SigPhi · Juan de la Cruz

Subida del Monte Carmelo y Noche Oscura

Page 8 of 42

4 A y B: Cristo Nuestro Señor. Ale. ye. p.: Cristo, solamente. Este caso se re- pite algunas veces.

5 Luc.. XIV. 33.

88 SUBIDA DEL MONTE CARMELO pulo. Y asi, todas estas tres virtudes ponen al alma en oscuri- dad y vacio de todas las cosas.

5. Y aqui debemos notar aquella parábola que nuestro Re- dentor dijo por San Lucas a los once capítulos en que di- jo: Que el amigo había de ir a la media noche a pedir los tres panes a su amigo (1); los cuales panes signifi- can estas tres virtudes. Y dijo que a la media noche los pedia para dar a entender que el alma a oscuras de todas las cosas, según sus potencias ha de adquirir (2) estas tres virtudes y en esa noche se ha de perfeccionar en ellas. En el capitulo sexto de Isaías leemos, que los dos serafines que este Profeta vio a los lados de Dios, cada uno con seis alas, que con las dos cubrían sus pies, que significaba cegar y apagar los afectos de la voluntad acerca de todas las cosas para con Dios; y con las dos cubrían su rostro, que significaba la tiniebla del entendimiento delante de Dios, y que con las otras dos volaban. Para dar a entender el vuelo de la esperanza a las cosas que no se poseen, levantada sobre todo lo que se puede poseer de acá y de allá, fuera Dios.

6. A estas tres virtudes, pues, habernos de inducir las tres potencias del alma, informando a cada cual en cada una de ellas, desnudándola y poniéndola (3) a oscuras de todo lo que no fueren estas tres virtudes. Y ésta es la noche espiritual que arri- ba llamamos activa; porque el alma hace lo que es de su parte para entrar en ella. Y así como en la noche sensitiva dimos modo de vaciar las potencias sensitivas de sus objetos sensibles según el apetito, para que el alma saliese de su término al me- dio, que es la fe; asi, en esta noche espiritual daremos, con el favor de Dios, modo cómo las potencias espirituales se vacien y purifiquen de todo lo que no es Dios, y se queden puestas en la oscuridad de estas tres virtudes, que son el medio, como habernos dicho, y disposición para la unión del alma con Dios.

1 Luc.. XI, 5. E. p. suprime las palabras a so amigo.

2 E. p.: ha de disponerse para la perfección de estas tres virtudes.

3 E. p.: "Informando al entendimiento con la fe, desnudando la memoria de toda posesión e informando a la voluntad con la caridad, desnudándolas y poniéndolas," etcétera.

LIBRO SEGUNDO — CAP. VI 89 7. En la cual manera se halla toda seguridad contra las as- tucias del demonio y contra la eficacia ( 1 ) del amor propio y sus ramas, que es lo que sutilísimamente suele engañar e impedir el camino a los espirituales, por no saber ellos desnudarse, gober- nándose según estas tres virtudes; y asi, nunca acaban de dar en la sustancia y pureza del bien espiritual, ni van por tan de- recho camino y breve como podrían ir.

8. Y hase de tener advertencia, que ahora especialmente voy hablando con los que han comenzado a entrar en estado de con- templación, porque con los principiantes algo más anchamente se ha de tratar esto (2) como notaremos en el libro segundo, Dios mediante, cuando tratemos de las propiedades de ellos.

CAPITULO VII EN EL CUAL SE TRATA CUAN ANGOSTA ES LA SENDA QUE GUIA A LA VIDA ETERNA (2), Y CUAN DESNUDOS Y DESEMBARAZADOS CONVIE- NE QUE ESTEN LOS QUE HAN DE CAMINAR POR ELLA. — COMIENZA A HABLAR DE LA DESNUDEZ DEL ENTENDIMIENTO.

1. Para haber ahora de tratar de la desnudez y pureza de las tres potencias del alma, era necesario otro mayor saber y espíritu que el mió, con que pudiese bien dar a entender a los espirituales cuan angosto sea este camino que dijo Nuestro Sal- vador que guia a la vida; para que persuadidos en esto, no se maravillen del vacio y desnudez en que en esta noche habernos de dejar las potencias del alma.

