SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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3. Pero parece (3) aquí una duda, y es: ¿por qué, pues es- tas dos potencias se van purgando a la par, se siente a los prin- cipios más comúnmente en la voluntad la inflamación y amor de la contemplación purgativa, que en el entendimiento la inteligencia de ella? A esto se responde, que aquí no hiere derechamente este amor pasivo en la voluntad, porque la voluntad es libre, y esta in- flamación de amor más es pasión de amor que acto libre de la vo- luntad; porque hiere en la sustancia del alma este calor de amor, y así mueve las afecciones pasivamente. Y así, ésta antes se lla- ma pasión de amor que acto libre de la voluntad; el cual en tanto se llama acto de la voluntad, en cuanto es libre. Pero porque estas pasiones y afecciones se reducen a la voluntad, por eso se dice que si el alma está apasionada con alguna afección, lo está la vo- luntad, y así es la verdad; porque de esta manera se cautiva la voluntad y pierde su libertad, de manera que la lleva tras sí el ímpetu y fuerza de la pasión. Y por eso podemos decir que esta inflamación de amor es en la voluntad, esto es, inflama el apetito de la voluntad; y así, ésta antes se llama, como de- cimos, pasión de amor que obra libre de la voluntad. Y por-, que la pasión receptiva del entendimiento sólo puede recibir la inteligencia desnuda y pasivamente (y esto no puede sin estar purgado), por eso, antes que lo esté, siente el alma 1 La e. p. no copia las palabras cuanto ellas más ven, que se leen en M y A. — H. B. Bz., Mtr., C y V: cuanto ellas más van. P: cuanto lo está más.

2 E p.: de la perfecta inteligencia. La e. p. no traslada el siguiente párrafo.

3 Asi H, M. Bz., Mtr. y V. Otras leen nace o en forma equivalente.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XII) 461 menos veces el toque de inteligencia que el de la pasión de amor. Porque para esto no es menester que la voluntad este tan purgada acerca de las pasiones, pues que aun las pasiones le ayudan a sentir amor apasionado.

4. Esta inflamación y sed de amor, por ser ya aquí del espíritu, es diferentisima de la otra que dijimos en la no- che del sentido. Porque aunque aquí el sentido también lleva su parte, porque no deja de participar del trabajo del espíritu, pero la raíz y el vivo de la sed de amor siéntese en la parte superior del alma, esto es, en el espíritu; sintiendo y entendien- do de tal manera lo que siente y la falta que le hace lo que desea, que todo el penar del sentido, aunque sin comparación es mayor que en la primera noche sensitiva, no le tiene en nada, porque en el interior conoce una falta de un gran bien, que, con nada ve se puede medir (1).

5. Pero aquí conviene notar, que aunque a los principios, cuando comienza esta noche espiritual, no se siente esta infla- mación de amor por no haber empezado este fuego de amor a emprender, en lugar de eso (2), da desde luego Dios al alma un amor estimativo tan grande de Dios, que, como habe- rnos dicho, todo lo más que padece y siente en los trabajos de esta noche, es ansia de pensar si tiene perdido a Dios y pensar si está dejada de él. Y así, siempre podemos decir que desde el principio de esta noche va el alma tocada con ansias de amor, ahora de estimación, ahora también de inflamación. Y vese que la mayor pasión que siente en estos trabajos es este recelo; porque si entonces se pudiera certificar que no está todo perdido y acabado, sino que aquello que pasa es por mejor, como lo es, y que Dios no está enojado, no se le daría nada de todas aquellas penas, antes se holgaría sabiendo que de ello se sirve Dios. Porque es tan grande el amor de estima- ción que tiene a Dios, aunque a oscuras sin sentirlo ella, que no sólo eso, sino que holgaría de morir (3) muchas veces por 2 E. p.: por no haber obrado este fuego de amor, en lugar de eso...3 E. p.: que holgaría mucho de morir.

