SigPhi · Juan Donoso Cortés

Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851)

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es también un sistema completo de civilización, esto es un sistema doctrinal com- prensivo capaz de abarcarlo todo: la ciencia de Dios y la ciencia de los hombres. Pese a la pretensión de algún sector doctrinal, el pensamiento de Donoso es, como señalara Carl Schmitt esencialmente decisionista 1%? pues hace residir la condición 19 Cfr. «Carta al director de la «Revue des deux mondes» en refutación de un artículo de M. Albert de Broglie, en Obras Completas, t. M (edición de Carlos Valverde), cit., pág. 765.

122 Por cierto la actividad periodística de Donoso fue muy importante desplegándose en «El Heraldo» y en «El Sol», en «El Porvenir» y en «El Piloto». «El Piloto» refleja el ideario del moderantismo. «El Piloto» nace de la colaboración entre Donoso Cortés y Alcalá Galiano. Su Ideario era reforzar la estabilidad del sistema político a través de un ejecutivo fuerte, armoni- rando libertad y orden dentro de un liberalismo marcadamente autoritario. Desde ese perió- dico tanto Donoso como Alcalá Galiano criticaron al liberalismo progresista o exaltado, en tina dirección a menudo próxima a los doctrinarios franceses. El enfoque de ambos es nítido en el sentido de un liberalismo elitista y autoritario como el que defendería el partido mode- rado. Véase el estudio de SuÁrrz, F.: Donoso Cortés y la Fundación de El Heraldo y El Sol (Con una vorrespondencia inédita entre Donoso Cortés, Ríos Rosas y Sartorius), Pamplona-Mérida, EUNSA-Edi- lora Regional de Extremadura, 1985; ID.: Donoso Cortés. Artículos políticos en El Piloto (1839-1840), Pamplona, EUNSA, 1992. La experiencia de Donoso en el periodismo se manifiesta con toda claridad en estas cartas, tanto en la vertiente de empresario y organizador como en la de ins- pirador de campañas periodísticas (Ibid., pág. 18).

12 Véase Diezmar Westemeyer, en Donoso Cortés, Hombre de Estado y Teólogo, cit., págs. 238 y sigs.

2 No obstante, resulta excesiva y simplificadora la calificación que de Donoso hace Schmitt en algún ensayo en el sentido de que Donoso es «un riguroso filósofo de la dictadura autoritaria». Cfr. Scumrrr, C.: Catolicismo y forma política (1923-1925), Estudio preliminar, ta did dde dd de di O O A A ds de de rt cd Action.

LIO JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ de la soberanía en aquella instancia política que es efectivamente capaz de tomar la decisión y hacerla valer operativamente, aunque ello suponga situarse normal- mente al margen de los mecanismos y procedimientos propios del Estado de Dere- . cho. Es decisionista en el sentido de hacer residenciar la soberanía en quien tiene la capacidad de adoptar una decisión resolutiva en una situación de excepción, ca- racterizada por la contraposición absoluta. Mostrándose partidario de una Dictadu- ra del orden en el marco de un antiliberalismo radical. Cuestión distinta es que en el esquema de pensamiento de Donoso, la forma política de la Dictadura se conci- ba como una medida dirigida a «salvar y proteger a la sociedad» de otras alternati- vas consideradas «disolventes» de un prototipo de orden social previamente acep- tado. Es manifiesto que Donoso no deseaba imponer un autoritarismo político en sí, sino porque lo legitimaba con base a que sería la medida idónea para hacer frente a una situación de crisis excepcional para la conservación del orden socio-político que él elevaba al más correspondiente con el orden natural divino, en cuanto que más aproximado al querido por Díos. Donoso era un hombre defensor de un idea- rio religioso, pero también era un intelectual orgánico defensor de las clases pro- pietarias y, en general, de las clases medias. Basta realizar una lectura atenta de su Discurso de la Dictadura *2% y del Estudio, sa obra más importante en términos de conjunto. Existe, pues, una doble perspectiva (religiosa y sociológica) que dota de mayor complejidad a su pensamiento y que aconseja evitar la fácil tentación de expli- caciones monocausales de su evolución y estructura de pensamiento ***, ducción y notas de Carlos Ruiz Miguel, Madrid, Tecnos, 2000, pág. 9. Su planteamiento es más matizado, y exacto, en el conjunto de ensayos recogido en Interpretación europea de Donoso Cortés (1950), Madrid, Eds. Rialp, 1952, 123 Véase «Discurso sobre la Dictadura» (4 de enero de 1849), en Obras completas, t. Il (edición de Juan Juretschke), cit., págs. 187 a 204. En este discurso defiende la política de Narváez, el cual, ante la gravedad de la situación política, exterior e interior, había realizado una suspensión de las garantías constitucionales, con la utilización de poderes de excepción. En este ensayo entiende que «la dictadura en ciertas circunstancias, en circunstancias como las presentes, es un gobierno legítimo, es un gobierno bueno, es un gobierno provechoso, como cualquier otro gobierno; es un gobierno racional, que puede defenderse en la teoría, como puede defenderse en la práctica» (Ibid., pág. 189).

