Señores, no hay más que dos represiones posibles: una interior y otra exterior, la religiosa y la política. Estas son de tal naturaleza, que cuando el termómetro religioso está subido el termómetro de la represión está bajo, y cuando el termómetro religioso está bajo, el termómetro político, la re- presión política, la tiranía, está alta. Esta es una ley de la humanidad, una ley de la Historia 3. Y si no, señores, ved lo que era el mundo, ved lo que era la sociedad que cae al otro lado de la Cruz; decid lo que era cuando no había represión interior, cuando no había represión religiosa. Entonces aquélla era una sociedad de tiranías y de esclavos. Citadme un solo pueblo de aquella época donde no hubiera esclavos y donde no hubiera tiranía. Este es un hecho incontrovertible, éste, es un hecho incontrovertido, éste es un hecho evidente. La libertad, la libertad verdadera, la libertad de to- dos y para todos, no vino al mundo sino con el Salvador del mundo. (¡Muy bien, muy bien!) Este también es un hecho incontrovertido, es un hecho re- conocido hasta por los mismos socialistas, que lo confiesan. Los socialistas llaman a Jesús un hombre divino, y los socialistas hacen más, se llaman sus continuadores. ¡Sus continuadores, santo Dios! ¡Ellos, los hombres de san- gre y de venganzas, continuadores del que"no vivió sino para hacer bien, del que no abrió la boca sino para bendecir, del que no hizo prodigios sino para librar a los pecadores del pecado, a los muertos de la muerte; del que en el espacio de tres años hizo la revolución más grande que han presen- ciado los siglos y la llevó a cabo sin haber derramado más sangre que la suya! (Vivas y generales aplausos) Señores, os ruego me prestéis atención; voy a poneros en presencia del paralelismo más maravillo que ofrece la Historia, Vosotros habéis visto que en el mundo antiguo, cuando la represión religiosa no podía bajar más, porque no existía ninguna, la represión política subió hasta no poder más, porque subió hasta la tiranía. Pues bien: con Jesucristo, donde nace la re- presión religiosa, desaparece completamente la represión política. Es esto tan cierto que, habiendo fundado Jesucristo una sociedad con sus discípu- los, fue aquélla la única sociedad que ha existido sin gobierno. Entre Jesús y sus discípulos no había más gobierno que el amor del Maestro a los discí- pulos y el amor de los discípulos al Maestro. Es decir, que cuando la repre- sión interior era completa, la libertad era absoluta.
La imagen hizo fortuna, y la frase se repitió a menudo. La discusión se entabló en torno al paralelo establecido.
ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 277 Sigamos el paralelismo. Llegan los tiempos apostólicos, que los exten- deré, porque así conviene ahora a mi propósito, desde los tiempos apostó- licos propiamente dichos hasta la subida del cristianismo al Capitolio en tiempo de Constantino el Grande. En este tiempo, señores, la religión cris- tiana, es decir, la represión religiosa interior, estaba en todo su apogeo; pero aunque estaba en todo su apogeo, sucedió lo que sucede en todas las socie- dades compuestas de hombres: que comenzó a desarrollarse un germen, nada más que un germen de licencia y de libertad religiosa. Pues bien se- ñores: observad el paralelismo; a éste principio de descenso en el termó- metro religioso corresponde un principio de subida en el termómetro po- lítico. No hay todavía gobierno, no es necesario el gobierno, pero es nece- sario ya un germen de gobierno. Así en la sociedad cristiana entonces no había de hecho verdaderos magistrados, sino jueces árbitros y amigables componedores, que son el embrión del gobierno. Realmente no había más que eso; los cristianos de los tiempos apostólicos no tuvieron pleitos, no iban a los tribunales; decidían sus contiendas por medio de árbitros. Ob- sérvese, señores, cómo con la corrupción va creciendo el gobierno.
Llegan los tiempos feudales, y en éstos la religión se encuentra todavía en su apogeo, pero hasta cierto punto viciada por las pasiones humanas. ¿Qué es lo que sucede, señores, en este tiempo en el mundo político? Que ya es necesario un gobierno real y efectivo, pero que basta el más débil de todos, y así se establece la monarquía feudal, la más débil de todas las mo- narquías.
