nace el abominable vicio de las molicies o incentivos para ella, según la proporción del gozo de este genero. Criase la lujuria, hace el ánimo afeminado y tímido, y el sentido halagüeña y melifluo y dispuesto para pecar y hacer d.tíío Infunde vana alo- yria y gozo en el corazón, y cria soltura de lengua y libertad de ojos, y a los demás sentidos embelesa y embota, según la ivmlidad del tal apetito (¡| Empacha el juicio, sustentándole en insipiencia y necedad espiritual, y moralmenle cria cobardía e inconstancia; y con 'aniebla en el ¡.Unid y flaqueza de corazón, hace temer aún donde no hay que temer. Cria este gozo es- píritu de confusión algunas veces, e insensibilidad acerca de la conciencia y del espíritu; por cuanto debilita mucho la razón y la pone de suerte, que ni sepa tomar buen consejo ni darle, y queda incapaz para los bienes espirituales y morales, inútil co- mo un vaso quebrado.
7. Todos estos daños se causan de este género de gozo, en unos más intensamente (2), según la intensión del tal go- zo, y según también la facilidad o flaqueza o inconstancia del sujeto en que cae. Porque naturales hay que de pequeña ocasión recibirán más detrimento que otros de mucha.
8. Finalmente, de este género de gozo en el tacto se puede caer en tantos males y daños como habernos dicho acer- ca de los bienes naturales, que por estar allí ya dichos, aqui no los refiero, como tampoco digo otros muchos daños que hace, como son: mengua en los ejercicios espirituales y penitencia corporal, y tibieza e indevoción acerca del uso de los sacra- mentos de la Penitencia y Eucaristía.
1 La e. p.: según el grado del tal apetito.
2 E. p.: en unos más, en otros menos, más o menos intensamente.
LIBRO TERCERO. — CAP. XXVI 307 CAPITULO XXVI DE LOS PROVECHOS OLE SE SIGUEN AL ALMA EN LA NEGACION DEL GOZO ACERCA DE LAS COSAS ^ENSIBLfcS, LOS CUALES SON ES- PIRITUALES Y TEMPORALES.
1. Admirables son los provechos que el alma saca de la negación de este gozo: de ellos, son espirituales, y de ellos, temporales.
2. El primero es, que recogiendo el alma su gozo de las cosas sensibles, se restaura acerca de la distraección en que por el demasiado ejercicio de los sentidos ha caído, recogiéndose en Dios; y consérvase el espíritu y virtudes que ha adquirido, y se aumentan y va ganando (1).
3. El segundo provecho espiritual que saca en no se querer gozar acerca de lo sensible, es excelente, conviene a saber que podemos decir con verdad que de sensual se hace espiritual, y de animal se hace racional; i\ aun que de hombre camina a porción angelical; y que de temporal y humano se hace di- vine y celestial. Porque así como el hombre que busca el gus- to de las cosas sensuales y en ellas pone su gozo, no merece ni se le debe otro nombre que estos que habernos dicho, es a saber: sensual, animal, temporal, etc.; así, cuando levanta el gozo de estas cosas sensibles, merece todos éstos, conviene a saber: espiritual, celestial, etc.
4. Y que esto sea verdad, está claro; porque como quiera que el ejercicio de los sentidos y fuerza de la sensualidad con- tradiga, como dice el Apóstol, a la fuerza y ejercicio espiri- tual (2); de aquí es que, menguando y acabando las ñas de tas fuerzas, han de crecer y aumentar e las uf as fuerzas contra- rias, por cuyo impedimento no cree an. Y así, feccionándose el espíritu, a porción perior alma que tiene respecto Asi el Códice de Alcaudete — A y B y de nuevo va ganando. La e d oraue estas palabras.
Gal.. V. 17.
308 SUBIDA DLL MONTE CARMELO y comunicación con Dios, merece todos los dichos atributos; pues que se perfecciona en bienes y dones de Dios espirituales y celestiales. V lo uno y lo otro se prueba por San Pablo, el cual al sensual, que es el que el ejercicio dé su voluntad sulu trae en lo sensible, le llama animal, que no percibe (1) las co- sas de Dios, y a esotro que levanta a Dios la voluntad, llama espiritual, y que éste lo penetra y juzga todo hasta los profun- dos de L)\o* (2). Por tanto, tiene aquí el alma un admirable (3) provecho de una grande disposiciun para recibir bienes de Dios y dones espirituales.
