LIBRO TERCERO. — CAP. XXXV 333 y que no estén puestas sino de tal y tal manera, de suerte que deleite al sentido, y la devoción del corazón os muy poca; y tanto asimiento tienen en esto como Micas en sus Ídolos, o como Labán: que el uno salió de su casa dando voces, porque se los llevaban; y el otro, habiendo ido mucho camino y muy eno- jado por ellos, trastornó todas las alhajas de Jacob, buscán- dolos (1).
5. La persona devota de veras (2) en lo invisible principal- mente pone su devoción, y pocas imágenes ha menester y de pocas usa, y de aquellas que más se conforman con lo divino que con lo humano, conformándolas a ellas, y a si en ellas, con el traje del otro siglo y su condición, y no con éste; porque no solamente no le mueva el apetito la figura de este siglo, pero que aún no se acuerde por ellas de él, teniendo delante de los ojos cosa que a 'él se le parezca o a alguna de sus cosas. Ni en ésas de que usa tiene asido el corazón, porque, si se las quitan, se pena muy poco; porque la viva ¡rnagon busca dentro de si, que es Cristo crucificado, en el cual antes gusta de que todo se lo quiten y que todo le falte. Hasta los motivos y medios que llegan más a Dios (3), quitándoselos, queda quieto Porque mayor perfección del alma es estar con tranquilidad y gozo en la privación de esos motivos, que en la posesión con apetito y asimiento de ellos. Que aunque es bueno gustar de tener aquellas imágenes que ayuden al alma a más devoción (por lo cual siempre se lia de escoger la que más mueve); pero no es perfección estar tan asido a ellas que con propiedad las posea, de manera que, si se las quitaren, se entristezca.
6. Tenga por cierto el alma, que cuanto más asida con pro- piedad estuviere a la imagen o motivo (4), tanto menos subirá a Dios su devoción y oración. Que aunque es verdad que por es- tar unas más al propio que otras, y excitar más la devoción unas que otras, conviene aficionarse más a unas que a otras 1 Jud.. XVIII. 24. y Gen. XXXI, 34.
2 Sólo el C. de Ale. copia las palabras: de veras.
3 E p.: Hasta los medios que parece que llevaban más a Dios.
334 SUBIDA DEL MONTE CARMELO por esta causa sólo, como acabo ahora de decir (1), no ha de ser con la propiedad y asimiento que tengo dicho; de manera, que lo que ha de llevar el espíritu volando por alli a Dios, olvi- dando luego eso y esotro, se lo coma todo el sentido, estandu todo engolfado en el gozo de los instrumentos, que habiéndome de servir sólo para ayuda de esto, ya por mi imperfección me sirve para estorbo (2), y no menos que el asimiento y pro- piedad de otra cualquier cosa.
7. Pero ya que en esto de las imágenes tengas alguna ré- plica, por no tener tú bien entendida la desnudez y pobreza de espíritu que requiere la perfección, a lo menos no la podrás tener en la imperfección que comúnmente tienen en los rosarios; pues apenas hallarás quien no tenga alguna flaqueza en ellos, queriendo que sea de esta hechura más que de aquella (3), o de este color y metal más que de aquél, o dt> este ornato o de estótro; no importando más el uno que el otro para que Dios oiga mejor lo que se reza por éste que por aquél; antes aquélla que va con sencillo y verdadero corazón (4), no miran- do más que a agradar a Dios, no dándose nada más por este rosario que por aquél, si no fuese de indulgencias.
8. Es nuestra vana codicia de suerte y condición (5), que en todas las cosas quiere hacer asiento; y es como la carcoma, que roe lo sano, y en las cosas buenas y malas hace su oficio Porque, ¿qué otra cosa es gustar tú de traer el rosario curioso, y querer que sea antes de esta manera que de aquélla, sino te- ner puesto tu gozo en el instrumento, y querer escoger antes esta imagen que la otra, no mirando si te despertará más el amor divino, sino en si es más preciosa y curiosa? Si tú em- pleases el apetito y gozo sólo en amar a Dios, no se te daría nada por eso ni por esótro. Y es grande enfado ver al- 1 Asi A, B y t; p. El C. de Ale. no traslada las palabras como acabo ahora de decir.
