De esta manera unas cosas representaron su grandeza, otras su majes- tad, otras su omnipotencia, y el ángel y el hombre especialmente los tesoros de su bondad, las maravillas de su gracia y el resplandor de su hermo-: sura. Dios, empero, no es solamente maravilloso y perfecto por su hermo- sura, y por su gracia, y por su bondad y por su omnipotencia; es además de estas cosas, y sobre todas éstas, si en sus perfecciones hubiera medida, infi- nitamente justo e infinitamente misericordioso. Síguese de aquí que el acto supremo de la Creación no podía considerarse como consumado y perfec- to sino después de haberse realizado en todas sus manifestaciones su infi- nita justicia y su infinita misericordia. Y como quiera que sin la prevarica- ción de los seres inteligentes y libres no podía Dios ejercer ni la justicia ni la misericordia especial que se aplican a los prevaricadores, de aquí se de- duce que la prevaricación misma fue ocasión de las más grandes de todas las armonías y de la más bella de todas las consonancias.
Cuando todos los seres inteligentes y libres prevaricaron, Dios resplan- deció en medio de la Creación con nuevos y más grandes resplandores. El universo en general fue el reflejo perfectísimo de su omnipotencia; el pa- raíso terrenal fue especialmente el reflejo de su gracia; el cielo fue especialmente el reflejo de su misericordia; el infierno únicamente el re- flejo de su justicia; y la tierra, puesta entre estos dos polos de la Creación, fue a un tiempo mismo el reflejo de su justicia y el de su misericordia. Cuan- do con la prevaricación angélica y con la humana no hubo en Dios perfec- ción que no estuviera manifestada exteriormente por alguna cosa, fuera de ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO LS aquella que había de ponerse de manifiesto más adelante en el Calvario, las cosas estuvieron en orden?.
Cuanto más se ahonda en estos dogmas pavorosos, tanto más resplan- dece la soberana conveniencia y la perfectísima conexión y la maravillosa concordancia de los Misterios cristianos. La ciencia de los Misterios, si bien se mira, no viene a ser otra cosa sino la ciencia de todas las soluciones.
” Donoso glosa aquí las palabras de la Iglesia: Deus qui humanae substantiae dignitatem mirabiliter condidisti et mirabilus reformasti, las cuales indican que después de la reparación quedó la obra de Dios más perfecta que antes de la degradación: lo cual equivale a decir con Donoso que la prevaricación de los seres inteligentes y libres ha sido para Dios la ocasión de dar a la obra de la Creación una perfección que antes no tenía; o en otros términos: que antes del pecado, el acto de la Creación no podía considerarse plenamente concluido, pues por muy perfecto y admirable que fuese, aún debía, según el divino designio, adquirir mayor perfec- ción el que Dios quiso darle libremente no por el acto creador, sino por la Redención.
CAPÍTULO OCTAVO SOLUCIONES DE LA ESCUELA LIBERAL RELATIVAS A ESTOS PROBLEMAS SUMARIO. 1. La escuela liberal al despreciar neciamente a la Teología, desconoce el parentesco que liga las cuestiones políticas con las sociales y religiosas. Los Reyes absolutos tuvieron teólogos entre sus más insignes mi- nistros: Richelieu, Alberoni, Cisneros. La ciencia de Dios vigoriza el enten- dimiento.- 2. Vaciedad de la ciencia liberal: sus contradicciones sobre Dios, su exclusivo interés por la legitimidad de las formas políticas.- 3. Si su Ig- norancia, esterilidad: con la libertad de discusión difunde el escepticismo. Su situación es insostenible: o se eleva a las cumbres católicas o se hunde en la sima del socialismo.- 4. El socialismo es una teología satánica. Ha de vencer al liberalismo porque es teología; pero ha de sucumbir ante el ca- tolicismo, que es teología divina.- 5. El error del liberalismo consiste en no dar importancia sino a las formas de gobierno, que comparadas con las cuestiones religiosas, carecen de importancia. De aquí su esterilidad y su insignificancia ante el socialismo.
Antes de poner término a este libro, me parece conveniente interro- gar así a la escuela liberal como a los socialistas, sobre lo que piensan acer- ca del mal y del bien, del hombre y de Dios: problemas temerosos con que tropieza forzosamente la razón al darse cuenta a sí propia de los grandes problemas religiosos, políticos y sociales.
