su prevaricación y origen su caída, y si en ella está el a del pecado, de la condenación y de la muerte, ¿cómo se compadece cón la infinita bon- dad del Dios infinito ese funestísimo don que viene henchido de desventuras y preñado de catástrofes? ¿Cómo llamaré a la mano que me lo y ¿Misericordiosa o airada? Si es una mano airada, ¿por bien dio la vida; ¿Por qué me la acompañó con carga tan grave, si es misericordiosa? ¿La llamaré justa o solo fuerte? Si es justa, ¿qué había hecho yo antes de sen para ser asunto de sus rigores? Y si es sólo fuerte, ¿qué hace 038 1 pisa y no me quiebra? Si pequé por el uso del don que recibí, ¿quién es el autos de mi pecado? Si llego a condenarme por el pecado a que me incliné por la inclinación que me fue dada, ¿quién es el autor de mi condenación y de mi infierno? Ser misterioso y tremendo, a quien no sé si bendecir o detes- tar, ¿caeré derribado a tus pies como tu siervo Job, y te enviaré hasta ren- dirte, acompañándolas con mis acerbos sollozos, mis encendidas plegarias; o pondré monte sobre monte, Pelión sobre Osa, volviendo a emprender contra ti la guerra de los Titanes? Esfinge misteriosa, ni sé cómo aplacarte, ni sé como vencerte; no sé si echar por el camino de tus enemigos o por el camino de tus siervos. Ni sé aún cómo te llamas. Si, como dicen, eres om- nisciente, dime, por lo menos, en cuál de tus libros sellados tienes escrito tu nombre, para saber cómo he de llamarte; porque tus nombres son tan contradictorios como Tú mismo. Los que se salvan, te llaman Dios; los que se condenan, tirano.
9. Así habla, vueltos los ojos encendidos hacia Dios, el genio del orgu- llo y de las blasfemias. Por una demencia inconcebible y por una aberra- ción inexplicable, el hombre, hechura de Dios, cita ante su tribunal al mis- mo Dios, que le da el tribunal en que se asienta, la razón con que le ha de juzgar, y hasta la voz con que le llama. Y las blasfemias llaman a otras blas- femias, como el abismo a otro abismo; la blasfemia que le emplaza, va a parar a la blasfemia que le condena, o la blasfemia que le absuelve. Albsuélvale o condénele, el hombre que en vez de adorarle le juzga, es blas- femo. ¡Desdichados/los soberbios que le emplazan, y bienaventurados los humildes que le adoran, porque El vendrá a los unos y a los otros: a los unos, como emplazado, en el día del emplazamiento; a los otros, como ado- rado, en el día de las adoraciones; a ninguno que le llame dejará nunca de responder; a los unos, empero, responderá con sus iras, a los otros con sus misericordias! Y no se diga que con esta doctrina se va a parar a un absurdo, como quiera que se va a parar a la negación de toda competencia por parte de la razón humana para entender en las cosas de Dios, y por aquí a la condena- FNSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 49 filón implícita de los teólogos y de los santos doctores, y hasta de la misma Iglesia, que de ellas trataron y entendieron largamente en las edades pasa- das. Lo que por esta doctrina se condena, es la competencia de la razón no ilumbrada de la fe para entender en las cosas que son materia de la revela- ción y de la fe, por ser sobrenaturales. Cuando la razón entiende en aque- llas cosas sin aquella ayuda, trata de Dios y con Dios en calidad de Juez su- premo, que no consiente ni alzada ni recurso contra sus fallos inapelables: en esta suposición, ahora sea condenatorio, ahora absolutorio, su fallo es tina blasfemia; y lo es, no tanto por lo que en él se afirma o se niega de lios, como por lo que la razón humana afirma de sí en él implícitamente; tomo quiera que, así en la condenación como en la absolución, afirma siem- pre de sí una misma cosa: su propia independencia y su propia soberanía. Cuando la Iglesia santísima afirma o niega alguna cosa de Dios, no hace otra cosa sino afirmar o negar de Dios lo que a Dios mismo le oye. Cuando los teólogos eminentes y los doctores santos entran con su razón en el abis- mo obscuro de las divinas excelencias, no entran nunca en él sin un secretísimo terror, y sin que la fe les vaya abriendo camino. No se propo- nen sorprender en Dios secretos y maravillas ignoradas de la fe, sino sólo juntar la lumbre de la razón con su lumbre, para ver por otro lado las mis- mas maravillas y secretos; no van a ver en Dios cosas nuevas, sino a ver en l'l las mismas cosas de dos maneras diferentes; y estas dos diferentes mane- ras de conocerle vienen a ser dos maneras diferentes de adorarle.