12 En este sentido es discutible la lectura «débil» que se realiza en los libros, por otra parte muy completos y valiosos en numerosos puntos sobre el pensamiento de Donoso, de Santiago Galindo Herrero y Edmund Schramm, presentándolo como un autor no caracteriza- do por su decisionismo, sino preocupado por garantizar en el campo de la política la sobera- nía de la sociedad. Pienso que la cuestión es más compleja y que en el pensamiento, sobre todo del último Donoso, se anudan su visión tradicionalista y su concepción teológico-política de impronta fuertemente autoritaria, hasta incluso admitir la legitimidad de una Dictadura de orden o de gobierno que haga valer un determinado orden natural y divino. Esta es la ESTUDIO PRELIMINAR LI Y Él mantiene una visión apocalíptica de la historia, en la convicción de que de no adoptarse medidas decisorias drásticas se instaurará un despotismo de las clases de abajo. Es necesario tomar una decisión, porque el sistema de concesiones reformistas ha fracasado. Por ello defiende una concentración de fuerzas como unión del poder en una sola mano y defensa activa de la sociedad frente a las fuer- zas destructoras. Por otra parte, Donoso Cortés ve en el Estado moderno de su épo- ca la emergencia de un Leviatán que todo lo devora, y cuyo poder puede ser utili- zado instrumentalmente para transformar el orden del mundo o para conservar- lo 3, En el posible advenimiento de los regímenes socialistas y comunistas previó la expansión gigantesca de la autoridad del Estado y un despotismo de proporcio- nes inauditas y gigantescas. Pero no acertó a imaginar que también del lado de la reacción conservadora se podían crear monstruos totalitarios con amparo en dictadu- ras del orden también con connotaciones teológico-políticas y míticas (el fascismo, el nacionalsocialismo, el nacionalsindicalismo, etcétera), que entre otras cosas ela- borarían sus propios mitos por contraposición a los de la tradición del catolicismo y cuestionando directamente el principio de inhabilidad y autoridad de la Iglesia Católica 1%, La escuela liberal solo es capaz de ofrecer una decisión débil, no actúa con firmeza decisoria de gobierno: «La sociedad entonces se deja gobernar de buen gra- do por una escuela que nunca dice afirmo ni niego y que a todo dice distingo. El su- premo interés de esa escuela está en que no llegue el día de las negaciones radica- les o de las afirmaciones soberanas; y para que no llegue, por medio de la discusión confunde las nociones y propaga el escepticismo, sabiendo, como sabe, que un puedistinción y el matiz correspondiente. No obstante, Westemeyer considera rechazable que Donoso tenga la tentación de vincular el catolicismo a una determinada forma de gobierno político, ni tampoco y afirma Donoso, superado su primer período liberal (aunque nunca re- volucionario), se desarrolló cada vez más hacia el pensamiento conservador y antiliberal, per teneciendo a aquellos que a menudo son conocidos —a partir de Carl Schmitt- como «dlecisionistas». Cfr. WESTEMEYER, D.: Donoso Cortés, Hombre de Estado y Teólogo (1957), Madrid, liditora Nacional, 1957, pág. 205.

