SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

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6. Y de aquí es, que la contemplación, por la cual el entendimiento tiene mas alta noticia (3) de Dios, llaman teo- logía mística, que quiere decir sabiduría de Dios secreta; por- que es secreta al mismo entendimiento que la recibe. Y por eso la llama San Dionisio rayo de tiniebla. De la cual dice el Profeta Baruc: No hay quien sepa el camino de ella, ni quien pueda pensar las sendas de ella (4). Luego claro está que el entendimiento se ha de cegar a todas las sendas que él puede alcanzar, para unirse con Dios. Aristóteles dice, que de la mis- ma manera que los ojos del murciélago se han con el sol, el cual totalmente le hace tinieblas, así nuestro entendimiento se ha a lo que es más luz en Dios, que totalmente nos es tinie- bla. Y dice más: que cuanto las cosas de Dios son en sí más altas y más claras, son para nosotros más ignotas y oscuras. Lo cual también afirma el Apóstol, diciendo: Lo que es alto de Dios, es de los hombres menos sabido.

7. Y no acabaríamos a este paso de traer autoridades y ra- 1 La e, p altera el orden de estas frases así: "se entiende la memoria con su ima- ginación, cuyas noticias e imaginaciones, que pueden fingir y fabricar, bien propia- mente se puede decir son como láminas de plata.'

2 Podrá. El copista del C. de Aicaudete saltó de esta palabra a otra igual de la siguiente linea, omitiendo las palabras intermedias.

3 Tiene más alta noticia. C. de Ale. Los demás y la e. p.. se ilustra de Dios.

1 Baruch, III. 23. Omitiendo todas las palabras intermedias, pasó el copista de Ai- caudete de la palabra sendas a la igual que viene en seguida.

LIBfiO SEGUNDO. — CAP. VIII 10!

zones para probar y manifestar cómo no hay escalera con que el entendimiento pueda llegar a este alto Señor, entre todas las cosas criadas, y que pueden caer en entendimiento; antes es necesario saber que si el entendimiento se quisiese aprovechar de todas estas cosas, o de algunas de ellas por medio pró- ximo para la tal unión, no sólo le serian impedimento, pero aun le serian ocasión de hartos errores y engarros en la subida de este monte.

CAPITULO IX COMO LA FE ES EL PROXIMO Y PROPORCIONADO MEDIO AL ENTENDI- MIENTO PARA QUE EL ALMA PUEDA LLEGAR A LA DIVINA UNION DE AMOR ( 1 ).— PRUEBALO CON AUTORIDADES Y FIGURAS DE LA DIVINA ESCRITURA.

1. De lo dicho se colige, que para que el entendimiento es- té dispuesto para esta divina unión, ha de quedar limpio y va- cio de todo le que puede caer en el sentido, y desnudo (2) y desocupado de todo lo que puede caer con claridad en ei en- tendimiento íntimamente sosegado y acallado, puesto en fe, la cual es sóla el próximo y proporcionado medio para que el alma se una con Dios; porque es tanta ía semejanza que hay entre ella y Dios (3), que no hay otra diferencia sino ser visto Dios, o creído. Porque asi como Dios es infinito, asi ella nos e propone infinito; y asi como es trino y uno, nos le propone ella trino y uno; y así como Dios es tiniebla para nuestro entendimiento, asi ella también ciega y deslumhra nuestro en- tendimiento (4). Y asi, por este solo medio, se manifiesta Dios al alma en divina luz, que excede todo entendimiento. Y, por tanto, cuanta más fe el alma tiene, más unida está con Dios (5).

