SigPhi · Juan Donoso Cortés

Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851)

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Volviendo a la naturaleza del hombre, que es nuestro objeto especial por lo de ahora, supuesta por un lado su unidad, y por otro su bondad ab- soluta, procedía proclamar al hombre santo y divino; santo y divino, no sólo en su unidad, sino también en todos y en cada uno de los elementos que la constituyen; y de aquí la proclamación de la santidad y de la divinidad de las pasiones: por esta razón, todas las escuelas socialistas, unas implícitas y otras explícitamente, proclaman las pasiones divinas y santas. Supuesta la ' Dice el autor «su naturaleza antitética» refiriéndose al hombre, porque los socialistas no creen el pecado original, de donde proviene aquella especie de antítesis que se echa de ver en el hombre.

ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 157 santidad y la divinidad de las pasiones, procedía la condenación explícita de todo sistema represivo y penal, y sobre todo la condenación de la vir- tud, cuyo oficio es atajarlas el paso, impedir su explosión y reprimir sus ím- petus. Y, en efecto, todas estas cosas, que son a un mismo tiempo conse- cuencia de los principios anteriores, y principios de consecuencias más re- motas, están enseñadas y proclamadas con un cinismo mayor o menor en todas las escuelas socialistas, entre las que resplandecen la sansimonia y la lourrerista, aventajándose a las demás como si fueran dos soles en un cielo estrellado. Eso es lo que significa la rehabilitación sansimoniana de la mu- jer y su pacificación de la carne. Eso es lo que significa la teoría de Fourrier acerca de las atracciones. Fourrier dice: «El deber procede del hombre (en- tiéndase de la sociedad) y la atracción de Dios». Mad. de Coeslin, citada por M. Louis de Raybaud, en sus Estudios sobre los reformistas contemporáneos», ha expresado este mismo pensamiento con mayor exactitud, diciendo: «Las pasiones son de institución divina, las virtudes de institución humana»; lo cual quiere decir, supuestos los principios de la escuela, que las virtudes son perniciosas y las pasiones saludables. Por esta razón, el fin supremo del socialismo es crear una nueva atmósfera social, en que las pasiones se mue- van libremente, comenzando por destruir las instituciones políticas, religiosas y sociales que las oprimen. La edad de oro, anunciada por los poetas y aguardada de las gentes, comenzará en el mundo cuando tenga principio ese gran suceso, y cuando despunte en los horizontes esa magnífica auro- ra. La tierra entonces será un paraíso; y ese paraíso, con puertas a todos los vientos, no será, como el católico, una prisión guardada por un ángel; el mal habrá desaparecido de la tierra, que ha sido hasta ahora, pero que no está condenada a ser perpetuamente un valle de lágrimas.

3. Estas cosas piensa el socialismo del bien y del mal, de Dios y del hom- bre. Mis lectores no exigirán de mí ciertamente que siga paso a paso a las escuelas socialistas por el camino escabroso de sus extravagancias pertur- badoras. Lo exigirán mucho menos al considerar que ya quedaron virtual- mente impugnadas desde el momento en que expuse a su vista la majestad de la doctrina católica relativa a estas grandes cuestiones, en su sencilla y augustal magnificencia. Esto no obstante, me creo en el imprescindible y santo deber de derribar por el suelo ese edificio del error, con lo que basta y sobra para derribarle: con un solo argumento y con una sola palabra.

