SigPhi · Juan Donoso Cortés

Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851)

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UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA DEPTO DE BIB LIO ). DE LIOTEC BIBLIOTECA “EFE” GÓMEZ CAPÍTULO CUARTO EL CATOLICISMO ES AMOR SUMARIO. -l. El paganismo no conoció más hombre que al ciudadano. El cristianismo reveló al mundo la unidad de todos los hombres en el amor, - 2. La ley de la unidad en la variedad se descubre en la naturaleza divina, en la humana, en la Encarnación del Verbo, en la Iglesia: en todo la varie- dad se reduce a unidad por el amor. -3. Los paganos tuvieron confusa idea de la definición única de las criaturas en Dios; pero falseada con el error panteísta.

' 1. Entre la Iglesia católica y las otras sociedades derramadas por el mun- do hay la misma distancia que entre las concepciones naturales y las sobre- naturales, entre las humanas y las divinas.

Para el mundo pagano la sociedad y la ciudad eran una cosa misma. Para el romano la sociedad era Roma; para el ateniense, Atenas. Fuera de Atenas y de Roma no había más que gentes bárbaras e incultas, por su na- turaleza agrestes e insociables. El cristianismo reveló al hombre la sociedad humana; y como si esto no fuera bastante, le reveló otra sociedad mucho más grande y excelente, a quien no puso en su inmensidad ni términos ni remates. De ella son ciudadanos los santos que triunfan en el cielo, los jus- los que padecen en el purgatorio, y los cristianos que combaten en la tie- rra.

Léanse atentamente una por una todas las páginas de la historia; y des- pués de haberlas leído, y después de haberlas meditado todas, se verá con asombro que esa concepción gigantesca viene sola, y que viene sin aviso, 39 sin antecedente ninguno; que viene como una revelación sobrenatural, comunicada al hombre sobrenaturalmente. El mundo la recibió de un gol- pe, y no la vio venir; como quiera que cuando la vio, ya era venida. La vio con una sola iluminación y con una simple mirada. ¿Quién, sino Dios, que es amor, podía haber enseñado a los que combaten aquí, que están en co- munión con los que padecen en el purgatorio y con los que triunfan en el cielo? ¿Quién, sino Dios, pudo unir con amorosa lazada a los muertos y a los vivientes, a los justos, a los santos y a los pecadores? ¿Quién, sino Dios, pudo poner puentes en esos inmensos océanos?

2. La ley de la unidad y de la variedad, esa ley por excelencia, que es a un mismo tiempo humana y divina, sin la cual nada se explica y con la cual se explica todo, se nos muestra aquí en una de sus más portentosas mani- festaciones. La variedad está en el cielo, porque el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo son tres Personas; y esa variedad va a perderse, sin confundirse, en la unidad, porque el Padre es Dios, el Hijo es Dios y el Espíritu Santo es Dios, y Dios es uno. La variedad está en el paraíso, porque Adán y Eva son dos personas diferentes; y esa variedad va a perderse, sin confundirse, en la unidad, porque Adán y Eva son la naturaleza humana, y la naturaleza hu- mana es una!, La variedad está en nuestro Señor Jesucristo, porque en él * Es mera comparación, y toda comparación lejos de significar igualdad absoluta, supo- ne desemejanza en lo que no constituye el punto de contacto o de comparación. En Adán y Eva había unidad y variedad. Unidad, porque ambos tenían la misma naturaleza humana metafísica; o sea, considerada en abstracto, en solo el concepto. Pero la naturaleza humana, tal como existía, era diversa en Adán y en Eva: el compuesto de alma y cuerpo de Adán se diferenciaba del compuesto de Eva. En Dios no es así: La esencia divina es la misma única, en las tres Personas distintas de la Trinidad. En el capítulo 11 nos ha explicado Donoso la doctrina católica sobre este misterio.

