SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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1. La primera de las pasiones del alma y aficiones de la voluntad es el gozo, el cual, en cuanto toca (5) a lo que de él pensamos decir, no es otra cosa que un contentamiento de la voluntad con estimación de alguna cosa que tiene por convenien- te; porque nunca la voluntad se goza, sino cuando la cosa le hace aprecio y da contento (6). Esto es cuanto al gozo activo, que es cuando el alma entiende distinta y claramente de lo que se goza, y está en su mano gozarse y no gozarse. Porque hay otro gozo pasivo, en que se puede hallar la voluntad gozan- do sin entender cosa clara y distinta (y a veces entendiéndola) de qué sea el tal gozo, no estando (7) en su mano tenerle o 2 A: g las demás tres potencias, digo pasiones.

3 La e. p. suprime, con sus prisiones.

4 Véase el texto en el cap. 21 del libro II. (Debe rectificar; el tomo de la P. L. de Migne. que es el 75).

5 E. p. suprime esta palabra.

6 E. p.: sino citando de la cosa hace aprecio y la da contento.

7 Por entonces, añade la e. p.

LIBRO TERCERO. — CAP. XVII 279 no tenerle. Y de éste trataremos después. Ahora diremos del go- zo en cuanto es activo y voluntario, de cosas distintas y claras.

2. El gozo puede nacer de seis géneros de cosas o bienes, conviene a saber: temporales, naturales, sensuales, morales, so- brenaturales y espirituales, acerca de los cuales habernos de ir por su orden poniendo la voluntad en razón, para que no em- barazada con ellos, deje de poner la fuerza de su gozo en Dios. Para todo ello conviene presuponer un fundamento, que será como un báculo en que nos habernos de ir siempre arrimando; y conviene llevarle entendido, porque es la luz por donde nos habernos de guiar y entender en esta doctrina, y en- derezar en todos estos bienes el gozo a Dios. Y es que la vo- luntad no se debe gozar sino sólo de aquello que es honra y gloria de Dios, y que la mayor honra que le podemos dar, es servirle según la perfección evangélica; y lo que es fuera de esto, es de ningún valor y provecho para el hombre.

CAPITULO XVIII CAPITULO XVIII QUE TRATA DEL GOZO ACERCA DE LOS BIENES TEMPORALES. — DICE CO- MO HA DE ENDEREZAR EL GOZO EN ELLOS A DIOS.

1. El primer género de bienes que dijimos, son los tempo- rales. Y por bienes temporales entendemos aquí riquezas, esta- dos, oficios y otras pretensiones, e hijos, parientes, casamien- tos, etc.; todas las cuales son cosas de que se puede gozar la voluntad. Pero cuán vana cosa sea gozarse los hombres de las riquezas, títulos, estados, oficios y otras cosas semejantes que suelen ellos pretender, está claro porque si por ser el hombre más rico, fuera más siervo de Dios, debiérase gozar en las riquezas; pero antes le son causa (1) que le ofenda, según lo enseña el Sabio, diciendo: Hijo, si fueres rico, no estarás li- bre de pecado (2). Que aunque es verdad que los b enes tempero antea le pueden ser causa. 2 Eccli. XI 10 280 SUBIDA DEL MONTE CARMELO porales, de suyo, necesariamente no hacen pecar, pero porque ordinariamente con flaqueza de afición se ase el corazón del hombre a ellos y falta a Dios (lo cual es pecado, porque pecado es faltar a Dios) (1), por eso dice el Sabio que no estarás librt. de pecado. Que por eso el Señor las llamó en el Evange- lio (2) espinas, para dar a entender que el que las manoseare con la voluntad, quedará herido de algún pecado (3). Y aque- lla exclamación que hace en el Evangelio (4), diciendo: Cuán dificultosamente entrarán en el reino de los cielos los que tienen riquezas, es a saber, el gozo en ellas, bien da a en- tender que no se debe el hombre gozar en las riquezas, pues a tanto peligro se pone (5). Que para apartarnos de él, dijo también David: Si abundaren las riquezas, no pongáis en ellas el corazón (6). Y no quiero traer aqui más testimonios en cosa tan clara.