La sociedad puede ser considerada desde dos puntos de vista diferen- tes: el católico y el panteísta. Considerada desde el punto de visto católico, no es otra cosa sino la reunión de una multitud de hombres que viven to- dos bajo la obediencia y al amparo de unas mismas leyes y de unas mismas 158 JUAN DONOSO COR] SAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 133 lespués, de otra manera y a otro propósito, esos mismos Misterios. El cato- icismo afirma dos cosas: el mal y la Redención; el socialismo nacionalista tomprende en el símbolo de su fe las mismas afirmaciones. Entre socialismente de los individuos que la constituyen, nada puede estar en la socit fis y católicos no hay más que esta diferencia: los segundos afirman el mal dad que no esté antes en los individuos; de donde se sigue, por consecuen flel hombre y la Redención por Dios; los primeros afirman el mal de la so- cia forzosa; que el mal y el bien que hay en ella, le vienen del hombre. Cor riedad y la Redención por el hombre. El católico, con sus dos afirmacio- siderado desde este punto de vista, es cosa absurda el intento de extirpar € pes, no hace otra cosa sino afirmar dos cosas sencillas y naturales: que el mal en la sociedad, en donde existe por incidencia, y el propósito de mi hombre es hombre y ejecuta obras humanas; que Dios es Dios y acomete tocar a los individuos, en los que está originaria y esencialmente. En la st empresas divinas. El socialismo, con sus dos afirmaciones, no hace otra cosa gunda suposición, según la cual la sociedad es un ser que existe por sí cor sino afirmar que el hombre acomete y lleva a cabo empresas de un Dios, y una existencia concreta, individual y necesaria, los que esto afirman estár que la sociedad ejecuta las obras propias del hombre. ¿Que va ganando la obligados a resolver de una manera satisfactoria las mismas cuestiones qué razón humana con dejar el catolicismo por el socialismo, sino dejar lo que con respecto al hombre los racionalistas proponen a los católicos, convié' es a un mismo tiempo evidente y misterioso, por lo que es a un tiempo misne a saber: si la sociedad es mala, esencial o accidentalmente: si lo prime mo misterioso y absurdo?

ro, cómo se explica el mal esencial; si lo segundo, cómo, de qué maner? 4. Nuestra impugnación de las teorías socialistas no sería completa si en cuáles circunstancias y con cuál ocasión ha venido a turbarse la armo: ho acudiéramos al arsenal de M. Proudhon, lleno unas veces de razón y nía social con esa incidencia perturbadora. Ya hemos visto cómo los catól Otras de elocuencia y de sarcasmo, cuando combate y pulveriza a sus com- cos desatan todos estos nudos, de qué manera se adelantan a resolver todas pañeros de armas.

