SigPhi · Juan Donoso Cortés

Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851)

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., ¡ áticinta y elocuente historia del reinado de la Providencia y del de la libertad humana, el au- des, las naciones sobre las naciones, las razas sobre las razas, las gentes so- a Ea::; tor no habría dejado de advertir que tampoco la Providencia abandonó a otros pueblos, pues bre las gentes; la tierra es toda universales infortunios y universales incen- les dio suficientes auxilios para que, convenientemente ayudados por la cooperación del hom- dios. La abominación de la desolación está en el mundo. Y el Dios fuerte, bre, hubiesen producido el saludable fruto de su común salvación, como puede creerse ha- ¿dónde está? ¿Qué hace, que así abandona el campo a la libertad humana, her sucedido a algunos individuos.

90 JUAN DONOSO COR'T' AYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 91 Jero, que se abran para ti las puertas de la eternidad, si no muestras Pr las cicatrices que llevas: aquellas puertas no se abren sino para los combatieron aquí los combates del Señor gloriosamente, y para los que como el Señor, crucificados.

2, Al poner los ojos en el espectáculo que nos presenta la historia, el mbre no alumbrado con lumbre de fe va a parar forzosamente a uno de ÓÍÑ dos maniqueísmos: al antiguo, que consiste en afirmar que hay un incipio del bien y otro principio del mal, que esos dos principios están tarnados en dos dioses, entre los cuales no hay más ley que la guerra; o proudhoniano, que consiste en afirmar que Dios es el mal, que el hom- bes el bien, que el poder humano y el divino son dos poderes rivales, y F el único deber del hombre es vencer a Dios, enemigo del hombre.

Del espectáculo de la perpetua * batalla a que está condenado el mun- y Ne derivan naturalmente estos dos sistemas maniqueos, de los cuales el 1 guarda más conformidad con las antiguas tradiciones, y el otro un pa- fitesco mayor con las modernas doctrinas; y fuerza es confesar que, a iáiderar el hecho notorio de ese gigantesco combate en sí mismo, y ha- endo abstracción de la maravillosa armonía que forman, vistas en su con- to, las cosas humanas y las divinas, las visibles y las invisibles, las creadas AÑ increadas, ese hecho queda suficientemente explicado por cualquiera esos dos sistemas.

La dificultad no está en explicar un hecho cualquiera, considerado en mismo; no hay hecho ninguno que, de esa manera considerado, no pue- explicarse suficientemente bien por cien hipótesis diferentes: la dificul- Hd consiste en llenar la condición metafísica de toda explicación, según la il, para que la explicación de un hecho notorio sea valedera, es menes- que con ella no sean inexplicables y no queden inexplicados otros he- 10s notorios y evidentes.