2. Para lo cual se deben notar con advertencia las palabras que por S. Mateo, en el capítulo VII, Nuestro Salvador dijo de este camino (4), diciendo asi: Quam augusta porta, et arda vía csi, 1 La e. p. Ice astucia.

2 Aqui termina el capitulo en A y B. Lo que sigue es del Códice de Alcaudete. La e. p., suprimiendo la cita que sigue, que no es exacta, continúa: como diremos cuando ¿Taráremos de /as propiedades de ellos.

3 Esta palabra no se lee en e. p.

4 La e. p. añade: ¡as cuales ahora declararemos de esta noche oscura y levan- tado camino de perfección.

90 SUBIDA DEL MONTE CARMELO quae ducit ad vitam, et pauci surtí, qui inveniurtt eam (1). Quiere decir: (Cuán angosta es la puerta y estrecho el camino que guia a la vida, y pocos son los que le hallan! En la cual autoridad debemos mucho notar aquella exageración y encarecimiento que contiene en sí aquella partícula Quam. Porque es como si dijera De verdad es mucho (2) angosta, más que pensáis. Y también es de notar, que primero dice que es angosta la puerta, para dar a entender que para entrar el alma por esta puerta de Cristo, que es el principio del camino, primero se ha de angostar y desnu- dar la voluntad en todas las cosas sensuales y temporales, aman- do a Dios sobre todas ellas; lo cual pertenece a la noche del sentido, que habernos dicho.

3. Y luego dice, que es estrecho el camine, conviene a saber, de la perfección, para dar a entender que para ir por el camino de perfección, no sólo ha de entrar por (3) la puer- ta angosta, vaciándose de lo sensitivo, más también se ha de es- trechar, desapropiándose y desembarazándose puramente en lo que es de parte del espíritu. Y asi, lo que dice de la puerta an- gosta, podemos referir a la parte sensitiva del hombre; y lo que dice del camino estrecho, podemos entender de la espiritual o racional; y en lo que dice que pocos son los que le hallan, se debe notar la causa, que es porque pocos hay que sepan y quieran entrar en esta suma desnudez y vacío de espíritu. Por- que esta senda del alto monte de perfección, como quiera que ella vaya hacia arriba y sea angosta, tales viadores requiere, que ni lleven carga que les haga peso cuanto a lo inferior, ni cos8 que les haga embarazo cuanto a lo superior: que pues es trato en que solo Dios se busca y se granjea, solo Dios es el que se ha de buscar y granjear.

4. De donde se ve claro, que no sólo de todo lo que es de parte de las criaturas ha de ir el alma desembarazada, mas tam- bién de todo lo que es de parte de su espíritu ha de caminar des- 1 Matth.. VII. 14.

3 El C. de Alba abade aquí; por el camino de la perfección, qxxe es, la puerta angosta, palabras que no se leen en ningún otro códice ni en la e. p.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. VD 91 apropiada y aniquilada. De donde instruyéndonos e induciéndonos Nuestro Señor en esto camino, dijo por San Marcos, capítulo VIII (1) aquella tan admirable doctrina, no se si diga tanto menos ejercitada do los espirituales cuanto les es más necesa- ria (2). la cual, por serlo tanto y tan a nuestro propósito, la re- feriré aquí toda, y declararé según el germano y espiritual sen- tido de ella. Dice, pues, asi: Si quis vult me sequi, drnegrt sr- mrtípsum: et (ollat crucrm suom, ei sequatur me. Qui enim volue- rit animnm suam salvam faceré, perdet eam: qui autem perdiderií animam suam propter me...salvam faciet eam (3). Quiere decir Si alguno quiere seguir mi camino, niegúese a si mismo y tome su cruz y sígame Porque el que quisiere salvar su alma, per- derla ha; pero el que por mi la perdiere, ganarla ha.

