1. Decimos, pues, que los grados de esta escala de amor por donde el alma de uno en otro va subiendo a Dios, son diez. El primer grado de amor hace enfermar al alma provechosa- mente. En este grado de amor habla la Esposa cuando dice: Conjuróos, hijas de Jerusalén, que si encontráredes a mi Amado, le digáis que estoy enferma de amor (2). Pero esta enfermedad no es de muerte, sino para gloria de Dios, porque en esta enfermedad desfallece (3) el alma al pecado y a todas las cosas que no son Dios, por el mismo Dios, como David testifica diciendo: Desfalleció mi alma, esto es, acerca de todas las cosas a tu salud (4). Porque así como el enfermo pierde el apetito y gusto de todos los manjares y muda el color primero, así también en este grado de amor pierde el alma el gusto y apetito de todas las cosas, y muda como amante el color y accidente de la vida pasada (5). Esta enfermedad no cae en ella el alma si de arriba no le envían el exceso del calor (6), según se da a entender por este verso de David, que dice: Plu- viátil voluntariam scgrrgabis, Deus, hacreditati tuac, ct injirmata csi, etc. (7). Esta enfermedad y desfallecimiento a todas las cosas, que es el principio y primer grado para ir a Dios, biert 1 De la e. p. En los Códices no hay división.
2 Cant.. V. 8.
3 E. p. porque en ella desfallece.
4 Ps. CXLII. 7 5 Omite la e. p: y accidente de la vida pasada.
6 1.a e. p. añade: que es aquí la mística calentura.
7 Ps. LXVII, 10 — Este texto latino se lee en todos los Códices, menos en C.G y P.
486 NOCHE OSCURA le habernos dado a entender arriba, cuando dijimos la aniquila- ción en que se ve el alma cuando comienza a entrar en esta es- cala de purgación contemplativa (1), cuando en ninguna cosa pue- de hallar gusto, arrimo, ni consuelo ni asiento. Por lo cual de este grado luego va comenzando a subir al segundo grado (2).
2. El segundo grado hace al alma buscar sin cesar a Dios (3). De donde cuando la Esposa dice que buscándole de noche en su lecho (cuando según el primer grado de amor es- taba desfallecida), y no le halló, dijo: Levantarme he, y busca- ré al que ama mi alma (4). Lo cual, como decimos, el alma hace sin cesar, como lo aconseja David diciendo: Buscad siem- pre la cara de Dios, y buscándole en todas las cosas, en nin- guna repara hasta hallarle (5). Como la Esposa, que en pre- guntando por él a las guardas, luego pasó y las dejó. María Magdalena ni aun en los ángeles del sepulcro reparó (6). Aquí en este grado, tan solícita anda el alma, que en todas las cosas busca al Amado; en todo cuanto piensa, luego piensa en el Amado; en cuanto habla, en todos cuantos negocios se ofrecen, luego es hablar y tratar del Amado; cuando come, cuando duer- me, cuando vela, cuando hace cualquiera cosa (7), todo su cuidado es en el Amado, según arriba queda dicho en las an- sias de amor. Aquí, como va ya el amor convaleciendo y co- brando fuerza en el amor de este segundo grado (8), luego comienza a subir al tercero por medio de algún grado de nueva purgación en la noche, como después diremos, el cual hace en el alma los efectos siguientes.
3. El tercer grado de la escala amorosa es el que hace al alma obrar y le pone calor para no faltar. De éste dice el Real 1 V: de contemplación purgativa.