2 La linea que siyue no se lee en la e. p.
3 La e. p.: más que de la otra.
1 E. p. coh sencillo y recto corazón.
5 E p de tal suerte y condición.
LIBRO TERCERO. — CAP. XXXV 335 qunas personas espirituales tan asidas al modo y hechura de <>stos instrumentos y motivos, y a la curiosidad y vano gustu en ellos; porque nunca los veréis satisfechos, sino siempre de- jando unos por otros, y trocando y olvidando la devoción del espíritu por estos modos visibles, teniendo en ellos el asimiento y propiedad, no de otro género a veces que en otras alhajas U-mporales. di- lo cual no sacan poco daño (1).
CAPITULO XXXVI fcN QUE PROSIGUE DE LAS IMAGENES, Y DICE DE LA IGNORANCIA QUh ACEHCA DE ELLAS TU NI N ALGUNAS PERSONAS.
I. Mucho había que decir de la rudeza que muchas per- sonas tienen acerca de las imágenes; porque llega la bebería u tanto, que algunas ponen más confianza (2) en unas imágenes que en otras, entendiendo que les oirá Dios más por éstas que por aquéllas, representando ambas una misma cosa, como dos de Cristo o dos de Nuestrci Señora, Y esto es, porque tienen más afición a la una hechura que a la otra; en lo cual va envuelta gran rudeza acerca del trato con Dios y culto y honra que se le debe, el cual sólo mira a la fe y pureza del corazón del que ora. Porque el hacer Dios a veces más mercedes por medio de una imagen que de otra de aquel mis- mo género, no es porque haya más en una que en otra para este efecto (aunque en la hechura tenga mucha diferencia); sino porque las personas despiertan más su devoción por medio 1 Asi A, B y e. p. El C. de Ale. abrevia estas lineas en la forma siguiente; Yes lástima ver algunas personas espirituales tan asidas al modo y hechura de estos ins- trumentos, teniendo en ellos el iisimiento y propiedad que en otras alhajas tempora- les. Lo poco que se lee en C y D, se aproxima más a los primeros que al Códice de Alcaudete.
2 E. p. abrevia: "en unas imágenes que en otras, llevados solamente de la afición que tienen más a una figura que a otra, en lo cual va envuelta gran rudeza y bastardía acerca del trato con Dios y culto y honra que se le debe, el cual principalmente mira la le y pureza del corazón del que ora; porque el hacer Dios más mercedes a veces por medio de una imagen que por otra de aquel mismo género, es, aunque haya en la he chura mucha diferencia, porque las personas dispierten más su devoción por medio de una que por medio de otra. De donde la causa porque Dios obra milagros", etc.
336 SUBIDA DEL MONTE CARMELO de una que de otra. Que si la misma devoción tuviesen por la una que por la otra (y aun sin la una y sin la otra), las mismas mercedes recibirían de Dios.
2. De donde la causa porque Dios despierta milagros y hace mercedes por medio de algunas imágenes más que por otras, no es para que estimen más aquéllas que las otras; sino para que con aquella novedad se despierte la dormida devoción y afecto de los fieles a oración. Y de aquí os, que, como en- tonces por medio de aquella imagen se enciende la devoción y se continúa la oración (que lo uno y lo otro es medio para que oiga Dios y conceda lo que se le pide), emonces y por medio de aquella imagen, por la oración y afecto continúa Dios las mercedes y milagros en aquella imagen; que cierto está que no los hace Dios por la imagen, pues en si no es más que pintura; sino por la devoción y fe que se tiene con el santo que repre- senta. Y así, si la misma devoción tuvieses tú y fe en Nuestra Señora delante de esta su imagen que delante de aquélla, que representa la misma (y aun sin ella, como habernos dicho), las mismas mercedes recibirías. Que aun por experiencia se ve que, si Dios hace algunas mercedes y obra milagros, ordinariamen- te los hace por medio de algunas imágenes no muy bien ta- lladas ni curiosamente pintadas o figuradas; porque los fieles no atribuyan algo de esto a la figura o pintura (1).
