3. Que ésta es la causa por qué en este estado llamamos estar hecha una voluntad de dos, la cual es voluntad de Dios, y esta voluntad de Dios es también voluntad del alma (4). Pues si esta alma quisiese alguna imperfección que no quiere Dios, no estaría hecha una voluntad de Dios, pues el alma tenía voluntad de lo que no la tenia Dios. Luego claro está, que para venir el alma a unirse con Dios perfectamente por amor y voluntad, ha de carecer primero de todo apetito de volun- tad, por mínimo que sea. Esto es, que advertidamente y conocida- mente no consienta con la voluntad en imperfección, y venga a tener poder y libertad para poderlo hacer en advirtiendo. Y 2 A y B: alma.
3 E. p.: de manera que en todo y por todo. etc.
4 La e. p. traslada: llamamos estar hecha una voluntad de Dios, esto es. de la mía y de ¡a de Dios, de manera que la voluntad de Dios es también voluntad del alma.
52 SUBIDA DEL MONTE CARMELO digo conocidamente, porque sin advertirlo y conocerlo, o sin ser en su mano (1), bien caerá en imperfecciones y pecados veniales, y en los apetitos naturales que habernos dicho; por- que de estos tales pecados no tan voluntarios y subrepticios (2) está escrito, que el justo caerá siete veces en el día y se levantará (3). Mas de los apetitos voluntarios, que son pe- cados veniales de advertencia (4), aunque sean de mínimas cosas, como he dicho, basta uno que no se venza, para im- pedir. Digo no mortificando el tal hábito; porque algunos ac- tos a veces de diferentes apetitos, aun no hacen tanto cuando los hábitos están mortificados (5). Aunque también éstos ha de venir a no los haber, porque también proceden de hábito de imperfección. Pero algunos hábitos de voluntarias imperfeccio- nes, en que nunca acaban de vencerse, éstos no solamente impiden la divina unión, pero el ir adelante en la perfección.
4. Estas imperfecciones habituales son: como una común costumbre de hablar mucho, un asimientillo a alguna cosa que nunca acaba de querer vencer, asi como a persona, a vestido, a li- bro, celda, tal manera de comida y otras conversacioncillas y gustillos en querer gustar de las cosas, saber y oir, y otras semejantes. Cualquiera de estas imperfecciones en que tenga el alma asimiento y hábito, es tanto daño para poder crecer e ir adelante en la virtud, que si cayese cada día en otras muchas im- perfecciones y pecados veniales sueltos (6), que no proceden de ordinaria costumbre de alguna mala propiedad ordinaria (7), no le impedirán tanto, cuanto el tener el alma asimiento a alguna 1 Enteramente, añade la e. p.
2 Subrepticios. Esta palabra sólo se lee en el Códice de Alcaudete.
3 Prov.. XXIV. 16.
4 Solo el C. de Ale. trae las palabras: que son pecados veniales de advertencia. La e. p. escribe: Mas de los apetitos voluntarios y enteramente advertidos, aunque sean de cosas mínimas, como se ha dicho, cualquiera que no se venza basta para im- pedir.
5 Del C. de Ale. son las palabras: cuando los hábitos están mortificados. La e. p.: aun no hacen tanto, por no ser hábito determinado. B: a veces no hacen tanto por ser hábito determinado. A. Aun no hacen tanto por ser hábito determinado.
6 En vez de y pecados veniales sueltos, que se lee en el C. de Ale., la e. p dice: aunque fuesen mayores.
7 Ordinaria. La e. p. suprime esta palabra.
LIBRO PRIMERO.— CAP. XI 53 cosa. Porque en tanto que le tuviere, excusado es que pueda ir el alma adelante en perfección, aunque la imperfección sea muy minima (1). Porque eso me da que una ave esté asida a un hilo delgado que a un grueso; porque aunque sea delgado, tan asida se estará a el como al grueso, en tanto que no le quebrare para volar. Verdad es que el delgado es más fácil de quebrar; pero por fácil que es, si no le quiebra, no vola- ra. V asi es el alma que tiene asimiento en alguna cosa, que aunque más virtud tenga, no llegará a la libertad de la divina unión. Porque el apetito y asimiento del alma tienen la pro- piedad que dicen tiene la remora con la nao, que con ser un pez muy pequeño, si acierta a pegarse a la nao, la tiene tan queda que no la deja llegar al puerto, ni navegar. Y asi, es lástima ver algunas almas como unas ricas naos cargadas de riquezas y obras y ejercicios espirituales, y virtudes y mer- cedes que Dios las hace, y por no tener ánimo para acabar con algún gustillo, o asimiento, o afición (que todo es uno), nun- ca van adelante, ni llegan al puerto de la perfección (2), que no estaba en más que dar un buen vuelo, y acabar de quebrar aquel hilo de asimiento, o quitar aquella pegada (3) remora de apetito.