3. Porque es de saber que no hay misterio ninguno, entre los que nos enseña la fe y la Iglesia nos propone, que no reúna en sí, por una admira- ble disposición de Dios, dos calidades que suelen andar reñidas: la obscuri- dad y la evidencia. Los Misterios católicos vienen a ser a manera de cuer- pos a un tiempo mismo luminosos y opacos, y que de tal manera lo son, (que sus sombras no pueden ser esclarecidas nunca por su luz, ni su luz obscurecida por sus sombras, siendo perpetuamente obscuros y perpetua- mente luminosos. Al mismo tiempo que derraman su luz por la creación, fuardan para sí sus sombras; lo esclarecen todo, y no pueden ser por nada esclarecidos. Todo lo penetran, y son impenetrables. Parece cosa absurda concederlos, y es mayor absurdo negarlos: para el que los concede, no hay otra obscuridad sino la suya; para el que los niega, el día se le vuelve no- che, y para sus ojos privados de luz, la obscuridad está en todas partes. Y, sin embargo, los hombres -¡tan grande es su ceguedad!- prefieren negarlos 1 concederlos; la luz les es cosa intolerable, si por ventura les viene de una región sombría; y en el despecho de su gigantesco orgullo condenan sus ojos a eterna obscuridad, teniendo por desventura mayor las sombras que A A JUAN DON SO COR ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 81 hier erer el bi tiend luntad perfecta. La ¡ un solo Misterio, que las que se dilatan por tódos los ho A ES SS AA ON ESISAnE, B0l SA AI e a ñÑe concentran en / jerfección absoluta de todos los otros seres inteligentes y libres está en no pa salir de los altísimos misterios que son asunto de este capítulo, será E ep y en F o el bien, be tal E que q ña ue fácil demostrar cuanto venimos afirmando. ¿Ignoráis el por qué de ese don pl mal y querer el mal que Pa e su ci pais de dE gis rela- E do de escoger entre el bien y el mal, entre la santidad y el pecado, iva esta en esa rs 1mper ao absoluta, a la cual se debe, por una .- vida yla miente? Pues aregadio-parma solo momento, y en ese mo? purte, que sean diferentes de Dios por naturaleza; y por otra, que puedan entre la; juntarse con Dios, que es su fin, por un esfuerzo de su propia voluntad, éls 1 do punto la creación angélica y la crea- | mento mismo hacéis imposible de todo p g Mato detagacie.
