SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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1. La tercera manera de pasión y pena que el alma aquí padece, es a causa de otros dos extremos, conviene a saber, divino y humano, que aquí se juntan. El divino es esta contem- plación purgativa, y el humano es sujeto del alma.* Que como el divino embiste a fin de renovarla (3) para hacerla divina, y des- nudándola de las aficiones habituales y propiedades del hombre viejo, en que ella está muy unida, conglutinada y conformada, de tal manera la destrica y descuece (4) la sustancia espiritual, absorbiéndola en una profunda y honda tiniebla, que el alma se siente estar deshaciendo y derritiendo en la faz y vista de sus miserias con muerte de espíritu cruel; asi como si tragada de una bestia en su vientre tenebroso se sintiese estar digiriendo, padeciendo estas angustias, como Jonás en el vientre de aquella marina bestia (5). Porque en este sepulcro de oscura muerte le conviene estar para la espiritual resurrección que espera.

1 Job, XIX, 21.

2 Así la c. p. Los demás Códices no ponen nada.

3 Asi H y V — A y B: purgarla y renovarla. M: hacerla y renovarla. P y C. cogerla y renovarla. Bz: cortarla y renovarla. Mtr.: cocerla y renovarla. E. p.: sazo- narla y renovarla. Como se ve. hay para todos los gustos: ¿quién copia fielmente al Santo?

4 Asi H. V y Mtr. — P: la descuece. A y B: la deshace y descuece. M: destrueca y descuece. Bz.: destrica y escurece. C: destroza y cuece La e. p. la desmenuza y deshace, omitiendo la sustancia espiritual.

5 Jon.. II, 1.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. VI 427 2. La manera de esta pasión y pena, aunque de verdad ella es sobre manera, discríbela David, diciendo: Cercáronme (1) los gemidos de la muerte, los dolores del infierno me rodearon, en mi tribulación clamé (2). Pero lo que esta doliente alma aquí más siente, es parccerle claro que Dios la ha desechado, y aborrecién- dola arrojado en las tinieblas, que para ella es grave y lastimera pena creer que la ha dejado Dios. La cual también David, sin- tiéndola mucho en este caso, dice: De la manera que los lla- gados están muertos en los sepulcros (3), dejados ya de tu mano, de que no te acuerdas más; asi me pusieron a mi en el lago más hondo e inferior en tenebrosidades y sombra de muerte, y está sobre mi confirmado tu furor, y todas tus olas (4) descargaste sobre mí (5). Porque, verdaderamente, cuando esta contemplación purgativa aprieta, sombra de muerte y gemidos de muerte (6) y dolores de infierno siente el alma muy a lo vivo, que consiste en sentirse sin Dios, y castigada y arrojada, e indigna de él (7), y que está enojado, que todo se siente aquí, y más, que le parece (8) que ya es para siempre.

3. Y el mismo desamparo siente de todas las criaturas y desprecio acerca de ellas, particularmente de los amigos. Que por eso prosigue luego David, diciendo: Alejaste de mí mis amigos y conocidos; tuviéronme por abominación (9). Todo lo cual, como quien también lo experimentó en el vientre de la bestia corporal y espiritualmente, testifica bien Jonás, diciendo así: Arrojásteme al profundo en el corazón de la mar, y la corriente me cercó; todos sus golfos y olas pasaron sobre mí y dije: arrojado estoy de la presencia de tus ojos; pero otra 1 Por error traslada H: cercenáronme.

2 Ps. XVII, 5-7.

3 Por distracción no copia H: e/i los sepulcros, que se lee en los demás Códices. •4 H y Bz: obras. Es error de copia.

5 Ps. LXXXVI1, 6-8.

6 La e. p. omite: de muerte.

7 Asi leen A. B. M, V y Mtr. Por error H traslada: digna de él. La e. p.: indig- nado él.

8 La e. p. añade: en una temerosa aprehensión, que no se lee en ningún manus- crito.

9 Ps. LXXXVII. 9.

428 NOCHE OSCURA vez veré tu santo templo (lo cual dice, porque aqui purifica Dios al alma para verlo), cercáronme las aguas (1) hasta el al- ma, el abismo me ciñó, el piélago cubrió mi cabeza, a los ex- tremos de los montes descendí; los cerrojos de la tierra me encerraron (2) para siempre (3). Los cuales cerrojos se entien- den aquí a este propósito por las imperfecciones del alma, que fa tienen impedida que no goce esta sabrosa contemplación.

