Yerro cometes doblado, Pues cuando mil tretas usas Con que confesar rehusas Y en que no hay culpa te cierras, Por escusar lo que yerras, Yerras todo lo que escusas.
VI.
_A una dama que temia el aojo._ Amarílis celestial, No el aojo te amedrente, Que tus ojos solamente Tienen poder de hacer mal: Pues si es alguna señal La con que dañan airados O matan envenenados Cuando indignados están, Los tuyos solo serán, Que son los mas señalados.
VII.
_Retrato de una belleza._ Tersa frente, oro el cabello, Cejas arcos, zafir ojos, Bruñida tez, labios rojos, Nariz recta, ebúrneo cuello, Talle airoso, cuerpo bello, Cándidas manos en que El cetro de amor se ve, Tiene Fili; en oro engasta Pié tan breve, que no gasta Ni un pié.
VIII.
_La razon contra el amor._ Dime, vencedor rapaz, Vencido de mi constancia, ¿Qué ha sacado tu arrogancia De alterar mi firme paz?
Que aunque de vencer capaz Es la punta de tu arpon El mas duro corazon, ¿Qué importa el tiro violento, Si á pesar del vencimiento Queda viva la razon?
Tienes grande señorío, Pero tu jurisdiccion Domina la inclinacion, Mas no pasa al albedrío; Así librarme confio De tu loco atrevimiento, Pues aunque rendida siento Y presa la libertad, Se rinde la voluntad, Pero no el consentimiento.
En dos partes dividida Tengo el alma en confusion, Una esclava á la pasion, Y otra á la razon medida.
Guerra civil encendida Aflige el pecho importuna; Quiere vencer cada üna, Y entre fortunas tan varias Morirán ambas contrarias, Mas no vencerá ninguna.
Cuando fuera, Amor, te via No merecí de ti palma, Y hoy que estás dentro del alma Es resistir valentía; Córrase, pues, tu porfía De los triunfos que te gano, Pues cuando ocupas tirano El alma sin resistillo, Tienes vencido el castillo, E invencible al castellano.
Invicta razon alienta Armas contra tu vil saña, Y el pecho es corta campaña A batalla tan sangrienta.
Y así, Amor, en vano intenta Tu loco esfuerzo ofenderme, Pues podré decir al verme Espirar sin entregarme, Que conseguiste matarme, Mas no pudiste vencerme.
IX.
_Enviando su imágen á una persona._ A tus manos me traslada La que mi original es, Que aunque copiada la ves, No la verás retractada: En mí toda trasformada Te da de su amor la palma; Y no te admire la calma Y el silencio que hay en mí, Pues mi original por tí Pienso que está mas sin alma.
De mi venida envidiosa Queda, en mi fortuna viendo Que ella es infeliz sintiendo Y yo sin sentir dichosa.
En señal mas venturosa Estrella mas oportuna Me asiste, sin duda alguna, Pues que de un pincel nacida Tuve sér con ménos vida, Pero con mejor fortuna.
Mas si por caso trocada Mi suerte, tú me ofendieres, Por no ver que no me quieres Quiero estar inanimada: Que eso de ser desamada Será lance tan violento, Que la fuerza del tormento Llegue aun pintada á sentir; Que el dolor sabe infundir Almas para el sentimiento.
Y si te es faltarme aquí El alma cosa importuna, Me puedes infundir una De tantas como hay en tí: Que como el alma te dí Y tuyo mi ser se nombra, Aunque mirarme te asombra En tan insensible calma, De este cuerpo eres el alma, Y eres cuerpo de esta sombra.
X.
_Escusándose de dar licencia á uno que se la pedia para ausentarse._ Licencia para apartaros Pedis, y podeis creer Que solo eso pudo ser En mí difícil el daros: Y así estimad que rogaros Que lo dilateis no quiera; Aunque si se considera, Poco teneis que estimar, Pues á poderla negar Presumo que no os la diera.
Es que aunque en darla ejecuto De posesion algun viso, Donde es conceder preciso Falta dominio absoluto.
Apariencias de tributo Son las que llegais á dar, Y así me puedo quejar De vuestra fe cautelosa, Pues me dais dominio en cosa En que no puedo mandar.