2. Porque tampoco acabaría de alegar Escritura (7), y porque no acabaría de decir los males que de ellas dice Sa- lomón en el Eclesiastés; el cual como hombre, que habien- do tenido muchas riquezas y sabiendo bien lo que eran, dijo: Que todo cuanto había debajo del sol, era vanidad de vani- dades, aflicción de espíritu y vana solicitud del ánimo (8). Y que el que ama las riquezas, no sacará fruto de ellas (9). Y que las riquezas se guardan para mal de su señor (10), según se ve en el Evangelio, donde a aquel que se gozaba porque tenía guardados (11) muchos frutos para muchos años, se le dijo del cielo (12): Necio, esta noche te pedirán el alma para 1 E. p. omite: porque pecado es faltar a Dios.

2 E. p.: Jesucristo Nuestro Señor llamó a las riquezas en el Evangelio, etc.

3 Matth.. XIII, 22, y Luc, VIII. 14.

4 Asi el C. de Ale— A y B: que hace por S. Lucas, tan para temer. La e. p.. que hace por S. Mateo, tan para temer.

5 Matth.. XIX. 23. y Luc. XVIII. 24.

6 Ps. LXI, 11.

7 E. p. suprime: tampoco acabaría de alegar Escritura.

8 Eccles.. I. 14.

9 Eccles.. V, 9.

10 Eccles., V. 12.

1 1 Ganados, traslada equivocadamente el C. de Ale.

12 Luc, XII. 20.

LIBRO TERCERO— CAP. XVIII 281 que venga a cuenta, y lo que allegaste ¿cuyo sera? Y, final- mente, cómo David nos enseña lo mismo, diciendo: Que no tengamos envidia cuando nuestro vecino se enriqueciere, pues no le aprovechara nada para la otra vida; dando alli a entender, que antes le podríamos tener lástima (1).

3. Sigúese, pues, que el hombre ni se ha de gozar de las riquezas cuando el las tiene, ni cuando las tiene su hermano (2), sino si con ellas sirven a Dios. Porque si por alguna via se sufre gozarse en ellas, como se han de gozar en las riquezas (3), es cuando se expenden y emplean en servicio de Dios; pues de otra manera no sacará de ellas provecho. Y lo mismo se ha de entender de los demás bienes de titulos, oficios, etc.; en todo lo cual es vano el gozarse, si no siente en ellos sirve más a Dios y llevan más seguro el camino para la vida eterna (4). Y porque claramente no puede saber si esto es asi, que sirve más a Dios, etc., vana cosa seria gozarse de- terminadamente sobre estas cosas, porque no puede ser razo- nable el tal gozo (5). Pues, como dice el Señor: Aunque gane todo el mundo, puede uno perder su alma (6). No hay, pues, de qué se gozar, sino en si sirve más a Dios.

4. Pues sobre los hijos tampoco hay de que se gozar, ni por ser muchos, ni ricos, y adornados (7) de dones y gracias natura- les y bienes de fortuna, sino en si sirven a Dios. Pues que a Absalón, hijo de David, ni su hermosura, ni su riqueza, ni su linaje le sirvió de nada, pues no sirvió a Dios (8). Por tanto, vana cosa fué haberse gozado de lo tal. De donde también es vana cosa desear tener hijos, como hacen algunos, que hunden 2 La e. p.: de que tiene ci<¡neztn vi, ni de que las tenga su hermano.

3 Como se han de gozar en las riquezas. Sólo A y el C. de Ale. trasladan esta frase.

4 I-a redacción de estar- du:. lincas discrepan en los manuscritos, aunque todos dicen lo mismo en sustancia. Optamos por la más clara, que es la de la e. p.

5 De ellas, añade la e. p.

6 Matth., XVI, 26 — Asi los Códices. La e. p dice: aunque gane todo el mundo, poco le aprovecha al hombre, si padece detrimento en su alma.

8 II Reg.. XIV. 25.

282 SUBIDA DEL MONTE CARMELO y alborotan el mundo con deseo de ellos, pues que no saben si serán buenos y servirán a Dios; y si el contento que d2 ellos esperan será dolor; y el descanso y consuelo, trabajo y desconsuelo; y la honra, deshonra y ofender más a Dios con ellos, como hacen muchos. De los cuales dice Cristo, que cer- can la mar y la tierra para enriquecerlos y li.icerlos doblado hijos de perdición que fueron ellos (1).