r>. i Oh, quién pudiera aqui ahora dar a entender y ejer- citar y gustar que cosa sea este consejo (4) que nos da aquí Nuestro Salvador de negarnos a nosotros mismos, para que vie- ran los espirituales cuan diferente es el modo que en este ca- mino deben (5) llevar, del que muchos de ellos piensan! Que entienden que basta cualquier manera de retiramiento y re- formación en las cosas; y otros se contentan con, en alguna ma- nera, ejercitarse en las virtudes, y continuar la oración, y se- guir la mortificación, mas no llegan a la desnudez y pobre- za, o enagenación o pureza espiritual (que todo es uno) que aquí nos aconseja el Señor, porque todavía antes andan a cebar y ves- tir su naturaleza de consolaciones y sentimientos espirituales (6), que a desnudarla y negarla en eso y esotro por Dios. Que piensan que basta negarla en lo del mundo, y no aniquilarla y purificarla en la propiedad espiritual. De donde les nace que en ofreciéndoseles algo de esto sólido y perfecto (7), que es la aniquilación de toda suavidad en Dios, en sequedad, en sinsabor, 1 Asi el C. de Ale. y la e p — A y B vanan un poco la redacción de esta linea 2 Lo que sigue hasta el texto latino de la Sagrada Escritura, falta en A y B.

3 Maro. VIII. 34-35.

4 La e. p. dice, y gustar lo que está encerrado en esta tan alta doctrina.

6 Sentimientos espirituales. Estas palabras de los Mss. se suprimen en la e. p 7 Perfecto. También suprime esta palabra la e. p.

92 SUBIDA DEL MONTE CABMELO en trabajo, lo cual es la cruz pura espiritual, y desnudez de espíri- tu pobre de Cristo, huyen de ello como de la muerte, y sólo an- dan a buscar dulzuras y comunicaciones sabrosas en Dios; y esto no es la negación de sí mismo, y desnudez de espíritu, sino go- losina de espíritu. En lo cual, espiritualmente, se hacen enemigos de la cruz de Cristo; porque el verdadero espíritu antes busca k) desabrido en Dios, que lo sabroso, y más se inclina al padecer que al consuelo, y más a carecer de todo bien por Dios que a poseerle, y a las sequedades y aflicciones, que a las dulces co- municaciones, sabiendo que esto es seguir a Cristo y negarse a si mismo, y esotro, por ventura, buscarse a si mismo en Dios, lo cual es harto contrario al amor (1). Porque buscarse a sí en Dios, es buscar los regalos y recreaciones de Dios; mas buscar a Dios en sí, es no sólo querer carecer de eso y de esotro por Dios, sino inclinarse a escoger por Cristo todo lo más desabrido, ahora de Dios, ahora del mundo, y esto es amor de Dios.

6. i Oh, quién pudiese dar a entender hasta dónde quiere Nuestro Señor que llegue esta negación! Ella, cierto, ha de ser como una muerte y aniquilación temporal, y natural y espiritual en todo, en la estimación de la voluntad, en la cual se halla toda negación (2). Y esto es lo que aquí quiso decir Nuestro Salvador cuando dice: el que quisiere salvar su alma, ése la perderá. Es a saber: el que quisiere poseer algo o buscarlo para si, ese la perderá; y el que perdiere su alma por mi, ese la ga- nará. Es a saber: el que renunciare por Cristo todo lo que puede apetecer su voluntad y gustar, escogiendo lo que más se parece a la Cruz (lo cual el mismo Señor por San Juan lo llama abo- rrecer su alma), ese la ganará (3). Y esto enseñó Su Majestad a aquellos dos discípulos que le iban a pedir diestra y siniestra, cuando, no dándoles ninguna salida a la demanda de la tal glo- ria, les ofreció el cáliz que él había de beber, -corno cosa más preciosa y más segura en esta tierra que el gozar (4).

1 Faltan en A y B las palabras es harto contrario al amor.

2 Ale, A. B. C, D: negación. E. p.: ganancia. La ganancia es mas bien una se- cuela de la total negación de que viene hablando.