5. Pero el tercer provecho es, que con grande exceso se le aumentan los gustos y el gozo de la voluntad temporalmente; pues, como dice el Salvador, en e^ia vida por uno le dan ciento (4). De manera que si un gozo niegas, ciento tanto te dará el Señor en est.i vida, espiritual y temporalmente; como también por un gozo que de esas cosas sensibles tengas, te nacerá ciento tanto de pesar y sinsabor. Porque de parte del ojo ya purgado en los gozos de ver, se le sigue al alma yozo espiritual, enderezado a Dios en todo cuanto ve, ahora sea divino, ahora profano (5) lo que ve De parle del oído purgado en el gozo de oir, se le sigue al alma ciento tanto de gozo muy espiritual, y endere- zado a Dios en todo cuanto oye, ahora sea divino, ahora pro- fano (6) lo que oye; y asi en los demás sentidos ya pur- gados. Porque asi como en el estado de la inocencia, a nues- tros primeros padres todo cuanto veían y hablaban y comían en el Paraíso, les servia para mayor sabor de contemplación, por tener ellos bien sujeta y ordenada la parte sensitiva a le razón; así el que tiene el sentido purgado y sujeto al espíritu de todas las cosas sensibles, desde el primer movimiento sace deleite de sabrosa advertencia y contemplación de Dios.
1 A y B: que es el que no percibe.
2 1. ad Cor., II, 14.
i Admirable. Con las dos últimas silabas de esia palabra, se reanuda la copia del P Juan Evangelista, interrumpida durante algunas hojas, como se di)o en la pag. 297.
i Matth.. XIX, 29.
í> E. p.: humano.
6 Como la nota anterior LIBRO TERCERO. — CAP. XXVI 309 6. De donde al limpio torio lo alto y lo bajo le hace mas bien i) le sirve para mas limpieza; asi como el impuro, de lo uno y de lo otro, mediante su impureza, suele sacar mal Mas el que no vence el gozo del apetito, no gozará de serenidad de gozo ordinario en Dios por medio de sus criaturas y obras El que no vive ya según el senlido, todas las operaciones de sus sentidos y potencias son enderezadas a divina contemplo cion. Porque siendo verdad, en buena filosofía, que cada cosa, según el ser que tiene, o vida que vive, es su operación, si el alma vive vida espiritual, mortificada la animal ( 1 ), claro está que sin contradicción, siendo ya todas sus acciones y movimientos espirituales de vida espiritual, ha de ir con todo a Dios. De donde se sigue, que este tal, ya limpio de corazón, en todas las cosas halla noticia de Dios gozosa y gustosa, casta, pura, espiritual, alegre y amorosa.
7. De lo dicho, infiero la siguienle doctrina, y es, que has- ta que el hombre venga a tener tan habituado el sentido en la purgación del gozo sonsih!i>, que de primer movimiento (2! saque el provecho que he dicho, de que le envíen l.is cosas luego a Dios, tiene necesidad de negar su gozo y gusto acerca de ellas para sacar de la vida sensitiva al alma; temiendo que, pues él no es espiritual, sacará, por ventura, del uso de estas cosas más jugo y fuerza para el sentido que para el espíritu, predominando en su operación la fuerza sensual, que hace más sensualidad, y la sustenta y cria. Porque, como Nuestro Salvador dice, lo que nace de carne, carne es; y lo que nace del espíritu, espíritu es (3). Y esto se mire mucho, porque es asi la verdad. V no se atreva el que no tiene aún mortificado el gusto en las cosas sensibles, n aprovecharse mucho de la fuerza y operación del sentido acerca de ellas, creyendo que le ayudan al espíritu; porque más crecerán las fuerzas del alma sin estas sensitivas, esto es, apagando el gozo y apetito de ellas, que usando de él en ellas.