esas dificultades, y en qué forma responden a todas estas preguntas en lo Véase aquí lo que M. Proudhon piensa de la naturaleza armónica del relativo a la existencia del mal, considerado como una consecuencia de la hombre, proclamada por Saint-Simón y por Fourrier, y de la futura trans- prevaricación humana. Lo que no hemos visto hasta aquí, y lo que no vere: formación de la tierra de un jardín deleitoso, anunciado por todos los so- inos jamás, es el modo y la fuerza con que el racionalismo socialista resuek cialistas: «Pero el hombre, considerado en el conjunto de sus manifestaciove esas mismas cuestiones en lo relativo a la existencia del mal considerada Nes, y cuando todas sus antinomias parecen apuradas, presenta todavía una únicamente en las instituciones sociales. ¡ que, no refiriéndose a nada de lo que existe en la tierra, queda aquí abajo - Esta sola consideración me autorizaría para afirmar que la teoría sos sin solución de ninguna especie. Esto sirve para explicar por qué causa, por cialista es una teoría de charlatanes, y que el socialismo no es otra cosa sino perfecto que sea el orden en la sociedad, no lo es nunca tanto que destie- la razón social de una compañía de histriones. Para ser tan sobrio como rre de todo punto la amargura y el tedio. La felicidad en este mundo es un me he propuesto, pondré término a esta argumentación encerrando el so- ideal que estamos condenados a seguir siempre, y que el antagonismo in- cialismo en este dilema: O el mal que está en la sociedad es una esencia, O vencible de la naturaleza y del espíritu pone perpetuamente fuera de nues- un accidente; si es una esencia, para extirparle no basta trastornar las insti- tro alcance». (Systeme des contradictions, cap. X). Poned ahora la atención en tuciones sociales; es necesario además destruir la sociedad misma, que es el siguiente sarcasmo contra la bondad nativa del hombre: «El obstáculo la esencia que sostiene todas sus.formas. Si el mal social es accidental, en- mayor que la igualdad tiene que vencer, no está en el orgullo aristocrático tonces estáis obligados a hacer lo que no habéis hecho, lo que no hacéis, lo del rico, sino en-el egoísmo indispensable del pobre; y a pesar de eso, ¿os que no podéis hacer; estáis obligados a explicarme en qué tiempo, por cuál iii todavía a a bondad A cama relormar a ha causa, de qué manera y en cuál forma ha sobrevenido ese accidente, y lue- po mismo la espontaneidad y la premeditación de su malicia?» (Systeme des go por cuál serie de deducciones venís a convertir al hombre en redentor contradictions, cap. VU). El sarcasmo crece de punto en las palabras siguien- de la sociedad, dándole la potestad de limpiar sus manchas y de lavar sus tes, tomadas de la misma obra y del mismo capítulo: «La lógica del socialis- pecados. Con este motivo convendrá advertir aquí a los incautos, que es mo: €s verdaderamente maravillosa; El hombre es bueno -nos dicen, peró racionalismo, que ataca con furor todos los Misterios católicos, proclama es necesario desinteresarle del mal para que se abstenga de él; el hombre instituciones; considerada desde el punto de vista panteísta, es un organ mo que existe con una existencia individual, concreta y necesaria. En | primera suposición, es claro que, no existiendo la sociedad independient: JUAN DONOSO CORTE ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 161 ls sd dd interesarle en el bien para que le pon esucristo, Zoroastro, fueron todos apóstoles de la expiación y símbolos vi- 7 E MICA porque si el ALOE és de sus Paaionas le lleva al mal, hará el m vos de la penitencia. El hombre es por naturaleza pecador, lo cual no quiey si está desinteresado del bien, no le ejecutará. En este caso la sociedad Y re decir precisamente que sea malo, sino más bien que está mal hecho. Su tendrá ) 3], 10 óa derecho para echarle en cara que escuchó sus pasiones, porque, el ilestino es estar ocupado perpetuamente en volver a crear su propio ideal es la que está en obligación de conducirle por medio de sus pasiones. ¡QU entro de sí mismo» naturaleza tan excelente y tan maravillosamente enriquecida con dones. En esta profesión de fe hay algo de la teoría católica, algo de la sociade dr de ¡Qué alma de ar qSia la de aquel Heliogábalo que organizó; lista, y algo que ni es de la una ni de la otra, y constituye, por lo mismo, la prostitución! Y en cuanto a Tiberio, ¡qué carácter el suyo tan poderoso individualista de la teoría proudhoniana.