5. Harto es de dolerse que haya Dios hécholes quebrar otros cordeles más gruesos de aficiones de pecados y vanidades, y por no desasirse de una niñería que les dijo (4) Dios que vencie- sen por amor de él, que no es más que un hilo y que un pelo, dejen de ir a tanto bien. Y lo que peor es, que no solamente no van adelante, sino que por aquel asimiento vuelven atrás, perdiendo lo que en tanto tiempo, con tanto trabajo han caminado y ganado, porque ya se sabe que, en este camino, el no ir adelan- te es volver atrás, y el no ir ganando, es ir perdiendo. Que eso quiso Nuestro Señor darnos a entender cuando dijo: El que no es 1 E. p.: excusado es que pueda llegar a ta perfección, aunque la cosa tea muy mínima.
2 La e. p.i nunca pueden llegar al puerto de la unión perfecta.
3 Pegada. La e. p. no trac esta palabra.
54 SUBIDA DEL MONTE CARMELO conmigo es contra mí; y el que conmigo no allega, derrama (1). El que no tiene cuidado de remediar el vaso, por un pequeño resquicio que tenga basta para que se venga a derramar todo el licor que está dentro. Porque el Eclesiástico nos lo enseñó bien diciendo: El que desprecia las cosas pequeñas, poco a poco irá cayendo (2). Porque, como el mismo dice, de una sola centella se aumenta el fuego (3). Y asi una imperfección basta para traer otra, y aquéllas, otras; y así casi nunca se verá una alma que sea negligente en vencer un apetito, que no tenga otros muchos, que salen de la misma flaqueza e imper- fección que tiene en aquél. Y así siempre van cayendo, y ya habernos visto muchas personas, a quien Dios hacía merced de llevar muy adelante en gran desasimiento y libertad, y por sólo comenzar a tomar un asimientillo de afición y so color de bien, de conversación y amistad, írseles por alli vaciando el espíritu y gusto de Dios y santa soledad, caer de la alegría y entereza en los ejercicios espirituales, y no parar hasta per- derlo todo; y esto porque no atajaron aquel principio de gus- to y apetito sensitivo, guardándose en soledad para Dios.
6. En este camino siempre se ha de caminar para llegar; lo cual es ir siempre quitando quereres, no sustentándolos; y si no se acaban todos de quitar, no se acaba de llegar. Porque así como el madero no se transforma en el fuego por un sólo grado de calor que falte en su disposición, asi no se transfor- mará el alma en Dios por una imperfección que tenga, aunque sea menos que apetito voluntario (4), porque como después se di- rá en la noche de la fe, el alma no tiene más de una voluntad, y 1 Matth., XII. 30. E. p se expresa asi: "que no es más que un hilo, deje de ir adelante y llegar a tanto bien. Y lo peor es que, por aquel asimiento, no sólo no van adelante, sino que en materia de perfección vuelven atrás, perdiendo algo de lo que con tanto trabajo habían ganado. Porque ya se sabe, que en este camino espiritual el no ir adelante venciendo, es volver atrás; y el no ir ganando, es ir perdiendo. Que eso quiso Nuestro Señor damos a entender cuando dijo: El que conmigo no allega, derrama."
2 Eccli.. XIX, 1. En las grandes, añade la e. p.
3 Ibid.. XI. 34.
4 La e. p. no trae las palabras: aunque sea menos que apetito voluntario.
LIBRO PRIMERO. — CAP. XI 55 esa, si se embaraza y emplea en algo, no queda libre (I). sola y pura, como?>e requiere para la divina transformación.