Seguid observando el paralelismo. Llega, señores, el siglo XVI. En este siglo, con la gran reforma luterana, con ese gran escándalo político y so- cial, tanto como religioso; con ese acto de emancipación intelectual y mo- ral de los pueblos, coinciden las siguientes instituciones: en primer lugar, en el instante las monarquías, de feudales, se hacen absolutas. Vosotros cree- réis, señores, que más que absoluta no puede ser una monarquía; un go- bierno, ¿qué puede ser más que absoluto? Pero era necesario, senores, que el termómetro de la represión política subiera más, porque el termómetro religioso seguía bajando; y, con efecto, subió más. ¿Y qué nueva institución se creó? La de los ejércitos permanentes. ¿Y sabéis, señores, lo que son los ejércitos permanentes? Para saberlo basta saber lo que es un soldado; un soldado es un esclavo con uniforme. Así, pues, veis que, en el momento en que la represión religiosa baja, la represión política sube al absolutismo, y pasa más allá. No bastaba a los gobiernos ser absolutos; pidieron y obtuvie- ron el privilegio de ser absolutos y tener un millón de brazos.
278 JUAN DONOSO CORTÉS A pesar de esto, señores, era necesario que el termómetro político su- biera más, porque el termómetro religioso seguía bajando; y subió más. ¿Qué nueva institución, señores, se creó entonces? Los gobiernos dijeron: «Te- nemos un millón de brazos, y no nos bastan; necesitamos más; necesitamos un millón de ojos». Y tuvieron la policía, y con la policía un millón de ojos. A pesar de esto, señores, todavía el termómetro político y la represión polí- tica debían subir, porque a pesar de todo, el termómetro religioso seguía bajando y subieron.
A los gobiernos, señores, no les bastó tener un millón de brazos, no les bastó tener un millón de ojos; quisieron tener un millón de oídos, y los tuvieron con la centralización administrativa, por la cual vienen a parar al gobierno todas las reclamaciones y todas las quejas.
Y bien, señores; no bastó esto, porque el termómetro religioso siguió bajando, y era necesario que el termómetro político subiera más...¡Seño- res, hasta dónde!...Pues subió más.
Los gobiernos dijeron: «No me bastan, para reprimir, un millón de bra- zos; no me bastan, para reprimir, un millón de ojos; no me bastan, para reprimir, un millón de oídos; necesitamos más: necesitamos tener el privi- legio de hallarnos a un mismo tiempo en todas partes». Y lo tuvieron, y se inventó el telégrafo. (Grandes aplausos.)
Señores, tal era el estado de la Europa y del mundo cuando el primer estallido de la última revolución vino a anunciarnos a todos que aun no había bastante despotismo en el mundo, porque el termómetro religioso estaba por bajo de cero. Ahora bien, señores, una de dos...Yo he prometido, y cumpliré mi palabra, hablar hoy con toda franque- za. (Se redobla la atención) Pues bien, una de dos: o la reacción religiosa viene o no; si hay reac- ción religiosa, ya veréis, señores, cómo subiendo el termómetro religioso comienza a bajar natural, espontáneamente, sin esfuerzo ninguno de los pueblos, ni de los gobiernos, ni de los hombres, el termómetro político, hasta señalar el día templado de la libertad de los pueblos. (¡Bravo!) Pero si, por el contrario, señores (y esto es grave, no hay la costumbre de llamar la atención de las asambleas deliberantes sobre las cuestiones hacia donde yo la he llamado hoy; pero la gravedad de los acontecimientos del mundo me dispensa, y yo creo que vuestra benevolencia sabrá también dispensar- me); pues bien, señores, yo digo que si el termómetro religioso continúa bajando, no sé adónde hemos de ir a parar. Yo, señores, no lo sé, y tiemblo cuando lo pienso. Contemplad las analogías que he propuesto a vuestros ojos, y si cuando la represión religiosa estaba en su apogeo no era necesa- ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 21% rio gobierno ninguno, cuando la represión religiosa no exista no habrá bas- tante con ningún género de gobierno; todos los depotismos serán pocos (Profunda sensación) Señores, esto es poner el dedo en la llaga; ésta es la cuestión de Espa- ña, la cuestión de Europa, la cuestión de la Humanidad, la cuestión del mundo. (¡Cierto, cierto!)