3. Y muchas veces suele obrar Nuestro Señor estas mer- cedes por medio de aquellas imágenes que están más apartadas y solitarias. Lo uno, porque con aquel movimiento de ir a ellas crezca más el afecto y sea más intenso el acto. Lo otro, porque se aparten del ruido y gente a orar, como lo hacía el Señor. Por lo cual, el que hace la romería, hace bien de hacerla cuando no va otra gente, aunque sea tiempo extraordinario. Y cuando va mucha turba, nunca yo se lo aconsejaría; porque, ordina- riamente, vuelven más distraídos que fueron. Y muchos las to- rnan y hacen más por recreación que por devoción. De manera LIBRO TERCERO. — CAP. XXXVI 337 que, como haya devoción y fe, cualquiera imagen bastará; mas si no la hay, ninguna bastan! (1). Que barh> viva imagen era Nuestro Salvador en el mundo; y, con todo, los que no tenían fe, aunque más andaban con el y veian sus obras maravillosas, 110 se aprovechaban. Y esa era la causa por qué en su tierra no hacia muchas virtudes, ^onio dice el Evangelista (2).
4. También quiero aquí decir algunos efectos sobrenaturales que causan a veces algunas imágenes en personas particulares. Y es, que a alguna* imágenes da Dios (3) espíritu particular en ellas, de manera que quede fijada en la mente la figura de la imagen y devoción que causó, trayéndola como presente; y cuan- do de repente de ella se acuerda, le hace el mismo espíritu que cuando la viu, a veces menos, y aun a veces más; y en otra imagen, aunque sea de más perfecta hechura, no hallará aquel espíritu.
5. También muchas personas tienen devoción más en unas hccliuras que en otras, y en algunas no será más que afición y gusto natural, así como a uno contentará mas el rostro de una persona que de otra, y se aficionará más a ella naturalmente, y la traerá más presente en su imaginación aunque no sea tan hermosa como las otras, porque se inclina su natural a aquella manera de forma y figura. Y asi, pensarán algunas personas, que la afición que tienen a tal o tal imagen es devoción, y no será quizá más que afición y gusto natural. Otras veces acaece que, mirando una imagen, la vean moverse, o hacer semblantes y mues- tras, y dar a entender cosas, o hablar. Esta manera y la de los efectos sobrenaturales (5) que aquí decimos de las imágenes, aunque es verdad que muchas veces son verdaderos efectos y buenos, causando Dios aquello, o para aumentar la devoción, 1 E. p.: De maner.i une si fio hay devoción y fe, no bastará la imagen.
2 Luc., IV, 2«.
3 A y B: pone Dios.
4 Kl Códice de Alba: y l.i traerá mas presente, porgue e> cosa natural y tenerla s.empre en 'a memoria.
5 Asi Ale. y la e. p. — A de esfa manera o de la otra. Pero de los afectos so- brenaturales, eu j.. h«, q - M 338 SUBIDA DEL MONTE CARMELO o para que el alma tenga algún arrimo, a que ande asida por ser algo flaca y no se distraiga; muchas veces (1) lo hace el demonio para engañar y dañar. Por tanto, para todo daremos doctrina en el capítulo siguiente.
CAPITULO XXXV11 DE COMO SE HA DE ENCAMINAR A DIOS EL GOZO DE LA VOLUNTAD POR EL OBJETO DE LAS IMAGENES, DE MANERA QUE NO YERRb NI SE IMPIDA POR ELLAS.
1. Así como las imágenes son de gran provecho para acor- darse de Dios y de los santos, y mover la voluntad a devoción usando de ellas por la vía ordinaria (2), como conviene; asi también serán para errar mucho si cuando acaecen cosas sobre- naturales acerca de ellas, no supiese el alma haberse como con- viene para ir a Dios. Porque uno de los medios con que el de- monio coge a las almas incautas con facilidad y las impide el camino de la verdad del espíritu, es por cosas sobrenaturales (3) y extraordinarias, de que hace muestra por las imágenes, ahora en las materiales y corporales que usa la Iglesia, ahora en las que él suele fijar en la fantasía debajo de tal o tal santo, o imagen suya, transfigurándose en ángel de luz para engañar. Porque el astuto demonio en esos mismos medios que tenernos para re- mediarnos y ayudarnos, se procura disimular para cogernos más incautos Por lo cual, el alma buena siempre en lo bueno se ha de recelar más, porque lo malo ello trae consigo el testi- monio de sí.