1. Por lo que hace a la escuela liberal, diré de ella solamente que en su soberbia ignorancia nn la Teología, y no porque no sea teológica a su manera, sino porque, launque lo es, no lo sabe. Esta escuela todavía no 134 JUAN DONOSO CORTÉS ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 135 ha llegado a comprender, y probablemente no comprenderá jamás, el es- poderío, haciéndola pesar gravemente en la balanza política de los pueblos trecho vínculo que une entre sí las cosas divinas y las humanas, el gran pa= europeos *. rentesco que tienen las cuestiones políticas con las sociales y con las reli- La ciencia de Dios da, al que la posee, sagacidad y fuerza, porque a un giosas, y la dependencia en que están todos los problemas relativos al go- mismo tiempo aguza el ingenio y le dilata. Lo que para mí hay de más ad- bierno de las naciones, de aquellos otros que se refieren a Dios, legislador mirable en las vidas de los santos, y señaladamente en la de los Padres del supremo de todas las asociaciones humanas. Yermo, es una circunstancia que aún no ha sido apreciada debidamente. La escuela liberal es la única que entre sus doctores y maestros no tie- Yo no sé de ningún hombre acostumbrado a conversar con Dios y ejercitar- ne ningún teólogo; la absolutista los tuvo, los levantó muchas veces a go- se en las divinas especulaciones, que en igualdad de circunstancias no se bernadores de los pueblos, y los pueblos crecieron, durante su goberna- aventaje a los demás, o por lo extendido y vigoroso de su razón, o por lo ción, en importancia y en poderío. La Francia no olvidará nunca el gobier- sano de su juicio, o por lo penetrante y agudo de su ingenio; y sobre todo, no del Cardenal de Richelieu, afamado y glorioso entre las más gloriosos y no sé de ninguno que en circunstancias iguales no saque ventaja a los de- afamados de la Monarquía francesa. El lustre del gran Cardenal es tan lim- más en aquel sentido práctico y prudente que se llama el buen sentido. Si pio que afrenta al de muchos Reyes, y su resplandor tan soberano que no el género humano no estuviera condenado irremisiblemente a ver las co- padeció eclipse por el advenimiento al trono de aquel Rey gloriosísimo y sas del revés 3, escogería por consejeros entre la generalidad de los hom- potentísimo a quien la Francia en su entusiasmo y la Europa en su asom- bres a los teólogos, entre los teólogos a los místicos, y entre los místicos a bro llamaron a un tiempo mismo el Grande. Cardenales y teólogos fueron los que han vivido una vida más apartada de los negocios y del mundo. En- Jiménez de Cisneros y Alberoni, los dos Ministros más grandes de la Mo- tre las personas que yo conozco, y conozco a muchas, las únicas en quienes narquía española: el nombre de aquél está gloriosa y perpetuamente aso- he reconocido un buen sentido imperturbable, y una sagacidad prodigioclado al de la Reina más esclarecida y al de la mujer más insigne de nuestra sa, y una maravillosa aptitud para dar una solución práctica y prudente a España, famosa entre las gentes por sus insignes mujeres y sus esclarecidas los más escabrosos problemas, y para encontrar siempre un escape o una Reinas: el segundo es grande en la Europa, por la grandeza de sus desig- salida en los negocios más arduos, son aquellas que han vivido una vida nios y por la agudeza y la sagacidad de su prodigioso ingenio. Nacido aquél contemplativa y retirada; y al revés, no he encontrado todavía, ni pienso en los dichosos días en que los altos hechos de esta nación la levantaron encontrar jamás, uno de esos hombres que se llaman de negocios, sobre la dignidad de la historia, encumbrándola hasta la altura y la gran- despreciadores de todas las especulaciones espirituales, y sobre todo de las diosidad de la epopeya, gobernó con mano firme el gran bajel del Estado; y poniendo en silencio a la tripulación turbulentísima que iba con él, lo llevó por mares inquietos a otros más apacibles y tranquilos, en donde haob bio. A ci e a pa A dino 0) 2 Nacido en el Ducado de Parma, en 1664, el Cardenal Alberoni fue, desde 1715 hasta rs aaa SS Y pS 1719, primer Ministro de Felipe V. Después de su desgracia, se retiró a Roma, donde murió de la Monarquía española, estuvo a punto de volverla su antigua majestad y en 1759.