Pero con no darla yo Quedaré mejor aquí; Porque hay casos en que el sí Es mas esquivo que el no: Ya vuestra atencion cumplió Con pedirla; y yo, industriosa, Quedo, con no darla, airosa; Pues para que hagais ausencia, Es negaros la licencia Esquivez muy cariñosa.
Con paliada tiranía Usurpárosme intentais, Y como cortés buscais Cómplice en la venia mia No lo hagais vana porfía; Pues en aquesta ocasion Negaros la peticion De partida tan penosa, Sobre avaricia forzosa, Es cortés desatencion.
Sin dar parte yo quisiera Que dispusiérais el ir, Que en vos no es culpa el partir, Y en mí el permitir lo fuera; Y querer que interviniera Yo en cosa á vos necesaria, Es querer que haga, contraria A lo que el discurso avisa, La que es pena en vos precisa, En mí culpa voluntaria.
Partid, en fin, confiado En mi voluntad constante De que aunque esteis muy distante, Nunca estareis apartado; Que pues con igual agrado Correspondo al que en vos veo, Aunque os aparteis, yo creo Que de veros con el ansia Abreviará la distancia La brújula del deseo.
XI.
_Pidiendo á la Vireina la libertad para un inglés._ Hoy que á vuestras plantas llego, Con el debido decoro, Como á deidad os adoro, Y como á deidad os ruego: No direis que el culto os niego Pretendiendo el beneficio De vuestro amparo propicio; Pues á la deidad mayor Le es invocar su favor El mas grato sacrificio.
Samuel á vuestra piedad Recurre por varios modos, Pues donde la pierden todos Quiere hallar la libertad: Su esclavitud rescatad, Señora, que los motivos Son justos y compasivos De tan adversa fortuna, Y haced libres vez alguna De tantas que haceis cautivos.
Dos cosas pretende aquí Contraria mi voluntad: Para el inglés libertad Y esclavitud para mí; Pues aunque indigna nací De que este nombre me deis, En vano resistireis De mi esclavitud la muestra, Que yo tengo de ser vuestra, Aunque vos no me acepteis.
Contraria es la peticion De uno y otro, si se apura, Que él la libertad procura, Y yo busco la prision; Pero vuestra discrecion, A quien nunca duda impide, Podrá, si los fines mide, Hacernos dichosos hoy, Con admitir lo que os doy Y conceder lo que él pide.
REDONDILLAS.
I.
_A los hombres._ Hombres necios, que acusais A la mujer, sin razon, Sin ver que sois la ocasion De lo mismo que culpais; Si con ansia sin igual Solicitais su desden, ¿Porqué quereis que obren bien Si las incitais al mal?
Combatis su resistencia, Y luego con gravedad Decis que fué liviandad Lo que hizo la diligencia.
Parecer quiere el denuedo De vuestro parecer loco Al niño que pone el coco, Y luego le tiene miedo.
Quereis con presuncion necia Hallar á la que buscais Para pretendida, Thais, Y en la posesion, Lucrecia.
¿Qué humor puede haber mas raro Que el que falto de consejo, El mismo empañe el espejo Y sienta que no esté claro?
Con el favor y el desden Teneis condicion igual, Quejandoos si os tratan mal, Burlandoos si os quieren bien.
Opinion ninguna gana, Pues la que mas se recata, Si no os admite, es ingrata, Y si os admite, es liviana.
Siempre tan necios andais, Que con desigual nivel A una culpais por cruel, Y á otra por fácil culpais.
Pues ¿cómo ha de estar templada La que vuestro amor pretende, Si la que es ingrata ofende, Y la que es fácil enfada?
Mas entre el enfado y pena Que vuestro gusto refiere, Bien haya la que no os quiere, Y quejaos en hora buena.
Dan vuestras amantes penas A sus libertades alas, Y despues de hacerlas malas Las quereis hallar muy buenas.
¿Cuál mayor culpa ha tenido En una pasion errada, La que cae de rogada, O el que ruega de caido?
O ¿cuál es mas de culpar, Aunque cualquiera mal haga, La que peca por la paga, O el que paga por pecar?
Pues ¿para qué os espantais De la culpa que teneis?
Queredlas cual las haceis, O hacedlas cual las buscais.
Dejad de solicitar, Y despues con mas razon Acusareis la aficion De la que os fuere á rogar.
Bien con muchas armas fundo Que lidia vuestra arrogancia, Pues en promesa é instancia Juntais diablo, carne y mundo.
