1 Las lineas que siguen, hasta la frase Por lo cual el gozo anubla el juicio, fal- tan en el Códice de Alcaudete. Se leen en A B y la e. p.
2 E. p.: sin propiedad voluntaria, y la negación, etc.
3 II. ad Cor.. VI, 10.
4 A y B: asido.
5 E. p. Del pensamiento de aquello a que está asido etc.
292 SUBIDA DEL MONTE CARMELO que no hay cosa de que el hombre se deba gozar, sino en si sirve a Dios, y en procurar su gloria y honra en todas las cosas, enderezándolas sólo a esto, y desviándose en ellas de la vanidad, no mirando en ellas su gusto ni consuelo.
4. Hay otro provecho muy grande y principal en desasir el gozo de las criaturas, que es dejar el corazón libre pa- ra Dios, que es principio dispositivo para todas las mercedes que Dios le ha de hacer, sin la cual disposición no las hace Y son tales, que aun temporalmente por un gozo que por su amor y por la perfección del Evangelio deje, le dará ciento en esta vida (1), como en el mismo Evangelio lo promete Su Ma- jestad (2). Mas, aunque no fuese por estos intereses, sino sólo por el disgusto que a Dios se da en estos gozos de criaturas, había el espiritual de apagarlos en su alma. Pues que ve- mos en el Evangelio, que sólo porque aquel rico se gozaba porque tenía bienes para muchos años, se enojó tanto Dios, que le dijo que aquella misma noche había de ser su alma llevada a cuenta (3). De donde habernos de creer (4) que todas las veces que vanamente nos gozamos, está Dios mirando y tra- zando algún castigo y trago amargo según lo merecido, que a veces sea más de ciento tanto más (5) la pena que redunda del gozo, que lo que se gozó. Que, aunque es verdad que en aquello que dice por San Juan, en el Apocalipsi, de Babilonia diciendo: Que cuanto se había gozado y estado en deleites, le diesen de tormentos y pena (6); no es para decir que no será más que el gozo, que si será, pues por breves placeres se dan eternos tormentos; sino para dar a entender que no quedará cosa sin su castigo particular, porque el que la inútil palabra castigará, no perdonará el gozo vano.
1 A y B: le dará ciento por uno en esta vida.
2 Matth., XIX. 29.
3 Luc,. XII, 20.
4 E. p.: De donde podemos temer.
5 E. p.: siendo machas veces mayor la pena.
6 Apoc. XVIII. 7.
LIBRO TERCERO— CAP. XXI 293 CAPITULO XXI EN QUE SE TRATA COMO ES VANIDAD PONER EL GOZO DE LA VOLUN- TAD EN LOS BIENES NATURALES, Y COMO SE HA DE ENDEREZAR A DIOS POR ELLOS.
1. Por bienes naturales entendemos aquí hermosura, gra- cia, donaire, complexión corporal y todas las demás dotes cor- porales; y también en el alma, buen entendimiento, discreción, con las demás cosas que pertenecen a la razón. En todo lo cual pone el hombre el gozo, porque él, o los que a él perte- necen, tengan las tales partes, y no más, sin dar gracias a Dios que las da para ser por ellas mis conocido y amado. Sólo por eso gozarse, vanidad y engaño es, como lo dice Salomón diciendo: Engañosa es la gracia, y vana la hermosura; la que teme a Dios, esa será alabada (1). En lo cual se nos enseña, que an- tes en estos dones naturales se debe el hombre recelar, pues por ellos puede el hombre fácilmente distraerse (2) del amor de Dios, y caer en vanidad atraído de ellos, y ser engañado; que por eso dice que la gracia corporal es engañadora, porque en la via (3) al hombre engaña y le atrae a lo que no le conviene, por vano gozo y complacencia de si, o del que la tal gracia tie- ne; y que la hermosura es vana, pues que al hombre hace caer de muchas maneras cuando la estima y en ella se goza, pues sólo se debe gozar en si sirve a Dios en él, o en otros por él. Mas antes debe temer y recelarse que no sean, por ventura, causa sus dones y gracias naturales que Dios sea ofendido por ellas, por su vana presunción, o por extrema (4) afición po- niendo los ojos en ellas. Por lo cual debe tener recato y vivir con cuidado el que tuviere las tales partes, qu~ no dé causa a 1 Prov.. XXXI. JO.