Por cualquier sistema maniqueo se explica lo que por su naturaleza pone un dualismo, y una batalla le supone; pero se deja sin explicación f¡ue es uno por su naturaleza; y la razón, aun sin estar alumbrada por la , es poderosa para demostrar que, o no existe Dios, o que si existe es uno. Hr cualquier sistema maniqueo se explica la batalla; pero por ninguno se nia en la Cruz, después de haber apurado el cáliz de la infamia en Pretorio. Y Crucificado por los judíos, llamó a los gentiles, y los gentiles vinierg pero después de venidos, como antes de que vinieran, siguió el mundo pt el camino de su perdición y como asentado en sombras de muerte. Su sal tísima Iglesia heredó de su divino Fundador y Maestro el privilegio de persecución y de los ultrajes, y fue ultrajada y perseguida por pueblos, Ri yes y Emperadores. De su propio seno brotaron aquellas grandes herejíl que rodearon su cuna, a manera de monstruos dispuestos a devorarla. K vano cayeron derribados a los pies del Hércules divino; la tremenda batal entre el Hércules divino y el humano, entre Dios y el hombre, vuelve a menzar; igual es la furia, varios los sucesos; el teatro de la batalla es grande, que en los continentes se extiende de mar a mar, y en el mar d continente a continente, y en el mundo de un polo al otro polo. Las hue tes vencedoras en Europa son vencidas en el Asia; los que sucumben en. África, triunfan en América. No hay hombre ninguno que, sabiendo o ij norándolo, no sea combatiente en este recio combate; ninguno que no tel ga una parte activa en la responsabilidad del vencimiento o de la victori: Lo mismo combate el forzado en su cadena, que el Rey en su Trono; l mismo el pobre que el rico, el sano que el doliente, el sabio que el necit el cautivo que el libre, el viejo que el mozo, el civilizado que el salvaje. Tod palabra que se pronuncia, o está inspirada por Dios, o suspirada por el mun do, y proclama forzosamente, de una manera implícita o explícita, per siempre clara, la gloria del uno o el triunfo del otro. En esta singular mil cia todos combatimos por alistamiento forzoso; aquí no tiene lugar ni € sistema de los sustitutos, ni el de los alistamientos voluntarios. En ella no $ conoce ni la excepción de sexo ni la de la edad; aquí no se escucha al qu dice: -Soy hijo de viuda pobre- ni a la madre del paralítico, ni a la muje del estropeado. De esta milicia son soldados todos los nacidos. Y no me digas que no quieres combatir, porque en el instante mismt en que me lo dices, estás combatiendo; ni que ignoras a qué lado inclina te, porque en el momento mismo en que eso dices, ya te inclinaste a ur lado; ni me afirmes que quieres ser neutral, porque cúando piensas serlo ya no lo eres; ni me asegures que permanecerás indiferente, porque m burlaré de ti, como quiera que al pronunciar esa palabra ya tomaste tu par tido. No te canses en buscar asilo seguro contra los azares de la guerra, por que te cansas vanamente; esa guerra se dilata tanto como el espacio, y st prolonga tanto como el tiempo. Sólo en la eternidad, Patria de los justos puedes encontrar descanso, porque sólo allí no hay combate: no presumas “Al calificar de perpetua esta batalla, se ve que el autor no ha querido en manera alguna hilitar la objeción maniquea, sino que, al contrario, ha querido presentarla en toda su fuer- a para salirle al encuentro.