7. De lo dicho tenemos figura en el Libro de los Jueces, donde se dice, que vino el Angel a los hijos de Israel y les dijo, que porque no habian acabado con aquella gente contra- ria, sino antes se habían confederado con algunos de ellos; por eso se los habia de dejar entre ellos por enemigos, para que les fuesen ocasión de caída y perdición (2). Y, justamente, hace Dios esto con algunas almas, a las cuales, habiéndolas él sacado del mundo (3), y mucrtoles los gigantes de su> pecados, y acabado la multitud de sus enemigos, que son las ocasiones que en el mundo tenían, sólo porque ellos entraran con más libertad en esta tierra de Promisión de la unión di- vina, y ellos todavía traban amistad y alianza con la gente menuda de imperfecciones, no acabándolas de mortificar; por eso, enojado Nuestro Señor les deja ir cayendo en sus apetitos de peor en peor (4).
8. Tambicn en el Libro de Josué tenemos figura acerca de lo dicho, cuando le mandó Dios a Josué al tiempo que habia de co- menzar a poseer la tierra de Promisión, que en la ciudad de Jen- có de tal manera destruyese cuanto en ella había, que no dejase cosa en ella viva, desde el hombre hasta la mujer, y desde el niño hasta el viejo, y todos los animales, y que de todos los despojos no tomasen ni codiciasen nada (5). Para que enten- damos como para entrar en esta divina unión, ha de morir todo lo que vive en el alma, poco y mucho, chico y grande, y el alma ha de guedar sin codicia de todo ello, y tan desasida como si ello no fuese para ella, ni ella para ello. Lo cual nos enseña bien San Pablo ad Corinthios, diciendo: Lo que os digo hermanos es gue el tiempo es breve; lo que resta y con- viene es, que los que tienes mujeres, sean como si no las tu- 2 Jud.. II. 3.
3 E p del Egipto del mundo. A y B de los peligros del mando.
4 E. p.. viviendo en descuido y flojedad se enoja 6'u Majestad y ios deja ir ca- yendo en sus apetitos de mal en peor.
5 Jos. VI. 21.
56 SUBIDA DEL MONTE CARMELO viesen; y los que lloran por las cosas de este mundo, como si no llorasen; y los que se huelgan, como si no se holgasen (1); y los que compran, como si no poseyesen; y los que usan de este mundo, como si no usasen (2). Esto nos dice el Após- tol, enseñándonos cuan desasida nos conviene tener el alma de todas las cosas para ir a Dios.
CAPITULO XII EN QUE SE TRATA COMO SE RESPONDE (3) A OTRA PREGUNTA, DECLA- RANDO CUALES SEAN LOS APETITOS QUE BASTAN PARA CAUSAR EN EL ALMA LOS DAflOS DICHOS.
1. Mucho pudiéramos alargarnos en esta materia de la noche del sentido, diciendo lo mucho que hay que decir de los daños que causan los apetitos, no sólo en las maneras dichas, sino en otras muchas. Pero, para lo que hace a nuestro pro- pósito, lo dicho basta; porque parece queda dado a entender cómo se llama noche la mortificación de ellos, y cuanto con- venga entrar en esta noche para ir a Dios. Sólo lo que se ofrece, antes que tratemos del modo de entrar en ella, para con- cluir con esta parte, es una duda que podría ocurrir al lector sobre lo dicho.
2. Y es lo primero, si basta cualquier apetito para obrar y causar en el alma los dos males ya dichos, es a saber: pri- vativo, que es privar al alma de la gracia de Dios, y el posi- tivo, que es causar en ella los cinco daños principales que ha- bernos dicho (4). Lo segundo, si basta cualquier apetito, por mínimo que sea, y de cualquier especie que sea, a causar todos éstos juntos (5); o solamente unos causan unos, y otros otros; como unos causar tormento, otros cansancio, otros tiniebla, etc.
1 La e. p. suprime la frase: y los que se huelgan como si no se holgasen.
2 I ad Cor.. VII. 29-31.
4 La e. p. abrevia estas tres lineas asi: y causar en el alma ¡os dos males, positi- vo y privativo, ya declarados.
5 Todos estos juntos. Asi el C. de Ale. En la traslación de esta frase hay nota- ble variedad. A y e. p.. rodos estos cinco daños juntos. B todos estos daños juntos.