2 A y B: retraerse.
3 A y B: camino.
294 SUBIDA DEL MONTE CAR/WFLO alguno por su vana ostentación, que se aparte un punto de Dios su corazón Porque estas gracias y dones de naturaleza son tan provocativas y ocasionadas, asi al que las posee, como al que las mira, que apenas hay quien se escape de algún lacillo y liga de su corazón en ellas. Donde, por este temor, ha- bernos visto que muchas personas espirituales, que tenian al- gunas partes de éstas, alcanzaron de Dios con oraciones que la;> desfigurase, por no ser causa y ocasión a sí o a otras persona^ de alguna afición o gozo vano.
2. Ha, pues, el espiritual de purgar y oscurecer su vo- luntad en este vano gozo, advirtiendo que la hermosura y to- das las demás partes naturales son tierra, y que de ahi vienen y a la tierra vuelven; y que la gracia y donaire es humo y aire de esa tierra, y que, para no caer en vanidad, lo ha de tener por tal y por tal estimarlo, y en estas cosas enderezar el corazón a Dios en gozo y alegria, de que Dios es en si todas esas hermosuras y gracias eminentisimamente, en infinito sobre todas las criaturas Y que, como dice David, todas ellas, como la vestidura, se envejecerán y pasarán, y sólo él perma- nece inmutable para siempre (1). Y por eso si en todas las cosas no enderezare a Dios su gozo, siempre será falso y engañado. Porque de este tal se entiende aquel dicho de Salo- món, que ' dice hablando con el gozo acerca de las criaturas, diciendo: Al gozo dije: ¿por qué te dejas engañar en va- no? (2). Esto es, cuando se deja atraer de las criaturas el co- razón.
1 Ps. Cí. 27 2 Ecclcs.. II. 2.
LIBRO TERCERO— CAP. XXI!
295 CAPITULO XXII Dfc LOS DAÑOS OI I- SE I.K SIGUEN AL ALMA DK PCNPR EL GOZO PE LA VOH'WTAM EN LOS BIENES NATURALES.
1. Aunque muchos de estos daños y provechos que voy contando en estos géneros de gozos, son comunes a to- dos; con todo, porque derechamente siguen al gozo y des- apropio de él (aunque el gozo sea de cualquier género de es- tas seis divisiones que voy tratando), por eso en cada una digo algunos daños y provechos, que también se hallan en la otra, por ser, como digo, anejos al gozo que anda por todas. Mas mi principal intento es decir los particulares daños y pro- vechos que acerca de cada cosa, por el gozo o no gozo de ella, se siguen al alma Los cuales llamo particulares, porque de tal manera primaria e inmediatamente se causan del tal género de gozo, que no se causan del otro, sino secundaria y mediata- mente. Ejemplo. El daño de la tibieza del espíritu, de todo y de cualquier género de gozo se causa directamente, y así este daño es a todos estos seis géneros general; pero el for- nicio (1) es daño particular, que sólo derechamente sigue al gozo de los bienes naturales que vamos diciendo.
2. Los daños, pues, espirituales y corporales que derecha y efectivamente se siguen al alma cuando pone el gozo en lo> bienes naturales, se reducen a seis daños principales. El pri- mero es vanagloria, presunción, soberbia y desestima del pró- jimo; porque no puede uno poner los ojos de la estimación (2) en una cosa, que no les quite de las demás. De lo cual se sigue, por lo menos, desestima real de las demás cosas (3); porque, naturalmente, poniendo la estimación en una cosa, se recoge el corazón de las demás cosas en aquella que estima; y de este 1 Fornicio, copian Ale. A y B. latinismo que el Santo usó, y que la e. p. tradu- ce por sensualidad.