5. Por tanto, aunque todas las cosas se le rían al hombre y todas sucedan prósperarriente (2), antes se debe recelar que go- zarse; pues en aquello crece la ocasión y el peligro de olvidar a Dios (3). Que por eso dice Salomón, que se recataba él diciendo en el Eclesiastés: A la risa juzgué por error, y al gozo dije: ¿por qué te engañas en vano? (4). Que es como si dijera: Cuando se me reían las cosas, tuve por error y engaño gozarme en ellas; porque grande error sin duda e insipiencia es la del hombre que se goza de lo que se le mues- tra alegre y risueño, no sabiendo de cierto que de alli se le siga algún bien eterno. El corazón del necio, dice el Sabio, está donde está la alegría; mas el del Sabio donde está la triste- za (5). Porque la alegría (6) ciega el corazón, y no le deja considerar y ponderar las cosas, y la tristeza hace abrir los ojos y mirar el provecho y daño de ellas. Y de aquí es que como también dice el mismo, es mejor la ira que la risa (7) Por tanto, mejor es ir a la casa del llanto, que a la del con- vite; porque en aquélla se muestra el fin de todos los hom- bres, como también dice el Sabio (8).

6. Pues gozarse de la mujer o del marido, cuando clara- mente no saben que sirven a Dios mejor con su casamiento, también seria vanidad. Pues antes debían tener confusión, por 1 Matth.. XXIII. 15.

2 La e. p. añade: y, como dicen, a pedir de boca.

E. legría vana. 7 Eccles., VII. 4.

les.. VII, 3 Del guíente párr fo, sólo las Itimas lineas, algo cambiadas, copia ei C. de A B v e. p trasladan inteqm LIBRO TERCERO. — CAP. XVII) 283 ser el matrimonio causa, como dice San Pablo, de que por tener cada uno puesto el corazón en el otro, no lo tengan entero con Dios. Por lo cual dice: Que si te hallases libre di- mujer, no quieras buscar mujer; pero que ya que se tenga, con- viene que sea con tanta libertad de corazón, como si no 1<i tuviese (1). Lo cual, juntamente con lo que hallemos dicho de los bienes temporales, nos enseña él por estas palabras, di- ciendo: Esto es cierto, lo que os digo, hermanos, que el tiempo es breve; lo que resta es, que los que tienen mujeres, sean como los que no las tienen; y los que lloran, como los que no llo- ran; y los que se gozan, como los que no se gozan; y los que compran, como los que no poseen; y los que usan de este mundo, como los que no le usan (2). Todo lo cual, dice para dar a entender, que poner el gozo (3) en otra cosa que en lo que toca a servir a Dios, porque lo demás es vanidad y cosa sin provecho; pues el gozo que no es según Dios, no le puede aprovechar (4).

CAPITULO XIX CAPITULO XIX DE LOS DAÑOS QUE SE LE PUEDEN SEGUIR AL ALA1A DE PONER EL GOZO EN LOS BIENES TEMPORALES.

1. Si los daños que al alma cercan por poner el afecto de la voluntad en los bienes temporales hubiésemos de decir, ni tinta ni papel bastaría, y el tiempo sería corto. Porque desde muy poco puede llegar a grandes males, y destruir grandes bienes; asi como de una centella de fuego, si no se apaga, se pueden encender grandes fuegos que abrasen al mundo. Todos estos daños tienen raiz y origen en un daño privativo principal que hay en este gozo, que es apartarse de Dios. Porque asi como 1 1 ad Cor. VII. 27 3 El C. de Ale. reanuda aquí el hilo del discurso rn esta forma, u asi no se ha de poner el gozo. etc.

4 A y B: no le puede saber bien al alma. E. p.: no le puede salir bien al alma.

284 SUBIDA DEL MONTE CARMELO allegándose a él el alma por la afición de la voluntad, de ahi le nacen lodos los bienes, asi apartándose de él por esta afi- ción de criatura, dan en ella todos los daños y males a la medida del gozo y afición con que se junta con la criatura; porque eso es el apartarse de Dios. De donde según el apar- tamiento que cada uno hiciere de Dios en más o en menos, po- drá entender ser sus daños en más o en menos, extensiva o intensivamente, y juntamente de ambas maneras, por la ma- yor parte.