1 Lo que sigue, se lee solamente en el C. de Ale. y en la e. p.

2 Desnado. Falta esta palabra en la e. p.

3 En la e. p. se omiten las palabras que traen los Códices: porque es tanta la semejanza entre ella g Dios.

4 Desde las palabras y asi como Dios es tiniebla. falta en la e. p.

5 En la e. p. se omiten las cuatro lineas siguientes, hasta las palabras porque debajo, etc.

102 SUBIDA DEL MONTE CARMELO Que eso es lo que quiso decir San Pablo en la autoridad que arriba dijimos, diciendo: Al que se ha de juntar con Dios, conviénele que crea (1). Esto es, que vaya por fe caminando a El, lo cual ha de ser el entendimiento ciego y a oscuras en fe sólo; porque debajo de esta tiniebla se junta con Dios el enten- dimiento, y debajo de ella está Dios escondido, según lo dijo David (2) por estas palabras: La oscuridad puso debajo de sus pies. Y subió sobre los querubines, y voló sobre las plumas del viento. Y puso por escondrijo las tinieblas y el agua te- nebrosa (3).

2. En lo que dice que puso oscuridad debajo de sus pies, y que a las tinieblas tomo por escondrijo, y aquel su taber- náculo en derredor de él en el agua tenebrosa, se denota la os- curidad de la fe en que él está encerrado. Y en decir que subió sobre los querubines, y voló sobre las plumas de los vien- tos (4), se da a entender cómo vuela sobre todo entendimiento Porque querubines quiere decir inteligentes o contemplantes. Y las plumas de los vientos significan las sutiles y levantadas noticias y conceptos de los espíritus, sobre todas las cuales es su ser, al cual ninguno puede de suyo alcanzar.

3. En figura de lo cual leemos en la Escritura, que aca- bando Salomón de edificar el Templo, bajó Dios en tiniebla, e hinchó el Templo de manera que no podían ver los hijos de Israel, y entonces habló Salomón y dijo. El Señor ha pro- metido que ha de morar en tiniebla (5). También a /Woisés en el monte se le apareció en tiniebla, en que estaba Dios en- cubierto. Y todas las veces que Dios se comunicaba mucho, pa- recía en tiniebla, como es de ver en Job, donde dice la Escritura que habló Dios con él desde el aire tenebroso (6).

1 Hebr.. XI. 6 2 Ps. XVI!. 10.

3 La e p. hace la siguiente modificación en este lugar: "Y puso por escondrijo las tinieblas: en derredor de El puso su tabernáculo, que es el agua tenebrosa, entre las nubes del aire."

i Por distracción omitió el Códice de Alcaudete todo lo que sigue, hasta las pa- labras significan las sutiles, etc. Lo traen los demás manuscritos.

5 III Reg.. VIII. 12.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. IX 103 Las cuales tinieblas todas significan la oscuridad de la fe en que está encubierta la Divinidad, comunicándose al alma; la cual, acabada que será, como cuando dice San Pablo (1), se acabare lo que es en parte, que es esta tiniebla de fe, y viniere lo que es perfecto, que es la divina luz. De lo cual también tenemos bas- tante figura en la milicia de Gedeón, donde todos los soldados se dice que tenían las luces en las manos y no ias veían; porque las tenían escondidas en las tinieblas de los vasos, los cuales quebrados, luego pareció la luz (2). Y asi, la fe, que es figurada por aquellos vasos, contiene en si la divina luz (3), la cual acabada y quebrada por la quiebra y fin de esta vida mor- tal, luego parecerá la gloria y luz de la Divinidad que en si contenía (4).

4. Luego claro está que para venir el alma en esta vida a unirse con Dios y comunicar inmediatamente con él, que tiene necesidad de unirse con la tiniebla que dijo Salomón, en que había Dios prometido de morar, y de ponerse junto al aire tenebroso en que fué Dios servido de revelar sus secretos a Job; y tomar en las manos a oscuras ¡as urnas de Gedeón, para tener en sus manos {esto es, en las obras de su voluntad) la luz, que es la unión de amor, aunque a oscuras en fe, para que luego en quebrándose los vasos de esta vida, que sólo impedían la luz de la fe (5), se vea cara a cara en la gloria.

5. Resta: pues, ahora decir en particular de todas las in- teligencias y aprehensiones que puede recibir el entendimiento, el impedimento y daño que puede recibir en este camino de fe; y cómo se ha de haber el alma en ellas para que antes le sean provechosas que dañosas, así las que son de parte de los sentidos, como las que son del espíritu.