2 E. p.: luego va comenzando a subir a los demás.
4 Cant. III, 2.
5 Ps. CIV. 4.
6 Joan. XX. 14.
7 Al Hispalense le faltan aquí veinte lineas, que se leen en los demás Códices y en e. p.
8 E. p,: cobrando fuerzas en este segundo grado.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XIX 487 Profeta: Bienaventurado el varón que teme al Señor, porque en sus mandamientos codicia obrar mucho (1). Donde si el te- mor, por ser hijo del amor, le hace esta obra de codicia (2), ¿que hará el mismo amor? En este grado las obras grandes por el Amado tiene por pequeñas, las muchas por pocas, el largo tiempo en que le sirve por corto, por el incendio de amor en que ya va ardiendo. Como a Jacob, que con haberle hecho servir siete años sobre otros siete, le parecían pocos por la grandeza del amor (3). Pues si el amor en Jacob, con ser de criatura, tanto podía, ¿qué podrá el del Criador cuando en este tercer grado se apodera del alma? Tiene el alma aquí, por el grande amor que tiene ('4) a Dios, grandes lástimas y penas de lo poco que hace por Dios; y si le fuese lícito deshacerse mil veces por él, estaría consolada. Por eso se tiene por inútil en todo cuanto hace, y le parece vive de balde. Y hácele aquí otro efecto admirable, y es que se tiene por más mala averi- guadamente para consigo que todas las otras almas: lo uno, porque le va el amor enseñando lo que merece Dios; y lo otro, porque como las obras que aquí hace por Dios son muchas, y todas las conoce por faltas c imperfectas, de todas saca confusión y pena, conociendo tan baja manera de obrar (5) para un tan alto Señor. En este tercer grado, muy lejos va el alma de tener vanagloria o presunción, y de condenar a los otros. Estos solícitos efectos causa en el alma, con otros muchos a este talle, este tercer grado (6); y por eso en él cobra ánimo (7) y fuerzas para subir hasta el cuarto, que es el que; se sigue.
4. El cuarto grado de esta escala de amor es en el cual se causa en el alma, por razón del Amado, un ordinario su- 1 Ps. CXI. l.
2 E. p.: causa este efecto de codicia.
3 Gen., XXIX. 20.
4 Amor que tiene. Con esta frase reanuda el hilo el Hispalense.
5 Conociendo que es muy baja manera de obrar la suya, añade la e. p.
6 E. p.: a esfe modo este tercer grado de amor.
7 E. p.: en el cobra el ánima animo.
488 NOCHE OSCURA frir sin fatigarse. Porque, como dice San Agustín, todas las cosas grandes, graves y pesadas, casi ningunas (1), las hace el amor (2). En este grado hablaba la Esposa cuando deseando ya verse en el último, dijo al Esposo: Ponmc como señal en tu corazón, como señal en tu brazo; porque la dilección, esto es, el acto y obra de amor, es fuerte como la muerte, y dura emu- lación y porfía como el infierno (3). El espíritu aqui tiene tanta fuerza, que tiene tan sujeta a la carne y la tiene tan en poco, como el árbol *a una de sus hojas. En ninguna manera aquí el alma busca su consuelo ni gusto, ni en Dios, ni en otra cosa, ni anda deseando ni pretendiendo pedir mercedes a Dios, porque ve claro que hartas le tiene hechas, y queda todo su cuidado en cómo (4) podrá dar algún gusto a Dios y servirle algo por lo que él merece y de él tiene recibido, aunque fuese muy a su costa. Dice en su corazón y espíritu: ¡Ay, Dios y Señor mío! cuán muchos hay que andan a buscar en Ti su consuelo y gusto, y a que les concedas mercedes y dones; mas los que a Ti pretenden dar gusto y darte algo a su costa, pos- puesto su particular, son muy pocos; porque no está la falta, Dios mío, en no nos querer Tú hacer mercedes de nuevo, sino en no emplear nosotros las recibidas sólo en tu servicio (5), para obligarte a que nos las hagas de continuo. Harto levantado es este grado de amor; porque como aquí el alma con tan verda- dero amor se anda siempre tras Dios con espíritu de padecer por él, dale Su Majestad muchas veces y muy de ordinario ei gozar, visitándola en el espíritu sabrosa y deleitablemente; por- que el inmenso amor del Verbo Cristo no puede sufrir penas de su amante sin acudirle. Lo cual por Jeremías afirmó él, di- 1 Y muy ligeras, añade la e. p.
2 Omnia enim saeva et immania prorsus facilia et prope nulla efficit amor. (Scrm. IX de Verbis Domini in Evang. secundum Math. in fine).
