: y visiones interiores que en el alma se forman.

6 Materialmente, lee (y. a mi Juicio, bien) el Códice B.-El de Ale. y A: natu. raímente. La e. p.: y estimación de las imágenes que nuestra madre la Iglesia...LIBRO TERCERO. — CAP. XV 275 se estima otra cosa sino lo que representan (1); ni la memo- ria de ellas dejará de hacer provecho al alma, pues aquella no se tiene sino con amor de al que representan, que, como no re- pare en ellas más que para esto (2), siempre le ayudarán a la unión de Dios, como deje volar al alma (cuando Dios la hi- ciere merced) de lo pintado a Dios vivo, en olvido de toda criatura y cosa de criatura (3).

CAPITULO XVI CAPITULO XVI EN OUE SE COMIENZA A TRATAR DE LA NOCHE OSCURA DE LA VOLUN- TAD. — PONESE LA DIVISION DE LAS AFICIONES DE LA VOLUN- TAD (4).

1. No hubiéramos hecho nada en purgar el entendimiento para fundarle en la virtud de la fe, y a la memoria (5) en la de la esperanza, si no purgásemos también la voluntad acerca de la tercera virtud que es la caridad (6), por la cual las obras hechas en fe son vivas y tienen gran valor, y sin ella no valen nada; pues, como dice San íago Sin obras de caridad, la fe es muerta ("). Y jara haber ahora de tr« r de a noche y desnudez activa de esta p cía, ra arla y orniarla en esta vil ud de la ca ídau • _ios no hallo autoridad más con- veniente que la que e »s ribe en el Deuteronomio, capitulo VI, doñee ice Moi és: Ama ás a tu Señor Dios de todo tu cora- zón, y de to a u ánima y de toda tu fortaleza 8). En la cual contiene todo lo; e el hombre spir tual debe hacer y lo que yo aqui le tengo de enseñar para que de veras llegue a a an la e. p. las palabras pues en ellas no se stima otra cosa sino lo que representan.

2 E. p.. que como se ayude de ellas para esto.

3 A y B fin del tercero bro. Los capitu os que siguen, continúan según. numeración anterior acen en líos el ro 4 Asi 1 C de Ale. y B tra ladan sólo la primera parte sumario.

5 La e. p. añade en el ido que se advirtió en capitulo sexto del segundo libro.

7 Jac IL 0. Deuter.. VI. 5.

276 SUBIDA DEL MONTE CARMEO Dios por unión de voluntad por medio de la caridad. Porque en ella se manda al hombre que todas las potencias y apetitos y operaciones y aficiones de su alma emplee en Dios, de manera que toda la habilidad y fuerza del alma no sirva más que para esto, conforme a lo que dice David, diciendo: Forütudinem meam ad te cusiodiam (1).

2. La fortaleza del alma consiste en sus potencias, pasio- nes y apetitos; todo lo cual es gobernado por la voluntad Pues cuando estas potencias, pasiones y apetitos endereza en Dios la voluntad, y las desvía de todo lo que no es Dios, en- tonces guarda la fortaleza del alma para Dios, y así viene a amar a Dios de toda su fortaleza. Y para que esto el alma pue- da hacer, trataremos aquí de purgar la voluntad de todas sus aficiones desordenadas, de donde nacen los apetitos, afectos y operaciones desordenadas (2), de donde le nace también no guardar toda su fuerza a Dios. Estas aficiones o pasiones son cuatro, es a saber: gozo, esperanza, dolor y temor. Las cuales pasiones, poniéndolas en obra de razón en orden a Dios, de manera que el alma no se goce sino de lo que es puramente honra y gloria de Dios, ni tenga esperanza de otra cosa, ni se duela sino de lo que a esto tocare, ni tema sino a solo Dios, esta claro que enderezan y guardan la fortaleza del al- ma y su habilidad para Dios. Porque cuanto más se goza- re el alma en otra cosa que en Dios, tanto menos fuertemente se empleará su gozo en Dios; y cuanto más esperare otra cosa, tanto menos esperará en Dios, y así de las demás.