2. Por tanto, para evitar todos los daños que al alma pueden tocar en este caso, que son, o ser impedida de volar a Dios, o usar con bajo estilo e ignorantemente de las imágenes, o ser engañado natural o sobrenaturalmente (4) por ellas; las 1 E. p. añade: otras veces no son verdaderos y suele hacerlos el demonio.
2 No traslada el C. de Ale. por la vía ordinaria, que leemos en A. B y e. p.
3 E. p. en vez de sobrenaturales imprime raras. Véase la nota que acerca de la palabra sobrenatural pusimos en la página 138.
4 La e. p: o ser engañado por ellas.
LIBRO TERCERO. — CAP. XXXVII 339 cuales cosas son las que arriba habernos tocado; y también para purificar el gozo de la voluntad en ellas y enderezar por ellas el alma a Dios, que es el intento que en el uso de ellas tiene la Iglesia, sola una advertencia quiero poner aquí, que bas- tará para todo, y es: que pues las imágenes nos sirven para mo- tivo de las cosas invisibles, que en ellas solamente procuremos e) motivo y afición y gozo de la voluntad en lo vivo que repre- sentan. Por tanto, tenga el fiel este cuidado, que en viendo la imagen, no quiera embeber el sentido en ella, ahora sea cor- poral lu imagen, ahora imaginaria; ahora de hermosa hechura, ahora de rico atavio; ahora le haga devoción sensitiva, ahora es- piritual, ahora le haga muestras sobrenaturales, no haciendo caso de nada de estos accidentes, no repare más en ella, sino (1), lue- go levante fie ahí la mente a lo que representa, poniendo el jugo y gozo de la voluntad en Dios con la oración y devoción de su espíritu, o en el santo que invoca; porque lo que se ha de llevar lo vivo y el espíritu, no se lo lleve lo pintado y el sen- tido. De esta manera, no será engañado, porque no hará caso de lo que la imagen le dijere, ni ocupará el sentido ni el espíritu que no vaya libremente a Dios, ni pondrá más confianza en una imagen que en otra. Y la que sobrenaturalmente le diese devoción, se la dará más copiosamente, pues que luego va a Dios con el afecto. Porque Dios siempre que hace esas y otras mercedes, las hace inclinando el afecto del gozo de la voluntad a lo invisible, y así quiere que lo hagamos, aniquilando la fuer- za y jugo de las potencias acerca de todas las cosas visibles y sensibles.
I E p. añade sino, hecha a la imagen la adoración que manda la Iglesia.
340 SUBIDA DEL MONTE CARMELO CAPITULO XXXVIII PROSIGUE EN LOS BIENES MOTIVOS. -DICI DK LOS ORATORIOS Y LU- GARES DEDICADOS PARA ORACION.
1. Paréceme que ya queda dado a entender cómo en estos accidentes de las imágenes puede tener el espiritual tanta im- perfección, y por ventora más peligrosa, poniendo su gusto y go- zo (1) en ellas, como en las demás cosas corporales y tempo- rales. Y digo que más, por ventura, porque con decir: cosas santas son, se aseguran más, y no temen la propiedad y asi- miento natural; y así, se engañan a veces harto, pensando que ya están llenos de devoción porque se sienten tener el gusto en estas cosas santas, y, por ventura, no es más que condición y apetito natural, que, como le ponen en otras cosas, le ponen en aquello.
