SigPhi · Juan Donoso Cortés

Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851)

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las ideas individuales, la forma intelectual de la manera de ser y de sentir mo si enseñara, y enseña como sl estuviera naturalmente revestido para del hombre; y que el hombre pagano y el hombre católico dejaron de ser y nseñar de un magisterio eminente. Si por acaso habla de la Religión, su de sentir de la misma manera, siendo el uno el representante de la huma Pnguaje es solemne, ceremonioso y austero; a serle esto posible, se ve bien nidad prevaricadora y desheredada, y el otro el representante de la humas me iría hasta los términos de la reverencia: la parte que la concede en la nidad redimida. Las instituciones antiguas y las modernas no son la expre bra de la restauración social es grande, como conviene a la persona que sión de dos sociedades diferentes, sino porque son la expresión de dos di anda y a la institución que la recibe; nadie sabrá decir si la considera como ferentes humanidades. Por eso, cuando las sociedades católicas prevarican Fina y señora de las otras instituciones; lo que puede afirmarse es que en y caen, sucede que luego al punto el paganismo hace irrupción en ellas, illo caso es a sus ojos como una Reina amnistiada, que aun en el día de su que las ideas, las costumbres, las instituciones y las sociedades mismas tor ria conserva señales de su pasada servidumbre. nan aser paganas. La calidad eminente de M. Guizot está en ver bien todo lo que ve, y en Si hacéis abstracción por un momento de esta fuerza sobrenatural, in r todo lo visible, y en ver cada cosa de por sí y separadamente. La parte visible, con que el catolicismo ha ido transformando todo lo que es visible 'a de su entendimiento está en no ver de qué manera esas cosas visibles y natural lenta y calladamente, por medio de una operación misteriosa y heparadas forman entre sí un conjunto jerárquico y armonioso, animado secretísima, todo se obscurece a vuestros ojos; y lo natural y lo sobrenatu br una fuerza invisible. Se echa de ver más que en ninguna otra parte, así ral, lo visible y lo invisible, todo es tinieblas; todas vuestras explicaciones se Me gran defecto como aquella calidad eminente, en el libro que consagró convierten en hipótesis falsas, que nada explican, y que son además inex hacer una descripción cumplida de la civilización europea. M. Guizot ha plicables. to todo lo que hay en esa civilización tan compleja como fecunda; todo, 3. No hay espectáculo más triste de ver que el que presenta el hombre senos la civilización misma. El que busque los elementos múltiples y varia- de esclarecido ingenio cuando acomete la empresa imposible y absurda de bx que la componen, búsquelos en su libro, que allí están: el que busque explicar las cosas visibles por las visibles, las naturales por las naturales; lo poderosa unidad que la constituye, el principio de vida que circula libre- cual, como quiera que todas las cosas visibles y naturales, en cuanto natura- tente por los robustos miembros de ese cuerpo social sano y robusto, que les y visibles, son una misma cosa, viene a ser tan absurdo como explica liáque todas esas cosas en otra parte, porque en su libro no se encuenun hecho por el mismo hecho, una cosa por la cosa misma. En este gravísimo an.

66 JUAN DONOSO CORTÉS ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 67 M. Guizot ha visto bien todos los elementos visibles de la civilización, y Mmánica, ni romana, ni absolutista, ni feudal: se llamó y se llama la civiliza- todo lo que en ellos hay de visible; y aquellos que no contienen en sí cosa ción, católica. que no caiga debajo de la jurisdicción de los sentidos, han sido examina- “El catolicismo no es, pues, solamente, como M. Guizot supone, uno de dos por él cumplidamente. Había uno, empero, visible e invisible a un tiem- los varios elementos que entraron en la composición de aquella civilización po mismo. Ese elemento era la Iglesia. La Iglesia obraba sobre la sociedad admirable: es más que eso, aún mucho más que eso: es esa civilización mis- de una manera análoga a la de los otros elementos políticos y sociales, y ma. ¡Cosa singular! M. Guizot ve todo lo que ocupa un instante en el tiem- además de una manera exclusivamente propia. Considerada como una ins- po y un lugar circunscrito en el espacio, y no ve aquello que desborda los titución nacida del tiempo y localizada en el espacio, su influencia era visi- espacios y los tiempos; ve lo que está allí y lo que estámás allá, y no ve lo ble y limitada, como la de las otras instituciones localizadas en el espacio, que está en todas partes; en un cuerpo organizado y viviente no ve la vida hijas del tiempo. Considerada como una institución divina, tenía en sí una que está en los miembros, y ve los miembros que le componen.