92 JUAN DONOSO CO AYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 99 explica la victoria definitiva; como quiera que la victoria definitiva del el dualismo, sin dejar de ser dualismo, es trinidad; que la trinidad, sin sobre el bien, o del bien sobre el mal, supone la supresión definitiva: ar de ser trinidad, es dualismo; que el dualismo y la trinidad, sin dejar uno o del otro, y no puede ser suprimido definitivamente lo que existe ( ter lo que son, son unidad; y que la unidad, que es unidad sin dejar de una existencia sustancial y necesaria. En esta suposición, por vía de con trinidad, y dualismo sin dejar de ser trinidad, está en dos partes. cuencia se saca que hay algo de inexplicable en la batalla misma que pa Si el ciudadano Proudhon afirmara de sí lo que no afirma, que es en- cía explicada suficientemente, como quiera que toda batalla es inexpli Ho; y se demostrara después lo que no podía demostrar, que su misión ble donde toda victoria definitiva es imposible. ilivina, todavía la teoría que acabo de exponer debería ser rechazada por 3. Si de lo que hay de generalmente absurdo en toda explicack iurda e imposible. La unión personal del mal y del bien, considerados maniquea pasamos a lo que hay de especialmente absurdo en la expli mo existiendo sustancialmente, es imposible y absurda, porque envuelve ción proudhoniana, se verá claro que al absurdo general de tot lá contradicción evidente. En la variedad personal y en la unidad sustanmaniqueísmo se añaden aquí todos los absurdos particulares posibles, y q|, que constituyen el Dios trino y uno del cristiano, así como en la uniaún hay cosas en esa explicación indignas de la majestad de lo absurdo. 1 il personal y en la variedad sustancial que constituyen al Hijo hecho hom- efecto; cuando el ciudadano Proudhon llama bien al mal y mal al bien, Y e, según el dogma católico, hay una oscuridad profundísima; no hay, em- dice una cosa absurda; lo absurdo pide mayor ingenio, dice una bufonad to, imposibilidad lógica, como quiera que no hay contradicción en los Lo absurdo no está en decirla, está en decirla sin objeto ninguno. Desde: minos. Si hay mucho de oscuro, nada hay de esencialmente contradicto- momento en que se afirma que el bien y el mal coexisten en el hombre pa los ojos de la razón, en afirmar de tres Personas que tienen por fun- en Dios, local y sustancialmente, la cuestión, que consiste en averiguar dón( mento una misma sustancia; así como no hay nada de contradictorio, aun- está el mal y dónde el bien, es una cuestión ociosa: el hombre llamará he sí mucho de oscuro a los ojos de nuestro entendimiento, en afirmar Dios el mal, y se llamará el bien a sí propio, y Dios se llamará a sí propio: 1e tres diferentes sustancias están sostenidas por una misma Persona. En bien, y llamará el mal al hombre; el mal y el bien estarán en todas partes que hay imposibilidad radical, porque hay absurdo evidente y contradic- en ninguna parte: la única cuestión entonces consiste en averiguar por quié ón palpable, es en afirmar, después de haber afirmado la existencia sus- quedará la victoria. Si el mal y el bien son, en esa suposición, cosas indift incial del mal y del bien, que el mal y el bien sustancialmente existentes rentes, no había para qué caer en la ridícula puerilidad de contradecir € tán sostenidos por una misma Persona. ¡Cosa digna de admiración! El sentimiento común del género humano. El absurdo que le es peculiar mbre no puede huir de la oscuridad católica, sin condenarse a sí propio ciudadano Proudhon, consiste en que su dualismo es un dualismo de tre palpar una oscuridad más densa; ni puede huir de aquello que abruma a miembros, que constituye una unidad absoluta; por donde se ve que su all razón, sin caer en aquello que la niega, porque la contradice.

surdo, más bien que un absurdo religioso, es un absurdo matemático. Dio Y no se crea que el mundo sigue las pisadas del racionalismo, a pesar es el mal, el hombre es el bien: véase ahí el dualismo maniqueo; pero en € * sus absurdas contradicciones y de sus densas oscuridades; las sigue a causa hombre, que es el bien, hay una potencia esencialmente instintiva y otK; F esas oscuridades densas y de esas contradicciones absurdas. La razón si- potencia esencialmente lógica: por la primera es Dios, por la segunda e he al error a donde quiera que va, como una madre ternísima sigue, a hombre: de donde se sigue que las dos unidades se descomponen en tres ende quiera que va, aunque sea al abismo más profundo, al fruto más ama- y eso sin dejar de ser dos, porque fuera del hombre y de Dios no hay bie pde su amor, al hijo de sus entrañas. El error la dará muerte; mas ¿qué sustancial ni mal sustancial; no hay combatientes, no hay nada. Veamos aho Importa, si es madre y muere a manos del hijo? ra cómo las dos unidades, que son tres unidades, se convierten en una sola unidad, sin dejar de ser dos unidades y tres unidades. La unidad está en Dios; porque, además de ser Dios, por la potencia instintiva que está en el hombre, es hombre. La unidad está en el hombre; porque siendo hombre por su potencia lógica, es Dios por su potencia instintiva: de donde se si» gue que el hombre es hombre y Dios a un mismo tiempo. Resulta de todo CAPÍTULO CUARTO CAPÍTULO CUARTO DE CÓMO SE SALVA POR EL CATOLICISMO EL DOGMA DE LA PROVIDENCIA Y EL DE LA LIBERTAD SIN CAER EN LA TEORÍA DE LA RIVALIDAD ENTRE DIOS Y EL HOMBRE SUMARIO, -1. Universalidad y claridad de las soluciones católicas, -2, Ori- gen del mal: la limitación de las criaturas las hace defectibles. Por el peca- do, el entendimiento humano se separó del entendimiento divino; y he ahí la negación de la verdad: su voluntad se separó de la divina y he ahí la negación del bien. Todo gravitaba hacia Dios por el pecado, el hombre se constituyó centro de sí propio; y he ahí el desorden en toda la creación, en el hombre, en la naturaleza. -3. Refutación del dualismo maniqueo. -4. Armonías de la solución católica.