2. De aqui es (porque comencemos a tratar de los orato- rios), que algunas personas no se hartan de añadir unas y otras imágenes a su oratorio, gustando del orden y atavio con que las ponen, a fin de que su oratorio esté bien adornado y parezca bien; y a Dios no le quieren más asi que asi, mas antes menos, pues el gusto que ponen en aquellos ornatos pintados, quitan a lo vivo, como habernos dicho. Que aunque es verdad que todo ornato y atavío y reverencia que se puede hacer a las imágenes, es muy poco, (por lo cual los que las tienen con poca decencia y reverencia son dignos de mucha reprensión, junto con los que ha- cen algunas tan mal talladas que antes quitan la devoción que la añaden, por lo cual habían de impedir a algunos oficiales que en esta arte son cortos y toscos); pero ¿qué tiene esto que ver con la propiedad y asimiento y apetito que tú tienes en estos ornatos y atavíos exteriores, cuando de tal manera te engolfan el sentido, que te impiden mucho el corazón de ir a Dios, y amarle y ol- vidarte de todas las cosas por su amor? Que si a esto faltas por 1 E. p.: su gusto en ellas.
LIBRO TEKCERO. — CAP. XXXVIII esotro, no sólo no te lo agradecerá, mas antes te castigará, poí- no haber buscado en todas las cosas su gusto mas que el tu- go. Lo cual pudras bien entender en aquella fiesta que hicie- ron a Su Majestad cuando entro en Jerusalén, recibiéndole con tantos cantares y ramos, y lloraba el Señor (1); porque, teniendo ellos su cora/ón muy lejos de él, le hadan pago con aquellas señales y ornatos exteriores. En lo cual, podernos decir que más se hacían fiesta a si mismos que a Dios; como acaece a muchos el dia de hoy, que cuando hay alguna solemne fiesta (2) en alguna parle, más se suelen alegrar por lo que ellos se han de holgar en ella, ahora por ver, o ser vistos, ahora por comer, aho- ra por otros sus respetos, que por agradar a Dios. En las cuales inclinaciones e intenciones ningún gusto dan a Dios; mayormente, los mismos que celebran las fies!.;;., cuando inventan para inter- poner en ellas cosas ridiculas e indevotas para incitar a risa a la gente, con que más se distraen; y otros ponen cosas que agra- den más a la gente, que la muevan a devoción.
o. Pues, ¿qué diré de otros intentos que tienen algunos de intereses en las fiestas que celebran?; los cuales si tienen mas el ojo y codicia a esto que al servicio de Dios, ellos se lo saben, y Dios que lo ve; pero en las unas maneras y en las otras, cuando asi pasan, crean que más se hacen a si la fiesta que a Dios. Porque lo que por su gusto o el de los hombres hacen, no lo toma Diob a su cuenta, antes muchos se estarán holgando de los que comu- nican en las fiestas de Dios, y Dios se estará con ellos enojando, como lo hizo con los hijos de Israel cuando hacían fiesta can- tando y bailando (3) a su ídolo, pensando que hacían fiesta a Dios, de los cuales mató muchos millares (4). O como con los sacerdotes Nadab y Abiud, hijos de Aarón, a quien mató Dios con los incensarios en las manos, porque ofrecían fuego ajeno (5). O 1 Matth. XXI 9 2 E. p.: cuando hay solemnidad en alguna parte.
4 Exod.. XXXII. 7-28.
342 SUBIDA DEL MONTE CARMELO como al que entró en las bodas mal ataviado (1) y compuesto, al cual mandó el rey echar en las tinieblas exteriores, atado de pies y manos (2). En lo cual se conoce cuan mal sufre Dios en las juntas que se hacen para su servicio, estos desacatos. Por- que ¡cuántas fiestas, Dios mío, os hacen los hijos de los hom- bres, en que se lleva más el demonio que vos!, y el demonio gus- ta de ellas, porque en ellas, como el tratante, hace él su feria. Y cuántas veces diréis vos en ellas: Este pueblo con los labios me honra sólo, mas su corazón está lejos de mí, porque me sir- ve sin causa (3). Porque la causa por que Dios (4) ha de ser servido, es sólo por ser él quien es, y no interponiendo otros fines. Y así, no sirviéndole sólo por quien él es, es servirle sin causa final de Dios (5).
