SigPhi · Juan Donoso Cortés

Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo (1851)

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Todo entró por un momento en reposo; pero después viéronse cosas, que aún no habían visto los ojos de los hombres: la abominación de la de- blación en el Templo; las matronas de Sión maldiciendo su fecundidad; los sepulcros hendidos; Jerusalén sin gente; sus muros por el suelo; su pue- hlo disperso por el mundo; el mundo en armas; las águilas de Roma dando il aire míseros alaridos; Roma sin Césares y sin dioses; las ciudades despo- bhladas, y poblados los desiertos; por gobernadores de las naciones, hom- bres que no saben leer, vestidos de pieles; muchedumbres obedeciendo a la voz de aquel que dijo en el Jordán: «Haced penitencia», y a la voz de aquel otro que dijo: «El que quiera ser perfecto, que deje todas las cosas, que tome su cruz y me siga»; y los Reyes adorando la Cruz, y la Cruz levan- tida en todas partes.

¿Por qué tan grandes mudanzas y trastornos? ¿Por qué tan grande de- blación y tan universal cataclismo? ¿Qué significa eso? ¿Qué sucede? Nada: ¡ue unos nuevos teólogos andan anunciando una nueva teología por el mundo.

CAPÍTULO SEGUNDO Y LA SOCIEDAD BAJO EL IMPERIO DE LA TEOLOGÍA CATÓLICA SUMARIO. -1. El catolicismo es un sistema completo de civilización. Eleva el nivel intelectual de los ignorantes y de los niños a alturas desconocidas para Aristóteles y Platón. -2. Él es síntesis armónica de todas las grandes verdades que, o falseadas o incompletas, se encierran en las religiones pa- ganas. -3. El catolicismo se apoderó del hombre, y por el hombre de la sociedad. Del mundo religioso pasó al mundo morál, al político, funda- mentados ambos en Dios; y al divinizar la autoridad y santificar la obedien- cia, hizo imposible arriba el despotismo y abajo la rebeldía. -4. La familia (a ejemplo de la vida íntima de la Trinidad) ha sido santificada por el ca- tolicismo. Su estabilidad pende de la intensidad de la vida católica.

