5. Por tanto, en este camino, el entrar en camino es dejar •su camino; o, por mejor decir, es pasar al término y dejar su modo, es entrar en lo que no tiene modo (2), que es Dios. Por- que el alma que a este estado llega, ya no tiene modos ni maneras, ni menos se ase ni puede asir a ellos. Digo modos de entender, ni de gustar, ni de sentir, aunque en si encierra todos los modos, al modo del que no tiene nada, que lo tiene todo. Porque teniendo ánimo para pasar de su limitado natural interior y exteriormente, entra en limite sobrenatural (3) que no tiene modo alguno, teniendo en sustancia (4) todos los modos. De donde el venir aquí, es el salir de allí, y de aqui y de allí sa- liendo de si muy lejos, de eso bajo para esto sobre todo alto.
6. Por tanto, trasponiéndose a todo lo que espiritual y na- turalmente (5) puede saber y entender, ha de desear el alma con todo deseo venir a aquello que en esta vida no puede saber ni caer en su corazón. Y dejando atrás todo lo que temporal y es- 1 Ale. ye. p.: de hombre en carne. A y B: de carne.
2 Ale. y e. p.: es entrar en lo que no tiene modo. A y B es entrar en el término que no tiene modo.
3 E. p.: entra sin límite en lo sobrenatural.
4 Con eminencia traslada la e. p. en vez de en sustancia, que traen ios Códices.
78 SUBIDA DEL MONTE CARMELO piritualraente (1) gusta g siente, g puede gustar y sentir en esta vida, ha de desear con todo deseo venir a aquello que excede todo sentimiento y gusto. Y para quedar libre y vacía pa- ra ello, en ninguna manera ha de hacer presa en cuanto en su alma recibiere espiritual, o sensitivamente (como declararemos lue- go, cuando esto tratemos en particular), teniéndolo todo por mu- cho menos. Porque cuanto más piensa que es aquello que en- tiende, gusta e imagina, y cuanto más lo estima, ahora sea espi- ritual, ahora no, tanto más quita del supremo bien y más se re- tarda de ir a él; y cuanto menos piensa qué es lo que puede tener, por más que ello sea, en respecto del sumo bien, tanto más pone en él y le estima, y, por el consiguiente, tanto más se llega a él. Y de esta manera a oscuras grandemente se acerca el alma a la unión por medio de la fe, que también es oscura, y de esta manera la da admirable luz la fe. Cierto, que si el alma quisiese ver, harto más presto (2) se oscurecería cerca de Dios, que el que abre los ojos a ver el gran resplandor del sol.
7. Por tanto, en este camino, cegándose en sus potencias, ha de ver luz, según lo que el Salvador dice en el Evan- gelio, de esta manera: ¡n judicium veni in hunc mundum: ut qui non vident, videant, et qui vident, caeci fiant (3). Esto es: Yo he venido a este mundo para juicio; de manera, que los que no ven vean, y los que ven, se hagan ciegos. Lo cual, asi como suena, se ha de entender acerca de este camino espiritual, que al alma, conviene saber, que estuviere a oscuras (4), y se cegare en todas sus luces propias y naturales, verá sobrenatural- mente; y la que a alguna luz suya se quisiere arrimar, tanto más cegará y se detendrá en el camino de la unión.
8. Y pera que procedamos menos confusamente, paréceme 1 Asi el C. de Ak. La e p. espiritual g sensualmente. A y B: Lo que espiritual - mente gusta g siente.
2 Presto. Esta palabra se lee en Ale. y en la e. p„ pero no en A y B.
3 Joan., IX. 39.
i Las palabras que al alma, conviene saber, que estuviere a oscuras, que es como las trae el C. de Ale, vienen en A y B: que. conviene saber al alma que estuviere a oscuras. La e. p., «oprimiendo la autoridad evangélica, enlaza asi la frase anterior a ella con esta de que as— hablando: ha de ver luz. de manera que el alma que es- tuviere a oscuras.