125 Véase Scumrrr, C.: La unidad del mundo, Madridi, Ateneo de Madrid, O crece o mue- re, 1955; ID.: El Leviathan en la teoría del Estado de Hobbes, Edición y Est. prel, a cargo de J. L. Monereo Pérez, Granada, Ed. Comares, 2004; Estudios políticos, trad. de Francisco Javier Con- de, Madrid, Cultura Española, 1941. Debe puntualizarse que ya inicialmente Donoso fue un conservador (como corriente o tendencia moderada de pensamiento político-liberal diferen- crada tanto del absolutismo como de las direcciones progresistas) y en su última etapa da un paso más, en el sentido de que asume un ideario típicamente «reaccionario».

122 Véase TaLmon, J. L.: Los orígenes de la democracia totalitaria, Madrid-México, Aguilar, 1956; ARENDT, H.: Los orígenes del totalitarismo, 2 vols., Barcelona, Planeta-Agostini, 1994; NEUMANN, F.: Behemoth. Pensamiento y acción en el nacional-socialismo (1942), México, FCE, 1983.

LIV JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ blo que oye perpetuamente en boca de sus sofistas el pro y el contra de todo, acaba por no saber a qué atenerse y por preguntarse a sí propio si la verdad y el error, lo justo y lo injusto, lo torpe y lo honesto, son cosas contrarias entre sí o si son una misma cosas mirada desde puntos de vista diferentes». Éste régimen liberal solo do- mina cuando la sociedad desfallece, puede actuar tan sólo en breve periodo, pero al tiempo será necesario adoptar una decisión distintiva y defensora del orden frente al considerado enemigo principal del mismo!?”, A los errores de liberalismo radi- cal se añade la pérdida de legitimidad teológica de la autoridad política: «la verda- dera causa del mal hondo y profundo que aqueja a la Europa está en que ha des- aparecido la idea de la autoridad divina y de la autoridad humana. Ese es el mal que aqueja a la Europa, ése es el mal que aqueja a la sociedad, ése es el mal que aqueja al mundo; y por, eso, señores, son los pueblos ingobernables» 128, Ante esta situación de excepción, afirma que «la dictadura en ciertas circunstancias, en cir cunstancias como las presentes, es un gobierno legítimo, es un gobierno bueno, es un gobierno provechoso, como cualquier otro gobierno; es un gobierno racional, que puede defenderse en la teoría, como puede defenderse en la práctica. Y si no, señores, ved lo que pasa en la vida social». Entre la dictadura de la insurrección (dictadura que viene de abajo) y la dictadura de gobierno (dictadura que viene de arriba), escoge la dictadura de gobierno o del orden porque es mas noble, menos pesada y menos afrentosa. En coherencia con ese enfoque teórico de una Dictadu- ra salvadora o redentora, en la política práctica de su tiempo alabará la «Monar- quía de la prudencia» implantada por Luis Felipe en Francia *%”. Desde esta lógica política, la Dictadura sería una forma política transitoria, no de carácter permanen- 22 Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo, en Obras Completas, vol. 1 (edi- ción de Carlos Valverde), págs. 497 y sigs. También, «Discurso sobre la situación general de Europa», en Obras Completas, vol. ll (edición de Carlos Valverde), págs. 457 y sigs.

28 Cfr. «Discurso sobre la situación general de Europa», en Obras Completas, vol. 11 (ed., de Carlos Valverde), págs. 457 y sigs. Según Donoso existen dos tipos de gobiernos legítimos: el de la razón humana (encarnada en las clases medias y de una manera especial en los filóso- fos) y el de la razón divina (encarnada, a su vez, perpetuamente en ciertas leyes a que están sujetas desde el principio las cosas materiales), y en caso de contradicción se produce un des- orden, un desequilibrio, que se ha de resolver en el predominio de éste último. Cfr. Ensayo, en Obras Completas, t. II (edición de Juan Juretschke), cit., págs. 444 y sigs.