e _ e Y al ES ¿dónde hay palabras ps RURAROE bastante a | Lo que hay aquí de la teoría católica consiste en el reconocimiento de OS que produjo aquellas almas divinas, y que dio el ser, sin embarg la existencia del mal y del pecado, en la confesión de que el pecado está en a Tácito y Marco Aurelio? ¡Y eso es lo que nuestros socialistas llaman bor el hombre y no en la sociedad, y de que el mal no viene de la sociedad, dad ingénita del hombre y santidad de sus pasiones! Una Safo, llena de arrt rino del hombre; por último, hay aquí de la teoría católica el reconocimiento ed A de sus amantes, pone la cerviz al yugo del matrimonic explícito de la necesidad de la Redención y de la penitencia. esinteresada de al hi ¡ í iali 4 1Ó són amor, se resigna al himeneo. ¡Y a esa mujer la llaman sant; Lo que hay de la teoría socialista está en la afirmación de que el hom- ¡Lástima an ds pa no tenga en francés el doble sentido qui bre es el redentor. Lo que constituye la individualidad de la teoría tiene en l¡ Í ( incipi > a E Sp a ea! ¡Todo el mundo estaría entonces de acuerdt proudhoniana consiste, por una parte, en este principio contradictorio de acerca de Si > | í ¡ali ] ' a santidad de Sato! ». El sarcasmo reviste aquella for la teoría socialista, conviene a saber: que el hombre redentor no redime a tale SETA A utal, que pudiera llamarse la forma proudhoniana, er la sociedad, sino que se redime a sí propio; y en este otro, contradictorio el capí i í 311 apitulo e la PA obra, en donde M. Proudhon se explica de es de la teoría católica: que el hombre no se ha hecho malo, sino que, al re- manera: «Pasemos de corrido al lado de esas constituciones sansimonianal vés, ha sido mal hecho. Dejando a un lado, por una parte, lo que en esta y fourrieristas, y de todas las otras de la misma laya, cuyos autores van pro teoría hay de conforme con la católica, y por otra, lo que hay en ella de an pi por las plazas y las calles A dichosa lazada el amo! “conforme con la socialista, me haré cargo solamente de lo que la constitu- ¡bre con e pudor y la delicadeza y la espir itualidad más pura; triste ilusión ye diferente de las otras, de aquello en virtud de lo cual deja de ser socialis- la de un socialismo abyecto, último sueño de la crápula en delirio. Dad vuela ta o católica para ser exclusivamente proudhoniana. ala pasión por medio de la Aaa, Y luego al punto la carne Uiraniza: La individualidad de esta teoría consiste en afirmar que el hombre no rá al pres los amantes no serán entre sí sino viles instrumentos de pla es pecador sino porque ha sido mal hecho. Caminando en esta suposición, . 414 fusión de los corazones sucederá el prurito de los sentidos, y...para M. Proudhon ha dado una prueba insigne de sana razón y de buena lógica, , a ba Lo sobre tales cosas, no es menester haber pasado, come buscando al Redentor fuera del Hacedor, por ser cosa clara que por aquél alint-Simó | imi y” 5D A, a ón o de la Venus popular». que hemos sido mal hechos no podemos ser bien redimidos. No pudiendo 5, Después > Í | Í 2 PA expuesto e impugnado en general las teorías so= ser Dios el redentor; y siendo el redentor necesario, había de serlo el hom- cialistas relativas a los problemas que son asunto de este libro, sólo nos fal+ bre o el ángel. Estando dudoso de la existencia del ángel, y cierto de la ta exponer Í lva a € ] 3 ¡Ó ] ] poner e impugnar la teoría de M. Proudhon, relativa a estos mismos necesidad de la redención, no teniendo a quien dar este encargo, se lo ha problemas, para poner un término a este largo y complicado debate M, dado al hombre, que es a un mismo tiempo pecador y redentor de su peca- Proudhon expone compendiosa, pero cumplidamente, su doctrina en el do capítulo ve de la obra que acabamos de citar, por las palabras siguientes; Todas estas proposiciones están bien trabadas y adheridas entre sí: por «La educación de la libertad, la sujeción de nuestros instintos, el rescate O donde todas ellas flaquean es por el hecho que les sirve de fundamento y la Redención de nuestra alma, eso es lo que significa, como lo ha demos: de base; porque, o el hombre ha sido bien o mal hecho: en el primer caso, trado Lessing, el Misterio cristiano interpretado rectamente. Esta educación viene a tierra la teoría; y en el segundo, procede de la argumentación si- durará tanto como nuestra vida y la del género humano. Moisés, Budha, guiente: Si el hombre está mal hecho y es su propio redentor, hay contra- 162 JUAN DONOSO CORTÉS HINSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 163 > dicción manifiesta entre su naturaleza y su atributo; como quiera que e de se sigue que el bien no está sujeto a caídas y mudanzas, y que el mal hombre, por mal hecho que esté, si está hecho de manera que pueda en puede ser borrado, y el pecador redimido. Reservando para más adelante mendar la obra de su Hacedor hasta el punto de redimirse, lejos de ser la explicación de aquellos grandes y soberanos Misterios con cuya virtud una criatura mal hecha, es una criatura perfectísima; porque ¿cómo puede prodigiosa el mal fue extirpado en su origen, nos hemos limitado en este imaginarse perfección mayor que la que consiste en la facultad de borrar libro a poner como de relieve la soberana industria y el portentoso artifi- todos sus pecados, de enmendar todas sus imperfecciones, y, para decirlo: cio con que Dios convierte los efectos de la culpa primitiva en elementos todo de una vez, en la de redimirse a sí propio? Ahora bien: si en el hecho constitutivos de un bien superior y de un orden excelente; por eso expusl- de ser su propio redentor, cualesquiera que sean sus imperfecciones por mos de qué manera el bien sale del mal por la virtud de Dios, después de otra parte, es el hombre un ser perfectísimo, afirmar de él a un mismo tiem- haber expuesto de qué manera sale el mal del bien por culpa del hombre, po que ha sido mal hecho y que es su propio redentor, es afirmar lo que se sin que la acción humana y la reacción divina impliquen rivalidad de ninniega y negar lo que se afirma, porque es afirmar que ha sido hecho guna especie entre seres que están separados por una distancia infinita. perfectísimo, y que ha sido mal hecho. Y no se diga que sus imperfecciones En cuanto a las escuelas racionalistas, el examen de sus varios sistemas le vienen de Dios, y que la altísima perfección que consiste en redimirse le sirve para demostrar su profundísima ignorancia en todo lo que tiene rela- viene de sí propio, porque a esto se responde que el hombre no hubiera ción con estas altas cuestiones. Por lo que hace a la liberal, su ignorancia podido llegar nunca a ser su propio redentor si no hubiera sido hecho con es proverbial entre los doctos: en calidad de lega, es esencialmente la facultad de llegar a esa grande altura, o por lo menos, con la facultad de antiteológica; y en calidad de antiteológica, es impotente para dar un gran adquirir esa facultad en la sucesión de los tiempos. Alguna de estas cosas es. impulso a la civilización, que es siempre el reflejo de una teología. Su oft- necesario conceder; y aquí conceder algo es concederlo todo, como quiera cio propio es falsear todos los principios, combinándolos caprichosa y abque si cuando fue hecho, era su redentor en potencia antes de serlo actual surdamente con aquellos otros que los contradicen: por aquí piensa llegar mente, esa potencia, a pesar de todas sus imperfecciones, le constituyó al equilibrio, y no llega sino a la confusión; piensa ir a la paz, y va a la gue- perfectísimo. Luego la teoría proudhoniana no viene a ser otra cosa sino rra. Pero como quiera que sea cosa imposible sustraerse de todo punto al una contradicción en los términos. | imperio de la ciencia teológica, la escuela liberal es menos lega de lo que 6. La conclusión de todo lo dicho es que no hay escuela ninguna que ella cree, y más, teológica de lo que a primera vista parece. La cuestión del nó reconozca la existencia simultánea del bien y del mal, y que sólo la cató- bien y del mal, la más esencialmente teológica entre cuantas pueden ima- lica explica satisfactoriamente la naturaleza y el origen del uno y del otro, y finarse, viene planteada y resuelta por sus doctores, si bien se echa de ver sus varios y complicados efectos. Ella nos enseña cómo no hay bien ningus desde luego que ignoran el arte de plantearla y el modo de resolverla. En no que no venga de Dios, y cómo todo lo que procede de Dios es un bien; primer lugar, prescinden de la cuestión relativa al mal en sí, al mal por ex de qué manera comienza el mal con el primer desfallecimiento de la liber celencia, para ocuparse sólo en cierto género de males; como si fuera post- tad angélica y de la humana, que de obedientes y sumisas se vuelven rebel. ble que el que ignora qué cosa es el mal pueda saber qué cosa son los Ena des y prevaricadoras; y de qué modo y hasta qué punto esas dos grandes les particulares; en segundo lugar, particularizando el remedio como parti prevaricaciones lo mudan todo con sus influencias y sus estragos. Ella nos cularizaron el mal, le descubren solamente en ciertas formas políticas: 1g> muestra, por último, que el bien es de suyo eterno, porque es de suyo esen+* horando que esas formas son de todo punto indiferentes, como lo enseña cial *, y que el mal es una cosa transitoria, porque es un accidente; de don la razón y lo demuestra la historia. Señalando el mal allí donde no está, y el remedio allí donde no se encuentra, la escuela liberal ha puesto la cues- tión fuera de su verdadero punto de vista, con lo cual ha introducido la confusión y el desorden en las regiones intelectuales. Su efímera domina- , 2 ps: eds ción ha sido funesta a las sociedades humanas, y durante su reinado transi- * Donoso Cortés se refiere únicamente al bien que en cada cosa se identifica con su esen, A: e; dead 6 ha dad l traste con el buen cia, no del que consiste en la existencia y los accidentes de los seres criados, los cuales no son, torio, el principio disolvente de la discusión pS ado a cierto, eternos ni inmutables. sentido de los pueblos. En este estado de la sociedad no hay trastorno que A 164 JUAN DONOSO CORTÉS: no sea de temer, ni catástrofe que no pueda yenir, ni revolución que no sea! inevitable.