LlBkO ShGUNDO. — CAP. IV sera necesario dar a entender en el siguiente capítulo, qué cosa sea ésta que llamamos unión del alma con Dios; porque, enten- dido esto, se dará mucha luz en lo que de aquí adelante iremos diciendo; y así, entiendo viene bien aquí el tratar de ella, como en su propio lugar. Porque, aunque se corla el hilo de lo que vamos tratando, no es luera de proposito, pues en este lugar sirve para dar luz en lo mismo que se va tratando (1), y asi, servirá el capitulo intrascriio como de paréntesis, puesto entre uno misma enliuiema (2), pue.N luego ñafiemos de venir a tra- tar en particular de las tres potencias del alma, respecto de fas tres virtudes teologales, acerca de esta segunda noche CAPITULO V 1N OUE Sfc DECLARA OLI- CusA SI. A 1 NloN DLL ALA1A CON UIOS — PO- NE UNA COMPARACION (¿) 1 Por lo que atrás queda dicho, en alguna manera se da o entender lo que aqui entendemos poi unión del alma con Dios, y por eso se entenderá aqui mejor lo que dijéremos de ella. Y no es ahora mi intento tratar de las divisiones de 1 Lo que sigue hasta el fío, taita en los manuscrito- A y H 2 fuejfo entre una misma cntimemci. Usta Irasv no la t/ae la e p.
I Con razón acaba Ue decirnos el Sanio c;uc este capitulo lo pone aqui como pa réntesis necesario para la mejor inteligencia ile lo que ha dV explanar er, los capítulos sucesivos respecto de la purificación activa de las tres potencias del alma; porque co- nocido bien el fin a que tal puryación se ordena se empleen los medios conducentes a él con más lleno conocimiento Comienza el Santo por hacer merced al lector de la.< múltiples divisiones que dan los místicos de la unión con Diol. y se fija solo en la uiái conveniente al alma, que es la activa o adquirida con nuestras propias fuerzas y ayu da ordinaria de la gracia Es, ademas, la que mejor encuadra en este tratado de inten sa acción del alma en orden a la purgación de lo¡> seutiJos / potencias como medio necesario para la rran-.formación amaros.! en Dios, meta > termino de estos escritos del Santo. Para prevenir groseros en ores panteísticos, advertimos con el autor de la Médula Mística (trat. V, c. I. n. 2). que entiende el Santo por unión "un enlace y conjunción de dos cosas, las cuales cosas, aunque esten unidas, se han de conservar diversas, y cada una ha de conservar su naturaleza, como enseña Santo Tomás lili Pan., q. 2, a. 1). porque si no, ya no fuera unión, sino identidad. V asi, unión del alma con Dios, será un enlace y conjunción del alma con Dios y Dios con el alma, pues no puede estar unido el uno al otro, si el otro no está umdo con él. y de suerte que el alma se quede alma, y Dios se quede Dios Mas como cuando dos cosas se unen, la que más tuerza, mas virtud y actividad tiene, comunica a la otra sus propie- SUBIDA DEL MONTE CARMELO ella, ni de sus partes (1), porque seria nunca acabar si ahora rae pusiese a declarar cuál sea la unión del entendimiento, y cuál según la voluntad, y cuál también según la memoria, y cuál la transeúnte, y cuál la permanente en las dichas potencias; y lue- go cuál sea la total transeúnte y permanente según las dichas potencias juntas. De eso a cada paso iremos tratando en el dis- curso, ahora de lo uno, ahora de lo otro. Pues ahora no hace al caso para dar a entender lo que aquí habernos de decir de ellas, y muy mejor (2) se dará a entender en sus lugares, cuando, yendo tratando de la misma materia, tengamos el ejemplo vivo junto al entendimiento presente, y allí se notará y entenderá cada cosa, y se juzgará mejor de ella.