4. La cuarta manera de pena causa en el alma otra excelen- cia de esta oscura contemplación, que es la majestad y grandeza de ella (4), de la cual nace sentir en el alma otro extremo que hay en ella de íntima pobreza y miseria; la cual es de las principales penas que padece en esta purgación. Porque siente en sí un profundo vacio y pobreza de tres tnaneras de bienes que se ordenan al gusto del alma, que son temporal, natural y es- piritual; viéndose puesta en los males contrarios, conviene a sa- ber: miserias de imperfecciones, sequedades y vacíos de las aprehensiones de las potencias (ó) y desamparo del espíritu en tiniebla. Que por cuanto aqui purga Dios al alma según la sustancia sensitiva y espiritual y según las potencias interiores y exteriores, conviene que el alma sea puesta en vacío y pobreza y desamparo de todas estas partes, dejándola seca, vacía y en tinieblas (6). Porque la parte sensitiva se purifica en sequedad, y las potencias en el vacío de sus aprehensiones, y el espíritu en tiniebla oscura.

í). Todo lo cual hace Dios por medio de esta oscura con- templación; en la cual no sólo padece el alma el vacío y sus-* pensión de estos arrimos naturales y aprehensiones, que es un pa- decer muy congojoso, (de manera que (7) si a uno le suspen- 1 Bz.: angustias.

2 Asi H y M. — V: me cercaron. Los demás: me cerraron.

3 )on.. H, 4-7.

4 Asi leen H, Bz.. C, V, Mtr y G. — A. B y M no dicen nada. La c. p.: que es la majestad y grandeza de Dios. Puede aludir el Santo a que en esta contemplación ad- quiere el alma mayor conocimiento de la excelencia de si misma, y. como consecuen- cia, queda mas ohliyada a Dios, de quien es tiyura y semejanza.

5 Bz. omite todo lo que hay entre esta palabra y la igual que viene luego.

6 Bz.: Uniebla oscura, y por la razón dicha en la nota anterior, omite también las dos lineas siguientes.

LIBRO SEGUNDO — CAP. VI A29 diesen o detuviesen en el aire, que no respirase), mas también está purgando al alma, aniquilando o vaciando o consumiendo en ella (asi como hace el fueqo al orín y moho del metal), todas las alecciones y hábitos imperfectos que ha contraído toda la vida. Que por estar ellos muy arraigados en la sustancia del alma suele padecer grave deshacimiento (1) y tormento interior, demás de la dicha pobreza y vacío natural y es- piritual, para que se verifique aquí la autoridad de Ezequiel, que dice: Junta los huesos, y encenderlos he en fuego, consumir- se han las carnes, y cocerse ha toda la composición y deshacerse han los huesos (2). En 1.) cual se entiende la pena que se pa- dece en el vacío y pobreza de la sustancia del alma (3) sensi- tiva y espiritual Y sobre esto dice luego: Ponedla también así vacia sobre las ascuas, para que se caliente y se derrita su metal, y se deshaga 'en medio de ella su inmundicia y sea con- sumido su moho. En lo cual se da a entender la grave pasión que el alma aquí padece en 1 i purgación del fuego de esta contem- plación, pues dice aquí el proteta (4) que para que se purifique y deshaga el orín de las aficiones que están en medio del alma, es menester en cierta manera que ella misma se aniquile y deshaga; según está ennaturalizada (5) en estas pasiones e im- perfecciones.

6. De donde, porque en esta fragua se purifica el alma como el oro en el crisol, según el Sabio dice (6), siente este grande deshacimiento en la misma sustancia del alma, con ex- tremada pobreza, en que esta como acabando, como se puede ver por lo que a este propósito de sí dice David por estas palabras, clamando a Dios: Sálvame, Señor, porque han entrado las aguas hasta el alma mía; fijado estoy en el limo del profundo, y 2 Ezech.. XXIV. 10.

4 lb.d.. 11.