inmensa fuerza sobrenatural; la cual no sujetándose ni a las leyes del tiem- | Haced por un momento abstracción de la virtud divina, de la fuerza po ni a las del espacio, obraba sobre todo, y en todas partes a la vez, calla- sobrenatural que está en la Iglesia, considerada como una institución hu- da, secretísima y sobrenaturalmente. Hasta tal punto es esto verdad, que mana que se dilata y extiende por medios puramente humanos y naturales, en la crítica confusión de todos los elementos sociales la Iglesia dio algo a y M. Guizot tiene razón contra vosotros; la influencia de su doctrina no pue- todos los demás de exclusivamente suyo, mientras que sólo ella, impene- dde salvar los límites naturales que la asigna con su razón soberana; la difi- trable a la confusión, conservó siempre su identidad absoluta. Al ponerse cultad, empero, quedará en pie, porque es un hecho evidente que los he en contacto con ella la sociedad romana, sin dejar de ser romana como an- anlvado. Entre la historia, que dice que los ha salvado, y la razón, que ensetes, fue algo que antes no había sido: fue católica. Los pueblos germánicos, ha que no los pudo salvar, hay una contradicción evidente; contradicción sin dejar de ser germánicos como antes, fueron algo que antes no habían que es necesario resolver en una fórmula superior y en una conciliación sido: fueron católicos. Las instituciones políticas y sociales, sin perder la na- Auprema, que ponga de acuerdo los hechos con los principios y la razón turaleza que les era propia, tomaron una naturaleza que les era extraña: la. con la Historia. Esa fórmula ha de estar fuera de la Historia y fuera de la naturaleza católica. Y el catolicismo no era una vana forma, porque no dio razón, fuera de lo natural y fuera de lo visible; y está en lo que hay de invi- a ninguna institución forma ninguna: era, por el contrario, algo de íntimo hible, de sobrenatural, de divino en la santa Iglesia católica. Ese algo divi- y de esencial, y por esto las dio a todas algo de profundo y de íntimo. El no, sobrenatural e impalpable es lo que la ha sujetado el mundo, lo que ha catolicismo dejaba las formas, y mudaba las esencias; y al mismo tiempo que Herribado a sus pies los obstáculos más invencibles, lo que la han avasallado dejaba en pie todas las formas y mudaba todas las esencias, conservaba ín= las inteligencias rebeldes y los corazones soberbios, lo que la ha levantado tegra su esencia, y recibía de la sociedad todas las formas. La Iglesia fue inbre las vicisitudes humanas, lo que ha asegurado su imperio sobre las tri- feudal, como el feudalismo fue católico. Pero la Iglesia no recibía el equi- bus de las gentes.

valente de lo que daba, como quiera que recibía algo que era puramente Ninguno que no tenga en cuenta su virtud sobrenatural y divina, com- exterior y que había de pasar como un accidente, mientras que daba algo arenderá jamás su influencia, ni sus victorias, ni sus tribulaciones; así como de interior y de íntimo, que había de permanecer como una esencia. iinguno que no lo comprenda, comprenderá jamás lo que hay de íntimo, Resulta de aquí que en el acervo común de la civilización europea, que le esencial y de profundo en la civilización europea. como todas las otras civilizaciones y más que las otras civilizaciones es uni- dad y variedad a un tiempo mismo, todos los otros elementos combinados y juntos la dieron lo que tiene de varia, mientras que la Iglesia por sí sola la dio lo que tiene de una; y dándola lo que tiene de una, la dio lo que tiene de esencial, la dio aquello de donde se toma lo que hay de más esencial en una institución: que es su nombre. La civilización europea no se llamó ger- LIBRO SEGUNDO Problemas y soluciones relativos al orden general CAPÍTULO PRIMERO ' DEL LIBRE ALBEDRÍO DEL HOMBRE SUMARIO. -1. Gravedad del problema del libre albedrío. -2. Su esencia con- siste en la facultad de elegir el bien. Dios es perfectamente libre y no pue- de pecar. Pero donde la libertad es imperfecta, como en el hombre, tiene la deficiencia de poder elegir el mal. -3. Síguese que el pecado es la escla- vitud, y la gracia el sostén de la libertad. Al que llega a ser perfectamente libre que pierda la triste facultad de pecar, 1. Fuera de la acción de Dios, no hay más que la acción del hombre; fiera de la Providencia divina, no hay más que la libertad humana. La com- hinación de esta libertad con aquella Providencia constituye la trama varia- da y rica de la historia.