LIBRO PRIMERO. — CAP. XII 57 3. A lo cual respondiendo, digo a lo primero, que cuan- to al daño privativo, que es privar al alma de Dios, solamente los apetitos voluntarios que son de materia de pecado mortal pueden y hacen esto totalmente ( 1 ), porque ellos privan en esta vida al alma de la gracia, y en la otra de la gloria, que es poseer a Dios. A lo segundo digo, que así éstos que son de ma- teria de pecado mortal, como los voluntarios de materia de pe- cado venial, y los que son de materia de imperfección, cada uno de ellos basta para causar en el alma todos estos daños po- sitivos (2) juntos; los cuales, aunque en cierta maner? son privativos, llamárnoslos aqui positivos, porque responden a la conversión de la criatura, así como el privativo responde c la aversión de Dios. Pero hay esta diferencia, que los apetitos de pecado mortal causan total ceguera, tormento e inmundicia y flaqueza, etc. Mas los otros de materia de venial o imperfec- ción (3), no causan estos males en total y consumado grado, pues no privan de la gracia, de donde depende la posesión de ellos, porque la muerte de ella es vida de ellos; pero caúsenlos en el alma remisamente, según la remisión de la gracia que los tales apetitos causan en el alma. De manera, que aquel apetito que más entibiare la gracia, más abundante tormento, ceguera y suciedad causará (A).
4. Pero es de notar que aunque cada apetito causa es- tos males, que aqui llamamos positivos, unos hay que prin- cipal y derechamente causan unos, y otros oíros, y los demás por el consiguiente. Porque aunque es verdad que un apetito sensual causa todos estos males, pero principal y propiamente ensucia al alma y cuerpo. Y aunque un apetito de avaricia tam- bién los causa todos, principal y derechamente causa aflicción.
1 La t p do trae esta palabra 2 La e. p. suprime las frases restantes hasta el punto.
3 E. p.: pecado venial o conocida imperfección.
4 La e. p. "no privan de la gracia, con la cual privación anda junta la posesión de ellos; porque la muerte de ella es vida de ellos. Pero causan algo de estos males, aunque remisamente, según la tibieza y remisión que en el alma causan. De manera que aquel apetito que mas la entibiare, mas abundantemente causará tormento, ce- guera y no pureza."
58 SUBIDA DEL MONTE CARMELO Y aunque un apetito de vanagloria, ni más ni menos, los causa tocios, principal y derechamente causa tinieblas y ceguera (.)
Y aunque un apetito de gula los causa todos, principalmente causa tibieza en la virtud, y asi de los demás.
5. Y la causa porque cualquier acto de apetito voluntario produce en el alma todos estos efectos juntos, es por la con- trariedad que derechamente tienen contra todos los actos de virtud que producen en el alma los efectos contrarios. Por- que asi como un acto de virtud produce en el alma y cria juntamente suavidad, paz, consuelo, luz, limpieza y fortaleza; asi, un apetito desordenado causa tormento, fatiga, cansancio, ceguera y flaqueza. Todas las virtudes crecen en el ejercicio de una, y todos los vicios crecen en el de uno, y los dejos (2) de ellos en el alma. Y aunque todos estos males no se echan de ver al tiempo que se cumple el apetito, porque el gusto de él entonces no da lugar, pero antes o después bien se sienten sus malos dejos. Lo cual se da muy bien a entender por aquel libro que mandó el ángel comer a San Juan en el Apo- calipsis, el cual en la boca le hizo dulzura, y en el vientre le fué amargor (3). Porque el apetito cuando se ejecuta es dulce y parece bueno, pero después se siente su amargo efecto; lo cual podrá bien juzgar el que se deja llevar de ellos. Aunque no ig- noro que hay algunos tan ciegos e insensibles que no lo sien- ten, porque como no andan en Dios, no echan de ver lo que les impide a Dios.
6. De los demás apetitos naturales que no son voluntarios, y de los pensamientos que no pasan de primeros movimientos, y de otras tentaciones no consentidas, no trato aquí; porque éstos ningún mal de los dichos causan al alma. Porque aunque a la persona por quien pasan le haga parecer la pasión y turbación que entonces le causan, que la ensucian y ciegan, no es así; an- tes la causan los provechos contrarios (4). Porque en tanto que los 1 Por descuido suprime el C. de Ale. estas lineas que se reBeren al apetito de va- nagloria, las cuales se leen en los demás y en las ediciones 2 E. p.: efectos.