ción humana. Si en esa facultad de escoger está la imperfección de la libertad. auitada esa facultad, la libertad es perfecta; y la libertad perfecta es el | Estando los seres inteligentes y libres ordenados en jerarquías, de E Ms QUIIaca.es qu Itánea de la voluntad y del entendimiento. Manera son imperfectos, que lo son jerárquicamente. Se parecen entre sí resultado dela perinación O Dios: si la ponéis también en la criatura) Én que son imperfectos todos; se distinguen entre sí en que lo son en dife- Esa cr a ea had ha Dios o nada si Dlos de ey rentes grados, ya que no de diferente manera. El ángel no se diferencia del Dios y la criatura son:; > sera vais a dar al panteísmo, o al ateísmo, que son tuna misma Cosa, ex- 4 ombre sino en La la ón si p e dos es mayor en el hom- E. da de dos maneras diferentes. La imperfección es una cosa tan natu pre y menor en el angel, como convenía al diferente puesto que ocupan presa pi; nada Ml A Én la inmensa escala de los seres. Salieron de la mano de Dios el uno y el de mes. E peñas io re e bd q nd O pe | tro con la facultad de entender y de querer el mal, y con la de ejecutar el A eva Dig no re pe afirmar qe no existe; afirmar que la nal que entendían: en esto está su semejanza; empero en la naturaleza an- KE 1. A ss E ió S h a o. OBRA, es afirmar que no existe la criatura: de donde resulta q hisa di oi duró un momento, mientras que en la humana 0 seais ji: | > contraria a la razón humana; dura siempre: en esto está su diferencia. Hubo para el ángel un momento que, si el Misterio es superior, des RA O dei site 1 pavoroso, solemnísimo, en que le fue dado escoger entre el bien y el mal, dejando el uno por la otra, An AEJanO a e e A E een.. En aquel instante tremendo las falanges angélicas se dividieron entre sí: de Así como todo Pe ete la temita el a El cata) plas unas se inclinaron ante el acatamiento divino, otras se alzaron en tu- nalista, ps es lios Le ss 1d co perfecto; y de los seres creas multo y se declararon rebeldes. A esta resolución suprema e instantánea licismo afirma iguió un fallo instantáneo y supremo: los ángeles rebeldes fueron conde- 1Ó 1 rfectos con una: |: 38 n una perfección relativa, e impe dos, que son perfectos co | ec 10OnN absoluta y son pe ] 3 e ma 28 > ) ] s a ] a rfectos e imperfectos por tan excelent. n € Í:. ? e constituye su perfección relativa, con la cual cumplen perfecta- por Jl e no cra, como e, un espiritu pur O, recibió una libertad mas flaca y mente sus diferentes encargos, y forman todos juntos la perfecta e del universo. La perfección absoluta de Dios esta, desde nuestro punto 8 vista, en ser soberanamente libre, es decir, en entender perfectamente e * «La naturaleza angélica -dice Santo Tomás- es tal, que no adquiere su perfección pro- pia lenta y progresivamente, sino la recibe en el primer instante de su existencia; y el mereci- iento de los ángeles los conduce a la gloria, del mismo modo que se perfecciona su natura- leza; es decir, alcanzaron la bienaventuranza en cuanto la hubieron merecido. Pero no sólo el ángel, sino aun el hombre mismo puede merecerla con un solo acto, pues, en efecto, el hom- me la merece con todo acto informado por la caridad. Los ángeles han sido bienaventurados Hesde su primer acto informado por la caridad». (L, q. 62, 5).
«Así como los ángeles buenos -dice Suárez- recibieron la recompensa en el momento de merecerla, así los malos fueron castigados en el momento que cometieron la culpa». (Trat. de Angelis, lib. VII, cap. Il, n. 10).
Si la criatura no puede ser impecable sino por gracia, síguese y api NS hi podido crear ninguna naturaleza inteligente que peso impecable de E Sl e he y pa ma verdad incuestionable, y hay que repetir E Aa pa pu as ne or ento hacéis imposible de todo punto la creación angélica y la humana, sólo 10s.eS o j ¿ 4 / lesa: una criatura impecable por naturaleza sería Dios, o lo que es igual, no sería q los no puede hacer que una cosa sea y no sea al mismo tiempo; luego semejante del todo imposible.
ps N Y N 82 JUAN DONOSO CORTÉS ¿NSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 83 ti de pedir, el mismo Dios que le ha de otorgar su demanda. El hombre lo supo ni lo que había de pedir ni cómo había de pedirlo, hasta que el mismó Dios, venido al mundo y hecho hombre, le enseñó el Padrenuestro pura que lo tomase, como un niño, de memoria.
