SigPhi · Miguel de Unamuno

La voz de la conseja, t.1 (Spanish)

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--¿Y a mí no me ha traído ninguno?

Paulina alzó la mano y sus dedos hinchados y torpes acariciaron los cabellos dorados de la niña.

--No te ha traído ninguno porque éste es para ti. Para ti, ángel mío. Tú le llevarás cuando yo me muera.

--Bueno; pero como tú no te vas a morir...Ella no contestó. Un gesto doloroso crispó toda su cara, y se le llenaron de lágrimas los ojos. Joaquín cogió a los niños y los puso dulcemente en el pasillo.

--Id a la cocina y decid a Juana que os dé de merendar.

Luego, al ver que Paulina seguía sollozando: --Pero, nena, por Dios, no seas así...no te pongas así...¿No comprendes que te perjudicas? Te excitas, te emocionas, viene la fatiga y...Paulina seguía llorando. Se inclinó sobre ella y la besó en los ojos con caricias de inefable ternura.

sabía yo!

Fue tremendo el ataque; tan violento que, a pesar de estar él acostumbrado a presenciarlos, hubo un instante en que perdió la serenidad y se asustó, creyendo que era el último. Afortunadamente, la digital y el cloruro de etilo surtieron sus efectos, y el ataque pasó; aclaróse la vidriosidad de las pupilas; cesaron las violentas sacudidas crispantes, los saltos descompasados del corazón y el ronco silbar de la garganta. Quedóse de cara a la pared, bañada en sudor, aniquilada, destrozada, rendida. El, conmovido, la miraba en silencio. Luego, al cabo de un rato: --¿Quieres que te quite el collar? Te molesta, ¿verdad?

Pasó dulcemente una mano por debajo del cuello y desabrochó el cierre.

Al ir a retirarla, sus dedos tropezaron debajo de la almohada con una hoja de papel. La cogió inconscientemente, sin darse cuenta. Ella no se movió. Fué al gabinete a dejar el collar y, por curiosidad, miró el papel: medio pliego de cartas escrito con lápiz.

«Mi alma: Una convulsión nerviosa le cerró los ojos.

Los volvió a abrir.

«Mi alma: Te escribo estas dos líneas aprovechando un momento en que me dejan sola. Estoy muy mala. Sé que nunca más me volverás a ver. Esta es la única pena que tengo: morirme sin...»

No decía más.

Se llevó una mano a los ojos y con la otra se apoyó en una silla, porque todo su cuerpo vacilaba. Así estuvo mucho tiempo, mucho. Luego, lentamente, volvió a la alcoba. A medida que avanzaba hacia el lecho, se le aceraban las pupilas y las manos se le crispaban como garras de presa; tremolaron un segundo sobre la cabeza de Paulina y en seguida se estrujaron, enlazadas con ademán de desesperación y de impotencia. Ella no se había movido. Dormía dulcemente, reposadamente.

De pie junto a la cama, la miró largo rato. Al suave resplandor del globo azul colgado de la cabecera estuvo contemplando los bucles desrizados y marchitos, los párpados translúcidos, las ojeras amoratadas y profundas, los labios secos, incoloros y exangües; las manchas cárdenas de la piel, lustrosas aun de sudor. Una carcajada infantil resonó en el pasillo, y pasaron los niños retozando.

Abrió muy despacio la puerta y, con ademán imperioso, les impuso silencio: --¡Chisss...! Mamá está dormida. No hagáis ruido.

* * * * * Errores corregidos por el etext transcriptor: sobre esta roidlla=> sobre esta rodilla {pág 21} »Oh, Dios mío!=> »¡Oh, Dios mío! {pág 28} limpia de pelo las otras=> limpias de pelo las otras {pág 35} la senda de sus sueños.=> la senda de sus sueños! {pág 67} ESCENA IX=> ESCENA IV {pág 71} en tus presencia=> en tu presencia {pág 72} La nadre y la hermana=> La madre y la hermana {pág 91} Ah, en cuanto a eso sí.=> Ah, en cuanto a eso sí! {pág 105} yo padre y tu madre=> yo padre y tú madre {pág 108} quien su padre recomendaban el cuidado=> quien su padres recomendaban el cuidado {pág 128} encueros vivos=> en cueros vivos {pág 128} brillaban las gusanos=> brillaban los gusanos {pág 162} La epopeya de una zíngraa=> La epopeya de una zíngara {pág 165} fué lllamada=> fué llamada {pág 224}