, En ninguna otra cosa resplandece tanto la incomparable belleza de soluciones católicas como en su universalidad; ese atributo Fomunicable de las soluciones divinas. No bien es aceptada una solución tólica, cuando luego al punto todos los objetos antes oscuros y tenebro- hi se esclarecen, la noche se torna día y el orden sale del caos. No hay guna de ellas en que no esté ese soberano atributo y aquella secreta vir- tl, de donde procede la grande maravilla del universal esclarecimiento. esos piélagos de luz no hay más que un punto opaco, aquel en donde it la solución misma que penetra con su luz esos piélagos profundos. Con- Ale esto en que, no siendo el hombre Dios, no puede estar en posesión de quel atributo divino por el cual el Señor de todo lo criado ve todo lo que HO con una luz inefable. El hombre está condenado a recibir de las som- 96 | JUAN DONOSO CORTÉS bras la explicación de la luz, y de la luz la explicación de las sombras. Para él no hay cosa evidente que no proceda de un impenetrable misterio. En- tre las cosas misteriosas y las evidentes, hay, sin embargo, la notable diferen- cia de que el hombre puede esclarecer las evidentes, pero no puede escla- recer las misteriosas. Cuando, para entrar en posesión de esa luz inefable que está en Dios y que no está en él, desecha por oscuras las soluciones divinas, da consigo en el laberinto intrincado y tenebroso de las soluciones humanas. Entonces sucede lo que acabamos de demostrar: que su solución es particular; como particular, incompleta; y como incompleta, falsa. Con-.

siderada a primera vista, parece que resuelve algo; considerada mejor, se ve que no alcanza a resolver nada de lo que parece que resuelve; y la razón, que comienza por aceptarla como plausible, concluye por desecharla por ineficaz, contradictoria y absurda. Esto último quedó completamente de- mostrado en el capítulo anterior: por lo que hace a la cuestión que vent mos discutiendo, después de haber demostrado la ineficacia evidente de la: solución humana, sólo nos falta demostrar la eficacia suprema y altísima.

conveniencia de la solución católica. | 2. Dios, que es el bien absoluto, es el supremo hacedor de todo bien, y todo lo que es bueno, siendo imposible a un tiempo que Dios ponga en la criatura lo que no tiene, y que ponga todo lo que tiene en la criatura. Dos cosas son de todo punto imposibles, a saber: que ponga el mal, que no tie- ne, en alguna cosa, y que ponga en alguna cosa el bien absoluto: ambas imposibilidades son evidentes, como quiera que es imposible concebir que alguno de lo que no tiene, y que el Criador quede absorbido en la criaturas No pudiendo comunicar su bondad absoluta, que sería comunicarse a $ propio, ni el mal, que sería comunicar lo que no tiene, COMUNICA el bien relativo, con lo cual comunica todo lo que puede comunicar, algo de lo: que está en él y que no es él, poniendo entre sí y la criatura aquella sema janza que atestigua la procedencia, y aquella diferencia que atestigua la. | tancia. De esta manera toda criatura va diciendo, sólo con mostrarse, quién es su criador, y que ella no es más que su criatura.

Siendo Dios el Criador de todo lo criado, todo lo criado es bueno con una bondad relativa. El hombre es bueno en cuanto hombre, el ángel en cuanto ángel, y el árbol en cuanto árbol. Hasta el Príncipe que relampaguea en el abismo, y el abismo en donde relampaguea, son cosas buenas excelentes. El Príncipe del abismo es bueno en sí, porque por serlo no h | dejado de ser ángel, y Dios es el criador de la naturaleza angélica, excelens te sobre todas las cosas criadas; el abismo es bueno en sí, porque se ordena a un fin que es bueno soberanamente.

ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 97 l.- Y, sin embargo, de ser buenas y excelentes todas las esencias criadas, el catolicismo afirma que el mal está en el mundo, y que son grandes y por- tentosos sus estragos. La cuestión consiste en averiguar, por una parte, qué cosa es el mal; por otra, en dónde tiene su origen; y últimamente, de qué manera concurre con su propia disonancia a la universal armonía.

El mal tiene su origen en el mal uso que hizo el hombre de la facultad de escoger!, la cual, como dijimos, constituye la imperfección de la liber- tad humana. La facultad de escoger estuvo encerrada en ciertos límites im- puestos por la naturaleza de las cosas. Siendo todas buenas, esa facultad no pudo consistir en escoger entre las cosas buenas, que existían nece- sariamente, y las malas, que no existían de manera ninguna; consistió sólo en unirse al bien o en apartarse del bien, en afirmarle con su unión o en negarle con su apartamiento. El entendimiento humano se apartó del en- tendimiento divino, lo cual fue apartarse de la verdad; apartado de la ver- dad, dejó de conocerla. La voluntad humana se apartó de la voluntad divi- na, lo cual fue apartarse del bien; apartada del bien, dejó de quererle; ha- hiendo dejado de quererle, dejó de ejecutarle; y como, por otra parte, no pudo dejar de poner en ejercicio, sus facultades íntimas e inadmisibles, que consistían en entender, en querer y en obrar, siguió entendiendo, querien- do y obrando; si bien lo que entendía, apartado de Dios no era la verdad, que sólo está en Dios; ni lo que quería era el bien, que sólo está en Dios; ni lo que obró pudo ser el bien que ni entendía ni quería; y que no siendo ni querido por su entendimiento ni aceptado de su voluntad, no pudo ser el lermino de sus acciones. El término de su entendimiento fue entonces el error, que es la negación de la verdad; el término de su voluntad fue el mal, que es la negación del bien; y el término de sus acciones el pecado, que es la negación simultánea de la verdad y del bien, manifestaciones di- versas de una misma cosa considerada desde dos puntos de vista diferen- 4 ' Es decir, el mal comenzó cuando el hombre escogió después de haberse colocado en ¿punto de negar la verdad, o sea en la vida del mal; mientras que si el hombre no se hubiera apartado de la verdad, su facultad de escoger no habría producido sino bien. No obstante Hue la frase del autor va aquí conforme con su razonamiento, habría sido quizá más, clara para el común de los lectores si, en vez de la palabra uso, hubiese empleado la de abuso No debemos olvidar que Donoso entiende por facultad de escogerla facultad de escoger entre el bien y el mal; pero no por esto niega que exista una facultad de escoger entre diferentes plases de bienes; pues varias veces repite que Dios y los ángeles y los bienaventurados gozan He libre albedrío, aunque no pueden escoger el mal.