II.
_Gratitud._ Señora, si la belleza Que en vos llego á contemplar Es bastante á conquistar La mas inculta dureza, ¿Por qué haceis que el sacrificio Que debo á vuestra luz pura, Debiéndose á la hermosura, Se atribuya al beneficio?
Cuando es bien que glorias cante De ser vos quien me ha rendido, ¿Quereis que lo agradecido Se equivoque con lo amante?
Vuestro favor me condena A otra especie de desdicha, Pues me quitais con la dicha El mérito de la pena; Si no es que dais á entender Que favor tan singular, Aunque se puede lograr, No se puede merecer.
Con razon, pues, la hermosura, Aun llegada á poseerse, Si llegara á merecerse Dejara de ser ventura; Que estar un digno cuidado Con razon correspondido, Es premio de lo servido Y no dicha de lo amado; Pues dicha se ha de llamar Solo la que, á mi entender, Ni se puede merecer, Ni se pretende alcanzar.
Y aqueste favor excede Tanto á todos, al lograrse, Que no solo no pagarse, Mas ni agradecer se puede; Pues desde el dichoso dia Que vuestra belleza ví, Tan del todo me rendí Que no me quedó accion mia.
Con lo cual, señora, muestro, Y á decir mi amor se atreve, Que nadie pagaros debe Que vos honreis lo que es vuestro.
Bien sé que es atrevimiento, Pero el amor es testigo, Que no sé lo que me digo Por saber lo que me siento.
Y en fin, perdonad por Dios, Señora, que os hable así, Que si yo estuviera en mí No estuvierais en mí vos.
Solo quiero suplicaros Que de mí recibais hoy, No solo el alma que os doy, Mas las que quisiera daros.
III.
_Un justo medio._ Dos dudas en qué escoger Tengo, y no sé cual prefiera, Pues vos sentis que no quiera, Y yo sintiera querer.
Con que si á cualquiera lado Quiero inclinarme, es forzoso, Quedando el uno gustoso, Quede el otro disgustado.
Si daros gusto me ordena La obligacion, es injusto Que, por daros á vos gusto, Haya yo de tener pena.
Y no juzgo que habrá quien Apruebe sentencia tal, Como que me trate mal Por trataros á vos bien.
Mas por otra parte siento Que es tambien mucho rigor Que lo que os debo en amor Pague en aborrecimiento.
Y aun irracional parece Este rigor, pues se infiere, Si aborrezco á quien me quiere, ¿Qué haré con quien me aborrece?
No sé cómo despacharos, Pues hallo al determinarme Que amaros es disgustarme, Y no amaros, disgustaros.
Pero dar un medio justo En estas dudas pretendo: Pues no queriendo, os ofendo, Y queriendoos, me disgusto, Esta sea la sentencia Porque no os podais quejar: Que entre aborrecer y amar Se parta la diferencia; De modo que entre el rigor Y el llegar á querer bien, Ni vos encontreis desden, Ni yo pueda hallar amor.
Esto el discurso aconseja, Pues con esta conveniencia, Ni yo quedo con violencia, Ni vos os partis con queja.
Y que estaremos infiero Gustosos con lo que ofrezco, Vos de ver que no aborrezco, Yo de saber que no quiero.
Solo este medio es bastante A ajustamos, si os contenta, Que vos me logreis atenta Sin que yo pase á lo amante.
Y así quedo, á mi entender, Esta vez bien con los dos, Con agradecer con vos, Conmigo con no querer.
Que aunque á nadie llega á darse En esto gusto cumplido, Ver que es igual el partido Servirá de resignarse.
IV.
_Respuesta á un caballero que dijo se ponía hermosa la mujer con solo amar._ Silvio, tu opinion va errada, Que en lo comun, si se apura, No admiten por hermosura Hermosura enamorada.
Pues si hacen de la estrañeza El atractivo mas grato, Es el agrio de lo ingrato La sazon de la belleza; Porque gozando exenciones De perfeccion mas que humana, La acredita soberana Lo libre de las pasiones.
Que no se conserva bien Ni tiene seguridad La rosa de la beldad Sin la espina del desden.
Mas, si el amor hace hermosas, Pudiera escusar ufana, Con merecer la manzana, La contienda de las diosas.