2. Ahora sólo trato de esta unión total y permanente sedades; de aquí es que. como Dios es de mayor fortaleza, virtud y actividad que el alma, comunica al alma las propiedades de Dios, y la hace como deifica, y la deja como divinizada, mas o meaos, conforme fuere mas o menos la unión entre los dos." Este concepto, que es básico en la mística cristiana, es el de S. Juan de la Cruz. De haberlo entendido así muchos escritores que de él han hablado, habrían evitado en sus obras numerosos dislates, ya asemejándole a los gnósticos y alumbrados, ya a los contempladores indostánicos, aspirantes al estúpido nirvana. El insigne Doctor de la Iglesia no tiene más que aplicar a la unión del alma con Dios, en forma condensada y vigorosa, las enseñanzas de la Teología católica, admirablemente concordes con las más firmes experiencias de la psicología del amor, que es uno de los grandes méritos del Santo, como, en general, de la mística española. Prescindiendo de la unión natural por esencia, presencia y potencia, que no hace al caso, y presupuesta la unión con Dios por medio de la gracia santificante, que se recibe en la substancia del alma, y es raíz de las virtudes infusas como la fe, esperanza y caridad y de los dones del Espíritu Santo, la cual unión habitual es compatible con pecados veniales e imperfecciones y defectos, habla en este capítulo de la unión actual activa, que nosotros podemos y debemos procurar, queriendo lo que Dios quiere, y aborreciendo lo que Dios aborrece. Por no decir la única, diremos que es la que más interesa al alma. Ella procurada y lograda, fácilmente concede Dios Nuestro Señor todas sus riquezas Mística Por eso la encarece tanto Santa Teresa en las Moradas Quintas, capitulo III, por estas pala- bras: "La verdadera unión se puede muy bien alcanzar, coa el favor de Nuestro Señor, si nosotros nos esforzamos a procurarla, con no tener voluntad sino atada coa lo que fuere voluntad de Dios. |Oh, qué de ellos habrá que diganos esto, y nos parezca que no queremos otra cosa, y moriríamos por esta verdad, como creo ya he dicho I Pues yo os digo, y lo diré muchas veces, que cuando lo fuere, que habéis alcanzado esta merced del Señor, y ninguna cosa se os de de estotra unión regalada [habla de la fruitiva] que queda dicha." Creo que esta unión es la verdadera clave de bóveda del edificio perfecto en cuanto pende de la disposición humana. ¡Y que doctrina rao sana propenda en su corriente a Invadir el campo de los alambrados!
1 Ni de sus partes. Asi en Ale. A y B.
2 La e. p. resume así estas frases: "Y no es ahora nuestro intento declarar en par- ticular cuál sea la unión del entendimiento y qué sea la de La voluntad, y cuál tam- bién la de la memoria, y cual la transeúnte y cuál la permanente ea las dichas poten- cias, que de eso Iremos tratando adelante, y muy mejor," etc.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. V 81 gún la sustancia del alma y sus potencias en cuanto al hábito oscuro de unión; porque en cuanto al acto, después diremos, con el favor divino, cómo no puede haber unión permanente en las potencias en esta vida, sino transeúnte.
3. Para entender, pues, cuál sea esta unión de que vamos tratando, es de saber, que Dios, en cualquiera alma, aunque sea la del mayor pecador del mundo, mora y asiste sustancial- mente. Y esta manera de unión (1) siempre está hecha entre Dios y las criaturas todas, en la cual les está conservando el ser que tienen; de manera que si de ellas de esta manera faltase, luego se aniquilarian y dejarían de ser. Y así, cuando hablamos de unión del alma con Dios, no hablamos de esta sustancial que siempre esta hecha (2); sino de la unión y transformación del alma con Dios (3), que no está siempre hecha, sino sólo cuando viene a haber semejanza de amor; y, por tan- to, ésta se llamará unión de semejanza, así como aquélla unión esencial o sustancial. Aquélla natural; ésta sobrenatural. La cual es cuando las dos voluntades, conviene a saber, la del alma y la de Dios, están en uno conformes, no habiendo en la una cosa que repugne a la otra. Y asi, cuando el alma quitare de si totalmente lo que repugna y no conforma con la voluntad divi- na, quedará transformada en Dios por amor.
4. Esto se entiende no sólo lo que repugna según el acto, sino también según el hábito, de manera que no sólo los actos voluntarios de imperfección le han de faltar, mas los hábitos de esas cualesquier imperfecciones ha de aniquilar (4). Y por cuan- to toda cualquier criatura y todas las acciones y habilidades de ella no cuadran ni llegan a lo que es Dios, por eso se ha de des- nudar el alma de toda criatura y acciones y habilidades suyas, conviene a saber: de su entender, gustar y sentir, para que echa- 1 En la e p. se añadió: o presencia (que la podemos llamar de orden natural.)
2 Asi los códices. La e. p. cambia en esta manera la frase: no hablamos de esta presencia de Dios que siempre hoy en todas las criaturas.