1 I ad Cor.. XIII, 10 La í p. ordeca así la frase: la cas! será acabada cuando, como dice San Pablo, etc.

2 Ind.. VII. 16.

3 A y e. p. añaden: esto es. la verdad de lo que Dios es en si.

4 Que en si contenía. Estas palabras faltan en la e. p.

5 La e. p. no copla las palabras que scWo impedían la luz de la fe. y prosigue: se pea a Dios, cara a cara, etc.

104 SUBIDA DEL MONTE CARMELO CAPITULO X EN QUE SE HACE DISTINCION DE TODAS LAS APREHENSIONES E INTE- LIGENCIAS QUE PUEDEN CAER EN EL ENTENDIMIENTO.

1. Para haber de tratar en particular del provecho y daño que pueden hacer al alma, acerca de este medio que habernos dicho de fe para la divina unión, las noticias y aprehensiones del entendimiento, es necesario poner aqui una distinción de todas las aprehensiones, asi naturales como sobrenaturales, que puede recibir, para que luego por su orden más distintamente va- yamos enderezando en ellas al entendimiento en la noche y oscu- ridad de la fe, lo cual será con la brevedad que pudiéremos.

2. Es, pues, de saber que por dos vías puede el entendi- miento recibir noticias e inteligencias: la una es natural, y la otra sobrenatural. La natural es todo aquello que el entendimien- to puede entender, ahora por via de los sentidos corporales, ahora por si mismo (1). La sobrenatural es todo aquello que se da al entendimiento sobre su capacidad y habilidad natural.

3. De estas noticias sobrenaturales, unas son corporales, otras son espirituales. Las corporales son en dos maneras: unas que por via de los sentidos * corporales exteriores las recibe; otras por via de los sentidos corporales interiores, en que se comprende todo lo que la imaginación puede comprender (2), fin- gir y fabricar.

4. Las espirituales son también en dos maneras: unas, dis- tintas y particulares, y otra es confusa, oscura y general. Entre las distintas y particulares entran cuatro maneras de aprehensio- nes particulares, que se comunican aj espíritu, no mediante al- gún sentido corporal, y son: visiones, revelaciones, locuciones y sentimientos espirituales. La inteligencia oscura y general está en 1 E. p Ahora después de ellos por si mismo. Recuérdese lo dicho acerca de la ideogenia del Angélico, que es también la del Santo. A y B Ahora por ota de sí mismo. 3 E. p.: aprehender, que es el concepto que quiso expresar el Santo.

LIBRO SEGUNDO— CAP. X 105 una sola, que es la contemplación que se da en fe. En ésta ha- bernos de poner al alma, encaminándola a ella (1) por todas eso- tras, comenzando por las primeras, y desnudándola de ellas.

CAPITULO XI DKL IMPEDIMENTO Y DAÑO QUE PUEDE HABER EN LAS APREHENSIONES DEL ENTENDIMIENTO POR VIA DE LO QUE SOBRENATURALMENTE SE REPRESENTA A LOS SENTIDOS CORPORALES EXTERIORES, Y CO- MO EL ALMA SE HA DE HABER EN ELLAS.

1. Las primeras noticias que habernos dicho en el preceden- te capitulo, son las que pertenecen al entendimiento por vía na- tural. De las cuales, porque habernos ya tratado en el libro pri- mero, donde encaminamos al alma en la noche del sentido, no ha- blaremos aquí palabra, porque allí dimos doctrina congrua para el alma acerca de ellas. Por tanto, lo que habernos de tratar en el presente capitulo, será de aquellas noticias y aprehensiones que solamente pertenecen al entendimiento sobrenaturalmente, por vía de los sentidos corporales exteriores, que son: ver, oir, oler, gus- tar y tocar. Acerca de todos los cuales pueden y suelen nacer (2) a los espirituales representaciones y objetos sobrenaturales (3). Porque acerca de la vista se les suelen representar figuras y per- sonajes de la otra vida, de algunos santos y figuras de ángeles, buenos y malos, y algunas luces y resplandores extraordinarios. Y con los oidos oir algunas palabras extraordinarias, ahora dichas por esas figuras (4) que ven, ahora sin ver quién las dice. En el olfato sienten a veces olores suavísimos sensible- mente, sin saber de dónde proceden. También en el gusto acae- ce sentir muy suave sabor y en el tacto grande deleite (5), y a veces tanto, que parece que todas las médulas y huesos gozan 1 Lo que resta, que se lee en los demás manuscritos y en la t. p, falta en el Có- dice de Alcaudete.