3 Cant., VIII. 5.
4 La e. p. enmienda: "ni en otra cosa, ni por ese motivo de consuelo o interés propio pide mercedes a Dios. Porque ya todo su cuidado es cómo..."
5 E. p. corrige: "porque no te falta a ti, Dios mió, voluntad de hacernos merce- des; nosotros faltamos en no emplear las recibidas en tu servicio."
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XIX 489 riendo Acordádome he de ti, apiadándome de tu adolescencia y ternura cuando me seguiste en el desierto (1). Que hablando es piritualmente es el de:>arrimo que aquí interiormente trae el alma de toda criatura, no parando ni quietándose en nada. Este cuarto grado inflama de tal manera al alma y la enciende en tal deseo de Dios, que la hace subir al quinto, el cual es el que se sigue.
5. El quinto grado de esta escala de amor hace al alma apetecer y codiciar a Dios impacientemente. En este grado el amante tanta es la vehemencia que tiene por comprehender al Amado y unirse con él, que toda dilación, por mínima que sea, se le hace muy larga, molesta y pesada, y siempre piensa que halla al Amado; y cuando ve frustrado su deseo (lo cual es casi a cada paso), desfallece en su codicia, según hablando en este grado lo dice el Salmista, diciendo: Codicia y desfallece mi alma a las moradas del Señor (2). En este grado el amante no puede dejar de ver lo gue ama, o morir, en el cual Ra- quel (3) por la gran codicia que a los hijos tenía, dijo a Jacob su Esposo: Dame hijos; si no, yo moriré (4). Padecen aquí ham- bre como canes y cercan y fodean la ciudad de Dios. En este hambriento grado se ceba el alma (5) en amor; porque según la hambre es la hartura; de manera que de aquí puede subir al sexto grado, que hace los efectos que se siguen.
CAPITULO XX PONENSE LOS OTKOS CINCO GRADOS DE AMOR (6).
1. El sexto grado hace correr al alma ligeramente a D\o¿ y dar muchos toques en él, y sin desfallecer (7) corre por la esperanza: que aquí el amor que la ha fortificado, la hace 1 Jerem.. II. 2.
2 Ps. LXXXIII. 2.
3 E. p.: no puede dejar de alcanzar lo que ama. o morir al modo que Raquel.
4 Gen. XXX. 1.
5 I«a e. p. abrevia: Dame hijos, si no, yo moriré. Aquí se ceba el alma...6 De la e. p. Los Códices no traen división algima.
NOCHE OSCURA volar ligera. En el cual grado también dice el Profeta Isaías aquello: Los santos que esperan en Dios mudarán la for- taleza, tomarán alas como de águila, volarán y no desfalle- cerán (1), como hacían en el grado quinto. A este grado per- tenece también aquello del Salmo: Así como el ciervo desea las aguas, mi alma desea a ti, Dios (2). Porque el ciervo en la' sed con gran ligereza corre a las aguas. La causa de esta li- gereza en amor que tiene el alma en este grado, es por estar ya muy dilatada (3) la caridad en ella, por estar aquí el alma poco menos que purificada del todo, como se dice también en el Salmo, es a saber: Sine iniquitatc cucar ri (4). Y en otro sal-* mo: El camino de tus mandamientos corrí cuando dilataste mi corazón (5); y así, desde este sexto grado se pone luego en el séptimo, que es el que se sigue.
2. El séptimo grado de esta escala hace atrever al alma con vehemencia. Aquí el amor no se aprovecha del juicio para esperar (6) ni usa del consejo para se retirar, ni con vergüenza se puede enfrenar; porque el favor que ya Dios hace aquí al alma, la hace atrever con vehemencia (7). De donde se sigue lo que dice el Apóstol, y es: que la caridad todo lo cree, todo lo espera y todo lo puede (8). De este grado hablo Moisés, cuando dijo a Dios que perdonase al pueblo, y si no, que le bo- rrase a él del libro de la vida en que le había escrito (9). Es- tos alcanzan de Dios lo que con gusto le piden. De donde dice David: Deléitate en Dios, y darte há las peticiones de tu cora- zón (10). En este grado se atrevió la Esposa, y dijo: Osculetar me ósculo oris sui (11). A este grado no le es lícito (12) al alma 1 Isai., XL, 31. — Asi la e. p. Los Códices ponen equivocadamente esta autoridad en labios de David.