El libre albedrío del hombre es la obra maestra de la creación, y el más portentoso, si fuera lícito hablar así, de los portentos divinos. A él se orde- ' La doctrina expuesta en este capítulo es la de Santo Tomás. Citemos algunos pasajes He la Sunma: «Tenemos libre albedrío con relación a las cosas que no queremos por necesi- Had o instinto de la naturaleza; pues no nace, por ejemplo, el deseo de la felicidad del libre albedrío, sino del apetito natural. Por esto los actos de los animales, que obran impulsados por el instinto, no pueden ser considerados como procedentes del libre albedrío. Dios quiere hecesariamente su bondad (suam bonitatem), es decir, la excelencia, la perfección de su ser; pero no quiere necesariamente las demás cosas, y cuanto a estas últimas, que no quiere nece- sarklamente, tiene libre albedrío.

cn UNIVERSIDAD NACIONAL DL COLOMBIA SEDE LO CECAS 2PTO. DE BIBLIOTE BIBLIOTECA “EFE” GÓMEZ 70 JUAN DONOSO CORTÉS nan todas las cosas invariablemente, de tal manera, que la creación sería inexplicable sin el hombre, y el hombre sería inexplicable no siendo libre. Su libertad es a un tiempo mismo su explicación y la explicación de todas las cosas. ¿Quién explicará, empero, esa libertad altísima, inviolable, san- ta?, tan santa, tan altísima y tan inviolable, que el mismo que se la dio no se la puede quitar *, y con la cual puede resistir y vencer al mismo que se la dio, con una resistencia invencible y con una tremenda victoria? ¿Quién explicará de qué manera, con esa victoria del hombre sobre Dios, queda Dios vencedor y el hombre queda vencido, y esto siendo la victoria del hom- bre una verdadera victoria, y el vencimiento de Dios un vencimiento verda- dero? *, ¿Qué victoria es esa, seguida necesariamente de la muerte del ven- »No es el libre albedrío, pura y simplemente considerado, el que excluye de Dios San Jerónimo, sino la libertad de determinarse al pecado y al mal.

»El mal y el pecado son contrarios a la bondad (perfección) divina, por la cual quiere Dios todas las cosas. Es, pues, manifiestamente imposible que Dios quiera el mal o el pecado; y, sin embargo, entre dos cosas contrarias, no se determina necesariamente por una u otra, sino que puede libremente elegir entre ambas y querer que una cosa sea o no sea, así como nosotros mismos podemos, sin pecar, sentarnos, por ejemplo, o no sentarnos. (I, q. XIX, 10).

»Hay seres cuyos actos no suponen ningún juicio, como sucede en la piedra que cae y en los seres irracionales; otros hay cuyos actos suponen un juicio, pero que no es libre; así cuando la oveja, viendo al lobo, juzga que debe huir, este juicio no es libre y no procede de una apreciación razonada de las cosas, sino del instinto natural. Lo mismo se diga acerca de todos los juicios de las bestias. También el hombre obra en virtud de sus juicios, y por su fa- cultad de conocer ve que debe proseguir o evitar tal cosa; pero este juicio no proviene en él de un instinto natural, sino de una apreciación razonada. Por esto es libre, y por esto puede obrar en contrarios sentidos. En efecto, la razón puede, en lo que es contingente, elegir en- tre cosas contrarias, según lo prueban los silogismos que la dialéctica estudia, y los medios de persuasión que la retórica prescribe. Es así que nuestras acciones particulares caen bajo el dominio de lo contingente, y por esto es libre cuanto a ellas el juicio de la razón, sin que haya nada que necesariamente le incline a ninguna de ellas; luego es del todo evidente que el hom- bre goza de libre albedrío, por lo mismo que está dotado de razón». (1, q. EXXXIIMI, 1).

Así, pues, Santo Tomás enseña: primero, que Dios tiene libre albedrío, el cual no consis- te en poder elegir el bien o el mal, porque Dios no puede querer lo malo; segundo, que todo ser dotado de razón tiene libre albedrío: Necesse est quod homo sit liberi arbitrii ex hoc ipso quod rationalis est; tercero, que el libre albedrío no es potencia distinta de la voluntad, como racio- cinar no se distingue de la inteligencia; la voluntad se determina libremente, así como la inte- ligencia raciocina.