2 Discurso sobre la dictadura», en Obras Completas, vol. 11 (Edición de Carlos Valverde), págs. 310-312. Interesa poner de relieye que en otros escritos de la primera etapa la situación de excepción es reconducida y tratada como problema de legalidad del orden jurídico ante circunstancias particularmente críticas («tiempos de revueltas y de discordias civiles». Es el caso del ensayo «Ley de Estados Excepcionales» (1839), en Obras Completas, t. 1, edición pre- parada por Juan Juretschke, cit., págs. 627 y sigs.

ESTUDIO PRELIMINAR LV te 19, En todo caso, como señalara Donoso en las «Cartas de París» (París, 3 de septiembre), la guerra siempre existirá en una sociedad humana (de lo que impone deducir que puede ser necesario el recurso a la dictadura en situaciones críti- * En un escrito anterior había señalado que la Dictadura puede ser una forma política de una república. Cfr. La Ley de Estados de Excepcionales (1839), en Obras Completas, t. 1 (edición de Juretschke), Madrid, Editorial Católica, BAC, 1946, págs. 627 y sigs., donde también señala que la Dictadura supone la reconcentración de toda la fuerza social en una sola mano, dispensadora entonces de la muerte o de la vida. Es más —poniendo de relieve como las eta- pas de desarrollo del pensamiento de Donoso no son compartimentos estancos sino ámbito evolutivos fluidos—, nuestro autor legitima la Dictadura desde el punto de vista político-jurídi- co mediante la siguiente argumentación: «No se me oculta que este proyecto de ley debe su- (rir por parte de los que, atentos sólo a la seguridad de los individuos, olvidan fácilmente lo que exige la seguridad del Estado, graves y serias impugnaciones. Las facultades discreciona- les concedidas a la autoridad serán consideradas por algunos como atentatorias de aquellos preciosísimos derechos que no pueden abandonar sin deshonrarse los pueblos civilizados y libres. Pero los que, como el autor de este articulo, se hallen convencidos íntimamente de que, cuando se disuelven los vínculos sociales, naufragan todos los derechos en un naufragio común; de que la acción soctal tiene de siempre a reconcentrarse cuando la sociedad tiende a disolverse; de que cuando la fuerza local y desatentada se burla de la mansedumbre de la ley, la ley debe buscar a su vez el omnipotente amparo de la fuerza; y de que, si la ley no le buscara, la sociedad le buscaría en el momento del peligro, los que se hallen convencidos de todas estas cosas no creerán, como no creo yo, que un proyecto de ley sobre los estados excepcionales ha debido ser redactado bajo la inspi- ración del miedo o bajo la influencia de vanas cuanto estériles declamaciones» (Ibid., págs. 639-640). Sucede, no obstante, que en este ensayo se habla de una Dictadura constitucional y legal ante una estado de excepcional o anormal declarado; mientras que en el discurso sobre la dictadura (22 de marzo de 1849, diez años después), posterior, la Dictadura como decisión de soberanía no está sujeta a la legalidad, su presupuestos es precisamente el que la legalidad no baste para reestablecer el orden existente. En este sentido, y desde este punto de vista, si puede hablarse de decisionismo en Donoso Cortés, pero una decisionismo que puede acep- tar como legítima una dictadura como régimen excepcional sólo admisible en ciertas circuns- tancias también excepcionales. En este sentido puede ser discutible, por exagerada, como se dijo, la visión de Carl Schmitt, respecto a su calificación de Donoso como «filósofo de la dic- tadura radical; teórico de la dictadura política» sin más, entre otras cosas, porque ni para Do- noso era una fórmula ideal (es discutible que lo sea para el propio Schmitt), ni pensaba que cualquier situación de desorden político o social podía justificar la adopción de una medida de tal gravedad: se trataba de elegir entre la dictadura de la insurrección y la del Gobierno. Cfr. Scumrrr, C.: Interpretación europea de Donoso Cortés, Madrid, Biblioteca del Pensamiento Acutal, 1965, págs. 124 y 133. Pero no cabe duda que Donoso admitía la legitimidad política de una Dictadura conservadora fuera de la Constitución, es decir, aceptando una Dictadura como régimen de gobierno que conculque el Derecho vigente.