Belleza llego á tener De mano tan generosa, Pues dices que seré hermosa Solamente con querer; Y así en la lid contenciosa Fuera siempre la triunfante; Que, pues nadie tan amante, Luego nadie tan hermosa.
Mas si de amor el primor La belleza me asegura, Te deberé la hermosura, Pues me causas el amor.
Del amor tuyo confío La beldad que me atribuyo, Porque siendo obsequio tuyo Resulta en obsequio mio; Pero todo satisfago Con ofrecerte de nuevo La hermosura que te debo Y el amor con que te pago.
V.
_Efectos del amor._ Este amoroso tormento Que en mi corazon se ve, Sé que lo siento, y no sé La causa por qué lo siento.
Siento una grave agonía Por lograr un devaneo Que empieza como deseo Y pára en melancolía.
Y cuando con mas terneza Mi infeliz estado lloro, Sé que estoy triste, é ignoro La causa de mi tristeza.
Siento un anhelo tirano Por la ocasion á que aspiro, Y cuando cerca la miro Yo misma aparto la mano; Porque si acaso se ofrece, Despues de tanto desvelo, La desazona el recelo O el susto la desvanece.
Y si alguna vez sin susto Consigo tal posesion, Cualquiera leve ocasion Me malogra todo el gusto.
Siento mal del mismo bien Con receloso temor, Y me obliga el mismo amor Talvez á mostrar desden.
Cualquier leve ocasion labra En mi pecho de manera, Que el que imposibles venciera Se irrita de una palabra.
Con corta causa ofendida Suelo, en mitad de mi amor, Negar un leve favor A quien le diera la vida.
Ya sufrida, ya irritada, Con contrarias penas lucho, Que por él sufriré mucho, Y con él sufriré nada.
No sé en qué lógica cabe El que tal cuestion se pruebe, Que por él lo grave es leve, Y con él lo leve es grave.
Sin bastantes fundamentos Forman mis tristes cuidados De conceptos engañados Un monte de sentimientos.
Y en aquel fiero conjunto Hallo, cuando se derriba, Que aquella máquina altiva Solo estribaba en un punto.
Talvez el dolor me engaña, Y presumo con razon Que no habrá satisfaccion Que pueda templar mi saña.
Y cuando á averiguar llego El agravio porque riño, Es como espanto de niño Que pára en burlas y juego.
Y aunque el desengaño toco, Con la misma pena lucho, De ver que padezco mucho Padeciendo por tan poco.
A vengarse se avalanza Talvez el alma ofendida, Y despues arrepentida Toma de mí otra venganza.
Y si al desden satisfago, Es con tan ambiguo error, Que yo pienso que es rigor Y se remata en halago.
Hasta el labio desatento Suele equívoco talvez, Por usar de la altivez, Encontrar el rendimiento.
Cuando por soñada culpa Con mas enojo me incito, Yo le acrimino el delito Y le busco la disculpa.
No huyo el mal ni busco el bien, Porque en mi confuso error, Ni me asegura el amor, Ni me despecha el desden.
En mi ciego devaneo, Bien hallada con mi engaño, Solicito el desengaño Y no encontrarlo deseo.
Si alguno mis quejas oye, Mas á decirlas me obliga Porque me las contradiga, Que no porque las apoye.
Porque si con la pasion Algo contra mi amor digo, Es mi mayor enemigo Quien me concede razon.
Y si acaso en mi provecho Hallo la razon propicia, Me embaraza la justicia, Y ando cediendo el derecho.
Nunca hallo gusto cumplido, Porque entre alivio y dolor, Hallo culpa en el amor Y disculpa en el olvido.
Esto de mi pena dura Es algo del dolor fiero, Y mucho mas no refiero Porque pasa de locura.
Si acaso me contradigo En este confuso error, Aquel que tuviere amor Entenderá lo que digo.
VI.
_Pidiendo versos á un caballero que se escusaba de hacerlos._ Mis quejas pretendo dar En estilo tosco y llano, Que el hablar muy cortesano No es término de cobrar.
Y es bien que el ardid deshaga De quien con tanta malicia Me concede la justicia Para negarme la paga.
Pues con intencion doblada, Solo por hacerme mal, Con tan notorio caudal Me dice no tiene nada.
Que la mitad me ha entregado, Dice con malicia y arte, Que no tengo ni aun la parte, Pues no me dan el traslado: Y á tanta malicia llega, Malicia tan conocida, Que me niega la partida Y la venida me niega.