3 Esta frase entendida como se debe, no según lo que suenan las palabras, expresa una verdad que se encuentra a cada paso en el Evangelio. ¿No es cierto que para el mundo la doctrina y vida cristianas son locura, como lo dice San Pablo (1 Cor., I, 18 y siguientes); y no es esto cabalmente ver las cosas al revés, dado que esta locura es la verdadera sabiduría? ¿No es verdad que la mayor parte de los hombres ven de este modo las cosas por consecuencia del X " Leibniz dijo del gran Cardenal Cisneros que: «si los grandes hombres se pudieran com- | pecado y de las pasiones que les turban la vista? Y nótese que Donoso habla aquí de los juicios prar, España no habría pagado cara la dicha de tener tal Ministro, aun cuando hubiera sacri- de los hombres sobre la vida mística y contemplativa, es decir, sobre uno de los puntos que ficado uno de sus Reinos». Nació en Castilla en 1437, humilde Franciscano, catedrático de más repugnan a la naturaleza corrompida, y que ella tiene más dificultad en comprender; Salamanca, Arzobispo de Toledo en 1493, Cardenal, primer Ministro de la gran Reina Zsabel la porque el hombre animal, mientras persiste en su corrupción, está condenado irremisiblemente a Católica, y después del Rey Fernando V, su esposo; murió el Cardenal Jiménez de Cisneros en no ver sino al revés las cosas del Espíritu de Dios; Animalis autem homo non percipilea quae sunt 1517, después del advenimiento de Carlos Y. spiritus Dei. Stultitia enim est illi, et non potest intelligere. (1. Cor., HL, 14).
136 JUAN DONOSO CORTÉS divinas, que sea capaz de entender negocio ninguno: a esta clase numerosísima pertenecen aquellos que toman por oficio engañar a los otros, siendo ellos los que se engañan a sí mismos. Y aquí es donde el hombre queda atónito ante los altos juicios de Dios; porque si Dios no hubiera con- denado a los que le desdeñan o le ignoran, engañadores de profesión, a ser perpetuamente torpes; o si no hubiera puesto un límite en su propia virtud a los que son prodigiosamente sagaces, las sociedades humanas no hubieran podido resistir ni a la sagacidad de los unos ni a la malicia de los otros. La virtud de los hombres contemplativos y la torpeza de los hábiles son las únicas cosas que mantienen al mundo en su ser y en un equilibrio perfecto. Un solo ser hay en la creación que reúne en sí toda la sagacidad de los seres espirituales y contemplativos, y toda la malicia de los que igno- ran o desprecian a Dios, juntamente con todas las especulaciones espiri-- tuales. Ese ser es el demonio. El demonio tiene de los unos la sagacidad sin virtud, y de los otros la malicia sin su torpeza; y de aquí cabalmente le vie- ne toda su fuerza destructora y todo su inmenso poderío.
2. Por lo que se hace a la escuela liberal considerada en general, no es teológica sino en el grado en que lo son necesariamente todas las escuelas; sin hacer una exposición explícita de su fe, sin cuidarse de declarar su pen- samiento acerca de Dios y del hombre, del mal y del bien, y del orden y del desorden en que están puestas todas las cosas criadas; y haciendo ostenta- ción, por el contrario, de tener por cosa de menor valer estas altísimas es- peculaciones, puede afirmarse de ella, sin embargo, que cree en un dios abstracto e indolente, servido por los filósofos en la gobernación de las co- sas humanas, y por ciertas leyes que instituyó en el principio de los tiempos en la gobernación universal de las cosas. Aunque es Rey de la creación el dios de esta escuela, ignora perpetuamente con una augusta ignorancia la manera en que sus Reinos son gobernados y regidos; cuando diputó los mi- nistros que los gobernaron en su nombre, depositó en ellos la plenitud de su soberanía y los declaró perpetuos e inviolables. Desde entonces acá los pueblos le deben culto, pero no obediencia.
Por lo que hace al mal, la escuela liberal le niega en las cosas físicas y le concede en las humanas. Para esta escuela, a las cuestiones relativas al mal o al bien se resuelven en una cuestión de gobierno, y toda cuestión de gobierno en una cuestión de legitimidad; de tal manera, que cuando el gobierno es legítimo, el mal es imposible; y por el contrario, cuando es ile- gítimo el gobierno, el mal es inevitable. La cuestión del bien y del mal se reduce, pues, a averiguar: por una parte, cuáles son los gobiernos legíti- mos, y por otra, cuáles son, los usurpadores.
HNSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 137 Llama legítimos la escuela liberal a los gobiernos establecidos por Dios, e ilegítimos a los que no tienen origen en la delegación divina. Dios quiso que las cosas materiales estuvieran sujetas a ciertas leyes físicas que institu- yó en el principio y de una vez para siempre, y que las sociedades se gober- naran por la razón, encarnada de una manera general en las clases acomo- dadas, y de una manera especial en los filósofos que las enseñan y dirigen: de donde se sigue, por consecuencia forzosa, que no hay más que dos go- biernos legítimos: el gobierno de la razón humana, encarnada de una ma- nera general en las clases medias y de una manera especial en los filósofos, y el gobierno de la razón divina, encarnada perpetuamente en ciertas leyes a que están sujetas desde el principio las cosas materiales.
No dejará de causar extrañeza a mis lectores, y sobre toda a mis lecto- res liberales, esta derivación de la legitimidad liberal del derecho divino, y sin embargo, nada hay para mí más evidente. La escuela liberal no es atea en sus dogmas, aunque no siendo católica vaya a parar, sin saberlo y aun sin quererlo, de consecuencia en consecuencia, hasta los confines del ateís- mo. Reconociendo la existencia de un Dios criador de toda criatura, no puede negar en el Dios que reconoce y afirma plenitud original de todos los derechos, o la soberanía constituyente, que viene a ser lo mismo en el lenguaje de la escuela. Es católico el que reconoce en Dios la soberanía constituyente y la actual; es deísta el que le niega la actual y reconoce en El la constituyente; es ateo el que niega de El toda soberanía, porque le niega la existencia. Siendo esto así, la escuela liberal, en cuanto deísta, no puede proclamar la soberanía actual de la razón sin proclamar al mismo tiempo la constituyente de Dios, en donde la primera, que es siempre delegada, tiene principio y origen. La teoría de la soberanía constituyente del pueblo es una teoría atea que no está en la escuela liberal sino como el ateísmo está en el deísmo, en calidad de consecuencia lejana, aunque inevitable. De aquí proceden las dos grandes parcialidades de la escuela liberal, la de- mocrática y la liberal, propiamente dicha; la segunda más tímida, la prime- ra más consecuente. La democrática, arrastrada por una lógica inflexible, ha ido a perderse en estos últimos tiempos, como los ríos van a perderse en la mar, en las escuelas a un mismo tiempo ateas y socialistas; la liberal lucha por estar quieta en el alto promontorio que ha levantado para sí, pues- to entre dos mares que, van alzando sus olas y que cubrirán su cima: el so- cialista y el católico. De esta última sólo hablamos aquí, y de ella afirmamos que, no pudiendo reconocer la soberanía constituyente del pueblo sin ser democrática, socialista y atea ni la soberanía actual de Dios sin ser monár- quica y católica, reconoce por una parte la soberanía originaria y constitu- 138 JUAN DONOSO CORTÍ yente de Dios, y por otra, la soberanía actual de la razón humana. Y véas cómo teníamos razón al afirmar que la escuela liberal no proclama el dere cho humano sino como derivado originariamente del divino. | Para esta escuela no hay otro mal sino el que procede de no estar €; gobierno en donde le puso Dios desde el principio de los tiempos; y coma las cosas materiales están perpetuamente sujetas a las leyes físicas que fue ron contemporáneas de la creación, la escuela liberal niega el mal en la universalidad de las cosas; y al revés, como sucede que el gobierno de las sociedades no está quieto y fijo en las dinastías filosóficas, en quienes resl de por delegación divina el derecho exclusivo de gobernación de las cosas humanas, la escuela liberal afirma el mal social, siempre que el gobierno sale de las manos de los filósofos y de las clases medias para caer en las manos de los Reyes o para pasar a las clases populares, 3. De todas las escuelas, ésta es la más estéril, porque es la menos docta y la más egoísta. Como se ve, nada