NOCHE OSCURA satisfacerle. Pero cuando ya la llama ha inflamado al alma, juntamente con la estimación que ya tiene de Dios, tal fuer- za y brío suele cobrar y ansia por Dios, comunicándosela el calor de amor, que con grande osadía, sin mirar en cosa al- guna, ni tener respeto a nada, en la fuerza y embriaguez del amor y deseo, sin mirar lo que hace (1), haría cosas extra- ñas e inusitadas por cualquier modo y manera que se le ofrece, por poder encontrar con el que ama su alma.

6. Esta es la causa por qué a María Magdalena, con ser lan estimada en sí como antes era, no le hizo al caso (2) la turba de hombres principales y no principales, del convite (3), ni el mi- rar que no venía bien ni lo parecía ir a llorar y derramar lágrimas entre los convidados, a trueque de (sin dilatar una hora, esperan- do otro tiempo y sazón) poder llegar ante aquel de quien estaba ya su alma herida e inflamada. Y ésta es la embriaguez y osa- día (4) de amor, que con saber que su amado estaba encerrado en el sepulcro con una grande piedra sellada y cercado de solda- dos (5), que porque no le hurtasen sus discípulos le guardaban, no le dió lugar para que alguna de estas cosas se le pusiese delante, para dejar de ir antes del día con los ungüentos para ungirle.

7. Y, finalmente, esta embriaguez y ansia de amor le hizo preguntar al que, creyendo que era hortelano, le había hurtado del sepulcro, que le dijese si le había él tomado dónde le ha-< bía puesto, para que ella lo tomase (6); no mirando que aque- lla pregunta, en libre juicio y razón, era disparate (7), pues que está claro que si el otro le había hurtado, no se lo había de decir, ni menos se lo había de dejar tomar. Porque esto tiene la fuerza y vehemencia del amor, que todo le parece posible, y 1 La c. p. suprime: en la fuerza y embriaguez del amor, sin mirar lo que hace.

2 E. p.; con ser tan noble no le hizo al caso.

3 La e. p. añade: que se hacia en casa del Fariseo, como dice S. Lucas, i H lee: sobra de amor.

5 Joan. XX. 1.

6 Joan. XX, 15.

7 E. p.: no era prudente.

LIBRO SEGUNDO. — CAP XIII 463 todos le parece que andan en lo mismo que anda él; porque no cree que hay otra cosa en que n^die se deba emplear, ni buscar (1), sino a quien ella busca y a quien ella ama;> pareciéndole que no hay otra cosa que querer ni en que se emplear sino en aquello, y que también todos andan en aque- llo (2). Que por eso cuando la Esposa salió a buscar a su Amado, por las plazas y arrabales, creyendo que los demás andaban en lo mismo, les dijo que si lo hallasen ellas, le hablasen diciendo de ella (3) que penaba por su amor (¿i). Tal era la fuerza del amor de esta María, que le pareció que si el hortelano le dijera dónde le había escondido, fuera ella y le tomara, aunque más le fuera defendido (5).

8. A este talle, pues, son las ansias de amor que va sintiendo esta alma, cuando va ya aprovechada en esta espi- ritual purgación. Porque de noche se levanta (esto es, en estas tinieblas purgativas) según las aficiones de la voluntad. Y con las ansias y fuerzas que la leona u osa va a buscar sus ca- chorros cuando se los han quitado y no los halla, anda esta herida alma a buscar a su Dios. Porque, como está en tinieblas, siéntese sin él, estando muriendo de amor por él. Y éste es el amor impaciente en que no puede durar mucho el sujeto sin, recibir o morir, según el que tenía Raquel a los hijos cuando dijo a Jacob: Dame hijos; si no, moriré (6).

9. Pero es aquí de ver, cómo el alma sintiéndose tan mise- rable y tan indigna de Dios, como hace aquí (7) en estas ti- nieblas purgativas, tenga tan osada y atrevida fuerza para irse a juntar con Dios. La causa es, que como ya el amor le va dando fuerzas con que ame de veras, y la propiedad del amor sea quererse unir, juntar e igualar y asimilar a la cosa amada, 1 La e. p.: ni buscar otra.