1% «La guerra no es un hecho bárbaro..., porque lo es igualmente de todos los períodos históricos...su existencia es una existencia providencial, necesaria..., la guerra que es un he- cho humano, necesario, eterno, es hechura de Dios, es un hecho divino...El mal sin libertad LVI JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ En una época revolucionaria, de revolución socio-política, la situación es la tí- pica de una guerra; una guerra entre enemigos, que él identifica entre el pensa- miento católico (el mundo católico del orden) y el liberalismo radical y las corrien- tes socialistas (ateas y orientadas a destruir con un nuevo orden artificial contra- puesto al orden divino). En esa guerra a muerte, lo único que cabe es vencer o morir. Lo importante es vencer al adversario, de manera que en el campo político afirmará un realismo según el cual el fin justifica los medios. Lo que en el ámbito de las formas políticas comporta que no caben vías intermedias en situaciones ex- cepcionales; las reformas son concesiones inútiles (por ello rechaza la opción de la re- forma política y social desde arriba), las cuales además son contempladas como de- bilidad frente al enemigo; el recurso a la dictadura puede ser un mal necesario y conveniente para la consecución de los fines de restablecimiento del orden frente a los desestabilizadores o usurpadores del mismo. En sus propia palabras: «cuando la legalidad basta para salvar a la sociedad, la legalidad; cuando no basta, la dicta- dura» (11,188). Esta dictadura de gobierno es la que mantendrá intacto «desde arri- ba» el orden acomodado a la voluntad divina como orden absoluto. La Dictadura es una forma política extraordinaria y no permanente, que es en la Providencia y gobierno del mundo por el Dios el milagro en el orden físico; en uso de esa analogía el gobierno de los hombres puede estar privado del recurso, a menudo necesario, de la Dictadura. Ésta forma política puede ser un «Gobierno legítimo» en ciertas circunstancias 1% una dictadura encaminada a restablecer (restaurar) una socie- dad política en situación crítica. La situación de excepción —como vislumbrara Carl Schmitt- se corresponde al milagro en la Teología. No cabe duda que en esto Do- noso otorga una especificidad a lo político en situaciones excepcionales: en ellas se del hombre sería un hecho acusador de la Providencia divina, sería un hecho inexplicable...». «Cartas de París», en Obrus Completas, t. Y (edición de Juan Juretschke), cit., pág. 771. Y más expresivo todavía: «Siendo esto así, la sociedad está en un estado permanente de guerra, porque no hay un solo punto en el espacio ni un solo instante en el tiempo en que la sociedad no combata contra los obstáculos que siempre tiene delante. Su perfección no es incesante sino porque su expiación es continua. Suprimid el obstáculo, la resistencia, la lucha, la guerra, en in; habréis suprimido la expiación, y con ella todas las civilizaciones; la vida se retirará del universo, el universo será el sepulcro del hombre y del género humano». Pero, además, «puesto que la guerra no consiste solamente en una lucha de nación a nación, los que se oponen a esa especie de lucha no se oponen a las demás, y, por consiguiente, no puede decirse de ellos que se oponen a la guerra, sino a una especie de guerra; no puede decirse de ellos que aspiran impíamente a emanciparse de la ley de la expiación elevada por Dios mismo a la ley del universo. Puesto que la guerra es necesaria, no se rebelarán contra ella.». (Ibid., pág. 781).