l, Esa nueva teología se llama el catolicismo. El catolicismo es un siste- le civilización completo; tan completo, que en su inmensidad lo abar- do: la ciencia de Dios, la ciencia del ángel, la ciencia del universo, la cla del hombre. El incrédulo cae en éxtasis a vista de su inconcebible vagancia, y el creyente a vista de tan extraña grandeza. Si hay alguno, “ventura, que al mirarle pasa de largo y se sonríe, las gentes, más asom- Has aún de tan estúpida indiferencia que de aquella grandeza colosal y aquella extravagancia inconcebible, alzan la voz y exclaman: Dejemos ar al insensato.: Lia humanidad entera ha cursado por espacio de diez y nueve siglos en pncuelas de sus teólogos y de sus doctores; y al cabo de tanto aprender, y tabo de tanto cursar, hoy día es, y aún no ha llegado con su sonda al amo de su ciencia. Allí aprende cómo y cuándo han de acabar y cuándo 14 JUAN DONOSO CORTES MAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO ES lmiversal, sustancia infinita e impalpable, el eterno reposo y autor de todo ivimiento; es inteligencia suprema, voluntad soberana; es continente, no tenido. El es el que lo sacó todo de la nada y el que mantiene cada cosa su ser; el que gobierna las cosas angélicas, las cosas humanas y las cosas HWernales. Es misericordiosísimo, Jjustísimo, amorosísimo, fortísimo, inten tísimo, simplicísimo, secretísimo, hermosísimo, sapientísimo. El Orien- conoce su voz, el Occidente le obedece, el Mediodía le reverencia, el ptentrión le acata. Su palabra hinche la creación, los astros velan su faz, i4serafines reflejan su luz en sus alas encendidas, los cielos le sirven de mo, y la redondez de la tierra está colgada de su mano. Cuando los tiem- 1 fueron cumplidos, el Dios católico mostró su faz; esto bastó para que Hos los ídolos fabricados por los hombres cayeran derribados por el sue- ¿No podía ser de otra manera, si se atiende a que las teologías humanas y eran sino fragmentos mutilados de la Teología católica, y a que los dio- de las naciones no eran otra cosa sino la deificación de alguna de las Eopiedades esenciales del Dios verdadero, del Dios bíblico. 3, El catolicismo se apoderó del hombre en su cuerpo, en sus sentidos Én su alma. Los teólogos dogmáticos le enseñaron lo que había de creer, 1 morales lo que había de obrar, y los místicos, remontándose sobre to- 3Ñ, le enseñaron a levantarse a lo alto en alas de la oración, esa escala de ob de piedras abrillantadas, por donde baja Dios hasta la tierra, y sube "hombre hasta el cielo, hasta confundirse cielo y tierra, Dios y hombre, imisados todos juntamente en el incendio de un amor infinito. Por el catolicismo entró el orden en el hombre, y por el hombre en las “ledades humanas. El mundo moral encontró en el día de la Redención hi leyes que había perdido en el día de la prevaricación y del pecado. El ma católico fue el criterio de las ciencias; la moral católica el criterio las acciones, y la caridad el criterio de los afectos. La conciencia huma- i, valida de su estado caótico, vio claro en las tinieblas interiores, como Has tinieblas exteriores, y conoció la bienaventuranza de la paz perdida, 1 luz de esos tres divinos criterios. ll orden pasó del mundo religioso al mundo moral, y del mundo mo- Hal mundo político. El Dios católico, criador y sustentador de todas las ias, las sujetó al gobierno, de su providencia, y las gobernó por sus vica- in, San Pablo dice, en su Epístola a los romanos, cap. XIII, vers. 2: Non est im potestas nisi a Deo. Y Salomón, en los Proverbios, cap. VIII, versículo 15: Br me Reges regnant, el legum conditores justa decernunt. La autoridad de sus E trios fue santa, cabalmente por lo que tuvo de ajena, es decir, de divina. i idea de la autoridad es de origen católico. Los antiguos gobernadores y cómo han tenido principio las cosas y los tiempos; allí se les descubren secretos maravillosos que estuvieron siempre escondidos a las especulacio- nes de los filósofos gentiles y al entendimiento de sus sabios; allí se le reve- lan las causas finales de todas las cosas, el concertado movimiento de las cosas humanas, la naturaleza de los cuerpos y las esencias de los espíritus, los caminos por donde andan los hombres, el término adonde van, el pun- to de donde vienen, el misterio de su peregrinación y el derrotero de su viaje, el enigma de sus lágrimas, el secreto de la vida y el arcano de la muerte. Los niños amamantados a sus fecundísimos pechos saben hoy más que Aristóteles y Platón, luminares de Atenas. Y, sin embargo, los doctores que tales cosas enseñan, y que a tales alturas alcanzan, son humildes. Sólo al mundo católico le ha sido dado ofrecer un espectáculo en la tierra reserva- do antes a los ángeles del cielo: el espectáculo de la ciencia derribada por la humildad ante el acatamiento divino.

9. Llámase esta Teología católica, porque es universal; y lo es en todos los sentidos y bajo todos los aspectos: es universal, porque abarca todas las verdades; lo es, porque abarca todo lo que todas las verdades contienen; lo es, porque por su naturaleza está destinada a dilatarse por todos los espacios y a prolongarse por todos los tiempos; lo es en su Dios y lo es en sus dogmas.!

Dios era unidad en la India, dualismo en la Persia, variedad en Grecia, muchedumbre en Roma. El Dios vivo es uno en su sustancia, como el índico; múltiple en sus personas, a la manera del pérsico; a la manera de los dioses griegos es vario en sus atributos; y por la multitud de los espíritus (dioses) E que le sirven, es muchedumbre?, a la manera de los dioses romanos 3 Es caus 1 Así, efectivamente, se apellida más de una vez en nuestros libros sagrados a las criatu- ras, como por ejemplo, en este pasaje: Ego dixi: DI estis, et filii Excelsi omnes (Psalm. LXXXI, 6; Joann., X, 34).

2 Como substancias inmateriales que son los ángeles, su muchedumbre excede, en efecto, a la de todas las cosas materiales, según así nos lo enseña San Dionisio (Coel., Hier., XI) en el pasaje siguiente: «Las bienaventuradas falanges de espíritus celestiales son harto más nume- rosas de cuanto en su pobre y estrecha cabida puedgn comprender nuestros números mate- riales». (S. Thom., Summ. theol., q. VI. 3).