2 La e. p. no copia y que también todos andan en aquello.

3 E. p.: que si lo hallasen, le dijesen de ella...4 Cant., V, 8.

5 En el sentido de impedir, poner obstáculos. En la misma acepción emplea Santa Teresa varias veces este vocablo.

6 Gen.. XXX. 1.

7 La e. p. por hace aquí, traslada se siente.

464 NOCHE OSCURA para perfeccionarse en el bien de amor; de aquí es, que no estando esta alma perfeccionada en amor, por no haber lle- gado a la unión, el hambre y sed que tiene de lo que le falta, que es la unión, y las fuerzas que ya el amor ha puesto en la voluntad con que la ha hecho apasionada (1), la haga ser osada y atrevida según la voluntad inflamada, aunque según el entendimiento, por estar a oscuras y no ilustrado (2) se sien- te indigna y se conoce miserable.

10. No quiero dejar de decir aquí la causa por qué, pues esta luz divina es siempre luz para el alma, no la da luego que embiste en ella luz (3), como lo hace después, antes lo causa las tinieblas y trabajos que habernos dicho. Algo estaba ya dicho antes de esto; pero a este particular se responde: que las tinieblas y los demás males que el alma siente cuando esta divina luz embiste, no son tinieblas ni males de la luz, sino de la misma alma, y la luz la alumbra para que las vea. De donde desde luego le da luz esta divina luz; pero con ella no puede ver el alma primero sino lo que tiene más cerca de sí, o por mejor decir, en sí, que son sus tinieblas o miserias, las cuales ve ya por la misericordia de Dios, y antes no las veía, porque no daba en ella esta luz sobrenatural. Y ésta es la causa por qué al principio no siente sino tinieblas y males; mas después de purgada con el conocimiento y sentimiento de ellos, tendrá ojos para que esta luz la muestre los bienes de la luz divina; y expe- lidas ya todas estas tinieblas e imperfecciones (4) del alma, ya parece que se van pareciendo los provechos y bienes grandes que va consiguiendo el alma en esta dichosa noche de contem- plación (5).

11. Pues por lo dicho queda entendido, cómo Dios hace merced aquí al alma de limpiarla y curarla con esta fuerte lejía y amarga purga, según la parte sensitiva y espiritual de todas 1 E. p.: que la ha apasionado.

2 Suprime la e. p.: y no ilustrado.

3 Luz. Esta palabra no se lee en e. p.

5 E. p.: "tendrá ojos para que se le muestren los bienes de esta luz divina, y expe- lidas y quitadas todas estas tinieblas y imperfecciones del alma, ya parece que se van conociendo..."

LJRRO SEGUNDO. — CAP. XIII 465 las aficiones tj hábitos imperfectos que en sí tenia acerca de lo temporal y de lo natural, sensitivo y (1) espiritual, oscurecién- dole las potencias interiores, y vaciándoselas acerca de todo esto, y apretándole y enjugándole \as aficiones sensitivas y espirituales, y debilitándole y adelgazándole las fuerzas naturales dci alma acerca de todo ello (lo cual nunca el alma por sí misma pu- diera conseguir, como luego diremos), haciéndola Dios desfalle- cer en esta manera a todo lo que no es Dios naturalmente (2), para irla vistiendo de nuevo, desnudada y desollada ya ella de su antiguo pellejo (3). Y así, se le renueva, como al águila, su juventud, quedando vestida del nuevo hombre, que es criado, como dice el Apóstol, según Dios (4). Lo cual no es otra cosa sino alumbrarle el entendimiento con lumbre sobrenatural, de manera que de entendimiento humano se haga divino unido con el divino; y, ni más ni menos, informarle (5) la voluntad con amor divino, de manera que ya no sea voluntad menos que di- vina, no amando menos que divinamente, hecha y unidd en uno con la divina voluntad y amor; y la memoria, ni más ni me- nos; y también las aficiones y apetitos todos mudados y vuel- tos (6) según Dios, divinamente. Y así, esta alma será ya alma del cielo, celestial, y más divina que humana. Todo lo cual, según se ha ido diciendo (7), por lo que habernos dicho, va Dios haciendo y obrando en ella por medio de e>la noche, ilus- trándola e inflamándola divinamente con ansias de solo Dios, y no de otra cosa alguna. Por lo cual muy justa y razonablemen- te añade luego el alma el tercer verso de la canción, que dice (8): i Oh dichosa ventura!

salí sin ser notada.