* Santa, considerada en sí misma, es decir, como don, como facultad.

? Sin destruir la misma esencia del hombre.

* Este vencimiento de Dios, cuando quiere emplear sólo los medios de su providencia ordinaria, por desgracia es un hecho; cada día sucede que el pecador resiste invenciblemente INSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 71 cedor? Y ¿qué vencimiento es aquel que va a parar a la glorificación del vencido? ¿Qué significa el paraíso, galardón de mi vencimiento, y el infier- nó, pena de mi victoria? Si en mi vencimiento está mi galardón, ¿por qué desecho naturalmente lo que me salva? Y si mi condenación está en mi vic- Loria, ¿por qué apetezco naturalmente aquello mismo que me condena?

Cuestiones son éstas que ocuparon todos los entendimientos en los si- glos de los grandes doctores, y que miran hoy con desdén los petulantes sofistas que no tienen fuerza para levantar del suelo las formidables armas que esgrimieron fácil y humildemente aquellos doctores santos en las eda- des católicas. Hoy día parece inexcusable locura tantear humildemente y ayudados con su gracia los altos designios de Dios en sus profundos Miste- rios; como si el hombre pudiera saber alguna cosa sin entender algo de esos Misterios profundos y de esos altos designios. Todas las grandes cues- liones sobre Dios parecen hoy estériles y ociosas; como si, siendo. Dios in- leligencia y verdad, fuera posible ocuparse de Dios sin ganar en verdad y en inteligencia.

2. Viniendo a la tremenda cuestión que es asunto de este capítulo, y que procuraré encerrar en los límites más estrechos, diré que la noción que se tiene generalmente del libre albedrío es de todo punto falsa?. El libre a Dios. Si no tuviera el hombre esta espantosa potencia, no habría infierno para él, pues no se condena sino cuando opone a la gracia una resistencia invencible. Mas aun después del don de la libertad y sin perjuicio de este don, Dios puede vencer por su gracia y su bondad infinita la voluntad rebelde del hombre; lo puede y lo hace a menudo por medio de gracias de un orden tan elevado, que el hombre, libre de resistirlas, no las resiste de hecho, y así queda Dios infaliblemente triunfante, según decía, después de ver en sí una dichosa expe- riencia el Doctor de la gracia, San Agustín: De 1psis hominum voluntatibus, quod vult, cum vult, facil Deus, sine dubio habens humanorum cordium quo placet inclinandorum omnipotentissimam faculta- lem, (De Correptione et Gratia, cap. XIV, núm, 45). Dios puede vencer por su gracia, esto es cierto; y cuando quiere, puede emplear tales gracias que aun la voluntad más rebelde no puede resis- tirlas, ¿quién lo duda? Mas fuera de que éstas son gracias extraordinarias, y no puede por tanto aducirse lo que es excepción como prueba de la regla general, también es cierto que la pracia concedida por Dios a cada hombre es de suyo suficiente para obtener la salvación. Luego, 1 el hombre se pierde, él es quien tiene la culpa de oponer a la gracia una resistencia cuya malicia la hace inútil. Este y no otro es, pues, el sentido de la frase de Donoso.

” La Civiltá explica la frase de Donoso: «El Sr. DoNoso en todo este libro no se propone combatir a las escuelas católicas, sino a los liberales y socialistas, ninguno de los cuales segura- mente sospechará que en estas materias tiene ideas singularmente equivocadas. ¿Qué más? Pocas líneas antes de entrar en materia, lo primero que protesta el Sr. Donoso es que sigue a 72 JUAN DONOSO CORTE; JRAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 73 albedrío no consiste, como generalmente se cree, en la facultad de escoge ertad así definida hay, pues, contradicción radical, incompatibilidad ab- el bien y el mal, que le solicitan con dos contrarias solicitaciones. Si el libre uta. Y como quiera que sea absurdo suponer, por una parte, que Dios albedrío consistiera en esa facultad, habían de seguirse de ello forzosamente li puede ser libre siendo Dios, y que no puede ser Dios siendo libre; y por las siguientes consecuencias, una relativa al hombre y otra relativa a Dios, ira, que el hombre no puede alcanzar su perfección sin renunciar a su que son evidentemente absurdas. La relativa al hombre consiste en que se ibertad ni ser libre sin renunciar a ser perfecto, síguese de aquí que la no- ría menos libre cuanto fuera más perfecto, como quiera que no puede cre ton de la libertad que vamos explicando es de todo punto falsa, contradic- cer en perfección sin sujetarse al imperio de lo que le solicita al bien, y nc ria y absurda.