3 Ya se entiende que Donoso en este párrafo no significa que Dios verdadero sea uno, múltiple, muchedumbre del mismo modo que lo enseñaban los indios, persas o griegos, sino que los atributos de la unidad, variedad, multiplicidad, etc., mal entendidos allí, en Dios se en- cuentran de modo cierto, aunque distinto. Ese modo lo aclaran sus propias palabras.

f 16 JUAN DONOSO CORTÉS de las gentes pusieron su soberanía sobre fundamentos humanos; gober- naron para sí, y gobernaron por la fuerza. Los gobernadores católicos, te- niéndose en nada a sí propios, no fueron otra cosa sino ministros de Dios y servidores de los pueblos. Cuando el hombre llegó a ser hijo de Dios, lue- go al punto dejó de ser esclavo del hombre. Nada hay a un tiempo mismo más respetable, más solemne y más augusto que las palabras que la Iglesia ponía en los oídos de los Príncipes cristianos al tiempo de su consagración: «Tomad este bastón como el emblema de vuestro sagrado poder, y para que podáis fortificar al débil, sostener al que vacila, corregir al vicioso y llevar al bueno por el camino de la salvación. Tomad el cetro como la regla de la equidad divina que gobierna al bueno y castiga al malo: aprended por aquí a amar la justicia y a aborrecer la iniquidad». Estas palabras guardaban una consonancia perfecta con la idea de la autoridad legítima, revelada al mundo por nuestro Señor Jesucristo. Scitis quia ha, que videntur, principari gentibus, dominantur ets: el principes eorum potestatem habent ipsorum. Non ita est aulem in vobis, sed. quicumque voluerit fierr major, erit vester minister: el quicumque voluerit in vobis primus esse, erit omntum servus. Nam et Filius hominis non vent ut ministraretur er, sed ut ministraret, el daret animam suam redemplionem pro multas.

Todos ganaron con esta revolución dichosa: log pueblos y sus goberna- dores; los segundos, porque no habiendo dominado antes sino sobre los cuerpos por el derecho de la fuerza, gobernaron ya los cuerpos y los espíri- tus juntamente, sustentados por la fuerza del derecho; los primeros, por- que de la obediencia del hombre pasaron a la obediencia de Dios, y por- que de la obediencia forzada pasaron a la obediencia consentida. Empero, si todos ganaron, no ganaron todos igualmente, como quiera que los Priín- cipes, en el hecho mismo de gobernar en nombre de Dios, representaban a la humanidad desde el punto de vista de su impotencia para constituir una autoridad legítima por sí sola y en su nombre propio; mientras que los pueblos, en el hecho mismo de no obedecer en el Príncipe sino a su Dios, eran los representantes de la más alta y gloriosa de las prerrogativas humanas, la que consiste en no sujetarse sino al yugo de la autoridad divina. Esto sirve para explicar, por una parte, la singular modestia con que resplandecen en la historia los Príncipes dichosos, a quienes los hombres llaman grandes, y la Iglesia llama santos; y por otra, Ja singular nobleza y altivez que se echa de ver en el semblante de todos los pueblos católicos. Una voz de paz y de consuelo y de misericordia se había levantado en el mundo, y había resonado hondamente en la conciencia humana; y esa voz había enseñado a las gentes que los menesterosos pequeños nacen para ser servidos, por- ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 17 (que son menesterosos y pequeños; que los grandes y los ricos nacen para servir, porque son ricos y porque son grandes. El catolicismo, divinizando la autoridad, santificó la obediencia; y santificando la una y divinizando la otra, condenó el orgullo en sus manifestaciones más tremendas, en el espí- ritu de dominación y en el espíritu de rebeldía. Dos cosas son de todo pun- to imposibles en una sociedad verdaderamente católica: el despotismo y las revoluciones. Rousseau, que tuvo algunas veces súbitas y grandes ilumina- ciones, ha escrito estas notables palabras: «Los Gobiernos modernos son deudores indudablemente al cristianismo, por una parte, de la consisten- cia de su autoridad; y por otra, de que sean más grandes los intervalos en- tre las revoluciones». Ni se ha extendido a esto solo su influencia; porque obrando sobre ellos mismos, los ha hecho más humanos: para convencerse de ello no hay más que compararlos con los Gobiernos antiguos. (Emile, lib. TV.) Y Montesquieu ha dicho: «No cabe duda, sino que el cristianismo ha creado entre nosotros el derecho político que reconocemos en la paz, y el de gentes que respetamos en la guerra, cuyos beneficios no agradecerá nunca suficientemente el género humano». (Esprit des lois, libro XXIX, cap.