182 Discurso sobre la Dictadura, en Obras Completas (edición de Juan Juretschke), t. IL, Ma- drid, La Editorial Católica, BAC, 1946, pág.189.

TUDIO PRELIMINAR LVII pone la dictadura; pero el defendido por él es un decisionismo determinista; es detn poder orientado hacia la instauración de un orden católico; un orden católi- 13% que sólo encontrará su soporte en las clases propietarias; no en las masas Eaposeídas que fácilmente pueden moverse por la manipulación de las ideologías tualitaristas y el odio o la venganza respecto de aquéllas. Con esto, Donoso transi- a 1lel liberalismo conservador autoritario (nunca se adscribió al liberalismo demo- Hitico) hacia el camino de la dictadura de connotaciones teocráticas; es decir, una imcepción política autoritaria y tutelar de la sociedad. No se olvide que para Do- uno el catolicismo es un sistema de seguridad del orden. Donoso fue, en cierto sentido, im «convertido», por lo menos, en cuanto que él empezó como teórico liberal de nm Estado de derecho y acabó como heraldo teórico de una dictadura conservado- 1 y lo hizo en un siglo liberal, el siglo XIX 1% Pero también su propuesta de imposición de un orden positivo católico era una utopía irrealizable vista tanto des- e la modernidad como desde la post-modernidad que él acaso podía intuir 1%, 18% La idea de orden católico a propósito de ciertas reformas del nuevo papa Pío IX imán abiertas y flexibles había sido postulada por Donoso, en su ensayo «Las reformas de Pío 1», en Obras Completas (edición de Juan Juretschke), t. II, cit., págs. 79 y sigs. Donoso quiere, 1 obstante, transmitir que no es un Papa verdaderamente innovador, ni tiene porqué ser así, ai es deseable que lo fuese. En cierta medida lo dice con cierto talante de preocupación y, quizás de «advertencia», cuando afirma, en relación con la doctrina de Pío IX, que «yerran Erandemente los que creen que este gran Pontífice es un gran innovador en asuntos políti- BA, como quiera que no cabe espíritu innovador en los depositarios de aquellas verdades eter- Hiak, que son como eternas luminarias puestas en lo alto para alumbrar todos los horizontes Tel mundo. Pío IX sostiene hoy lo que ha sostenido el Pontificado en toda la prolongación le los tiempos: la libertad y la independencia de la Iglesia» (Ibid., págs. 93-94). Él advierte Mel peligro de ciertos «ofrecimientos» y, en relación a ello, precisa que «aludimos, en una palabra, y para decirlo todo de una vez, a la libertad revolucionaria, con la cual ni puede en- rar en tratos ni ajustar paces la libertad católica» (Ibid., pág. 98); porque esa libertad revolu- Jonaría es esencialmente anticatólica (Ibid., pág. 98).

5 ScumtTrt, C.: Interpretación europea de Donoso Cortés, cit., passim.

185 En relación al decisionismo de Donoso se ha señalado que «la transformación de la Hoctrina de la soberanía, propia de la modernidad, en la teoría de la dictadura presupone el fracaso del programa de la Ilustración, pero presupone también que no se den las condicio- hes políticas y sociales que serían necesarias para realizar la utopía post-iluminista de un or- Hen positivo católico. Sólo cuando la «regeneración» de la sociedad (en el sentido de una Hesecularización) ya no sea una posibilidad no sólo para el futuro próximo sino también para el futuro remoto, el arquitecto pragmático de la historia (que es lo que le gustaría ser a todo teólogo político), trazará agnósticamente la imagen histórico-escatológica de una aniquilación apocalíptica del mal social e histórico por obra de la intervención en la historia del soberano divino». Cfr. Beneyro, J. M*.: Apocalisis de la modernidad. El decisionismo político de Donoso Cortés, LVHrI JOSÉ LUIS MONEREO PÉREZ 3. Reflexión Final.