«En lo más escondido, en lo más alto, en lo más sereno y luminoso de los cielos, reside un Tabernáculo inaccesible aun a los coros de los ángeles; en ese Tabernáculo inaccesible se está obrando perpetuamente el prodigio de los prodigios, y el Misterio de los Misterios. Allí está el Dios católico, uno y trino: uno en esencia, trino en las personas. El Padre engendra eternamente a su Hijo, y del Padre y del Hijo procede eternamente el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo es Dios, y el Hijo es Dios, y el Padre es Dios; y Dios no tiene plural, porque no hay más que un Dios, trino en las personas y uno en la esencia. El Espíritu Santo es Dios como el Padre, pero no es Padre, es Dios como el Hijo, pero no es Hijo. El Hijo es Dios como el Espíritu Santo, pero no es Espíritu Santo; es Dios como el Padre, pero no es Padre. El Padre es Dios como el Hijo, pero no es Hijo; es Dios como el Espíritu Santo, pero no es Espíritu Santo. El Padre es omnipotencia, el Hijo es sabiduría, el Espíritu Santo es amor, y el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son infinito amor, potencia suma, perfecta sabiduría».

JUAN DONOSO CORTÉS 39 MAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO icurren por una parte la naturaleza divina, y por otra la naturaleza cor- rea, y la espiritual en la naturaleza humana; y la naturaleza corpórea, y Pxpiritual y la divina van a perderse, sin confundirse, en nuestro Señor Anicristo, que es una sola persona. La variedad, por último, está en la Igle- a que combate en la tierra, y padece en el purgatorio, y triunfa en el cie- y y esa variedad va a perderse sin confundirse, en nuestro Señor Jesucris- , Cabeza única de la Iglesia universal, el cual, considerado como Hijo único *l Padre es, como el Padre, el símbolo de la variedad de las personas en la midad de la esencia; así como en calidad de Dios hombre, es el símbolo Pla variedad de las esencias en la unidad de la persona; siendo considera- pa un tiempo mismo como Dios hombre y como hijo de Dios, el símbolo rlecto de todas las variedades posibles y de la unidad infinita.