4. El mismo Dios, que es autor y gobernador de la sociedad política, es autor y gobernador de la sociedad doméstica. En lo más escondido, en lo más alto, en lo más sereno y luminoso de los cielos, reside un Tabernáculo inaccesible aun a los coros de los ángeles: en ese Tabernáculo inaccesible se está obrando perpetuamente el prodigio de los prodigios, y el Misterio dle los Misterios. Allí está el Dios católico, uno y trino: uno en esencia, tri- no en las Personas. El Padre engendra eternamente a su Hijo, y del Padre y del Hijo procede eternamente el Espíritu Santo. Y el Espíritu Santo es Dios, e y el Hijo es Dios, y el Padre es Dios; y Dios no tiene plural, porque no hay más que un Dios, trino en las Personas, y uno en la esencia. El Espíritu Santo vs Dios como el Padre, pero no es Padre; es Dios como el Hijo, pero no es Hijo; el Hijo es Dios como el Espíritu Santo, pero no es Espíritu Santo; es Dios como el Padre, pero no es Padre; el Padre es Dios como el Hijo, pero no es Hijo; es Dios como el Espíritu Santo, pero no es Espíritu Santo. El Padre es omnipotencia, el Hijo es sabiduría, el Espíritu Santo es amor; y el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo son infinito amor, potencia suma, per- Tecta sabiduría. Allí la unidad, dilatándose, engendra eternamente la varie- dad, o mejor, pluralidad de personas: y la variedad, condensándose, se re- áuelve en unidad eternamente. Dios es tesis, es antítesis y es síntesis; y es exis soberana, antítesis perfecta, síntesis infinita. Porque es uno, es Dios; borque es Dios es perfecto; porque es perfecto, es fecundísimo; porque es Y 18 JUAN DONOSO CORTÉS fecundísimo, es variedad; porque es variedad, es familia * están, de una manera inenarrable e incomprensible, las 1 ción y los ejemplares de todas las cosas. Todo ha sido hec por eso la creación es una varia. La unidad y variedad juntas en uno.

1 hombre fue hecho por Dios, a imagen de Dios, y no solamente a su imagen, sino también a su semejanza; por eso el hombre es uno en la esen- cla y trino en las personas. Eva procede de Adán, Abel es engendrado por Adán y por Eva, y Abel y Eva y Adán son una misma cosa: son la naturaleza humana. Adán es el hom Jer, Abel es el hombre hijo. Eva es hombr es hombre como Abel, pero no es hijo. Ad hijo, y como Eva, sin ser mujer. Abel es como Adán, sin ser padre.