2 La e. p. añade: demasiadamente.
3 E. p.: desestima real, y como negativa de las demás cosas.
296 SUBIDA DEL MONTE CARMELO desprecio real es muy fácil caer en el intencional y voluntario de algunas cosas <ic esotras, en particular o en general, no sólo en el corazón, sino mostrándolo con la lengua diciendo: tal o tal cosa (l), tal o tal persona no es como tal o tal. El segundo daño es que mueve el sentido a complacencia g de- leite sensual y lujuria (2) El tercer daño es hacer caer en adu- lación ij alabanzas vanas, en gue hay engaño y vanidad, como di- ce Isaías diciendo: Pueblo mió, el gue te alaba te engaña (3). Y la razón es. porgue, aungue algunas veces dicen verdad ala- bando gracias y hermosura, todavia por maravilla deja de ir allí envuelto algún daño, o haciendo caer al otro en vana compla- cencia y gozo, y llevando alli sus afectos (4) e intenciones im- perfectas. El cuarto daño es general, porgue se embota mucho la razón y el sentido del espíritu también como en el gozo de los bienes temporales, y aun en cierta manera mucho más. Porque como los bienes naturales son más conjuntos al hom- bre que los temporales, con más eficacia y presteza hace el gozo de los tales impresión y huella y asiento en el sentido y más fuertemente le embelesa. Y a5i la razón y juicio no guedan libres, sino anublados con aquella afición de gozo muy conjunto; y de aqui nace el quinto daño, que es distracción de la mente en criaturas. Y de aqui nace y se sigue la tibieza y flojedad de espíritu; que es el sexto daño, también general, que suele lle- gar a tanto, que tenga tedio grande y tristeza en las cosas de Dios, hasta venirlas a aborrecer. Piérdese en este gozo infalible- mente el espíritu puro, por lo menos, al principio. Porque si al- gún espíritu se siente, será muy sensible y grosero, poco es- piritual, y poco interior y recogido, consistiendo más en gusto sensitivo gue en fuerza de espíritu; porgue, pues, el espíritu está tan bajo y flaco, gue en sí no apaga el hábito de tal gozo (porque para no tener el espíritu puro basta tener este há- bito imperfecto, aunque cuando se ofrezca no consienta en los 1 Tal o tal cosa. La c. p. suprime estas palabra».
2 Y lujurio. Estas palabras no se leen en e. p.
3 Isai., Ili; 12.
LIBPO TFRCERO — CAP XXII 2Q7 ■ctos del gozo), mds debe vivir, en cierto manera), en la flaqueza vkl sentido que ni la Fuerza d I espíritu; si no (l), en h pi'rie» • ción y fortaleza qur tuviere en las ocasiones lo vera, aunque no niego que puede haber muchas virtudes con hartas imperíer- ciones; mas con estos qozos no apaqados, ni puro ni sabroso espíritu interior, porque reina (2) la carne, que milita contra el espíritu; y aunque no sienta el daño el espíritu, por lo menos se le causa oculta distracción.
3. Pero, volviendo a hablar en aquel segundo daño, que contiene en si daños innumerables, aunque no se pueden com- prender con la pluma ni significar con palabras, no es oscuro ni oculto (3) hasta donde llegue, y cuanta sea esta desventura nacida del gozo puesto en las gracias y hermosura natural, pues que cada dia por esta causa se ven tantas muertes de hom- bres, tantas honras perdidas, tantos insultos hechos, tantas ha- ciendas disipadas, tantas emulaciones y contiendas, tantos adul- terios, estupros y fornicios (4) cometidos, y tantos santos caí- dos en el suelo (5), que se comparan a la tercera parte de las estrellas del cielo, derribadas con la cola de aquella serpiente en la tierra (6); el oro fino, perdido su primor y lustre, en el cieno; y los ínclitos y nobles de Sión, que se vestían de oro primo, estimados en vasos de barro quebrados, hechos ties- tos (7). ¿Hasta dónde no llega la ponzoña de este daño?
4. ¿Y quién no bebe poco o mucho de este cáliz dorado de la mujer babilónica del Apocalipsi? (8). Que en sentarse ella sobre aquella gran besiia, que tenia siete cabezas y diez coronas, da a entender que apenas hay alto ni bajo, ni santo 1 E. p. la cual: 3 E. p. oni'te: no es oscuro ni t» ulto.
4 Asi Ale y B —A: fornicaciones. La e. p. suprime esta palabra.
5 En el suelo. Omite utas pal.mras la c. p. n Apoc.. XII, 4 7 Thren.. IV. 1-2.
8 Apoc, XVII. 1. — Aquí faltdM al Códice de Alcaudetc once hojas, que el Padre Andrés de la Encarnación ¡as suple, tomándolas del antiguo manuscrito que en su tiempo se guardaba en Duruelo 298 SUBIDA DEL MONTE CARMELO ni pecador, que no dé a beber de su vino, sujetando en algo su corazón, pues, como allí se dice de ella, fueron embriagados to- dos los reyes de la tierra del vino de su prostitución. Y a todos los estados coge, hasta el supremo e ínclito del Santuario y di- vino Sacerdocio, asentando su abominable vaso, como dice Da- niel, en el lugar santo (1), apenas dejando fuerte, que poco o mu- cho no le dé a beber del vino de este cáliz, que es este vano gozo. Que por eso dice, que todos los reyes de la tierra fueron embriagados de este vino, pues tan pocos se hallarán que, por santos que hayan sido, no les haya embelesado y trastornado algo esta bebida del gozo y gusto de la hermosura y gra- cias naturales.