6 Sapienc, III, 6.

430 NOCHE OSCURA no hay donde me sustente; vine hasta lo profundo de la mar, y la tempestad me anegó; trabajé clamando, enronqueciéron- seme mis gargantas (1), desfallecieron mis ojos en tanto que espero en mi Dios (2). En esto humilla Dios mucho al alma para ensalzarla mucho después, y si él no ordenase que estos sen- timientos, cuando se avivan en el alma, se adormeciesen presto, moriría muy en breves dias (3); mas son interpolados los ratos en que se siente su íntima viveza. La cual algunas veces se siente tan a lo vivo, que le parece al alma que ve abierto el infierno y la perdición. Porque de éstos son los que de veras descienden al infierno, viviendo, pues aquí se purgan a la ma- nera que allí (4); porque esta purgación es la que se había de hacer allí (5). Y asi el alma que por aquí pasa (6), o no entra en aquel lugar, o se detiene allí muy poco (7), porque apro- vecha aquí más una hora que muchas allí.

CAPITULO VII PROSIGUE EN LA MISMA MATERIA DE OTRAS AFLICCIONES Y APRIETOS DE LA VOLUNTAD (8).

1. Las aflicciones de la voluuntad y aprietos son aquí tam- bién inmensos y de manera que algunas veces traspasan al alma en la súbita memoria de los males en que se ve, con la incer- tidumbre de su remedio. Y añádese a esto la memoria de las prosperidades pasadas; porque éstos, ordinariamente, cuando en- tran en esta noche, han tenido muchos (9) en Dios y héchole muchos servicios, y esto les causa más dolor, ver que están 1 E. p.: enronquecióse mi garganta.

2 Ps. LXVIII. 2-4.

3 E. p.: desampararía el cuerpo muy en breves dias.

4 Lae. p.; Va modo de purgatorio se purgan aquí.

5 Cuando es de culpas, aunque sean veniales, añade la e. p.

6 Y queda bien purgada, añade la e. p.

7 La e. p.: se detiene allí peco.

8 Asi la e. p. Los Códices no traen titulo alguno.

9 Gusfos. añade la e. p.

LIBRO SEGUNDO— CAP. VII 431 ajenos de aquel bien, y que ya no pueden entrar en él. Esto di- ce Job también, como lo experimentó, por estas palabras: Yo, aquel que solía ser opulento y rico, de repente estoy deshecho y contrito; asióme la cerviz, quebrantóme, y púsome como se- ñuelo suyo ( 1 ) para herir en mí; cercóme con sus lanzas, llagó todos mis lomos, no perdonó, derramó en la tierra mis entra- ñas, rompióme como llaga sobre llaga (2); embistió en mí co- mo fuerte gigante; cosí un saco sobre mí piel, y cubrí con ceniza mi carne; mi rostro se ha hinchado en llanto y cegádose mis ojos (5).

2. Tantas y tan graves (4) son las penas de esta noche, y tantas autoridades hay en la Escritura que a este propósito se podían alegar, que nos faltaría tiempo y fuerzas escribiendo, porque sin duda todo lo que se puede decir es menos. Por las autoridades ya dichas se podrá barruntar algo de ello. Y para ir concluyendo con este verso, y dando a entender más lo que obra en el alma esta noche, diré lo que de ella siente Jeremías, lo cual, por ser tanto lo dice y llora él por muchas palabras, en esta manera: Yo, varón, que veo mi pobreza en la vara de su indignación, hame amenazado, y trájome a las tinieblas, y no a la luz. ¡Tanto ha vuelto y convertido su mano sobre mí todo el día i Hizo vieja mi piel y mi carne, desmenuzó mis hue- sos; enrededor de mi hizo cerca, y cercóme de hiél y trabajo; en tenebrosidades me colocó, como muertos (5) sempiternos. Cercó enrededor contra mí porque no salga, agravóme las pri- siones. Y también cuando hubiere clamado (6) y rogado, ha excluido mi oración. Cerr adorne ha mis salidas y vías con piedras cuadradas; desbaratóme mis pasos. Puso acechadores (7); es hecho para mí león en escondrijo. Mis pisadas trastornó y des- 1 Así los Códices. La e. p.: blanco suyo. Por error traslada H: sin velo yo.