2. Este daño privativo, de donde decimos que nacen los demás privativos y positivos, tiene cuatro grados, uno peor que otro. Y cuando el alma llegare al cuarto, habrá llegado a todos los males y daños que se pueden decir en este caso. Estos cua- tro grados nota muy bien Moisés en el Deuteronomio por es- tas palabras, diciendo: Empachóse el amado y dió trancos ha- cia atrás. Empachóse, engrosóse y dilatóse (1). Dejó a Dios su hacedor, y alejóse de Dios su salud (2).

5. El empacharse el alma, que era amada antes que se empachara, es engolfarse (3) en este gozo de criaturas. Y de aquí sale el primer grado de este daño, que es volver atrás; lo cual es un embotamiento de la mente acerca de Dios, que le oscurece los bienes de Dios, como la niebla oscurece el aire para que no sea bien ilustrado de la luz del sol. Porque por el mismo caso que el espiritual pone su gozo en alguna cosa, y da rienda al apetito para impertinencias, se entenebrece acerca de Dios, y anubla la sencilla inteligencia del juicio, según lo ense- ña el Espíritu Divino en el libro de la Sabiduría, diciendo: El uso y juntura (4) de la vanidad y burla oscurece los bienes, y la inconstancia del apetito transtorna y pervierte el sentido y juicio sin malicia (5). Donde da a entender el Espíritu Santo, que, aunque no haya malicia (6) concebida en el entendi- 1 E. p.: Engordó el Amado y volvió, engrosóse y dilatóse.

2 Deuter.. XXXII. 15.

3 E. p.: El engrosarse el alma, que era amida antes, es engolfarse.

4 E. p.: la falsa apariencia.

5 Sap., IV, 12.

6 E. p.: no haya precedido malicia.

LIBRO TERCERO. — CAP. XIX 285 dimiento del alma, sólo la concupiscencia y gozo de éstas basta para hacer en ella este primer grado de este daño, que es el embotamiento de la mente y la oscuridad del juicio para en- tender la verdad y juzgar bien de cada cosa como es.

4. No basta santidad y buen juicio que tenga el hom- bre para que deje de caer en este daño, si da lugar a la concu- piscencia o gozo de las cosas temporales. Que por eso dijo Dios por Moisés, avisándonos, estas palabras: No recibas dones, que hasta a los prudentes ciegan (1). Y esto era hablando parti- cularmente con los que habían de ser jueces; porque han menester tener el juicio limpio y despierto, lo cual no tendrán con la codicia y gozo de las dádivas. Y también por eso mandó Dios al mismo Moisés que pusiese por jueces a los que aborrecie- sen la avaricia, porque no se les embotase el juicio con el gus- to de las pasiones (2). Y así, dice que no solamente no la quie- ran, sino que la aborrezcan. Porque para defenderse uno perfec- tamente de la afición de amor, hase de sustentar en aborrecimiento defendiéndose con el un contrario del otro. Y asi, la causa por qué el profeta Samuel fué siempre tan recto e ilustrado juez, es porque (como él dijo en el libro de los Reyes) nunca había recibido de alguno alguna dádiva (3).

5. El segundo grado de este daño privativo sale de este primero, el cual se da a entender en aquello que se sigue de la autoridad alegada, es a saber: Empachóse, engrosóse y dilató- se (4). Y así, este segundo grado es dilatación de la voluntad ya con más libertad en las cosas temporales; lo cual consiste en no se le dar ya tanto ni penarse, ni tener ya en tanto el gozarse y gustar de los bienes criados Y esto le nació de haber primero dado rienda al gozo; porque dándole lugar, se vino a engrosar el alma en él, como dice allí, y aquella grosura de gozo y ape- tito le hizo dilatar y extender más la voluntad en las criaturas. Y esto trae consigo grandes daños. Porque este grado segundo 1 Exod.. XX1I1. 8.