5. Donde es de notar, el decir que se embriagaron. Porque por poco que se beba del vino de este gozo, luego al punto se ase al corazón, y embelesa y hace el daño de oscurecer la razón, como a los asidos del vino. Y es de manera, que, si luego no se toma alguna triaca contra este veneno con que se eche fuera presto, peligro corre la vida del alma. Porque tomando fuer- zas la flaqueza espiritual, le traerá a tanto mal, que, como San- són, sacados los ojos de su vista (2) y cortados los cabellos de su primera fortaleza, se verá moler en las atahonas, cautivo entre sus enemigos; y después, por ventura, morir la segunda muerte, como él con ellos (3), causándole todos estos daños la bebida de este gozo espiritualmente, como a él corporalmente se los causó, y causa hoy a muchos; y después le vengan a de- cir sus enemigos, no sin gran confusión suya: ¿Eres tú el que rompías los lazos doblados (4), disquijarabas los leones, ma- tabas los mil filisteos, y arrancabas los postigos, y te libra- bas de todos tus enemigos?
6. Concluyamos, pues, poniendo el documento necesario con- tra esta ponzoña. Y sea, que luego que el corazón se sienta mover de este vano gozo de bienes naturales, se acuerde cuán vana cosa es gozarse de otra cosa que de servir a Dios, y cuán pe- 1 Dan., IX, 27.
2 De su vista Asi los Códices. La e p. suprime por redundancia esta frase 3 La edición de 1 630: como él la primera con ellos, i E. p.; los lazos tres doblados.
LIBRO TF.RCEBÓ — CAP. XXII 299 ligrosa i| perniciosas considerando cuanto daño fue para los an- geles nozarsc u complacerse de su hermosura y bienes natura- les, pues por es!d cayeron en los abismos feos; y cuántos males si- guen a los hombres cada día por esa misma vanidad, y por eso se animen con tiempo a lomar el remedio que dice el Poeta a los que comienzan a alicionarsc a lo lal: Dale priesa ahora al principio a poner remedio; porque cuando los males han teni- do tiempo de crecer en el corazón, tarde viene el remedio y ( i I la medicina. No mires al vino, dice el Sabio, cuando su color está rubicundo y resplandece en el vidrio, entra blandamente, y muerde como culebia y derrama venenos como el régulo (2).
CAPITULO XXIII CAPITULO XXIII DE LOS PROVECHOS CM I- SACA EL ALMA PE NO PONER EL dOZO EN LOS BIENES N ATI RALES.
1. Muchos son los provechos que al alma se le siguen de apartar su corazón de semejante gozo; porque, demás que se dispone para el amor de Dios y las otras virtudes, derecha- mente da lugar a la humildad para sí mismo, y a la caridad gene- ral para con los prójimos. Porque, no aficionándose a ninguno por los bienes naturales aparentes (3), que son engañadores, le queda el alma libre y clara para amarlos a todos racional y espiritualmente, como Dios quiere que sean amados. En lo cual se conoce que ninguno merece amor, si no es por la virtud que hay en él. Y cuando de esta suerte se ama, es muy según Dios, y aún con mucha libertad, y si es con asimiento, es con mayor asi- miento de Dios. Porque entonces, cuanto más crece este amor, tanto más crece el de Dios; y cuanto más el de Dios, tanto más éste del prójimo. Porque del que es en Dios, es una misma la razón y una misma la causa.
1 El remedia u. añadí rl C di Ale 2 Prov., XXMI. íl — 1.\ í'asr <i derr.imx reneno* romo el rrgiiln. es del Có- dice de A'c. y d.- In c p. — A y IV y derrama su ponzoña ^mo basilisco. E\ basilisco, animal fabuloso, ai que atribuían lo.íntiguos la virtud maléfica de matar con la vis- ta, era llamado por otro nombre reculo.