¿Qué quiere decir el hombre cuando dice: -¿No me valiera más no ha- ber nacidor- ¿Existía, por ventura, antes de existir? ¿Y qué significa su pre- funta si antes de existir no existía? El hombre puede formarse alguna idea le todo lo que excede su razón; por eso se forma alguna idea de todos los Misterios; sólo de lo que no existe, no puede formarse idea ninguna; por lo no se forma idea ninguna de la nada. El que se suicida, no quiere dejar le ser, quiere dejar de padecer siendo de otra manera. El hombre, pues, o expresa idea ninguna cuando dice: -¿Por qué soy? *- sólo puede expre- hr una idea preguntando: -¿Por qué soy lo que soy?- esta pregunta se re- lelve en esta otra: -¿Por qué soy con la facultad de perderme?-. la cual es hsurda por cualquier lado que se la mire. En efecto; si toda criatura, en el techo mismo de serlo, es imperfecta, y si la facultad de perderse constitu- e la imperfección especial de los hombres, el que esa pregunta hace, vie- le a preguntar por qué el hombre es una criatura, o lo que es lo mismo, hor qué la criatura no es el Criador, por qué el hombre no es el Dios que “1ió al hombre. Quod absurdum?.
Y si no es esto lo que se quiere decir, si lo que únicamente se dice con hi pregunta es: -¿Por qué no me salvas a pesar de mi facultad de perder- he?- el absurdo está más claro todavía; porque ¿qué significa la facultad de lerderse, dada al que no ha de perderse nunca? Si el hombre hubiera de alvarse de todas maneras, ¿cuál sería el objeto final de la vida en el tiem- ? ¿Por qué no comienza y se perpetúa en el paraíso? La razón no puede más imperfecta, y su imperfección había de durar en él tanto como su 1d Aquí es donde resplandece con su infinito resplandor la inenarrable belle za de los designios divinos. Dios vio antes de todo principio cuán bellas y convenientes eran las jerarquías, y estableció las jerarquías entre los seres inteligentes y libres. Vio, por otro lado, eternamente cuán conveniente y bella era en el Criador cierta manera de igualdad para con todas sus criatu ras; y fue tal el soberano artificio, que juntó en uno la belleza de la igual. dad con la belleza de la jerarquía. Para que la jerarquía pudiera existir, hizo! desiguales sus dones; y para que la ley de la igualdad se cumpliera, exigió más al que dio más, y menos al que dio menos; de tal manera, que el má aventajado en los dones, fuera más estrechado en las cuentas, y el menos estrechado en las cuentas, menos aventajado en los dones. Porque la nativa excelencia del ángel fue mayor, su caída fue sin esperanza y sin remedio, su castigo instantáneo, su condenación eterna; porque la nativa excelencia del hombre fue menor, no cayó sino para ser levantado, no prevaricó sino para ser redimido. El fallo que le alcanza no será inapelable, ni su conde: nación irredimible, sino en aquel instante, conocido sólo de Dios, en que la prevaricación angélica y la humana pesen con un peso igual en la bala za divina, llegando a ser la una por la repetición lo que la otra por la gran: deza. De esta manera el hombre no podrá decir a Dios: -¿Por qué me hicis te hombre y no ángel? -Ni el ángel: -¿Por qué no me hiciste hombre? Señor, ¿quién no se espanta con el espectáculo de tu justicia? ¿Qué gran: deza hay igual a la grandeza de tu misericordia? ¿Qué balanza hay en s fiel, como la que Tú tienes en la mano? ¿Qué vara hay tan derecha como la vara con que mides? ¿Qué matemático conoce, como Tú, los números y sus misteriosas armonías? ¡Cuán bien hechos están todos los prodigios que hi ciste! ¡Cuán bien asentadas las cosas que asentaste, y cuán armónicamente bellas después de bien asentadas! Abre, Señor, mi entendimiento para que entienda algo de lo que te propones en tus eternos designios, algo de lo que eternamente entiendes, y algo de lo que eternamente ejecuta; porque ¿qué sabe quien no te sabe a ti? Y quien a ti te sabe, ¿que ignora? 4. Si el hombre no puede decir a Dios:-¿por qué no me hiciste ángel? Ni ¿por qué no me hiciste perfecto?, -no podrá decirle a lo menos: -Señor, ¿no me valiera más no haber nacido? ¿Por qué me hiciste lo que soy? Si Tú me hubieras consultado, no hubiera recibido la vida con la facultad de pe derla; el infierno me aterra más que nada. | El hombre no sabe de por sí sino blasfemar; cuando pregunta blasfe ma, si el mismo Dios, que le ha de dar la respuesta, no le enseña la pregun ta; cuando pide algo blasfema, sino le enseña lo que ha de pedir y cómo lo * Pues es lo mismo que decir: «¿No hubiera sido mejor que yo no fuese?», frase que en lor no quiere decir nada.