3 Joan.. XII, 25.

4 Matth., XX, 22.

LIBRO SEGUNDO.— CAP. VII 93 7. Este cáliz es morir a su naturaleza, desnudándola y ani- quilándola, para que pueda caminar por esta angosta senda en todo lo que le puede pertenecer según el sentido, como habernos dicho, y según el alma (1), como ahora diremos; que es en su entender, y en su gozar y en su sentir. De manera que no solo quede desapropiada en lo uno y en lo otro, mas que con esto segundo espiritual no quede embarazada para el angosto ca- mino, pues en él no cabe más que la negación (como da a en- tender el Salvador) y la cruz, que es el báculo para arribar (2) por él, con el cual grandemente la aligera y facilita. De donde Nues- tro Señor por San Mateo dijo: Mi yugo es suave y mi carga ligera, la cual es la cruz (3). Porque si el hombre se de- teimina a sujetarse a llevar esta cruz, que es un determinarse de veras a querer hallar y llevar trabajo en todas las cosas por Dios, en todas ellas hallará grande alivio y suavidad para andar (4) este camino asi desnudo de todo sin querer nada. Empero si pre- tende tener algo, ahora de Dios, ahora de otra cosa, con pro- piedad alguna, no va desnudo ni negado en todo; y asi, ni ca- brá ni podrá subir por esta senda angosta hacia arriba (5).

8 Y así, querría yo persuadir a los espirituales, como •ste camino de Dios no consiste en multiplicidad de consideracio- nes, ni modos, ni maneras, ni gustos, aunque esto, en su manera, sea necesario a los principiantes; sino en una cosa sola necesaria, que es saberse negar de veras, según lo exterior e interior, dán- dose al padecer por Cristo, y aniquilarse en todo. Porque ejer- citándose en esto, todo esotro y más que ello se obra y se halla en ello. Y si en este ejercicio hay falta, que es el total y la raiz de las virtudes, todas esotras maneras es andar por las ramas y no aprovechar, aunque tengan tan altas consideraciones y comu- nicaciones como los ángeles (6). Porque el aprovechar no se 2 Arribar por él trasladan A, B y Ale. La e. p. lo modifica asi estribar en él.

3 Matth., XI. 30.

4 Por equivocación traslada el C de Ale hallar.

5 La e. p. suprime por redundantes las palabras hacia arriba, que se leen en A. B y Ale.

6 La e. p. omite las palabras como los ángeles, que traen los Códices.

94 SUBIDA DEL MONTE CARMELO halla sino imitando a Cristo, que es el camino y la verdad y la vida, y ninguno viene al Padre sino por él, según El mismo dice por San Juan. Y en otra parte dice: Yo soy la puerta; por mi si alguno entrare, salvarse ha (1). De donde todo espíritu que quiere ir por dulzuras y facilidad y huye de imitar a Cristo, no le tendria por bueno.

9. Y porque he dicho que Cristo es el camino, y que este camino es morir a nuestra naturaleza en sensitivo y espiritual, quiero dar a entender cómo sea esto a ejemplo de Cristo; porque él es nuestro ejemplo y luz.

10. Cuanto a lo primero, cierto esta que él murió, a lo sensitivo (2), espiritualmente en su vida, y naturalmente en su muerte. Porque, como él dijo, en la vida no tuvo donde reclinar su cabeza y en la muerte lo tuvo menos.

11. Cuanto a lo segundo, cierto está que al punto de lo muerte quedó también aniquilado (3) en el alma sin consuelo y alivio alguno, dejándole el Padre asi en íntima sequedad (4), se- gún la parte inferior (5). Por lo cual fué necesitado a clamar diciendo: ¡Dios mío, Dios mío!, ¿por que me has desampara- do? (6). Lo cual fué el mayor desamparo sensitivamente que había tenido en su vida. Y así, en él (7) hizo la mayor obra que en to- da su vida con milagros y obras había hecho, ni en la tierra ni en el cielo (8), que fué reconciliar y unir al género humano por gra- cia con Dios. Y esto fué, como digo, al tiempo y punto que este Señor estuvo más aniquilado en todo; conviene a saber: acerca de la reputación de los hombres; porque como le veían mo- rir (9), antes hacían burla de él que le estimaban en algo; 3 E. p.: quedó también desamparado y como aniquilado.