Y como quiera que la suprema armonía consiste en que la unidad, de mmde toda variedad nace y en la que toda variedad se resuelve, se muestre Empre idéntica a sí misma en todas sus manifestaciones, de aquí es que ia misma es siempre la ley en virtud de la cual se hace uno todo lo que es trio. La variedad de la Trinidad divina es una por el amor; la variedad hu- ina, compuesta del Padre, de la Madre y del Hijo, se hace una por el amor. 1 variedad de la naturaleza humana y de la divina se hace una en nuestro emor Jesucristo por la Encarnación del Verbo en las entrañas de la Vir- en, Misterio de amor; la variedad de la Iglesia que combate, de la que pa- pee y de la que triunfa, se hace una en nuestro Señor Jesucristo por las Miciones de los cristianos que triunfan, las cuales bajan convertidas en be- Plico rocío sobre los cristianos que combaten, y por las oraciones de los Histianos que combaten, las cuales bajan como una lluvia fecundísima so- re los cristianos que padecen; y la oración perfecta es el éxtasis del amor. Mios es caridad; el que está en caridad, está en Dios y Dios en él» 2. Si Mos es caridad, la caridad es la infinita unidad, porque Dios es la unidad inita; si el que está en caridad está en Dios y Dios en él, Dios puede ba- ar hasta el hombre por la caridad, y el hombre puede remontarse por la ridad hasta Dios: y todo esto, sin confundirse; de tal manera, que ni Dios echo hombre pierde su naturaleza divina, ni el hombre hecho Dios pierle su naturaleza humana, siendo el hombre siempre hombre, aunque sea * Deus charitas est: et qu imanet in charitate, in Deo manet, et Deus in eo. (1 Joann., IV, 40 JUAN DONOSO CORTÉS HINSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 41 Dios; y Dios siempre Dios, aunque sea hombre: y todo esto por medios ex- vidualidad inviolable de su propia substancia. El respeto de Dios hacia la clusivamente sobrenaturales, es decir, por medios exclusivamente divinos. individualidad humana o lo que es lo mismo, hacia la libertad del hombre, % 3. Las gentes tuvieron noticia de este dogma supremo, como la tuvie- que es la que constituye su individualidad absoluta e inviolable, es tal, se- ron más o menos cabal, más o menos cumplida, de todos los dogmas cató- gún el dogma católico, que ha dividido con ella el Imperio de todas las so- licos. En todas las zonas, en todos los tiempos, y entre todas las razas huma- tiedades, gobernadas a un mismo tiempo por la libertad del hombre y por nas, se ha conservado una fe inmortal en una transformación futura, tan el consejo divino id radical y soberana, que juntaría en uno para siempre al Creador y su cria- El amor es fecundísimo de suyo; porque es fecundísimo, engendra to- tura, a la naturaleza humana y a la divina. Ya en la era paradisíaca, el ene- tlas las cosas varias, sin romper su propia unidad; y porque es amor, resuel- migo del género humano habló a nuestros primeros padres de ser dioses *. ve en su unidad, sin confundirlas, todas las cosas varias. El amor, es, pues, Después de la prevaricación y la caída, los hombres llevaron esta tradición infinita variedad y unidad infinita: él es la única ley, el precepto sumo, el prodigiosa hasta los últimos remates del mundo: no hay erudito que no la solo camino, el último fin. El catolicismo es amor, porque Dios es amor: encuentre en el fondo de todas las teologías, por poco que ahonde en ellas. hólo el que ama es católico, y sólo el católico aprende a amar, porque sólo La diferencia entre el dogma purísimo conservado en la Teología católica, el católico recibe lo que sabe de fuentes sobrenaturales y divinas. y el dogma alterado por las tradiciones humanas, está en la manera de lle- gar a esa transformación suprema, y de alcanzar ese fin soberano. El ángel de las tinieblas no engañó a nuestros primeros padres cuando afirmó que llegarían a ser a manera de dioses; el engaño estuvo en ocultarles el cami- no sobrenatural del amor, y en abrirles el camino natural de la desobedien- cia. El error de las teologías paganas no está en afirmar que la divinidad y la humanidad se juntarán en uno; está en que los paganos vinieron a consi- derar como cuasi de todo punto idénticas la naturaleza divina y la natura- leza humana, mientras que el catolicismo, considerándolas como esencial- mente distintas, va a la unidad por la deificación sobrenatural del hombre. Aquella superstición pagana está patente en los honores deíficos tributados a la tierra en calidad de madre inmortal y fecunda de sus dioses, y a varlas de las criaturas, que confundieron con los dioses mismos. Por último, la diferencia entre el panteísmo y el catolicismo no está en que el uno afirme y el otro niegue la deificación del hombre; está en que el panteísmo sostie- ne que el hombre es Dios por su naturaleza, mientras que el cristianismo afirma que puede llegar a serlo sobrenaturalmente por la gracia: está en que el panteísmo enseña que el hombre parte del conjunto que es Dios, es absorbido completamente por el conjunto de que forma parte: mientras que el catolicismo enseña que el hombre, aun después de deificado, es de- cir, después de penetrado por la substancia divina, conserva todavía la indi- 3 Dixit autem serpens ad mulierem...et eritis sicut Dii, scientes bonum et malum. (Géx., * Tu autem Dominator virtutis, cum tranquillitate judicas, et cum magna reverentia TI, 5). disponis nos. (Sap., XIL 18).

: UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA EPTO. "DE BIBÚ LO : TECA BIBLIO? ECA “EFE” GOM Ez CAPÍTULO QUINTO! QUE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO NO HA TRIUNFADO DEL MUNDO POR LA SANTIDAD DE SU DOCTRINA, NI POR LAS PROFECÍAS Y MILAGROS, SINO A PESAR DE TODAS ESTAS COSAS SUMARIO. -1. El catolicismo ha convertido y transformado al mundo por la fuerza del amor y de la gracia. Todos los otros prodigios históricos, aun- que bastan para demostrar su origen divino, son insuficientes para convertir al mundo: y dada la malicia y obstinación de muchos, resultan para ellos contraproducentes. -2. Siempre el hombre obstinado ama más las tinieblas que la luz. -3. Hechos históricos que demuestran el envilecimiento de los pueblos engañados por los sofistas.

1. El Padre es amor, y envió al Hijo por amor; el Hijo es amor, y envió al Espíritu Santo por amor; el Espíritu Santo es amor e infunde perpetua- mente en la Iglesia su amor. La Iglesia es amor, y abrasará al mundo en ' Este capítulo y el siguiente son dos partes de una sola y misma demostración, que prueba que la gracia, la acción sobrenatural del Espíritu Santo en las almas, es la sola causa que pue- da explicar el triunfo de Jesucristo, la creación y el mantenimiento de su Iglesia en el mundo. Donoso Cortés no dice que las otras causas, tales como la verdad, santidad y belleza de la doctrina, las profecías, los milagros, etc., no sean con ella y por ella poderosos medios de conversión; dice que sin la gracia, no solamente son ineficaces, sino que también pueden ser obstáculos, aunque su afición a la paradoja le hizo poner ese a pesar de significativo en dema- Ala.