3 Apoo. X. 9. Las tres lineas antecedentes faltan en e. p.
4 En la e. p. se introdujo esta palabra: "Antes ocasiona/menfe la causan los pro- vechos contrarios."
LIBRO PRIMERO— CAP. XD 59 resiste, gana fortaleza, pureza, luz y consuelo, y muchos bie- nes, según lo cual dijo Nuestro Señor a San Pablo: Que la virtud se perficionaba en la flaqueza (1) Mas los voluntarios, todos los dichos y más males hacen. Y por eso, el principal cuidado que tienen los maestros espirituales, es mortificar lue- go a sus discípulos de cualquier apetito, haciéndoles quedar en vacio de lo que apetecían, por librarles de tanta miseria.
CAPITULO XIII CAPITULO XIII EN QUE SE TRATA DE LA MANERA Y MODO QUE SE HA DE TENER PARA ENTRAR FT< ESTA NOCHE DEL SENTIDO (2).
1. Resta ahora dar algunos avisos para saber y poder en- trar en esta noche del sentido. Para lo cual es de saber, que el alma ordinariamente entra en esta noche sensitiva en dos ma- neras: la una es activa, la otra pasiva. Activa es lo que el alma puede hacer y hace de su parte para entrar en ella, de lo cual ahora trataremos en los avisos siguientes. Pasiva es en que el alma no hace nada, sino que Dios lo obra en ella, y ella se ha como paciente. De la cual trataremos en el cuarto Libro (3), cuando habernos de tratar de los principiantes (4). Y porque allí habernos, con el favor divino, de dar muchos avisos a los principiantes, según las muchas imperfecciones que suelen tener en este camino, no me alargaré aquí en dar muchos. Y porque también no es tan propio de este lugar darlos, pues de presente sólo tratamos de las causas por qué se llama noche este trán- sito, y cuál sea ésta, y cuántas sus partes. Pero porque parece 1 II ad Cor.. XD, 9.
2 E. p.: De la manera u modo que ha de tener el alma para entrar en esta no- che del sentido por fe.
3 Es decir, en la Noche Oscura.
4 En las anteriores ediciones este párrafo se ponía asi: "Activa es lo que el alma puede hacer y hace de su parte para entrar en ella ayudada de la gracia, de la cual trataremos ahora en los avisos siguientes. Y pasiva es en que el alma no hace nada como de suyo o por su industria, sino Dios lo obra en ella con más particulares au- xilios, y ella se ha como paciente consintiendo libremente. De la cual diremos en la Noche oscura, cuando tratáremos de los principiantes."
60 SUBIDA DEL MONTE CARMELO quedaba muy corto y no de tanto provecho no dar luego algún remedio o aviso para ejercitar esta noche de apetitos, he que- rido poner aqui el modo breve que se sigue; y lo mismo haré al fin de cada una de esotras dos partes o causas de esta no- che (1), de que luego, mediante el Señor, tengo de tratar.
2. Estos avisos que aqui se siguen de vencer los apeti- tos, aunque son breves y pocos, yo entiendo que son tan pro- vechosos y eficaces como compendiosos; de manera que el que de veras se quisiere ejercitar en ellos, no le harán falta otros ningunos, antes en éstos los abrazará todos.
3. Lo primero, traiga un ordinario apetito (2) de imitar a Cristo en todas sus cosas, conformándose con su vida, la cual debe considerar para saberla imitar y haberse en todas las cosas como se "hubiera él.
4. Lo segundo, para poder bien hacer esto, cualquiera gus- to que se le ofreciere a los sentidos, como no sea puramente para honra y gloria de Dios, renúncielo y quédese vacio de él por amor de Jesucristo, el cual en esta vida no tuvo otro gusto, ni le quiso, que hacer la voluntad de su Padre, lo cual llamaba él su comida y manjar. Pongo ejemplo. Si se le ofreciere gusto de oir cosas que no importen para el servicio y honra de Dios, ni lo quiera gustar, ni las quiera oir; y si le diere gusto mi- rar cosas que no le ayuden (3) más a Dios, ni quiera el gus- to, ni mirar las tales cosas; y si en el hablar o en otra cual- quier cosa se le ofreciere, haga lo mismo. Y en todos los sen- tidos, ni más ni menos, en cuanto lo pudiere excusar buenamen- te; porque, si no pudiere, basta que no quiera gustar de ello, aunque estas cosas pasen por él. Y de esta manera ha de pro- curar dejar luego mortificados y vacíos de aquel gusto a los sentidos, como a oscuras. Y con este cuidado en breve aprove- chará mucho.