2 E. p.: rompióme y añadió llagas sobre Hayas.

3 Job. XVI. 13-17.

5 E. p.: como a los muertos sempiternos.

6 E. p.. cuando viniere llamando.

432 NOCHfc OSCURA menuzóme, púsome desamparada (1), extendió su arco, y pú- some a mí como señuelo a su saeta Arrojo a mis entrañas las hijas de su aljaba. Hecho soy para escarnio de todo el pueblo, y para risa y mofa de ellos todo el día Llcnádome ha de amar- guras, embriagóme con absintio Por número (2) me quebrantó mis dientes, apacentóme con ceniza Arrojada está mi alma de la paz, olvidado estoy de los bienes. Y dije, frustrado y acabado está mi fin, y mi pretensión y rni esperanza del Señor. Acuér- date de mi pobreza y de mi exceso, del absintio y de la hiél. Acordarme he con memoria, y mi alma en rni se deshará en penas (3).

3. Todos estos llantos hace Jeremías sobre estas penas y trabajos, en que pinta muy al vivo las pasiones del alma en esta purgación y noche espiritual (4). De donde grande compa- sión conviene tener al alma que Dios pone en esta tempestuo- sa (5) y horrenda noche. Porque aunque le corre muy buena di- cha por los grandes bienes que de ella le lian de nacer (6) cuan- do, como dice job, levantare Dios en el alma de las tinieblas profundos bienes, y produzca en luz la sombra de muerte (7): de manera que, como dice David, venga a ser su luz como fue- ron sus tinieblas (8); con todo eso, por la inmensa pena con que anda penando, y por la grande incertidumbre que tiene de su remedio, pues cree (9), como aquí dice este Profeta, que no ha de acabarse su mal, pareciéndole, como también dice Da- vid, que la colocó Dios en las oscuridades como a los muertos del siglo, angustiándose por esto en ella su espíritu, y turbándo- se en ella su corazón (10), es de haberle gran dolor y lástima, por- 2 E. p.: uno a uno.

3 Thren.. III. 1 20 í E. p. en que esta purgación y noche espiritual la pone.

5 E. p.: espantosa.

6 H omite descuidadamente por los grandes bienes que de ella le han de nacer 1 |ob. XI!. 22 8 Ps. CXXXVII! 12.

9 E. p.: pues le parece. 10 Ps. CXLII. 3 LIBRO SEGUNDO. — CAP. Vil que se añade a esto, a causa de la soledad y desamparo que esta oscura noche la causa, no hallar consuelo ni arrimo en nin- guna doctrina ni en maestro espiritual. Poraue aunque por mu- chas vías le testifique las causas del consuelo que puede tener por los bienes que hay en estas penas, no lo puede creer. Porque como ella está tan embebida e inmersa en aquel sentimiento de males en que ve tan claramente sus miserias, parécele que como ellos no ven lo que ella ve y siente, no la entendiendo dicen aque- llo, y en vez de consuelo, antes recibe nuevo dolor, pareciéndole que no es aquél el remedio de su mal, y a la verdad así es. Por- que hasta que el Señor acabe de purgarla de la manera que él lo quiere hacer, ningún medio ni remedio le sirve ni aprovecha para su dolor; cuanto más, que puede el alma tan poco en este puesto, como el que tienen aprisionado en una oscura mazmorra atado de pies y manos, sin poderse mover ni ver, ni sentir algún fa- vor de arriba ni de abajo, hasta que aquí se humille, ablande y y purifique el espíritu, y se ponga tan sutil y sencillo y delgado, que pueda hacerse uno con el espíritu de Dios, según el grado que su misericordia quisiere concederle de unión de amor, que conforme a esto es la purgación (1), más o menos fuerte y de más o menos tiempo.

4. Mas si ha de ser algo de veras, por fuerte que sea, dura algunos años; puesto que en estos medios hay interpolaciones de alivios (2), en que por dispensación de Dios dejando esta contemplación oscura de embestir en forma y modo purgativo, embiste iluminativa y amorosamente, en que el alma, bien como salida de tal mazmorra y tales prisiones, y puesta en recreación de anchura y libertad, siente y gusta gran suavidad (3) de paz y amigabilidad amorosa con Dios con abundancia fácil de comu- nicación espiritual. Lo cual es al alma indicio de ia salud que va en ella obrando la dicha purgación, y prenuncio de la abun- 3 H y C /ifacríjj.