4 E. p.: por esas personas.

5 Asi los Mss. La e. p. dice: en el tacto su manera de gozo y amavidad.

106 SUBIDA DEL MONTE CARMELO y florecen, y se bañan en deleite (1); cual suele ser la que lla- man unción del espíritu, que procede de él a los miembros de las limpias almas (2). Y este gusto del sentido es muy ordina- rio (3) a los espirituales, porque del afecto y devoción del es- píritu sensible les procede más o menos, a cada cual en su manera.

2. Y es de saber, que aunque todas estas cosas Dueden acae- cer a los sentidos corporales por via de Dios, nunca jamás se han de asegurar en ellas ni las han de admitir, antes totalmente han de huir de ellas, sin querer examinar si son buenas o malas; porque asi como son más exteriores y corporales, asi tanto me- nos ciertas son de Dios (4). Porque más propio y ordinario (5) le es a Dios comunicarse al espíritu, en lo cual hay más segu- ridad y provecho para el alma, que al sentido, en el cual ordina- riamente hay mucho peligro y engaño; por cuanto en ellas se hace el sentido corporal juez y estimador de las cosas espiritua- les, pensando que son asi como lo siente; siendo ellas tan di- ferentes como el cuerpo del alma, y la sensualidad (6) de la razón. Porque tan ignorante es el sentido corporal de las cosas espirituales, y aun más (7), como un jumento de las cosas racionales, y aun más.

3. Y asi, yerra mucho el que las tales cosas estima, y en gran peligro se pone de ser engañado; y, por lo menos, tendrá en si total impedimento (8) para ir a lo espiritual. Porque todas aquellas cosas corporales no tienen, como habernos dicho, pro- porción alguna con las espirituales. Y así, siempre se han de tener las tales cosas por más cierto ser del demonio que de Dios; el cual (9) en lo más exterior y corporal tiene más mano y más fácilmente puede engañar en esto que en lo que es más interior y espiritual.

1 Deleite, trasladan los Códices. La e. p.: se bañan en ella.

4 E. p.. así tanto menos cierto es ser de Dios.

5 La e. p. omite esta palabra.

6 Entiéndase sensibilidad.

7 Por haberse equivocado, dicen Ale. y A: de las cosa» racionales, y aún más, digo espirituales, etc.

8 E. p.: un gran impedimento.

9 El demonio, quiere decir.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XI 107 4. V estos objetos y forma? corporales, cuanto ellos son en si más exteriores, tanto menos provecho hacen al interior y al espíritu, por la mucha distancia y poca proporción que hay en- tre lo que es corporal o espiritual. Porque aunque de ellas se co- munique algún espiritu, como se comunica siempre que son de Dios, es mucho menos que si las mismas cosas fueran más espi- rituales e interiores. Y asi, son muy fáciles y ocasionadas para criar error y presunción y vanidad en el alma, porque como son tan palpables y materiales, mueven mucho al sentido, y parécele al juicio del alma que es más por ser más sensible, y vase tras ello desamparando a la fe (1), pensando que aquella luz es la guia y medio de su pretensión, que es la unión de Dios, y pierde más el camino y medio, que es la fe, cuanto más caso hace de las tales cosas.