Considerad una cosa, señores. En el mundo antiguo la tiranía fue fe- roz y asoladora, y, sin embargo, esa tiranía estaba limitada físicamente, por- que todos los Estados eran pequeños y porque las relaciones internaciona- les eran imposibles de todo punto; por consiguiente, en la antigúedad no pudo haber tiranías en grande escala, sino una sola: la de Roma. Pero aho- ra, señores, ¡cuán mudadas están las cosas; Señores: las vías están prepara- das para un tirano gigantesco; colosal, universal, inmenso; todo está prepa- rado para ello; señores, miradlo bien; ya no hay resistencias, ni físicas ni morales; no hay resistencias físicas; porque con los barcos de vapor y los caminos de hierro no hay fronteras; no hay resistencias físicas, porque con el telégrafo eléctrico no hay distancias, y no hay resistencias morales, por- que todos los ánimos están divididos y todos los patriotismos están muer- tos. Decidme, pues, si tengo o no razón cuando me preocupo por el porve- nir próximo del mundo; decidme si, al tratar de esta cuestión, no trato de la cuestión verdadera. (Sensación) Una sola cosa puede evitar la catástrofe; una y nada más; eso no se evi- ta con dar más libertad, más garantías, nuevas constituciones; eso se evita procurando todos, hasta donde nuestras fuerzas alcancen, provocar una re- acción saludable, religiosa. Ahora bien, señores: ¿es posible esta reacción? Posible lo es; pero ¿es probable? Señores, aquí hablo con la más profunda tristeza; no la creo probable. Yo he visto, señores, y conocido a muchos in- dividuos que salieron de la fe y han vuelto a ella; por desgracia, señores, no he visto jamás a ningún pueblo que haya vuelto a la fe después de haberla perdido *.
Si aun me quedara alguna esperanza; la hubieran disipado, señores, los últimos sucesos de Roma; y aquí voy a decir dos palabras sobre esta cues- tión, tratada también por el señor Cortina.
Señores, los sucesos de Roma no tienen un nombre. ¿Cómo los llama- ríais, señores? ¿Los llamaríais deplorables? Deplorables, todos los que he 2 El pesimismo que refleja este pensamiento no es sólo accidental, como se verá más adelante, sino que forma parte de su visión de la lucha entre el bien y el mal en el mundo.
280 JUAN DONOSO CORTÉS ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 281 do. Roma, señores, los Estados Pontificios no pertenecen a Roma, no per- tenecen al Papa; los Estados Pontificios pertenecen al mundo católico; el mundo católico se los ha reconocido al Papa para que fuera libre e inde- pendiente, y el Papa mismo no puedo despojarse de esa soberanía, de esa indepencencia. (Generales aplausos) Señores, voy a concluir, porque el Congreso está muy cansado, y yo lo estoy también. (Varios señores: «¡No, no!») Señores, francamente, tengo que declarar aquí que no puedo extenderme más, porque tengo la boca mala, y ha sido un prodigio que yo pueda hablar; pero lo principal que tenia que decir lo he dicho ya.
Después de haber tratado las tres cuestiones exteriores que trató el se- ñor Cortina, vuelvo, para concluir, a la anterior. Señores, desde el princi- pio del mundo hasta ahora ha sido una cosa discutible si convenía más el sistema de la resistencia o el sistema de las concesiones para evitar las revo- luciones y los trastornos, pero afortunadamente señores, ésa, que ha sido una cuestión desde el primer año de la creación hasta el año 48, en el año de gracia del 48 ya no es cuestión de ninguna especie, porque es cosa re- suelta: yo, señores, si me lo permitiera el mal que padezco en la boca, ha- ría una reseña de todos los acontecimientos desde febrero basta ahora que prueban esta aserción, pero me contentaré con recordar dos: el de la Fran- cia, señores; allí la Monarquía, que no resistió, fue vencida por la Repúbli- ca, que apenas tenía fuerza para moverse, y la República, que apenas tenía fuerza para moverse, porque resistió, venció al socialismo.