1 Solamente lo verifica por entero al tratar de la memoria (cap. XIV del Itb. III): algo insinúa del entendimiento, al ñnal del lib. II. De la voluntad no se dice nada, quizá por estar el libro III incompleto.
3 E. p.: lleven.
LIBRO PRIMERO. — CAP. XÜ1 61 5. Y para mortificar y apaciguar las cuatro pasiones na- turales, que son gozo, esperanza, temor y dolor, de cuya con- cordia y pacificación salen estos y los demás bienes, es total remedio lo que se sigue, y de gran merecimiento y causa de grandes virtudes.
6. Procure siempre inclinarse: no a lo más fácil, sino a ío más dificultoso; no a lo más sabroso, sino a lo más des- abrido; no a lo más gustoso, sino antes a lo que da menos gus- to (1); no a lo que es descanso, sino a lo trabajoso; no a lo que es consuelo, sino antes al desconsuelo; no a lo más, sino a lo menos, no a lo más alto y precioso, sino a lo más bajo y despreciado; no a lo que es querer algo, sino a no querer nada, no andar buscando lo mejor de las cosas temporales, sino lo peor, y desear entrar en toda desnudez y vacío y pobreza por Cristo de todo cuanto hay en el mundo.
7. Y estas obras conviene las abrace de corazón y pro- cure allanar la voluntad en ellas. Porque si de corazón las obra, muy en breve vendrá a hallar en ellas gran deleite y con- suelo, obrando ordenada y discretamente.
8. Lo que está dicho, bien ejercitado, bien basta para entrar en la noche sensitiva; pero, para mayor abundancia, diremos otra manera de ejercicio que enseña a mortificar (2) la concupiscen- cia de la carne, y la concupiscencia de los ojos y la soberbia de la vida, que son las cosas que dice San Juan reinan en el mundo, de las cuales proceden todos los demás apetitos (3).
9. Lo primero, procurar obrar en su desprecio, y desear que todos lo hagan, (4); lo segundo, procurar hablar en su 1 B dice: no a lo más gustoso, sino antes a lo que no da gusto. La e. p No a ¡o más gustoso, sino a lo que no da gusto.
2 Las lineas siguientes de este número se modifican en la e. p. de esta manera: que enseña a mortificar de veras el apetito de la honra, de que se originan otros mu- chos.
3 Se publica el siguiente número conforme al Códice de AJcaudete. La e. p. lo trae en la misma forma, con la pequeña diferencia de que donde el Códice traslada que todos lo hagan, la e. p. dice: que los otros lo hagan, conformándose en esto con A y B.
4 A y B añaden: y esto es contra la concupiscencia de ¡a carne.
62 SUBIDA DEL MONTE CARMELO desprecio, y desear que todos lo hagan (1); lo tercero, pro- curar pensar bajamente de si en su desprecio, y desear que todos lo hagan (2).
10. En conclusión de estos avisos y reglas, conviene po- ner aquí aquellos versos que se escriben en la Subida (3) del Monte, que es la figura que está al principio de este libro, los cuales son doctrina para subir a él, que es lo alto de la unión. Porque, aunque es verdad que allí habla de lo espiritual e interior, también trata del espíritu de imperfección según lo sensual (4) y exterior, como se puede ver en los dos caminos que están en los lados de la senda de perfección. Y asi, según ese sentido los entenderemos aquí, conviene a saber: según lo sensual; los cuales después, en la segunda parte de esta noche, se han de entender según lo espiritual (5).
11. Dice asi: 11. Dice asi: — Para venir a gustarlo todo (6), no quieras tener gusto en nada. — Para venir a poseerlo todo, no quieras poseer algo en nada. —Para venir a serlo todo, no quieras ser algo en nada. — Para venir a saberlo todo, no quieras saber algo en nada. —Para venir a lo que no gustas, has de ir por donde no gustas. —Para venir a lo que no sabes, has de ir por donde no sabes. — Para venir a lo que no 'posees, has de ir por donde no posees.
1 A y B dicen además: y esto es contra la concupiscencia de los ojos.
2 A y B adicionan: también contra sí; y esto es contra la soberbia de la vida.
3 A. B, C. D y e. p.: figura. Refiérese en este pasaje al dibujo del Monte de Per- fección, que viene al frente de este tratado, como en seguida indica el Santo.