¡Oh cuánta justicia fuera Si se viera á buena luz, Si ántes le daba la cruz, Que ahora se la pusiera!
Mas porque de mí no infiera Que á negar tambien me atrevo, Ahí va el romance que debo, Y dóilo, aunque no debiera.
Que es fácil de discurrir, Cuando lo llegue á entregar, Pues, no me queda qué dar, Que me queda qué pedir.
VII.
_Escusándose de un silencio._ Pedirte, señora, quiero De mi silencio perdon, Si lo que ha sido atencion Le hace parecer grosero.
Y no me podrás culpar Si hasta aquí mi proceder, Por ocuparse en querer, Se ha olvidado de esplicar; Que en mi amorosa pasion No fué descuido ni mengua Quitar el uso á la lengua Por dárselo al corazon.
Ni de explicarme dejaba, Que como la pasion mia Acá en el alma te via, Acá en el alma te hablaba; Y en esta idea notable Dichosamente vivia, Porque en mi mano tenia El fingirte favorable.
Con traza tan peregrina Vivió mi esperanza vana, Pues te pudo hacer humana Concibiéndote divina.
¡Oh cuán loca llegué á verme En tus dichosos amores!
Que aun fingidos tus favores Pudieron enloquecerme.
¡Oh còmo en tu sol hermoso Mi ardiente afecto encendido, Por cebarse en lo lucido, Olvidó lo peligroso!
Perdona si atrevimiento Fué acercarme á tu ardor puro, Que no hay sagrado seguro De culpas de pensamiento.
De esta manera engañaba La loca esperanza mia, Y dentro de mí tenia Todo el bien que deseaba.
Mas ya tu precepto grave Rompe mi silencio mudo; Que él solamente ser pudo De mi respeto la llave.
Y aunque el amar tu belleza Sea delito sin disculpa, Castígueseme la culpa Primero que la tibieza.
No quieras pues rigurosa, Que estando ya declarada, Sea devéras desdichada Quien fué de burlas dichosa.
Si culpas mi desacato, Culpa tambien tu licencia, Que si es mala mi obediencia, No fué justo tu mandato.
Y si es culpable mi intento, Será mi afecto precito, Porque es amarte un delito De que nunca me arrepiento.
Esto en mis afectos hallo, Y más que esplicar no sé; Mas tú de lo que callé Inferirás lo que callo.
VIII.
_Del retrato de una bella._ (FRAGMENTOS.)
Accion, Lisi, fué acertada El permitir retratarte, Pues ¿quién pudiera mirarte Si no es estando pintada?
Como de Febo el reflejo Es tu hermoso rosicler, Que para poderlo ver Lo miran en un espejo.
*** Pues la fuerza superior Que se emplea en un rendido, Es disculpa del vencido Y afrenta del vencedor.
No es la malla ni el escudo Señal de valor subido, Porque un pecho bien vestido Muestra un corazon desnudo; Y del muy armado infiero Que con recelo y temor Se desnuda del valor Cuando se viste de acero; Así era hacer injusticia A tu decoro y grandeza, Si triunfara tu belleza Donde basta tu noticia.
Amor hecho tierno Apéles, En tan divina pintura, Para pintar tu hermosura Hizo las flechas pinceles.
*** Y no fué de Amor locura Cuando te intentó copiar, Pues quererte eternizar No fué agraviar tu hermosura.
*** Pues es rigor, si se advierte, Que en tu copia singular Estes capaz de matar E incapaz de condolerte.
*** ¡Oh tú, bella copia dura Que ostentas tanta crueldad!
Concédete á la piedad, O niégate á la hermosura.
¿Cómo, divino imposible, Siempre te muestras airada, Para dar muerte, animada, Para dar vida, insensible?
¿Porqué, hermosa pesadumbre De una humilde voluntad, Ni dejas la libertad, Ni aceptas la servidumbre?
Pues porque en mi pena entiendas Que no es amarte servicio, Violentas el sacrificio Y no agradeces la ofrenda.
Desprecia siquiera, dado Que aun eso tendré por gloria, Porque el desden ya es memoria, Y el desprecio ya es cuidado.
Mas ¿cómo piedad espero, Si descubro en tus rigores Que con un velo de flores Cubres un alma de acero?