2 Exod.. XVIII. 21-22.

3 I Reg.. XII. 3.

286 SUBIDA DEL MONTE CARMELO le hace apartarse de las cosas de Dios y santos ejercicios, y no gustar de ellos, porque gusta de otras cosas y va dándose a mu- chas imperfecciones e impertinencias (1) y gozos y vanos gustos 6. Y totalmente este segundo grado, cuando es consu- mado, quita al hombre los continuos ejercicios que tenía, y que todu su mente y codicia ande ya en lo secular. Y ya, los que están en este segundo grado, no salamente tienen oscuro el juicio y entendimiento para conocer las verdades y la justicia como los que están en el primero; mas aún tienen ya mucha flo- jedad y tibieza y descuido en saberlo (2) y obrarlo, según de ellos dice Isaias por estas palabras: Todos aman las dádivas y se dejan llevar de las retribuciones, y no juzgan al pupilo, y la causa de la viuda no llega a ellos para que de ella hagan ca- so (3); lo cual no acaece en ellos sin culpa, mayormente cuan- do les incumbe de oficio. Porque ya los de este grado no ca- recen de malicia como los del primero carecen Y asi, se van más apartando de la justicia y virtudes; porque van más ex- tendiendo (4) la voluntad en la afición de las criaturas. Por tanto la propiedad de los de este grado segundo es gran tibieza en las cosas espirituales, y cumplir muy mal con ellas, ejercitán- dolas más por cumplirv lento, o por fuerza, o por el uso que tienen en ellas, que por razón de amor.

7. El tercer grado de este daño privativo es dejar a Dios del todo, no curando de cumplir su ley por no faltar a las co- sas y bienes del mundo (5), dejándose caer en pecados mor- ales por Y tercer grado ¡ nota en lo s'guiendo a icha utoridad. dice: Dejó a Dios su acedor ). En ste rado se contienen todos aquellos que de tal manera tienen as potencias del alma engolfadas en las cosas del mundo y uezas y tratos (7 que no se les da 2 E. p ibi zh en saberlo.

3 Isa...I, 23.

LIBRO TERCERO. — CAP. XIX 287 nada por cumplir con lo que les obliga la ley de Dios. Y tienen grande olvido y torpeza acerca de lo que toca a su sal- vación, y tanta más viveza y sutileza acerca de las cosas del inundo. Tanto, que les llama Cristo en el Evangelio hijos de este siglo; y dice de ellos que son mas prudentes en sus trato- y agudos, que los hijos de la luz en los suyos (1). Y así, en lo de Dios no son nada, y en lo del mundo lo son todo.

Y estos propiamente son los avarientos, los cuales tienen ya tan extendido y derramado el apetito y gozo en las co- sas criadas, y tan afectadamente, que no se pueden ver hartos; sino que antes su apetito crece tanto más y su sed, cuanto ellos están más apartados de la fuente que solamente los podía har- tar, que es Dios. Porque de éstos dice el mismo Dios por Je- remías diciendo (2): Dejáronme a mi, que soy fuente de agua viva, y cavaron para si cisiernas rotas que no pueden tener aguas.

Y esto es porque en las criaturas no halla el avaro (3) con qué apagar su sed, sino con qué aumentarla. Estos son los que caen e n mil maneras de pecados por amor de los bienes tempo- rales, y son innumerables sus daños. Y de éstos, dice David: Transierunt in ajfectum coráis (4).

8. El cuarto grado de este daño privativo se nota' en lo últi- mo de nuestra autoridad, que dice: Y alejóse de Dios su salud (5) A lo cual Vienen del tercer grado que acabamos de decir. Porque de no hacer caso de poner su corazón (6) en la ley de Dios por causa de los bienes temporales, viene el alejarse mu- cho de Dios el alma del avaro, según la memoria, entendimien- to y voluntad, olvidándose de él como si no fuese su Dios, lo cual es porque ha hecho para sí dios del dinero (7) y bienes temporales, como dice San Pablo, diciendo, que la avaricia 1 Luc, XVI, 8.

2 Jerem., II. 13.

3 E. p.: avariento.

4 Ps. LXXII, 7.— Solamente la e. p trae esta autoridad en castellano. El C. de Ale, añade la palabra exponat.

5 Deut., XXXII. 15.

6 E. p. Porque de no hacer caso de no poner ju coraron.

288 SUBIDA DEL MONTE CARMELO .¿fes servidumbre de ídolos (1). Porque este cuarto grado llega hasta olvidar a Dios y poner el corazón, que formalmente de- bía poner en Dios, formalmente en el dinero, como si no tuviese otro Dios.