1 H añade: especulativo.

2 La e. p. no copia el adverbio.

3 E. p.: de su antigua piel.

4 Ephes.. IV. 24 5 Asi los Códices Mtr inflamarle. V y la e. p.: inflámale. f) La e. p. suprime, y vueltos.

7 E. p.: según se habrá echado de ver bien.

8 La e. p. añade " el tercer verso de la canción, que con los demás de ella pon dremos y explicaremos en el capiculo siguiente. " 3ü 466 NOCHE OSCURA CAPITULO XIV EN QUE SE PONEN Y EXPLICMN LOS TRES VERSOS ULTIMOS DE LA PRIMERA CANCION (1).

1. Esta dichosa ventura, fué por lo que dice luego en los siguientes versos, diciendo: Salí sin ser notada, estando ya mi casa sosegada, tomando la metáfora del que, por hacer mejor su hecho, sale de su casa de noche y a oscuras, sosegados ya los de la casa, porque ninguno se lo estorbe. Porque como esta alma había de salir a hacer un hecho tan heroico y tan raro, que era unirse con su Amado divino, afuera, porque el amado no se halla sino solo afuera en la soledad, que por eso la Esposa le deseaba hallar solo, diciendo: ¿Quién te me diese hermano mío (2), que te hallase yo sola afuera y se comunicase contigo mi amor? (3), conviénele al alma enamorada, para conseguir su fin deseado, hacerlo también así, que saliese de noche, adormidos y sosegados todos los domésticos de su casa; esto es, las operaciones ba- jas (4), pasiones y apetitos de su alma adormidos y apagados por medio de esta noche, que son la gente de casa, que recordada siempre estorba al alma estos sus bienes, enemiga de que el alma salga libre de ellos. Porque éstos son los domésticos que dice Nuestro Salvador en el Evangelio, que son los enemigos del hom- bre (5). Y así convenia que las operaciones de éstos con sus mo- 1 Asi la c. p.. que modifica, además, las líneas que siguen: "La dichosa ventura que el alma canta en el primero de estos tres versos, fué por lo que dice en los dos que se le siguen, donde toma la metáfora..."

2 M, A y B trasladan: esposo mío, hermano mió.

3 Cant., VIH. 1.

■4 Viejas, copia por error el Hispalense. 5 Matth.. X. 36.

vimientos estén (1) dormid'.-s en esta noche, para que no impidan al alma los bienes sobrenaturales cié la unión de amor de Dios, porque durante la viveza y operación de éstos no puede ser (2). Porque toda su obra y movimiento natural (3), antes estorba que ayuda a recibir los bienes espirituales de la unión de amor, por cuanto queda corta toda habilidad natural acerca de los bienes sobrenaturales que Dios por tola infusión suya pone en el alma pasiva y secretamente y en silencio. Y así es menester que le tengan todas las potencias y se hayan pasivamente (¿I) para re- cibirle, no entremetiendo allí su baja obra y vil inclinación.

2. Pero fué dichosa ventura para esta alma, que Dios en esta noche le adormeciese toda la gente doméstica (5) de su casa, esto es, todas las potencias, pasiones, aficiones y apetitos que viven en el alma sensitiva y espiritualmente, para que ella, sin ser notada, esto es, sin ser impedida de estas afecciones, etc., (por quedar ellas adormidas y mortificadas en esta noche en que las dejaron a oscuras, para que no pudiesen notar ni sentir a su modo bajo y natural, y así impidiesen al alma el salir de sí y de la casa de su sensualidad) llegase (6) a la unión es- piritual de perfecto amor de Dios (7).