sabe de la naturaleza del mal ni del bien: apenas tiene noticia de Dios, y no tiene ninguna del hombre. Impo- tente para el bien, porque carece de toda afirmación dogmática, y para el mal, porque le causa horror toda negación intrépida y absoluta, está con- denada, sin saberlo, a ir a dar con el bajel que lleva su fortuna al puerto católico o a los escollos socialistas. Esta escuela no domina sino cuando la sociedad desfallece: el período de su dominación es aquel transitorio y fu- gitivo en que el mundo no sabe si irse con Barrabás o con Jesús, y está sus- penso entre una afirmación dogmática y una negación suprema. La socie- dad entonces se deja gobernar de buen grado por una escuela que nunca dice afirmo ni niego, y que a todo dice distingo. El supremo interés de esta escuela está en que no llegue el día de las negaciones radicales o de las afirmaciones soberanas; y para que no llegue, por medio de la discusión confunde todas las nociones y propaga el escepticismo, sabiendo, como sabe, que un pueblo que oye perpetuamente en boca de sus sofistas el pro y el contra de todo, acaba por no saber a qué atenerse y por preguntarse a sí propio si la verdad y el error, lo justo y lo injusto, lo torpe y lo honesto, son cosas contrarias entre sí, o si son una a cosa mirada desde puntos de vista diferentes. Este período angustioso, por mucho que dure, es siempre breve; el hombre ha nacido para obrar, y la discusión perpetua contradice a la naturaleza humana, siendo, como es, enemiga de las obras. Apremia- dos los pueblos por todos sus instintos, llega un día en que se derraman por las plazas y las calles pidiendo a Barrabás o pidiendo a Jesús resuelta- mente, y volcando en el polvo las cátedras de los sofistas.
MESAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 139 4. Las escuelas socialistas, hecha abstracción de las bárbaras muchedum- res que las siguen, y consideradas en sus doctores y maestros, sacan gran- les ventajas a la escuela liberal, cabalmente porque se van derechas a to- los los grandes problemas y a todas las grandes cuestiones, y porque pro- bonen siempre una resolución perentoria y decisiva. El socialismo no es luerte sino porque es una teología satánica. Las escuelas socialistas, por lo “que tienen de teológicas, prevalecerán sobre la liberal por lo que ésta tiene ide antiteológica y de escéptica; y por lo que tienen de satánicas, sucumbi- rán ante la escuela católica, que es a un mismo tiempo teológica y divina. us instintos deben estar de acuerdo con nuestras afirmaciones, si se consi- dera que guardan para al catolicismo sus oídos, mientras que para el libe- ralismo no tienen sino desdenes.
El socialismo democrático tiene razón contra el liberalismo, cuando le dice: «¿Qué Dios es ése que ofreces a mi adoración, y que debe ser menos que tú, porque ni tiene voluntad, ni es siquiera una persona? Yo niego el Dios católico, pero negándole le concibo; lo que no puedo concebir es un Dios sin los divinos atributos. Todo me inclina a creer que no le has dado la existencia sino para que El te dé la legitimidad que no tienes: tu legiti- midad y su existencia son una ficción que cabalga en otra ficción, y una sombra que cabalga en otra sombra. Yo he venido al mundo para disipar todas las sombras y para acabar con todas las ficciones. La distinción entre la soberanía actual y la constituyente tiene todos los visos de una invención de los que, no atreviéndose a cogerlas ambas, quieren a lo menos tomar una. El soberano es como Dios: o es uno, o no existe; la soberanía, como la divinidad, o no es, o es indivisible e incomunicable. La legitimidad de la razón son dos palabras, de las cuales la última designa el sujeto y la prime- ra el atributo: yo niego el atributo y el sujeto. ¿Qué cosa es la legitimidad y qué cosa es la razón? Y en el caso que sean alguna cosa, ¿de dónde sabes que esa cosa esté en el liberalismo y no en el socialismo, en ti y no en mí, en las clases acomodadas y no en el pueblo? Yo niego tu legitimidad y tú la mía; tú niegas mi razón y yo la tuya.