44 JUAN DONOSO CORTÉS ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 45 amor. Los que esto ignoran o los que esto han olvidado, ignorarían perpe- ligios y con milagros estupendos, fue puesta en una Cruz, cuando vino por tuamente cuál es la causa sobrenatural y secreta de los fenómenos patentes ] o para explicar con su presencia, el porqué de aquellos milagros y naturales, cuál es la causa invisible de todo lo visible, cuál es el vínculo estupendos y de aquellos prodigios espantables para abonar todas las pala- que sujeta lo temporal a lo eterno, cuál es el resorte secretísimo de los mo- bras proféticas, y para enseñar a las gentes lo que estaba representado en vimientos del alma; de qué manera obra el Espíritu Santo en el hombre, los antiguos símbolos y lo que estaba escondido en las antiguas figuras; el en la sociedad la Providencia, Dios en la historia. rror se había extendido libremente por el mundo, cuan ancho es, y había Y Nuestro Señor Jesucristo no venció al mundo con su maravillosa doc- Fubierto todos los horizontes con sus sombras; y todo esto con una pro- trina. Si no hubiera sido otra cosa sino un hombre de doctrina maravillosa, Miiosa rapidez, y sin el auxilio de Profetas, ni de símbolos, ni de figuras, ni el mundo le hubiera admirado un momento, y hubiera puesto en olvido le milagros. ¡Terrible lección, memorable documento para los que creen después juntamente a la doctrina y al hombre. Maravillosa y todo, como Án la fuerza recóndita y expansiva de la verdad, y en la radical impotencia era su doctrina, no fue seguida sino de alguna gente popular, cayó en des- le] error para hacer por sí solo su camino por el mundo! precio de la más granada entre el pueblo judío, y durante la vida del Maes- S1 nuestro Señor Jesucristo venció al mundo, lo venció a pesar de ser tro fue ignorada del género humano. erdad, a pesar de ser el anunciado por los antiguos Profetas, el represen- Nuestro Señor Jesucristo no venció al mundo con sus milagros. De los ado en los antiguos símbolos, el contenido en las antiguas figuras; lo venmismos que le vieron mudar, con sólo su querer, la naturaleza de las cosas, 10 a pesar de sus prodigiosos milagros y de su doctrina maravillosa. Ningu- andar sobre las aguas, aquietar los mares, sosegar los vientos, mandar a la otra doctrina que no hubiera sido la evangélica hubiera podido triunfar vida y a la muerte, unos le llamaron Dios, otros demonio, otros prestidigi- Ún ese inmenso aparato de testimonios clarísimos, de pruebas irrefragables tador y hechicero. le argumentos invencibles. Si el mahometismo se derramó a manera de Nuestro Señor Jesucristo no venció al mundo porque se hubieran cum- im diluvio por el continente africano, por el asiático y por el europeo, con- plido en él las antiguas profecías. La sinagoga, que era su depositaria, no Intió esto en que caminó a la ligera, y en que llevaba en la punta de su se convirtió, ni se convirtieron los doctores que se las sabían de memoria, pada todos sus milagros, todos sus argumentos y todos sus testimonios. ni se convirtieron las muchedumbres que las habían aprendido de los doc- 2. El hombre prevaricador y caído no ha sido hecho para la verdad, ni tores. verdad para el hombre prevaricador y caído. Entre la verdad y la razón Nuestro Señor Jesucristo no venció al mundo con la verdad. La verdad limana, después de la prevaricación del hombre, ha puesto Dios una re- esencial del cristianismo estaba en el Antiguo como en el Nuevo Testamen- lignancia inmortal y una repulsión invencible *. La verdad tiene en sí los to, como quiera que fue siempre una, eterna, idéntica a sí misma. Esa ver- Hilos de su soberanía, y no pide venia para imponer su yugo; mientras dad que estuvo eternamente en el seno de Dios, fue revelada al hombre, le el hombre, desde que se rebeló contra su Dios, no consiente otra sobe- infundida en su espíritu y depositada en la historia, desde que resonó en el: mia sino la suya propia, si no le piden antes su consentimiento y su venia. mundo la primera palabra divina. Y, sin embargo, el Antiguo Testamento, br eso, cuando la verdad se pone delante de sus ojos, luego al punto co- así en lo que tenía de eterno y de esencial como en lo que tenía de acceso- lenza por negarla; y negarla es afirmarse a sí propio en calidad de sobe- rio, de local y de contingente, en sus dogmas como en sus ritos, no salvó mo in- dependiente. Si no puede negarla, entra en combate con ella, y nunca las fronteras del pueblo predestinado. Ese mismo pueblo rompió mu- imbatiéndola combate por su soberanía. Si la vence, la crucifica; si es venchas veces en grandes rebeldías, persiguió a sus Profetas, escarneció a sus do, huye; huyendo, cree huir de su servidumbre, y crucificándola, cree doctores, idolatró a la manera de los pueblos gentiles, hizo pactos nefan- moificar a su tirano.

dos con los espíritus infernales, se entregó en su cuerpo y en su alma a san- grientas y horribles supersticiones; y el día en que la verdad tomó carne, la maldijo, la negó y la crucificó en el Calvario. Y mientras que la verdad, que estaba escondida en los antiguos símbolos, representada en las antiguas fi- * Por lo que respecta a este pasaje, recuérdese lo advertido en nuestra anterior nota, guras, anunciada por los antiguos Profetas, testificada con espantables pro- Blha 30.