puede sujetarse al imperio del bien sin substraerse al imperio del mal, El error que voy combatiendo consiste en suponer que la libertad está substrayéndose del uno en el mismo grado en que se sujeta al otro; lo cual, la facultad de escoger el mal *, cuando no está sino en la facultad de alterando más o menos, según el grado de su perfección, el equilibrio en uerer, la cual supone la facultad de entender. Todo ser dotado de enten- tre esas dos solicitaciones contrarias; viene a disminuir su libertad, es decir, imiento y de voluntad es libre; y su libertad no es una cosa distinta de su su facultad de escoger, en el mismo grado en que se altera ese equilibrio. Wluntad y de su entendimiento; es su mismo entendimiento y su misma Consistiendo la suma perfección en el aniquilamiento de una de esas dos: voluntad juntos en uno. Cuando se afirma de un ser que tiene entendimien- contrarias solicitaciones, y suponiendo la libertad perfecta la facultad ente- ly y voluntad, y de otro que es libre, se afirma de ambos una misma cosa, ra de escoger entre esas solicitaciones contrarias, es claro que entre la per xpresada de dos maneras diferentes.

fección y la libertad del hombre hay contradicción patente, incompatibili- Si la libertad consiste en la facultad de entender y de querer, la liber- dad absoluta. Lo absurdo de esta consecuencia está en que, siendo el hom- tad perfecta consistirá en entender y querer perfectamente; y como sólo bre libre y debiendo ser perfecto, no puede conservar su libertad sino re- Dios entiende y quiere con toda perfección, se sigue de aquí, por una ila- nunciando a su perfección, ni puede ser perfecto sin renunciar a ser libre. Hión forzosa, que sólo Dios es perfectamente libre.

La consecuencia relativa a Dios consiste en que, no habiendo en Dios Si la libertad está en entender y en querer, el hombre es libre, porque solicitaciones contrarias, carece de todo punto de libertad, si la libertad con- entá dotado de voluntad y de inteligencia; pero no es perfectamente libre, siste en la facultad entera de escoger entre contrarias solicitaciones. Para Fomo quiera que no está dotado de un entendimiento infinito y perfecto, que Dios fuera libre, era necesario que pudiera escoger entre el bien y el y de una voluntad perfecta e infinita. mal, entre la santidad y el pecado. Entre la naturaleza de Dios y la de la La imperfección de su entendimiento está, por una parte, en que no pntiende cuanto hay que entender; y por otra, en que está sujeto al error. Li imperfección de su voluntad está, por una parte, en que no quiere cuanto he debe querer, y por otra, en que puede ser solicitada y vencida por el mal. Merisstenoeeflleas, tan ignorados o tan olvidados por sus adversarios. «Cuestiones -dice- pe donde ae e es la imperfección de su libertad CONSISiS Gal la facultad son éstas que ocuparon todos los entendimientos en los siglos de los grandes doctores, y que que tiene de seguir el mal y de abrazar el error; es decir, que la imperfec- miran hoy con desdén los petulantes sofistas que no tienen fuerza para levantar del suelo las ción de la libertad humana consiste cabalmente en aquella facultad de esformidables armas que Srs fácil y nd merci e po en las eda- toger (entre el bien y el mal) en que consiste, según la opinión vulgar, E. 51i 'erdad que el Sr. Donoso pone todavía más de manifiesto al combatir, en pos a pai, MERA E. perfección absoluta ”.