En Roma, que es otro ejemplo que quiero citar, ¿qué ha sucedido? ¿No estaba allí vuestro modelo? Decidme: si vosotros fuerais pintores y quisie- rais pintar el modelo de un rey, ¿encontraríais otro modelo que no fuera su original Pío IX? Señores, Pío IX quiso ser, como su divino Maestro, mag- nífico y dadivoso; halló proscritos en su país, y les tendió la mano y los de- volvió a su patria; había reformistas, señores, y les dio reformas; había libe- rales, señores, y les hizo libres; cada palabra suya fue un beneficio; y ahora, señores, decidme: ¿a sus beneficios no igualan, si no exceden, sus ignomi- nias? Y en vista de esto, señores, ¿el sistema de las concesiones no es una cosa resuelta? (¡Muy bien, muy bien!)
Señores, si aquí se tratara de elegir, de escoger entre la libertad, por un lado y la dictadura, por otro, aquí no habría disenso ninguno; porque ¿quién, pudiendo abrazarse con la libertad, se hinca de rodillas ante la dic- tadura? Pero no es esta la cuestión. La libertad no existe de hecho en Eu- ropa; los gobiernos constitucionales, que la representaban años atrás, no e ad casi todas partes, señores, sino una armazón, un esqueleto sin citado lo son; esos son mucho más. ¿Los llamaríais horribles? Señores, esos acontecimientos son sobre todo horror.
Había en Roma, ya no le hay, sobre el trono más eminente, el varón mas justo, el varón más evangélico de la tierra. ¿Qué ha hecho Roma de ese varón evangélico de ese varón justo? ¿Qué ha hecho esa ciudad en don- de han imperado los héroes, los Césares y los Pontífices? Ha trocado el tro- no de los Pontífices por el trono de los demagogos. Rebelde a Dios, ha caí- do bajo la idolatría del puñal. Eso ha hecho. El puñal, señores, el puñal demagógico, el puñal sangriento, ese es hoy el ídolo de Roma. Ese es el ídolo que ha derribado a Pío IX. Ese es el ídolo que pasean por las calles tropas de caribes. ¿Dije caribes? Dije mal, que los caribes son feroces, pero los caribes no son ingratos. (Ruidosos aplausos) | Señores, me he propuesto hablar con toda franqueza, y hablaré. Digo que es necesario que el rey de Roma vuelva a Roma o que no quede en ] Roma, aunque pese al señor Cortina, piedra sobre piedra. (En los bancos de la mayoría: «¡Muy bien, muy bien!»)
El mundo católico no puede consentir, y no consentirá, en la destruc- ción virtual del cristianismo por una ciudad sola, entregada al frenesí de la locura. La Europa civilizada no puede consentir, y no consentirá, que se desplome señores, la cúpula del edificio de la civilización europea. El mun- do, señores, no puede consentir, y no consentirá, que en Roma, esa ciudad santa, se verifique el advenimiento al trono de una nueva y extraña dinas- tía, la dinastía del crimen. (/Bravo¡) Y no se diga, señores, como dice el se- nor Cortina, como dicen en periódicos y discursos los señores que se sien- tan en aquellos bancos (Dirigiéndose a los de la izquierda), que hay dos cues- tiones allí, una temporal y otra espiritual, y que la cuestión ha sido entre el rey temporal y su pueblo; que el Pontífice existe todavía. Dos palabras so- bre esta cuestión: dos palabras, señores, lo explicarán todo.
Sin duda ninguna el poder espiritual es lo principal en el Papa; el tem-. poral es accesorio; pero ese accesorio es necesario. El mundo católico tie- ne el derecho de exigir que el oráculo infalible de sus dogmas sea libre e independiente; el mundo católico no puede tener una ciencia cierta, como se necesita de que es independiente y libre sino cuando es soberano, por- que sólo el soberano no depende de nadie. (¡Muy bien, muy bien!) Por consi- guiente, señores, la cuestión de soberanía, que es una cuestión política en todas partes, es en Roma además una cuestión religiosa; el pueblo, que pue- de ser soberano en todas partes, no puede serlo en Roma; asambleas cons- tituyentes que pueden existir en todas partes, no pueden existir en Roma: en Roma no puede haber más poder constituyente que el poder constituird AE, 282 JUAN DONOSO CORTÉS vida. Recordad una cosa, recordad a Roma imperial. En la Roma imperial existen todas las instituciones republicanas: existen los omnipotentes dicta- dores, existen los inviolables tribunos, existen las familias senatoriales, exis- ten los eminentes cónsules; todo esto, señores, existe; no falta más que una cosa: sobra un hombre y falta la República. (¡Muy bien, muy bien!)