1 La e. p.: según el ser que tiene es la vida que vive: rl que tiene ser espi'ttual. mortificada la vida animal.
2 E. p. suprime que de primer movimiento.
3 Joan.. III. 6.
310 SUBIDA DEL MONTE CARMELO S. Pues los bienes de gloria que en la otra vida se siguen por el negamiento de este gozo, no hay necesidad de decir- lo. Porque demás de que los dotes corporales de gloria, como son agilidad y claridad, serán mucho más excelentes que los de aquéllos que no se negaron; asi el aumento de la gloria esencial del alma que responde al amor de Dios, por quien negó las dichas cosas sensibles, por cada gozo que negó momeri- iáneo y caduco, como dice San Pablo, inmenso peso de gloria obrará en él eternalmente (1). Y no quiero ahora referir aqui los demás provechos, así morales, como temporales, y también espirituales, que se siguen a esta noche de gozo; pues son todos los que en los demás quedan dichos, y con más eminente ser, por ser estos gozos que se niegan, más conjuntos al natural, y por eso adquiere éste tal más íntima pureza en la negación de ellos.
CAPITULO XXVII EN QUE SE COMIENZA A TRATAR DEL CUARTO GENERO DE BIENES, QUE SON BIENES MORALES. — DICE CUALES SEAN, Y EN QUE MANERA SEA EN ELLOS LICITO EL GOZO DE LA VOLUNTAD.
1. El cuarto género en que se puede gozar la voluntad, son bienes morales. Por bienes morales entendemos aqui las virtudes y los hábitos de ellas en cuanto morales, y el ejercicio de cualquiera virtud, y el ejercicio de las obras de misericordia, la guarda de la ley de Dios, y la política (2), y todo ejercicio de buena índole e inclinación.
2. Y estos bienes morales, cuando se poseen y ejercitan, por ventura merecen más gozo de la voluntad que alguno de los otros tres géneros que quedan dichos. Porque por una de dos causas, o por entrambas juntas, se puede el hombre gozar 1 II. ad Cor., IV, 17.
2 A y B: plática. Emplea el Santo el vocablo política en la acepción de buen gobierno en la cosa pública y de la cortesanía y otras virtudes sociales, que los Santos han practicado con gusto exquisito, cuando no eran impedimento de otras mayores.
LIBRO TFFKFRO. —CAP. XXVU de su 5 cosas, conviene a saber: o por lo que ellas son ni si, o por el bien que importan y traen consigo, como medio e ins- trumento. Y asi, hallaremos que la posesión de los tres gene- ros de bienes ya dichos, ningún gozo de la voluntad merecen Pues, como queda dicho, de suyo al hombre ningún bien le hacen ni le tienen en si, pues son tan caduco;, y deleznable., antes, como también dijimos, le engendran y acarrean pena, y dolor y aflicción de ánimo Que aunque algún gozo merezcan por la segunda causa, que es cuando el hombre de ellos se apro- vecha para ir a Dios, es tan incierto esto, que, como vemos co- múnmente, más se daña el hombre con ellos que se aprovecha Pero los bienes morales ya por la primera causa, que es por lo que en si son y valen, merecen algún gozo de su poseedor. Porque consigo traen paz y tranquilidad, y recto y ordenado uso de la razón y operaciones acordadas, que no puede el hom- bre humanamente en esta vida poseer cosa mejor.
3. Y asi, porque las virtudes por sí mismas merecen ser amadas y estimadas, hablando humanamente, bien se puede el hombre gozar de tenerlas en si, y ejercitarlas por lo que en si son, y por lo que de bien humana y temporalmente importan al hombre. Porque de esta manera, y por esto (I), los filósofos;¡ sabios y antiguos principes las estimaron y alabaron, y procu raron tener y ejercitar; y aunque genriles, y que solo ponían lo<- ojos en ellas temporalmente, por los bienes que temporal y corporal y naturalmente de ellas conocían seguírseles, no sólo al- canzaban por ellas los bienes y nombre temporalmente que pie tendían; sino, demás de esto, Dios, que ama todo lo bueno (aun en el bárbaro y gentil), y ninguna cosa impide buena (2) qu< no se haga, como dice el Sabio (5): les aumentaba la vida, honra, y señorío y paz, corno hizo en los romanos, porque usaban de justas leyes; que casi les sujetó todo el mundo, pagando temporalmente a los que eran por su infidelidad incapaces de premio eterno, las buenas costumbres. Porque ama Dios tanto es 1 La e. p. suprime y por esto.