Todos estos nombres son nombres divinos, como son divinas las fun- ciones significadas por ellos. La idea de la paternidad, fundamento de la familia, no ha podido caber en el entendimiento humano. Entre el padre y el hijo no hay ninguna de aquellas diferencias fundamentales que presen- tan una base bastante ancha para asentar en ella un derecho. La prioridad es un hecho y nada más; la fuerza es un hecho y nada más; la prioridad y la fuerza no pueden constituir por sí mismas el derecho de la paternidad, aun- que puedan dar origen a otro hecho, el hecho de la servidumbre. El nom- bre propio del padre, supuesto este hecho, es el de señor como el nombre del hijo es el de esclavo. Y esta verdad que nos dicta la razón, está confirma- da por la historia: en los pueblos olvidados de las grandes tradiciones bíbli- cas, la paternidad no ha sido nunca sino el nombre propio de la tiranía doméstica. Si hubiera existido un pueblo, olvidado por una parte de esas grandes tradiciones y apartado por otra del culto de la fuerza material, en ese pueblo los padres y los hijos hubieran sido y se hubieran llamado her- . En su esencia eyes de la crea- ho a su imagen: palabra universo, tanto quiere decir como son el hombre, bre padre, Eva es el hombre mu- e como Adán, pero no es padre; án es hombre como Abel, sin ser hombre como Eva, sin ser mujer, y * Con la palabra variedad, quiere desi vinas, según se deduce del contexto y de siones inmanentes por las cuales el Hijo Santo procede también eternamente de anteriores frases. Las frases de Donoso ¡ gnar aquí Donoso la pluralidad de las Personas di- la frase La unidad dilatándose, etc., esto es, las proce- es eternamente engendrado del Padre, y el Espíritu ambos, según acaba de decir el autor en una de sus mplican que las procesiones provienen de la esencia; ncipio por el cual el Padre engendra, y el Padre y el u Santo, según lo enseña Santo Tomás. (Summa Theol., 19 ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO : -? enir en el nom- manos. La paternidad viene de Dios, y sólo de al a e mpleto de las ': Es. it] el olvido co Dios hubiera permitido bre y en la esencia. Si atds Tabiera y pe Fo paradisíacas, el género humano, con la institución, p sta su nombre. y ': AN ilia, divina en su institución, divina en su esencia, ha seguido a familia, ld e s tan cierto en todas partes las vicisitudes de la civilización católica: y, da $ a “falible ue la pureza o la corrupción de la primera es siempre e de en í istoria de la pureza o de la corrupción de la segunda, así Pi e trastorno nn Os tr varias vicisitudes y trastornos de la segunda es la historia de pala MEASa poe EE E pr “o es a perfeccionarse; 51 la tendencia de la ' En las edades católicas, Mies “o s claustros. de natural se convierte en espiritual, y del hogar pasa a En del padre y de tras que los hijos se postran reverentes en el hogar a los a al : ustros, hijos más ren ; los habitantes de los cla; a; la madre,; yr ies de otro Padre mejor, y el sacratísimo bañan con lágrimas los sacratísimos p1es ed A id civilización ca > más tierna. Cuando la manto de otra madre es demas. 1 aña -, ego al punto la fami y : odo decadente, luego a cida y entra en perl; s vínculos se re- titución se vicia, $us elementos se descomponen, y al. 1edianil sino lajan. El padre y la madre, entre quienes no puso Dios a e i amor, ponen entre los dos el medianil de un ceremonial se Di e...e > " ime la di la que puso Dio; tras que una familiaridad sacrílega suprime la pr E d dh reverencia tre los hijos y los padres, echando por el suelo el medianil de ll : a per La familia, entonces envilecida y profanada, se dispersa, y va a p > 1nos. los Clubs y en los Casino nes. La Fa- La historia de la familia puede encerrarse en pocos meta en todos q rna milia divina, ejemplar y modelo de la familia humana, a e , 99: á a aivin sus individuos. La familia humana espiritual, que después 4 el tiempo; sr. a > ra más perfecta de todas, dura en todos sus individuos lo E. mis E s ra lo qu la familia humana natural, entre el padre y la e u era vida, y entre el padre y los hijos, largos años. La familia mio e d pe entre el padre y la madre, algunos años; entre el pa q e e dE u e s í a de as unos meses: la familia artificial de los Clubs dura un día, al p) ere La duración es aquí, como en otras muchas dle E ustros hay la id ee *. a k las perfecciones. Entre la familia divina y la humana A la espiritual misma proporción que entre el tiempo y la eternidad; q as be ps m de los claustros, la más perfecta, y la sensual de los Clubs, » " el - los 6 re ta de todas las humanas, hay la misma proporción que en del minuto y la inmensidad de los tiempos.

UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA SEDE MEDELLIN DEPTO. DE BIBLIOT BIBLIOTECA “EFE” GÓMEZ CAPÍTULO TERCERO DE LA SOCIEDAD BAJO EL IMPERIO DE LA IGLESIA CATÓLICA SUMARIO. -1. La autoridad de la Iglesia tiene corno misión providencial asegurar al mundo la posesión de la verdad. -2. Su carácter sobrenatural y universal, -3. Su admirable fecundidad, -4. Su intransigencia con el error es consecuencia de su infalibilidad. Las constituciones modernas sancio- nan la libertad de discusión, fundándose, por una parte, en que no son infalibles para definir la verdad (y esto es exacto), y por otra, en que de la libre discusión debe salir la luz. Esta segunda suposición es falsa, porque, siendo falible la razón, árbitro de la discusión, no puede llegar al conoci- miento infalible de las verdades que discute. -5. La intolerancia doctrinal de la Iglesia ha salvado al mundo del caos del error. Su admirable fecundi- dad, que culmina en los Genios del Catolicismo. -6. Sus maravillosas insti- tuciones sociales. -7. Admirable constitución de la Iglesia.