Pues esos son, señores, en casi toda Europa los gobiernos constitucio- nales; sin pensarlo, sin saberlo, el señor Cortina nos lo demostró el otro día. ¿No nos decía su señoría que prefiere, y con razón, lo que dice la His- toria a lo que dicen las teorías? A la Historia apelo. ¿Qué son, señor Corti- na, esos gobiernos con sus mayorías legítimas, vencidas siempre por las mi- norías turbulentas; con sus ministros responsables, que de nada responden: con sus reyes inviolables, siempre violados? Así, señores, la cuestión, como he dicho antes, no está entre la libertad y la dictadura: si estuviera entre la libertad y la dictadura, yo votaría por la libertad como todos los que nos sentamos aquí. Pero la cuestión es ésta, y concluyo: se trata de escoger en- tre la dictadura de la insurrección y la dictadura del Gobierno; puesto en este caso, yo escojo la dictadura del Gobierno, como menos pesada y me- nos afrentosa. (Aplausos en los bancos de la mayoría) Se trata de escoger entre la dictadura que viene de abajo y la dictadura que viene de arriba: yo escojo la que viene de arriba, porque viene de re- giones más limpias y serenas; se trata de escoger, por último, entre la dicta- dura del puñal y la dictadura del sable: yo escojo la dictadura del sable, porque es más noble. (¡Bravo, bravo!) Señores, al votar nos dividiremos en esta cuestión, y dividiéndonos, seremos consecuentes con nosotros mismos. Vosotros, señores, votaréis, como siempre, lo más popular; nosotros, seño- res, como siempre, votaremos lo más saludable.
(Una grande agitación sigue a este discurso. El orador recibe las felicitaciones de casi todos los diputados del Congreso) El Derecho Civil y los Pobres ANTON MENGER El espíritu del Derecho Romano RUDOLF VON ÍHERING El problema de la creación del Derecho PHILIPP HECK Filosofía del Derecho GUSTAVO RADBRUCH Derecho privado positivo FRANCISCO GENY Las convenciones colectivas de condiciones de trabajo en la doctrina y en las legislaciones extranjera y española ALEJANDRO GALLART Y FOLCH La reforma Constitucional ADOLFO POSADA El fin en el Derecho RUDOLF VON ÍHERING Teoría General del Estado G. JELLINEK Elementos de sociología jurídica GEORGES GURVITCH Teoría del hecho jurídico JOAQUÍN COSTA ) La lógica de las normas dl ALF Ross Historia del derecho privado de la edad moderna FRANZ WIEACKER La soberanía BERTRAND DE JOUVENEL Aspectos jurídicos del capitalismo moderno GEORGES RIPERT COLECCIÓN CRÍTICA DEL DERECHO SECCIÓN ARTE DEL DERECHO Evolución de la libertad RoscogE POUND Esencia y valor de la democracia HANS KELSEN Pactos colectivos y contratos de grupo MANUEL ALONSO OLEA Sociología del derecho MAX WEBER Teoría general del negocio Jurídico EmILIO BETTI Introducción al pensamiento jurídico KARL ENGISCH La gramática de la política. El Estado Moderno H.J. LASKI Fragmentos de un diccionario jurídico SANTI ROMANO Teoría general del Estado HANS KELSEN La autonomía privada LuiG! FERRI Tratado de las pruebas judiciales JEREMÍAS BENTHAM El pensamiento burocrático ALEJANDRO NIETO GARCÍA Manual de sucesión testada JUAN OSORIO MORALES Teorías e ideologías en el Derecho Sindical GIOVANNI TARELLO Estudios preliminares de sociología del derecho THEODOR GEIGER Justicia Política. Empleo del proce- dimiento legal para fines políticos OTTO KIRCHHEIMER Tratado de derecho político ADOLFO POSADA Las servidumbres BIONDO BIONDI Las transformaciones del estado y del derecho Leon DuGuiT La casación civil PIERO CALAMANDREI ¿Es el derecho una ciencia? RUDOLF VON lHERING Teoría general del Derecho HANS NAWIASKI Base del negocio jurídico y cumpli- miento