2 E. p.: y ninguna cosa buena impide.
3 Sapient.. VII. 22.
312 SUBIDA DEL MONTE CARMELO tos bienes morales, que sólo porque Salomón le pulió sabiduría para ensefiar a su pueblo (1) y poderle gobernar justamente, ins- huyéndole en buenas costumbres, se lo agradeció mucho el mismo Dios, y le dijo, que porque habia pedido sabiduría para aquel fin, que él se la daba, y más lo que no habia pedido, que eran riquezas y honra, de manera que ningún rey en los pasados ni en lo por venir fuese semejante a él (2).
4. Pero aunque en esta primera manera se deba gozai el cristiano sobre los bienes morales y buenas obras que temporalmente hace, por cuanto causan los bienes temporales que habernos dicho, no debe parar su gozo en es¡d primera manera (como habernos dicho de los gentiles, cuyos ojos del alma no transcendían más que lo de esta vida mortal); sino que, pues tiene lumbre de fe, en que espera vida eterna y que sin ésta todo lo de acá y lo de alia no le valdrá nada; sólo y principalmente debe gozarse en la posesión y ejercicio de es- tos bienes morales en la segunda manera, que es en cuanto ha- ciendo las obras por amor de Dios le adquieren vida eterna Y asi, sólo debe poner los ojos y el gozo en servir y honrar a Dios con sus buenas costumbres y virtudes. Pues que sin este respecto no valen delante de Dios ngda las virtudes, como se ve en las diez vírgenes del Evangelio, que todas habian guar- dado virginidad y hecho buenas obras, y porque las cinco no habían puesto su gozo en la segunda manera, esto es, endere- zándole en ellas a Dios; sino antes le pusieron vanamente en la primera manera, gozándose (5) en la posesión de ellas, fueron echadas (4) del cielo sin nungún agradecimiento ni galardón del Esposo. Y también muchos antiguos tuvieron muchas (5) virtudes c hicieron buenas obras, y muchos cristianos el dia de hoy las tienen (6) y obran grandes cosas, y no les aprovecharán nada para la vida eterna; porque no pretendieron en ellas la gloria y honra que es de solo Dios (7). Debe, pues, J El Códice de Ale. para mostrar los de su pueblo. Parece error de trascripción.
2 III Reg.. III. 11-13.
5 E. p.: algunas.
7 Y su amor sobre todo, añade la e. p.
LIBRO TERCERO. — CAP. XXVII 313 gozarse el cristiano, fio en si hace buenas obras y sigue buenas costumbres, sino en si las hace por amor de Dios snlo, sin otro respeto alytino. Porque cuanto son para mayor premio de gloria hechas sólo para servir a Dios, tanto para mayor confusión suy;i será delante (Je Dios, cuanto más le hubieran movido otros respetos .5. Para enderezar, pues, el gozo a Dios en los bienes mo- rales, ha de advertir el cristiano, que el valor de sus bue- nas obras, ayunos, limosnas, penitencias, etc., que no se fun- da tanto en la cuantidad y cualidad de ellas, sino en el amor de Dios que él lleva en ellas; y que entonces van tanto más calificadas, cuanto con más puro y enfero amor de Dios van hechas, y menos el quiere interesar acá y allá ( 1 ) de ellas, de gozo, gusto, consuelo y alabanza. Y por eso, ni ha de asentar el corazón en el gusto, consuelo y sabor y los demás intereses que suelen traer consigo los buenos ejercicios y obras, sino re- coger el gozo a Dios, deseando servirle con ellas, y pur- gándose y quedándose a oscuras de este gozo, querer que solo Dios sea el que se goce de ellas, y guste de ellas en escondido, sin ningún otro respeto y jugo que honra y gloria de Dios Y asi recogerá en Dios toda la fuerza de la voluntad acerca de estos bienes morales.