Por lo que hace a las escuelas socialistas, con sólo considerar la manes ra que tiene de plantear las cuestiones, se echa de ver su superioridad so- bre la liberal, la cual no está en estado de oponerles resistencia ninguna, Siendo, como son, esencialmente teológicas, miden los abismos en toda s profundidad, y no carecen de cierta grandeza en la manera de plantear los problemas y de proponer las soluciones. Empero consideradas más atenta- mente, y cuando se entra en el laberinto intrincado de sus soluciones con- tradictorias, luego al punto se descubre su flaqueza radical, disimulada un tanto con sus apariencias grandiosas. Los sectarios socialistas son a la ma= nera de los filósofos paganos, cuyos sistemas teológicos y cosmogónicos ve= nían a ser un monstruoso conjunto, por una parte, de tradiciones bíblicas desfiguradas e incompletas, y por otra, de hipótesis insostenibles y falsas, Su grandiosidad les viene de la atmósfera que las rodea, impregnada toda: ella de emanaciones católicas; y sus contradicciones y su flaqueza, de la ig- norancia del dogma, del olvido de la tradición y de su desprecio por la Igle sia, depositaria universal de los dogmas católicos y de las tradiciones cris. tianas. A semejanza de nuestros dramáticos de otra edad, los cuales, con= fundiéndolo todo grotesca, aunque ingeniosamente, ponían en boca del César discursos dignos del Cid, y sentencias dignas de los caballeros de Cristo en boca de los adalides moros, los socialistas de nuestros tiempos están per- petuamente ocupados en dar un sentido racionalista a las palabras católi- cas, dando menos pruebas de ingenio que de candor, y mostrándose algu- na vez menos maliciosos que inocentes.