1 Añade la e. p.. dejándole el Padre sin consuelo, en íntima sequedad.

5 Según la parte inferior. Estas palabras no se leen en e. p.

6 Matth.. XX Vil. 46.

7 La e. p. omite la linea anterior y en lugar de en él pone entonce*.

8 La e. p. suprime las palabras ni en la tierra ni en el cielo.

9 La e. p. añade: en un madero.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. VII 95 y acerca de la naturaleza, pues en ella se aniquilaba muriendo, y acerca del amparo y consuelo espiritual (1) del Padre, pues en aquel tiempo le desamparó, porque puramente pagase la deuda y uniese al hombre con Dios, quedando así aniquilado y resuci- to (2) asi como en nada. De donde David dice de él: Ad nihilum reáactus surn.i t nescivi (3). Para que entienda el buen espiritual el misterio de la puerta y del camino de Cristo para unirse con Dios, y sepa que cuantu más se aniquilare por Dios, según estas dos partes sensitiva y espiritual, tanto más se une a Dios y tanto mayor obra hace Y cuando viniere a quedar resuelto en nada, que será la suma humildad, quedará hecha la unión espiri- tual (4) entre el alma y Dios, que es el mayor y más alto estado á que en esta vida se puede llegar. No consiste, pues, en recrea- ciones, y gustos, y sentimientos espirituales; sino en una viva muerte de cruz sensitiva y espiritual, esto es, interior y exterior 12. No me quiero alargar mas en esto, aunque no quisiera acabar de hablar en ello, porque veo es muy poco conocido Cris- to (5) de los que se tienen por sus amigos; pues los vemos an- dar buscando en él sus gustos y consolaciones, amándose mucho a si (6), mas no sus amarguras y muertes, amándole mucho a él. De estos hablo, que se tienen por sus amigos; que esótros que viven allá a lo lejos, apartados de él, grandes letrados y po- tentes, y otros cualesquiera que viven allá con el mundo en el cuidado de sus pretensiones y mayorías, que podemos decir que no conocen a Cristo, cuyo fin por bueno que sea harto amargo será, no hace de ellos mención esta letra; pero hacerla ha en el día del juicio, porque a ellos les convenia primero hablar esta palabra de Dios, como a gente que Dios puso por blanco de ella según las letras y más alto estado.

13. Pero hablemos ahora con el entendimiento del espiri- ) Espiritual. La e. p. suprime esta palabra que traen los manuscritos 3 Ps. LXXII. 22.

1 Como en el caso de lo nota primera, la e. p. suprime la palabra espiritual.

5 La e. p. cambia la palabra Cristo de los Mas. por la de Jesucristo.

6 A si mismos, añade la e p.

96 SUBIDA DEL MONTE CARMELO tual, y particularmente de aquel a quien Dios ha hecho merced de poner en el estado de contemplación (porque, como he dicho, ahora voy particularmente con éstos hablando) (1), y digamos cómo se ha de enderezar a Dios en fe y purgarse de las cosas contrarias, angostándose (2) para entrar por esta senda angosta de oscura contemplación.

CAPITULO VIII QUE TRATA EN GENERAL COMO NINGUNA CRIATURA NI ALGUNA NOTI- CIA QL'E PUEDE CAER EN EL ENTENDIMIENTO, LE PUEDE SERVIR DE PROXIMO MEDIO PARA LA DIVINA UNION CON DIOS.

1. Antes que tratemos del propio y acomodado medio para la unión de Dios, que es la fe, conviene que probemos cómo ninguna cosa criada, ni pensada, puede servir al entendimiento de propio medio para unirse con Dios; y cómo todo lo que el entendimiento puede alcanzar, antes le sirve de impedimento que de medio, si a ello se quisiese asir. Y ahora, en este capítulo, pro- baremos esto en general, y después iremos hablando en particular, descendiendo por todas las noticias que el entendimiento puede re- cibir de parte de cualquier sentido interior y exterior, y los in- convenientes y daños que puede recibir de todas estas noticias interiores y exteriores (3), para no ir adelante asido al propio medio, que es la fe.

2. Es, pues, de saber, que según regla de filosofía, todos los medios han de ser proporcionados al fin, es a saber: que han de tener alguna conveniencia y semejanza con el fin, tal que baste y sea suficiente para que por ellos se pueda conseguir el fin que se pretende (4). Pongo ejemplo. Quiere uno llegar a una ciudad; necesariamente ha de ir por el camino, que es el medio 1 Ahora voy particularmente. Así el C. de Ale. y la e. p. La frase falta en A y B.