3. Y para que demos más por entero doctrina de esto, iremos (como es nuestra costumbre) tratando en particular de cada una de estas cuatro pasiones y de los apetitos de la volun- tad. Porque todo el negocio para venir a unión de Dios, está en purgar la voluntad de sus aficiones y apetitos; porque así, de voluntad humana y baja, venga a ser voluntad divina, hecha una misma cosa con la voluntad de Dios.

4. Estas cuatro pasiones tanto más reinan en el alma y 1 Ps. LVHi. 10.

2 E. p. omite: de donde nacen los apetito», afectos y operaciones desordenada*.

LIBRO TERCERO. — CAP. XVI 277 la combaten, cuanto la voluntad está menos fuerte en Dios y más pendiente de criaturas. Porque entonces con mucha facilidad se goza de cosas que no merecen gozo, y espera lo que no aprovecha, y se duele de lo que, por ventura, se había de gozar, y teme donde no hay qué temer.

5. De estas aficiones nacen al alma todos los vicios e imperfecciones que tiene cuando están desenfrenadas, y también todas sus virtudes cuando están ordenadas y compuestas. Y es de saber, que al modo que una de ellas se fuere ordenando y po- niendo en razón, de ese mismo modo se pondrán todas las de- más; porque están tan aunadas y tan hermanadas entre sí estas cuatro pasiones del alma, que donde actualmente va la una, las otras también van virtualmente; y si la una se recoge actualmen- te, las otras tres virtualmente a la misma medida también se re- cogen. Porque si la voluntad se goza de alguna cosa, consiguiente- mente, a esa misma medida, la ha de esperar, y virtualmente va allí incluido el dolor y temor acerca de ella; y a la medida que de ella va quitando el gusto, va también perdiendo el temor y dolor de ella, y quitando la esperanza (1). Porque la voluntad, con estas cuatro pasiones, es significada por aquella figura que vio Ezequiel (2) de cuatro animales juntos en un cuerpo, que te- nía cuatro haces (3), y las alas del uno estaban asidas a lás del otro, y cada uno iba delante de su haz, y cuando iban ade- lante no volvían atrás (4). Y asi, de tal manera estaban asidas las plumas de cada una de estas aficiones a las de cada una de esotras, que do quiera que actualmente llevaba la una su faz, esto es, su operación, necesariamente las otras han de ca- minar virtualmente con ella; y cuando se abajare la una, como allí dice, se han de abajar todas, y cuando se elevare, se ele- varán; donde fuere tu esperanza, irá tu gozo y temor y dolor; y si se volviere, ellas se volverán, y asi de las demás.

1 La e. p. añade: al modo, aunque no es esto lo que allí se quiso significar, de aquellos cuatro animales que vio Ecequiel.

2 Ezech.. I. 8-9.

4 La e. p. y cada uno iba delante de su faz. y cuando caminaban, no volvían atrás.

278 SIEIOA DEL MONTE CARMELO 6. Donde ha^ de advertir (1) que donde quiera que fuere una pasión de éstas, irá también toda el alma y la voluntad y las demás potencias, y vivirán todas cautivas en la tal pasión, y las demás tres pasiones (2), en aquella esta- rán vivas, para afligir al alma con sus prisiones (3), y no la dejar volar a la libertad y descanso de la dulce contempla- ción y unión Que por eso te dijo Boecio, que si querías con luz clara entender la verdad, echases de tí los gozos, y la es- peranza, y temor y dolor (4). Porque en cuanto estas pasiones reinan, no dejan estar al alma con la tranquilidad y paz que se requiere para la sabiduría que natural y sobrenaturalmente pue- de recibir.

CAPITULO XVII EN QUE SE COMIENZA A TRATAR DE LA PRIMERA AFICION DE LA VO- LUNTAD.— DICESE QUE COSA ES GOZO, Y HACESE DISTINCION DE LAS COSAS DE QUE LA VOLUNTAD PUEDE GOZARSE.