98 JUAN DONOSO COK' AYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 99 tes. Negándose por el pecado todo lo que Dios afirma con su entendimier exterior de su manera de ser, como su esencia misma, perfecta y exce- que es la verdad, y todo lo que afirma con su voluntad, que es el bien; FP. Las cosas fueron hechas de tal modo, que tuvieron una perfección habiendo en Dios más afirmaciones que la del bien, que está en su volt lable, y otra necesaria e inadmisible: su perfección inadmisible y nece- tad, y la de la verdad, que está en su entendimiento, y no siendo Dios si A fue aquel bien esencial que puso Dios en toda criatura; su perfección esas mismas afirmaciones sustancialmente consideradas, se sigue de ag Hable fue aquella manera de ser con que Dios quiso que fueran cuando que el pecado que niega todo lo que Dios afirma, niega virtualmente a DM sacó de la nada. Dios quiso que fueran siempre lo que son; no quiso, en todas sus afirmaciones; y que negándole, y no haciendo otra cosa sil pero, que fueran necesariamente de la misma manera; substrajo las esen- negarle, es la negación por excelencia, la negación universal, la negacii a toda jurisdicción que no fuera la suya; puso por un tiempo el orden absoluta. jue están bajo la jurisdicción de aquellos seres que formó inteligentes y Esa negación no afectó ni pudo afectar las esencias de las cosas, ql ven, De donde se sigue que el mal, producido por el libre albedrío angé- existen independientemente de la voluntad humana, y que, después con 10 el libre albedrío humano, no pudo ser y no fue otra cosa sino la ne- antes de la prevaricación, fueron, no sólo buenas en sí, sino también p ón del orden que puso Dios en todas las cosas criadas; cuya negación fectas y excelentes. Empero si el pecado no las quitó su excelencia, las ql Pnyuelta en la palabra misma que la significa, con lo cual se afirma lo tó aquella soberana armonía que puso en ellas su divino Hacedor, que: Amo que se niega: esa negación se llama desorden. El desorden es la ne- aquella trabazón delicada y aquel orden perfecto con que estaban junt lón del orden, es decir, de la afirmación divina, relativa a la manera de unas con otras y todas con Él, cuando las sacó del caos después de haberll dle todas las cosas. Y así como el orden consiste en la unión de las cosas sacado de la nada por efecto de su bondad infinita. Según aquel orden pé * Dios quiso que estuvieran unidas, y en la separación de aquellas que fecto y aquella trabazón admirable, todas las cosas se movían derechamet lso que anduvieran separadas, de la misma manera el desorden consiste te hacia Dios con un movimiento irresistible y ordenado. El ángel, espírif tinir las cosas que Dios quiso que anduvieran separadas, y en separar puro abrasado de amor, gravitaba hacia Dios, centro de todos los espíritu mellas que quiso Dios que estuvieran unidas.

con una gravitación amorosa y vehemente. El hombre, menos perfecto, pel ll desorden causado por la rebelión angélica consistió en el aparta- no menos amoroso, seguía con su gravitación el movimiento de la gravit ento, por parte del ángel rebelde, de su Dios, que era su centro, por me- ción angélica, para confundirse con el ángel en el seno de Dios, centro d yde un cambio en su manera de ser, que consistió en convertir su movi- las gravitaciones angélicas y humanas. La materia misma, agitada por ul Énto de gravitación hacia su Dios en un movimiento de rotación sobre sí secreto movimiento de ascensión?, seguía la gravitación de los espíritus haci AMO.

aquel supremo Hacedor que atraía a sí sin esfuerzo todas las cosas. Y ¿ El desorden causado por la prevaricación del hombre fue parecido al como todas estas cosas, consideradas en sí, son las manifestaciones exteri( ado por la rebelión del ángel, no siendo posible ser rebelde y res del bien esencial que está en Dios, esta manera de ser es la manifesté varicador de dos maneras esencialmente diferentes. Habiendo dejado hombre de gravitar hacia su Dios con su entendimiento, con su voluntad on sus Obras, se constituyó en centro de sí propio, y fue el último fin de obras, de su voluntad y de su entendimiento. ll trastorno causado por esta prevaricación fue grande y profundísi- * No se entienda que el autor ha querido con esta frase reconocer en la materia u 4, Cuando el hombre se hubo apartado de su Dios, luego al punto todas fuerza propia e intrínseca; pues bien claramente se deduce lo contrario de las palabras col A potencias se apartaron unas de otras, constituyéndose a sí mismas en que termina este mismo período, en que dice que era Dios que traía a sí sin esfuerzo todas la ros tantos centros divergentes: su entendimiento perdió su imperio so- cosas.

Nótese también que al hablar Donoso del movimiento de ascensión de la materia hacia Dio po voluntad; su voluntad Pp erdió deca epi sob " z, ripio la a? cuando el hombre conservaba aún su inocencia; y más abajo, al mencionar los desórdene lió de la obediencia en que había estado del espíritu; y el espíritu, que producidos por el pecado en toda la creación, tenía presentes aquellas palabras de San Pable N Omnis creatura ingemiscit et parturit usque adhuc, etc.