- * Preguntando Bossuet en sus Elevaciones sobre los Misterios, cómo en una criatura tan per- la como el ángel ha podido caber iniquidad, da la misma respuesta: «El ángel -dice- es cria- ira, el ángel no es Dios. ¿Cómo se ha podido, hallar (la iniquidad) en el ángel? ¿Por dónde A podido penetrar el error en su inteligencia? ¿Cómo han podido las sombras del error obs- recer tanta claridad? ¿Cómo han podido la iniquidad y la depravación frustrar tantas gra- laa? En verdad que todo cuanto de la nada sale, conserva siempre algo de ella...Santificados atabais, pero no erais santos como Dios, una de vuestras perfecciones consistía en gozar de he albedrío; pero no como el de Dios, cuya voluntad es su regla y cuyo libre albedrío es lelectible».
q ls q 34 JUAN DONOSO CQJ ) NOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 85 concebir que la salvación sea a un tiempo mismo necesaria y futura, CO! hu bondad, y su bondad como su misericordia, como quiera que si es quiera que lo futuro no va sino con lo contingente, y que por su natural limente justo, e infinitamente bueno e infinitamente misericordioso, misma es presente lo que por su naturaleza misma es necesario. lmable también infinitamente. De donde se sigue que no es posible * Si el hombre debió pasar sin transición a la eternidad de la nadh lr a Dios, sin blasfemia ni una bondad, ni una misericordia, ni una vivir, desde el momento que vivió, vida gloriosa, queda suprimido el tit la, que no tenga sus fundamentos en la soberana razón, la cual sola- po y el espacio y la creación entera hecha para el hombre, que es su Rey ie hace que la bondad sea verdadera bondad, y la misericordia ver- su Reino no había de ser de este mundo, ¿para qué este mundo? Si no | Bra misericordia, y la justicia, justicia verdadera. bía de ser temporal, ¿para qué el tiempo? Si no había de ser local, ¿pi Liu bondad que no es razonable, es flaqueza; la misericordia que no es qué el espacio? Y sin el tiempo y el espacio, ¿para qué las cosas creadas imable, es debilidad; la justicia que no es razonable, es venganza, y Dios el espacio y en el tiempo? Por donde se ve que, en la suposición que vam Meno, misericordioso y justo; no es débil, ni vengativo, ni flaco. Esto admitiendo, el absurdo que consiste en la contradicción que hay entre. liesto, ¿qué es lo que se intenta cuando se le pide en nombre de su infini- necesidad de salvarse y la facultad de perderse, va a parar al absurdo qu ndad la salvación anterior a todo merecimiento? ¿Quién no ve aquí consiste en suprimir de un golpe el tiempo y el espacio; el cual lleva con ko que se le pide, es una sinrazón, puesto que lo que se le pide, es una go el que consiste en la supresión lógica de todas las cosas creadas, conf ón sin su motivo y un efecto sin su causa? ¡Contradicción singular! El hombre, para el hombre y a causa del hombre. El hombre no puede pont imbre pide a Dios en nombre de su infinita bondad aquello mismo que una idea humana en lugar de otra divina, sin que luego al punto el edifici ndena diariamente en el hombre en nombre de su razón limitada: y lla- entero de la creación venga abajo, sepultándose a sí mismo en sus gigar a en el cielo obra misericordiosa y justa aquello mismo que llama diaria- tescos escombros. Ente en la tierra capricho de mujer nerviosa o extravagancia de tiranos.