CAPITULO XXVIII PE SIETE DAÑOS EN QUE SE PUEDE CAER PONIENDO EL GOZO DE LA VOLUNTAD EN LOS BIENES MORALES.
1. Los daños principales en que puede el hombre caer por el gozo vano de sus buenas obras y costumbres, hallo que son siete, y muy perniciosos, porque son espirituales (2).
2. El primer daño es vanidad, soberbia, vanagloria y pre- sunción; porque gozarse de sus obras, no puede ser sin estimar- 2 Loa cuales referiré aquí brevemente, añaden A, B y e. p.
SUBIDA DEL MONTE CARMELO las. Y de ahi nace la jactancia y lo demás, 'omo s(? o!icp del Fa- riseo en el Evangelio, que oraba y se congraciaba con Dios (1) con jactancia de que ayunaba;i hacía otr;is buenas obras .3. El segundo daño comúnmente va encadenado de éste, y es, que juzga a los demás por malos e imperfectos compara - tivnmcnie. pareciéndole que no hacen ni <V">ran Inn bien com<> el, estimándolos en menos en su corazón, y a veces por la pa- labra. Y este daño también le tenia el Fariseo, pues en su ora- ción decía: Gracias te bago que (2) no soy como los demás hombres: robadores, injustos y adúlteros (3). De manera que en un solo acto caia en estos dos daños, estimándose a si y des- preciando a los demás, como el día de hoy hacen muchos, que dicen: No soy yo corno fulano, ni obro esto ni aquello, como este o el otro. Y aún son peores que el Fariseo muchos de és- tos, porque él no solamente despreció a los demás, sino tam- bién señaló parle, diciendo: Ni soy como este Publicano. Mas ellos, no se contentando con eso ni con esotro, llegan a eno- jarse y a envidiar, cuando ven que otros son alabados, o que hacen, o valen más que ellos.
4. El tercer daño es, que como en las obras miran al gusto, comúnmente no las hacen sino cuando ven que de ellas se les ha de seguir algún gusto y alabanza. Y asi, como dice Cristo, todo lo hacen. Ut videantur ab hominibus y no obran sólo por amor de Dios (5).
5. El cuarto daño se sigue de éste, y es que no hallaran galardón en Dios, habiéndole ellos querido hallar en esta vida de gozo o consuelo, o interés de honra o de otra manera en sus obras; en lo cual dice el Salvador, que en aquello re- cibieron la paga (6). Y asi, se quedaron (7) sólo con el tra- bajo de la obra y confusos sin galardón. Hay tanta miseria 1 Luc. XVIII. 12 2 La e. p. omite. Gracias le hago que.
3 Luc. XVIII. II.
4 Matth.. XXIII. 5.
6 Matth., VI, 2.
LIBRO TF.RCCRO — CAP. XXVII] 315 acerca de este daño en los hijos de los hombres, que tenqo para nii, que las má^ de las obras que hacen publicas, o son viciosas, o no les valdrán nada, o son imperfectas ( I ) do- lante de Dios, por no ir ellos desasido^ de estos interese^ i| respetos humanos. Porque, ¿que otra cosa se puede juzqar de alqnnas obras y memorias que algunos hacen e instituyen, cuan- do no las quieren hacer sin que vayan envueltas en honras y res- petos humanos de la vanidad de la vida, o perpetuando en ellas su nombre, linaje o señoríos, hasta poner de esto sus señales y blasones (2) en los templos, como si ellos se quisiesen poner allí en lugar de imagen, donde todos hincan la rodilla; en las cuales obras de algunos se puede decir que se adoran (3) a si más que a Dios? Lo cual es verdad, si por aquello las hicieron, y sin ello no las hicieran (4). Pero dejados estos, que son de los peores, ¿cuántos hay que de muchas maneras caen en este daño de sus obras? De los cuales, unos quieren que se las alaben, otros que se las agradezcan, otros las cuentan y gustan que lo sepa fulano y zutano, y aun todo el mundo; y, a veces, quieren que pase la limosna o lo que hacen, por terce- ros, porque se sepa más; otros quieren lo uno y lo otro. Lo cual es el tañer de la trompeta, que dice el Salvador en el Evan- gelio que hacen los vanos, que por eso no habrán de sus obras galardón de Dios (5).