Su pensamiento trascendió a su tiempo. El catolicismo más antiliberal y con- servador se nutrió de su pensamiento, como también de otros intelectuales contrarrevolucionarios; lo fue en la doctrina de la Iglesia («Syllabus» de los principa- les errores, 8 de diciembre de 1864; Concilio Vaticano I de 1870) y en el largo perío- do de la Restauración europea. Su visión teológico-política, su concepción de la Dictadura y su crítica al liberalismo y al parlamentarismo tendrían una gran influen- cia desde luego en nuestro país y no sólo en el siglo XIX, sino también durante el siglo XX, donde su pensamiento sería continuamente reclamado, aunque desde posiciones interesadas (especialmente por el régimen autoritario del franquismo, aunque con mucha repercusión en el pensamiento reaccionario 1%), Se han suce- dido, pues, las múltiples y contrapuestas interpretaciones entre los estudios de Do- noso, a menudo en un intento de apropiación política y ideológica para fines inte- resados. No puede negarse la influencia de Donoso en todas las direcciones del pen- samiento reaccionario y conservador en España, y especialmente en el «neo-catoli- cismo» en sus distintas variantes, término que es comprensivo inicialmente de los pensadores más reaccionarios del partido moderado, siendo el inspirador Donoso, llamado a representar los intereses de las capas superiores y más conservadoras de las clases medias 1%”, En el partido moderado militaban también Alcalá Galiano, Istúriz, Martínez de la Rosa y Toreno. El partido moderado defendía un liberalis- mo moderado que postulaba el compromiso desde posiciones próximas al doctrinarismo francés (Royer-Collard; Guizot) 1% y con influencia de Benjamín Constant (aunque también con la menos explicitada de Edmund Burke). Donoso influiría 1%, no obstante, en los carlistas, los primeros católicos «liberales» modera- 136 Es ilustrativo, al respecto, los datos doctrinales aportados por PrLárz, M. J. (Editor y Coordinador).: Diccionario crítico de Juristas Españoles, Portugueses y Latinoamericanos (Hispánicos, Brasileños, Quebequenses y restantes francófonos), vol. 1, Zaragoza-Barcelona, Edita Cátedra de His- toria del Derecho y de las Instituciones, 2005, págs. 278-279, a los que se hace aquí remisión.

137 Véase CÁNOVAS SÁNCHEZ, F.: El Partido Moderado, Madrid, 1983, pág.75; COMELLAS, ].: Los moderados en el poder, Madrid, 1970.

1388 Sobre el doctrinarismo francés y su incidencia en España, véase Díez DEL CORRAL, L.: El liberalismo doctrinario, Madrid, CEC, 1983; Maura, G.: «El liberalismo doctrinario», en Revis- ta de Estudios Políticos, núm. 22-23 (1945), págs. 131 a 154.

1%: Menéndez Pelayo destaca la influencia de Donoso, y, en el ámbito interno, en los periodistas de Madrid, que se inclinaron con preferencia a Donoso y al tradicionalismo. Así Gabino Tejado, su mayor amigo, apologista y editor; Navarro Villoslada, conocido antes y des- pués como egregio novelista walter-scottiano aún más que como el autor de la famosa serie de Textos vivos, revista inapreciable del movimiento heterodoxo en la Universidad; González ERTUDIO PRELIMINAR LIX on (Jaime Balmes **%; José María Cuadrado, los apologetas catalanes y otras perso- lidades desvinculadas de las anteriores como el obispo Judas José Romo; precur- res de la Unión Católica de Alejandro Pidal y Mon, de la que, a su vez, surgirán im partidos católicos conservadores y, después, las democracias cristianas españo- ax) y los seguidores del tradicionalismo decisionista de Donoso. Él fue el soporte intelectual de una corriente política conservadora (el neo-catolicismo) **! que despues marcaría distancias con la que sería la Unión Católica de Pidal y Mon. En este Fontexto Ortí y Lara resumirá su ideario con bases a tres ejes fundamentales: +1”, Que la política cristiana es una; 2” que no es lícito adherirse el diputado católi- po a la falsa política de los moderados y demás partidos pseudo-conservadores, y 3” te la política verdaderamente cristiana únicamente es profesada en España de un 2 Pedroso, de cuya maravillosa conversión, virtudes singulares y altísimo ingenio se hacen len- fas cuantos le conocieron; poco escribió, pero hasta para su gloria el discurso sobre los Au- las sacramentales, uno de los trazos de más alta crítica que han salido de pluma española». Cfr. Muinénbez y PeLayo, M.: Historia de los Heterodoxos españoles, cit., vol. Il, págs. 970.