2 Angostándose leen los códices y empleó antes el Santo. La e. p.: ciñ endose.

3 Omite la e. p. las palabras interiores g exteriores que traen los códices.

4 La e. p. cambia asi estas frases: proporcionados al fin. teniendo algún* conve- niencia y semejanza con él, tal cual baste para que por ella, etc.

LIBRO SEGUNDO. — CAP. VIII 97 que empareja y junta con la misma ciudad. Otro ejemplo (1). Hase de juntar y unir el fuego con el madero; es necesario que el calor, que es el medio, disponga al madero primero con tantos grados de calor que tenga gran semejanza y proporción con el fuego. De don- de si quisiesen disponer al madero con otro medio que el propio, que es el calor, así como con aire, o agua, o tierra, seria im- posible que el madero se pudiera unir con el fuego, así como también lo seria llegar a la ciudad, si no va por el propio ca- mino que junta con ella (2). De donde para que el entendimiento .se venga a unir en esta vida con Dios, según (3) se puede, ne- cesariamente ha de tomar aquel medio que junta con él y tiene con él próxima semejanza.

3. En lo cual habernos de advertir, que entre todas las cria- turas superiores ni interiores, ninguna hay que próximamente jun- te con Dios ni tenga semejanza con su ser. Porque aunque es veidad que todas ellas tienen, como dicen los teólogos, cierta re- lación a Dios y rastro de Dios, unas más, y otras menos, se- gún su mas principal o menos principal ser, de Dios a ejla¿ ningún respecto hay ni semejanza esencial, antes la distancia que hay entre su divino ser y e! de ellas, es infinita; y por eso es imposible que el entendimiento pueda dar (4) en Dios por medio de las criaturas, ahora sean celestiales, ahora terrenas; por cuanto no hay proporción de semejanza. De donde hablando Da- vid de las celestiales, dice: No hay semejante a ti en los dio- ses, Señor (5); llamando dioses a los (6) ángeles y almas santas. Y en otra parte: Dios, tu camino está en lo santo; ¿qu¿ dios grande hay como nuesf.ro Dios? (7). Como si dijera: ei camino para venir a ti, Dios, es camino santo, esto es, pureza de 1 En vez de también que trae la e. p, el C. de Ale dice: Otro ejemplo. Hase. etcétera.

2 La e. p. suprime una línea entera en esta forma unir con el fuego; asi, pues, para que el entendimiento.

3 La e. p. añade- que en ella.

4 Perfectamente, añade la e. p. Véase lo que se di|o acerca de esto en los Preli- minares.

5 Ps. LXXXV. 8.

7 Ps. LXXVI. 14.

7 98 SUBIDA DEL MONTE CARMELO fe. Porque ¿qué dios habrá tan grande? Es a saber: ¿qué ángel tan levantado en ser y qué santo tan levantado en gloria será tan grande, que sea camino proporcionado y bastante para ve- nir a ti? Y hablando también el mismo David de los terrenales y celestiales juntamente, dice: Alto es el Señor y mira las cosas bajas, y las cosas altas conoce desde lejos (1). Como si dijera: Siendo El alto en su ser, ve ser muy bajo el ser de las cosas de acá abajo comparándole con su alto ser (2); y las cosas altas, que son las criaturas celestiales, vélas y conócelas es- tar de su ser muy lejos. Luego todas las criaturas no pueden servir de proporcionado medio al entendimiento para dar en Dios (3).

4. Ni más ni menos, todo lo que la imaginación puede ima- ginar y el entendimiento recibir y entender en esta vida, no es ni puede ser medio próximo para la unión de Dios Porque si ha- blamos naturalmente, como quiera que el entendimiento no pue- de entender cosa sino es lo que cabe y está debajo de las ior- mas y fantasías de las cosas que por los sentidos corporales se reciben, la* cuales cosas habernos dicho no pueden servir de medio, no se puede aprovechar de la inteligencia natural. Pues si hablamos de la sobrenatural (según se puede en esta vida, de potencia ordinaria) (4), no tiene el entendimiento dispo- sición ni capacidad en la cárcel del cuerpo para recibir noticia clara de Dios; porque esa noticia no es de este estado, porque, o ha de morir, o no la ha de recibir. De donde pidiendo Moi- sés a Dios esa noticia clara, le respondió, que no le podría ver, diciendo (5) No me verá hombre que pueda quedar vivo; por lo cual, San Juan dice: A Dios ninguno jamás le vió, ni cosa que le parezca (6), que por eso San Pablo con Isaías dice: / 1 Ps CXXXVII. 6.