3 La e. p. omite esta palabra.
300 SUBIDA DEL MONTE CARMELO 2. Sigúesele otro excelente provecho en negar este género de gozo (1), y es que cumple y guarda (2) el consejo de Nues- tro Salvador que dice por San Mateo: Que el que quisiere se- seguirle, se niegue a si mismo (3). Lo cual en ninguna manera podría hacer el alma, si pusiese el gozo en sus bienes (4) natu- rales; porque el que hace algún caso de si, no se niega ni sigue a Cristo.
3. Hay otro grande provecho en negar este género de go- zo, y es que causa en el alma grande tranquilidad y evacúa las digresiones, y hay recogimiento en los sentidos, mayormen- te en los ojos. Porque, no queriendo gozarse en eso, ni quiere mirar ni dar los demás sentidos a esas cosas, por no ser atraído, ni enlazado de ellas (5), ni gastar tiempo ni pensa- miento en ellas, hecho semejante a la prudente serpiente, que tapa sus oídos por no oir los encantadores (6) y le hagan alguna impresión (7). Porque guardando las puertas del alma, que son los sentidos, mucho se guarda y aumenta la tranqui- lidad y pureza de ella.
4. Hay otro provecho no menor en los que ya están apro- vechados en la mortificación de este género de gozo, y es que los objetos y las noticias feas no les hacen la impresión e impu- reza que a los que todavía les contenta algo de esto. Y, por eso, a la negación y mortificación de este gozo, se le sigue la es- piritual limpieza de alma y cuerpo; esto es, de espíritu y sen- tido, y va teniendo conveniencia angelical con Dios, haciendo a su alma y cuerpo digno templo del Espíritu Santo. Lo cual no puede ser así, si su corazón se goza en los bienes y gra- cias naturales (8). Que para esto no es menester consentimiento 1 Del C. de Ale. son las palabras en negar este género de gozo.
1 Con perfección, añade la e. p.
3 Matth.. XVI. 24.
5 La e. p. omite: ni enlazado de ellas.
7 Ps. LVII. 5.
8 E. p.: si su corazón se deja llevar algo del gozo en los bienes y gracias na- turales.
LIBRO TERCERO. — CAP. XXIII 301 ni memoria (1) de cosa fea; pues aquel gozo basta para la impureza del alma ij sentido con la noticia de lo t;il (2), pues que dice el Sabio, que el Espíritu Santo se apunara de los pen- saniienbos que no son de entendimiento, esto es. de la razón superior en orden a Dios (5) 5. Otro provecho yeneral se le sigue, y es, que demus que se libra de los males y daños arriba dichos, se excusa también de vanidades sin cuento, y de otros muchos daños, así espirituales, como temporales,, y, mayormente, de caer en la poca estima que son tenidos todos aquellos que son vistos preciarse o gozarse de las dichas partes naturales, suyas o aje- nas. Y asi, son tenidos y eslimados por cuerdos y sabios, co- mo de verdad lo son todos aquellos que no hacen caso de estas cosas, sino de aquello de que gusta Dios.
6. De los dichos provechos se sigue el último, que es un generoso bien del alma, tan necesario para servir a Dios co- mo es la libertad del espíritu, con que fácilmente se vencen las tentaciones y se pasan bien los trabajos, y crecen próspera- mente las virtudes (4).
CAPITULO XXIV QUE TRATA DEL TERCER GENERO DE BIENES EN QUE PUEDE LA VO- LUNTAD PONER LA AFICION DEL GOZO, QUE SON LOS SENSUALES. —DICE CUALES SEAN Y DE CUANTOS GENEROS, Y COMO SE HA DE ENDEREZAR LA VOLUNTAD A DIOS PURGANDOSE DE ESTE GOZO.
1. Sigúese tratar del gozo acerca de los bienes sensua- les (5), que es ei tercer género de bienes en que deciamos po- der gozarse la voluntad. Y es de notar, que por bienes sensua- les (6) entendemos aquí todo aquello que en esta vida puede caer 1 La e. p. suprime las palabras ni memoria.
2 Lo que resta de este párrafo, se omite en la e. p, pero no en la de 1630 3 Sap.. I. 5.
5 E. p.: sensibles.
6 La e. p., como en la nota anterior.
302 SUBIDA DEL MONTE CARMELO en el sentido de la vista, del oído, del olfato, gusto y tacto, y de la fábrica interior del discurso imaginario, que todo pertenece a los sentidos corporales, interiores y exteriores.