Mirando esta cuestión por otro lado, puede afirmarse que al pedir « 6. Por lo que hace al infierno, su existencia es de todo punto necesaria hombre el derecho absoluto de salvarse sin perder la facultad de perderse ira que sea posible aquel perfecto equilibrio que Dios ha puesto en todas pide, si cabe, un absurdo mayor que cuando puso pleito a Dios porque lk cosas, porque está de una manera substancial en sus divinas perfeccio- dio la facultad de perderse; como quiera que si en este último litigio plel ", El infierno, considerado como pena, está, con la gloria considerada teaba por ser Dios, en aquél pleitea por tener los privilegios de la divinidad amo galardón, en un perfecto equilibrio; sólo la facultad de perderse pue- siendo hombre. * formar en el hombre un equilibrio con la facultad de salvarse; y para 5. Por último, si se considera atentamente este gravísimo negocio, se e la justicia y la misericordia de Dios fueran igualmente infinitas, era ne- ve claro que no pudo convenir a las divinas excelencias salvar al ángel ni al Prario que existieran simultáneamente, como término de la primera el inhombre sin anterior merecimiento?. Todo en Dios es razonable; su justicia ” La cuestión de la posibilidad de salvarse, y por consiguiente de ser impecable una cria- tura, sin anteriores méritos, no es la misma que la de si es posible una criatura impecable por naturaleza. Aunque la razón no concibe una criatura que siendo impecable por sí misma sea, por ende, perfecta, lo que equivale a que sería Dios, o en otros términos, sería y no sería criatura; puede muy bien concebir un ser inteligente que tenga por naturaleza la facultad de pecar; pero a quien Dios por gracia conceda la impecabilidad en el momento de crearle. He aquí por qué Donoso ha tratado separadamente ambas cuestiones, y las ha resuelto de una manera diferente, aunque no contraria. A la primera, cuya solución está en considerar aten- tamente sus dos términos, criador y criatura, responde que la creación de un ser impecable es del todo imposible; a la segunda, cuya solución se ha de buscar en las ideas imperfectas que tehemos de la justicia y de la sabiduría de Dios, responde sencillamente que la salvación ante- Hor a todo merecimiento la recompensa anterior a todo combate, no pudo convenir a las divi- has excelencias. Después muestra con argumentos irrefutables que si Dios hubiese realizado esta hipótesis, se habría cambiado todo el plan del mundo, y la creación, tal como Dios la hizo, no lendría razón de ser. De donde resulta que si se trata de salvación anterior a todo mereci- iniento en un mundo imaginario y completamente diverso del que existe, la cuestión no tie- he para nosotros ningún interés, y no debe, por tanto, ocupar un solo momento a un hom- bre de sano juicio. Pero si se trata del mundo real, como quiera que la salvación anterior a todo mérito es incompatible con el orden y las leyes de este mundo, constituye una verdadera imposibilidad.