de este error, aquel otro consistente en la manera con que algunos confunden la noción de la libertad con la de una independencia absoluta: confusión que por cierto no existe en el cam- po de las escuelas ortodoxas, siendo por consiguiente necesario, si se ha de obrar de buena fe, examinar la clase de adversarios contra quienes argumenta el Sr. Donoso. Añádase a esto que no andaría seguramente muy errado el que afirmase que son muy raros los católicos no " De todo lo que precede y de todo lo que sigue, resulta manifiestamente, según lo nota eruditos en escolástica que no consideren también como esencial de la libertad la facultad de la Ciuiltá Cattolica, que el Sk. Donoso no habla aquí de la facultad de escoger en general, sino de escoger entre el bien y el mal, confundiendo de este modo un hecho universal del hombre la facultad de escoger entre solicitaciones contrarias, como el bien y el mal, la santidad y el pecado. durante la vida terrena con los requisitos esenciales de una perfección que conviene a todos ' Para combatir el error que hace consistir la libertad en la facultad de escoger entre el los seres inteligentes». bien y el mal, Donoso prueba que de este error se siguen dos consecuencias, «que son evidente- 74 Cuando el hombre salió de las manos de Dios, entendía el bien; y por- que le entendía, le quería; y porque le quería, le ejecutaba; y ejecutando el: bien, que quería con su voluntad y que entendía con su entendimiento, era libre. Que éste es el significado cristiano de la libertad, se ve claro por las siguientes palabras evangélicas: Cognoscetis veritatem, et veritas liberabit vos (Joann., VI, 32). Entre su libertad y la de Dios no había, pues, otra dife- rencia sino la que hay entre una cosa que puede menoscabarse y perderse y Otra que ni puede perderse ni padecer menoscabo; entre una cosa que por su naturaleza es limitada y otra que por su naturaleza es infinita. Cuando la mujer puso a la voz del ángel caído un oído atento y curio- so, luego al punto su entendimiento comenzó a obscurecerse, su voluntad a enflaquecer: apartada de Dios, que era su apoyo, padeció un súbito des- fallecimiento. En aquel instante mismo su libertad, que no era una cosa diferente de su voluntad y de su entendimiento, quedó enferma. Cuando pasó de la culpable contemplación al acto culpable, su entendimiento pa- deció una grande obscuridad, su voluntad un profundo desmayo, la mujer arrastró al hombre desfallecido, y la libertad humana cayó en tristísima fla- queza.

3. Confundiendo la noción de la libertad con la de una independencia soberana, preguntan algunos por qué se dice que el hombre fue esclavo cuando cayó bajo la jurisdicción del demonio, al mismo tiempo que se afir- ma que era libre cuando estaba puesto absolutamente en la mano de Dios. A lo cual se responde que no se puede afirmar del hombre que es esclavo sólo porque no se pertenece a sí propio, en cuyo caso sería esclavo siem- pre, como quiera que no se pertenece nunca a sí mismo de una manera independiente y soberana; afírmase de él que es esclavo solamente cuando cae en manos de un usurpador, como se afirma de él que es libre cuando no obedece sino a su legítimo dueño. No hay otra esclavitud sino aquella en que cae el que se sujeta a un tirano, ni más tirano que el que ejerce una mente absurdas»: primera, que el hombre sería menos libre según fuese más perfecto; segun- da, que Dios no sería libre, pues no puede querer lo malo. En otros términos lo que dice el señor Donoso es lo siguiente: «Dios no puede querer el mal; todo el mundo lo confiesa y, sin embargo, todo el mundo reconoce que Dios es libre». Luego el libre albedrío no consiste en la facultad de escoger entre el bien y el mal, como generalmente creen los que ignoran, des- conocen o combaten los dogmas católicos.