2. Y para oscurecer y purgar la voluntad del gozo acerca de estos objetos sensibles, encaminándola a Dios por ellos, es necesario presuponer una verdad, y es, que, como muchas veces habernos dicho, el sentido de la parte inferior del hombre, que es del que vamos tratando, no es ni puede ser capaz de cono- cer ni comprender a Dios como Dios es. De manera que ni el ojo le puede ver, ni cosa que se parezca a él; ni el oído puede oir su voz, ni sonido que se le parezca; ni el olfato puede oler olor tan suave, ni el gusto alcanza sabor tan subido y sabroso, ni el tacto puede sentir loque tan delicado y deleitable, ni cosa semejante; ni puede caer en pensamiento ni imaginación su for- ma, ni figura alguna que le represente, diciéndolo Isaías asi: Que ni ojo le vio, ni oído le oyó, ni cayó en corazón de hom- bre (1).
3. Y es aquí de notar, que los sentidos pueden recibir gus- to y deleite, o de parte del espíritu mediante alguna comuni- cación que recibe de Dios interiormente, o de parte de las cosas exteriores comunicadas a los sentidos (2). Y según lo dicho, ni por vía del espíritu, ni por la del sentido puede conocer a Dios ia parte sensitiva. Porque no teniendo ella habilidad qu<? llegue a tanto, recibe lo espiritual (3) y sensitivo sensualmente, y no más. De donde, parar la voluntad en gozarse del gusto causado de alguna de estas aprehensiones, seria vanidad, por lo menos, e impedir la fuerza de la voluntad que no se emplease en Dios, poniendo su gozo sólo en él. Lo cual no puede ella ha- cer enteramente, si no es purgándose y oscureciéndose del gozo acerca de este género, como de lo demás.
4. Dije, con advertencia, que si parase el gozo en algo de lo dicho seria vanidad, porque cuando no para en eso, sino que luego que siente la voluntad el gusto de lo que oye, ve y trata, se levanta a gozar en Dios y le es motivo y fuerza para 2 Asi A, B y e. p. El C. de Ale. suprime aquí unas palabras.
3 La e. p.: recibe lo espiritual y intelectivo sensualmente.
LIBRO TERCERO. — CAP. XXIV 303 eso, muy bueno es; y entonces no sólo no se han de evitar las tales mociones cuando causan esta devoción y oración, ma-- se pueden aprovechar de ollas, y aun deben, para tan santo ejercicio, porque hay almas que se mueven mucho en Dios por los objetos sensibles Pero ha de haber mucho recato en esto, mirando los efectos que de aiii sacan; porque, muchas veces, muchos espirituales usan de las dichas recreaciones de sen- tidos ton pretexto de oración y de darse a Dios; y es de manera, que mas se puede llamar recreación que oración, y darse gusto a si mismos más que a Dios Y aunque la intención que tienen (1) es para Dios, el efecto que sacan (2) es para la recreación sensitiva, en que sacan más flaqueza de imperfec- ción, que avivar la voluntad y entregarla a Dios.
.r>. Por lo cual, qui<>ro poner aquí un documento con que se vea cuándo los dichos sabores de los sentidos hacen prove- cho y cuándo no Y es, que todas las veces que oyendo músicas u otras cosas y viendo cosas agradables (3), y oliendo suaves olo- res, o gustando algunos sabores y delicados toques, luego al pri- mer movimiento se pone la noticia y afición de la voluntad en Dios, dándole más gusto aquella noticia que el motivo sensual que se la causa, y no gusta del tal motivo sino por eso; es señal que saca provecho de lo dicho, y que le ayuda lo tal sen- sitivo al espiritu; y en esta manera se puede usar, poique entonces sirven los sensibles para ei fin que Dios los crió y dió, que es para ser por ellos más amado y conocido. Y es aquí de saber, que aquel a quien estos sensibles hacen el puro efecto espiritual que digo, no por eso tiene apetito, ni se le da casi nada por ellos, aunque cuando se íe ofrecen le dan mucho gusto, por el gusto que tengo dicho que de Dios le causan; y así, no se solicita por ellos, y cuando se le ofrecen, como digo, luego pasa la voluntad de ellos, y los deja y se pone en Dios.