3. ¡Oh cuan dichosa ventura es poder el alma librarse de la casa de su sensualidad! No lo puede bien entender si no fuere, a mi ver, el alma que ha gustado de ello. Porque verá claro cuan mísera servidumbre era la que tenía, y a cuántas miserias estaba sujeta cuando lo estaba a la obra (8) de sus potencias y apetitos, y conocerá cómo la vida del espíritu es verdadera libertad y riqueza que trae consigo bienes inestimables, 1 Asi los Códices. E. p.: estuviesen.

2 E. p.: no puede alcanzarse.

3 Omite esta palabra la e. p.

4 La e. p. suprime: y se hayan pasivamente.

5 Falta esta palabra en e. p.

6 Falta esta palabra en los Códices. Se lee en la e. p. La palabra no huelga.

7 Asi los Ms. La e. p. modifica y abrevia: "que viven en el alma sensitiva y es- piritual, para que ella llegase a la unión espiritual de perfecto amor de Dios sin ser notada; esto es, sin ser impedida de ellas, por quedar adormecidas y mortificadas en esta noche, como está dicho."

8 La e. p.: cuando lo estaba al sabor de sus pasiones.

468 NOCHE OSCURA como iremos (1) notando algunos de ellos en las siguientes Canciones, en que se verá más claro cuánta razón tenga el alma de cantar (2) por dichosa ventura el tránsito de esta horrenda noche que arriba queda dicho.

CAPITULO XV PONESE LA SEGUNDA CANCION Y SU DECLARACION (3).

A oscuras y segura Por la secreta escala disfrazada, i Olí dichosa ventura! A oscuras y en celada, Estando ya mi casa sosegada.

DECLARACION 1. Va el alma cantando en esta canción todavía algunas propiedades de la oscuridad de esta noche, repitiendo la buena dicha que le vino con ellas. Dícelas, respondiendo a cierta ob- jeción tácita, diciendo (4) que no se piense que por haber en esta noche y oscuridad pasado por tantas tormentas de an- gustias, dudas, recelos y horrores, como se ha dicho, corría por eso más peligro de perderse, porque antes en la oscuridad de esta noche se ganó; porque en ella se libraba y escapaba sutil- mente de sus contrarios, que le impedían siempre el paso, porque en la oscuridad de la noche iba mudado el traje y disfrazada con tres libreas y colores que después diremos; y por una escala muy secreta, que ninguno de casa la sabía, que, como también en su lugar notaremos, es la viva fe, por la cual salió tan en- cubierta y en celada, para poder bien hacer su hecho, que no podía dejar de ir muy segura; mayormente estando ya en esta noche purgativa los apetitos, aficiones y pasiones de su ánima 3 Así la e. p. Los Códices dicen sólo: Canción segunda. A y B no dicen nada, LIBRO SEGUNDO.— CAP. XV 469 adormidos, mortificados y apagados, que son los que estando despiertos y vivos no se lo consintieron (1). Sigúese, pues, el verso, y dice asi: A oscuras y segura. CAPITULO XVI EXPLICASE COMO YENDO EL ALMA A OSCURAS VA SEGURA (2).

1. La oscuridad que aquí dice el alma, ya habernos dicho que es acerca de los apetitos y potencias sensitivas, interiores y espirituales, porque todas se oscurecen de su natural lumbre en esta noche, porque purgándose acerca de ella, pue'dan ser ilustradas acerca de lo sobrenatural; porque los apetitos sensi- tivos y espirituales están dormidos y amortiguados sin poder gustar (3) de cosa, ni divina ni humana; las aficiones del alma oprimidas y apretadas, sin poderse mover a ella ni hallar arrimo en nada; la imaginación atada sin poder hacer algún discurso de bien; la memoria, acabada; el entendimiento entenebrecido, sin poder entender cosa (4), y de aquí también la voluntad seca y apretada, y todas las potencias vacías e inútiles (5), y, sobre todo esto, una espesa y pesada nube sobre el alma, que la tiene angustiada y como ajenada de Dios (6). De esta manera «A oscuras», dice aquí el alma (7) que iba «segura».