S6 JUAN DONOSO CORTF fierno, como término de la segunda la gloria. La gloria supone el infiernt y de tal manera le supone, que sin él ni puede ser explicada ni concebid: Estas dos cosas se suponen entre sí, como la consecuencia supone su prin cipio, y como el principio supone su consecuencia; y así como el que afi ma la consecuencia que está en su principio y el principio que contiene $ consecuencia, no afirma en realidad dos cosas diferentes, sino una cosa mi ma, de la misma manera el que afirma el infierno que va supuesto en | gloria, y la gloria que supone el infierno, no afirma en realidad dos cos diferentes, sino una misma cosa. Hay, pues, necesidad lógica de admitir es dos afirmaciones, o de negarlas ambas con una negación absoluta; ante y empero, de negarlas, conviene saber lo que negándolas se niega. En el hon CAPITULO TERCERO bre, lo que con negarlas se niega, es la facultad de salvarse y la facultad d MANIQUEÍSMO. -MANIQUEÍSMO PROUDHONIANO perderse; en Dios, lo que con negarlas se niega, es su infinita justicia y $ infinita misericordia. A estas negaciones, por decirlo así, personales, se aíí de otra negación real, la negación de la virtud y del pecado, del bien y di mal, del galardón y del castigo; y como con todas estas negaciones se nt gan todas las leyes del mundo moral, la negación del infierno lleva envu ta lógicamente en sí la negación del mundo moral y de todas sus leyes, Pla ina cado” : > PX 8 pero suscitaría nuevas dificultades y no explicaría la victoria definitiva del no se diga que el hombre podía salvarse sin ir a la gloria y perderse sin 11 bi b usa e. AF odo], felis alinf: len sobre el mal. -3, El maniqueísmo de Proudhon es además una contrainfierno, porque todo lo que no sea ira la gloria o tr al in lerno, ni es dicción monstruosa y blasfema. ni es galardón; no es perderse ni salvarse. La justicia y la misericordia Dios, o no son, o son de una manera infinita; siendo infinitas, se han € terminar, por una parte en el infierno, y por otra parte en la gloria; o Mi SUMARIO. -1. La libertad de pecar es la facultad de perturbar.las armonías de la creación. Magnífica pintura de las prevaricaciones humanas desde Caín a Noé, a Abraham. El pueblo de Dios, Jesucristo. El combate de to- dos. -2. El error maniqueo explicaría la mera existencia del bien y del mal; de ser varitd Eu ES ONES AMBCIA de ser PS fueran. | |, Cualquiera que sea la explicación que pueda darse del libre albe- Ahora bien; si esta laboriosa demostración da por resultado, por | 1 del hombre, no cabe duda sino que éste será siempre uno de nuestros parte, que la facultad de salvarse UPQne RESP nante la facultad de A prandes y pavorosos misterios: en todo caso es fuerza confesar que la derse; pp0e 0 RO la gloria O A el infierno, se Y iltad dejada al hombre de sacar el mal del bien, el desorden del orden, de aquí que el que blasfema contra Dios nc ha hecho el infierno, bi lurbar, siquiera sea accidentalmente, las grandes armonías puestas por fema contra Dios porque ha hecho la gloria, y que el que pide estar exen en todas las cosas creadas, es una facultad tremenda; y considerada en de la facultad de perderse, viene a pedir estar exento de la facultad de in relación a lo que la limita y la contiene, hasta cierto punto inconce- varse. le, El libre albedrío dejado al hombre es un don tan alto, tan trascenátal, que más bien parece por parte de Dios una abdicación que una gra- ved, si no, sus efectos: ended los ojos por toda la prolongación de los tiempos, y veréis cuán Ibias y cenagosas vienen las aguas de ese río en que la humanidad va na- ando: allí viene haciendo cabeza de motín Adán el rebelde, y luego Caín átricida, y tras él muchedumbres de gentes sin Dios y sin ley, blasfemas, tibinarias, incestuosas, adúlteras; los pocos magnificadores de Dios y 88 JUAN DONOSO CORTÍ RAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 89 de su gloria olvidan al cabo su gloria y sus magnificencias, y todos junto Ina y Señora de la tierra? ¿Por qué consiente esa universal rebelión, y tumultúan y bajan en tumulto, en el ancho buque que no tiene capitán, la F- tumulto universal, y esos ídolos que se levantan, y esos grandes estra- turbias corrientes del gran río, con espantoso y airado clamoreo, como di 3, y esos acumulados escombros? tripulación sublevada. Y no saben ni adónde van, ni de dónde vienen, n Un día llamó a un varón justo y le dijo: -Yo te haré padre de una poste- como se llama el buque que los lleva, ni el viento que los empuja. Si de ve Had tan numerosa como las arenas de la mar y las estrellas del cielo; de tu en cuando se levanta una voz lúgubremente profética, diciendo: -¡Ay de lo Michosísima raza nacerá un día el Salvador de las gentes; Yo mismo la go- navegantes! ¡Ay del buque!