4 E. p.: sensible.
5 El Santo no vuelve a mencionar estos versos. Aquí seguimos el orden con que vienen en el Códice de Alcaudete. algo diferente del en que están en el Monte.
6 E. p.: Para gustarlo todo.
LIBRO PRIMERO.— CAP. XIIl 63 — Para venir a lo que no eres, has de ir por donde no eres.
MODO PARA NO IMPEDIR AL TODO 12. — Cuando reparas en algo, dejas de arrojarte al todo; — Porque para venir del todo al todo, has de negarte (1) del todo en todo. — Y cuando lo vengas del todo a tener, has de tenerlo sin nada querer. — Porque si quieres tener algo en todo, No tienes puro en Dios tu tesoro.
13. En esta desnudez halla el alma espiritual su quietud y descanso; porque no codiciando nada, nada le fatiga hacia arriba, y nada le oprime hacia abajo, porque esta en el cen- tro de su humildad; porque, cuando algo codicia, en eso mis- mo se fatiga (2).
CAPITULO XIV EN EL CUAL SE DECLARA EL SEGUNDO VERSO DE LA CANCION (3).
Con ansias en amores inflamada.
1. Ya que habernos declarado el primer verso de esta can- ción, que trata de la noche sensitiva, dando a entender qué no- che sea ésta del sentido y por qué se llama noche; y, tam- bién, habiendo dado el orden y modo que se ha de tener para entrar en ella activamente, sigúese ahora por su orden tratar de las propiedades y efectos de ella, que son admirables, los cuales se contienen en los versos siguientes de la dicha canción, los cuales yo apuntaré brevemente en gracia de declarar los di- 2 En eso mismo se fatiga y atormenta, terminan A y B.
3 Así el C. de Ale. E. p.: En que se declara el segundo verso de la sobredicha canción.
64 SUBIDA DEL MONTE CARMELO chos versos (1), como en el prólogo lo prometí (2), y pasaré luego adelante al segundo libro, el cual trata de la otra parte de esta Noche, que es la espiritual.
2. Dice, pues, el alma que «Con ansias en amores infla- mada», pasó y salió en esta noche oscura del sentido a la unión del Amado. Porque para vencer todos los apetitos y ne- gar los gustos de todas las cosas, con cuyo amor y afición se suele inflamar la voluntad, para gozar de ellas era menester otra inflamación mayor de otro amor mejor, que es el de su Esposo, para que teniendo su gusto y fuerza en éste, tu- viese valor y constancia para fácilmente negar todos los otros. Y no solamente era menester para vencer la fuerza de los apetitos sensitivos tener amor de su Esposo, sino estar inflama- da de amor y con ansias. Porque acaece, y así es, que la sen- sualidad con tantas ansias de apetito es movida y atraída a las cosas sensitivas, que si la parte espiritual no esta infla- mada con otras ansias mayores de lo que es espiritual, no podrá vencer el yugo natural (3), ni entrar en esta noche del sentido, ni tendrá ánimo para quedarse a oscuras de todas las cosas, privándose del apetito de todas ellas.
3. Y cómo y de cuantas maneras sean estas ansias de amor que las almas tienen en los principios de este camino de unión, y las diligencias e invenciones que hacen para salir de su casa, que es la propia voluntad, en la noche de la mortifi- cación de sus sentidos, y cuán fáciles y aun dulces y sabrosos (4) les hacen parecer estas ansias del Esposo todos ios trabajos y peligros de esta noche, ni es de decir de este lugar ni se puede decir; porque es mejor para tenerlo y considerarlo que para escribirlo, y así pasaremos a declarar los demás versos en el siguiente capítulo.
1 La e. p. suprime: en gracia de declarar los dichos versos.
2 Aqui se confirma lo que queda dicho en la nota 6.» de la pég. 14, de que el Santo considera al Argumento como parte del Prólogo. A y B no traen lo que resta de este párrafo.
LIBRO PRIMERO. — CAP. XV 65 CAPITULO XV EN EL CUAL SE DECLARAN LOS DEMAS VERSOS DE LA DICHA CAN- CION (1).
¡Oh dichosa ventura I Salí sin ser notada, Estando ya mi casa sosegada.