1 Asi H, Bz. v P. La e p. y otros Ms.: co- sin ie an.

2 Tomado de la e. p.

3 E. p. añade aquí sabrosamente.

4 Suprime la e. p.: sin poder ntender cosa.

5 No copia la e. p.: e inúíi es.

6 Algo exagerado en la desc ipcion de esta obscuridad han hallado algunos al Doctor místico, perc d:be tenerse presente que no a todas las almas se prueba lo mis- mo, y el Santo habla de aquellas que apuran hasta las heces el cáliz ie la amargura, por la eminente santidad a que Dios quiere levantarlas. Léanse a gunos párrafos del capitulo XXV cié la Autobiogra fía de Sta Teresa y el capitulo prime o de las M r das Sextas y se vera cuán discreto y reportado tá aqui el experimentado Maestro de es- espiritu. Por otra parte nv se vidó Santo de prevenirnos (lib I, cap. XIV n. 5). que esta purgación " o pasa en todos de una manera...porque esto va medido por la voluntad de Dios, conforme a lo más o menos que cada uno tiene de mperfección que purqar; y también conforme al o de amor de unión a que Dios la quiere vantar, la humilla:.. mas o menos intensamente, o más o menos tiempo."

7 Aqui el alma. La e. p. no traslada estas palabras.

470 NOCHE OSCURA 2. La causa de esto está bien declarada; porque, ordinaria- mente, el alma nunca yerra sino por sus apetitos o sus gus- tos, o sus discursos, o sus inteligencias, o sus aficiones; porque de ordinario en éstas excede o falta, o varía o des- atina, y de ahí se inclina a lo que no conviene. De donde, impedidas todas estas operaciones y movimientos, claro está que queda el alma segura de errar en ellos; porque no sólo se libra de si, sino también de los otros enemigos, que son mundo y demonio, los cuales, apagadas las aficiones y opera- ciones del alma, no le pueden hacer guerra por otra parte ni de otra manera.

3. De aquí se sigue, que cuanto el alma va más a oscuras y vacía de sus operaciones naturales (1), va más segura. Por- que como dice el Profeta (2): la perdición al alma solamente le viene de sí misma, esto es, de sus operaciones y apetitos inte- riores y sensitivos (3); y el bien, dice Dios, solamente de mí. Por tanto, impedida ella así de sus males, resta que le vengan luego los bienes de la unión con Dios en sus apetitos y po- tencias, en que las hará divinas y celestiales. De donde en el tiempo de estas tinieblas, si el alma mira en ello, muy bien echará de ver cuán poco se le divierte el apetito y las potencias a cosas inútiles y dañosas; y cuán segura (4) está de vanagloria, y soberbia y presunción, vano y falso gozo, y de otras muchas cosas. Luego bien se sigue que por ir a oscuras, no sólo no va perdida, sino aun muy ganada, pues aquí va ganando las virtudes.

H. Pero a la duda que de aquí nace luego, conviene a saber, que pues las cosas de Dios de suyo hacen bien al alma y la ganan y aseguran, ¿por qué en esta noche le oscurece Dios los apetitos y potencias también acerca de estas cosas buenas, de manera que tampoco pueda gustar (5) de ellas, ni tratarlas como las demás, y aun en alguna manera menos? Respóndese, 1 La e. p. añade aquí: tanto.