2 Ps. XLI, 2.
3 V. delicada.
4 LVIU. 5.
5 CXVI1I. 32.
6 E. p.: "con vehemencia, de la cual intensa y amorosamente llevada, no se de|a llevar del juicio para esperar."
7 Las dos lineas que siguen faltan en c. p.
8 1 ad Cor., XIII. 7.
9 Exod., XXXII, 31-32.
10 Ps XXXVI. 4.
11 Cant:. I, 1.
12 E. p.. Pero es mucho aquí de advertir, que no le es licito.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XX 491 atreverse, si no sintiese el favor interior del cetro del Rey in- clinado para ella; porque por ventura no caiga de los demás grados que hasta allí ha subido, en los cuales siempre se ha de conservar con humildad. De esta osadía y mano que Dios le da al alma en este séptimo grado para atreverse a Dios con vehemencia de amor, se sigue el octavo, que es hacer ella presa en el Amado y unirse con él, según se sigue (1).
3. El octavo grado de amor hace al alma asir y apretar sin soltar, según la Esposa dice en esta manera: Hallé al que ama mi corazón y ánima, túvele, y no le soltaré (2). En este grado de unión satisface el alma su deseo, mas no de continuo (3), porque algunos llegan a poner el pie y luego le vuelven a qui- tar; porque si durase, sería cierta gloria en esta vida, y asi muy pocos espacios pausa (¿i) el alma en él (5). Al profeta Daniel, por ser varón de deseos, se le mandó (6) de parte de Dios que permaneciese en este grado, diciéndole: Daniel, está sobre tu grado, porque eres varón de deseos (7). De este grado se si- gue el nono, que es ya el de los perfectos, como diremos después, que es el que se sigue (8).
4. El nono grado de amor hace arder al alma con suavidad. Este grado es el de los perfectos, los cuales arden ya en Dios suavemente. Porque este ardor suave y deleitoso les causa el Espíritu Santo por razón de la unión que tienen con Dios. Por eso dice San Gregorio de los Apóstoles, que cuando el Es- píritu Santo visiblemente vino sobre ellos, que interiormente ar- dieron por amor suavemente (9). De los bienes y riquezas de 1 No copia la e. p. las palabras según se sigue.
2 Cant.. in. 4.
3 Camino por continuo, se lee en H.
4 Pausa, se lee en H. M. Bz. y V.— P: pasea. Los demás: pasa.
5 Enmienda así este pasaje la e. p.: "le vuelven a quitar, que si asi no fuese, y durasen en este grado, tendrían cierta manera de gloria en esta vida, y asi muy pocos espacios pasa el alma en él."
6 E. p.: se le dijo.
7 Dan., X, 1 1.— La e. p. pone también en latin este texto bíblico.
8 Faltan en e. p.: después, que es lo que se sigue.
9 "Dum Deum in ignis visione suscipiunt, per amorcm suaviter arserunt." (Hom. XXX in Evang.)
492 NOCHE OSCURA Dios que el alma goza en este grado, no se puede hablar; por- que si de ello se escribiesen muchos libros, quedaría lo más por decir. Del cual, por esto y porque después diremos alguna cosa, aquí no digo más sino que de éste se sigue el décimo y último grado de esta escala de amor, que ya no es de es- ta vida.
5. El décimo y último grado de esta escala secreta de amor hace al alma asimilarse totalmente a Dios, por razón de la clara visión de Dios que luego posee inmediatamente ( 1 ) el alma, que habiendo llegado en esta vida al nono grado, sale de la carne. Porque éstos, que son pocos, por cuanto ya por el amor están purgadísimos, no entran en el purgatorio (2). De donde San Mateo dice: Beati mundo corde-. quoniam ipsi Deum videbunt (3). Y como decimos, esta visión es la causa de la si- militud total del alma con Dios, porque así lo dice San Juan, diciendo: Sabemos que seremos semejantes a el (4). No por- que el alma se liará tan capaz como Dios, porque eso es impo- sible (5); sino porque todo lo que ella es se liará semejante a Dios; por lo cual se llamará, y lo será, Dios por participación.