JUAN DONOSO CORTÉS FMSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 75 botestad usurpada, ni otra libertad sino la que consiste en la obediencia untaria a las potestades legítimas. Otros no alcanzan a comprender de qué manera la gracia, por la cual fuimos puestos en libertad * y rescatados, ke aviene con esa misma libertad y rescate, pareciéndoles que, en esa ope- Fición misteriosa, Dios solo obra y el hombre padece; en lo cual van de todo punto errados, como quiera que en este gran Misterio concurren Dios y el hombre, obrando el primero y cooperando el segundo. Y aun por esta Haizón no suele dar Dios por punto general, sino la gracia que es suficiente pura mover la voluntad con blandura. Temeroso de oprimirla, se contenta con llamarla hacia sí con suavísimos reclamos. El hombre, por su parte, cuan- lo acude al reclamo de la gracia, acude con incomparable suavidad y com- placencia; y cuando la voluntad suavísima del hombre, que se complace en el llamamiento, se junta en uno con la voluntad suavísima de Dios, que lla- imándole se complace y que complaciéndose le llama, entonces sucede que, ile suficiente que era la gracia, se torna en eficaz por el concurso de estas dos suavísimas voluntades. Por lo que hace a aquellos que no conciben la libertad sino en la au- hencia de toda solicitación que mueva a la voluntad del hombre, sólo diré (que caen sin advertirlo en uno de estos dos grandes absurdos: en el que hipone que puede moverse sin ninguna especie de motivo un ser razonable, o en el que consiste en suponer que un ser, que no es razonable, pue- ile ser libre. Si lo dicho anteriormente es cierto, la facultad de escoger el mal otor- ada al hombre, lejos de ser la condición necesaria, es el peligro de la li- hertad, puesto que en ella está la posibilidad de apartarse del bien y de caer en el error, de renunciar a la obediencia debida a Dios y de caer en manos tlel tirano. Todos los esfuerzos del hombre deben dirigirse a dejar en ocio esa facultad, ayudado de la gracia, hasta perderla, del todo, si esto fuera * Es decir, la gracia por la cual fuimos libertados de la servidumbre, restaurando el libre albedrío. Advertimos esto para que no se tome la expresión del autor en el sentido estricto y violento que sería necesario para atribuirle la opinión de que antes de la Redención se halla- bin extinguido en nosotros de todo punto el libre albedrío; proposición errónea y muy distan- te, como ya otra vez hemos observado, del modo de pensar eminentemente católico del au- lor, bien claramente manifestado en muchos pasajes de esta obra, donde se dice que la liber- lid humana, por el pecado, enfermó, enflaqueció, cayó en el más deplorable estado de fragili- Had, y otras frases semejantes; pero de ningún modo que quedó muerta y extinguida.

76 JUAN DONOSO COR' posible, con el perpetuo desuso. Sólo el que la pierde entiende el bien, qu re el bien y le ejecuta; y sólo el que esto hace es perfectamente libre, y sé el que es libre es perfecto, y sólo el que es perfecto es dichoso; por € ningún dichoso la tiene; ni Dios, ni sus santos, ni los coros de sus ángeles CAPÍTULO SEGUNDO SE DA RESPUESTA A ALGUNAS OBJECIONES RELATIVAS A ESTE GOGMA SUMARIO. -1. ¿Cómo fue Dios bueno al conceder al hombre la facultad de pecar? -2. Respuesta general. La razón humana no debe emplazar orgullosamente a Dios, sino adorarle con humildad. Bueno es con todo indagar lo que Dios por la fe nos comunica. -3. Viniendo a la dificultad, es de saber que los misterios divinos, sin dejar de ser impenetrables, derra- man luz sobre la creación. Misteriosa es la facultad de pecar; pero negarla equivaldría a colocar al hombre a la altura de Dios. Sólo Él es soberanamente libre, y por eso impecable. Las criaturas, aunque puedan unirse a Dios por el buen uso de su libertad, pueden separarse de Él por el abuso. Libertad más perfecta del ángel, circunscrita a su momento pa- voroso, seguido de un fallo instantáneo: más fluctuante en el hombre. In- finita sabiduría que gobierna al ángel y al hombre. -4. ¿No valía más no haber nacido que poder perdernos? Respuesta. El hombre, por ser hom- bre, es capaz de perderse. ¿Por qué no lo salva Dios, a pesar de todo? Por- que la facultad de perderse no sería tal si el hombre necesariamente hubiera de salvarse. En tal hipótesis sería innecesario el tiempo de prueba: no ten- drían razón de ser ni la vida presente ni las cosas creadas para el uso de esta vida. -5. Nueva respuesta. No conviene a los atributos divinos salvar al ángel y al hombre sino como recompensa de sus merecimientos. -6. El in- fierno es consecuencia lógica de la pecabilidad de la criatura y de la justicia de Dios, tan lógica como la existencia del cielo.

” Si Donoso quiere que el hombre procure con todas sus fuerzas reprimir la facultad de pecar, y aun perderla del todo, está convencido también de que esto es imposible, y que el hom- bre no lo llegará a conseguir en esta vida. Todos los esfuerzos del hombre -dice- deben dirigirse a dejar en ocio esa facultad, ayudado de la gracia, hasta perderla del todo, si esto fuera posible, con el 1. Si la facultad de escoger el 1! 10 Eomprroja la B A MA perpetuo desuso. peligro del libre albedrío del hombre; si en aquella facultad tuvo principio 78 JUAN| DONOSO CORTÉS