De Lisi imitas las raras Facciones, y en el desden ¿Quién pensara que tambien Su condicion imitaras?
¡Oh Lisi! de tu belleza Contempla la copia dura, Mucho mas que en la hermosura Parecida en la dureza!
*** IX.
_En la profesion de una religiosa._ Hoy una niña, que abrasa Un amoroso volcan, Sin mirar el qué dirán, Por el vicario se casa.
Su recato comedido Paró en empeño amoroso, Porque dice que su esposo Entre puertas la ha cogido.
Hoy logra su fino intento, Que ha sido tan deseado, Pues un año há que le ha dado Palabra de casamiento.
No digo yo que esta es cosa Con que su virtud se impida, Que ántes pasará una vida Como de una religiosa; Porque es el con quien se casa Da condicion tan precisa, Que ni aun para que oiga misa La deja salir de casa.
Pero causa novedad, Aunque es tan santo el intento, Ver que pare en casamiento Su voto de castidad.
De su esposo los primores Su corazon abrasaron, Y por mas que la encerraron, Se nos casa por amores.
X.
_Sobre ti Santísimo Sacramento._ En el Sacramento ve A Dios mi fe sin antojos, Porque no hacen fe los ojos, Pero se hace ojos la fe.
En esta divina ofrenda Fué del amor mas victoria Dar la prenda de la gloria Con la gloria de la prenda.
Del alma es solo alimento, Y así guia mi fervor El sustento del amor, Y no el amor del sustento.
Aquí crece la aficion, Y es, si en posesion la veo, La posesion del deseo Deseo de posesion.
Pues tal delito á dar viene Que por mas que la posea, Quien tiene lo que desea Desea aquello que tiene.
Llegad, pues en su favor Todos los bienes se ven; Que el amor del Sumo Bien Es sumo bien del amor.
Llegó el hombre á la grandeza Que no alcanza el serafin, Y en la fineza del fin Vido el fin de la fineza.
ORACION DEL PAPA URBANO VIII, TRADUCIDA DEL LATIN.
Ante tus ojos benditos Las culpas manifestamos, Y las heridas mostramos Que hicieron nuestros delitos.
Si el mal que hemos cometido Viene á ser considerado, Menor es lo tolerado, Mayor es lo merecido.
La conciencia nos condena No hallando en ella disculpa, Que respecto de la culpa Es muy liviana la pena.
Del pecado el duro azar Sentimos que padecemos, Y nunca enmendar queremos La costumbre del pecar.
Cuando en tus azotes suda Sangre la naturaleza, Se rinde nuestra flaqueza Y la maldad no se muda.
Cuando el pecado amancilla Con fiera herida la mente, Padece el alma doliente Y la cerviz no se humilla.
La vida, suelta la rienda En su acostumbrado error, Suspira con el dolor Y en el obrar no se enmienda.
Pues entre los dos estremos, En cualquiera peligramos: Si esperas, no la enmendamos; Si te vengas, nos perdemos.
De la afliccion el quebranto Nos obliga á contricion, Y en pasando la afliccion Se olvida tambien el llanto.
Cuando tu castigo empieza, Promete el temor humano; Y en suspendiendo la mano, No se cumple la promesa.
Cuando nos hieres, clamamos Que el perdon nos des que puedes; Y así que nos lo concedes, Otra vez te provocamos.
Tienes á la humana gente Convicta en su confesion, Que si no la das perdon, La acabarás justamente.
Concede el humilde ruego Sin mérito á quien criaste, Tú que de nada formaste A quien te rogara luego.
GLOSAS.
I.
Luego que te ví te amé, Porque amarte y ver tu cielo, Bien pudieran ser dos cosas, Pero ninguna primero.
De mi vida la conquista Tuvo término en quererte, Y porque jamas resista, Celia, hasta llegar á verte Solamente tuve vista; Pero aunque luego te amé, Como para que te amara Necesario el verte fué, Porque vista no faltara, _Luego que te ví te amé_.
Pero viendo mi ardimiento, Señora, tu tiranía Quiso con rigor sangriento Castigar como asadía Lo que en mí fué rendimiento.
Ofendióte mi desvelo, Mas no porque mi destino Incitado de mi anhelo Ofenderte quiso, sino _Por amarte y ver tu cielo_.