Nada hay ni menos católico ni menos racionalista que entrar a saco la ciudad racionalista y la ciudad católica, tomando de aquéllas las ideas con todas sus contradicciones, y de ésta las vestiduras con todas sus magnificencias. El catolicismo, por su parte, no consentirá ni esos escandas losos amaños, ni esa vergonzosa confusión, ni esos torpes despojos. El catos licismo está en estado de demostrar que él solo posee el índice ordenado de todos los problemas políticos, religiosos y sociales; que él solo está en el secreto de las grandes soluciones; que no vale concederle a medias y negar- le a medias, ni tomarle sus palabras para cubrir con ellas la desnudez de otras doctrinas: que no hay ni otro mal ni otro bien, sino el bien y el mal que él señala; que las cosas no pueden ser explicadas sino de la manera que él explica las cosas; que sólo el Dios que él aclama es el Dios verdade- ro; que la humanidad es lo que él dice que es, y no una cosa diferente; que cuando él ha dicho de los hombres que son entre sí hermanos, iguales y ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 165 libres, ha dicho al mismo tiempo cómo lo son, de qué manera lo son, y hasta que punto lo son; que sus palabras han sido hechas a la medida de sus ideas, y sus ideas para sostener a sus palabras; que es necesario procla- mar la libertad, la igualdad y la fraternidad católicas, o negar al mismo tiem- po todas esas cosas y todos esos nombres; que el dogma de la Redención es exclusivamente suyo; que él sólo nos enseña el por qué de la Redención, y cómo se llama el Redentor, y cómo se llama el redimido; que aceptar su dogma para estropearle es oficio de charlatán y una bufonada de mal gé- nero; que el que no es con él, es contra él; que él es la afirmación por ex- celencia, y que contra él no se da sino una negación absoluta.