3 Por amor, añade la e. p.
4 La e. p. abrevia: no sóio los actos voluntarios de imperfección le han de fal- tar, mas también los hábitos.
0 82 SUBIDA DEL MONTE CARMELO do todo lo que es disímil y disconforme a Dios, venga a recibir semejanza de Dios; no quedando en ella cosa que no sea vofun- tad de Dios, y asi se transforma en Dios. De donde aunque es verdad que, como habernos dicho, esta Dios siempre en el alma dándole y conservándole el ser natural de ella con su asisten- cia (1), no, empero, siempre la comunica el ser sobrenatural Porque este no se comunica sino por amor y gracia, en la cual no todas las almas están; y las que están, no en igual grado, porque unas están en más, otras en menos grados de amor. De donde a aquella alma se comunica Dios más, que está más aven- tajada en amor; lo cual es tener más conforme su voluntad con la de Dios. Y la que totalmente la tiene conforme y seme- jante, totalmente está unida y transformada en Dios sóbrenatu- ralrnente. Por lo cual, según ya queda dado a entender, cuanto una alma mas vestida está de criaturas y habilidades de ella, según el afecto y el hábito, tanto menos disposición tiene para la tal unión, porque no da total lugar a Dios para que la transforme en lo sobrenatural. De manera que el alma no ha menester más que desnudarse de estas contrariedades y disimililudines natura- les, para que Dios, que se le está comunicando naturalmente por naturaleza, se le comunique sobrenaturalmente por gracia (2).
5. Y esto es lo que quiso dar a entender San Juan, cuando dijo. Qui non ex sanguinibus, ñeque ex volúntate carnis, ñeque ex volúntate viri, sed ex Deo nati sunt (3). Como si dijera: Dio poder para que puedan ser hijos de Dios, esto es, se pue- dan transformar en Dios, solamente aquellos que no de las sangres, esto es, que no de las complexiones y composiciones naturales, son nacidos, ni tampoco de la voluntad de la carne, esto es, del albedrio de la habilidad y capacidad natural, ni me- nos de la voluntad del varón; en lo cual se incluye todo modo 1 E. p.: presencie.
2 La e. p. dice: "De manera que el alma ha menester desnudarse de estas contra- riedades y desemejanzas naturales para que Dios, que asiste naturalmente en ella por esencia, se le comunique sobrenaturalmente por gracia en transformación de unión" (suprime luego las diecinueve lineas que siguen, y continúa), "que el estado de la per- fección y renacer en el Espíritu Santo", etc.
3 Joan., I. 13.
83 y manera de arbitrar y comprender con el entendimiento. No dio poder a ningunos de éstos para poder ser hijos de Dios, sino a los que son nacidos de Dios, esto es, a los que, renaciendo por gracia, muriendo primero a todo lo que es hombre viejo, se levantan sobre si a lo sobrenatural, recibiendo de Dios la tal renacencia y filiación, que es sobre todo lo que se puede pensar. Porque como el mismo San Juan dice en otra parte: Nisi qui* renatus /ucrit ex agua, et Spiritu Sanctu, non potest viderr rrgnum Dei (!) Quiere decir; el que no renaciere en el Espí- ritu Santo, no podra ver este reino de Dios, que es el estado de perfección, y renacer en el Espíritu Santo en esta vida (2), es tener una alma simílima a Dios en pureza, sin tener en sí al- guna mezcla de imperfección, y asi, se puede hacer pura trans- formación por participación de unión, aunque no esencialmente.
6 Y para que se entienda mejor lo uno y lo otro, ponga- mos una comparación. Estíl el rayo del sol dando en una vi- driera. Si la vidriera tiene algunos velos de manchas o nieblas. ikj la podrá esclarecer y transformar en su luz totalmente como si estuviera limpia de todas aquellas manchas, y sencilla; antes tanto menos la esclarecerá, cuanlo ella estuviere menos desnuda de aquellos velos y manchas; y tanto más, cuanto más limpia estuvie- re (3), y no quedara por el rayo, sino por ella; tanto, que si ella estuviere limpia y pura del todo, de tal manera la transformara y esclarecera el rayo, que parecerá el mismo rayo y dará la mis- ma luz que el rayo, aunque, a la verdad, la vidriera, aunque se pa- rece al mismo rayo, tiene su naturaleza distinta del mismo fayo, mas podemos decir que aquella vidriera es rayo o luz por par- ticipación. Y así, el alma es como esta vidriera, en la cual siem- pre está embistiendo o, por mejor decir, en ella está morando esta divina luz del ser de Dios por naturaleza, que habernos dicho.
A y B.: perfectamente en esta vida.