6. Deben, pues, éstos, para huir este daño, esconder la obra, que sólo Dios la vea, no queriendo que nadie haga caso. Y no sólo la ha de esconder de los demás, mas aún de si mismo. Esto es: que ni él se quiera complacer en ella, estimándola como si fuese algo, ni sacar gusto de toda ella; como espiritual- mente se entiende aquello que dice Nuestro Señor: No sepa tu 3 E. p.: estiman.
i Suprime Ui c. p. lo cual es verdad, si por aquello las hiciéívn. y sin ello no las hicieran.
5 Matth., V!. 2.
316 SUBIDA DEL MONTE CARMELO siniestra lo que hace tu diestra (1). Que es como decir: no es- times con el ojo temporal y carnal la obra que haces espiritual. Y de esta manera se recoge la fuerza de la voluntad en Dios, y lle- va fruto delante de él la obra; de donde no sólo no la perderá, sino que será de grande mérito. Y a este propósito (2) se entiende aquella sentencia de Job: Si yo besé mi mano con mi boca, que es iniquidad y pecado grande, y se gozó en escondido mi cora- zón (3); porque aquí, por la mano, entiende la obra, y por la boca entiende la voluntad que se complace en ella. Y porque es, como decimos, complacencia en si mismo, dice: Si se alegró en es- condido mi corazón, lo cual es grande iniquidad y negación contra Dios. Y es como si dijera: que ni tuvo complacencia, ni se alegró su corazón en escondido (4).
7. El quinto daño de estos tales es, que no van adelante en el camino de perfección. Porque estando ellos asidos al gus- to y consuelo en el obrar, cuando en sus obras y ejercicios no hallan gusto y consuelo, que es ordinariamente cuan- do Dios los quiere llevar adelante, dándoles el pan duro que es el de los perfectos, y quitándoles de la leche de niños, probán- dolos las fuerzas, y purgándolos el apetito tierno para que pue- dan gustar el manjar de grandes, ellos comúnmente desmayan y pierden la perseverancia, de que no hallan él dicho sabor en sus obras. Acerca de lo cual se entiende espiritualmente aquello que dice el sabio, y es: las moscas que se mueren, pierden la sua- vidad del ungüento (5); porque cuando se les ofrece a éstos alguna mortificación, mueren a sus buenas obras, dejándolas de hacer, y pierden la perseverancia, en que está la suavidad del espíritu y consuelo interior.
1 Matth.. VI. 3.
2 Asi el C. de Alcaudete. — A. B y e. p.: donde no sólo la perderá, más machas veces, por su jactancia y vanidad interior pecará mucho delante de Dios.
3 Job. XXXI, 26-28.
4 Asi el C. de Ale— A y B. Porque dándose a si y atribuyéndose aquella obra, es negarla a Dios, cuya es toda buena obra; a ejemplo de Lucifer, que en il mismo se gozó, negando a Dios lo que era suyo, alzándose con ello, que fué causa de su perdición. La e. p. trae estas lineas casi igual a A y B.
5 Ecdes.. X. 1.
LIBRO TERCERO. — CAP. XXVIII 517 8. El sexto daño de éstos es, que comunmente se engañan teniendo por mejores las cosas y obras de que ellos gustan, que aquéllas de que no gustan; y alaban y estiman las una*, ij desestiman las otras (1), como quiera que comunmenlc aquellas obras en que de suyo el hombre más se mortifica (mayormente cuando no está aprovechado en la perfección) sean más aceptas y preciosas delante de Dios, por causa de la negaciun que el hom- bre en ellas lleva de si misino, que aquéllas en que él halla su consuelo, en que muy fácilmente se puede buscar a si mis- mo Y a este propósito dice Miqueas de éstos: Mulam munuum suuriim diriint bonutn (2). Esto es: Lo que de sus obras es malo, dicen ellos que es bueno; lo cual les nace de poner ellos el gusto en sus obras, y no en sólo dar gusto a Dios •Y cuanto reine este daño, asi en los espirituales, como en los nombres comunes, sería prolijo de contar, pues que apenas halla- rán uno que puramente se mueva a obrar por Dio* sin arrimo de algún inlerés de conduelo o gusto, u o1n> re>petu.