6. La causa de no dársele mucho de estos motivos, aunque le ayudan para ir a Dios, es porque, como el espíritu que tiene 2 Causan, dice la e. p.
304 SUBIDA DEL MONTE CARMELO esta prontitud de ir con todo y por todo a Dios, está tan cebado y prevenido y satisfecho con el espiritu de Dios, que no echa menos nada ni lo apetece; y si lo apetece para esto, luego se le pasa y se le olvida, y no hace caso. Pero el que no sintiere esta libertad de espíritu en las dichas cosas y gustos sensibles, sino que su voluntad se detiene en estos gustos y se ceba de ellos, daño le hacen y debe apartarse de usarlos. Porque aun- que con la razón se quiera ayudar de ellos para ir a Dios, todavía, por cuanto el apetito gusta de ellos según lo sensual, y conforme al gusto siempre es el efecto, más cierto es ha- cerle estorbo que ayuda, y más daño que provecho. Y cuando viere que reina en sí el apetito ( 1 ) de las tales recreaciones, debe mortificarle; porque cuanto más fuerte fuere, tiene más de imperfección y flaqueza.
7. Debe, pues, el espiritual en cualquier gusto que de parte del sentido se le ofreciere, ahora sea acaso, ahora de intento, aprovecharse de él sólo para Dios, levantando a El el gozo del alma para que su gozo sea útil y provechoso (2) y perfecto, ad- virtiendo que todo gozo que no es en negación y aniquilación de otro cualquier gozo, aunque sea de cosa al parecer muy levantada, es vano y sin provecho, y estorba para la unión de la voluntad en Dios.
CAPITULO XXV QUE TRATA DE LOS DAÑOS QUE EL ALMA RECIBE EN QUERER PONER EL GOZO DE LA VOLUNTAD EN LOS BIENES SENSUALES.
1. Cuanto a lo primero, si el alma no oscurece y apaga el gozo que de las cosas sensuales (3) le puede nacer, eriderezando a Dios el tal gozo, todos los daños generales que habernos dicho que nacen de otro cualquier género de gozo, se le siguen 2 Sólo el C. de Ale. añade: y provechoso.
3 Sensibles traslada la e p, asi en este caso, como en los que ocurre al Santo emplear la pabra sensuales.
LIBRO TERCERO. — CAP. XXV 305 . c éste que es de cosas sensuales, como son oscuridad en lo -azón, tibieza y tedio espiritual, etc Pero, en particular, muchos son los daños en que derechamente puede caer por este gozo, así espirituales, como corporales o sensuales.
2. Primeramente, del gozo de las cosas visibles, no ne- gándole para ir a Dios, se le puede seguir derechamente vani- dad de ánimo y distracción de la mente, codicia desordenada, deshonestidad, descompostura interior y exterior, impureza de pensamientos y envidia.
3. Del gozo en oir cosas inútiles, derechamente nace dis- tracción de la imaginación, parlería, envidia, juicios inciertos y variedad de pensamientos, y de éstos otros muchos y per- niciosos daños.
4. De gozarse en los olores suaves, le nace asco de los pobres, que es contra la doctrina de Cristo, enemistad a la ser- vidumbre, poco rendimiento de corazón en las cosas humildes, e insensibilidad espiritual, por lo menos según la proporción de su apetito 5. Del gozo en el sabor de los manjares, derechamente na- ce gula y embriaguez, ira, discordia y falta de caridad con los prójimos y pobres, como tuvo con Lázaro aquel Epulón (1), que comia cada día espléndidamente (2). De ahi nace el destem- ple corporal, las enfermedades, nacen los malos movimientos, porque crecen los incentivos de la lujuria. Críase derechamente gran torpeza en el espíritu, y estrágase el apetito de las cosas espirituales, de manera que no pueda gustar de ellas, ni aun estar en ellas ni tratar de ellas. Nace también de este gozo distracción de los demás sentidos y del corazón, y descontento acerca de muchas cosas.
6. Del gozo acerca del tacto en cosas suaves, muchos más daños y más perniciosos nacen, y que más en breve asvierten el sentido al espíritu (3), y apagan su fuerza y vigor De aqui 1 E. p.: aquel rico comedor.
2 Luc. XVI, 19 i Asi tos Códice» La e p. y que más en breve diñan al espíritu.
306 SUBIDA DEL MONTE CARMELO