434 NOCHE OSCURA dancia que espera. Y aun esto es tanto a veces, que le parece al alma que son acabados ya sus trabajos. Porque de esta cali- dad son las cosas espirituales en el alma, cuando son más pu- ramente espirituales: que cuando son trabajos, le parece al alma que nunca ha de salir de ellos, y que se le acabaron ya los bienes, como se ha visto por las autoridades alegadas; y cuando son bienes espirituales, también le parece al alma que ya se acabaron sus males, y que no le faltarán ya los bienes, como David, viéndose en ellos, lo confesó diciendo: Yo dije en mi abundancia: No me moveré para siempre (1).

5. Y esto acaece, porque la posesión actual de un con- trario en el espíritu, de suyo remueve la actual posesión y sen- timiento del otro contrario; lo cual no acaece así (2) en la paite sensitiva del alma, por ser flaca su aprehensión. Mas co- mo quiera que el espíritu aún no está aquí bien purgado y lim- pio de las aficiones que de la parte inferior tiene contraídas, aun- que en cuanto espíritu no se mude, en cuanto está afectado con ellas se podrá mudar en penas, como vemos que después se mu- dó David, sintiendo muchos males y penas (3), aunque en el tiem- po de su abundancia le había parecido y dicho que no se habia de mover jamás. Así el alma, como entonces se ve actuada con aquella abundancia de bienes espirituales, no echando de ver la raíz de la imperfección e impureza que todavía le queda, piensa que se acabaron sus trabajos.

6. Mas este pensamiento las menos veces acaece, porque hasta que esté acabada de hacer la purificación espiritual, muy raras veces suele ser la comunicación suave tan abundante que le encubra la raíz que queda de manera que deje el alma de sentir allá en el interior un no sé qué que le falta o que está; por hacer, que no le deja cumplidamente gozar de aquel alivio, sintiendo allá dentro como un enemigo suyo, que aunque está como sosegado y dormido, se recela que volverá a revivir (4) y 1 Ps. XXIX. 7.

2 E. p.: lo cual es tanto.

3 E. p.: "que la parte inferior tiene contraidas, aunque tenga más consistencia y firmeza, pero en cuanto está afectado con ellas, está sujeto a más penas."

4 Por yerro de copia traslada H: recibir.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. VII 435 a hacer de las suyas. Y así es, que cuando más segura está y menos se cata (1), vuelve a tragar y absorber al alma en otro grado peor (2) y más duro y oscuro y lastimero que el pasado, el cual durará otra temporada, por ventura más larga que la primera. Y aquí el alma otra vez viene a creer (3) que todos los bienes están acabados para siempre. Que no le basta la expe- riencia que tuvo del bien pasado que gozó después del primer trabajo, en que también pensaba que ya no había más que pe- nar, para dejar de creer en este segundo grado de aprieto que está ya todo acabado y que no volverá como la vez pasada. Por- que, como digo, esta creencia tan confirmada se causa en el alma de la actual aprehensión del espíritu, que aniquila en él todo lo que a ella es contrario (4).

7. Esta es la causa por qué los que yacen en el purgato- rio padecen grandes dudas de que han de salir de allí jamás, y de que se han de acabar sus penas (5). Porque, aunque habi- tualmente tienen las tres virtudes teologales: fe, esperanza y ca- ridad, la actualidad que tienen del sentimiento de las penas y privación de Dios, no les deja gozar del bien actual y consuelo de estas virtudes. Porque aunque ellos echan de ver que quieren bien a Dios, no les consuela esto, porque no les parece que los quiere Dios a ellos ni que de tal cosa son dignos; antes, como se ven privados de él, puestos en sus miserias, paréceles que tienen muy bien en sí por qué ser aborrecidos y desechados de Dios con mucha razón para siempre (6). Y así, el alma aqui en 1 E. p. omite: y menos se cata.

2 La e. p. suprime la palabra peor.

3 E. p.: a persuadirse. H suprime las palabras: que la primera. Y aquí el alma otra vez viene a.

4 E. p.: que aniquila en ella todo lo que le puede causar gozo, omite luego las doce lineas siguientes, y reanuda el hilo: V así el alma que aqui en esta purgación...A tampoco copia lo suprimido en e. p.: pero no así B, como por distracción asegura el P. Gerardo. También lo omite V — G suprime casi todo este capitulo.