De esta manera viene planteada la cuestión entre racionalistas y católi- cos. El hombre es soberanamente libre, y como libre puede aceptar las so- luciones puramente católicas o las soluciones puramente racionalistas; puede afirmarlo todo o negarlo todo; puede negarse o puede perderse: lo que el hombre no puede hacer es mudar con su voluntad la naturaleza de las co- sas, que es de suyo inmutable. Lo que el hombre no puede hacer es encon- trar reposo y descanso en el eclecticismo liberal o en el eclecticismo socia- lista. Socialistas y liberales están en la obligación de negarlo todo para te- ner el derecho de negar algo. El catolicismo, considerado humanamente, no es grande sino porque es el conjunto de todas las afirmaciones posibles: el liberalismo y el socialismo no son débiles sino porque juntan en uno va- rias de las afirmaciones católicas y varias de las negaciones racionalistas, y porque en vez de ser escuelas contradictorias del catolicismo, no son otra cosa sino dos escuelas diferentes. Los socialistas no parecen arrojados en sus negaciones sino cuando se les compara con los liberales, que en cada afirmación ven un escollo y en cada negación un peligro; su timidez, em- pero, salta a los ojos si se les compara con la escuela católica; sólo entonces se echa de ver el arrojo con que ella afirma y la timidez con que ellos nie- gan. ¡Cómo! ¿Os llamáis los Apóstoles de un nuevo Evangelio, y nos habláis del mal y del pecado, de la Redención y de la gracia, cosas todas de que está lleno el antiguo? ¿Os llamáis depositarios de una nueva ciencia políti- ca, social y religiosa, y nos habláis de libertad, de igualdad y fraternidad, cosas todas tan viejas como el catolicismo, que es tan viejo como el mun- do? Aquel que ha afirmado de sí que ensalzaría la humildad y que abatiría el orgullo, cumple en vosotros su palabra: El os condena a no ser sino tor- pes comentadores de su inmortal Evangelio, por lo mismo que aspiráis con desatentada y loca ambición a promulgar una nueva ley desde un nuevo Sinaí, ya que no desde un nuevo Calvario.

LIBRO TERCERO Problemas y soluciones relativos al orden en la humanidad CAPÍTULO PRIMERO TRANSMISIÓN DE LA CULPA, DOGMA DE LA IMPUTACIÓN SUMARIO. -1. Dificultad del dogma de la transmisión de la culpa. -2. Con- gruencias. Todo padre transmite la naturaleza con las tachas adquiridas por el vicio: ¿cómo Adán había de ser excepción de esta regla? -3. Es también innegable la transmisión de la pena, aunque se le dé el nombre de desgra- cia. -4. Transmisión de las consecuencias del pecado. -5. Transmisión de la culpa explicada por contenerse en Adán toda la especie humana. -6. Trans- misión de la pena. Consideraciones sobre la culpa de Adán.

Con el pecado del primer hombre se explica suficientemente aquel gran desorden y aquella formidable confusión que padecieron las cosas a poco de creadas!, cuya confusión y cuyo desorden se convirtieron, como vimos, sin dejar de ser lo que eran, en elementos de un orden más excelente y de una más grande armonía, por aquella virtud secreta e incomunicable, que está en Dios, de sacar el orden del desorden, de la confusión el concierto, y el bien del mal, por un acto simplicísimo de su voluntad soberana. Lo que aquel pecado por sí solo no alcanza a explicar, es la perpetuidad y cons- tancia de aquella primitiva confusión, la cual subsiste todavía en todas las cosas, señaladamente en el hombre. Para explicar cumplidamente la sub- 1 Es doctrina común entre los teólogos que el pecado del primer hombre se siguió muy huego al acto de su creación.