9. De este cuarto grado son aquellos que no dudan de ordenar las cosas divinas y sobrenaturales a las temporales como a su dios, como lo debían hacer al contrario, ordenán- dolas a ellas a Dios, si le tuvieran por su Dios, como era razón (2). De estos fué él inicuo (3) Balaán, que la gracia que Dios le había dado, vendía (4). Y también Simón Mago, que pen- saba estimarse la gracia de Dios por el dinero (5), queriéndola comprar (6). En lo cual estimaba más el dinero; pues le parecía que había quien lo estimase en más, dando la gracia por el di- nero. Y de este cuarto grado en otras muchas maneras hay mu- chos el día de hoy, que allá con sus razones, oscurecidas con la codicia en las cosas espirituales, sirven al dinero y no a Dios, y se mueven por el dinero y no por Dios, poniendo delante el pre- cio y no el divino valor y premio, haciendo de muchas mane- ras al dinero su principal dios y fin, anteponiéndole al ultimo fin, que es Dios.

10. De este último grado son también todos aquellos mi- serables, que estando tan enamorados de los bienes, los tienen tan por su dios, que no dudan de sacrificarles sus vidas cuando ven que este su dios recibe alguna mengua temporal, desespe- sandose y dándose ellos la muerte por miserables fines, mostrando ellos mismos por sus manos el desdichado galardón que de tal dios e consigue. \)ue como no hay que esperar de él, da deses- peración (7) y muerte; y a los que no persigue hasta este ul- 1 Ad Coloss.. III, 5.

2 F. p. abrevia: ordenándolas a Dios ra razón.

3 E. p: mpio.

4 Num., XXII. 7.

5 Por descuido, el C. de Ale, pasa de la palabra dinero a otra igual que viene en la linea siguiente.

6 Act. VIH 18-19.

7 Lo restante falta en el Códice de Alcaudete. Se lee en A, B y e. p.

LIBRO TERCERO.— CAP. XIX 289 timo daño de muerte, los hace vivir muriendo ( 1 ) en penas de so- licitud y otras muchas miserias, no dejando entrar alegría en su corazón, y que no les luzca bien ninguno en la tierra, pagando siempre el tributo de su corazón al dinero en tanto que pe- nan por él, allegándolo a él para la última calamidad suya de justa perdición, como lo advierte el Sabio, diciendo: Que las ri- quezas están guardadas para el mal de su señor (2).

12. Y de este cuarto grado son aquellos que dice San Pa- blo, que Tradidit illos in reprobutn sensum (3). Porque hasta estos daños trae al hombre el gozo cuando se pone en las posesiones últimamente. Mas a los que menos daño hace, es de tener harta lástima, pues, como habernos dicho, hace volver al alma muy atrás en la vía de Dios (4). Por tanto, como dice David: No temas cuando se enriqueciere el hombre; esto es, no le hayas envidia, pensando que te lleva ventaja, porque cuan- do acabare, no llevará nada, ni su gloria y gozo bajará con él (5).

CAPITULO XX DE LOS PROVECHOS QUE SE SIGUEN AL ALMA EN APARTAR EL GOZO DE LAS COSAS TEMPORALES.

1. Ha, pues, el espiritual de mirar mucho que no se le co- mience a asir el corazón y el gozo a las cosas temporales, te- miendo que de poco vendrá a mucho, creciendo de grado en gra- do. Pues de lo poco, se viene a lo mucho; y de pequeño prin- cipio, al fin es el negocio (6) grande, como una centella bas- ta para quemar un monte, y todo el mundo (7). Y nunca se 1 Asi la e. p. — A: vivir viviendo. B: morir viviendo.