46 | JUAN DONOSO CORTÉS ¡BAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 47 os de la luna; sobre todo, si ponéis un cuidado exquisito en llamar la aten- yl de las gentes hacia vuestra buena fe, llevada hasta el punto de sentaros desnudos como estáis, sin haber acudido a las vanas superche- Tas de vanas razones, de vanos antecedentes históricos y de vanos milagros, lindo así un público testimonio de vuestra fe en el triunfo de la verdad dor sí sola, y si, por último, revolviendo a todas partes vuestros ojos, pre- Euntális dónde están y qué se hicieron vuestros enemigos, entonces el mun- 1), extático, atónito, proclamará a una voz vuestra magnanimidad, y vues- Hi grandeza, y vuestra victoria, y os apellidará píos, felices triunfadores?, Yo no sé si hay algo debajo del sol, más vil y despreciable que el géne- y humano fuera de las vías católicas *. 5. En la escala de su degradación y de su vileza, las muchedumbres, Enganadas por los sofistas y oprimidas por los tiranos, son las más degrada- las y las más viles; los sofistas vienen después, y los tiranos que tienden su litigo sangriento sobre los unos y sobre las otras, son, si bien se mira, los menos viles, los menos degradados y los menos despreciables. Los prime- ros idólatras salen apenas de la mano de Dios, cuando dan consigo en la tle los tiranos babilónicos. El paganismo antiguo va rodando de abismo en 1bismo, de sofista en sofista y de tirano en tirano, hasta caer en la mano de Calígula, monstruo horrendo y afrentoso con formas humanas, con ardo- Tes insensatos y con apetitos bestiales. El moderno comienza por adorarse 4 sí propio en una prostituta para derribarse a los pies de Marat, el tirano nico y sangriento; y a los de Robespierre, encarnación suprema de la va- hidad humana con sus instintos inexorables y feroces. El novísimo va a caer 'Én un abismo más hondo y más oscuro; tal vez se remueve ya en el cielo de lis cloacas sociales el que ha de ajustar a su cerviz el yugo de sus impúdicas y leroces insolencias.

/ Por el contrario, entre la razón humana y lo absurdo hay una afinidad secreta, un parentesco estrechísimo; el pecado los ha unido con el vínculo de un indisoluble matrimonio. Lo absurdo triunfa del hombre, cabalmen- te porque está desnudo de todo derecho anterior y superior a la razón hu- mana. El hombre le acepta cabalmente, porque viene desnudo, porque ca- reciendo de derecho no tiene pretensiones; su voluntad le acepta, porque es hijo de su entendimiento, y el entendimiento se complace en él, porque es su propio hijo, su propio verbo; porque es testimonio vivo de su poten- cia creadora: en el acto de su creación el hombre es a manera de Dios, y se llama Dios a sí propio. Y si es Dios a manera de Dios, para el hombre todo lo demás es menos. ¿Qué importa que el otro sea el Dios de la verdad, si él es el Dios de lo absurdo? Por lo menos será independiente, a manera de Dios; será Soberano, a manera de Dios; adorando a su obra, se adorará a sí propio; magnificándola, será magnificador de sí mismo.

Vosotros, los que aspiráis a sojuzgar a las gentes, a dominar en las na- ciones y a ejercer un Imperio sobre la raza humana, no os anunciéis como depositarios de verdades clarísimas y evidentes; y, sobre todo, no declaréis vuestras pruebas, si las tenéis, porque jamás el mundo os reconocerá por señores, antes se rebelará contra el yugo brutal de vuestra evidencia. Anun- ciad, por el contrario, que poseéis un argumento que echa por tierra una verdad matemática; que vais a demostrar que dos y dos no hacen cuatro, sino cinco; que Dios no existe, o que el hombre es Dios; que el mundo ha sido esclavo hasta ahora de vergonzosas supersticiones; que la sabiduría de los siglos no es otra cosa sino pura ignorancia; que toda revelación es una impostura; que todo gobierno es tiranía y toda obediencia servidumbre; que lo hermoso es feo, que lo feo es hermosísimo; que el bien es mal, y el mal es bien; que el diablo es Dios, y que Dios es el diablo; que fuera de este mundo no hay infierno ni paraíso; que el mundo que habitamos, es un in- fierno presente y un paraíso futuro; que la libertad, la igualdad y la frater- nidad son dogmas incompatibles con la superstición cristiana; que el robo es un derecho imprescriptible, y que la propiedad es un robo; que no hay orden sino en la anarquía, ni hay anarquía sin orden; y estad ciertos de que, con este solo anuncio, el mundo, maravillado de vuestra sabiduría y fascinado por vuestra ciencia, pondrá a vuestras palabras un oído atento y reverente. Si al buen sentido, de que habéis dado larga muestra, anuncian- do la demostración de todas estas cosas, añadís después el buen sentido de no demostrarlas de ninguna manera; o sí, como única demostración de vues- tras blasfemias y vuestras afirmaciones, dais vuestras blasfemias y vuestras afirmaciones mismas, entonces el género humano os pondrá sobre los cuer- * La traducción italiana anota: «En este pasaje compendía el autor en pocas líneas los principales absurdos y blasfemias He las escuelas heterodoxas, y especialmente de los socialistas. No ha mucho tiempo se han podido oír y leer muchas de sus blasfemias y enseñanzas ridículas, y se ha podido también ver como era, en efecto, numerosa la ciega muchedumbre que las repetía en medio de aplausos y ritos de entusiasmo».