5. Y, demus de eso, como ve el alma que le suceden tales cosas y extraordinarias, muchas veces se le ingiere secretamen- te cierta opinión de si de que ya es algo delante de Dios, lo cual es contra humildad; y también el demonio sabe in- gerir en el alma satisfacción de si oculta, y a veces harto ma- nifiesta, y por eso el pone muchas veces estos objetos en los sentidos, demostrando (2) a la vista figuras de santos y res- plandores hermosísimos, y palabras a los oídos harto disimula- das, y olores muy suaves, y dulzuras en la boca, y en el tacto deleite; para que, engolosinándolos por allí, los induzca en mu- chos males. Por tanto, siempre se han de desechar tales re- presentaciones y sentimientos; porque dado caso que algunas sean de Dios, no por eso se hace a Dios agravio ni se deja de recibir el efecto y fruto que quiere Dios por ellas hacer al alma, porque el alma las deseche y no las quiera.

6. La razón de esto es, porque la visión corporal, o senti- miento en alguno de los otros sentidos, asi como también en otra cualquiera comunicación de las más interiores, si es de Dios, en 1 Asi los Mss. La e. p. suprime la frase: desamparando a la fe.

2 Demostrando, trasladas los Códices La e. p. enmienda mostrando.

108 SUBIDA DEL MONTE CARMELO csc mismo punto que parece o se siente, hace su efecto (1) en el espíritu, sin dar lugar a que el alma tenga tiempo de delibera- ción en quererlo o no quererlo. Porque así como Dios da aquellas cosas sobrenaturalmente sin diligencia (2) bastante y sin habili- dad del alma, asi sin la diligencia y habilidad de ella hace Dios el efecto que quiere con las tales cosas en ella; porque es cosa que se hace y obra pasivamente en el espíritu (3); y asi, no consiste en querer o no querer, para que sea o deje de ser. Así como si a uno echasen fuego estando desnudo, poco aprove- charía no querer quemarse; porque el fuego por fuerza habia de hacer su efecto. Y asi son las visiones y representaciones buenas, que aunque el alma no quiera (4), hacen su efec- to en ella, primera y principalmente que en el cuerpo. Tam- bién las que son de parte del demonio (sin que el alma las quiera), causan en ella alboroto o sequedad, o vanidad o pre- sunción en el espíritu. Aunque éstas no son de tanta eficacia en el mal (5) como las de Dios en el bien; porque las del demonio sólo pueden poner primeros movimientos en la voluntad (6). y no moverla a más, si ella no quiere; y alguna inquietud, que no dura mucho, si el poco ánimo y recato del alma no da causa que dure. Mas las que son de Dios, penetran el alma y mue- ven la voluntad a amar y dejan su efecto, el cual no puede el aima resistir aunque quiera, más que la vidriera al rayo del sol, cuando da en ella.

7. Por tanto, el alma nunca se ha de atrever a quererlas admitir, aunque, como digo, sean de Dios; porque si las quiere 1 Asi los Mss La e. p, qae parece hace so primer efecto.

2 Por descuido salta el C. de Ale. de esta palabra a otra igual de la siguiente linea. La e. p. Imprime: "Porque asi como Dios comienza en aquellas cosas sobreña turalmente sin diligencia activa ni habilidad dei alma," etc.

3 La edición de 1630 añade: sin libre consentimiento.

4 La e. p. omite estas palabras de los Mss.: qae aunque el alma no quiera.

5 B y Ale. trasladan equivocadamente alma por mal.

6 Asi se lee en los Mss. La e. p. lo expresa en esta forma: "porque las del demo- nio quédanse muy en primeros movimientos, y no puede mover a la voluntad." Sin duda, esta es la intención del Santo, en conformidad con la doctrina unánime de los teólogos y de la Iglesia, según la cual el demonio nada puede directamente en la vo- luntad humana, aunque por medie indirectos ejerza a veces funesta y seductora in- fluencia. E! poder demoniaco se ejercita principalmente en los sentidos y en la imagi- nación.