6. Esta es la escala secreta que aquí dice el alma, aunque ya en estos grados de arriba no es muy secreta para el alma, porque mucho se le descubre el amor por los grandes efectos que en ella hace. Mas en este último grado de clara visión, que es lo ultimo de la escala donde estriba Dios, como ya dijimos, ya no hay cosa para el alma encubierta, por razón de la total asimilación. De donde Nuestro Salvador dice: En aquel día ninguna cosa me preguntaréis, etc. (6), pero hasta este día, to- davía aunque el alma más alta vaya, le queda algo encubierto, y tanto cuanto le falta para la asimilación total con la divi- 1 Falta este adverbio en e. p.
2 Modifica la e. p.: "Y en éstos, que son pocos, suele hacer el amor, dejándolo-, purgadísimos en esta vida, lo que en otros hace el purgatorio en la otra."
3 V. 8.
4 I Joan. III. 2.
5 Cambia la c. p.: "Sabemos que seremos semejantes a él. porque le veremos como es. Donde todo lo que ella es. será semejante a Dios."
6 Joan, XVI. 23.
LÍBRO SEGUNDO. — CAP. XX 493 na esencia De esta manera, por esta teología mística y amor secreto, se va el alma saüendo de todas las cosas y de sí misma, y subiendo a Dios. Porque el amor es asimilado (1) al fuego, que siempre sube hacia arriba, con apetito de engolfarse en el centro de su esfera.
CAPITULO XXI DECLARASE ESTA PALABRA «DISFRAZADA», Y DICENSE LOS COLORES DEL DISFRAZ DEL ALMA EN ESTA NOCHE (2).
1. Resta, pues, ahora, después que habernos declarado las causas por qué el alma llamaba a esta contemplación «secreta escala», declarar también acerca de la tercera palabra del verso, conviene a saber «disfrazada», por qué causa también dice el alma que ella salió por esta «secreta escala disfrazada».
2. Para inteligencia de esto conviene saber (3), que dis- frazarse no es otra cosa que disimularse y encubrirse debajo de otro traje y figura que de suyo tenía, ahora para debajo de aquella forma o traje mostrar de fuera (4), la voluntad y pretensión que en el corazón tiene para ganar la gracia y vo- luntad de quien bien quiere, ahora también para encubrirse (5) de sus émulos, y así poder hacer mejor su hecho. Y entonces aquellos trajes y librea toma que más represente y signifique la afición de su corazón, y con que mejor se pueda acerca de los contrarios disimular.
5. El alma, pues, aquí tocada del amor del Esposo Cristo, pretendiendo caerle en gracia (6) y ganarle la voluntad, aqui sale disfrazada con aquel disfraz que más al vivo represente las aficiones de su espíritu y con que más segura vaya de 1 E. p.: semejante.
2 De la e. p. El primer párrafo del capítulo falta en el Hispalense. Se lee en los principales Códices y en e. p.
4 De fuera. Faltan estas dos palabras en e. p.
5 La e. p.: o para encubrirse...6 E. p.. de su Esposo Cristo, porque le pretende caer en gracia.
494 NOCHE OSCURA los (1) adversarios suyos y enemigos, que son demonio, mundo y carne. Y asi, la librea que lleva es de tres colores principales, que son blanco, verde y colorado; por los cuales son denotadas las tres virtudes teologales, que son, fe, esperanza y caridad, con las cuales (2) no solamente ganará la gracia y voluntad de su Amado, pero irá muy amparada y segura de sus tres enemi- gos; porque la fe es una túnica interior de una blancura tan le- vantada, que disgrega la vista de todo entendimiento. Y así, yendo el alma vestida de fe, no ve ni atina el demonio a empe- cerla, porque con la fe va muy amparada, más que con todas las demás virtudes (3), contra el demonio, que es el más fuerte y astuto enemigo.