, Constituidos, por una parte, el criterio de las ciencias, el criterio de ms afectos y el criterio de las acciones; constituidas, por otra, en la socie- lad la autoridad política, y en la familia la autoridad domestica, era nece- ario constituir otra autoridad sobre todas las humanas, órgano infalible de los los dogmas, depositaria augusta de todos los criterios, que fuera a un lempo mismo santa y santificante, que fuera la palabra de Dios encarnada Én el mundo, la luz de Dios reverberando en todos los horizontes, la cari- lad divina inflamando todas las almas; que atesorara en altísimo y escondi- do Tabernáculo, para derramarlos por la tierra, los infinitos tesoros de las eracias del cielo; que fuera refrigerio de los hombres fatigados, refugio de on hombres pecadores, fuente de aguas vivas para los que tienen sed, pan 22 JUAN DONOSO CORTÉS de vida eterna para los que tienen hambre, sabiduría para los ignorantes, para los extraviados camino; que estuviera llena de advertencias y de lec- ciones para los poderosos, y para los pobres llena de amor y de misericor- dias; una autoridad puesta en tan grande altura que pudiera hablar a todas con imperio, y sobre roca tan firme que no pudiera ser contrastada por las alteradas ondas de este mar sin reposo; una autoridad fundada directamente por Dios, y que no estuviera sujeta a los vaivenes de las cosas humanas; que fuera a un tiempo mismo siempre nueva y siempre antigua, duración y pro- greso, y a quien asistiera Dios con especial asistencia.

Esa autoridad altísima, infalible, fundada para la eternidad, y en quien se agrada Dios eternamente, es la santa Iglesia católica, apostólica, roma- na, Cuerpo místico del Señor, Esposa dichosa del Verbo, que enseña al mun- do lo que aprende de boca del Espíritu Santo; que puesta como en una región media entre la tierra y el cielo, cambia plegarias por dones y ofrece perpetuamente al Padre por la salvación del mundo, la Sangre preciosísima del Hijo en sacrificio perpetuo y en perfectísimo holocausto.

Como quiera que Dios hace todas las cosas acabadas y perfectas, no era propio de su infinita sabiduría dar la verdad al mundo, y entrando des- pués en su perfecto reposo, dejarla expuesta a las injurias del tiempo, vano asunto de las disputas del hombre. Por esa razón ideó eternamente su Igle- sia, que resplandeció en el mundo en la plenitud de los tiempos, her- mosísima y perfectísima, con aquella alta perfección y soberana hermosura que tuvo siempre en el entendimiento divino. Desde entonces ella es, para los que navegamos por este mar del mundo, que hierve en tempestades, faro luminoso puesto en escollo eminente. Ella sabe lo que nos salva y lo que nos pierde, nuestro primer origen y nuestro último fin, en qué con- siste la salvación y en qué la condenación del hombre; y ella sola lo sabe; ella gobierna las almas, y ella sola las gobierna; ella ilumina los entendi- mientos, y ella sola los ilumina; ella endereza la voluntad, y ella sola la en- dereza; ella purifica y enciende los afectos, y ella sola los enciende y los purifica; ella mueve los corazones, y sola los mueve con la gracia del Espíri- tu Santo. En ella no cabe ni pecado, ni error, ni flaqueza; su túnica no tie- ne mancha; para ella las tribulaciones son triunfos, los huracanes y las bri- sas la llevan al puerto.

2. Todo en ella es espiritual, sobrenatural y milagroso: es espiritual, porque su gobierno es de las inteligencias, y porque las armas con que se defiende y con que mata son espirituales; es sobrenatural, porque todo lo ordena a un fin sobrenatural, y porque tiene por oficio ser santa y santifi- car sobrenaturalmente a los hombres; es milagrosa porque todos los gran- ENSAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 23 ies Misterios se ordenan a su milagrosa institución, y porque su eN mi duración; sus conquistas son un milagro perpetuo. El Padre envía al Hijo la tierra, el Hijo envía sus Apóstoles al mundo y el Espíritu ra a Apóstoles; de esa manera, en la plenitud como en el pan, de los A pos, en la institución de la Iglesia como en la creación universal, intervie | ¡a la vez el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Dote pescadores a las palabras que suenan misteriosamente en sus oídos, y be a ae E rtonturbada la tierra: un fuego desusado arde en las venas de Pon | torbellino saca de quicio a las naciones, arrebata a las gentes, poli ño Imperios, confunde las razas; el género humano e, ajo EN sión divina; y de toda esa sangre, y de toda esta confusión de e e tiones y de gentes, y de esos torbellinos impetuosos, y de ese pd rircula por todas las venas de la tierra, el mundo sale radiante y r | l puesto a los pies de la Iglesia de nuestro señor Jesucristo.