- ni se para el buque ni la escuchan los navegan: hernaré con mi providencia, y para que no caiga, diré a mis ángeles que la tes; y los huracanes arrecian, y el buque comienza a crujir, y siguen las da leven en las palmas de sus manos; Yo seré para ella todo prodigios, y ella zas lúbricas y los espléndidos festines, las carcajadas frenéticas, y el insensa: estiguará ante las gentes mi omnipotencia-. Y sus obras fueron conformes to clamoreo; hasta que en un momento solemnísimo todo cesa a la vez, log sus palabras. Siendo esclavo su pueblo, le suscitó libertadores; no tenienfestines espléndidos, las carcajadas frenéticas, las danzas lúbricas, el clamos lo ni Patria ni hogar, le sacó milagrosamente de Egipto y le dio un hogar y reo insensato, el crujir del buque y el bramar de los huracanes; las aguas ima Patria. Padeció hambre, y le dio hartura; padeció sed, y obedientes a están sobre todo, y el silencio sobre las aguas, y la ira de Dios sobre las aguas ávoz brotaron aguas las rocas; saliéronle al encuentro grandes muchedum- silenciosas. es de enemigos, y la ira de Dios desvió como un nublado esas grandes Dios vuelve a obrar, y la nueva obra divina vuelve a ser deshecha por la muchedumbres. Suspendió sus arpas dolientes de los sauces babilónicos, y libertad humana. Un hijo es nacido a Noé que pone a la vergúenza a su le volvió a rescatar de su triste cautiverio, y volvió a ver con sus ojos a Jeru- padre; el padre maldice al hijo y con él a toda su generación, que será mal- alén la santa, la predestinada, la hermosa. Le dio jueces incorruptibles que dita hasta la plenitud de los tiempos. Después del diluvio vuelve a comen- le gobernaron en paz y justicia; Reyes temerosos de Dios, con renombre de zar la historia antediluviana; los hijos de Dios vuelven a combatir con los prudentes, gloriosos y sabios; le deputó por embajadores Profetas que le hijos de los hombres; aquí se levanta la ciudad divina, y enfrente la ciudad ilescubriesen sus altos designios y le mostrasen como presentes las cosas fu- del mundo; en una se rinde culto a la libertad, y en otra a la Providencia; y hiras |. Y ese pueblo carnal y duro puso en olvido sus milagros, desechó sus la libertad y la Providencia, Dios y el hombre, vuelvan a reñir aquel gigan- visos, abandonó su Templo, prorrumpió en blasfemias, cayó en idolatría, tesco combate cuyas grandes vicisitudes son el asunto perpetuo de la histo- tiltrajó su Nombre incomunicable, descabezó a sus Profetas santísimos, y ria. Los parciales de Dios van en todas partes de vencida; hasta el nombre ardió en discordias y rebeliones. de Dios, incomunicable y santo, cae en un olvido profundo, y los hombres, Cumpliéronse entretanto las semanas proféticas de Daniel, y vino el en el frenesí de su victoria, se juntan con intento de levantarse una vivien- jue había de venir enviado por el Padre para la redención del mundo y da tan alta que vivan sobre las nubes. El fuego del cielo baja sobre la arro- para consuelo de las gentes; y viéndole tan pobre, tan manso y tan humilgante vivienda, y Dios confunde en su ira las lenguas de las gentes; las gen- e, despreció su humildad, ultrajó su pobreza, y escarneció su mansedum- tes se dispersan por todos los ámbitos del mundo, y crecen y se multipli- bre, y se escandalizó, y le vistió vestidura de escarnio; y agitado secretamente can, y llenan todas las zonas y todas las regiones. Aquí se levantan grandes por las furias infernales, le hizo apurar hasta las heces el cáliz de la ignomi- y populosas ciudades, allí se sientan llenos de soberbia y de pompa agigan- tados imperios; hordas embrutecidas y feroces vagan con insolente ociosi- dad por bosques inmensos o por desiertos inconmensurables. Y el mundo arde en discordias, y está como ensordecido con los grandes clamores de la guerra. Los imperios caen sobre los imperios, las ciudades sobre las ciuda- ' Sin duda que, a no haber sido por el temor de rebajar la fuerza y hermosura de esta