9, El séptimo daño es, que en cuanto el hombre no apaya el gozo vano en las obras morales, está más incapaz para recibir consejo y enseñanza razonable acerca de las obras que debe hacer. Porque el hábito de flaqueza que tiene acerca del obrar con la propiedad del vano gozo le encadena: o para que no tenga el consejo ajeno por mejor, o para que, aunque le tenga por tal, no le quiera seguir, no teniendo en si ánimo para ello Estos aflojan mucho en la caridad para con Dios y el prójimo; porque el amor propio que acerca de sus obras tienen, les hace resfriar la ceridad.
1 Así el C. de Ale — A y B y aprenden y desprecien /a» otras. La e p y re prueban y desprecian las otras 2 Mich.. Vil. 3.
318 SUBIDA DEL MONTE CARMELO CAPITULO XXIX [)B LOS PROVECHOS QUE SE SIGUEN AL ALMA DE APARTAR EL ÜOZO l>E LOS BIENES MORALES.
1. Muy grandes son los provechos que se siguen al alma en no querer aplicar vanamente el gozo de la voluntad a este genero de bienes. Porque, cuanto a lo primero, se libra de caer en muchas tentaciones y engaños del demonio, los cuales están encubiertos en el gozo de las tales buenas obras, como lo podemos entender por aquello que se dice en Job, es a saber: Debajo de la sombra duerme, en lo secreto de la pluma ( 1 ), y en los lugares húmedos (2). Lo cual dice por el demonio (3), por- que en la humedad del gozo y en lo vano de la pluma (4) (esto es, de la obra vana) engaña al alma Y enganarse por el demonio en este gozo escondidamente, no es maravilla; porque sin es- perar a su sugestión, el mismo gozo vano se es el mismo en- gaño; mayormente, cuando hay alguna jactancia de ellas en el corazón, según lo dice bien Jeremías diciendo: Arrogantia tua decepii te (5). Porque, ¿qué mayor engaño que la jactancia? Y de esto se libra el alma purgándose de este gozo.
2. El segundo provecho es, que hace las obras más acor- dada y cabalmente; a lo cual, si hay pasión de gozo y gusto en ellas, no se da lugar; porque por medio de esta pasión del go- zo, la irascible y concupiscible andan tan sobradas, que no dan lugar al peso de la razón, sino que ordinariamente anda varian- do en las obras y propósitos, dejando unas y tomando otras, comenzando y dejando sin acabar nada. Porque como obra por 1 La e. p.: caña.
2 Job, XL, 16.
3 Algunos Códices saltan de esta palabra a otra igual que venía un poco raá» abajo, suprimiendo las (rases intermedias, que se leen en odas las ciones.
4 Como nota primera.
L1X, 6. guno de trae ¡a versión de este texto. La e uce u LIBRO TERCERO CAP. XXIX 319 el gusto, y éste es variable, y en unos naturales mucho mas que en otros, acabándose éste, es acabado el obrar y el propo- sito, aunque sea cosa importante De éstos, el gozo de su obra es el anima y fuerza de ella, apagado (1) el gozo, muere y aeaba la obra, y no perseveran Porque de éstos son de quien dijo Cristo que reciben la palabra con gozo, y luego se la quita « I demonio, porque no perseveren (2) V es porque no leniau mas iuerza y raices que el dicho gozo. Quitarles, y aparlarles, pues, la voluntad de este gozo, es causa de perseverancia y de acer- tar (3) Y así, es grande este provecho, como también es grande el daño contrario El sabio pone sus ojos en la sustancia y provecho de la obra, no en el sabor y placer de ella; y asi, no echa lances al aire, y saca de la obra gozo estable, sin tributo de sinsabor (4).
3. El tercero es divino provecho, y es que, apagando el gozo vano en estas obras, se hace pobre de espíritu, que es una de las bienaventuranzas que dice el Hijo de Dios, diciendo: Bienaventurados los pobres de espíritu, porque suyo es el reine» de los cielos (5).