4. Que por eso San Pedro no halló otro mayor amparo que ella para librarse de él, cuando dijo: Cui resistite ¡oríes in fide (4). Y para conseguir la gracia y unión del Amado, no puede el alma ponerse mejor túnica y camisa interior, para fundamento y principio de las demás vestiduras de virtudes, que esta blancura de fe, porque sin ella, como dice el Apóstol, imposible es agradar a Dios; y con ella, es imposible dejarle de agradar (5), pues él mismo dice por un profeta: Sponsabo te rnihi in fide (6). Que es como decir: Si te quieres, alma, unir y desposar conmigo, has de venir interiormente vestida de fe.
8. Esta blancura de fe llevaba el alma en la salida de esta noche oscura, cuando caminando, como habernos dicho arri- ba, en tinieblas y aprietos interiores, no dándole su entendimiento algún alivio de luz, ni de arriba, pues le parecía él cielo ce- rrado y Dios escondido, ni de abajo, pues los que le enseñaban no le satisfacían, sufrió con constancia y perseveró, pasando por aquellos trabajos sin desfallecer y faltar al Amado; el cual en los trabajos y tribulaciones prueba la fe de su Esposa, de 1 E. p.: sus.
2 E. p.: con que.
3 Falta en e. p. la frase: más que con todas las demás virtudes.
4 I Petr. V. 9.
5 E. p. corrige: Y con ella, siendo viva, le agrada y parece bien. A: Y con ella, siendo viva es imposible...6 Osee. II, 20.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XH 495 manera que pueda ella después con verdad decir aquel dicho de David, es a saber: Por las palabras de tus labios yo guardó caminos duros (1).
6. Luego sobre esta túnica blanca de fe se sobrepone aquí el alma el segundo color, que es una almilla (2) de verde. Por el cual, como dijimos, es significada (3) la virtud de la es- peranza, con la cual, cuanto a lo primero, el alma se libra y am- para del segundo enemigo, que es el mundo. Porque esta ver- dura de esperanza viva en Dios da al alma una tal viveza y animosidad y levantamiento a las cosas de la vida eterna, que en comparación de lo que allí espera, todo lo del mundo le parece, como es la verdad, seco y lacio y muerto y de ningún valor. Aquí se desnuda y despoja de todas estas vestiduras y trajes del mundo, no poniendo su corazón en nada, ni esperando nada de lo que hay o ha de haber en él, viviendo solamente vestida de esperanza de vida eterna. Por lo cual, teniendo eJ corazón tan levantado del mundo, no sólo no le puede tocar y asir el co- razón (4), pero ni alcanzarle de vista.
7. Y así, con esta verde librea y disfraz va el alma muy segura de este segundo enemigo, que es el mundo. Porque a la esperanza llama S. Pablo yelmo de salud (5), que es una arma que ampara toda la cabeza y la cubre de manera que no le queda descubierto sino una visera por donde ver. Y eso tiene la esperanza, que todos los sentidos de la cabeza del alma cubre, de manera que no se engolfen en cosa ninguna del mundo, ni le quede por donde les pueda herir alguna saeta del siglo (6); sólo le deja una visera para que los ojos puedan mirar hacia arriba, y no más, que es el oficio que de ordinario hace la esperanza en el alma, que es levantar los ojos sólo a mirar a Dios, como lo di- ce David que hacía en él cuando dijo (7): Oculi mei semper ad 1 Ps. XV!, 4.
2 E. p. traslada vestidura por almilla.
3 E. p.: Por el cual color es significada.
4 La e. p. no copia: el corazón.
5 I Thessal., V. 8.
6 E. p.: saeta de él.
7 Suprime la e. p.: que hacía en él cuando dijo 496 NOCHE uSCi RA Dominum (1), no esperando bien ninguno de otra paite, sino co- mo él mismo en otro Salmo dice: Que así como los ojos de la sierva están puestos en las manos de su señora, así los nues- tros en Nuestro Señor Dios, hasta que se apiade de nosotros, esperando en él (2).