Esa mística ciudad de Dios tiene puertas que miran a todas pr, para algnificar el universal llamamiento: Unam omnia Rempublacam te mundum, dice Tertuliano. Para ella no hay bárbaros ni griegos, e. gentiles. En ella caben escita y el romano, el persa y el des aa acuden del Oriente y del Occidente, los que vienen de la lcd e M tentrión y de las partes del Mediodía. Suyo es el santo > o q bdo senanza y de la doctrina, suyo el Imperio universal y él a sace e: Hene por ciudadanos a Reyes y Emperadores; sus héroes son los a |. los santos. Su invencible milicia se compone de aquellos varones ortísimo fue vencieron en sí todos los apetitos de la carne y sus locas concupiscen- tias. El mismo Dios preside invisiblemente en sus austeros Senados y pi cd tísimos Concilios. Cuando sus Pontífices hablan a la tierra, su palabra 1Walible ha sido escrita ya por el mismo Dios en el cielo.,, 3. Esa Iglesia, puesta en el mundo sin fundamentos humanos, ci e haberle sacado de un abismo de corrupción, le sacó de la Nr e 5 mrbarie. Ella ha combatido siempre los combates del Senor; OS O ido en todos atribulada, ha salido en todos vencedora. Los herejes E 1 doctrina, y triunfa de los herejes; todas las pasiones pa se re % al sontra su Imperio, y triunfa de todas las pasiones humanas. Amps ó pelea con ella su último combate, y ella rinde a sus pies al paganismo. E seradores y Reyes la persiguen, y la ferocidad de sus PEI pane. po la constancia de sus mártires. Pelea sólo por su santa libertad, y el mundo 4 A inpeda fecundísimo han florecido las ciencias, se e puri- cado las costumbres, se han perfeccionado las leyes, y han crecido con 24 JUAN DONOSO CORTÉS MAYO SOBRE EL CATOLICISMO, EL LIBERALISMO Y EL SOCIALISMO 25 ln el primer caso, la infalibilidad, atributo esencial del entendimiento mo, es el primero y el más grande de todos sus atributos, de cuyo princi- O se siguen naturalmente las siguientes consecuencias. Si el entendimiento lel hombre es infalible porque es sano, no puede errar porque es infali- le; si no puede errar porque es infalible, la verdad está en todos los hom- res, ahora se los considere juntos, ahora se los considere aislados; si la ver- lad está en todos los hombres aislados o juntos, todas sus afirmaciones y adas sus negaciones han de ser forzosamente idénticas: si todas sus afir- Hiiciones y todas sus negaciones son idénticas, la discusión es inconcebible rica y espontánea vegetación todas las grandes instituciones domésticas, políticas y sociales. Ella no ha tenido anatemas sino para los hombres im- píos, para los pueblos rebeldes y para los Reyes tiranos. Ha defendido la libertad, contra los Reyes que aspiraron a convertir la autoridad en tiranía; y la autoridad, contra los pueblos que aspiraron a una emancipación abso- luta; y contra todos, los derechos de Dios y la inviolabilidad de sus santos Mandamientos. No hay verdad que la Iglesia no haya proclamado, ni error a que no haya dicho anatema. La libertad, en la verdad, ha sido para ella santa; y en el error, como el error mismo, abominable; a sus ojos el error nace sin derechos y vive sin derechos, y por esa razón ha ido a buscarle, ya perseguirle, y a extirparle en lo más recóndito del entendimiento humano. Y esa perpetua ilegitimidad, y esa desnudez perpetua del error, así como ha sido un dogma religioso, ha sido también un dogma político, proclama- do en todos tiempos por todas las potestades del mundo. Todas han puesto fuera de discusión el principio en que descansan; todas han llamado error, y han despojado de toda legitimidad y de todo derecho al principio que le sirve de contraste. Todas se han declarado infalibles a sí propias en esa cali- ficación suprema; y sino han condenado todos los errores políticos, no con- siste esto en que la conciencia del género humano reconozca la legitimi- dad de ningún error, sino en que no ha reconocido nunca en las potestades humanas el privilegio de la infalibilidad en la calificación de los erro- res.