En la e. p. faltan las palabras: tanto más, cnanto mas limpim titaviere 84 SUBIDA DEL MONTE CARMELO 7. En dando lugar el alma (que es quitar de si todo velo y mancha de criatura, lo cual consiste en tener la voluntad per- fectamente unida con la de Dios; porque el amar es obrar en despojarse y desnudarse por Dios de todo lo que no es Dios), luego queda esclarecida y transformada en Dios, y le comu- nica Dios su ser sobrenatural de tal manera, que parece el mismo Dios, y tiene lo que tiene el mismo Dios. Y se hace tal unión cuando Dios hace al alma esta sobrenatural ( 1 ) merced, que todas las cosas de Dios y el alma son unas en transformación participante; y el alma más parece Dios que alma, y aun es Dios por participación; aunque es verdad que su ser naturalmente tan distinto se le tiene del de Dios como antes, aunque está transfor- mada; como también la vidriera le tiene distinto del rayo, estan- do de él clarificada.
8. De aquí queda ahora más claro, que la disposición para esta unión, como decíamos, no es el entender del alma, ni gus- tar, ni sentir, ni imaginar de Dios, ni de otra cualquier cosa; si- no la pureza y amor, que es desnudez y resignación perfecta de lo uno y de lo otro sólo por Dios (2); y cómo no puede haber perfecta transformación, si no hay perfecta pureza; y cómo según la proporción de la pureza será la ilustración, iluminación y unión del alma con Dios, en más o en menos; aunque no será perfecta, como digo, si del todo no está perfecta y clara y limpia.
9. Lo cual también se entenderá por esta comparación. Está una imagen muy perfecta con muchos y muy subidos primores y delicados y sutiles esmaltes, y algunos tan primos y tan su- tiles (3) que no se pueden bien acabar de determinar por su delicadez y excelencia. A esta imagen, el que tuviere menos cla- ra y purificada vista, menos primores y delicadez echará de ver en la imagen; y el que la tuviere algo más pura, echará de ver más primores y perfecciones en ella; y si otro la tuviere aún más pura, verá aún más perfección; y, finalmente, el que más 2 La f p modifica: que la disposición para esta unión es la pureza a amor, que es resignación perfecta y desnudez total, sólo por Dios.
3 Y tan sutiles. Asi leen Ale. A y B La e. p. no lo irme LIBRO SEGUNDO. — CAP. V 85 clara y limpia potencia tuviere, irá viendo más primores y perfec- ciones ( 1 ); porque en la imagen hay tanto que ver, que por mucho que se alcance, queda para poderse mucho más alcan- zar de ella.
10. De la misma manera podemos decir que se han las almas con Dios en esta ilustración o transformación. Porque aun- que es verdad que un alma, según su poca o mucha capacidad, jffuede haber llegado a unión, pero no en igual grado todas, por- que esto es como el Señor quiere dar a cada una. Es a modo de como le ven en el cielo, que unos ven más (2), otros menos; pero todos ven a Dios y todos están contentos (3), porque tienen satisfecha su capacidad (4).
11. De donde aunque acá en esta vida hallemos algunas almas con igual paz y sosiego en estado de perfección, y cada una esté satisfecha, con todo eso podrá la una de ellas estar muchos grados más levantada que la otra, y estar igualmente sa- tisfechas, por cuanto tienen satisfecha su capacidad (5). Pero la que no llega a pureza competente a su capacidad (6), nunca lle- ga a la verdadera paz y satisfacción; pues no ha llegado a tener la desnudez y vacio en sus potencias, cual se requiere para la sencilla unión (7).
1 La e. p.: "y e! que la tuviere mas pura, echará de ver mas primores; y si otro la tuviere aún más pura, echará de ver aún más perfección; y, finalmente, el que más clara y limpia potencia tuviere, echará de ver más primores y perfecciones."
2 Más perfectamente, añade la e. p.
i Según el mayor o menor merecimiento, concluye la e. p.
5 La frase de los códices por cnanto tienen satisfecha so capacidad, la modifica asi la e. p.: cada ana según sn disposición y el conocimiento que de Dios tiene.
6 Competente a su capacidad. Así Ale, A y B. La e. p.; como parece que piden las ilustraciones y vocaciones de Dios.
86 SUBIDA DEL MONTE CARMELO CAPITULO VI EN QUE SE TRATA COMO LAS TRES VIRTUDES TEOLOGALES SON LAS QI'E HAN DE PONER EN PERFECCION LAS TRES POTENCIAS DEL ALMA, Y COMO EN ELLAS HACEN VACIO V TINIF.BLA LA.S DIO. AS VIRTUDES (1).