4. Pues, volviendo a los oratorios, digo que algunas perso- nas los atavían más por su gusto que por el de Dios; y algunos hacen tan poco caso de la devoción de ellos, que no los tienen en más que sus camarines (6) profanos; y aun algunos no en tanto, pues tienen más gusto en lo profano que en lo divino.
5. Pero dejemos ahora esto, y digamos todavía de los que hilan más delgado, es a saber, de los que se tienen por gente devota. Porque muchos de éstos de tal manera dan en tener asido el apetito y gusto a su oratorio y ornato de él, que todo lo que habían de emplear en oración de Dios y recogimiento interior, se les va en esto. Y no echan de ver qüie no orde- nando esto para el recogimiento interior y paz del alma, se distraen tanto con ello como en las demás cosas, y se inquie- tarán en el tal gusto a cada paso, y más si se lo quisiesen quitar.
2 Matth.. XXII, 12-13.
3 Ibld., XV, 8.
4 E. p.: Que la principal causa por que Dios.
5 Toda esta linea falta en la e. p, desde las palabras Y así.
6 Camariles. traslada el C. de Ale.
LIBRO TERCERO. —CAP. XXXIX CAPITULO XXXIX l'F. COMO SE HA DE OSAR OH I.OS ORATORIOS Y TEMPLOS, ENCAMINANDO EL ESPIRITU A DIOS.
1. Para encaminar fi Dios el espíritu en este genero, con- viene advertir que a los principiantes bien se les permite, y aun les conviene, tener algún gusto y jugo sensible acerca de las imágenes, oratorios y otras cosas devotas visibles, por cuanto aun no tienen destetado ni desarrimado el paladar de las cosas del si- glo, porque con este gusto dejen el otro. Como al niño que, por desembarazarle la mano de una cosa, se la ocupan con otra por- que no llore, dejándole las manos vacias. Pero para ir adelante, también se ha de desnudar el espiritual de todos esos gustos y apetitos en que la voluntad puede gozarse; porque ei puro espí- ritu muy poco se ata a nada de esos objetos, sino sólo en recogi- miento interior y trato mental con Dios. Que aunque se aprovecha de las imágenes y oratorios, es muy de paso, y luego para su espíritu en Dios, olvidado de todo lo sensible.
2. Por tanto, aunque es mejor orar donde más decencia hu- biere, con todo, no obstante esto, aquel lugar se ha de escoger donde menos se embarazare el sentido y el espíritu de ir a Dios. En lo cual nos conviene tomar aquello que responde Nuestro Salvador a la mujer samaritana, cuando le preguntó que cuál erf más acomodado lugar para orar, el templo o el monte, le respon- dió (1): Que no estaba la verdadera oración aneja al monte ni al templo (2); sino que los adoradores de que se agradaba el Padre, son los que le adoran en espíritu y verdad (3). De don- de, aunque los templos y lugares apacibles son (4) dedicados y acomodados a oración (porque el templo no se ha de usar para 1 Le respondió. Faltan estas palabras en la c. p.
2 Tampoco copia la e. p. las palabras ni al templo.
544 SUBIDA DEL MONTE CARMELO otra cosa), todavía para negocio de trato tan interior (1) como éste, que se hace con Dios, aquel lugar se debe escoger que me- nos ocupe y lleve tras si el sentido. Y asi, no ha de ser lugar ameno y deleitable al sentido (como suelen procurar algunos), porque en vez de recoger a Dios el espíritu, no pare en recrea- ción y gusto y sabor de! sentido. Y por eso es bueno lugar solitario, y aun áspero, para que el espíritu sólida y derechamente suba a Dios, no impedido ni detenido en las cosas visibles; aun- que alguna vez ayudan a levantar el espíritu, mas esto es olvidándolas luego y quedándose en Dios. Por lo cual, Nues- tro Salvador, escogía lugares solitarios para orar, y aquéllos que no ocupasen mucho los sentidos (para darnos ejemplo); sino que levantasen el alma a Dios, como eran los montes (2) que se levantaban de la tierra, y ordinariamente son pelados sin materia de sensitiva recreación.