8. Por esta causa (3), de esta librea verde (porque siem- pre está mirando a Dios, y no pone los ojos en otra cosa ni se paga sino solo de él), se agrada tanto el Amado del alma, que es verdad decir que tanto alcanza de él cuanto ella (4) de é] espera. Que por eso el Esposo (5) en los Cantares le dice a ella, que en solo el mirar de un ojo le llagó el corazón (6). Sin esta librea verde de sola esperanza de Dios no le convenía al alma salir a esta pretensión de amor, porque no alcanzara nada, por cuanto la que mueve y vence es la esperanza porfiada.
9. De esta librea de esperanza va disfrazada el alma por esta secreta y oscura noche que habernos dicho (7); pues que va tan vacía de toda posesión y arrimo, que no lleva los ojos en otra cosa ni el cuidado sino es en Dios,- poniendo en el polvo su boca (#), si por ventura hubiere esperanza, como entonces alegamos de Jeremías.
10. Sobre el blanco y verde, para el remate y perfección de este disfraz \\ librea, lleva el alma aquí el tercer color, que es una excelente toga colorada. Por la cual es denotada la ter- cera virtud, que es caridad, con la cual no ( 9 ) solamente da gracia a los otros dos colores, pero hace levantar tanto al alma de punto, que la pone cerca de Dios tan hermosa y agradable, que se atreve ella a decir: Aunque soy morena, oh hijas de Je- rusalén, soy hermosa; y por eso me ha amado el Rey, y me ha 1 Ps. XXIV, 15.
2 Ps. CXXil, 2 3 Suprime estas tres palabras la e p 4 Ella. Falta esta palabra en e p 5 El Esposo. Tampoco copia estas palabras la e. p 6 Cant.. IV. 9 7 No traslada la e p que habernos dicho S Thren.. III 29 9 Con que no Asi la e. p.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. XXI 497 metido en su lecho (1). Con esta librea de caridad, que es ya la del amor, que en el Amado hace más amor (2), no sólo se ampara y encubre el alma del tercer enemigo, que es la carne (porque donde hay verdadero amor de Dios, no entra amor de sí ni de sus cosas); pero aun hace válidas a las demás virtudes, dándoles vigor y fuerza para ampa- rar al alma, y gracia y donaire para agradar al Amado con ellas, porque sin caridad ninguna virtud es graciosa delante de Dios. Porque ésta es la púrpura que se dice en los Cantares (3), sobre que se recuesta Dios (4). De esta librea colorada va el alma vestida, cuando (como arriba queda declarado en la primera Canción) en la noche oscura sale de sí, y de todas, las cosas criadas, «Con ansias en amores inflamada», por esta secreta escala de contemplación, a la perfecta unión de amor de Dios, su amada salud.
1 1. Este, pues, es el disfraz que el alma dice que lleva en la noche de fe por esta secreta escala, y éstos son los tres co- lores de él. Los cuales son una acomodadísima disposición para unirse el alma con Dios, según sus tres potencias, que son en- tendimiento, memoria y voluntad; porque la fe vacía y oscurece al entendimiento de toda su inteligencia natural, y en esto le dispone para unirle con la Sabiduría divina; y la esperanza va- cía y aparta la memoria de toda posesión de criatura, porque, co- mo dice S. Pablo, la esperanza es de lo que no se posee (5); y así aparta la memoria de lo que se puede poseer (6), y pó- nela en lo que espera (7). Y por esto la esperanza de Dios sólo dispone puramente a la memoria para unirla con Dios (8).
1 Cant., I, 4.
2 Palta en e. p. la frase: que en el Amado hace más amor.
3 Cant.. 111 10.
4 Faltan en los Códices y en e p. las palabras por donde se sube al reclinatorio. u otras parecidas, que añaden aquí en algunas ediciones.
5 Rom., VIH, 24.
6 En esta vida, añade la e. p, 8 E. p modifica a la memoria, según el vacio que causm en ella para unirla con El.
32 498 NOCHE OSCUHA