Cuando me provocas a discutir, te perdono porque no sabes lo que ha- ces: la discusión, disolvente universal, cuya virtud secreta no conoces, aca- bó ya con tus adversarios, y va a acabar contigo ahora: por lo que hace a mí, tengo propósito firme de ganarla por la mano, matándola para que no me mate. La discusión es espada espiritual que revuelve el espíritu con ojos vendados; contra ella, ni vale la industria ni la malla de acero: la discusión es el título con que viaja la muerte cuando no quiere ser conocida y anda de incógnito. Roma la sesuda la conoció, a pesar de sus disfraces, cuando 140 JUAN DONOSO CORTÑÍ ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 141 entró por sus muros en traje de sofista; por eso, prudente y avisada, la rt frendó su pasaporte. El hombre, al decir de los católicos, no se perdió sin porque entró en discusiones con la mujer, ni la mujer por haber discutidt con el diablo. Más adelante, hacia la mitad de los tiempos, dicen que est mismo demonio se apareció a Jesús en un desierto, provocándole a una ba talla espiritual, o como quien diría, a una discusión de tribuna; pero aqu parece que tuvo que habérselas con otro más avisado, el cual le hubo de contestar: Vade Satana, con cuya palabra puso fin a un mismo tiempo a l discusión y a los diabólicos prestigios. Es fuerza confesar que los católico tienen gracia especial para poner de bulto grandes verdades y para vestir las con ingeniosas ficciones *, La antigúedad toda hubiera condenado und: nimemente al insensato que hubiera puesto en pública discusión a un tien» po mismo las cosas divinas y las humanas, las Instituciones religiosas y la sociales, los magistrados y los dioses. Contra él hubieran fallado de consund' Sócrates, Platón y Aristóteles; en el gran duelo hubieran sido sus campeo nes los cínicos y los sofistas.
Por lo que hace al mal, o está en el universo todo, o no existe. Las for mas de los gobiernos son poca cosa para engendrarle: si la sociedad esti sana y bien constituída, su constitución es poderosa para resistir a todas l: formas posibles de gobierno; y si no las resiste, es porque está mal constituida y enferma. El mal no puede ser concebido sino como un vicio orgánico de la sociedad, o como un vicio constitucional de la naturaleza humana; y en este caso el remedio no está en mudar el gobierno, sino en cambiar el or ganismo social o la constitución del hombre».
El error fundamental del liberalismo consiste en no dar importancia sino a las cuestiones de gobierno, que comparadas con las del orden reli: gioso y social no tienen importancia ninguna. Esto sirve para explicar por qué causa el liberalismo queda de todo punto eclipsado desde el momento y en que socialistas y católicos proponen al mundo sus tremendos problemas y sus soluciones contradictorias. Cuando el catolicismo afirma que el mal viene del pecado, que el pecado corrompió en el primer hombre a la natu raleza humana, y que sin embargo, el khien prevalece sobre el mal y el o den sobre el desorden, porque el uno es humano y el otro divino, no cabe luda sino que, aun antes de ser examinado, satisface en cierta manera a la 12ón, proporcionando la grandeza de las causas a la de los efectos, y nive- lando la grandeza de lo que se propone explicar con la grandeza de sus E Pxplicaciones, Cuando el socialismo afirma que la naturaleza del hombre está sana y la sociedad enferma; cuando pone el primero en lucha abierta con la segunda, para extirpar el mal que está en ella con el bien que está en él; cuando convoca y llama a todos los hombres para que se levanten en rebeldía contra las instituciones sociales, no, cabe duda sino que en esta manera de plantear y resolver la cuestión, si hay mucho falso, hay algo de Higantesco y de grandioso, digno de la majestad terrible del asunto. Pero tuando el liberalismo explica el mal y el bien, el orden y el desorden, por lis varias formas de los gobiernos, todas efímeras y transitorias; cuando pres- tindiendo por un lado de todos los problemas sociales, y por otro de todos los religiosos, pone a discusión sus problemas políticos, como los únicos que son dignos por su alteza de ocupar al hombre de Estado, no hay pala- bras en ningún idioma con que encarecer la profundísima incapacidad y la radical impotencia de esta escuela, no para resolver sino hasta para plan- car estas pavorosas cuestiones. La escuela liberal, enemiga a un mismo tiem- po de las tinieblas y de la luz, ha escogido para sí no sé qué crepúsculo Incierto entre las regiones luminosas y las opacas, entre las sombras eter- nas? y las divinas auroras. Puesta en esta región sin nombre, ha acometido la empresa de gobernar sin pueblo y sin Dios; empresa extravagante e im- posible: sus días están contados, porque por un punto del horizonte asoma Dios, y por otro asoma el pueblo. Nadie sabrá decir dónde está en el tre- mendo día de la batalla, y cuando el campo todo esté lleno con las falanges católicas y las falanges socialistas.