3. De donde el verdadero espiritual nunca se ata ni mira en que el lugar para orar sea de tal o tal comodidad, porque esto todavía es estar atado al sentido; sino sólo al recogimiento in- terior (3), en olvido de eso y de esotro, escogiendo para esto el lugar más libre de objetos y jugos sensibles, sacando la adver- tencia de todo eso para poder gozarse más a solas de criaturas con su Dios. Porque es cosa notable ver algunos espirituales que todo se les va en componer oratorios, y acomodar lugares agra- dables a su condición o inclinación, y del recogimiento interior, que es el que hace al caso, hacen menos caudal, y tienen muy poco de él; porque si le tuviesen, no podrían tener gusto en aquellos modos y maneras, antes les cansarían.
Las palabras restantes hasta el punto, faltan en el C. de Ale.
E. p.: De donde el verdadero espiritual no mira sino solo al recogimiento.
LIBRO TERCERO. — CAP. XL 3H5 CAPITULO XL QVE PROSIÜIE ENCAMINANDO EL ESPIRITU AL RECOGIMIENTO INTERIOR ACERCA DE LO DICHO.
1. La causa, pues, por que algunos espirituales nunca aca- ban de entrar en los verdaderos gozos del espíritu es, porque nunca acaban ellos de alzar el apetito del gozo de estas cosas exterio- res y visibles. Adviertan estos tales que, aunque el lugar decente y dedicado para oración es el templo y oratorio, visible, y la ima- gen para mo'ivo, que no ha de ser de manera que se emplee el jugo y sabor del alma en el templo visible y motivo, y se olvide de orar en el templo vivo, que es el interior recogi- miento del alma. Porque, para advertirnos esto, dijo el Apóstol: Mirad, que vuestros cuerpos son templos vivos del Espíritu Santo, que mora en vosotros (1). Y a esta consideración nos envia la autoridad que habernos alegado de Cristo, es a saber: a los verdaderos adoradores (2) conviene adorar en espíritu y verdad (3). Porque muy poco caso hace Dios de tus orato- rios y lugares acomodados, si, por tener el apetito y gusto asido a ellos, tienes algo menos de desnudez interior, que es la pobreza espiritual en negación de todas las cosas que puedes poseer.
2. Debes, pues, para purgar la voluntad del gozo y apetito vano en esto y enderezarlo a Dios en tu oración, sólo mirar que tu conciencia esté pura, y tu voluntad entera con Dios, y la mente puesta de veras en él; y, como he dicho, escoger el lugar más apartado y solitario que pudieres, y convertir todo el gozo de la voluntad en invocar y glorificar a Dios; y de esotros gustillos de lo exterior no hagas caso, antes los procures ne- gar. Porque si se hace el alma al sabor de la devoción sen- 1 I ad Cor.. III, 16. Aquí añade la e. p.: "Y Cristo por Lucas (XVII-21): Que el reino de Dios está dentro de vosotros.
3 Joan., IV, 24.
346 SUBIDA DEL MONTE CARMELO sible, nunca atinará a pasar a la fuerza del deleite del espiritu, que se halla en la desnudez espiritual mediante el recogimiento interior.
CAPITULO XL1 DK ALGUNOS DAÑOS EN QUE CAEN LOS QUE SE DAN AL GUSTO SENSIBLE DE LAS COSAS Y LUGARES DEVOTOS DE LA MANERA QUE SE HA DICHO.
1. Muchos daños se le siguen, asi acerca de lo interior co- mo de lo exterior, al espiritual por quererse andar al sabor sensi- tivo acerca de las dichas cosas. Porque acerca del espiritu, nunca llegará al recogimiento interior del espiritu, que consiste en pa- sar de todo eso, y hacer olvidar al alma todos esos sabores sensibles, y entrar en lo vivo del recogimiento del alma, y ad- quirir las virtudes con fuerza. Cuanto a lo exterior, le causa no acomodarse a orar en todos los lugares, sino en los que son a su gusto, y asi, muchas veces faltará a la oración, pues, como dicen, no está hecho más que al libro de su aldea.