2 E. p.: siendo alto en su ser, ve ser muy bajo el ser de las cosas de la tierra comparado con su alto ser. B do traslada estas dos lineas.

3 E. p.: de proporcionado medio para dar perfectamente en Dios.

4 De potencia ordinaria. Estas palabras las trae únicamente el C. de Ale.

5 Exod., XXXIII, 20. La e. p suprime estas palabras, y se limita a decir: no /• ha de recibir, que por eso dijo Dios a Moisén: no me verá. etc.

6 Joan. 1, 18. Ni cosa que le parezca. Suprime la e. p. estas palabras de los Có- dices LIBRO SEGlfNDO. — CAP. VIII 99 Ni le vio ojo, ni le oyó oido, ni cayó en corazón de hombre (1). Y ésta es la causa por qué Moisés, en la zarza, como se dice en los Actos de los Apóstoles (2), no se atrevía a considerar, estando Dios presente; porque conocía que no había de poder considerar su entendimiento de Dios como convenia, conforme a lo que de Dios sentía (3). Y de Elias, nuestro padre (4), se di- ce que en el monte se cubrió el rostro en la presencia de Dios, que significa cegar el entendimiento, lo cual él hizo allí, no se atreviendo a meter tan baja mano en cosa tan alta; vien- do claro que cualquier cosa que considerara y particularmente entendiera, era muy distante y disímil a Dios.

5. Por tanto, ninguna noticia ni aprehensión sobrenatural, en este mortal estado, le puede servir de medio próximo para la alta unión de amor con Dios. Porque todo lo que pued* entender el entendimiento, y gustar la voluntad y fabricar la ima- ginación, es muy disímil y desproporcionado, como habernos di- cho, a Dios. Lo cual todo lo dió a entender Isaías admirablemen- te en aquella tan notable autoridad (5), diciendo: ¿A qué cosa ha- béis podido hacer semejante a Dios? ¿O qué imágen le haréis que se le parezca? ¿Por ventura podrá fabricar alguna escultura J. oficial de hierro? (6). ¿O el que labra el oro, podrá fingirle (7) con el oro, o el platero con láminas de plata? Por el oficial del hierro se entiende el entendimiento, el cual tiene por oficio formar las inteligencias y desnudarlas del hierro de las es- pecies y fantasías. Por el oficial del oro entiende la volun- tad, la cual tiene habilidad de recibir figura y forma de de- leite, causado del oro del amor (8). Por el platero que di- ce que no le figurará con las láminas de plata, se entien- 1 I ad Cor.. II, 9~I*ai. LXIV, i.

2 Act.. VII, 32.

3 Conforme a lo que Dios sentía. La e. p. cambia esta frase por la siguiente: aunque nacía esto del alto sentimiento que de Dios tenia.

4 III Reg., XIX, 13. Nuestro padre. Así Ale. y C. Los demás, no traes estas palabras.

5 En aquella tan notable autoridad. Estas palabras se leen solamente en el Có- dice de Alcaudcte.

6 El herrero, copian los demás manuscritos y ediciones.

100 SUBIDA DEL MONTE CARMELO de la memoria con la imaginación, la cual bien propiamente se puede decir que sus noticias y las imaginaciones que puede fin- gir y fabricar son como láminas de plata (1). Y asi es como si dijera: Ni el entendimiento con sus inteligencias podrá (2) en- tender cosa semejante a él, ni la voluntad podrá gustar deleite y suavidad que se parezca a la que es Dios, ni la memoria pon- drá en la imaginación noticias e imágenes que le representen. Luego claro está que al entendimiento ninguna de estas noticias le pueden inmediatamente encaminar á Dios; y que para llegar a él antes ha de ir no entendiendo que queriendo entender; y antes cegándose y poniéndose en tiniebla, que abriendo los ojos para llegar más al divino rayo.