100 JUAN DONOSO CORT' había estado sujeto a Dios, cayó en la servidumbre de la carne 3. Todo hi bía sido antes en el hombre concordancias y armonías; todo fue despu en él guerra, tumulto, contradicciones, disonancias. Su naturaleza se conwl tió de soberanamente armónica en profundamente antitética.

Este desorden causado en él por él mismo, se transmitió por él al un verso y a la manera de ser de todas las cosas; todas le estaban sujetas, y € das se le rebelaron. Cuando dejó de ser esclavo de Dios, dejó de ser Príng pe de la tierra; lo cual no nos causará maravilla, si consideramos que le títulos de su Monarquía terrenal estaban fundados en su divina servidul bre. Los animales a quien él mismo, en señal de su dominación, había puest sus nombres, dejaron de obedecer a su voz, y de entender su palabra y d seguir su mandamiento; la tierra se le llenó de abrojos, el cielo se le vol de metal, las flores se le rodearon de espinas; la naturaleza entera estu como poseída contra él de una furia insensata; los mares, al verle venir, vol caron estrepitosamente sus ondas, y sus abismos resonaron con pavorosú estruendos; las montañas, para atajarle el paso, levantaron hasta los cielo sus cumbres; por sus campos pasaron los torrentes, y sobre sus frágiles tien das vinieron los huracanes; los reptiles escupieron en él sus venenos, la; hierbas le destilaron sus ponzoñas; en cada paso temió una celada, y el cada celada la muerte.

3. Una vez aceptada la explicación católica del mal, se explica natural mente todo aquello que sin ella y fuera de ella parecía y era en efecto inex plicable. No existiendo el mal de una manera sustancial, sino antes bier negativa, no puede servir de materia a una creación, con lo cual cae natu ralmente la dificultad que nacía de la coexistencia de dos creaciones dife rentes y simultáneas. Esta dificultad iba en aumento al paso que se iba ade lantando por este escabroso camino, como quiera que el dualismo de li creación suponía forzosamente otro dualismo más repugnante todavía a li razón humana: el dualismo esencial de la Divinidad, que ha de ser conce bida como una esencia simplicísima, o no puede ser concebida de manerí ninguna. Juntamente con ese dualismo divino viene por tierra la idea dé una rivalidad a un tiempo mismo imposible y necesaria; necesaria, porqué dos dioses que se contradicen, y dos esencias que se repugnan, están con denadas por la naturaleza misma de las cosas a una lucha perpetua; impo % Ténganse presentes las advertencias hechas anteriormente en la página 30.

RAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 101 ble, porque siendo la victoria definitiva el objeto final de toda contienda, miistiendo aquí la victoria definitiva en la supresión del mal por el bien, ilel bien por el mal, y no pudiendo ser suprimido ni el uno ni el otro, árque lo que existe de una manera esencial, existe necesariamente, de la mposibilidad de la supresión se seguía la imposibilidad de la victoria, y de imposibilidad de la victoria, objeto final de la contienda, la imposibili- ad radical de la contienda misma. Con la contradicción divina, a que va a arar forzosamente todo sistema maniqueo, desaparece la contradicción limana, en que se cae cuando se supone la coexistencia del bien y del mal 1 el hombre. Esa contradicción es absurda, y como absurda inconcebible. Hirmar del hombre que es a un tiempo esencialmente bueno y esencial- ente malo, es tanto como afirmar una de estas dos cosas: o que el hom- Fe es un compuesto de dos esencias contrarias, juntando aquí lo que se ve bligado a separar en la Divinidad el sistema maniqueo; o que la esencia Fl hombre es una, y que siendo una es mala y buena a un tiempo mismo: y cual es afirmar todo lo que se niega, y negar todo lo que se afirma de h misma cosa. 4. En el sistema católico el mal existe, pero existe con una existencia modal; no existe esencialmente. El mal, así considerado, es sinónimo de Psorden; porque no es otra cosa, si bien se mira, sino la manera desorde- lada en que están las cosas que no han dejado de ser esencialmente buelAK, y que por una causa secretísima y misteriosa han dejado de estar bien Hdenadas. Por el sistema católico se nos señala esa causa misteriosa y Peretísima; y en su señalamiento, si hay mucho que exceda a la razón, no y nada que la contradiga y la repugne, como quiera que, para explicar ina perturbación moral en las cosas que aun después de perturbadas conser- in íntegras y puras sus esencias, no hay que recurrir a una intervención ivina, con lo cual no habría proporción entre el efecto y la causa: basta, ra explicar el hecho suficientemente, acudir a la intervención anárquica P los seres inteligentes y libres; como quiera que, si no pudieran alterar * alguna manera el orden maravilloso de la creación y sus concertadas ar- Honías, no podrían ser considerados ni como libres ni como inteligentes. del mal, considerado como accidental y efímero, pueden afirmarse sin con- adicción y sin repugnancia estas dos cosas: la primera, que por lo que tie- te de mal, no ha podido ser obra de Dios; la segunda, que por lo que tiene He efímero y de accidental, ha podido ser obra del hombre. De esta mane- ta las afirmaciones de la razón van a confundirse con las afirmaciohes cató- ficas.