5 M: Y desean de acabar sus penas. Es, sin duda, una errata. — B modifica: han de salir de allí jamás acabando sus penas, deseando acabarlas. P omite la frase: y de que se han de acabar sus penas.

6 Los Códices H, B, Bz., C y Mtr. traen asi este largo pasaje del Santo respecto de las almas que padecen en el purgatorio. Seria temerario negar que procede de su pluma. Una síntesis, admirablemente hecha, de las cuestiones que trata aqui el Santo, trae el beato Belarmino en su tratado De Purgatorio, lib. II, caps. IV y V.

436 NOCHE OSCURA esta purgación, aunque ella ve quiere bien a Dios y que daría mil vidas por él (como es así la verdad, porque en estos trabajos aman con muchas veras estas almas a su Dios), con todo, no le es alivio esto, antes le causa más pena; porque queriéndole ella tanto, que no tiene otra cosa que le dé cuidado, como se ve tan miserable, no pudiendo creer lo que Dios la quiere a ella, ni que tiene ni tendrá jamás por qué, sino antes que tie- ne (1) por qué ser aborrecida, no sólo de El, sino de toda criatura para siempre, duélese de ver en sí causas porque me- rezca ser desechada de quien ella tanto quiere y desea.

Se pregunta el insigne controversista si las almas en el purgatorio están ciertas de su salvación. Lo negó Lutero y algunos escritores católicos, que juzgaban que entre las penas que padecen las almas alli detenidas, la mayor era la incertidumbre de su sal- vación; y aunque los últimos mantienen la seguridad de su salud eterna, sin embargo, sostienen que las almas lo ignoran. Cita, entre otros, a Dionisio Cartujano, fundado en algunas visiones que el fecundo escritor refiere en su tratado De quatuor novissimis. Lo mismo parece inferirse — continúa hablando el B. Bellarmino — de la sentencia de Gersón (lect. I, De vita spirituali) y Juan Rofíense (contra el art. 32 de Lutero), los cua- les admiten que el pecado venial no es tal más que por la misericordia divina, y por lo mismo, muy justamente puede ser castigado por Dios con penas eternas. De aquí se sigue, que las almas en pecado venial no pueden saber cierto si Dios las condenará para siempre.

Pero la sentencia común de teólogos es, que las almas del purgatorio están ciertas de su salvación. Examina luego el docto Cardenal cuántas clases hay de certeza, y dice con razón que la que gozan las almas del purgatorio respecto de su salvación excluye todo temor, pero no toda esperanza, porque aún no poseen la gloria beatifica.

La falta de certidumbre de su salvación en las almas del purgatorio podría origi- narse: o de que aún pueden merecer o desmerecer, o de que no han sido sometidas a juicio, o de que ignoran su resultado, es decir, la sentencia del juez; o, por fin, por- que la acerbidad de los tormentos que padecen de tal manera les embota el juicio, que no tienen conciencia de la certidumbre dicha. Todas estas suposiciones las va refu- tando maravillosamente el precitado autor. A esta última parece referirse el Santo cuando dice, que "la actualidad que tienen del sentimiento de las penas y privación de Dios, no les deja gozar del bien actual y consuelo de estas virtudes," o sea de la fe, esperanza y caridad que habitualmente poseen las almas en el purgatorio; y la fal- ta de este gozo pone como cierta duda de que puedan nunca conseguirlo. Es fácil que el Doctor místico no se detuviera en pesar el valor de esta opinión que habia leído en algunos autores, y como le venia muy a pelo para significar cómo afina y adelgaza Dios Nuestro Señor las purificaciones pasivas en algunas almas, de que vie- ne tratando en este capítulo, lo terminó con esta razón de semejanza con las almas benditas del purgatorio. No cabe duda que la incertidumbre de su salvación, de existir, debe de tener una fuerza expiatoria incomparable, comoquiera que no puede imagi- narse sufrimiento mayor para el alma buena. Naturalmente, hay que excluir del Santo todo sentido heterodoxo, y limitarle únicamente n este género de expiación para pu- rificar al alma antes de entrar en el goce de su perdurable beatitud. Por otra parte, aunque "quieren bien a Dios," como dice el Santo, el conocimiento cabal que tienen de las faltas que alli están purgando, les hace ver lo mal que con Dios se portaron, y con cuanta razón les castiga y se aira con ellas.