2 Osee. XIII. 9.

3 No concertados, añade la e. p.

5 B y e. p.; gozar.

LIBRO SEGUNDO.— CAP. XVI 471 que entonces conviene que tampoco le quede operación ni gusto acerca de las cosas espirituales, porque tiene las potencias y apetitos impuros, bajos y muy naturales; y asi, aunque se les dé el sabor y trato a estas potencias de las cosas sobrenaturales y divinas, no le podrían recibir sino muy baja y naturalmente, muy a su modo (1). Porque, como dice el Filósofo, cualquiera cosa que se recibe, está en el recipiente al modo del que la re- cibe. De donde porque estas naturales potencias no tienen pu- reza ni fuerza, ni caudal para recibir y gustar las cosas sobre- naturales al modo de ellas, que es divino, sino sólo al suyo, que es humano y bajo, como habernos dicho, conviene que sean oscurecidas también acerca de esto divino (2). Porque desteta- das y purgadas y aniquiladas en aquello primero, pierdan aquel bajo y humano (3) modo de recibir y obrar, y así vengan a que- dar dispuestas y templadas todas estas potencias y apetitos del alma, para poder recibir, sentir y gustar lo divino y so- brenatural (4) alta y subidamente, lo cual no puede ser si pri- mero no muere el hombre viejo.

5. De aquí es que todo lo espiritual, si de arriba no viene comunicado del Padre de las lumbres sobre el albedrío y ape- tito humano, aunque más se ejercite el gusto y potencias del de hombre con Dios y por mucho que les parezca los gus- tan, no los gustarán divina y espiritualmente, sino humana y na- turalmente, como gustan las demás cosas, porque los bienes no van del hombre a Dios, sino vienen de Dios al hombre (5). Acerca de lo cual (si éste fuera lugar de ello) pudiéramos aquí declarar, cómo hay muchas personas que tienen muchos gustos y afi- ciones y operaciones de sus potencias acerca de Dios o de cosas 1 Modifica ia c. p.. "que entonces la conviene mucho el vacio de su operacióo y gusto cerca de las cosas espirituales; porque tiene las potencias y apetitos bajos e impuros; y asi, aunque se les diese sabor y trato de las cosas sobrenaturales y divinas a estas potencias, no le podrían recibir sino bajamente."

2 La e. p. cambia: que es divino, sino al suyo; conviene que sean también escu- recidas acerca de esto divino para perfecta purgación.

3 No copia la e. p.: y humano.

5 E. p. modifica y abrevia: "se ejercite el gusto y apetito del hombre y sus po- tencias con Dios; y por mucho que les parezca gustan de él. no le gustan en esta ma- nera divina y perfectamente."

¿172 NOCHE OSCURA espirituales, y por ventura pensarán ellos que aquello es sobre- natural y espiritual, y por ventura no son más que actos y ape- titos más naturales ( 1 ) y humanos, que, como los tienen de las demás cosas, los tienen con el mismo temple de aquellas cosas buenas por cierta facilidad natural que tienen en mover el ape- tito y potencias a cualquier cosa.

6. Si por ventura encontráremos (2) ocasión en lo restan- te, lo trataremos, diciendo algunas señales de cuándo los mo- vimientos y acciones interiores del alma sean sólo naturales, y cuándo sólo espirituales, y cuando espirituales y naturales acerca del trato con Dios. Basta aquí saber que para que los actos y movimientos interioren del alma puedan venir a ser movidos por Dios divinamente, primero han de ser oscurecidos y adormidos y sosegados naturalmente (3) acerca de toda su habilidad y ope- ración, hasta que desfallezcan.

7. Oh, pues, alma espiritual, cuando vieres oscurecido tu apetito (4), tus aficiones secas y apretadas, e inhabilitadas tus potencias para cualquier ejercicio interior, no te penes por eso, antes lo ten a buena dicha; pues que te va Dios librando de 1i misma, quitándote de las manos la hacienda; con las cuales, por bien que ellas le anduviesen, no obrarías tan cabal, perfecta y seguramente (a causa de la impureza y torpeza de ellas), como ahora, que tomando Dios la mano tuya, te guía a oscuras como a ciego, a donde y por donde tú no sabes, ni jamás con tus ojos y pies, por bien que anduvieras, atinaras a caminar.