LIBRO SEGUNDO — CAP. XI 109 admitir, hay seis inconvenientes (1). El primero, que se le va disminuyendo la fe (2); porque mucho derogan a la fe las cosas que se experimentan con los sentidos; porque la fe, como habernos dicho, es sobre todo sentido. Y así, apártase del medio de la unión de Dios no cerrando los ojos del alma a todas esas cosas del sentido. Lo segundo, que son impedimento para el espíritu, si no se niegan, porque se detiene en ellas el alma y no vuela el espíritu a lo invisible. De donde una de las causas por donde dijo el Señor a sus discípulos que les convenia que él se fuese para que viniese el Espíritu Santo, era ésta; asi como tampoco dejó a María Magdalena que llegase a sus pies, después de resucitado, porque se fundase en fe. Lo tercero es que va el alma teniendo propiedad en las tales cosas, y no camina a la verdadera resignación y desnudez de espíritu. Lo cuarto, que va perdiendo el efecto de ellas y el espíritu que causan en lo interior, porque pone los ojos en lo sensual de ellas, que es lo menos principal. Y asi, no recibe tan copiosamente el espíritu que cau- san (3), el cual se imprime y conserva más negando todo lo sensible, que es muy diferente del puro espíritu. Lo quinto, que va perdiendo las mercedes de Dios, porque las va tomando con propiedad y no se aprovecha bien de ellas. Y tomándolas con propiedad y no aprovechándose de ellas, es quererlas tomar, porque no se las da Dios para que el alma las quiera tomar, pues que nunca se ha de determinar el alma a creer que son de Dios (4). Lo sexto, es que en quererlas admiUr abre puerta si demonio pera que la engañe en otras semejantes, las cuales sabe 1 Asi los Códices. En la c. p. leemos: "Y dejan su efecto de excitación y deleite vencedor que la facilita y dispone para el Ubre y amoroso consentimiento del bien. Pero aunque sean de Dios, si ei alma repara mucho en estos sentimientos o visiones exteriores, y trata de quererlos admitir, hay seis inconvenientes."

2 La perfección de regirse por fe, modifica la e. p.

3 El Códice de Alba vuelve a repetir: en io interior, porque pone los ojos en lo sensual de ellos, que es lo menos principal.

4 La f p procura dar más claridad a estos conceptos de los Códices, en la for- ma siguiente: "No aprovecharse de ellas es él mismo quererlas tomar y detenerse en ellas, y Dios no se las da para esto." Nunca por propio juicio debe cerciorarse el alma de estas cosas, sino descansar en el parecer de docto, discreto y experimentado maes- tro espiritual, que es lo que aquí nos enseña el Santo, como en muchos otros pasajes; en lo cual concuerda completamente con la Santa, que con tanto temor recibió siempre estas mercedes de Dios, y tanto costó en tranquilizarla, sobre todo al principio de re- cibirlas.

110 SUBIDA DEL MONTE CARMELO él muy bien disimular y disfrazar, de manera que parezcan a las buenas; pues puede, como dice el Apóstol, transfigurarse en án- gel de luz (1). De lo cual trataremos después, mediante el fa- vor divino, en el libro III, en el capítulo de la gula espiritual.

8. Por tanto, siempre (2) conviene al alma desecharlas a ojos cerrados, sean de quien se fueren. Porque, si no lo hiciese, tanto lugar daría a las del demonio, y al demonio tanta mano, que no sólo a vueltas de las unas recibiría las otras; mas ele tal .manera irían multiplicándose las del demonio y cesando las de Dios, que todo se vendría a quedar en demonio y nada de Dios. Como ha acaecido a muchas almas incautas (3) y de poco saber, las cuales de tal manera se aseguraron en recibir estas co- sas, que muchas de ellas tuvieron mucho que hacer en volver a Dios en la pureza de la fe; y muchas no pudieron volver (4), habiendo ya el demonio echado en ellas muchas raíces; por eso es bueno cerrarse a ellas y negarlas todas (5). Porque en las ma- las se quitan los errores del demonio, y en las buenas el im- pedimento de la fe, y coge el espíritu el fruto de ellas. Y asi como cuando las admite, las va Dios quitando porque en ellas tienen propiedad, no aprovechándose ordenadamente de ellas, y va el demonio ingiriendo y aumentando las suyas, porque halla lu- gar y causa para ellas (6); así cuando el alma está resignada y contraria (7) a ellas, el demonio va cesando de que ve que nc hace daño; y Dios, por el contrario, va aumentando y aventajando (8) las mercedes en aquella alma humilde y desapropia- da, haciéndola (9), sobre lo mucho, como al siervo que fué fiel en lo poco.