UAN DONOSO CORTE NAVY ) | FNSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 103 sistema católico desaparecen todos los absurdos y quedar la contienda entre partes, de las cuales la una ha d: s. Por este sistema, una es la creación; Victoriosa, y la otra vencida necesariamente. Dos ptos necesariamente mida, con el dualismo divino, la gue Has para que exista una contienda: que la icloña ci son necesa- ¡ no existiera *, no podría concebi | incierta la victoria. Toda batalla es absurda cuand pá e posible, A xiste, es un accidente, no es uni cuando la victoria es imposible; de donde se sigue 2 praia es cierta O a un accidente, sería obra di ra que se las considere, son absurdas esas batallas ds: E A Dios, criador de todas las cosas: lo cual envuelve una contradicción que re la universal dominación y por el sumo imperio, ab grandiosas trabadas por pugna a un mismo tiempo a la razón humana y a la razón divina. El ma ahora dos los Emperadores: en el pee on Pe pas el soberano, viene del hombre y está en el hombre; y viniendo de él y estando en él, haj Berpetuamente solo; en el segundo, porque de mea de el que: es uno sera en ello una grande conveniencia, lejos de haber en ello contradicción nm serán dos perpetuamente. Esos pl igant o el guna. La conveniencia está en que, no pudiendo ser el mal obra de Dios que, o están decididos antes de trabarse, > cul cis a Pee spués de trabaspués de trabano podría el hombre escogerle si no pudiera crearle, y no sería libre si n6 dos. pudiera escogerle *. No hay en ello contradicción ninguna; porque al afi mar el catolicismo, del hombre, que es bueno en su esencia y malo por ac cidente, no afirma de él lo mismo que niega, ni niega lo mismo que afir era que afirmar del hombre que es malo por accidente y bue: cosas contradictorias, sino cosas en que Supuesto el suprimidas todas las contradiccione Dios es uno, con lo cual queda supri rra de las dioses. El mal existe, porque s se la libertad humana; pero el mal que e esencia; porque si fuera una esencia y no fuer ma; como qui no por esencia, no es afirmar de él no cabe contradicción, por ser de todo punto diferentes.

Por último, aceptado el sistema católico, cae desplomado el sistem siste en suponer una rivalidad perpetua entre Dios y ador y la criatura. El hombre, autor del mal, acci- dental de suyo y transitorio, no es, a manera de Dios, criador, mantenedor y gobernador de todas las esencias y de todas las cosas. Entre esos dos se- res, apartados entre sí por una distancia infinita, no hay rivalidad imagina- ble ni competencia posible. En los sistemas maniqueo y proudhoniano, la batalla entre el Criador del bien esencial y el criador del mal esencial era inconcebible y absurda, porque era imposible la victoria; en el sistema ca- tólico no cabe la suposición de la batalla, porque no cabe la suposición de a blas-