de los contratos KARL LARENZ Cultura jurídica y política del derecho GIOVANNI TARELLO El nomos de la tierra CARL SCHMITT La formación histórica del derecho español del trabajo Luis ENRIQUE DE LA VILLA GiL Teoría general del derecho + Meto- dología del derecho FRANCESCO CARNELUTTI Filosofía del dinero GEORG SIMMEL Principios de derecho público y constitucional MAURICE HAURIOU El Leviathan CARL SCHMITT La idea de concreción en el derecho y en la ciencia jurídica actuales KARL ENGISCH SECCIÓN ARTE DEL DERECHO Introducción al estudio de la autono- mia colectiva G. GIUGNI Contribución a la crítica de la econo- mía política CARLOS MARX Las grandes tendencias del pensa- miento jurídico ROscoE POUND Historia del liberalismo europeo GUIDO DE RUGGIERO La naturaleza de la función judicial BENJAMÍN N. CARDOZO Teoría general del derecho adminis- trativo ADOLFO MeRKkL El derecho al producto íntegro del ' trabájol*"JEl estado democrático del trabajo ANTONIO MENGER Minuta de un testamento (Ideario del Krausismo liberal) GUMERSINDO DE AZCÁRATE Las ideas políticas contemporáneas HERMANN HELLER Tratado de la posesión SAVIGNY La idea del derecho social GEORGES GURVITCH Manual de Derecho Constitucional León DuGuiT Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo JUAN DONOSO CORTÉS Parte general del Derecho civil ANDREAS V. TUHR Máximas y principios de la legisla- ción universal ANTONIO ALCALÁ GALIANO La economía del delito y de las pe- nas. Un análisis crítico A. MONTERO SOLER - JUAN TORRES LÓPEZ De la Naturaleza a los Derechos. Los lugares de la ética contemporánea FRANCESCO VIOLA El proceso de Seguridad social y la reducción de los privilegios ad- ministrativos (LPL de 1995 versus LJCA de 1998) ANTONIO MÁRQUEZ PRIETO La reforma del marco normativo del mercado de trabajo y el fomento de la contratación indefinida: puntos crí- ticos JOSÉ Luis MONEREO PÉREZ (COORD.)
La titularidad del derecho de huelga RAMÓN GONZÁLEZ DE LA ALEJA El derecho a la renta de inserción. Estudio de su régimen jurídico JOSÉ Luis MONEREO PÉREZ - CRISTOBAL MOLINA NAVARRETE Crisis de la sociedad salarial y repar- to del trabajo JOSÉ ENRIQUE MEDINA CASTILLO Transmisión de la empresa en crisis y derecho concursal JOSÉ Luis MONEREO PÉREZ El candidato en el actual sistema de democracia representativa OCTAVIO SALAZAR Contrato de servicios. Perspectiva jurídica actual M.2 BELÉN TRIGO GARCÍA Trabajo y Franquismo JOSEFA Rulz RESA II ACOND [Om NO, Constitución y Empleo Público (Es- tudio y propuestas en relación a un régimen jurídico común) JORGE FONDEVILLA ANTOLÍN El contrato de trabajo en el sector público MÓNICA MOLINA GARCÍA Personal civil no funcionario al servi- cio de establecimientos militares M.2 DOLORES GARCÍA VALVERDE El recargo de prestaciones por in- cumplimiento de normas de seguri- dad y salud laboral. Análisis crítico de su configuración jurídico positiva MIGUEL ÁNGEL PURCALLA BONILLA Empresas de comunicación y «Cláusula de conciencia» de los periodistas CRISTÓBAL MOLINA NAVARRETE La protección social de la incapaci- dad permanente para el trabajo EDUARDO MARTÍN PUEBLA El Fondo de Garantía Salarial: confi- guración y análisis de su régimen ju- rídico sustantivo MANUEL RAMOS TORRES Constitución y soberanía. El sentido de la democracia constitucional GIANLUIGI PALOMBELLA La tortura y otros atentados contra la integridad moral cometidos por fun- cionarios públicos M.? JosÉ RODRÍGUEZ MESA Presente y futuro de la contratación laboral y de las pensiones VICENTE ANTONIO MARTÍNEZ ABASCAL (coord.)
Ensayo sobre. ¡5 En icismo, Pos onoso cortes, A omares AU COMARES editorial