1 Conviene no perder de vista que todo este razonamiento va puesto en boca de los so: cialistas. 5 O que no tendrán fin.
CAPÍTULO NOVENO SOLUCIONES SOCIALISTAS SUMARIO.- 1. El racionalismo (común a las escuelas liberal y socialista) desde el punto de vista religioso va al ateísmo. La escuela liberal es, pues, contradictoria, tanto en religión como en política. Sólo flota por encima de sus contradicciones su fuerza corruptora de la sociedad.- 2. Monstruo- sas afirmaciones del socialismo sobre la divinidad.- 3, Encarnación de es- tos errores socialistas en Proudhon. Sus continuas contradicciones.- 4. Sus rabiosas blasfemias.- 5. El racionalismo: explicación y síntesis de todas sus contradicciones.
Las escuelas socialistas sacan una gran ventaja a la liberal, así por la huturaleza de los problemas que se proponen resolver, como por la mane- ra de plantearlos y de resolverlos. Sus maestros se muestran familiarizados, hasta cierto punto, con aquellas especulaciones atrevidas que tienen por Asunto a Dios y su naturaleza, al hombre y su constitución, a la sociedad y hus instituciones, al universo y sus leyes. De esta inclinación a generalizarlo todo, a considerar las cosas en su conjunto, a observar las disonancias y las armonías generales, procede una más grande aptitud en ellos para entrar y valir, sin perderse, en el laberinto intrincado de la dialéctica racionalista. Si en la gran contienda que tiene como en suspenso al mundo no hubiera otros combatientes sino los socialistas y los liberales, ni la batalla sería larga ni dudosa la victoria.
1. Todas las escuelas socialistas son desde el punto de vista filosófico, racionalistas; desde el punto de vista político, republicanas; desde el punto 144 JUAN DONOSO CORTÉS de vista religioso, ateas. Por lo que tienen de racionalistas se asemejan a la escuela liberal, y se distinguen de ella por lo que tienen de ateas y de repu- blicanas. La cuestión consiste en averiguar si el racionalismo va a parar ló- gicamente al punto en que la escuela liberal hace alto o al término en que descansan las escuelas socialistas. Reservando para más adelante el examen de esta cuestión por lo relativo al punto de vista político, nos ocuparemos aquí principalmente del punto de vista religioso.
Considerada bajo este aspecto la cuestión, es cosa clara que el sistema en virtud del cual se concede a la razón una competencia omnímoda para resolver por sí y sin ayuda de Dios todas las cuestiones relativas al orden político, al religioso, al social y al humano, supone en la razón una sobera- nía completa y una independencia absoluta. Este sistema lleva consigo tres negaciones simultáneas: la de la revelación, la de la gracia y la de la provi- dencia; la de la revelación, porque la revelación contradice la competencia omnímoda de la razón humana; la de la gracia, porque la gracia contradi- ce su independencia absoluta; la de la providencia, porque la providencia es la contradicción de su soberanía independiente. Pero estas tres negacio- nes, si bien se mira, se resuelven en una: la negación de todo vínculo entre Dios y el hombre; como quiera que, si el hombre no está unido a Dios por la revelación, por la providencia y por la gracia, no está unido a Dios de ninguna manera.
Ahora bien: afirmar esto de Dios y negarle, es una misma cosa. Afir- marle dogmáticamente después de haberle despojado dogmáticamente de todos sus atributos, es una contradicción reservada a la escuela liberal, la más contradictoria entre las racionalistas. Por lo demás, esta contradicción, lejos de ser accidental, es esencial en esta escuela, la cual, por cualquiera lado que se la mire, es un compuesto exótico de palmarias contradiccio- nes. Eso mismo que hace con Dios en el orden religioso, hace en el políti- co con el Rey y con el pueblo. La escuela liberal tiene por oficio proclamar las existencias que het y anular las existencias que proclama. Ninguno de sus principios deja de ir acompañado del contraprincipio que le destru- ye. Así, por ejemplo, proclama la Monarquía, y luego la responsabilidad ministerial, y, por consiguiente, la omnipotencia del Ministro responsable, contradictoria de la Monarquía. Proclama la omnipotencia ministerial, y luego la omnipotencia soberana, en materias de gobierno, de las Asambleas deliberantes, la cual es contradictoria de la omnipotencia de los Ministros. Proclama la soberana intervención en los asuntos del Estado de las asam- bleas políticas, y luego el derecho de los colegios electorales para fallar en última instancia, el cual es contradictorio de la intervención soberana de ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 145