* Para entender bien esta proposición, recuérdese que debajo del sol no hay nada más vil y despreciable que el pecado; y que, fuera de las vías católicas, el género humano está hundido en las tinieblas y en la corrupción del pecado. Cuanto más excelente es la naturaleza del hombre, tanto es más horrible su degradación: Corruptio optimi pessima.

CAPÍTULO SEXTO QUE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO HA TRIUNFADO DEL MUNDO EXCLUSIVAMENTE POR MEDIOS SOBRENATURALES SUMARIO. -1. Sin la acción de la gracia, la verdad cristiana sería obscu- recida por la malicia. Pero la causa de Cristo atrae todas las cosas a sí. -2. La gracia ilumina para venir a la fe: ella hace posible las obras sobrenatu- rales. -3. Admirable armonía entre la gracia y la libertad humana. -4. La gracia, agente misterioso de la transformación del mundo. -5. La Providen- cia gobierna al mundo por las leyes naturales, por las sobrenaturales y por los milagros. Sin la luz de estas verdades, las ciencias políticas carecen de base.

1. «Cuando esté puesto en el alto, es decir, en la Cruz, traeré todas las cosas a mí: es decir, aseguraré mi dominación y mi victoria, sobre el mun- do» *. En estas palabras, solemnemente proféticas, descubrió el Señor a sus discípulos a un mismo tiempo lo poco que valían para la conversión del mundo las profecías que anunciaron su advenimiento, los milagros que pu- blicaban su omnipotencia; la santidad de su doctrina; testimonio de su glo- ria, y lo poderoso que había de ser para obrar este prodigio su inmensísimo amor, revelado a la tierra en su crucifixión y en su muerte.

' Et ego si exaltatus fuero a terra, omnia traham ad me ipsum. (JoAnn., XII, 32).

50 JUAN DONOSO CORTÉS Ego veni in nomine Patris mei, el non accipitis me: si alvus venerit in nomine suo, illum accipietis. (Joann., cap. V, versículo 34). En estas palabras está anun- ciado el triunfo natural del error sobre la verdad *, del mal sobre el bien. En ellas está el secreto del olvido en que tenían puesto a Dios todas las gen- tes, de la propagación asombrosa de las supersticiones paganas, de las hon- das tinieblas tendidas por el mundo; así como el anuncio de las futuras cre- cientes de los errores humanos, de la futura diminución de la verdad entre los hombres de las tribulaciones de la Iglesia, de las persecuciones de los: justos, de las victorias de los sofistas, de la popularidad de lo blasfemos. En aquellas palabras está como encerrada la historia, con todos los escánda- los, con todas las herejías, con todas las revoluciones. En ellas se nos decla- ra por qué, puesto entre Barrabás y Jesús, el pueblo judío condena a Jesús y escoge a Barrabás; por qué, puesto hoy el mundo entre la Teología católi- ca y la socialista, escoge la socialista y deja la católica; por qué las discusio- nes humanas van a parar a la negación de lo evidente y a la proclamación de lo absurdo. En esas palabras, verdaderamente maravillosas, está el secre- to de todo lo que nuestros padres vieron, de todo lo que verán nuestros hijos, de todo lo que vemos nosotros. No: ninguno puede ir al Hijo, es de- cir, a la verdad, si su Padre no le llama *; palabras profundísimas que atestiguan a un tiempo mismo la omnipotencia de Dios y la impotencia radical, invencible, del género humano?.