168 JUAN DONOSO CORTÉS sistencia de los efectos es necesario suponer la subsistencia de la causa, y para explicar la subsistencia de la causa es forzoso suponer la transmisión perpetua de la culpa.

1. El dogma de la transmisión del pecado con todas sus consecuencias es uno de los misterios más temerosos, más incomprensibles y oscuros en- tre cuantos nos han sido enseñados por revelación divina. Esa sentencia de condenación, dada en cabeza de Adán contra todas las generaciones de los hombres, así las que han sido comó las que son ahora presentes y las que serán en lo venidero hasta la consumación de los tiempos, no se compone bien a primera vista, en el entendimiento humano, con la justicia de Dios, y mucho menos con su inagotable misericordia. Cualquiera diría, al consi- derarla de golpe y por primera vez, que es un dogma sacado de aquellas religiones inexorables y sombrías del Oriente, cuyos ídolos no tienen oídos sino para escuchar lamentos, ni ojos sino para ver la sangre, ni voz sino para lanzar anatemas y para pedir venganzas. El Dios vivo, en la actitud de revelarnos ese dogma tremendo, más bien que como el Dios manso y cle- mente de los cristianos, se nos muestra como el Moloch de los pueblos idó- latras, crecido en grandeza y en barbarie, el cual, no contentándose ya con carnes tiernas para aplacar su hambre devoradora, va sepultando unas des- pués de otras en las cavernas de su vientre las generaciones humanas. ¿Por qué somos penadas -dicen todas las gentes convertidas a Dios- si no fuimos culpables?

2. Entrando de lleno y derechamente en las entrañas de la cuestión, no será empresa ardua demostrar la altísima conveniencia de este profun- do misterio. Ánte todo, debemos observar que los mismos que niegan la transmisión como dogma revelado, están obligados a reconocer que, aun considerado este negocio haciendo abstracción completa de lo que tene- mos por fe, se va siempre a parar al mismo término por diferentes cami- nos. Demos por sentado que el pecado y la pena, siendo personales de suyo, son de suyo intransmisibles; y después de hecha esta concesión, todavía de- mostraremos con evidencia que con ella como sin ella queda en pie lo que se nos enseña por el dogma.

En efecto: de cualquiera manera que se considere este negocio, siem- pre resultará que el pecado puede producir en el que lo comete tales estra- gos y tan grandes mudanzas, que sean poderosas para alterar física y moral- mente su constitución primitiva: cuando esto sucede, el hombre, que trans- mite todo lo que tiene constitucionalmente, transmite a sus hijos por la ge- neración sus condiciones constitucionales. Cuando una gran explosión de ira produce una enfermedad en el airado; cuando esa enfermedad que en ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 169 él produce es constitucional y orgánica, es cosa sencilla y natural que trans- mita a sus hijos por vía de generación el mal constitucional y orgánico que padece. Ese mal constitucional y orgánico se reduce, considerándole bajo su aspecto físico, a una enfermedad verdadera; y considerándole desde su punto de vista moral, a una predisposición de la carne a sojuzgar al espíri- tu, con aquella misma pasión que, cuando fue actual, produjo aquellos gran- des estragos. Que la prevaricación de Adán, siendo la mayor de todas las prevaricaciones posibles, debió alterar, y alteró de una manera radical su constitución moral y física, es una cosa puesta fuera de toda duda; y siéndolo, es cosa clara que debió transmitírsenos con la sangre el estrago de la culpa y la predisposición a cometerla actualmente.

Síguese de lo dicho que en realidad nada adelantan los que niegan el dogma de la transmisión del pecado, si nb niegan al mismo tiempo lo que no pueden negar sin insensatez evidente y sin evidente locura, a saber: que la culpa, cuando es grande, deja un rastro en la constitución y en el organis- mo del hombre; y que ese rastro orgánico y constitucional se transmite de unas generaciones en otras, viciándolas todas en lo que tienen de constitu- cional y de orgánico.