2 Eccles., V 12.

3 Ad Rom. 1. 28 •4 E. p.: volver al alma mucho atrás en el camino de Utos.

5 Ps. XLVM, 18 6 Asi los Códices. La e. p. cambia acertadamente esta palabra por daño: daño grande.

7 La e. p. suprime: y todo el mundo.

IV 290 SUBIDA DEL MONTE CARMELO fie por ser pequeño el asimiento, si no le corta luego, pensando que adelante lo hará. Porque si cuando es tan poco y al prin- cipio no tiene ánimo para acabarlo, cuando sea mucho y ma:> arraigado, ¿cómo piensa y presume que podrá r Mayormente, diciendo Nuesiro Señor en el Evangelio: Que el que es infiel en lo poco, también lo sera en lo mutilo (1) Porgue el que lo poco evita, no caerá en lo mucho; mas en lo poto hay gran daño, pues está ya entrada la cerca y la muralla del corazón, y como dice el adagio: el que comienza, la mitad tiene hecho. Por lo cual, nos avisa David, diciendo: Que aunque abunden las riquezas, no les apliquemos el corazón (2).

2. Lo cual, aunque el hombre no hiciese por su Dios y por lo que le obliga la perfección cristiana, por los provechos gue temporalmente se le siguen, demás de los espirituales, habia de libertar perfectamente su corazón de todo gozo acerca de lo dicho. Pues no sólo se libra de los pestíferos daños que ha- bernos dicho en el precedente capítulo; pero, demás de eso, en quitar el gozo de los bienes temporales, adquiere virtud de li- beralidad, gue es una de las principales condiciones de Dios (3); la cual en ninguna manera se puede tener con codicia. Demás de esto, adguiere libertad de animo, claridad en la razón, sosiego, tranquilidad y confianza pacífica en Dios, y culto y obsequio verdadero de la voluntad para Dios (4). Adquiere más gozo y recreación en las criaturas con el desapropio de ellas, el cual no se puede gozar en ellas si las mira con asimiento de pro- piedad. Porgue éste es un cuidado gue, como lazo, ata al es- píritu en la tierra: y no le deja anchura de corazón. Adquiere más en el desasimiento de las cosas, clara noticia de ellas para entender bien las verdades acerca de ellas, asi natural, co- mo sobrenaturalmente. Por lo cual, las goza muy diferentemente que el que está asido a ellas, con grandes ventajas y mejorías.

Porque éste las gusta según la verdad de ellas; esotro según 1 Luc, XVI, 10.

3 Asi el C. de Ale, y la e. p. — B una de las principales virtudes de Dios, digo atributos. A. una de las principales virtudes de Dios, digo condiciones.

4 A y B; de la libertad para Dios.

LIBRO TERCERO. — CAP. XX 291 la mentira de ellas (1); éste según lo mejor; esotro según lo peor; éste según la sustancia, esotro que ase su sentido a ellas, según el accidente. Porque el sentido no puede coger ni llegar más que al accidente, y el espíritu purgado de nubes y especies de accidente penetra la verdad y valor de las cosas, porque éste es su objeto. Por lo cual el gozo anubla el juicio como niebla, porque no puede haber gozo voluntario de criatura sin propie- dad voluntaria, así como no puede haber gozo en cuanto es pa- sión, que no haya también propiedad habitual en el corazón (2), y la negación y purgación del tal gozo deja el juicio claro, como el aire los vapores cuando se deshacen.

3. Gózase, pues, éste en todas las cosas, no teniendo el gozo apropiado de ella*, como si las tuviese todas; y eso- tro, en cuanto las mira con particular aplicación de propie- dad, pierde todo el gusto de todas en general. Este, en tanto que ninguna tiene en el corazón, las tiene, como dice San Pa- blo, todas en gran libertad (3). Esotro, en tanto que tiene de ellas algo con voluntad asida, no tiene ni posee nada, antes ellas le tienen poseído (4) a él el corazón, por lo cual como cau- tivo pena. De donde cuantos gozos quiere tener en las criaturas, de necesidad ha de tener otras tantas apreturas y penas en su asido y poseído corazón. Al desasido no le molestan cuidados, ni en oración, ni fuera de ella; y así, sin perder tiempo, con facilidad hace mucha hacienda espiritual; pero a esotro todo se le suele ir en dar vueltas y revueltas sobre el lazo a que está asido y apropiado su corazón; y con diligencia aun apenas se puede libertar por poco tiempo de este lazo del pensamiento y gozo de lo que está asido (5) el corazón. Debe, pues, el espi- ritual, al primer movimiento, cuando se le va el gozo a las co- sas, reprimirle, acordándose del presupuesto que aqui llevamos,