? Donoso se refiere aquí sin duda a la naturaleza viciada por la culpa original, y en este sentido dice ser natural que el error triunfe de la verdad.

% Nemo potest venire ad me, nisi Pater, qui misit me, traxerit eum. (Joann., VI, 44).

1 Ya hemos advertido antes que Donoso Cortés no habla en su libro de las primeras ver- dades abstractas, generales y vagas, que el hombre, según Santo Tomás, es incapaz de aborre- cer, y sobre las cuales no hay disputa, pues no ofenden ningún interés ni pasión alguna. No se refiere tampoco a las demás verdades, que son objeto de las ciencias humanas, sino que, cuanto dice acerca de la razón en el hombre caído, y de su impotencia para alcanzar la verdad, y del odio que la tiene, etc., se aplica únicamente a la verdad en cuanto «a lo que nos es propio» «y solamente por la cual podemos tener la verdadera conducta que debe gobernar nuestra vida»; y aun en ese mismo orden, no dice que no podamos conocer tal o tal verdad particular: dice solamente que sin la gracia, sin la revelación, sin la Iglesia, no podemos, en el estado en que la culpa nos deja, alcanzar la verdad; o como él dice, la verdad religiosa, la verdad doméstica, la verdad política, la verdad social, es decir: el conjunto de creencias y leyes necesarias para gober- nar nuestra vida individual, doméstica o de familia, política, social, en el estado actual de la humanidad, estado que no es puramente natural, pues Dios ha querido llamarnos a la vida: sobrenatural, imponiéndonos así necesidades y obligaciones que no podemos satisfacer con nuestras propias fuerzas. Es doctrina católica que «ni la doctrina más verdadera y santa, ni los ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 5!

» Pero el Padre llamará | adre llamará, y le responderán las gentes: El Hijo será puesto | p la Cruz, y atraerá a sí todas las cosas: ahí está la promesa salvadora del iiunfo sobrenatural de la verdad sobre el error, del bien sobre el mal; pro- | mesa que será del todo cumplida al fin de los tiempos. Pater meus usque modo operatur: et ego operor sicut Pater...sic et Jfilius quos l vuli vivificat. (Joann., cap. V, versículos 17, 21). Expedit vobis ut ego vadam: si enim non abiero, Paraclitus non veniet ad vos: si autem abiero, mittam eum ad a | (Joann., cap. XVI, versículo Pe | Las lenguas de todos los doctores, las plumas de todos los sabios no bastarían para explicar todo lo que esas palabras contienen. En ellas se de- | clara la soberana virtud de la gracia, y la acción sobrenatural, invisible per- | mnanente, del Espíritu Santo. Ahí está el sobrenaturalismo católico cóñ su | infinita fecundidad y con sus maravillas inenarrables; ahí está explicado | sobre todo, el triunfo de la Cruz, que es el mayor y el más inconcebible dé todos los portentos. | En efecto; el cristianismo, humanamente hablando, debía sucumbir y era necesario que sucumbiera: debía sucumbir, lo primero, porque era E verdad; lo segundo, porque tenía en su apoyo testimonios elocuentísimos milagros portentosos y pruebas irrefragables. Jamás el género humano dejó de rebelarse y de protestar contra todas esas cosas separadas; y no era ES hable, ni creíble, ni imaginable siquiera, que dejara de lin y de - testar contra todas ellas juntas; y de hecho estalló en blasfemias, y en pro- lestas, y en rebeldías. Empero, el Justo subió a la Cruz por amor, y derramó su sangre por pmoz, y dio su vida por amor: y ese amor infinito y esa preciosísima sangre merecieron al mundo la venida del Espíritu Santo. Entonces todas las co-