1 1! ad Cor., XI, 14. Lo que resta de este párrafo solo se lee en el C- de Ale. y la edición principe. La remisión al libro III, se refiere a los primeros capítulos de La No- che Oscura.

2 Siempre. El C. de Ale. es el único que copia esta palabra. Las edielo&es tam- poco la traen.

3 La e. p. dice solamente: que a vueltas de las unas recibiría las otras, como ha acaecido a muchas almas incautas.

4 E. p.: no volvieron. Este es el sentido de la frase, pues Dios siempre está dispues- to a recibir al pecador con los brazos abiertos, y jamas le priva de poderlo hacer, si quiere.

6 A, B y e. p. porque ella da logar g cabida para ellas.

7 E. p.: sin propiedad en ellas.

8 E. p. no traslada esta palabra.

9 La e. p. sustituye la palabra haciéndola por constituyéndola y poniéndola.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. XJ 111 9. En las cuales mercedes, si todavía el alma fuere fiel y re- tirada, no parará el Señor hasta subirla de grado en grado hasta la divina unión y transformación. Porque Nuestro Señor de tal manera va probando al alma y levantándola, que primero la da cosas muy exteriores y bajas ( 1 ) según el sentido, conforme a su poca capacidad, para que, habiéndose ella como debe, tomando aquellos primea bocados con sobriedad para fuerza y sustancia, la lleve a más y mejor manjar, de manera que si venciere al demonio en lo primero, pasará a lo segundo, y si también en lo segundo, pasará a lo tercero; y de ahi adelante todas las sie- te mansiones, hasta meterla el Esposo en la cela vinaria de su perfecta caridad, que son los siete grados de amor.

10 Dichosa el alma que supiere pelear contra aquella bes- tia del Apocalipsi, que tiene siete cabezas, contrarias a estos siete grados de amor, con las cuales contra cada uno hace gue- rra, y con cada una pelea con el alma en cada una de estas mansiones, en que ell¿ está ejercitando y ganando cada grado de amor de Dios; que, sin duda, que si ella fielmente peleare en cada una y venciere, merecerá pasar de grado en grado, y de mansión en mansión, hasta la última, dejando cortadas a la bestia sus siete cabezas, con que le hacia la guerra furiosa; tanto, que dice allí San Juan, que le fué dado que pelease contra los santos y los pudiese vencer en cada uno de estos grados de amor, po- niendo contra cada uno armas y municiones bastantes. Y asi, es mucho de doler que muchos, entrando en esta batalla espi- ritual contra la bestia, aun no sean para cortarle la primera cabeza, negando las cosas sensuales del mundo. Y ya que algunos acaban consigo y se la cortan, no le cortan la segunda, que es las visiones del sentido de que varaos hablando. Pero lo que más duele es que algunos, habiendo cortado no sólo segunda y prime- ra, sino aún la tercera, que es acerca de los sentidos sensitivos interiores (2), pasando de estado de meditación, y aún más adelante, al tiempo de entrar en lo puro del espíritu los vence 1 En vez de la da cosas muy exteriores y bajas, de los Códices, la e. p. escribe la visita más según el sentido, etc.

2 En la e. p. sentidos interiores.

112 SUBIDA DEL MONTE CARMELO esta espiritual (1) bestia y vuelve a levantar contra ellos y a resu- citar hasta la primera cabeza, y hácense las postrimerías de ellos peores que las primerias en su recaída, tomando otros siete es- píritus consigo peores que él.

1 1. Ha, pues, el espiritual de negar todas las aprehensio- nes con los deleites temporales (2) que caen en los sentidos ex- teriores, si quiere cortar la primera cabeza y segunda a esta bes- tia, entrando en el primer aposento de amor, y segundo de viva fe (3), no queriendo hacer presa ni embarazarse con lo que se les da a los sentidos, por cuanto es lo que más deroga a la fe (4).