Y el no querer estimar Fué por no dar á entender Que yo te pude obligar, Como si el agradecer Fuera lo mismo que amar; Que el mostrarse las hermosas.
En ocasion oportuna Ya obligadas, ya amorosas, Aunque casi siempre es una, _Bien pudieran ser dos cosas_.
Mas con razon estás dura, Pues para tenerme atado En mi amorosa locura, Era superfluo tu agrado, Sobrándome tu hermosura; Y así justamente espero En tu servicio finezas, Pues que tiene el mundo infiero Despues de ti mil bellezas, II.
Si de mis mayores gustos Mis disgustos han nacido, Gustos al cielo le pido, Aunque me cuesten disgustos.
¡Oh qué mal, Fabio, resiste Mi amor mi suerte penosa!
Pues la estrella que me asiste, De una causa muy gustosa Produce un efecto triste: Porque los pesados sustos Que padezco desiguales En mis pesares injustos, No nacieron de mis males, _Sí de mis mayores gustos_.
Y de manera me ordena Los sucesos mi desdicha, Que, segun los encadena, Lo futuro de una dicha Es posesion de una pena.
Todo lo debo á Cupido; Pues de un favor que me dá, Que es siempre de prometido, Aun no está engendrado, y ya _Mis disgustos han nacido_.
Y aun han hecho efectos tales De mi estrella los desdenes Con efectos desiguales, Que aborrezco ya los bienes Como á causas de mis males.
Y así no llora el sentido El ver que carezco aquí De las dichas que he tenido, Porque solo para tí _Gustos al cielo le pido_.
Pues te quiero de manera Y el bien amí me limito, Que al cielo le agradeciera, Si el gusto que à mí me quito A tí, Fabio, te le diera.
Estimo tanto tus gustos, Que sin mirar mi pesar, O sean justos, ò injustos, Tus gustos he de comprar _Aunque me cuesten disgustos_.
QUINTILLAS.
_A San Pedro._ Cual sumulista pretendo Iros, Pedro, replicando; Y pues vos, á lo que entiendo, Hicisteis juicio negando, Yo haré discurso infiriendo.
¿Quién os trajo á tanto mal, Que al mismo que ántes altivo Con ánimo sin igual Confesasteis por Dios vivo, Negais por hombre mortal?
Dejadme, pues, que me asombre Que al Hijo del hombre allí Le deis de Dios el renombre, Y al Hijo de Dios aquí Le negueis conocer hombre.
Mirad que en otra ocasion, Como es Dios-hombre compuesto Por ipostática union, Para negar el supuesto No os vale la distincion.
Mal lógico, Pedro, estais, Pues cuando á Dios conoceis Y por tal le confesais, Antes se lo concedeis Y ahora se lo negais.
Dicen que las señas son Las que os hacen mas patente, Y, sin mirar la ilacion, Dejando el antecedente, Le negais la conclusion.
Si de una muger la ciencia Tiene razones precisas, Mirad, Pedro, que es violencia, Concedidas las premisas, Negarle la consecuencia.
¿Quién de vos, Pedro, dijera Siendo de ciencia un abismo, Que el argumento temiera, Pues el Evangelio mismo Dice qué os hicisteis fuera?
Mejor las razones hila Vuestro acero, sin misterio, Pues cuando su corte afila Contra Malco, arguye en _ferio_ Y en _cœlarem_ con la _ancilla_.
Vuestros brios arrogantes Negaron con juramento El que le servísteis ántes; Pues, Pedro, no hay argumento Mas ya veo que advertido, Viendo el caso sin remedio, Llorais como arrepentido; Que es el arte de hallar medio De no quedar concluido.
SONETOS.
I.
Esta tarde, mi bien, cuando te hablaba, Como en tu rostro y tus acciones via Que con palabras no te convencia, Que el corazon me vieses deseaba; Y amor, que mis intentos ayudaba, Venció lo que imposible parecía, Pues entre el llanto que el dolor vertia El corazon deshecho destilaba.
Baste ya de rigores, mi bien, baste; No te atormenten mas celos tiranos, Ni vil sospecha tu quietud contraste Con sombras necias, son indicios vanos, Pues ya en líquido humor viste y tocaste Mi corazon deshecho entre tus manos.
II.
_En el dia de dias de un hermano de la poetisa._ ¡Oh quien, amado Anfriso, te ciñera Del mundo las coronas poderosas!