I. Habiendo, pues, de tratar de inducir las tres potencias del alma, entendimiento, memoria g voluntad, en esta noche es- piritual, que es el medio de la divina unión, necesario es primero dar a entender en este capitulo, cómo las tres virtudes teologales, fe, esperanza y caridad, que tienen respecto a las dichas fres potencias como propios objetos sobrenaturales, y mediante las cuales el alma (2) se une con Dios según sus potencias, hacen el mismo vacío y oscuridad cada una en su potencia. La fe en el entendimiento, la esperanza en la memoria, g la caridad en la voluntad. Y después iremos tratando cómo se ha de perfec- cionar el entendimiento en la tiniebla de la fe, g como la memoria en el vacío de la esperanza, y cómo también se he de ente- rrar (3) la voluntad en la carencia y desnudez de todo afecto para ir a Dios. Lo cual hecho, se verá claro cuanta necesidad tiene el alma, para ir segura en este camino espiritual, de ir por esta no- che oscura arrimada a estas tres virtudes, que la vacian de todas las cosas y oscurecen en ellas. Porque, como habernos di- cho, el alma no se une con Dios en esta vida por el entender, ni por el gozar, ni por el imaginar, ni por otro cualquier sentido; sino sólo por fe, según el entendimiento, y por esperanza, según la memoria, y por amor, según la voluntad (4).
1 La e p añade Decláranse al propósito dos autoridades, una de S. Laca» p otra de Isaías.
2 La e. p. abrevia, fe. esperanza y caridad, mediante ias cuales el alma.
3 Enterrar trasladan el de Ale. y B. El de Alba y la e. p.: entrar.
4 La e. p. cambia asi el texto de los códices "Por la esperanza, que se puede atribuir a la memoria (aunque ella esté en la voluntad), cuanto al vacio y olvido que causa de cualquiera otra cosa caduca y temporal, guardándose toda el alma para el sumo bien que espera, y por amor según la voluntad." Véase lo que dijimos en los orel ¡minares acerca de esta división de las potencias del alma.
LIBRO SEGUNDO. — CAP. VI 87 2. Las cuales tres virtudes todas hacen, como habernos di- cho, vacio en las potencias: la fe en el entendimiento, vacio y oscuridad de entender; la esperanza hace en la memoria vacio de toda posesión, y la caridad vacío en la voluntad y desnudez de todo afecto y gozo de todo lo que no es Dios. Porque la fe ya vemos que nos dice lo que no se puede entender con el en- tendimiento (1) Por lo cual San Pablo dice de ella ad Hebraeos de esta manera: Fides est sperandamm substantia rcrum, argu- mentum non apparentium (2). Que a nuestro propósito quiere de- cir, que la fe es sustancia de las cosas que se esperan; y aunque el entendimiento con firmeza y certeza consienta en ellas, no son cosas que al entendimiento se le descubren; porque si se le des- cubriesen, no seria fe. La cual, aunque le hace cierto al enten- dimiento, no le hace claro, sino oscuro,' 3. Pues de la esperanza no hay duda sino que también pone a la memoria en vacío y tiniebla de lo de acá y de lo de allá. Porque la esperanza siempre es de lo que no se posee; porque si se poseyese, ya no seria esperanza. De donde San Pa- blo dice ad Romanos: Spes, quae videtur, non est spes: nam quod vidct quis, quid sperat.0 Es a saber: la esperanza que se ve, no es esperanza; porque lo que uno ve, esto es, lo que po- see (3), ¿cómo lo espera? Luego también hace vacío esta vir- tud, pues es de lo que no se tiene, y no de lo que se tiene.
4. La caridad, ni más ni menos, hace vacío en la voluntad de todas las cosas, pues nos obliga a amar a Dios sobre todas ellas; lo cual no puede ser sino apartando el afecto de todas ellas, para ponerle entero en Dios. De donde dice Cristo (4) por San Lucas: Qui non renuntiat ómnibus quae possidet, non potest meas esse discipulus (5). Que quiere decir: El que no renuncia to- das las cosas que posee con la voluntad, no puede ser mi disci- 1 La e p. añade: según su razón y luz natural.
2 Hebr.. XI. I.
3 Rom. VIII, 24. Ale. y e. p.: porque lo que uno ve. esto es lo posee, etc. A y B: porque si lo que uno ye. lo posee, etc.