1% Jaime Balmes quería conciliar a los carlistas y moderados para que juntos hicieran frente a la revolución. El proyecto político de Balmes, reflejado en el debate político en el periódico El Pensamiento de la Nación (estaba sostenido económicamente por el grupo monár- uico cuyo programa sería «la reconstitución social de la nación, según sus elementos socia- les y sus antiguas tradicionales»), fracasaría. Véase, al respecto, UrIGUEN, B.: Orígenes y evolu- món de la derecha española: El neo-catolicismo, Madrid, Departamento de Historia de la Iglesia- Uentro de Estudios Históricos- C.S.I.C., 1986, págs. 66 y sigs. Señala expresivamente que con linlmes desaparece la fase más moderada del catolicismo militante. Tal vez el éxito de la con- Hiliación propugnada por él hubiera evitado días de luto en la vida política española del siglo largo desde entonces transcurrido (Ibid., pág. 74).

Ya Menéndez Pelayo lo incluye (con Balmes y otros) entre los «principales apologistas entólicos». Cfr. MENÉNDEZ PeLaYOo, M.: Historia de los Heterodoxos españoles, 2 vols., 4* ed., Ma- ilrid, BAC, 1987, espec., vol. II, pág. 962, que realza que Balmes y Donoso compendian el movimiento católico en España desde el año 1834. Destaca en Donoso que «todo es en él absoluto, decisivo, magistral; no entiende de atenuaciones ni de distingos; su frase va todavía más allá que su pensamiento; jamás concede nada al adversario, y, en su afán de cerrarle to- ts las salidas, suele cerrárselas a sí mismo. No sabe odiar ni amar a medias; es de la raza de Tertuliano, de José de Maistre y (¿por qué no decirlo, aunque la comparación sea irreveren- ler) de Proudhon» (Ibid., pág. 963).

2 Juan Manual Ortí y Lara irrumpe en la vida intelectual española esencialmente por los hechos: la crítica del krausismo y la introducción del neotomismo italiano. También es ile señalar la confluencia con el pensamiento de Donoso en la idea de un orden basado en tina ley eterna y natural. Ortí y Lara, en una perspectiva teológica, entiende precisamente el Derecho natural como la ordenación de la razón y voluntad divina manifestada'a todos por medio de la ley de nuestra razón que prescribe lo que debemos hacer u omitir según que conviene o repugna al orden de la justicia. Véase GIL CREMADES, ]J. J.: El reformismo español, Bar- relona, Ariel, 1969, págs. 166 y sigs.

1: JOSE LUIS MONEREO PEREZ DIO PRELIMINAR LXI modo vivo y concreto por los que guardan con fidelidad en el alma el tesoro de: lindo un amplio e intenso debate por diversas razones!%, Por ello se puede reantiguas tradiciones» **”, De este modo, su influencia marcaría no sólo a los prime- dar aunque planteado en un contexto más amplio- con Tocqueville que «un mpo nunca se ajusta bien a otro tiempo, y esos cuadros antiguos que tratamos ros reaccionarios españoles, sino también a los pensadores reaccionarios del siglo XX (con gran oportunismo político-ideológico el régimen franquista se apropió del pensamiento de Donoso, ensombreciendo no sólo su primera etapa de liberalismo. moderado sino también otros aspectos de su pensamiento lúcido y anticipador, esencajar por la fuerza en marcos nuevos producen siempre un mal efecto» pecialmente como crítico de la modernidad). |