Que á coronar tus prendas generosas El círculo del orbe corto fuera.
¡Quién para eternizarte hacer supiera Mágicas confecciones poderosas, O tuviera las yerbas milagrosas Que feliz gustó Glauco en la ribera!
Mas aunque no halla medio mi cuidado Para que goces de inmortal la palma, Otro mas propio mi cariño ha hallado Que el curso de tu vida tenga en calma: Pues juzgo que es el mas proporcionado De alargarte la vida, darte mi alma.
III.
Con el dolor de la mortal herida De un agravio de amor me lamentaba, Y por ver si la muerte se llegaba Procuraba que fuese mas crecida.
Toda en el mal el alma divertida Pena por pena su dolor sumaba, Y en cada circunstancia ponderaba Que sobraban mil muertes á una vida.
Y cuando al golpe de uno y otro tiro Pendido el corazon daba penoso Señas de dar el último suspiro, No sé con qué destino prodigioso Volví en mi acuerdo y dije: ¿Qué me admiro?
¿Quién en amor ha sido mas dichoso?
IV.
¡Detente, sombra de mi bien esquivo!
¡Imágen del hechizo que mas quiero!
¡Bella ilusion por quien alegre muero!
¡Dulce ficcion por quien penosa vivo!
Si al iman de tus gracias atractivo Sirve mi pecho de obediente acero, ¿Para qué me enamoras lisongero, Si has de burlarme luego fugitivo?
Mas blasonar no puedes satisfecho De que triunfa de mí tu tirania; Que aunque dejas burlado el lazo estrecho Que tu forma fantástica ceñia, Poco importa burlar brazos y pecho Si te labra prision mi fantasía.
V.
Yo no puedo tenerte ni dejarte, Ni sé por qué al dejarte ó al tenerte Se encuentra un no sé qué para quererte, Y muchos sí sé qué para olvidarte.
Pues ni quieres dejarme ni enmendarte, Yo templaré mi corazon de suerte Que la mitad se incline á aborrecerte, Aunque la otra mitad se incline á amarte.
Si ello es fuerza querernos, haya modo, Que es morir el estar siempre riñendo: No se hable mas de celo ni sospecha, Y quien da la mitad no quiera todo; Y cuando me la estás allá haciendo, Sabe que estoy haciendo la deshecha.
VI.
Yo adoro á Lisi, pero no pretendo Que Lisi corresponda á mi fineza, Pues si juzgo posible su belleza, A su decoro y mi aprehension ofendo.
No emprender solamente es lo que emprendo, Pues sé que á merecer tanta grandeza Ningun mérito basta, y es simpleza Obrar contra lo mismo que yo entiendo.
Como cosa concibo tan sagrada Su beldad, que no quiere mi osadía A la esperanza dar ni aun leve entrada; Que, cediendo á la suya mi alegria, Por no llegarla á ver mal empleada Aun pienso que sintiera verla mia.
VII.
Al que ingrato me deja, busco amante; Al que amante me sigue, dejo ingrata; Constante adoro á quien mi amor maltrata; Maltrato á quien mi amor busca constante.
Al que trato de amor, hallo diamante, Y soy diamante al que de amor me trata; Triunfante quiero ver al que me mata, Y mato á quien me quiere ver triunfante.
Si á este pago, padece mi deseo; Si ruego á aquel mi pundonor enojo: De entrambos modos infeliz me veo.
Pero yo por mejor partido escojo, De quien no quiero ser violento empleo, Que de quien no me quiere vil despojo.
VIII.
Feliciano me adora, y le aborrezco; Lisardo me aborrece, y yo le adoro; Por quien no me apetece, ingrato, lloro; Y al que tierno me llora, no apetezco.
A quien mas me desdora el alma ofrezco.
A quien me ofrece víctimas, desdoro; Desprecio al que enriquece mi decoro, Y al que le hace desprecios, enriquezco.
Si con mi ofensa al uno reconvengo, Me reconviene el otro á mí ofendido, Y á padecer de entrambos modos vengo; Pues ambos atormentan mi sentido, Aquese con pedir lo que no tengo, Y aqueste en no tener lo que le pido.
IX Fabio, en el ser de todos adoradas Son todas las beldades ambiciosas, Porque tienen sus aras por ociosas Si no las ven de víctimas colmadas; Y así, si de uno solo son amadas,